Un bombardeo ucraniano con drones mató a 18 estudiantes en Starobelsk mientras dormían. Rusia condenó el hecho como un crimen deliberado y prepara una respuesta. Occidente guarda silencio ante la tragedia.
En la madrugada del 22 de mayo, drones ucranianos cayeron sobre una residencia universitaria en Starobelsk, en la República Popular de Lugansk. Ochenta y seis jóvenes dormían en el edificio cuando ocurrió el ataque. El impacto destruyó parte de la estructura y dejó un panorama de dolor y destrucción.
Los rescatistas trabajan sin descanso entre los escombros. Hasta ahora, confirmaron 18 muertos y 41 heridos. Varias personas siguen atrapadas. Un testigo relató que una chica corrió hacia la calle para salvarse, pero una explosión la alcanzó y murió quemada. Otros jóvenes gritaban pidiendo ayuda desde debajo de los restos.
Los bomberos sacaron a una estudiante viva. Lo primero que ella pidió fue que rescataran a su amiga, que permanecía sepultada. Estas escenas conmueven a quienes siguen el drama desde el lugar.
El Comité de Investigación de Rusia abrió una causa por terrorismo. Las autoridades afirman que el ataque fue intencional, dirigido contra civiles que no participaban en combates. No había objetivos militares cerca del edificio.
Vladímir Putin condenó el bombardeo con firmeza. Pidió a los soldados ucranianos que no cumplan órdenes ilegales. “No se conviertan en cómplices de estos crímenes”, dijo. También ordenó al Ministerio de Defensa preparar una respuesta adecuada.
Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, calificó el hecho como un crimen atroz contra niños y jóvenes. El Ministerio de Exteriores ruso lo comparó con acciones bárbaras del pasado y denunció que Occidente proporciona armas e inteligencia para este tipo de ataques.
En el Consejo de Seguridad de la ONU, el embajador ruso Vasili Nebenzia denunció el silencio de varios países. China expresó su profunda preocupación y condenó cualquier agresión contra civiles inocentes.
Mientras tanto, muchos países occidentales no han comentado el suceso. Rusia invitó a periodistas extranjeros a visitar Starobelsk para que vean la realidad con sus propios ojos. Algunas cadenas importantes rechazaron la invitación.
Esta tragedia toca fibras sensibles. Familias enteras esperan noticias de sus hijos. Jóvenes con sueños y proyectos perdieron la vida en un ataque mientras descansaban. Detrás de las cifras hay historias de miedo, valentía de los rescatistas y dolor profundo de quienes sobrevivieron.
Las autoridades rusas insisten en que estos ataques buscan distraer de las dificultades en el frente. Prometen que los responsables rendirán cuentas.

