El STF rechazó el recurso de la defensa y confirmó cuatro años y dos meses de prisión para el hijo de Jair Bolsonaro.
El ex diputado Eduardo Bolsonaro perdió este viernes su batalla legal contra la condena. El Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil mantuvo su pena de cuatro años y dos meses de prisión. La justicia lo halló culpable de coacción dentro del proceso por la trama golpista de 2022.
La Primera Sala del STF tomó la decisión y rechazó el recurso de la defensa del ex diputado. El relator, Alexandre de Moraes, votó por mantener la condena. Los ministros Flávio Dino, Cármen Lúcia y Cristiano Zanin lo acompañaron en el pleno virtual.
La sentencia que el STF dictó en junio también fija otras condiciones. Eduardo comenzará a cumplir la pena en régimen semiabierto. Además, deberá pagar una multa de 162 mil reales, unos 32 mil 400 dólares. Por último, no podrá ser candidato durante 12 años.
Según la Procuraduría General de la República (PGR), Eduardo actuó desde Estados Unidos para presionar a las autoridades de su país. La acusación sostiene que buscó amenazar a integrantes del STF. Su meta era impedir una posible condena contra su padre, el ex presidente Jair Bolsonaro, por el intento de ruptura del orden democrático.
Para probarlo, la PGR presentó declaraciones públicas, publicaciones en redes sociales y mensajes entre Eduardo y su padre. Según el organismo, esos materiales muestran gestiones en Estados Unidos para presionar al Poder Judicial brasileño.
Moraes descartó los argumentos de la defensa. Afirmó que las acciones de Eduardo no tenían relación con su mandato parlamentario. Por eso rechazó que la libertad de expresión y la inmunidad parlamentaria lo protegieran.
Por su parte, la Defensoría Pública de la Unión asumió la defensa, porque Eduardo no designó abogado. Sus defensores pidieron la absolución por falta de pruebas y cuestionaron aspectos del proceso, entre ellos la participación de Moraes. También sostuvieron que la libertad de expresión amparaba las declaraciones del ex diputado. Añadieron que Eduardo no tenía poder para decidir las medidas del Gobierno estadunidense.

