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  • Irán no cede en Ormuz y Trump duda entre pactar o atacar

    Irán no cede en Ormuz y Trump duda entre pactar o atacar

    Con las urnas de Israel y Estados Unidos a la vista, Teherán mantiene sus exigencias y usa el control del estrecho como su carta más fuerte frente a una nueva escalada.

    China enviará pronto a un emisario a varios países de la región para frenar otra escalada en la guerra contra Irán. El anuncio llegó este martes y muestra la urgencia de buscar la paz tras ocho meses de conflicto.

    La guerra enfrenta a Irán con Estados Unidos e Israel y sacude los mercados de energía del mundo. El lunes, altos cargos de Arabia Saudita, Pakistán y Turquía se reunieron en Teherán con funcionarios iraníes. Los tres países firmaron en agosto el pacto de defensa de La Meca. Prometieron seguir hablando de paz y seguridad.

    Aun así, Irán no mueve sus líneas rojas. Pide alivio de sanciones, el fin del bloqueo naval estadounidense a sus puertos y garantías de que Washington no volverá a atacar. A cambio, ayudaría a normalizar el tráfico en el estrecho de Ormuz. Washington quiere más concesiones antes del acuerdo final, entre ellas algunas sobre el programa nuclear.

    La desconfianza pesa mucho en la postura iraní. Estados Unidos atacó al país tres veces desde junio de 2025 mientras negociaba. Los primeros golpes de esta guerra cayeron el 28 de febrero, con las conversaciones en Omán todavía abiertas. En junio, Pakistán y Qatar ayudaron a cerrar un memorando para reabrir Ormuz. El acuerdo se vino abajo en pocas semanas, y en julio volvieron los ataques de ambos lados.

    Por eso, la analista Negar Mortazavi explica que Teherán no busca solo otra tregua. Quiere terminar la guerra para siempre y que nadie vuelva a atacarlo. Mohsen Rezaei, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, advirtió que el ejército responderá a cualquier agresión, incluso contra bases que usa Estados Unidos. Añadió que Irán solo reabrirá el estrecho cuando Washington dé pasos concretos para recuperar la confianza.

    Mientras tanto, el calendario político aprieta. Israel vota este martes y Estados Unidos celebra sus legislativas el 3 de noviembre. Trump dijo el domingo que duda entre hacer un trato con Irán o acabar con él. Antes había prometido no atacar hasta pasadas las elecciones.

    En casa, el presidente enfrenta un clima difícil. Una encuesta de Reuters/Ipsos de este mes le da solo 34 % de apoyo por su manejo de la guerra, su peor cifra en sus dos mandatos. Además, el diésel casi duplicó su precio y golpea a agricultores y pequeños negocios. Los republicanos conservan el control del Congreso con márgenes mínimos. Según algunos reportes, Teherán alarga las negociaciones para no regalarle una victoria política a Trump antes de votar.

    En Israel, una derrota de Benjamin Netanyahu complicaría nuevos ataques conjuntos con Washington. Los expertos lo señalan como el gran impulsor de la guerra. Su rival, el exjefe militar Gadi Eisenkot, también desconfía del programa nuclear iraní. Por lo tanto, un cambio de gobierno no garantiza una postura más suave.

    El estrecho de Ormuz sigue siendo la mayor baza de Irán. Antes de la guerra, una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado del mundo pasaba por allí. Octubre registra el mayor número de ataques a barcos comerciales en la zona. La semana pasada, el Brent superó los 117 dólares por barril, frente a unos 72 antes del conflicto. El analista Chris Beauchamp cree que Irán sabe que libra una carrera de desgaste y seguirá atacando barcos para empujar los precios.

    Los vecinos de Irán también sienten el peso de la crisis. Los hutíes, aliados de Teherán, llevan semanas atacando a Arabia Saudita. Por esa razón, el analista Sina Toossi sostiene que la seguridad de la región ya no se separa de la de Irán. Su colega Rami Khouri añade que el objetivo inmediato es lograr un alto el fuego permanente y volver a la mesa con una mediación más fuerte.

    Mortazavi resume la apuesta de Teherán. Irán acepta negociar y ya presentó una propuesta para terminar la guerra. Pero no soltará su ventaja en Ormuz bajo presión militar ni económica.