Etiqueta: Miguel Martín

  • La gran estrategia

    La gran estrategia

    La organización de la pequeña parte de la Copa del Mundo que se celebrará en México ha traído consigo diversas postales, algunas inolvidables y otras vergonzosas. En primera, debemos recordar que la sede compartida con Estados Unidos y Canadá se pactó en junio de 2018, cuando Peña Nieto aún estaba en la presidencia y Miguel Ángel Mancera gobernaba la Ciudad de México. Como era de esperarse por parte de los neoliberales, le otorgaron a la FIFA multitud de contratos y facilidades garantizadas, y dentro de todo ello, por supuesto, la clásica exención de impuestos.

    Ni Andrés Manuel López Obrador ni Claudia Sheinbaum iban a cancelar el mundial, ya que el costo por el incumplimiento de los contratos hubiera sido catastrófico. Lo que se decidió para este 2026 por parte del gobierno de Sheinbaum fue implementar el llamado Mundial Social, que consistió en una importante inversión en rehabilitación y construcción de espacios deportivos. Asimismo, se implementaron torneos para incluir en la práctica del fútbol a segmentos de la población que quedan fuera de él por no ser de interés comercial, es decir; niñas y adultos mayores. Dentro de la misma iniciativa se lanzó la canción La niña futbolista, cantada por Julieta Venegas. Y las reacciones de repudio visceral por parte de ese sector machista y consumidor voraz de fútbol llamado ‘los fifas’, no se hicieron esperar.

    Por otro lado, Clara Brugada tuvo que lidiar con el cumplimiento de los contratos sobre vías de acceso al estadio Azteca. Tomó la decisión de ‘ajolotizar’ muchos espacios públicos de la ciudad, repintarlos de color morado e incluir ajolotes como sello distintivo. Hasta presentó un ajolote mascota bastante tierno. Sin embargo, al provenir todo esto de un gobierno de izquierda, hemos tenido a los usuarios de redes sociales, esos casuales que comentan las tendencias políticas en automático y desprovistos de toda base ideológica; batiéndose en desigual combate metafísico contra un color.

    A pocos días de la inauguración, en redes como Instagram, Facebook y X (ésta con una marcada metástasis de células fachas), comienzan a proliferar mensajes de franco odio y desprecio hacia el gobierno, culpando a Morena de que a la gente ya no le entusiasme el mundial y no se levante el mismo fervor de antaño por apoyar a la selección mexicana. Puede que sea verdad, pero no es en absoluto algo negativo. Algunos con menos luces creen que el gobierno es quien auspicia u organiza el torneo, se refieren a él con desprecio, otra vez en osada alteración de la semántica, como ‘mundial del bienestar’. Insertar aquí emoji de carcajada.

    Al politizarse el grueso de la población, fue descubriendo que las empresas privadas, siempre amparadas por los gobiernos neoliberales, no tenían por qué seguir gobernando sus vidas. Televisa, la selección de fútbol, la liga y demás entidades, son privadas y no públicas. Un gobierno de izquierda, por definición, no tiene por qué promoverlos ni inyectarles recursos. Cuando se quedaron sin este apoyo, muchos dejaron de considerar al representativo de la liga y los intereses de Televisa como ese falso símbolo patrio por el cual el marketing nos instaba a dar la vida.

    El sector conservador, muy ruidoso, pero poco representativo en las urnas, ha puesto a circular una campaña que tiene como buque insignia un video generado por IA. En él aparecen hipotéticos mexicanos con gestos de odio espeluznantes, que instan a la población a mostrar un pañuelo blanco en partidos y todos los eventos masivos referentes al mundial para, según ellos, “sacar a Morena”.

    Si quieren que sea una campaña política de alcance doméstico, dudo que haya un cambio en las tendencias; las propias encuestadoras lo mostrarán inmediatamente después del mundial. Si lo que buscan es que “nos rescate” una potencia extranjera, tampoco creo que la FIFA se preste para darles difusión. Aun así, que tengan cuidado con lo que desean. Porque hay entre esa masa desorientada trabajadores del Estado. ¿Qué creen que pasaría con sus prestaciones si estas iniciativas tienen éxito, genios?

    Sigamos atentos al devenir de la situación. Los intentos de desestabilizar serán inocuos y eso se constatará a la postre en las urnas. Mi pronóstico para el mundial: va a perder la derecha mexicana.

  • Godínez culturapoperos

    Godínez culturapoperos

    El sábado 16 de mayo de 2026, en la feria del libro de Neza, tuve la oportunidad de compartir escenario en una charla con Vicente Serrano. Sobre el final empezaron a llegar las familias de los niños que integran una orquesta y esperaban turno, pues tocarían al finalizar nuestra charla.

    Para la ronda de preguntas y respuestas, un matrimonio joven mandó a su hija pequeña a hacer preguntas como: «¿por qué la presidenta hace el mundial y no resuelve lo de los desaparecidos», «¿por qué la presidenta permitió el atentado en Teotihuacán y no lo resolvió?» o «¿por qué se da tanto dinero a gente que no hace nada?». Sus papás, parados en el fondo la grababan y la aplaudían por hacerse eco de su pensamiento tan básico, con una valentía envidiable, porque hay que ser valiente para mandar a un hijo a decir tales barbaridades. Contesté puntual a cada una de las preguntas, básicamente desmontándolas como falacias. Pero más que reproducir esas respuestas, prefiero abocarme a reflexionar sobre qué hace que ese pensamiento prevalezca aún en ciertos sectores de la población.

