Fernando Cerimedo, exasesor de Javier Milei y vinculado al entorno de Salinas Pliego, rompió en llanto durante su traslado a una audiencia en Bolivia, que finalmente fue suspendida. “Quiero ver a mis hijos”, excalamaba, lo que contrasta con la gravedad de las acusaciones que enfrenta: está imputado en Bolivia por un presunto intento de feminicidio contra su expareja.
Fernando Cerimedo, consultor político argentino y exasesor de Javier Milei, llegó este jueves al Palacio de Justicia de Bolivia para comparecer ante las autoridades, luego de ser detenido el pasado 18 de agosto en el aeropuerto Viru Viru de Santa Cruz de la Sierra cuando intentaba abordar un vuelo hacia Buenos Aires. El hombre que durante años ha transitado por los pasillos del poder político llegó esta vez con el rostro cubierto y evitando responder a los medios.
Ante las preguntas de los periodistas, Cerimedo apenas pudo pronunciar una frase: “Quiero ver a mis hijos”, antes de romper en llanto. La escena contrasta con la imagen pública de un operador político acostumbrado a intervenir en escenarios de alta tensión y a defender posiciones políticas con firmeza. Ahora, sin embargo, enfrenta personalmente las consecuencias de un proceso judicial que podría definir su futuro en Bolivia.
La audiencia en la que se determinaría su situación tuvo que ser suspendida debido a retrasos y a una descompensación que Cerimedo habría sufrido cuando era trasladado a la sala, según informó la fiscal Yolanda Aguilera a medios bolivianos. La nueva fecha para la audiencia deberá determinarse, mientras las autoridades continúan con el proceso iniciado tras su detención.
El episodio también abre un cuestionamiento sobre la distancia entre el discurso político y las responsabilidades personales de quienes operan cerca del poder. Cerimedo ha construido parte de su trayectoria alrededor de la asesoría política y la defensa de determinados proyectos de poder, pero ahora enfrenta una situación en la que ya no bastan los discursos, las conexiones o la influencia: tendrá que responder ante las autoridades por las acusaciones que pesan en su contra. La imagen del consultor quebrado frente a las cámaras deja, además, una pregunta incómoda sobre la aparente facilidad con la que algunos operadores políticos exigen dureza a los demás hasta que esa misma dureza alcanza su propia puerta.


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