Etiqueta: Luis Echeverría

  • De la hegemonía a la agonía: 97 años del PRI, un partido a punto de desaparecer

    De la hegemonía a la agonía: 97 años del PRI, un partido a punto de desaparecer

    El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que recientemente alcanzó los 97 años de existencia, atraviesa el periodo más crítico de su historia.

    Lo que alguna vez fue definido por Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta” —un sistema de partido casi único que gobernó México por siete décadas ininterrumpidas— se ha transformado en una fuerza política que lucha por su supervivencia, asediada por escándalos de corrupción sistémica y una fuga masiva de cuadros hacia otras fuerzas políticas.

    La represión de 1968 y el “Halconazo”

    El momento de mayor ruptura ética entre el PRI y la sociedad civil ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. Bajo el mandato de Gustavo Díaz Ordaz, el Estado utilizó al ejército y a grupos paramilitares para masacrar a estudiantes que exigían libertades democráticas. Este evento no solo fue un crimen de lesa humanidad, sino que destruyó el mito del “gobierno de la Revolución” que trabajaba para el pueblo. La cifra oficial de muertos nunca fue clara, pero las estimaciones de testigos y organismos internacionales hablan de cientos de víctimas.

    Apenas tres años después, el 10 de junio de 1971, durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, ocurrió la “Matanza del Jueves de Corpus” o El Halconazo. Un grupo paramilitar entrenado por el Estado, “Los Halcones”, atacó una manifestación estudiantil con armas de fuego y varas de bambú frente a la policía que solo observaba. Estos eventos inauguraron la llamada Guerra Sucia, un periodo donde el PRI utilizó la desaparición forzada, la tortura y la ejecución extrajudicial para aniquilar a cualquier disidencia política de izquierda o movimientos guerrilleros.

    La herencia de estos años es un estigma de autoritarismo que el partido jamás pudo sacudirse del todo. La figura de Luis Echeverría permaneció hasta su muerte como el símbolo de la represión sistémica, siendo el primer expresidente en ser procesado (aunque bajo arresto domiciliario) por genocidio.

    El colapso económico: “La docena trágica” y el error de diciembre

    El siglo XX priista también estuvo marcado por una gestión económica que pasó de la estabilidad del “Milagro Mexicano” al desastre absoluto por decisiones populistas y técnicas deficientes.

    Los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo (1970-1982) llevaron al país a una inflación descontrolada y un endeudamiento externo masivo. López Portillo es recordado por su frase “defenderé el peso como un perro”, solo para presenciar una devaluación histórica que pulverizó los ahorros de millones de mexicanos mientras él lloraba en su último informe de gobierno.

    Posteriormente, en 1994, el país vivió el famoso “Error de Diciembre” al inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, pero gestado en las políticas de Carlos Salinas de Gortari. La falta de reservas internacionales y el manejo político de las variables económicas provocaron una crisis financiera que se extendió por todo el mundo, conocida como el “Efecto Tequila”. Esto derivó en el rescate bancario a través del Fobaproa, una deuda privada que el PRI convirtió en deuda pública y que los mexicanos siguen pagando hasta el día de hoy, afectando el presupuesto nacional por generaciones.

    El fraude del 88 y el magnicidio de 1994

    El sistema político del PRI se basaba en el control absoluto de las elecciones, pero en 1988 ese control fue desafiado por la corriente democrática de Cuauhtémoc Cárdenas. La famosa “caída del sistema”, operada por Manuel Bartlett (entonces Secretario de Gobernación), es el fraude electoral más documentado y cínico de la historia moderna de México. Cuando los resultados preliminares favorecían a la oposición, el sistema de cómputo se detuvo sospechosamente; al “reiniciarse”, Carlos Salinas de Gortari apareció como ganador, una mancha de ilegitimidad que persiguió a su gobierno desde el primer día.

    El año de 1994 representó el punto de quiebre violento dentro de la propia estructura del partido. El asesinato de su candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio, en Lomas Taurinas, sacudió los cimientos del país. La teoría del “asesino solitario” nunca convenció a la población, que vio en el magnicidio una purga interna o una respuesta de los sectores más conservadores del PRI (los llamados “dinosaurios”) ante las promesas de reforma del candidato. Meses después, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del partido, confirmó que el PRI estaba en una guerra intestina sangrienta.