    Bueno, pues ese es el público de los influencers cuya aparición privilegia el algoritmo en redes de shorts o reels como Facebook, Instagram o TikTok. Se trata en muchos casos de profesionistas de mediana edad que crecieron viendo televisión. De niños rieron con el bullying de Facundo, los monólogos de Adal Ramones y las intrigas de Big Brother. Se emocionaron con los maratones que empezaban con El Chavo, para dar paso a Dragon Ball y terminar con el partido de la selección nacional, cuyos goles cantaron con pasión.

    Después vino la transición a las redes sociales y el streaming, cuando el marketing los convenció de que abandonar la tele era de inteligentes, así que entraron de lleno en las series y comenzaron a seguir a creadores de contenido que ampliaban su experiencia en cuanto a las sagas cinematográficas de superhéroes. Y también se comenzó a consumir contenido relacionado con la música de banda y humor creado por standuperos mexicanos como Franco Escamilla o vendedores de humo como Carlos Muñoz. Más recientemente está en auge una oleada de influencers con discursos cada vez más agresivos como: Juan Manuel Zunzunegui, Temach, Arqui Juve, Mike Remis, entre otros. Muchos de ellos ya acomodados en la era del podcast.

    Quienes han vivido este proceso de consumo, que sigue teniendo de fondo el mensaje despolitizante que conviene a la derecha, desde siempre se han mostrado “indignados”, pero carecen de cualquier compromiso con causas sociales. Son profesionistas no lectores que se formaron en el periodo más duro del adoctrinamiento neoliberal. Les parece bastante lógico el discurso subyacente de todo ese aparato mediático, financiado por poderes fácticos que han logrado revivir a la derecha en el continente. Ese discurso básicamente les dice que el régimen morenista es corrupto y está vinculado al narcotráfico, que es un gobierno para pobres y “huevones”, y falto de clase.

    Entonces, al tener enfrente a aquellos quienes el algoritmo les ha dicho que somos propagandistas pagados por el régimen, no pierden la oportunidad de manifestar su supuesta indignación, aunque francamente sus vidas sean cómodas, y, por lo mismo, tengan todo ese tiempo para consumir entretenimiento que los adoctrina y delinea en ellos un esbozo de postura política con base en falacias.

    Muchos integrantes de mi generación ostentan ese pensamiento individualista que floreció desde la educación básica y fue reforzado por el aparato mediático; primero en análogo y luego en digital. Godínez culturapoperos con ínfulas y muchísimo por leer. El contraste está en los extremos. El grueso de mis seguidores de YouTube me lleva al menos 10 años de edad, y, por otra parte, comienzan a tomar fuerza muchos creadores de contenido en TikTok que incursionan en el análisis político con bastante tino, así como recomendaciones y referencias bibliográficas por delante.

    Me disculpo a nombre de mi generación, que difícilmente se va a quitar el estigma de su génesis neoliberal, pero veo con esperanza que el pensamiento comunitario, la conciencia de clase y el humanismo, brotan y florecen en medio del pantanoso y truculento algoritmo.

  • Extraños enemigos

    Extraños enemigos

    Desde los primeros días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, quien tomó el poder en diciembre de 2018, se han venido dando distintas protestas contra el nuevo régimen, utilizando casi como si de un manual prediseñado se tratara, los mismos argumentos que se llegaron a utilizar contra distintos líderes de izquierda a lo largo de la historia reciente.

    Me tocó vivir muy de cerca el movimiento FRENAAA, que dentro de su enrevesado acrónimo decía ser un “movimiento anti AMLO”.

    Era sumamente difícil tomarlos en serio, empezando por su histriónico líder, el manipulador y contradictorio empresario regio Gilberto Lozano, quien ya llevaba desde 2015 haciendo videos contra Peña Nieto y enarbolaba las banderas del poder de los ciudadanos y que los políticos “son nuestros empleados”. Las traiciones a sus propios adeptos hicieron que su movimiento se diluyera. Aunque el odio hacia el régimen de la 4T no ha hecho más que crecer y volverse más rancio dentro de los sectores reaccionarios.

    En uno de los fallos de marketing más caros y ridículos de la historia, postularon a Xóchitl Gálvez en 2024 y a ella misma la hicieron creer que su personalidad disruptiva sería suficiente para embaucar al grueso del electorado para volver a votar por la derecha. Durante su campaña, prometía la privatización de las paraestatales y se burlaba del concepto de soberanía, que fue cultivado y reacuñado durante el mandato de AMLO.

    La actual consigna de la derecha, y que se nota más descarada en facciones como el PAN o Salinas Pliego (de las cuales Lilly Téllez es el vértice), es recurrir a llamar la atención del gobierno estadounidense para buscar una intervención que deponga al gobierno de Morena, legítimamente elegido por el pueblo.

