Categoría: Opinión

  • El problema de la violencia en México es, en gran parte, culpa de Estados Unidos

    El problema de la violencia en México es, en gran parte, culpa de Estados Unidos

    Mientras Estados Unidos no deje de ser el principal mercado de droga y armas en el mundo, México está condenado a sufrir tasas de violencia y homicidios comparable a países en guerra. No es deslindarse de la responsabilidad, es aceptar que vivimos en un mundo globalizado donde el imperio gringo dicta todo de manera directa o indirecta, desafortunadamente.

    La única solución real para México es que el mercado de la droga y armas ilegales lo absorba Canadá o el mismo Estados Unidos, que se maten entre ellos y sufran la violencia que han sufrido países latinoamericanos, principalmente Colombia y México; pero la anglósfera no permitiría ese nivel de violencia entre blancos, ricos y protestantes porque es mejor que los muertos los ponga el tercer mundo entre su pobreza e irrelevancia.

    Además, parte de la economía de México y Estados Unidos ya dependen del dinero de la droga. Es un cáncer metastático que se esparce poco a poco en todo el cuerpo, y que, si se quiere extirpar el tejido dañado, eso mataría al paciente porque ya hizo simbiosis con las otras células, condenándolo a la muerte. Claro, solo han decidido que se deben atacar y amputar el brazo y pierna que están al sur del Río Bravo, aunque lo otro eventualmente también morirá.

    Las hipótesis que dicen que algunos cárteles incluso colaboran con Estados Unidos cobran sentido porque, ¿de qué otra manera se explican los niveles de violencia y la gran estigmatización que sufre México, pero la impoluta y hasta heroica imagen de los hipócritas estadounidenses ante el problema de la droga “mexicana”? No sería la primera vez que Estados Unidos se alía con su supuesto enemigo internacional. Ahora mismo se sospecha que Isis es el brazo armado y terrorista que Tel Aviv y Washington tienen para controlar e intimidar países. Muestra de ello es que nunca han cometido atentados en estos países y que, recientemente, Isis pidió a Hamás la liberación de los rehenes del 7 de octubre de 2023. Y la última “gran obra” de Isis fue en Rusia, quien sostiene una guerra proxy con Estados Unidos en territorio ucraniano. De hecho, una alianza con los cárteles que aparentemente intentan atacar es la manera perfecta de desestabilizar países latinoamericanos como históricamente lo han hecho de una manera discreta y disimulada: matar políticos incómodos, generar gran violencia en momentos precisos y mantener la industria bélica a flote.

    Y es que Estados Unidos es el vecino cínico y matón que hace lo que quiere porque no ha habido (todavía) quien lo ponga en su lugar. Nadie le exige cuentas y todos se subordinan por los temores de siempre. Su cultura de la muerte y violencia nos salpica porque, por más que se trate de desarmar a un grupo delictivo en México, siempre tendrá fácil acceso a más y mejores armas, ello sin mencionar los miles de millones de dólares que se llevan a ese país en droga: cien mil personas mueren al año por consumo de fentanilo además de otros segmentos de la población que son altamente adictos y va desde grandes banqueros en Wall Street hasta el trabajador de a pie. La decadencia a nivel de valores y sentido de vida que vive la población estadounidense es el caldo de cultivo perfecto para crear un mercado insaciable.

    ¿México es responsable de sí mismo? Sí y hay que hacer las cosas bien en todos los ámbitos posibles y deseables, pero mientras exista Estados Unidos tal y como lo conocemos, la violencia no cesará en nuestro país.

  • Resiliencia: el agente y la gente

    Resiliencia: el agente y la gente

    Dedicado con aprecio y cariño
    A mis compañeros
    Laura García, Susana Reyes y Pedro Rivera.