    La quiebra ética: el sexenio de Enrique Peña Nieto

    El regreso del PRI a la presidencia en 2012, tras doce años de gobiernos panistas, fue presentado como el nacimiento de un “Nuevo PRI”. Sin embargo, este periodo se convirtió rápidamente en el catálogo más extenso de corrupción en la historia moderna de México.

    Casos como la Casa Blanca, una lujosa residencia propiedad de la esposa del presidente construida por un contratista favorecido por el gobierno, rompieron la confianza ciudadana de manera irreversible.

    A este escándalo se sumó La Estafa Maestra, un sofisticado mecanismo de desvío de recursos públicos a través de universidades públicas y empresas fantasma que involucró a múltiples dependencias federales. La percepción de impunidad se consolidó con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014, un evento que no solo exhibió la ineficiencia del Estado, sino también la colusión de autoridades locales priistas con el crimen organizado, marcando el inicio del fin para la legitimidad del sexenio.

    El costo político de estos eventos fue devastador. El partido no solo perdió la presidencia en 2018 con su peor votación histórica, sino que quedó marcado como una marca “tóxica” para el electorado.

    Los “gobernadores de la vergüenza” y el saqueo estatal

    Uno de los puntos más bajos del PRI fue la conducta de su nueva generación de gobernadores, a quienes el propio Peña Nieto llegó a llamar el “rostro de la renovación”. Personajes como Javier Duarte (Veracruz), César Duarte (Chihuahua) y Roberto Borge (Quintana Roo) terminaron en prisión o prófugos tras dejar sus estados en la quiebra financiera y sumidos en crisis de violencia.

    En Veracruz, el caso de Javier Duarte fue emblemático: se le acusó de administrar quimioterapias falsas (agua destilada) a niños con cáncer mientras desviaba miles de millones de pesos. Por su parte, César Duarte fue señalado por crear un banco propio con recursos públicos, y Roberto Borge por el remate ilegal de terrenos del patrimonio estatal a familiares y amigos. Estos nombres se volvieron sinónimos del PRI ante la opinión pública nacional.

    El desmantelamiento territorial: de 32 a 2 gubernaturas

    La pérdida de poder territorial es, quizás, el síntoma más claro de la agonía del PRI. Tras las elecciones de 2024, el partido quedó reducido a su mínima expresión histórica, conservando únicamente las gubernaturas de Coahuila y Durango. Este declive es asombroso si se considera que, hasta antes del año 2000, el PRI gobernaba todas las entidades federativas del país sin excepción.

    La debacle se aceleró con la pérdida del Estado de México en 2023, el bastión más importante, poblado y simbólico del priismo. Perder “la joya de la corona” después de casi un siglo de dominio ininterrumpido del Grupo Atlacomulco fue el golpe de gracia. Esta derrota no solo fue electoral, sino financiera, ya que el partido perdió el acceso a la mayor estructura de recursos y burocracia que le permitía operar a nivel nacional.

    Actualmente, el PRI enfrenta una crisis de relevancia en el Congreso y en los estados. Con una militancia que disminuye año tras año y la pérdida de registros locales en varias entidades, el partido ha pasado de ser el “gran elector” a un actor secundario que debe aliarse con su antiguo rival, el PAN, simplemente para no desaparecer.

    Crisis de dirigencia de “Alito” Moreno

    La figura de Alejandro “Alito” Moreno, actual dirigente nacional, representa para muchos críticos el último clavo en el ataúd del partido. Su gestión ha estado plagada de controversias, incluyendo la filtración de audios donde se le escucha hablar de supuestos pagos ilícitos a periodistas y maniobras financieras dudosas. Bajo su mando, el PRI ha perdido más gubernaturas que en cualquier otra dirigencia en la historia.

