Carlos Robles Loustaunau y Óscar Alberto Cano Jiménez ocuparán un escaño en el Congreso de Coahuila pese a cargar con un historial de escándalos por presunto fraude electoral y financiero. Mientras el PRI se roba las elecciones en el Estado, perfiles envueltos en polémicas consiguieron un lugar en la próxima Legislatura.
La próxima Legislatura de Coahuila arrancará con una fuerte carga de cuestionamientos. Entre los nuevos diputados destacan Carlos Robles Loustaunau, dirigente estatal del PRI, y Óscar Alberto Cano Jiménez, líder de Nuevas Ideas, dos políticos originarios de Sonora que llegan al Congreso arrastrando señalamientos por presuntos fraudes que marcaron su trayectoria pública. Lejos de representar una renovación, ambos simbolizan el regreso de figuras envueltas en controversias que nunca terminaron de disiparse.
Una artículo de Proceso revela que uno de los casos más recordados es el de Robles Loustaunau, protagonista del llamado fraude electoral de “Manitas” en Hermosillo, en 1988. El escándalo, relacionado con el relleno de urnas mediante boletas previamente marcadas, terminó por obligarlo a abandonar la alcaldía apenas unos meses después de asumir el cargo. Años más tarde encontró refugio político en Coahuila, donde escaló posiciones dentro del PRI hasta convertirse en uno de los hombres de confianza del gobernador Manolo Jiménez Salinas, quien ahora lo impulsa nuevamente al Congreso por la vía plurinominal.
El historial de Óscar Alberto Cano Jiménez tampoco está exento de sombras, ya que su nombre aparece ligado al fraude al Fovissste, un caso estimado en 68 millones de pesos que afectó a decenas de familias. La empresa Soluciones Emprendedoras del Norte, de la que fue director y fundador, fue señalada por gestionar créditos de vivienda cuyos recursos terminaron en cuentas distintas a las de los propietarios. Aunque el Fovissste presentó una denuncia, hasta ahora no existe un resultado público sobre el caso, mientras Cano logró mantenerse activo en la política hasta alcanzar una diputación local.
La llegada de ambos personajes ha despertado críticas de colectivos y organizaciones civiles, que advierten que el nuevo Congreso estará integrado no sólo bajo el control absoluto del PRI, sino también con perfiles que cargan expedientes polémicos y antecedentes que siguen generando dudas sobre la rendición de cuentas. Para los críticos, el mensaje es claro: en Coahuila, los escándalos parecen pesar menos que los acuerdos políticos, y las polémicas del pasado no fueron un obstáculo para obtener un lugar en el Poder Legislativo.
Con información de Proceso.


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