    Hace apenas unas semanas, aquí en la Ciudad de México, se reunió un grupo importante de expertos en materia de producción y uso de información geográfica —importante digo tanto en cantidad como en las sapiencias y las cualidades de sus integrantes—. Llegaron procedentes de todo el orbe, convocados por cierta asociación de países; para decirlo pronto, me refiero a la organización más importante de naciones que hay en el planeta —para mayor referencia, aludo a la organización multinacional a la que tristemente…, tristemente porque lo hizo con toda razón, el presidente Andrés Manuel López Obrador llegó a comparar con un florero—. En el encuentro estuvieron presentes funcionarios, técnicos y tomadores de decisiones procedentes de las oficinas e instituciones públicas de muchos gobiernos, justo las encargadas de recabar, difundir y promover el uso inteligente de datos relativos a la dimensión espacial de sus respectivos estados nacionales. No me queda la menor duda de que son todas ellas y todos ellos, gente con las mejores intenciones y buena voluntad. La reunión internacional abordó el problemón que afecta ya a toda la biósfera de la Tierra, incluidos, los más de 8.1 mil millones de seres humanos que hoy somos: el cambio climático. Los dos desafíos globales que se pusieron en el centro de las diversas intervenciones fueron la sustentabilidad y la resiliencia…, la dichosa resiliencia. Quizá yo esté equivocado, pero detesto esa palabreja, y la detesto porque estoy seguro de que los hombres y mujeres tenemos en el lenguaje, en las palabras, el instrumento más importante para hacer mundo y, no sólo, uno de los instrumentos más poderosos para cambiar la realidad. Por eso, estoy convencido de que, así como hay palabras que concitan acuerdos, concordia y en general el bienestar —respeto, amistad, solidaridad, prudencia, en fin—, hay otras que son perversas. 

    Resiliencia es una palabra consentida de la ideología neoliberal y globalista. Un buen ciudadano del mundo tiene que ser resiliente y echarle ganas. Pero qué significa exactamente… Aunque ya había aparecido en algunas publicaciones desde principios del siglo XX y tuvo un pequeño repunte a mediados de la década de los treinta, el vocablo se incorporó formalmente al español hace poco —apareció por primera vez en un diccionario de la RAE apenas hace diez años—, y si uno analiza su gráfica correspondiente en Google Ngram podrá constatar que está de moda y en franco ascenso desde principios del presente milenio. Resiliencia proviene del inglés resilience, el cual a su vez procede del latín resiliens, “saltar hacia atrás, rebotar”, “replegarse”. Tal cual: echarse pa’tras. En inglés, el diccionario de Cambridge la define así —traduzco—: “capacidad de ser nuevamente feliz, exitoso, etcétera después de que algo difícil o malo ha ocurrido.” Ojo con ese adverbio: nuevamente. En nuestro idioma, el diccionario de la RAE otorga dos acepciones a resiliencia

    1. f. Capacidad de adaptación de un ser vivo frente a un agente perturbador o un estado o situación adversos.
    2. f. Capacidad de un material, mecanismo o sistema para recuperar su estado inicial cuando ha cesado la perturbación a la que había estado sometido.

    Ambos significados deben tomarse en consideración para comprender la ideología que subyace a la dichosa resiliencia, pero evidentemente de la que estamos hablando es de la primera acepción. En efecto, somos, nosotros, hombres y mujeres, usted y yo y nuestra prole y nuestros padres y abuelos, seres vivos. ¿Seres vivos que estamos frente a un agente perturbador? Aquí está parte esencial del problema con el concepto de resiliencia: el agente perturbador, que según se frasea en la definición anterior es una entidad distinta al referido ser vivo, diríase que es, en el contexto al que aludí en el comienzo de este texto, el cambio climático. Entonces, si uno lee que hay que ser resiliente frente al cambio climático, debemos entender dos cosas: uno, que hay que adaptarnos a él, y dos, que el tal cambio climático es un “agente perturbador”…, o sea, que no somos nosotros los que tenemos que dejar de estar desestabilizando el planeta, que es un “agente perturbador”, el malvado cambio climático, que no somos nosotros los responsables sino las víctimas. ¿Y qué hacer frente a los embates del agente perturbador? Pues según dicta la definición, adaptarnos. ¿Y qué significa adaptarse? Dicho de un ser vivo, significa acomodarse a las condiciones de su entorno. Y más precisamente, dicho de una persona, significa acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones. Tejones porque no hay liebres, pues.

    ¿Ven? Resiliencia no es una palabra que comunique ni la necesidad de hacerse responsables de lo que pasa ni la necesidad de cambiar conductas —las conductas que nos tenían tan felices, exitosos, etcétera, supongo—, sino que expresa como respuesta a la perturbación el adaptarse, el replegarse… Y replegarse, claro, significa, echarse para atrás, darse por vencidos. Pues ya ni modo, hay que adaptarse porque el señor Elon Musk va a seguir jugando a conquistar el sistema solar con sus cohetitos megacontaminantes; hay que adaptarse porque el capitalismo es una condición inamovible y eterna e intocable y no hay de otra; hay que adaptarse porque tenemos que seguir quemando combustibles fósiles hasta que nos los acabemos todos o nos acabemos todos… Seamos resilientes y no resistentes, mucho menos agentes de cambio.