    En 2023, la politóloga española Arantxa Tirado publicó su libro El lawfare: Golpes de Estado en nombre de la ley. Ya desde entonces daba cuenta de cómo los poderes fácticos, encabezados por el gobierno estadounidense, sin importar si era demócrata o republicano, retorcían la ley a su gusto para golpear a los gobiernos de izquierda. Explicaba también cómo, cuando las redes hicieron ya inoperantes las campañas negras de propaganda contra gobiernos como el de Hugo Chávez, de la nada aparecían acusaciones de nexos con el narcotráfico, lo cual, en el imaginario colectivo suele surtir efecto para lograr el repudio generalizado de cualquier figura pública.

    Otro título clave para entender la dinámica que se vive actualmente es Los cárteles no existen. Se trata de un profundo trabajo de investigación publicado en 2018 por el periodista mexicano Osvaldo Zavala. Con base en testimonios de agentes estadounidenses antinarcóticos, así como de muchos otros informantes y pesquisas en documentos, Zavala prueba su hipótesis de que los cárteles, así como muchos movimientos terroristas o contrainsurgentes alrededor del mundo, son una creación del propio EEUU, el Estado corruptor por excelencia, que, sin embargo, goza de inmunidad ante el mundo en general, por todos los intereses involucrados, así como en el imaginario colectivo, gracias a su perenne inversión en propaganda para asentar como verdad histórica la versión de que ellos son los buenos.

    La derecha mexicana actual no supera el hecho de que uno de sus integrantes, antes promocionado como una especie de prócer combatiente del crimen, esté refundido precisamente por narcotráfico en una cárcel gringa. Y, aprovechando la coyuntura actual, es decir; la presencia de uno de los seres humanos más aberrantes que han ocupado la oficina oval, no paran de hacer cabildeos de todo tipo, incluyendo las ridículas entrevistas de Fox News, para clamar por la tan anhelada intervención.

    Maru Campos ya dio cínicamente un paso que los tiene muy orgullosos. Y los más sensatos esperamos que enfrente la ley, por el bien de nuestra soberanía y para sentar precedente. Y si Rocha Moya debe algo, que se dirima en las investigaciones, primero de la fiscalía mexicana. El que nada debe, nada teme.

    El “extraño enemigo” contra el cual nos arengaba el himno nacional, tal vez no sea tan extraño. Los vendepatrias están a la orden del día, y a lo mejor saben que tienen hasta las intermedias de noviembre para lograr algo. Sigamos muy atentos.

  • El fútbol y los idiotas

    El fútbol y los idiotas

    Por estos días, en que el aparato mediático intenta infructuosamente revivir las viejas glorias de los mundiales pasados, vienen a mi mente los recuerdos de la selección mexicana de fútbol coronándose en la final de la Copa Oro 1993, celebrada en el entonces estadio Azteca, frente a una selección estadounidense con mucho entusiasmo, pero que en esos tiempos era amateur. Recuerdo también las imágenes de Carlos Salinas de Gortari festejando en el palco con los brazos en alto, y después en el vestidor con los jugadores.

    Salinas no era aficionado al fútbol, pero se mostró cercano a la selección y reforzó, junto con Televisa, la noción de que los once de verde eran poco menos que un símbolo patrio más. Igualmente, no era católico, y sin embargo otorgó el reconocimiento a la iglesia católica como institución en 1992. También había traído a Juan Pablo Segundo a oficiar misa en medio del entonces marginal Valle de Chalco Solidaridad en 1990. Ese sí que era populismo.

    Pero en esta ocasión no me centrare en las “bondades” del gobierno neoliberal tan anhelado por algunos pocos, sino que he querido sentar el antecedente de cómo empezó el manejo de masas a través del fútbol en México. Y aunque vendrá quien me diga que en realidad la pasión comenzó a suscitarse en la segunda mitad de los 50, con el ‘campeonísimo’ Chivas, la realidad es que, con el neoliberalismo se empezó a explotar de manera más consciente la cultura de masas. Para muestra, está Ronald Reagan metiendo una cita de Volver al futuro en un discurso de 1986.

    Desde esos ingenuos años 90 en México, se buscó promover a la selección de fútbol como fuente de pasión y nacionalismo exacerbado. Mucho de esto se logró a través de las pantallas de Televisa y con la mediación de Luis de Llano, quien ya había sido productor de las transmisiones y promocionales durante el mundial de 1986, celebrado en México, donde la selección incluso grabó un tema musical. Sin embargo, el alcance de la televisión no era tan masivo en esos momentos, aparte de que estaba abierta la herida social del terremoto del 85.

    En 1990, un fraude con las edades de los jugadores en selecciones inferiores causó que México fuera marginado de participar en Italia 90 a manera de sanción. La generación de los 90 sucumbió a la expectativa creada por Televisa a través de su cobertura del paso de una selección que ciertamente comenzaba a obtener resultados decentes. Se vivió un bien llevado romance entre el representativo y la afición durante varios mundiales, aunque siempre se fracasaba, pero la narrativa mediática era eficaz en el control de daños, siempre ensalzando el pundonor, el carácter y demás chapuzas que mantenían viva la puesta en escena.

    Pasaron los años. La Federación Mexicana de Fútbol, junto con Televisa, Azteca y demás empresas que la manejaban, cayeron en el mismo error que les pasó factura a políticos y empresarios en 2018: subestimar la capacidad de las masas para politizarse. Cada vez es menos la gente que concibe a la selección nacional como un elemento de nacionalismo. Muchos creadores de contenido, no solo en materia política, sino también de fútbol, han contribuido a que el fútbol profesional por fin sea visto como el negocio que realmente es; un negocio más soportado por la publicidad que por los resultados.

