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  • El agente VIP del narcotráfico en la DEA

    El agente VIP del narcotráfico en la DEA

    Por Ricardo Sevilla

    Una de las grietas más profundas en la estructura de la DEA la produjo, sin duda, José Irizarry.

    Tarde se dieron cuenta las autoridades estadounidenses de que Irizarry no era un agente cualquiera, sino un elemento de élite que utilizó su posición para ejecutar operaciones de lavado de dinero internacional.

    Y es que Irizarry y sus cómplices desviaron al menos 9 millones de dólares provenientes de investigaciones encubiertas de lavado de dinero.

    Una investigación periodística de Jim Mustian y Joshua Goodman reveló que José Irizarry utilizaba “cuentas de transferencia” de la DEA para interceptar fondos antes de que llegaran a las arcas gubernamentales.

    A través de una serie de entrevistas directas con el propio Irizarry antes de ingresar a prisión, llama la atención que él mismo describía la guerra contra las drogas como un “juego divertido”.

    Irizarry utilizó el dinero para adquirir una casa de lujo en Cartagena, vehículos deportivos, joyas costosas y financiar un estilo de vida de “jet-set” que incluía viajes de placer por todo el mundo, a menudo disfrazados de misiones oficiales.

    Los detalles del su estilo de vida incluían fiestas en yates, viajes a ver al equipo de futbol Real Madrid e incluso el consumo de prostitución.

    José Irizarry cedió al lujo y la opulencia de los narcotraficantes que perseguía, y terminó, incluso, adoptando sus valores, estéticas y códigos de consumo.

    Lo cierto es que Irizarry no actuó solo. El agente no solo se declaró culpable de 19 cargos federales, sino que habló de toda una red de informantes, familiares y otros agentes en una conspiración que duró casi una década.

    Algo llama poderosamente la atención; que Irizarry fue contratado por la DEA a pesar de haber fallado un polígrafo y tener deudas previas.

    De acuerdo con los comunicados oficiales de la Oficina de Asuntos Públicos y del Distrito Medio de Florida, la jueza Charlene E. Honeywell terminó condenando a José Irizarry a 144 meses (12 años) en una prisión federal, una de las condenas más severas para un agente de su rango.

    El agente Irizarry no perseguía a los líderes del crimen organizado, sino que utilizó el dinero incautado para su propio beneficio.

    Lejos de lo que el gobierno de Estados Unidos quisiera hacernos creer, la caída de este delincuente no fue un éxito de la DEA, sino un terrible síntoma de su fracaso interno.