    Una nota final: por supuesto, las personas que hace unos días sufrieron en Valencia y otras ciudades y poblaciones aledañas de España la devastación por las graves inundaciones causadas por una Depresión Aislada en Niveles Altos (DANA) —un fenómeno vinculado al cambio climático, particularmente al sobrecalentamiento acelerado del Mediterráneo—, requieren medidas de resiliencia inmediata, para lo cual se requieren un montón de recursos. Cierto, necesitamos ser resilientes frente a los efectos del cambio climático, pero no ante el cambio climático mismo. El agente perturbador tiene nombre, se llama homo sapiens y urge hacerlo entrar en razón.

    • @gcastroibarra

  • Fórmula 1: ¿Contención o represión?

    Fórmula 1: ¿Contención o represión?

    La escalada de manifestaciones de “algunos” de los trabajadores del Poder Judicial alcanzó el pasado fin de semana, a uno de los eventos deportivos más importantes de la Ciudad de México, el Gran Premio de la F1; justa internacional que, conforme pasan los años, proyectan a la capital mexicana entre las entidades más modernas del orbe y como uno de los principales destinos turísticos a nivel mundial. Por esa razón, poco extraña que los manifestantes hayan elegido precisamente dicho evento por la cobertura internacional y porque, cualquier exceso o abuso de las fuerzas del orden trascendería más allá de los medios locales.

    El intento de llamar la atención es completamente válido, aunque en realidad algo falló al final pues la idea de provocar un zafarrancho o algo por el estilo se fue debilitando cuando la policía capitalina encapsuló a una parte de los manifestantes que al final poco pudieron hacer más allá de las consignas acostumbradas. A ello hay que sumar que sí, entre otras cosas, los manifestantes anhelaban recibir algún tipo de respaldo de los asistentes al evento, esto no sólo no apareció, sino por el contrario, muchos expresaban su rechazo a la protesta pues le ponía un prietito en el arroz al evento que esperan con ansias desde meses antes.

    Pero esta experiencia puede arrojar varios elementos a analizar; primero: ciertamente las manifestaciones (insisto) de “algunos” de los trabajadores del poder judicial suben y bajan de tono, y, aunque generan cierto caos y en ocasiones violencia hacia otras personas así como a inmuebles, en realidad no han alcanzado las expresiones de violencia que se dan en otros casos, por esa razón, la idea de “contener” a un grupo, incluso la de aislar a individuos, parece ser la manera más correcta para evitar conatos mayores. Segundo: Dentro y fuera de manifestaciones de este tipo oscilan diferentes intereses que van más allá de la propia protesta, en el caso del Poder Judicial están más que claros cuáles son, pero en una movilización de esas características, resulta esencial colocar un muro humano de contención que limite la confrontación entre ciudadanos. Tercero: no falta quien, ya sea intencionalmente o al calor de los acontecimientos se exceda a la hora de manifestarse, en casos como esos, cuidadosamente se debe dar un trato especial que, sin violar ningún derecho humano, mucho menos el de la libertad de manifestación y de expresión, establezca sanciones adecuadas. No es justo por ningún motivo que un policía reprima a quien ejerce su derecho a manifestarse, como tampoco lo es que un elemento de la policía sea agredido cobardemente por una multitud. Los derechos son para todas y para todos.

    Respecto a la actuación de la policía, leí una columna en el periódico “la jornada” donde el autor señala que “las protestas que cada día son más y cada vez tienen menos sentido social se han multiplicado”. Difiero en esta ocasión del maestro Miguel Ángel Velázquez, porque no creo que sean más las protestas que tienen menos sentido social, menos en un país donde apenas en el sexenio pasado ha habido avances. Los pendientes siguen siendo muchos y en distintos rubros, sin que eso signifique que no haya manifestaciones (como la del poder judicial) que no hace otra cosa que defender privilegios y que para nada le interesan los derechos. Quienes deberían de manifestarse son los miles de ciudadanos que se han visto afectados en muchas ocasiones por la falta de justicia.