    En el marco del mundial que se realizará este año en EEUU, Canadá y México (solo 10 partidos de los 104), hay voces que quisieran que volviera la euforia de antaño. Al parecer, solo los más despolitizados e indiferentes a toda problemática social están metidos actualmente en la euforia mundialista. Y para muestra las entrevistas con los asistentes al amistoso México vs. Portugal; opiniones lamentables y total desconexión con la realidad. Y se trataba, por cierto, de un sector de gran poder adquisitivo.

    En lo particular, me quedo con el fútbol como práctica que me mantiene en forma y como mi fuente de endorfinas. Que los descerebrados se queden cantando el Cielito lindo mientras la politización del país avanza.

  • El encuentro

    El encuentro

    El pasado 20 de marzo de 2026 tuve la oportunidad de asistir al segundo encuentro de comunicadores independientes que llevó por nombre Informar es Liberar, y se realizó en Palacio Nacional sin la presencia de la presidenta Claudia Sheinbaum. Para mí fue una experiencia gratificante, porque tuve algunos encuentros y reencuentros muy entrañables con personas que me guardan cariño y respeto, y también con otras que al menos son conscientes de mi existencia.

    Mi camino en este rubro ha sido un tanto atípico. Dado que estudié periodismo como segunda carrera y mi actividad principal ha sido la docencia, dentro de mi plaza del IMSS y en algunas instituciones privadas, no he podido ejercer de tiempo completo la noble profesión a la que le tengo tanto cariño. Me he tenido que ir creando los espacios de tiempo para poder escribir, hacer reportajes y entrevistas, así como ser, tanto contertulio como conductor en mesas de análisis, algunas de buen nivel y otras no tanto.

    Actualmente se habla de una falta de cohesión en el rubro de los comunicadores independientes y también de lucha de egos. Todo eso es lamentablemente cierto. Incluso, dentro del espectro de quienes apostaron por esta lucha informativa sin necesariamente tener estudios, percibo una buena cuota de resentimiento social, que los hace tratar de forma hostil a quienes tenemos recorrido académico. Un ejemplo que me tocó muy de cerca fue la ruptura entre quienes durante un tiempo fueron exitosos youtuberos de calle, entre sí, pero sobre todo con un compañero que tiene formación como cineasta e historiador. Él nunca se metió con nadie, pero su perfil le pasó factura y lo terminaron calificando de ‘fifí’.

    Si puede haber una crítica al movimiento de politización que hubo desde la llegada de AMLO, según mi parecer, sería que se privilegió el escuchar a los llamados comunicadores independientes, y muy poca gente se hizo al hábito de profundizar en la información por vías que no sean las audiovisuales. Es más, aún más pocas personas le tomaron la palabra a AMLO en sus recomendaciones literarias, que fueron muchas y muy variadas a lo largo de sus invaluables mañaneras. Asimismo, muy pocos de los comunicadores con un perfil meramente popular, invirtieron en su propia formación una vez que tuvieron un ingreso constante.

    Otros casos en esferas de exposición más altas se han dado por motivos de audiencia, o bien, simplemente de dinero. Aunque formamos parte de un movimiento que dice repudiar la vulgar ambición, la verdad es que ésta siempre termina aflorando cuando hay grandes sumas involucradas. Asimismo, ha llegado a haber campañas negras y peleas por audiencia. No hay lado correcto, no hay buenos ni malos; sino seres humanos sucumbiendo a bajas pasiones y haciendo de carne fresca para los intereses rupturistas de la derecha.

    Pues bien, volviendo a la citada jornada, empezamos bastante mal, pues el ingreso fue media hora tarde, debido a que comerciantes del centro de la ciudad clausuraron simbólicamente el acceso a Palacio Nacional para protestar contra el gobierno por el bloqueo de la calle Moneda con fines de resguardar el recinto, ante el plantón de la CNTE.

    Ya estando dentro, se vivían emociones a flor de piel, por el gusto que a muchos les producía ingresar por primera vez al salón tesorería. Algunos transmitían en vivo, otros se tomaban fotos con los personajes más prominentes. Con mi perfil más discreto, mientras pasaba junto al flamante premio nacional de periodismo, el compañero me gritó: «¡Maestro!» Ahí pobremente, sin presumir, como diría el buen Andrelo.

    No soy fan del mixiote de pollo, pero el hambre apretaba y algunos certeros pellizcos sí que le propiné al platillo que nos fue amablemente ofrecido por Jesús Ramírez Cuevas. En la sobremesa se entrecruzaban los planteamientos de una secretaría que nos agremie y financie a los comunicadores independientes, y las airadas protestas por lo que calificaban como un desdén (dicho en palabras amables) de la presidenta al no estar presente ni siquiera a través de un mensaje en video.

    Siguieron los talleres, las mesas y luego más abrazos y selfies. Linda experiencia. Veremos si el próximo año sí llegamos a algo.

