Ricardo Anaya acusó a Morena de “simulación” por la reforma laboral de 40 horas, pero su propio discurso terminó exhibiendo contradicciones y exageraciones.
El senador del PAN, Ricardo Anaya, arremetió contra Morena por la reforma laboral que plantea reducir la jornada semanal de 48 a 40 horas, calificándola como una “farsa” y un “engaño”. Sin embargo, su crítica terminó diluyéndose al centrarse en un calendario gradual que, de entrada, deja intactas las condiciones laborales durante los próximos años.
Anaya acusó al gobierno de generar falsas expectativas entre los trabajadores, al insistir en que la reforma no implica dos días de descanso por cada cinco de trabajo, sino que mantiene el esquema de seis días laborales con jornadas apenas más cortas. El señalamiento, lejos de desmontar la propuesta, terminó evidenciando que su principal molestia no es el contenido, sino el ritmo de aplicación.
En su intento por endurecer el discurso, el panista incluso reprochó el ajuste en las horas extras, afirmando que el tope aumentaría de 9 a 12 horas, anulando cualquier beneficio. No obstante, su argumento se sostuvo más en calificativos que en hechos concretos, repitiendo términos como “mentira” y “simulación” sin explicar cómo su partido habría planteado una alternativa distinta o más efectiva.
Al final, Anaya cerró su crítica sumando la reforma a una supuesta lista de fracasos del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, incluyendo el bajo crecimiento económico. Una mezcla de reclamos dispersos que, más que fortalecer su postura, dejó la impresión de un discurso exagerado, sin fondo y carente de propuestas reales.


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