    Diría que la Asociación Nacional de Magistrados de Circuito y Jueces de Distrito del Poder Judicial de la Federación no debería de confundirse, contención no es represión, pero en realidad no hay “confusión” alguna, la mentira y la exageración de señalar que existió un uso de la fuerza del Estado contra los manifestantes, o la patraña del incremento de la violencia institucional es ya parte de la cantaleta reiterada que pronto terminará. Pueden acudir a los organismos internacionales que consideren necesarios, solo que algo convenientemente no comprenden con aquello de la soberanía: es el pueblo quien determinó acabar con este modelo de poder judicial, no una persona, no un partido político. Ya pasó la reforma y, a como se ven las cosas, seguirán sin entenderlo.

  • Movimiento Ciudadano se va a la ultraderecha

    Movimiento Ciudadano se va a la ultraderecha

    Movimiento Ciudadano sabe que entra a una etapa terminal de su vida y quiere alargar la agonía el mayor tiempo posible a pesar de que su cúpula se derritió en pocos meses. Para ello recurre a la ultraderecha corriente política a la que siempre perteneció pero que negó para verse competitiva en las elecciones.

    La cabeza de un grupo de agresivos estudiantes de escuelas particulares fue huésped del senado a invitación de Castañeda, la intención era abordar a Noroña para pedirle diálogo “respetuoso” sobre la legitimidad de la reforma al poder Judicial que ahora es ley. Pero que, a los ojos de la derecha, es buen pretexto para seguir desgastando ala la 4T.

    Su líder, egresado de la escuela Libre de Derecho y amigo de Claudio X. González, llamado José Mario de la Garza, organiza un movimiento golpista desde su visión retrógrada del conservadurismo más rancio, al estilo de aquel grupo de delincuentes llamado MURO, Movimiento Universitario de Renovadora Orientación. Castañeda tiene como puente hacia Claudio X. González, al líder de este grupo de choque anuncia una posible alianza para sobrevivir en las elecciones de 2025, fecha anunciada para sucumbir, incluso perder el registro.

    La invitación que hizo el coordinador parlamentario en el senado de ese partido Clemente Castañeda, muestra su apertura hacia corrientes más conservadoras de lo que ya ha mostrado este partido que tendrá su prueba de fuego el próximo año, cuando se realicen las elecciones para renovar los 212 municipios de Veracruz, estado donde nació el partido, en una de sus prisiones, cuando estuvo preso Dante Delgado, por corrupto y vio la creación de esa organización como alternativa para alcanzar la impunidad y ser liberado. Salió de prisión por un delito que había prescrito y no por ser inocente. Es decir, Movimiento Ciudadano podría morir donde nació.Ahora MC no puede, aunque quiera aliarse con nadie, porque el PRI y el PAN, tienen un camino difícil para llegar a las elecciones del próximo año en Veracruz sin dividirse o perder su registro. De tal manera que con o sin alianza el partido fundado por Dante, seguramente podría desaparecer en la entidad.

    Si a esto sumamos una cúpula desprestigiada, frágil y de dudosa honestidad, encontramos que la apertura a un grupo de jóvenes de ultraderecha, realizada por Castañeda tiene su razón de ser, porque de sobrevivir su partido, se colocaría en el extremo radical de la derecha, más allá del PAN y muy cercano a VOX, a Verástegui y al fascismo contemporáneo.

    El líder moral de MC está a punto de retirarse de la vida política; Samuel García, un posible sucesor., al frente del partido, ha bajado su popularidad dentro y fuera del estado que gobierna, es señalado de tener negocios con sus parientes, los Beltrán Leyva y el negocio familiar de facturas cada día está más cerca de la sanción; mantiene a un Colosio cuyas adicciones lo han llevado al hospital y su incapacidad política al desprestigio; un ex candidato a la Presidencia que tiene más puntos oscuros que lucidez para hacer política. Un gobernador en Jalico que no se entera de la embestida contra fieles católicia hasta varias horas después, un gobernador electo espurio. El que queda es Castañeda, quien como tabla de salvación hacia el naufragio que significa aliarse con la ultraderecha podría acarrearle más desgaste que beneficios.

    El desprestigio de los partidos de oposición en Veracruz, que en algún momento fuera bastión del PRI, crece y arrastra a Movimiento Ciudadano en la entidad, sobre todo por los antecedentes priistas de sus integrantes, los resultados electorales y los manejos deshonestos.

    En Veracruz, con todo y guerra sucia que apoyaba al gris Pepe Yunes, alcanzó el 31 por ciento de los votos, ante el 59 por ciento de Rocío Nahle. Pero a MC le fue muy mal, con el 7 por ciento del porcentaje de votos, no ganó un solo distrito electoral y no tiene representación en el Congreso local.

