El deterioro del ingreso, el avance de las fintech y el aumento de las apuestas digitales agravan el endeudamiento, mientras crece el rechazo tanto al presidente Javier Milei como al kirchnerismo.
La morosidad se convirtió en uno de los síntomas más visibles de la crisis económica argentina. Más de 5.3 millones de personas acumulan atrasos superiores a tres meses en el pago de sus deudas y 35% de los deudores son considerados “irrecuperables”, según datos de la Central de Deudores del BCRA citados por el CEPA.
El problema expone las consecuencias del modelo económico de Javier Milei: caída del poder adquisitivo, pérdida de empleos y un creciente recurso al crédito para cubrir gastos cotidianos. El propio gobierno ha intentado minimizar la situación. Milei llegó a describir el endeudamiento como un “problema entre privados”, aunque hasta dentro de su propio espacio surgieron críticas al costo de los créditos y las tasas aplicadas por bancos y billeteras virtuales.

Las fintech concentran una morosidad cercana al 30%, muy por encima del promedio general de 17.5%. A esto se suma la expansión de la ludopatía digital, particularmente entre jóvenes. El deterioro laboral también es evidente: desde noviembre de 2023 se han perdido alrededor de 320 mil puestos de trabajo registrados y existen casi 50 mil empleadores menos.
La situación golpea con mayor fuerza a los jóvenes. De los 3.5 millones de deudores considerados irrecuperables, una cuarta parte tiene menos de 30 años. Además, 38.2% de los menores de 25 años que contrajeron deudas presentan atrasos. En paralelo, estudios citados en el reporte advierten sobre la participación de adolescentes en apuestas por internet y el uso de préstamos para financiar el juego.
Así, mientras el gobierno de Milei presume estabilidad y promete prosperidad, millones de argentinos enfrentan deudas, pérdida de ingresos y menor capacidad de consumo. El desgaste también tiene una expresión política: crece el sector que rechaza tanto al mileísmo como al kirchnerismo. Encuestas citadas señalan que 37% se identifica con el centro, abriendo espacio para un eventual “tercer camino”.
