El hijo de Jair Bolsonaro presume el modelo salvadoreño pese a las denuncias por detenciones arbitrarias y apuesta por castigos extremos para ganar terreno rumbo a las elecciones.
A menos de dos meses de las elecciones en Brasil, Flávio Bolsonaro endurece su discurso y busca convertir la inseguridad en su principal arma electoral. El candidato de ultraderecha calificó de “inspirador” el modelo de Nayib Bukele, pese a los cuestionamientos internacionales contra la estrategia de seguridad del presidente salvadoreño.
La apuesta de Bolsonaro ocurre mientras intenta recortar la ventaja de Luiz Inácio Lula da Silva. Una encuesta de Nexus/BTG Pactual coloca al presidente con 46% de intención de voto frente a 45% del legislador ultraderechista, un empate técnico considerando el margen de error de dos puntos porcentuales.
Tras reunirse con el ministro de Seguridad de El Salvador, Gustavo Villatoro, Flávio elogió la política de Bukele y aseguró que el mandatario logró un supuesto “rescate” de la seguridad pública. Sin embargo, detrás de ese discurso de mano dura existe un modelo cuestionado por organismos internacionales, marcado por un régimen de excepción y casi 100 mil detenciones sin orden judicial de personas acusadas de pertenecer a pandillas.

Lejos de moderar su postura, el hijo de Jair Bolsonaro propone más cárcel y castigos extremos. Entre sus planteamientos están permitir abatir a criminales armados, reducir la edad penal y aplicar castración química a violadores. También promete crear medio millón de plazas penitenciarias mediante cinco complejos carcelarios y acusa a la legislación brasileña de ser demasiado “laxa”.
El discurso busca explotar el miedo de una población preocupada por la violencia. Según el Foro Brasileño de Seguridad Pública, ocho de cada 10 brasileños temen quedar atrapados en un tiroteo. Así, Flávio intenta presentarse como la opción de “mano dura” y convertir la inseguridad en combustible para su campaña.
La estrategia deja una pregunta sobre la mesa: ¿Flávio Bolsonaro busca resolver la violencia o convertir el miedo en votos? Mientras presume un modelo cuestionado por las detenciones arbitrarias y apuesta por endurecer los castigos, el candidato de ultraderecha intenta avanzar en una elección cada vez más cerrada frente a Lula.

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