La pluri del PRI, Tania Larios, quiso atacar a Morena y terminó exhibida por falta de ortografía

La legisladora ha protagonizado nuevas críticas en redes sociales, mientras antiguas publicaciones suyas volvieron a circular por el contenido y la forma en que fueron redactadas.

La diputada Tania Larios volvió a colocarse en el centro de las críticas luego de que, durante un acto político en el que lanzó acusaciones contra Morena, un cartel con la leyenda “No al fascisimo de Morena” terminó robándole protagonismo a su discurso. El error ortográfico en la palabra “fascismo” rápidamente llamó la atención y convirtió su protesta en motivo de burlas y cuestionamientos en redes sociales.

El episodio incluso fue aprovechado por el diputado Paulo Emilio, quien reaccionó al mensaje y cuestionó públicamente a Larios. La escena terminó desplazando el contenido de sus acusaciones: quería hablar de política y terminó protagonizando una discusión sobre ortografía. Una ironía difícil de ignorar cuando el mensaje pretendía ser una denuncia política.

Pero el cartel no es el único antecedente que ha provocado críticas hacia la legisladora. En redes sociales han vuelto a circular publicaciones antiguas atribuidas a Tania Larios, escritas cuando utilizaba Twitter, que han generado comentarios por su contenido y lenguaje. En una de ellas, fechada en 2011, escribió: “Aquí en #sixflags nos estamos dando un baño de pueblo #odialoschacas”, expresión clasista que fue recuperada por usuarios para cuestionar su discurso actual.

En otra publicación, de 2012, escribió: “La #MarchaYoSoy132 me da una hueva!!! Asko que sea TT”. Mientras que en enero de 2012 apareció otro mensaje con la frase “RTH Si eres feo, naco y pobre #ElSuicidioEsUnaOpcion”, además de una publicación de 2013 en la que utilizó nuevamente el término “naco” para referirse a otras personas. Las publicaciones han sido señaladas por usuarios como ejemplos de expresiones clasistas y despectivas.

Así, mientras Larios busca colocarse en el debate político con consignas contra Morena, sus propios antecedentes digitales regresan para complicarle el discurso. Entre errores ortográficos, expresiones clasistas y publicaciones desafortunadas, la legisladora vuelve a convertirse en noticia, aunque no precisamente por la solidez de sus argumentos. La pregunta que queda es sencilla: ¿cuánto de su mensaje se pierde cuando el cartel termina hablando más que quien lo sostiene?

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