    Además de Alito, el partido ha sido lastrado por figuras como Carlos Salinas de Gortari, quien sigue siendo el villano favorito de la narrativa política mexicana, y Emilio Lozoya, cuyo proceso judicial por el caso Odebrecht ha mantenido vivos los señalamientos de sobornos para aprobar reformas estructurales. Estas figuras impiden que el PRI pueda presentarse como una opción de “cambio” o “renovación” ante un electorado que los asocia con el pasado más oscuro.

    La reciente reforma a los estatutos para permitir la reelección de la dirigencia actual provocó una fractura interna sin precedentes. Figuras históricas y exdirigentes han abandonado las filas del partido, denunciando un “secuestro” de la institución por parte de una cúpula que prioriza sus intereses personales sobre la viabilidad del proyecto político.

  • UAM: revelan que el Gobierno espiaba a todos los aspirantes en sus primeros años

    UAM: revelan que el Gobierno espiaba a todos los aspirantes en sus primeros años

    Documentos desclasificados muestran que la Dirección Federal de Seguridad abrió expedientes a estudiantes solo por solicitar ingresar a la universidad en los años 70.

    La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), fundada en 1974 durante el gobierno de Luis Echeverría, nació para atender la creciente demanda de educación superior de calidad y canalizar las demandas de la juventud tras los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971. Sin embargo, documentos del Archivo General de la Nación revelan que desde sus inicios, todos los aspirantes a la UAM fueron objeto de vigilancia por la Dirección Federal de Seguridad (DFS), la extinta agencia de inteligencia del Estado mexicano.

    Según los archivos, la DFS no solo espiaba líderes estudiantiles o docentes, sino también a cualquier joven que solicitara su ingreso a la universidad.

    Durante décadas, la DFS espiaba a comunistas, líderes sociales, funcionarios, panistas, opositores, grupos criminales, narcos y estudiantes, incluyendo a figuras como la actual presidenta Claudia Sheinbaum, quien fue vigilada por el activismo de su madre, la científica Annie Pardo Cemo. La dependencia, adscrita a la Secretaría de Gobernación, fue posteriormente reemplazada por el Cisen y hoy forma parte del Centro Nacional de Inteligencia (CNI).

    En sus primeros años, la UAM operó bajo la rectoría del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, creador del Estadio Azteca, el Museo de Antropología y otros iconos de la Ciudad de México. Actualmente, la universidad cuenta con 83 licenciaturas, 119 posgrados, cinco unidades académicas y 61 mil estudiantes, consolidándose como una de las instituciones más importantes del país en educación superior.

    El hallazgo de estos documentos evidencia cómo la represión y la vigilancia política marcaban incluso el acceso a la educación, dejando un capítulo oscuro en la historia de la UAM y del México post-68.

    Con información de Héctor Gutiérrez Trejo para La Crónica

  • La DFS infiltró a espías en Avándaro: el festival que el gobierno quiso controlar

    La DFS infiltró a espías en Avándaro: el festival que el gobierno quiso controlar

    Documentos oficiales revelan que agentes jóvenes de la Dirección Federal de Seguridad asistieron días antes y durante el Festival de Rock y Ruedas de Avándaro, registrando nombres, actividades y hasta supuestos excesos de los asistentes.

    Tres días antes de Avándaro, agentes de la Dirección Federal de Seguridad (DFS) se infiltraron entre los estudiantes que planeaban asistir al festival de rock en Valle de Bravo. Según una investigación de Laura Sánchez Ley para Milenio, los policías jóvenes se mezclaron con universitarios de cabello largo y mezclilla deslavada, registrando movimientos, nombres de asistentes e incluso el certamen de Señorita Simpatía en la preparatoria.

    El 11 de septiembre de 1971, más de 150 mil jóvenes llegaron al evento, organizado por Eduardo López Negrete y Justino Compeán, inicialmente pensado como carrera automovilística. La DFS describió el festival con términos alarmantes: “aquelarre psicodélico”, consumo masivo de drogas, topless, amor libre y un supuesto 70% de asistentes intoxicados.

    Los reportes exageraban la realidad. Periodistas como Jorge Meléndez recuerdan que la mayoría eran familias que asistían a escuchar rock y que la presencia de drogas era minoritaria. La narrativa oficial estigmatizó a los jóvenes, prohibiendo publicar la crónica verdadera y reforzando la visión de Echeverría sobre una juventud “desbordada e inmoral”.