  • El viejo ‘agenda setting’

    El viejo ‘agenda setting’

    En 1972, Maxwell McCombs y Donald Shaw, estadounidense estudiosos de las comunicaciones, publicaron una investigación realizada durante la campaña presidencial de 1968, aquella que culminó con el triunfo de Richard Nixon sobre Hubert Humphrey. El estudio en cuestión demostraba que los medios, selectiva e intencionadamente, decidían qué poner en emisiones televisivas y radiofónicas, así como periódicos y revistas, con el fin establecer la tendencia predominante, y así, encauzar la atención y el debate público hacia un asunto en particular, al tiempo que se desviaba la atención de algún otro que no interesaba o no convenía al sistema. Esta estrategia mediática fue bautizada por los autores como fijación de agenda o agenda setting.

    En la actualidad, y particularmente en nuestro país, las condiciones han cambiado bastante, y a continuación desarrollaré el tema. Para empezar, es muy sabido que, en el contubernio entre los gobiernos de derecha con los medios, hubo un muy efectivo y prolongado uso del agenda setting. Hubo muchos puntos álgidos, como la limitada cobertura y hasta ocultamiento de los sucesos de 1968, el sismo del 1985, el fraude de 1988, con el sistemático veto mediático a Cuauhtémoc Cárdenas durante la campaña, entre otros. Aunque en tiempos en los que se temía ya un despertar político, hubo que ser más osados. Así tuvimos joyas como el Chupacabras, la creación de un telepresidente, la campaña viral de Fox o la toma de Luz y Fuerza durante un partido de la selección y puntualmente en el festejo de un gol de Cuauhtémoc Blanco.

    Vivimos ahora tiempos en que la televisión ha perdido fuerza y son las redes, que entraron en el juego de manera intempestiva y no prevista, el elemento a través del cual la agenda comenzó, o bien a fragmentarse, o a ser establecida de una manera orgánica por los propios usuarios de manera masiva y no por poderes fácticos haciendo uso faccioso de ellas. Así llegó AMLO al poder, y así proclamó a las redes sociales como “benditas”. Pero no solo eso, sino que aprovechó su posición y su modelo de comunicación para él mismo establecer la agenda, pero con una diferencia: quería concentrar la atención y la opinión pública en asuntos medulares y a veces incómodos; no desviarla hacia cuestiones banales o de irrelevante entretenimiento, ni tampoco meter miedo; solo despertar conciencias.

    Ahora bien, en esta coyuntura de los ‘therians’, si bien ha habido algunos analistas y opinadores que han acusado una nueva puesta en marcha del agenda setting, el panorama ya es muy distinto a tiempos pretéritos. Los algoritmos son manipulados por grupos fácticos para dirigir la atención de las masas hacia temas como éstos, pero las audiencias se encuentran atomizadas y segmentadas por nichos. Las tendencias podrán penetrar en todos ellos, pero no ocupar la atención de todas las personas. La población mexicana en particular tiene un muy alto nivel de politización y se encuentra atenta y sensible a todos los acontecimientos de dicha naturaleza.

    El afirmar, como se ha hecho desde trincheras progresistas, que el asunto therian va a distraer a las personas para hacerlas soslayar el genocidio en Palestina, los múltiples atropellos del régimen trumpista a Venezuela y Cuba, los archivos Epstein, la votación en el congreso mexicano sobre la reforma política y demás temas importantes; sería poco menos que subestimar al pueblo de México, a quien AMLO calificó de ser «mucha pieza». Quienes están de lleno metidos en el debate, la burla y el asombro, no son consumidores de temas políticos. Y quienes sí lo son, no pierden en absoluto su enfoque, pese a que, ejerciendo su incuestionable libertad, puedan esporádicamente emitir su opinión sobre esta y otras tendencias sin que esto sea parámetro para medir su compromiso social.

    Y para finalizar, me sigue pareciendo lejano el movimiento therian. Auge en Argentina y término griego con morfología del inglés; Argentina y EEUU tienen gobiernos de derecha que dan la espalda a sus jóvenes y éstos se evaden de la realidad. Nosotros no somos susceptibles ni a volvernos therians ni a distraernos de lo importante. Somos pueblo politizado y humanista.

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  • La era de los debate-me bros

    La era de los debate-me bros

    El 10 de septiembre de 2025, en la universidad de Utah, era asesinado el activista de ultraderecha estadounidense Charlie Kirk. Se caracterizaba por un estilo frontal, acusando a personajes de izquierda de ser criminales, enaltecer los valores que ellos llaman “occidentales”, y, como marcan sus cánones, desdeñar y deshumanizar a las mujeres, los afrodescendientes, los migrantes, los nativos americanos y la comunidad LGBT, porque, según su facción, se trata de amenazas.

    Kirk, cuya muerte lamentamos independientemente de su ideología, era el representante de una nueva estirpe de personajes creados por la derecha de manera premeditada: los debate-me bros (hermanos debate conmigo). Se trata de jóvenes entre sus 20 y sus 30, aparentemente versados en teorías económicas, historia y otras ciencias sociales, cuyo bagaje es aprovechado en foros que mayoritariamente tengan exposición en redes sociales (porque a veces se victimizan cuando las universidades, en gesto de prudencia, les cierran las puertas), con el fin de hacer ver al, mundo que la izquierda está equivocada.

