Carlos Torres Piña, originario de Paracho, en la Meseta Purépecha, encabeza la coordinación estatal de la Cuarta Transformación en Michoacán. Es la primera vez, en esta etapa de organización del movimiento en la entidad, que una persona de raíces purépechas ocupa ese cargo.
Hijo de maestros rurales de las comunidades de Zacán y San Francisco Pichátaro, Carlos Torres Piña salió joven de su región para estudiar en Morelia. Su carrera política nació de la izquierda michoacana y del movimiento democrático que más tarde concluyó en la 4T.
Como secretario de Gobierno en la administración de Alfredo Ramírez Bedolla, le tocó atender una de las principales demandas históricas de los pueblos indígenas: que el Estado reconozca su derecho a organizarse, gobernarse y administrar directamente sus recursos públicos.
En noviembre de 2024, Carlos Torres Piña informó que las comunidades con acceso a este modelo pasaron de 11 a 40. Entre ellas pueblos purépechas, nahuas, mazahuas y otomíes. El esquema permite a las autoridades comunales ejercer esos fondos conforme a sus propias decisiones y formas de organización, en lugar de depender de los ayuntamientos, con los que durante décadas debieron disputar los recursos que les correspondían.
Michoacán incorporó a su marco jurídico el reconocimiento de las kuarichas, guardias y rondas comunitarias, junto con mecanismos para coordinarlas con las instituciones de seguridad pública, sin desconocer la autoridad de los gobiernos comunales. La reforma constitucional de diciembre de 2024 reforzó ese reconocimiento al establecer que las comunidades con autogobierno tienen el mando de sus propias instituciones de seguridad comunal.
Estos avances son resultado de luchas históricas de los pueblos indígenas, acompañadas por cambios institucionales durante el gobierno estatal del que Carlos Torres Piña formó parte.
Carlos Torres Piña mantiene relación con las cuatro regiones purépechas: la Meseta, la Cañada de los Once Pueblos, la Ciénega de Zacapu y la región del Lago de Pátzcuaro. También ha construido vínculos políticos e institucionales con representantes de comunidades otomíes, mazahuas y nahuas.
El panorama incluye el reconocimiento del pueblo pirinda o matlatzinca, con presencia histórica en Huetamo y otras comunidades de Tierra Caliente, así como los procesos nacionales de reconocimiento de los derechos de la población afromexicana.
La nueva etapa de la 4T en Michoacán estará marcada por el papel de estos pueblos en las decisiones políticas y por la continuidad de los derechos conquistados tras décadas de organización.

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