    Los documentos detallan la logística del festival: escenario central para 12 bandas, 200 elementos de seguridad, 150 mil cocacolas, 240 mil cervezas, 170 mil sándwiches y 100 mil cajetillas de cigarros. Todo esto evidencia la planificación profesional del evento, que buscaba combinar música y automovilismo con fines comerciales, sin intención política.

    Los informes posteriores describen con exageración desórdenes, consumo excesivo de alcohol y drogas, y actos inmorales, mientras medios sensacionalistas publicaron titulares como: “Infierno en Avándaro: encueramiento, mariguaniza y depravación”. Para Meléndez, fueron estrategias del gobierno para repudiar la cultura juvenil tras la masacre de 1968.

    Avándaro no solo fue un festival de música; se convirtió en símbolo de resistencia cultural y juvenil. A pesar de la censura, despertó interés en el rock y la libertad de expresión, demostrando que la narrativa oficial no siempre coincide con la realidad de los hechos.

  • 2 de octubre: cuando la juventud se enfrentó al poder y pagó con la vida

    2 de octubre: cuando la juventud se enfrentó al poder y pagó con la vida

    Por Nathael Pérez

    Han pasado más de cinco décadas y, sin embargo, la herida sigue abierta. El 2 de octubre de 1968 no se olvida ni se perdona, pues quedó grabado como uno de los capítulos más oscuros de la historia moderna de México. Aquella tarde en Tlatelolco, lo que comenzó como una manifestación estudiantil, se transformó en un baño de sangre que cimbró al país entero.

    El movimiento estudiantil había tomado fuerza desde el verano. Obreros, maestros, amas de casa y sindicatos se sumaron a las protestas que exigían libertades democráticas, el fin de la represión y la apertura política. El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, sin embargo, lo interpretó como una amenaza directa a la estabilidad de los Juegos Olímpicos que estaban por celebrarse en la capital. Bajo ese pretexto, la maquinaria estatal decidió aplastar la disidencia.

    Al caer la tarde, la Plaza de las Tres Culturas estaba repleta de jóvenes ondeando banderas y gritando consignas, sin saber que entre la multitud se infiltraban paramilitares vestidos de civiles: miembros del Batallón Olimpia, encargados de marcar con un guante blanco a quienes debían ser blanco de la represión. Minutos después, el estruendo de las balas rompió el aire, por lo que el caos se apoderó del lugar: gritos, cuerpos cayendo, madres protegiendo a sus hijos, estudiantes corriendo sin rumbo, sangre tiñendo de rojo el suelo.

    El gobierno de Díaz Ordaz difundió su versión oficial casi de inmediato: 26 muertos, más de mil detenidos y un centenar de heridos. Pero esas cifras nunca convencieron. El Consejo Nacional de Huelga habló de al menos 190 víctimas; la UNAM calculó más de 300. Hasta hoy, nadie sabe con certeza cuántos cayeron esa noche, porque el Estado se encargó de ocultar, minimizar y justificar lo ocurrido.

    Los Juegos Olímpicos siguieron su curso, pero detrás de la fiesta deportiva y el discurso de modernidad quedaba el eco de las balas, el dolor de cientos de familias y la indignación de un país que comprendió que el poder estaba dispuesto a todo para silenciar la protesta.

    Con el paso de los años, se han desclasificado documentos, se han abierto archivos y se han erigido monumentos en memoria de los estudiantes. Sin embargo, para muchos, la justicia sigue pendiente, dado que Díaz Ordaz jamás fue juzgado, aunque su gobierno haya dejado como legado una noche de terror que aún persigue la memoria nacional.

    Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación, y más tarde presidente de México, cargó con la sombra de Tlatelolco hasta sus últimos días. A él se le atribuyó la represión estudiantil y enfrentó juicios por genocidio, acusado por su papel en la masacre.