    Para el 1 de junio, Nahle tendrá seis meses en el gobierno, el desgaste de MC será mayor y su idea de no tener aliados, condena a ese partido a desaparecer, aunque compita sin máscaras como el representante de la ultraderecha en México.

    Recientemente la cabeza sobreviviente de la cúpula emecista, Clemente Castañeda se pronunció, como los hacen sus amigos del PAN por recurrir ante instancias internacionales para tener derecho a argumentar inconstitucionalidad en alguna ley, pero no pueden hacerlo porque, por ley –una ley escrita desde hace muchos años—para sostener esta posición se requiere, por lo menos, la tercera parte de las Cámaras, y la oposición, conformada por tres partidos, no la tiene. Que le reclamen a los que no votaron por ellos esa castración y no al partido en el poder. Sobre todo, tienen que cuestionarse a sí mismos su incapacidad para atraer simpatías de los ciudadanos, quienes sólo les dieron un porcentaje mínimo de apoyo.

    Lo único que puede evitar la muerte de MC, incluso del resto de los partidos, es tratar de unirse a Morena, claro previa selección individual de los nuevos integrantes, que esperemos no sean muchos.

  • Hacer ley de la mentira

    Hacer ley de la mentira

    Desde la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador quedó claro que, mucho de lo que funcionaba mal o no funcionaba en absoluto en el país tendría que, cuando menos, replantearse para que coadyuvara en el desarrollo de un gobierno al servicio de sus ciudadanos. No por nada, la intención de desaparecer varios organismos autónomos como la Cofece, el IFT o el INAI, tuvo lugar con el fin de ahorrar miles de millones de pesos al gobierno, al ser instituciones onerosas y con procesos parcializados de sus funciones.

    En su ya famoso discurso del 2006, luego de que el Tribunal Electoral favoreciera a Felipe Calderón con el triunfo en los comicios federales, cuando el tabasqueño mandó “al diablo sus instituciones”, tenía claro que hay organismos que sólo sirven para beneficiar a los más poderosos a pesar de que, en su creación, se viese el propósito de que trabajaran en beneficio de todo el pueblo de México.

    Sin lugar a dudas, una de esas instituciones, que más ha beneficiado a los potentados e influyentes políticos conservadores de la nación es el Poder Judicial, integrante de un gobierno que debería rendir cuentas como lo comenzaron a hacer el ejecutivo y legislativo a partir de 2018; sin embargo, el primero ha sido el único de los 3 poderes que no sólo no defiende los intereses del pueblo sino que, con la entrada en vigor de la reforma judicial que promovió el expresidente López Obrador para combatir la corrupción que existe al interior de la máxima corte y sus distintas ramificaciones tanto federales como estatales, ha sido más que evidente que los magistrados y jueces que conforman este sector elitista del gobierno, trabajan para beneficiarse a ellos y a los pocos que puedan rentar sus servicios y que mediante el trámite de amparos, por ejemplo, les ayuden a evadir sus obligaciones legales.

    Desde que comenzó este duelo entre un representante emanado del pueblo y elegido por este y unos personajes que parecen sentir que fueron elegidos por Dios para ejercer su cargo y que sólo por acción divina se les puede juzgar y hacer que cumplan con las leyes que ellos mismos deberían defender, hemos sido testigos de las atrocidades en las que han incurrido los supuestos expertos en derecho para justificar, por ejemplo, tener un sueldo más alto que el Presidente de la República o bien, amparar a criminales comprobados o tratar de imponer su voluntad y declarar inconstitucional la constitución, todos los ejemplos anteriores de manera ilegal, asumiéndose con ello, como la máxima autoridad del país, por encima de los votantes de este.

    Total, que ellos parecen creer en su grandísima soberbia, que al ser representantes de un poder cuya labor es aplicar reglamentos llamadas leyes, establecidas en un acta, denominada Constitución, resulte en que sean los únicos que sepan de leyes en el país. Una verdadera estupidez cuando el presidente de la cámara de Diputados Sergio Gutiérrez Luna, el presidente de la cámara de Senadores, Gerardo Fernández Noroña, el coordinador de la Jucopo de Morena en la cámara de diputados, Ricardo Monreal, Hamlet Almaguer, consejero nacional de Morena, así como los abogados Andrés Repper o César Gutiérrez Priego, por mencionar solo a algunos expertos en la materia, han repetido las inconsistencias e ilegalidades en las que han caído Jueces y ministros para desacreditar y echar abajo una ley que ya no es reforma, sino que forma parte de la propia constitución.

