El presidente estadounidense dice que no tomó partido, pero duda de la prórroga de dos horas en la votación. Lula ganó su cuarto mandato y Flávio Bolsonaro pide anular los comicios.
Donald Trump cuestionó este lunes la elección presidencial de Brasil, un día después de la victoria de Lula da Silva en la segunda vuelta. Habló con la prensa antes de viajar a Misisipi, donde tenía un mitin de campaña. Allí dijo que el proceso parecía otro fraude electoral.
El mandatario aseguró que no tomó partido. Aun así, afirmó que la votación dejó una “impresión terrible” ante el mundo. Insistió en que las elecciones deben ser indiscutibles y calificó el proceso de corrupto.
Su crítica apuntó a la prórroga del horario de votación. El Tribunal Supremo Federal amplió el cierre de las 17:00 a las 19:00 horas en todo el país, por fallas en el transporte público de varias ciudades. Según los reportes, la campaña de Lula pidió esa medida. Para Trump, la ampliación fue “muy extraña”.
Trump separó al político del proceso. Elogió a Lula con cercanía y dijo que se lleva muy bien con él. Su problema, explicó, está en la forma en que se contaron los votos.
Lula derrotó a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, y logró un cuarto mandato. Flávio había ganado la primera vuelta del 4 de octubre, pero esta vez no sostuvo la ventaja. Tampoco reconoció el resultado. Por eso anunció que pedirá a la Justicia anular los comicios, con el argumento de la ampliación del horario.
La derrota golpea los planes de Trump de ampliar la influencia de Washington en América Latina con gobiernos de derecha. Aunque no respaldó abiertamente a Flávio, le mostró su simpatía. Lo recibió en el Despacho Oval en mayo y semanas atrás dijo que vigilaría “de cerca” la elección brasileña.
La relación entre Trump y el gobierno de Lula ya vivía semanas tensas. El año pasado, Washington impuso aranceles elevados a Brasil por el juicio contra Jair Bolsonaro, aliado de Trump durante su primer mandato. La justicia brasileña condenó al expresidente por intentar dar un golpe de Estado. Además, Brasil no ha detectado fraude significativo desde que adoptó el voto electrónico en los años 90.


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