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  • “Si me preguntan cuál fue el sexenio más corrupto, sin duda, el de Salinas”: señala AMLO

    “Si me preguntan cuál fue el sexenio más corrupto, sin duda, el de Salinas”: señala AMLO

    Este jueves, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, durante su conferencia matutina, señaló que el expresidente Carlos Salinas de Gortari, es a su consideración, el mandatario más corrupto que ha tenido México, debido a las privatizaciones que realizó a costa del pueblo.

    “Fue cuando se entregaron a particulares los bienes de la nación. Se llevó a cabo una transferencia de bienes del pueblo de México a un grupo de allegados a Salinas. Siempre lo he dicho y ahora lo voy a repetir, antes de que llegara Salinas solo había una familia que aparecía en la lista de Forbes, de los más ricos de mundo”

    AMLO.

    El mandatario agregó que a la salida de Salinas, en 1994, ya había más de 24 familias mexicanas en la lista, todas con más de mil millones de dólares, que en conjunto sumaban más de 44 mil millones de dólares.

    “La mayoría beneficiarios de los bienes entregados, bienes públicos, bancos, empresas, minas, entonces estamos hablando de uno de los periodos de un sexenio de corrupción nunca vista, pero un control de los medios, ahí empezó la domesticación de la intelectualidad”.

    Finalizó el mandatario.

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  • Neoliberalismo y corrupción

    Neoliberalismo y corrupción

    Hace unos días nuestro presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), dijo en su conferencia matutina (la añanera) que si al neoliberalismo le quitábamos la corrupción, podríamos estar hablando del sistema más perfecto. Más de alguno pegó el grito en el cielo y a otros nos sorprendió; los demás (de la oposición obviamente) se intentaron burlar de quienes estamos construyendo la Cuarta Transformación (4T) refiriendo que si éramos lo mismo, y un largo etc. Afortunadamente al día siguiente AMLO rectificó ese punto, sin embargo ese “pequeño error” nos motivó a escribir el presente texto sobre la relación que guardan el neoliberalismo y la corrupción.

    Los estragos de la corrupción

    Muchas personas llegan a afirmar que la corrupción es algo inherente del ser humano, que se es corrupto por naturaleza. Si consideramos cierta esa afirmación no tendría sentido estar combatiéndola, porque al ser algo natural no podríamos terminar con ella, o sería sumamente complicado llegar a ese cometido.

    Afortunadamente nosotros no pensamos así; basados en una teoría materialista histórica del desarrollo de la humanidad sabemos que no existe “la naturaleza humana” y todo el desenvolvimiento del ser humano corresponde a las condiciones materiales de las sociedades que éste construye en colectividad.

    Por lo tanto, la corrupción que tanto se ha dicho que es algo cultural del mexicano responde más al sistema social y económico en el cual nos desenvolvemos. Por ejemplo, la persona de a pie que comete actos de corrupción es motivado por una condición socioeconómica de pobreza; claro que habrá los pocos casos donde la motivación pudiera ser distinta. 

    Nuestro presidente da en el tino cuando elude a la pregunta sobre la corrupción del ciudadano común para poner el énfasis en los actos corruptos que cometen los grandes funcionarios y empresarios, ya que esas acciones sí cuestan miles de millones al erario público. Son verdaderos atracos y son los que más se busca combatir desde el gobierno.

    ¿Qué es el neoliberalismo?

    Como no tenemos el suficiente espacio para responder a esa pregunta, haremos una síntesis de lo que consideramos podríamos llamar neoliberalismo. Su origen histórico se puede remontar a la época de Friedrich Von Hayek (segunda guerra mundial) y unos años después con Milton Friedman (setentas), quienes como sus principales teóricos, buscaban un cambio sustancial en el modelo económico vigente en esos años (capitalismo de Estado o Estado de Bienestar).

    El neoliberalismo es una etapa del capitalismo que busca reducir la participación del Estado (léase  principalmente gobierno) en los sectores sociales y productivos de los territorios. Es decir, acabar con lo público y convertir todo en privado, mercantilizar todo lo que se pueda. ¿Qué significa eso? Que lo que rija a la sociedad sea el interés de acumular ganancias y no el colectivo y social. 

    Por lo tanto, eso se presta al saqueo irracional de los recursos naturales de los países, sin importar si eso deja empobrecidos a los pueblos y si eso nos lleva al colapso ambiental que amenaza con extinguirnos. Además de que la brecha de desigualdad social crece de manera desproporcional, donde unos cuantos concentran la riqueza y la gran mayoría vive con muy poco y en condiciones de supervivencia diaria.

