Rojo de la Vega extorsiona a Brugada con estatuas de Fidel y el Che

La alcaldesa de Cuauhtémoc condicionó la devolución de las esculturas a cambio de asfalto y camiones recolectores, una propuesta que fue calificada como un intento de chantaje político contra el Gobierno de la Ciudad de México.

La alcaldesa panista de Cuauhtémoc, Alessandra Rojo de la Vega, convirtió el conflicto por las estatuas de Fidel Castro y Ernesto “Che” Guevara en un intento de extorsión política contra la jefa de Gobierno, Clara Brugada. En un video difundido en redes sociales, la edil condicionó la entrega de las esculturas a cambio de recibir asfalto y camiones recolectores de basura, es decir, pidió obras públicas a cambio de devolver un bien que mantiene bajo resguardo.

La propuesta de Rojo de la Vega consiste en que el Gobierno de la Ciudad de México entregue recursos materiales por un monto equivalente al supuesto valor de las esculturas para destinarlos a bacheo y servicios de limpia en la demarcación. Más que una gestión institucional, la panista planteó un intercambio que diversos sectores han señalado como un intento de chantajear a la administración capitalina utilizando un asunto patrimonial como moneda de cambio.

La polémica comenzó en julio de 2025, cuando la alcaldesa ordenó retirar el Monumento Encuentro, integrado por las figuras de Fidel Castro y el Che Guevara, bajo el argumento de presuntas irregularidades en su instalación. Desde entonces ha sostenido que las piezas pertenecen a la alcaldía e incluso llegó a plantear que podrían ser subastadas.

Frente a ello, el Gobierno encabezado por Clara Brugada anunció que las esculturas serán reconstruidas y reinstaladas en otro punto de la capital. La mandataria capitalina ha señalado que existe respaldo ciudadano para conservar el monumento como parte del patrimonio histórico de la Ciudad de México, pese a la oposición de la alcaldesa.

En lugar de atender el diferendo por las vías legales, Rojo de la Vega decidió ponerle precio a las esculturas y utilizarlas como ficha de negociación. La maniobra fue interpretada como una forma de extorsionar políticamente al Gobierno capitalino: “si quieres las estatuas, págame con obras”. Una estrategia que, lejos de fortalecer su imagen, vuelve a colocar a la edil panista en el centro de la controversia por privilegiar el espectáculo sobre la gestión pública.

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