    FILE – In this Oct. 3, 1968 file photo, Mexican soldiers guard a group of young men rounded up after the night that came to be known as the “Tlatelolco massacre” in the Plaza of the Three Cultures area of Mexico City. Despite the governmental Victims’ Commission’s recent acknowledgement of the massacre as a “state crime that continued beyond Oct. 2 with arbitrary arrests and torture” and a pledge for reparations, justice remains elusive. (AP Photo, File)

    A pesar de los señalamientos, Echeverría siempre negó su responsabilidad. En 1998, durante una entrevista con la periodista Lourdes Cárdenas, el exmandatario aseguró que las cifras de muertos habían sido “exageradas” y se deslindó de las decisiones del gobierno. Sus palabras, quedaron como un testimonio indoloro y una negación oficial ante uno de los episodios más desgarradores de la historia nacional.

    “Se exageró mucho la cantidad, yo sí te sé decir, creo que nunca se ha aclarado la cantidad, pero no fueron los que dijeron, eso es una exageración enorme, no fue así. Pudieron haber sido alrededor de 30 realmente yo creo y algunos soldados y algún oficial herido. Por eso en la Universidad de Michoacán cuando se pidió el minuto de silencio yo dije sí, por los estudiantes y los soldados muertos, aquí no cayó muy bien.”-Luis Echeverría

    Por su parte, lejos de mostrar una pizca de arrepentimiento, las palabras de Gustavo Díaz Ordaz destilaron cinismo, pues no solo le bastó con ordenar la represión ni con cargar sobre su gobierno la sangre de cientos de estudiantes: décadas después, se atrevió a presentar la masacre como un motivo de orgullo. Con una frialdad que hiela, el expresidente declaró:

    “Yo le puedo decir que estoy muy contento de haber podido servir a mi país en tantos cargos como lo he hecho. Estoy muy orgulloso de haber podido ser Presidente de la República y haber podido así servir a México. Pero de lo que estoy más orgulloso de esos seis años es de 1968, porque me permitió servir y salvar al país. Les guste o no les guste, con algo más que horas de trabajo burocrático, poniéndolo todo: vida, integridad física, horas, peligros, la vida de mi familia, mi honor y el paso de nombre a la historia. Todo se puso en la balanza. Afortunadamente salimos adelante.”-Gustavo Díaz Ordaz

    Díaz Ordaz nunca habló como un hombre marcado por la tragedia, o mínimo como alguien con un poco de empatía, sino como alguien convencido de haber librado una gesta heroica. En su narrativa, el 2 de octubre jamás fue un crimen de Estado, sino que fue una supuesta “salvación de la patria”. Su soberbia no solo fue una manera de escupirle en la cara a las víctimas y a sus familias, sino que evidenció la distancia abismal que existe entre el poder autoritario y la sociedad que lo padeció.

    Desde 1968, cada 2 de octubre miles salen a las calles con una consigna que ha atravesado generaciones: “¡2 de octubre no se olvida!”. Porque aquel día no sucedió solo una matanza: fue un mensaje brutal del poder contra la disidencia, un recordatorio de lo que nunca debe repetirse.

  • Documento desclasificado revela que ex presidente priista de México, López Portillo, tenía vínculos con la CIA

    Documento desclasificado revela que ex presidente priista de México, López Portillo, tenía vínculos con la CIA

    Según un documento desclasificado por los Archivos Nacionales de los Estados Unidos, José López Portillo,Presidente de México de 1976 a 1982, fue colaborador de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés).

    El ex reportero del diario The Washington Post, Jefferson Morley reveló parte de la información del documento desclasificado.

    En dicho reporte se menciona que memorando del 29 de noviembre de 1976, un funcionario de la CIA les dijo a sus colegas involucrados en la desclasificación de los archivos del mandatario estadounidense John F. Kennedy que “el Presidente entrante de México tenía ‘control de enlace’—es decir, relaciones con la CIA—durante un ‘número de años’ y estaba informando sobre una operación conjunta de escuchas telefónicas de Estados Unidos y México (conocida como LIENVOY) que grabó en secreto llamadas en docenas de líneas telefónicas en la capital mexicana.

