El gobernador emecista de Guadalajara, Pablo Lemus, vendió en campaña una Línea 5 del Tren Ligero de 13 mil 300 millones de pesos para conectar Guadalajara con el aeropuerto, pero terminó sustituyendo el proyecto con apenas 8 camiones eléctricos ante la presión del Mundial 2026.
Lo que Lemus prometió como una obra histórica terminó convertido en una improvisación que dejará a miles de jaliscienses con un sistema insuficiente, saturado y sobre todo muy lejos del transporte “moderno” que prometió y ofreció.
El jalisciense basó buena parte de su campaña en promesas, pero sobre todo en una: la nueva línea de tren ligero que conectaría Guadalajara con el aeropuerto, que “beneficiaría” a cinco municipios.
Habló de modernidad, movilidad y de una inversión de 13 mil 300 millones de pesos. Dos años después, el supuesto proyecto terminó convertido en un recorrido para 8 camiones eléctricos Volvo, presentados bajo presión y prisas porque el Mundial ya se encuentra en puerta.
El llamado “Macro Aeropuerto”, renombrado por los ciudadanos como “Pablobús”, refleja el tamaño del engaño: la gente esperaba infraestructura de gran magnitud y recibieron un sistema improvisado de camiones.
Este nuevo sistema traslada apenas 27 mil personas, cuando el tren ligero con trenes de doble vagón y frecuencias de cuatro minutos hubiera transportado aproximadamente 130 mil pasajeros diarios. Cada autobús tendrá capacidad para solo 80 pasajeros, una cantidad ridícula ante la demanda que enfrenta la zona metropolitana.
Lemus presume modernidad, pero ningún adorno tecnológico compensa la falta de capacidad ni el abandono a una obra que pudo transformar la movilidad entregando en cambio una solución temporal disfrazada de “innovación”.
¿Otra obra en el olvido? El proyecto “El Parque Lineal”, que acompañaría a la Línea 5 sobre una de las avenidas clave, desapareció silenciosamente mientras el gobierno estatal aceleró un proyecto mucho más barato y limitado para llegar a presumir a la Copa Mundial de la FIFA 2026.
El Mundial sirvió como excusa perfecta para disfrazar el incumplimiento, pero no tan fácil se borrará la sensación de que nuevamente la clase política ofreció y prometió grandeza y entregó migajas que además fue improvisación.

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