    El neoliberalismo fue impuesto -para salir los ricos de una crisis económica en los setentas- a punta de dictaduras militares en varias partes del mundo, en otros países también con lujo de violencia, destruyendo a los sectores que se resistían a él (como pueblos originarios y sindicatos que fueron masacrados en nombre del libre mercado). Como bien decía Marx, el capitalismo va chorreando lodo y sangre a su paso.

    Un matrimonio

    Llegado a este momento debemos afirmar que la corrupción es parte constitutiva y constituyente del capitalismo, que en su fase neoliberal se desarrolla de manera más voraz. Así tenemos a empresarios que se enriquecen al amparo del poder público al no pagar impuestos, hacer negocios turbios con empresas estatales, explotar irracionalmente los recursos naturales de varios países, etc.

    Tanto estos empresarios como funcionarios se vinculan a la delincuencia organizada (que hay que decirlo, forma parte fundamental del neoliberalismo como negocio y al lavar dinero en varios bancos) y la llegan a utilizar para cometer crímenes de lesa humanidad cuando así lo requieren sus intereses.

    Los paraísos fiscales, la sobre especulación inmobiliaria y en la bolsa de valores, la compra de legisladores y jueces para que velen por sus intereses y desarrollo, el pago de organizaciones “ambientales” que realmente utilizan para poder seguir llevando sus negocios aunque atenten contra la mayoría de la población y el medio ambiente; y un largo etcétera de cómo se desarrolla la corrupción y de cómo se relaciona de forma fundamental al neoliberalismo.

    Por lo tanto, combatir la corrupción, necesariamente, es luchar contra el neoliberalismo y capitalismo en una de sus facetas más voraces y que nos perjudican de sobremanera. Podremos desterrar las acciones corruptas si seguimos construyendo la 4T buscando el bienestar de las mayorías y no el beneficio de unos pocos. El sistema en cuanto a desigualdad social es absurdo, pero tiene remedio.

  • Hay que ir más allá

    Hay que ir más allá

    Mucha polémica causaron las recientes declaraciones del Presidente López Obrador sobre el Neoliberalismo, aludiendo a que, si no existiera la corrupción, podría ser un modelo no tan malo, como otros. 

    Si se interpreta con el simplismo anacrónico que hacen los medios tradicionales y opositores al modelo de la Cuarta Transformación, la conclusión es que AMLO se “cambió de bando” finalmente, porque se dio cuenta que el suyo no es el bueno. Nada más lejano de la realidad.

    El Presidente ha mencionado en reiteradas ocasiones que el problema de México (y básicamente el de cualquier sistema político fallido) es la corrupción, en lo cual tiene razón porque todos los indicadores de desarrollo y bienestar muestran una correlación inversa entre buen gobierno –honesto y sin corrupción- y subdesarrollo, es decir que, a menor nivel de corrupción en la gestión gubernamental, mayores niveles de desarrollo y bienestar alcanza su población, y viceversa. Ejemplo de ello son los países primermundistas, pero en particular los nórdicos, que tiene las tasas más bajas de corrupción y el Índice de Desarrollo Humano más alto; tal es el caso Noruega, Suecia, Finlandia, etc.

    Entonces, ¿qué quiso decir realmente el Presidente y por qué debemos ir más allá? Las interpretaciones de estas declaraciones deben hacerse desde dos perspectivas: una estrictamente teórica-filosófica y una ideológica-pragmática.

    La interpretación teórica-filosófica sería que, si el ser humano actuara libre de pecado y basado siempre en las virtudes cardinales, el Neoliberalimso (y cualquier modelo de desarrollo económico, por radical que fuera) funcionaría, porque el resultado sería siempre el esperado y no habría externalidades negativas –o habría las menos-, y en todas las propuestas teóricas se plantea el bienestar social, la justicia, la equidad y la prosperidad. En particular, el Presidente habló de que las privatizaciones per se no son malas si se hacen bajo la premisa de eficiencia y eficacia y con controles y regulaciones necesarias, lo cual no contradice su discurso, porque él ha apostado por un Estado más fuerte en sectores estratégicos y donde actualmente hay muchos desequilibrios, pero jamás se ha acercado al modelo de estatización que propone el Socialismo, algo de lo que lo acusan sus más férreos opositores.