    López Portillo, quien murió en 2004, ocupó los cargos de Secretario de Hacienda de su amigo de la infancia Luis Echeverría entre 1973 y 1975. Su papel como enlace con la CIA no había sido revelado previamente hasta ahora.

    LIENVOY fue el nombre de la operación conjunta de escuchas telefónicas de Estados Unidos y México en la cual habría participado López Portillo.

    El periodista agregó que López Portillo es el cuarto Presidente mexicano conocido por haber tenido una relación de trabajo con la CIA. Luis Echeverría también fue un activo de la CIA durante mucho tiempo, conocido por el criptónimo “LITEMPO-8”.

    El antecesor de Echeverría, Gustavo Díaz Ordaz 81964-1970), amigo personal del jefe de estación de la CIA, Winston Scott, era conocido como “LITEMPO-2”.

    El antecesor de Díaz Ordaz, Adolfo López Mateos, también fue reclutado como fuente por Scott en 1959. Era conocido como “LITENSOR”, reveló el periodista.

    El memorando fue uno de los 422 registros gubernamentales previamente redactados relacionados con el asesinato de John F. Kennedy que se publicaron en cumplimiento del memorando de diciembre de 2022 del Presidente Biden sobre los archivos JFK.

  • L.E.A. la crisis del PRI

    L.E.A. la crisis del PRI

    Hace unos días nos enteramos que después de un siglo de vida, el expresidente Luis Echeverría Álvarez (LEA) falleció. Un personaje histórico que precisamente encarna los valores de corrupción, autoritarismo, represión y desigualdad social del otro ente que hoy agoniza, me refiero al Partido Revolucionario Institucional (PRI). El presente escrito busca analizar la relación que existe entre ambos sucesos dentro del mismo proceso histórico.

    La dictadura perfecta

    El Partido Nacional Revolucionario (PNR) fundado en 1929 buscó institucionalizar la Revolución Mexicana y la llevó hasta sus límites -dentro del marco legal capitalista- durante el cardenismo (1934-1940): expropiación petrolera, educación socialista, profundización de la reforma agraria, empoderamiento de centrales campesinas y de la clase obrera, etc.; fue ahí donde cambió precisamente su nombre a Partido de la Revolución Mexicana (PRM) en 1938. Eran los tiempos de la izquierda en México.

    Sin embargo, esos tiempos cambiarán con el proceso paulatino de derechización a partir del sexenio de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) y que llevará a un nuevo cambio de nombre del instituto político por el de Partido Revolucionario Institucional, nombre que aún posee el que se convirtió en el partido hegemónico del Estado Mexicano durante lo restante del siglo XX.

    Las centrales obreras y campesinas servirán de control sindical que impedirán que la lucha de clases fuera desbordada. El autoritarismo de los sindicatos -ya bautizados como charros- también fungirá como base de “falsa legitimidad” para toda política y acción emprendida por el gobierno.

    Y cuando la lucha de clases rebasaba esos marcos existentes se recurrirá al terrorismo de Estado como medida de control. Así tendremos las masacres estudiantiles de 1968 y 1971, pero también la llamada “guerra sucia” donde se cometieron crímenes de lesa humanidad contra cientos y hasta miles de personas.

    Y ese ambiente de terror y control se daba mientras pasamos de un “milagro mexicano” a un desarrollo estabilizador, donde el país aparentemente crecía en términos macroeconómicos pero la desigualdad social se mantenía y por momentos se profundizaba. Modelos económicos que se fueron desgastando y llegaron los nuevos aires del neoliberalismo en los 80´s.

    Así, cambiamos a políticas neoliberales que profundizaron las desigualdades sociales, pulverizaron derechos laborales y sindicatos democráticos, se abarataron -intencionalmente- las empresas paraestatales y fueron privatizadas. Además de buscar la mercantilización de muchos derechos sociales como la educación y la salud, por ejemplo.

    Eran los tiempos de “la dictadura perfecta” como la llamó el escritor peruano Vargas Llosa, quien ahora es un intelectual orgánico de la ultra derecha latinoamericana. Incluso, esa dictadura también tenía un control de la población a través de la hegemonía cultural que ejercían los medios de comunicación en su favor.

