Los palestinos conmemoran 78 años de su mayor éxodo histórico, en medio de una crisis humanitaria que evoca los fantasmas del pasado.
El dolor del exilio sigue vivo en la memoria de millones de personas. Este viernes, miles de palestinos recordaron la Nakba, una palabra árabe que significa “catástrofe”. Este término describe el drama que vivieron en 1948. En ese año, cerca de 800 mil personas abandonaron sus hogares tras la creación del Estado de Israel.
La historia parece repetirse con crudeza. Las comunidades organizaron marchas y actos públicos en Cisjordania, la Franja de Gaza y varios países del mundo. Los manifestantes caminaron bajo un lema lleno de fuerza: “No nos iremos”. Con este mensaje, la población defiende su derecho a regresar a las tierras de sus antepasados.
En la ciudad de Ramala, una marea de personas inundó las avenidas principales. Los asistentes marcharon con orgullo mientras ondeaban banderas palestinas y estandartes negros. Muchos de ellos llevaban llaves antiguas en sus manos. Estas llaves simbolizan las puertas de las casas que sus familias dejaron atrás hace casi ocho décadas.
La misma escena se repitió en los campos de refugiados de varios países árabes. Los jóvenes sostenían pancartas con los nombres de los pueblos destruidos en 1948. De este modo, las nuevas generaciones mantienen viva la identidad de su pueblo. Los datos oficiales reflejan la magnitud de aquella tragedia. Según los registros históricos, más de 500 aldeas desaparecieron por completo durante el conflicto inicial.
La situación actual en la región agrava el dolor de este aniversario. El Estado de Palestina cuenta hoy con unos 5,5 millones de habitantes. No obstante, más de la mitad de la población total vive en el extranjero. Además, la violencia reciente ha golpeado con fuerza a la población civil.
La Franja de Gaza sufre una crisis humanitaria sin precedentes desde finales de 2023. Los ataques constantes provocaron la pérdida de miles de vidas humanas. Los hospitales locales reportan una escasez extrema de agua, alimentos y medicinas básicas. Por esta razón, la población local teme sufrir un nuevo desplazamiento forzoso que los aleje, otra vez, de su hogar.