    Los debate-me bros, en sus versiones tanto anglosajonas, como europeas y latinoamericanas, se valen, aparte del arsenal teórico ya mencionado, de palabrería (más que argumentación) proveniente de la filosofía. Entraron a los debates acusando frontalmente a sus interlocutores, algunas veces con razón y muchas otras solo porque emplear locuciones latinas parece reportarles prestigio y credibilidad; de falacias ad hominem o crear “hombres de paja”, expresiones que al principio parecían innovadoras, pero que con el tiempo fueron desgastándose hasta que el gran público las utilizó para caricaturizar al apasionado debatiente facho de redes sociales; no solo en los contenidos audiovisuales, sino también en los espacios de blogging escrito, o incluso en comentarios de TikTok y YouTube, donde consumidores de contenido aspirantes a ideólogos libran encarnizadas batallas desde su sillón.

    Y ese establishment al que combatimos desde la izquierda fue descubriendo que prefabricar ideólogos jóvenes blancos y esbeltos que dieran la pinta de ser personas “preparadas” y exitosas, podría ser el gancho para atraer a las juventudes que en tiempos de redes sociales se encuentran particularmente despolitizadas, aunque siempre susceptibles a mensajes que parezcan disruptivos e innovadores. Así, la creación de personajes latinoamericanos, financiados por los think tanks gringos con las características antes expuestas, han logrado convencer a muchos desinformados consumidores de contenido audiovisual en redes sociales de que ser de derecha es la postura revolucionaria por excelencia.

    Influencers españoles y latinoamericanos de derecha hay muchos, pero el caso de éxito para dicha facción es el de Javier Milei, quien, arropado por otros como Nicolás Márquez, Emmanuel Danann y Agustín Laje (todos ellos financiados por la organización injerencista Liberty Foundation); logró hacerse con el poder en Argentina después de una intensa campaña que aprovechó la debilidad del krirchnerismo y a una población golpeada, susceptible de lo que sea.

    Ahora bien, más allá de que los gobiernos de derecha de todo el mundo les hayan otorgado a los debate-me bros privilegios y notoriedad, tampoco es que su esquema comunicacional sea distinto. En los regímenes estadounidense y argentino es muy notorio el tono de bravuconería, criminalización y acusación que se emplea no solo desde la vocería, sino en cada una de las dependencias de gobierno que en teoría deberían servir al pueblo.

    Si bien, en México constantemente los llamados “damnificados del chayote” están acusando (sin fundamento) persecución a la prensa y censura, la realidad es que figuras como Manuel Adorni en Argentina y Karoline Leavitt representan a lo peor del trato hacia la prensa, con sus constantes bravatas hacia reporteros que intentan hacer algo de contrapeso a la nube fascista que se cierne sobre algunas regiones del continente. Han vuelto los crímenes de Estado, la represión y el ocultamiento de la verdad en general, y el tono desafiante ya no lo ostenta la prensa, sino el propio Estado imperialista y sus adeptos latinoamericanos.

    El pueblo politizado de México, que por fin mantiene un régimen de izquierda, puede con todo ello y lo que se venga. Pero nos hermanamos con los pueblos que sufren a la derecha y a sus ideólogos histriónicos. Juntos la seguiremos combatiendo.

  • Una cuestión de equilibrio

    Una cuestión de equilibrio

    El segundo fin de semana de enero de 2026, en las señales públicas de Canal 11 y Canal 14, se debió transmitir una entrevista realizada por la escritora Sabina Berman al otrora producto banal de Televisa y ahora activista de ultraderecha, Eduardo Verástegui. Sin embargo, la defensoría de las audiencias revisó el contenido a petición de la producción de Canal 11, y determinó que no debía salir al aire, debido a las reivindicaciones ultraconservadoras de Verástegui, sus loas a Donald Trump, criminalización del aborto, calumnias a AMLO y Nicolás Maduro, entre otras barbaridades.

    Entre los comunicadores que surgieron o tomaron notoriedad a partir del triunfo de AMLO, se apoyó la decisión de la defensoría de las audiencias, desestimando las acusaciones de censura por parte de Verástegui, quien aprovechó el incidente para victimizarse y repetir sus reivindicaciones ya sabidas, no solo en el espectro de los medios corporativos, sino también en espacios digitales relacionados con la izquierda. Sin querer, se le proporcionó una gira de medios gratuita en la que pudo mostrar sus ideas a las audiencias conservadoras y progresistas por igual. Tal vez quien se salvó fue un sector despolitizado que potencialmente podría haber visto la entrevista en la televisión pública.

    La postura de los comunicadores “progres”, esos que no ocultan su gusto por el dinero y desde un pedestal se desmarcan de la 4T, como Julio “Astillero”, Álvaro Delgado y Alejandro Páez Varela; fue de también señalar el asunto como censura, incluso sentenciando que fue un acto de torpeza por parte del defensor de las audiencias, Lenin Martell, quien en la entrevista que le realizó Julio Hernández López, arguyó simplemente haber actuado en apego a la nueva ley de medios.

    Algo en lo que esta última facción no reparó demasiado, fue un antecedente preocupante. En marzo de 2025 debía igualmente aparecer una entrevista de Berman a Silvana Rabinovich, académica y activista de izquierda. Rabinovich ha comentado en entrevistas recientes que Sabina simplemente la bloqueó y no pasó la entrevista, en la cual se vieron contrapuestas las posturas, antisionista de Silvana y sionista de Sabina.

