El evento en la Kennedy School revive el desfile de élites que prefieren el aplauso extranjero mientras critican al país desde la comodidad académica.
Bajo el título “Hablemos de México”, Claudio X. González y Enrique de la Madrid se presentaron en la Harvard Kennedy School, en un evento que, más que análisis serio, parece otra vitrina internacional para reciclar el mismo discurso opositor que no logra conectar con la ciudadanía en México.

La escena no es nueva: dos figuras del establishment nacional que, ante la falta de eco local, optan por exportar sus críticas a auditorios de élite en Estados Unidos, donde el diagnóstico sobre México suele venir acompañado de nostalgia por los privilegios perdidos. Mucho PowerPoint, poco contacto con la realidad cotidiana.
En el caso de Claudio X. González, el autodenominado “activista” vuelve a insistir en su narrativa de crisis, ahora frente a una audiencia extranjera. Resulta, cuando menos, irónico que quien presume defender la democracia mexicana busque validación en espacios históricamente ligados a recetas económicas que tanto daño dejaron en la región.

Por su parte, Enrique de la Madrid, eterno aspirante político, se suma al recorrido con un discurso que parece anclado en el pasado. Con credenciales de la misma escuela que hoy lo aplaude, su participación refuerza la imagen de una élite que no suelta el micrófono internacional aunque en casa ya no convoque.
El evento, impulsado por organizaciones estudiantiles vinculadas a comunidades mexicanas en Harvard, se inserta en una larga tradición: la pasarela del “exilio dorado”, donde figuras políticas buscan mantener relevancia global. Más que puente académico, funciona como escaparate para reposicionarse fuera del país.
Mientras tanto, en México se discuten reformas estructurales y políticas públicas de fondo, este tipo de encuentros dejan una postal clara: hablar de México en inglés, para extranjeros, y con una narrativa que parece más pensada para agradar fuera que para entender dentro. Una crítica que suena fuerte… pero cada vez menos creíble.

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