    La segunda interpretación sería la ideológica pragmática, en donde el supuesto es que el Neoliberalismo sí es, de facto, un modelo de debilitamiento del Estado y explotación de los trabajadores, pero, incluso este modelo fallido y pernicioso, no sería tan malo si, al menos, no se llevara al extremo y las grandes élites dominaran con algún nivel de decencia y consideración hacia los más pobres y olvidados, algo que definitivamente no ocurrió en México. El Neoliberalismo considera a los derechos como mercancías con valor económico intercambiable, y al mercado como eje rector y regulador de la sociedad, es decir, la antítesis del modelo de la Cuarta Transformación, pero esta última estima y valora a la Inversión Privada como algo absolutamente indispensable para el desarrollo (algo con lo que coincide el Neoliberalismo), siempre y cuando haya una distribución justa de la riqueza y el Estado procure y cuide siempre a los pobres y más necesitados.

    Existen otras interpretaciones de las declaraciones del Presidente respecto al Neoliberalismo, siendo estas más coyunturales al momento social, económico y geopolítico que vive México, como su reciente visita a Cuba y casos mediáticos de violencia, las cuales pueden ser más o menos cercanas a la realidad, pero valía la pena comentar las dos primeras.

  • Abandono del campo generó que México tenga que importar hasta el 84% del arroz y 64% del trigo que se consume

    Abandono del campo generó que México tenga que importar hasta el 84% del arroz y 64% del trigo que se consume

    Este lunes el Presidente López Obrador dio detalles sobre las Jornadas de Producción para el Autoconsumo que presentó el fin de semana en Nuevo León, Jalisco, Veracruz, Puebla y CDMX.

    Destacó que tal plan ayudará a contener la inflación de los alimentos y pidió la ayuda de la población para impulsar la reactivación del campo, el cual, lamentó, se dejó en el abandono con el periodo neoliberal. 

    El abandono del campo ha generado que se dé preferencia a la exportación de alimentos abaratados en vez de impulsar la producción interna, señala  Blanca Aurora Rubio Vega, del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. 

    Tal realidad genera que el precio de las semillas caigan y no sea rentable su producción, convirtiendo a México de un país exportador a importador de granos básicos.

    “Actualmente, importamos alrededor del 84 por ciento del arroz, 31 por ciento del maíz, 64 por ciento del trigo y 98 por ciento de la soya, cuando en los años 60 fuimos un país exportador de granos básicos”, señaló la académica. 

    A esta crisis se suma la inacción de gobiernos anteriores, que generó grandes afectaciones a los pequeños campesinos.

     “En el campo no contamos con dos recursos fundamentales: la fuerza de trabajo porque está emigrando a Estados Unidos, y los recursos naturales que desgraciadamente se están entregando bajo pretexto de desarrollo tecnológico y apertura mundial”, explica Argelia Salinas adscrita a la Unidad de Investigación de Economía Agrícola del Instituto de Investigaciones Económicas del UNAM. 

    Ante esto, el Gobierno de la Cuarta Transformación ya ha comenzado el despliegue de una estrategia que contará con la ayuda de 14 mil agrónomos que ayudarán a reactivar el campo, enfocándose primero en los productores más humildes.

  • “La Revolución de las Conciencias”

    “La Revolución de las Conciencias”

    A través de más de treinta años de saqueo y corrupción del capitalismo neoliberal en nuestro país, se sembró una idea de progreso inalcanzable, ligado al mejoramiento económico para comprar de manera frenética. En esta lógica, tener éxito significaba consumir más y ganar a toda costa en una competencia feroz contra el prójimo. Vivir con el pensamiento predominante de que “mientras a mí me vaya bien que se frieguen los demás”.

    Es decir, se emprendió un sistemático adoctrinamiento de la sociedad para orientarla hacia el individualismo, el consumismo, la competencia y el éxito material como valores morales supremos. La exaltación del dinero y las posesiones materiales y superfluas ha generado frustración y facilitado actitudes antisociales y de desconfianza entre los mexicanos. Esta falta de valores morales también fue causada por la pobreza, la marginación, la consistente negación a derechos básicos y a la falta de mecanismos que permitan y estimulen la movilidad social.

    Al mismo tiempo el estilo de vida inducido por la cultura neoliberal y consumista, en el que lo fundamental es el dinero, lo material y lo superfluo, ha generado frustración social abajo; mientras que arriba ha producido racismo, clasismo, sensación de superioridad intelectual, fobia al pueblo y la idea de que las prohibiciones son más eficientes que las libertades y que el propósito de la justicia no es la reinserción sino el castigo de los infractores. Es decir, un pensamiento neofascista.

    En realidad este sistema político nos afecta a todos por igual porque genera depresión, insomnio, angustia, ataques de pánico, soledad, porque nunca es suficiente, porque se anhelan objetos que se piensa proporcionará felicidad. Pero no es así, vivimos insatisfechos y vacíos. En esta carrera insensata, millones de mexicanos habíamos perdido el rumbo.