    Aunque ya muchos espacios se van abriendo, la verdad es que no solo lo que en el rubro llaman “talento”, sino que en general todo el aparato de producción de las televisoras, ya sean públicas o privadas, sigue siendo el mismo de siempre, y defiende igualmente los intereses de siempre. A lo mejor ha relajado sus políticas de contenidos en algunos asuntos, pero en otros, como en la aparición de discursos radicales, o de franco señalamiento al genocidio que Israel, como punta de lanza de los intereses conservadores occidentales comete en Gaza, simplemente se ven rebasados y optan por la censura.

    Refrendo mi solidaridad con el pueblo Palestino y la hago extensiva a Silvana Rabinovich. Sin embargo, para el caso de Verástegui, habiéndolo pensado más en frío, considero que sería un retroceso volver a lo de siempre. Recordemos que por décadas tuvimos que tragarnos una industria cultural que cosificaba a las mujeres, estigmatizaba a la comunidad LGBT, ridiculizaba a los pobres, hacía uso faccioso del fervor religioso del pueblo para manipular, caricaturizaba a las personas con ideología de izquierda, disuadía a las masas de votar y en general manipulaba a favor de la facción conservadora y autoritaria.

    Muchos exponentes del conservadurismo han pisado foros de televisión pública y privada, y algunos aún siguen, mientras que otros ya solo caben en los medios digitales, y otros ya no viven. A saber: Alejandro Villalbazo, Jesús Silva-Herzog Márquez, María Amparo Casar, Brozo, Esteban Arce, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López-Dóriga, Raúl Velasco, Jacobo Zabludovsky, Pedro Ferriz de Con, Adal Ramones, Fernando del Rincón, Pablo Hiriart; solo por mencionar a algunos. Y aunque algunos dicen que la televisión agoniza, tal vez deberíamos dejarla morir de muerte natural, con dignidad, y ya no como un aparato de propaganda.

    Después de tantos años de contenidos y personajes conservadores, solo por equilibrar un poco las cosas, es mejor que las ideas de derecha radical se queden en redes y no vuelvan a la televisión. En ámbitos más interactivos, nos tocará seguirlas combatiendo.

  • El lado correcto

    El lado correcto

    Nicolás Maduro, junto con Cilia Flores, fue sustraído de territorio venezolano el pasado 3 de enero de 2026 por parte de militares estadounidenses instruidos por Donald Trump. Como suele hacer la nación imperialista por excelencia, esta vez eligieron el argumento del narcotráfico para secuestrar y querer juzgar arbitrariamente al mandatario de una nación que les supone una jugosa extracción de recursos. Y esta vez no hay que indagar demasiado para constatarlo, pues el propio Donald Trump había anunciado días antes que recuperarían “su” petróleo, el cual, según sus palabras, Venezuela les había quitado ilegalmente.

    Y aunque en general hemos hablado largo y tendido sobre la innegable politización del pueblo mexicano, y que la presidenta Claudia Sheinbaum condenó categóricamente el intervencionismo, tampoco sorprende que los mismos de siempre se hagan notar para mal; pero ahora no solo ellos, los hachos habituales, sino que el asunto fue tan mediático que muchas voces que poco hablan (y poco saben) de política, también hicieron sus “aportaciones”.

    Me encontré aquel 3 de enero una publicación hecha por un creador de contenido en YouTube cuyo canal lleva el nombre de Gabbo. Aunque el canal en cuestión está especializado en el doblaje, se ufanaba de reproducir la lamentable imagen de Nicolás Maduro esposado y con los ojos cubiertos por un antifaz mientras era trasladado ilegalmente territorio estadounidense. La publicación celebraba la “detención” de Maduro, lo calificaba de “dictador” y “tirano”, y cerraba con la irritante arenga de Javier Milei. Cuando este youtuber se ha atrevido a hacer otras desacertadas publicaciones en las que muestra su muy nublado panorama político, lo he rebatido. No tiene verdaderos argumentos; solo utiliza la frase comodín de que él no defiende a políticos.

    Ya antes hemos analizado la correlación entre la cultura de masas, la llamada cultura pop y el pensamiento de derecha, la despolitización y la noción automatizada de que EEUU es una nación que promueve la democracia y la libertad. La mayoría de jóvenes que han crecido en el sobreconsumo de productos culturales gringos, suelen tirar para la derecha por pura lógica, puesto que no han consumido nada distinto desde la infancia. Han de pensar: «Gracias, EEUU. De niño me diste caricaturas y películas, y ahora le das al mundo libertad».

    Sin embargo, este fenómeno no solo se manifiesta en los jóvenes, sino que también tienen satanizados a Cuba y Venezuela varios de los adultos mayores a quienes les doy clase. Años de noticiarios televisivos tendenciosos moldearon sus cerebros. La era de la televisión no ha terminado. Aunque ya pocos se entretienen o informan en ella, su estela de ignorancia y mensaje imperialista se va a seguir padeciendo por muchos años.

