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  • Megacable: radiografía de abusos

    Megacable: radiografía de abusos

    Por Ricardo Sevilla

    Detrás de la conectividad de millones de hogares mexicanos se esconde una red de sanciones, opacidad y una gestión que parece priorizar el dominio del mercado por encima del derecho del consumidor.

    Y uno de los personajes que ha pisoteado la confianza de los usuarios es el empresario sinaloense Enrique Yamuni Robles, dueño y CEO de Megacable.

    Yamuni Robles encabeza un consorcio que, ahora mismo, se encuentra bajo el microscopio no solo por su deficiente servicio, sino por una serie de prácticas que rozan la ilegalidad operativa y el abuso de poder de mercado.

    Y, justo por eso, es importante desglosar las claves que explican por qué esta empresa cablera se ha convertido en el dolor de cabeza de las instituciones y la frustración de sus clientes.

    2024, por ejemplo, marcó un punto de inflexión para la compañía. El Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) impuso una multa superior a los 24 millones de pesos, motivada por el incumplimiento de los estándares mínimos de calidad en telefonía fija.

    Esta sanción es la cristalización de un eco constante: la intermitencia del servicio y una respuesta técnica que brilla por su ausencia ante las numerosas quejas ciudadanas.

    Pero eso no es todo. Megacable ha protagonizado muchas polémicas más.

    En octubre de 2022, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco), por ofrecerle otro caso, tuvo que intervenir tras una serie de caídas prolongadas de internet de Megacable, que dejaron a miles de familias en la desconexión total.

    La indignación ha escalado a tal extremo que han existido diversas acciones colectiva contra la empresa, motivadas por una práctica voraz. Los usuarios reclaman que los recibos de Megacable Holdings, S.A.B. de C.V., siempre, llegan puntuales y completos a pesar de que los usuarios pasan días sin señal.

    A esto hay que sumar el “vía crucis” que representa para cualquier mexicano intentar cancelar un contrato con la empresa.

    Uno de los capítulos más oscuros en el historial de Megacable involucra procedimientos penales ante la entonces Procuraduría General de la República (PGR). La empresa fue señalada por el presunto “pirateo” de señales en el Estado de México.

    De hecho, en julio de 2017 las autoridades federales llegaron incluso a catear las instalaciones en Tenancingo y Atlacomulco. Y es que en esos puntos, la compañía cablera ofrecía el Canal 9 de Televisa como parte de su programación básica, a pesar de que dicha señal no contaba con derechos de cobertura nacional en esa zona.

    Megacable, por debajo del agua, operaba una estrategia de reducción de costos mediante la transgresión directa de la propiedad intelectual.

    Pero la falta de transparencia es una constante en Enrique Yamuni Robles.

    Cabe recordar que, en julio de 2016, Megacable enfrentó procesos con la Profeco por no notificar a sus clientes la salida de los canales de Televisa Networks.

    Asimismo, el escándalo llegó a la cancha con ChivasTV: durante una final de la Copa MX, la empresa ofreció la transmisión a sus abonados sin tener un convenio real con el club, dejando a la audiencia sin el evento prometido y sumando un litigio mercantil más a su cuenta.

    Más recientemente, en abril de 2024, el IFT emitió una resolución definitiva donde impuso obligaciones específicas a Megacable, tras determinar que la empresa de Yamuni Robles poseía “poder sustancial” en 9 mercados relevantes del país (principalmente en zonas de Jalisco, Sonora y Sinaloa), con el fin de fomentar la competencia, ante las prácticas monopólicas de la compañía.

  • Sicariato informativo

    Sicariato informativo

    Por Ricardo Sevilla

    Durante la conferencia matutina, el reportero Jorge Chaparro Acosta, quien trabaja para la empresa Megacable, buscó confrontar a la presidenta Claudia Sheinbaum.

    Chaparro Acosta, quien dejó claro que no sabe que entrar a un país extranjero con pasaporte falso es un delito, cuestionó acciones gubernamentales, pero ignorando un principio básico del Derecho Internacional y el Código Penal Federal: la falsificación y uso de documentos públicos (como un pasaporte) constituye un delito internacional grave que vulnera la soberanía nacional.

    Pero aquí hay un elemento adicional: Chaparro es muy cercano a los senadores panistas Ricardo Anaya Cortés y Enrique Vargas del Villar, expresidente municipal de Huixquilucan.

    Y esto no es una ocurrencia. Hay datos duros que así lo comprueban. De hecho, investigaciones y registros fotográficos obtenidos, de manera exclusiva, en el Senado de la República, confirman una cercanía estrecha entre el reportero y las figuras cupulares del Partido Acción Nacional (PAN), específicamente con los senadores Ricardo Anaya Cortés y Enrique Vargas del Villar. Estas pruebas documentales muestran reuniones de “pasillo” y diálogos prolongados fuera de las áreas de prensa convencionales, que dejan en claro que existe un intercambio de información que trasciende la relación reportero-fuente.

    Pero le digo más: la trazabilidad de las preguntas del reportero de Megacable, Chaparro coincide, sospechosa y sistemáticamente, con los puntos de acuerdo y las críticas emitidas horas antes por la bancada panista, lo que revela la burda estrategia de “periodismo de consigna” diseñada por la derecha para confrontar al Ejecutivo desde una trinchera hipócritamente neutral.

    Es más: Un análisis de trazabilidad de discurso revela una coincidencia del 95% entre los puntos de acuerdo presentados por la bancada del PAN y las líneas de cuestionamiento de Chaparro en la conferencia matutina, con un desfase temporal de apenas 2 a 4 horas.

    Este caso, en particular, ilustra el fenómeno de la “imparcialidad performativa”. El actor (disfrazado de reportero) utiliza el escenario de la “mañanera”, pero no para informar, sino para ejecutar un rol de oposición política bajo el amparo de la libertad de prensa.

    No nos engañemos ni le juguemos al payaso ni al distraído. La cercanía con figuras cupulares del PAN no es solo una inocua relación fuente-periodista; es un intercambio de capital social. El político otorga una falsa “exclusividad” y el periodista, generalmente pagado o chapoteado, otorga “validación pública” a las consignas del partido.

    Cuando un medio de comunicación masiva como Megacable permite que sus reporteros actúen como personeros o gestores de intereses partidistas, la función social del periodismo se pervierte, convirtiéndolo en un horripilante apéndice de la comunicación política de una facción.

    Por eso es sumamente importante, siempre, investigar la naturaleza de las alianzas políticas de todos los medios de comunicación.

    Y quiero dejarle aquí, en la mesa, una pregunta picosita: ¿Estamos ante el fin de la objetividad y ante el nacimiento del sicariato informativo?