    Se ha polarizado y violentado a la población como estrategia para dividirnos, tenernos aislados, sin puntos de coincidencia, de solidaridad y camaradería. Estamos inmersos en una disputa por la nación y en una encarnizada lucha de clases. El que es pobre es porque es flojo porque es ignorante, vicioso, feo, prieto, naco, revoltoso. Sin duda estamos viviendo una de las peores crisis de prejuicios, desconfianza, discriminación y hasta odio que se haya visto en nuestro país.

    Ante este panorama, la revolución de las conciencias y la regeneración moral deben ser tarea fundamental de la Cuarta Transformación. Enfatizar la cultura cívica y ética en los programas de estudio desde la primaria, en la comunicación oficial, ganar espacios en los medios al servicio de la derecha y dar el ejemplo como se está haciendo, de regeneración ética con un gobierno austero, honesto, transparente, incluyente, respetuoso de las libertades, apegado a derecho, sensible a las necesidades de los más débiles y vulnerables.

    Son principalmente los medios de comunicación que pertenecen a la oligarquía los que crean una sociedad frustrada e insatisfecha, porque se nos repite todos los días, una y mil veces que la dicha significa tener bienes materiales, ser rubios, esbeltos, jóvenes, católicos y demás prototipos de mercado. Más aún, han hecho una apología del mundo violento y aterrador del narcotráfico pintándolo como una vida ideal, llena de lujos, mujeres u hombres guapos y mucha fiesta.

    Estas ideas, o más bien, prejuicios, se han convertido en realidad para amplios sectores de la población y desafortunadamente nos dividen, polarizan, torturan y nos hacen apáticos. Se creó una imagen elitista, de estereotipos y mitos convenientes a la oligarquía nacional y extranjera que provocó que en esta descomposición, colonización cultural, manipulación brutal y deliberada de los medios, casi se hayan olvidado los valores éticos y morales.

    La nueva tarea será la búsqueda de formas concretas de reversión de esta deformación, de un proceso de desmitificación de los valores de la mafia del poder y el descubrimiento de los valores implícitos en la práctica social del pueblo. Además de incluirse clases de cultura cívica en las escuelas, se debe impulsar la participación ciudadana en foros, conferencias y charlas en donde se rescaten el tejido social tan deteriorado y los valores ancestrales del pueblo de México.


    En este sentido, los medios de comunicación deberán ser elemento efectivo de la inclusión nacional para así, superar los efectos del colonialismo interno así como los de la dominación clasista y la sociedad de consumo. En cambio exaltar los valores colectivos, el bien común, el respeto al otro y al planeta y los lazos de solidaridad que han caracterizado a la población mexicana.

    El gobierno federal consiente de la importancia de esta situación, circuló hace algún tiempo, de forma gratuita (no de manera generalizada y suficiente) la Cartilla Moral de Alfonso Reyes, documento esencial que se debe retomar y divulgar profusamente, para llevar a cabo esta permanente revolución de las conciencias que quizá sea el reto más importante de generaciones por venir.

  • Gobiernos neoliberales: Cuna de la violencia en México

    Gobiernos neoliberales: Cuna de la violencia en México

    Todo el calderonato fue el periodo más sangriento de la historia reciente en Mexico. Baso esta opinión en mi experiencia cuando viví en el Fraccionamiento Costa Azul, en Acapulco, Guerrero de 2009 a 2010. Durante este fragmento de la guerra declarada por Felipe Calderón para legitimarse mi familia y yo experimentamos la crudeza de esta guerra que los medios tradicionales no contaron.

    Escuchar una balacera, a veces corta y otras, interminable, era un evento cotidiano. Era vivir en un estado de alerta constante, y aprender a distinguir entre el sonido de una balacera y el de los también frecuentes fuegos artificiales de los eventos religiosos o sociales de la zona.

    Era común ver cuerpos ensangrentados cubiertos por sábanas blancas, enterarse de la muerte de personas que recién había conocido, y que pasaron a formar parte de las cifras de los daños colaterales de la guerra contra el narco. Resultaba increíble ver las marcas de las balas en la pared de la escuela de mis hijas, tras un violento ataque al ministerio público cercano. Era inaudito firmar la circular de autorización para que nuestros hijos participaran en simulacros de balacera para aprender a guarecerse bajo un pupitre, como parte del programa “Escuela Segura”.