    Y aunque ya se puede ir por todo este país diciendo que se es de izquierda sin tapujos, y sin que esto suponga ningún estigma social, sino timbre de orgullo gracias a la gesta de AMLO, aún se palpa en algunos sectores un atraso significativo. No se trata de fervientes defensores ideológicos de la derecha, sino de pueblo alienado, inmerso aún en la dinámica de pensamiento que se le inoculó en los medios masivos; ese mensaje despolitizante de: «Todos los políticos son iguales, son corruptos y traidores. No te molestes en votar, porque ya todo está decidido y al final siempre hacen lo que quieren».

    El despertar ideológico del pueblo fue sin duda significativo, pero la onda expansiva de AMLO no alcanzó a quienes consumen contenidos que en su esencia llevan el mensaje de la industria cultural anglosajona. Muchos de los jóvenes despolitizados que desde el desconocimiento menosprecian a la izquierda, han crecido viendo a streamers de videojuegos con opiniones de derecha, y la truculenta marea del algoritmo les acerca los reels y shorts de Agustín Laje o incluso las incendiarias peroratas de los simpatizantes de Trump.

    Hemos dicho que en México no corren tiempos buenos para la derecha, pero en el resto del continente y del mundo, el panorama es distinto. A diario dilapidan millones en esparcir su evangelio. ¿Qué nos queda? Seguir siendo un pueblo unido y fuerte en todos los sentidos. Éste sí es el lado correcto.

  • La derecha no descansa

    La derecha no descansa

    El domingo 14 de diciembre ha habido otra marcha por parte de la llamada Generación Z que nuevamente pretendía llegar al zócalo, aunque en esta ocasión no se hablaba de deponer a la presidenta, como sí sucedió en la anterior. Asimismo, el contingente fue significativamente menor al que se logró juntar el pasado 15 de noviembre, que se proyectaba como la ansiada masa crítica con la que muchos desinformados con obtener para deponer a un gobierno que, simple y burdamente, les cae mal.

    Todo esto es consecuencia de un innegable avance de la derecha en las redes sociales. Han proliferado los creadores de contenido que reseñan productos de la cultura pop desde un punto de vista “anti woke”. No se podría saber si consciente y maquiavélicamente, o solo como producto de su despolitización, meten la lucha social de México y Latinoamérica en el mismo saco que las reivindicaciones pro LGBT y Black Lives Matter que se suscitan en EEUU; de tal manera que en las juventudes se van acrecentando las huestes de la derecha.

    El caso de Argentina es paradigmático, pues lograron posicionar en el poder a un personaje que se vendió como disruptor, amante del rock, del fútbol y del cine de superhéroes. Pero quienes le allanaron el camino fueron influencers como Agustín Laje, Nicolás Márquez y Emmanuel Danann. Todos ellos hombres blancos que cumplen con el estereotipo del “debate-me bro”, cuyo representante más conocido en últimos tiempos era el finado Charlie Kirk. Se trata de hombres jóvenes que defienden a ultranza las ideas conservadoras en debates públicos donde sueltan retahílas de datos y acusaciones hacia la izquierda de una manera intempestiva y frenética. Los jóvenes, familiarizados con los mismos gustos y con un discurso que apela a ellos directamente, suelen caer en sus redes.

    Para el caso de México, donde la derecha no ha podido emanciparse de la tutela de los medios corporativos ni del PRIAN, distamos mucho de tener figuras así de prominentes. Igual debe ser que por lo mismo, los think tanks golpistas que financian a Laje y compañía no consideren que en México haya el material necesario como para hacer una inversión redituable. Esa derecha que gravita fuera de los partidos tradicionales y los medios corporativos tiene las cosas muy difíciles, y muchas veces se les cierran las puertas. Sin embargo, por las redes vemos de vez en cuando a Eduardo Verástegui o Raúl Tortolero. Sin embargo, el error de estos dos personajes dentro del anarco capitalismo es ser abiertamente confesionales y propugnar en estos tiempos por un movimiento político cuyas consignas son alabanzas religiosas. Imposible tomarlos en serio.

    Otro problema que ostenta la derecha es que, tanto los personajes antes mencionados, como el estrambótico Gilberto Lozano, la gente del grupo Viva Cristo Rey (Jaime duarte, Mario Gallardo Mendiolea y Juan Bosco Abascal), los chihuahuenses de México Republicano, Ricardo Salinas Pliego, la oposición partidista y el emergente Somos México; todos entre sí tienen diferencias insalvables. Los intentos por aglutinar una auténtica corriente de derecha con amplio espectro y sin tapujos para reivindicar sus ideologías, es un sueño guajiro que jamás se verá cristalizado en México. Y la explicación no es otra sino el inherente individualismo de quienes ostentan estas ideologías.

    Así pues, si bien la derecha avanza y en cualquier rincón del país nos encontramos al menos a una persona a quien sí le han logrado infundir su mensaje, la realidad es que, ya no la esperanza, sino los resultados que el régimen otorga en diversos rubros (sin desconocer todo lo que aún falta o en lo que se ha fallado) están consolidando a una sociedad políticamente cada vez más madura y que no regalaría su voto a quienes tienen solo el odio por bandera, aunque usurpen el nombre de México o incluso se atrevan a compararse con el movimiento estudiantil de 1968 para tratar de conmover y ganar adeptos de forma artificial.

    Por supuesto que el clasismo, el racismo, la homofobia, y demás flagelos siguen vivos. Pero esta sociedad politizada simplemente ya no dejará que vuelvan a ser la forma de gobernar. Es una lucha de todos.