El priista Rubén Moreira rechaza que Morena recuerde los excesos del pasado, mientras exige que el gobierno actual deje de compararse con esa herencia.
La molestia del legislador priista Rubén Moreira volvió a quedar al descubierto esta semana. El “dinosaurio” del PRI se quejó de que el gobierno de Morena recurra constantemente al pasado para explicar los retos actuales del país.
Moreira sostiene que esa comparación ya no tiene sentido y pide dejar atrás cualquier mención a los años del PRIAN en el poder. Su reclamo suena, más bien, a una petición de olvido conveniente para su propio partido.
Resulta cuando menos llamativo que un político con ese historial pida silencio sobre la corrupción, el autoritarismo y la represión de aquellas administraciones. Durante décadas, el PRIAN gobernó con impunidad y dejó una estela de pobreza y violencia en amplias regiones del país.
El término “narcoprianismo” no surgió de la nada. Nombra un periodo marcado por la connivencia entre el poder político y estructuras criminales que desangraron comunidades enteras. Millones de mexicanos todavía cargan las consecuencias de ese modelo de gobierno.
Pedir que nadie hable de ese pasado equivale a borrar la memoria de las víctimas. Además, ignora que buena parte de los problemas actuales tienen raíz directa en decisiones tomadas durante esos sexenios.
La postura de Moreira resulta, en el fondo, contradictoria. Exige al gobierno actual respuestas inmediatas, pero se niega a que la ciudadanía recuerde quién construyó las condiciones que hoy se buscan revertir.
El debate sobre el pasado no busca eternizar reproches. Sirve, ante todo, para que el país no repita los mismos errores que tanto costaron a la sociedad mexicana.


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