    Pero aún más terrorífico resultaba ser detenida para que registraran mi vehículo en un retén solitario rumbo a Pie de la Cuesta, acompañada únicamente por mis hijas y otra compañera de su escuela, y que un policía federal encapuchado y armado exigiera su identificación a mi hija de tan solo 12 años. No voy a olvidar la voz de mi hija pidiéndome que no me peleara con los policías porque si lo hacía, nos iban a matar.

    Los compañeros más privilegiados de la escuela a la que asistían mis hijas emigraron a McAllen y a otras ciudades en Texas. Otros regresamos a la Ciudad de México o al Estado de México, donde el panorama tampoco era favorecedor, pero quizás lo violento de la guerra se difuminaba en la vastedad.

    A nivel nacional, los secuestros, desapariciones, y asesinatos de periodistas, no se detenían, al contrario, este genocidio iba en aumento. Eran los tiempos del H1N1 y de la peor tragedia de la historia de Mexico, la de la Guardería ABC.

    Después vino el sexenio de Peña, y la degradación continuó. Sería interminable enumerar cada tragedia acaecida y que enlutó a cientos de miles de familias a lo largo y ancho del país.

    Todo lo cuento en este espacio me vino a la memoria al presenciar la actual guerra mediática/golpe blando contra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Misteriosamente una gran parte de la población considera que nunca habíamos vivido tiempos peores en materia de inseguridad, y se preguntan angustiados en redes sociales, ¿En qué país estamos viviendo?, y yo me pregunto, en qué país estuvieron viviendo los detractores de las medidas que actualmente está tomando el gobierno federal en el combate a la terrible crisis que estamos atravesando y que comenzó hace más de veinte años. Y no, no son competencias de en cuál periodo se sufrió más, pues sería caer en la misma politiquería de los detractores del actual gobierno.

    En mi humilde opinión, lo que estamos padeciendo actualmente como sociedad es el fruto de la putrefacción alcanzada durante los gobiernos neoliberales. Por lo menos con la llegada de un gobierno legítimo tenemos la posibilidad de conocer la verdad sobre los sucesos que están dañando a la sociedad, y sobre todo, tenemos esperanza de que termine este largo y oscuro periodo de impunidad que tanto daño ha hecho a nuestro México.

  • Farándula al servicio neolibera: la vieja receta que ahora se recicla para frenar el Tren Maya

    Farándula al servicio neolibera: la vieja receta que ahora se recicla para frenar el Tren Maya

    El video de varios miembros de la farándula mexicana pidiendo que se cancele la construcción del Tren Maya bajo acusaciones de ecocidio ha puesto sobre la mesa el tema de miembros de la farándula ligados a los gobiernos neoliberales del pasado. 

    En 1989 el gobierno de Carlos Salinas de Gortari reunió a las estrellas más famosa de Televisa para lanzar una canción “patriota”, esto en medios de los escándalos del fraude electoral en contra de Cuauhtémoc Cárdenas 

    Felipe Calderón, con el pretexto de atraer al turismo y también con la sombra del fraude electoral de 2006, convocó a figuras de la época como Jahir, Fernando del Solar, Angelica María, Omar Chaparro y Aleks Syntek.

    Enrique Peña Nieto fácilmente se convierte en el mandatario qué probablemente recurrió más veces a los famosos para levantar su impopular mandato, que al igual que los casos anteriores, fue tachado de ilegítimo.

    En 2012 la maquinaria electoral del PRI trabajó a máxima capacidad siendo financiada por empresarios y televisoras para lograr a toda costa que el mexiquense se convirtiera en presidente. Su entonces reciente matrimonio con la actriz Angelica Rivera y con ayuda de sus colegas de San Ángel se inició una fuerte campaña para impulsar al ahora ex esposo de “la gaviota”.

    En 2014 y durante el Tianguis Turístico que se llevó a cabo en Cancún, Quintana Roo, Peña subió una foto con el ahora impresentable actor Kevin Spacey, generando teorías de que el priista buscaba popularidad ante la presentación de su Reforma Energética.

    Buscando empatizar con las generaciones nativas de internet, Peña Nieto recurrió a otro personaje: Mark Zuckerberg. El dueño de Meta, ahora también desdibujado tras escándalos de espionaje, se reunió con Peña en 2014 para promocionar la plataforma internet.org.

    Ya fuera de presidencia pero deseosa de poder, la derecha ha recurrido una vez más a la “vieja confiable” y reunieron figuras públicas para frenar el Tren Maya.

    Una investigación publicada por este medio saca a relucir los presuntos nexos del empresario y jefe de la oficina de presidencia, Alfonso Romo con la campaña “Sélvame del Tren”. 

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