    Agoniza el dinosaurio

    No obstante, el PRI en tiempos del neoliberalismo ha ido perdiendo terreno -aún, aunque se alió al derechista Partido de Acción Nacional- y hoy vemos como de a poco va agonizando. El otrora partido invencible parece que se le van terminando las fuerzas que lo impulsaban y se va resignando a una posible extinción.

    Y es que si en tiempos recientes habían tenido algunos descalabros (de 2000 a 2012 gobernó el PAN y la pérdida de algunos estados) se volvían a levantar como el ave fénix de las cenizas resurgían más poderosos. Pero esta vez parece que el referee terminará contando hasta 10 y sonará la campana.

    Y es que, de estar gobernando en los últimos años hasta 19 estados, hoy en día aún yendo en alianza con el PAN y el ya derechizado Partido de la Revolución Democrática (PRD) se han quedado solamente con 3 estados en su poder, dos de ellos van a elección el siguiente año (Coahuila y el Estado de México) los cuales todo apunta a que perderán de nuevo, solo les quedará Durango.

    El mundo al revés

    No cabe duda que el guinda del Movimiento de Regeneración Nacional (MORENA) desde 2018 fue el color que está llevando al PRI a una muerte anunciada, agonizante y desesperante. Incluso llevándolo a hacerse pasar por víctimas de persecución política y que se les quiere eliminar por ser enemigos peligrosos del régimen.

    Toda la imaginación que buscan convertir en consignas políticas solo es una ofensa artera a quiénes sufrieron por décadas las verdaderas represiones del PRI, los verdaderos perseguidos políticos, a quienes los asesinaron, torturaron, golpearon y aventaron en esos vuelos de la muerte.

    Y sí en nuestro país nos gusta el surrealismo y vivir en un mundo al revés, es tiempo de que no caigamos en esas mentiras, a los Alitos, a los Anaya, a los Rosario Robles, a los Cabeza de Vaca y compañía se les persigue por corruptos y por atentar contra el patrimonio común, que nos quede muy claro.

    Finalmente, hoy en día ya murió Luis Echeverría, el simbolismo que eso puede tener es quizás que con su deceso físico también esté por terminar la existencia como instituto político de importancia del PRI. Vivimos tiempos interesantes y podemos presenciar la extinción del dinosaurio, en cambio del priísmo como cultura política nos costará un poco más eliminarla. Pero seguiremos trabajando para lograrlo.

    • Redes: https://www.facebook.com/chaarlie.brown.5  y Twitter @CarlitosMarx5
  • AMLO critica al “conservadurismo rancio” por compararlo con Luis Echeverría; explica que las condolencias que mandó fue por un asunto institucional

    AMLO critica al “conservadurismo rancio” por compararlo con Luis Echeverría; explica que las condolencias que mandó fue por un asunto institucional

    El pasado viernes, Luis Echeverría Álvarez, expresidente de México entre 1970 y 1976, falleció a los 100 años de edad en su residencia en Cuernavaca, Morelos, asunto por el cual el Presidente López Obrador mandó condolencias vía redes sociales.

    Tras esto, referentes de la derecha mexicana comenzaron a comparar al autor de “El Halconazo” y mente de la matanza de estudiantes de Tlatelolco, con el actual mandatario, hecho que fue duramente criticado por quienes apoyan a AMLO y la 4T.

    Esta mañana, el mandatario señaló que él se encontraba estudiando cuando gobernó Echeverría, y que el mensaje de condolencias que publicó fue con motivos estrictamente institucionales, ya que se trataba de un ex mandatario de la República.

    “Entonces, de inmediato empieza el conservadurismo rancio, de mala fe, de malas entrañas, a decir: ‘Echeverría y López Obrador’. Yo estaba estudiando cuando Echeverría, no crean que tengo mucha edad, pero los conservadores inmediatamente buscan la relación para dañar”.

    Tundió AMLO.

    El ex Jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal, recordó a prensa y audiencias, que en 2006 igualmente fue comparado con Hugo Chávez Frías, presidente de ña República Bolivariana de Venezuela y con Luiz Inácio da Silva, mandatario de Brasil.

    “En aquel tiempo el presidente Lula era más aceptado que el presidente Chávez. Estoy hablando por la ultra, los conservadores, con el presidente Lula tenían hasta relación, hasta lo invitaban banqueros y demás a dar pláticas, y era como un modelo a seguir en aquel tiempo.  Y el presidente Chávez estaba satanizado. Siempre dije ‘soy Andrés Manuel López Obrador’”.

    Aclaró.

    No te pierdas:

  • Luis Echeverría, el presidente que ‘silenció’ al rock mexicano en los setenta

    Luis Echeverría, el presidente que ‘silenció’ al rock mexicano en los setenta

    Este 8 de julio el expresidente más longevo de México perdió la vida a los 100 años en su casa de Cuernavaca, Morelos. Luis Echeverría Álvarez gobernó al país con el PRI en un periodo entre 1970 y 1976 por el cual pasó a la historia por hechos como la matanza de estudiantes denominada el ‘halconazo’, que tuvo lugar en 1971, o por perseguir al género del rock en México.

    En 1973, Echeverría prohibió los conciertos de este tipo de música en grandes recintos y la eliminó de la radio por medio de una penalización a las emisoras que transmitieran rock. En estos años, cualquier manifestación cultural sobrevivió en espacios underground conocidos como ‘hoyos fonky’.

    La iniciativa llegó dos años después del Festival Rock y Ruedas de Avándaro, a celebrarse los días 11 y 12 de septiembre de 1971, en el Estado de México, que fue estigmatizado en los medios de comunicación

    El propio Echeverría se manifestó al respecto: “Aunque lamentamos y condenamos el fenómeno de Avándaro, nos alienta la convicción que de este tipo de actos y espectáculos solo es partidaria una reducida parte de nuestra población juvenil”.

    A través de la Secretaría de Gobernación se nombró a los entre 250 y 300 mil asistentes como “traidores a la Patria”, así como a sus organizadores, entre los que estuvo el productor Luis de Llano.

    ¿Qué le molestó a Echeverría de Avándaro?

    Miles de jóvenes disfrutaron de horas de música y se dejaron llevar, por lo que algunos fueron fotografiados desnudos, lo que provocó algunos escándalos. Además, había quienes libremente fumaron marihuana. La desorganización –incluso faltó agua- facilitó que el evento se calificara como una orgía hippie con consumo de drogas.

    Además, algunos artistas sobre el escenario manifestaron una postura con discursos contra el gobierno en turno y sobraron las palabras altisonantes y mentadas de madre.

  • Muere a los 100 años Luis Echeverría Álvarez, ex presidente de 1970 a 1976 y pieza clave de la matanza del 68

    Muere a los 100 años Luis Echeverría Álvarez, ex presidente de 1970 a 1976 y pieza clave de la matanza del 68

    La noche del pasado viernes 8 de julio, Luis Echeverría Álvarez, expresidente de México en el periodo de 1970 a 1976, perdió la vida a los 100 años de edad, fuentes cercanas señalan que el ex mandatario de sustracción priista, falleció a las 21 horas en su casa de Cuernavaca, Morelos.

    La última vez que se le vio en vivo fue el pasado mes de junio de 2021, cuando acudió con su diligencia al Estadio Olímpico Universitario, al sur de la Ciudad de México, cuando acudió a vacunarse contra la COVID-19.

    DutEcheverría Álvarez nació en 17 de enero de 1922 en la Ciudad de México y estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), para 1946 se unió al PRI, fungiendo de secretario particular del entonces presidente del partido, Rodolfo Sánchez Taboada.

    Durante el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, fue secretario de gobernación, convirtiéndose en pieza clave de la matanza de Tlatelolco en el año de 1978 y el arreciamiento de la llamada Guerra Sucia, con la cual el oficialismo persiguió, torturó y asesino opositores al régimen del tricolor.

    Durante su periodo, exactamente el 10 de junio de 1971. se realizó el llamado halconazo, en donde paramilitares contratados por su administración, atacó una marcha de estudiantes, dejando un saldo de 200 personas muertas, sin embargo las cifras oficiales, maquilladas, ocultan más perdidas humanas.