    Ahora surge el ministro “iluminado” González Alcántara Carrancá que se envalentona con una autoridad, que no le confirió un electorado, para sentirse el representante supremo de todos los poderes en México, al decir en entrevista con un comunicador básicamente que, la ley es ley sólo cuando él así lo dice y que si el ejecutivo y legislativo hacen caso omiso de las resoluciones improcedentes del máximo tribunal, como el proyecto que votarán los ministros el próximo 5 de noviembre, para invalidar algunos aspectos de la reforma, entonces México se quedará sin Suprema Corte de Justicia. De risa loca.

    Luego están detrás de ellos, con la intención de justificar sus falacias leguleyas, la horda de corrientes analistas, comunicadores y seudo intelectuales, que les hacen el juego en los medios para convalidar las aberraciones legales que emiten, pero evitan hablar de las huelgas ilegales de los trabajadores del poder judicial, de los sueldos y prestaciones estratosféricas de los ministros o el nepotismo encubierto bajo rectitud, que abarca alrededor del 40% de los puestos de trabajo en dicha institución federal.

    Hoy queda claro que de esos actores políticos (hablamos de ministros y jueces), medios de comunicación y sus empleados, no podemos esperar que exista el apego a los hechos, sino que, por el contrario, parece una encomienda casi divina, que sea la mentira la que prolifere en sus espacios hasta convertirla en ley, no con la intención de apegarse a lo que está legalmente escrito, sino por el amor al dinero que reciben, ya sea del erario o de sus mecenas, y es por esa causa que tratan de convencer a la gente de las mentiras que emplean, lejos de informar con la verdad.

    Siempre alejados del pueblo, siempre alienados de las causas populares, en sus mansiones, con autos de lujo y vistiendo ropa de diseñador, parecen asqueados por los ciudadanos a los que dicen defender. ¿A qué le temen, por qué tienen tanta repulsión a la gente, por qué existe el constante deseo de separarse del pueblo, como si con ello tratarán de evitar acercarse, de ensuciarse o de parecerse a este?

  • “Abrazos, no Balazos (…)”

    “Abrazos, no Balazos (…)”

    El enfoque de López Obrador en materia de seguridad partió de una premisa fundamental: los narcotraficantes son parte de la sociedad civil y, por tanto, forman parte del pueblo mexicano. A diferencia de la estrategia de Calderón, que polarizó la situación bajo una narrativa de “nosotros contra ellos”, la política de seguridad del expresidente más reciente se centró en un enfoque más humano, reconociendo que el desafío no era enfrentar a un ejército extranjero, sino pacificar a una sociedad afectada por la violencia.

    El expresidente panista Felipe Calderón, inició con una estrategia de combate armado de cara a la producción de estupefacientes en nuestro país, su narrativa del problema era muy simplista, únicamente postulaba una contraposición entre dos partes; de un lado podíamos encontrar al Estado mexicano y al pueblo, mientras tanto en el otro sitio se encontraban los narcotraficantes y criminales (como si fueran externos).

    Con la perspectiva dicotómica calderonista, se vuelven comprensibles las razones por las cuales declaró la guerra al narcotráfico. En su retórica, el conflicto se reducía a una lucha de “buenos contra malos”. Esta visión simplista fue lo que desencadenó una masacre nacional, marcando su sexenio un antes y un después en la vida de la mayoría de los mexicanos. Para ese gobierno, que dividía a la población en dos bandos opuestos, incluso la muerte de aquellos considerados “buenos” se justificaba como una “baja colateral más”.

    Sin embargo, en la práctica, la guerra contra el narcotráfico emprendida por Calderón implicó una alianza tácita con un cártel para combatir a otros, lo que llevó a una creciente desdiferenciación entre el gobierno y el crimen organizado. Además, su estrategia estuvo marcada por una subordinación a las políticas de Estados Unidos en materia de lucha contra el crimen, como lo evidenció la operación “Rápido y Furioso”, que dejó en evidencia la cooperación y las contradicciones en la lucha contra el narcotráfico. Sin olvidar por supuesto el aumento del 192% en homicidios dolosos y que su secretario de seguridad ahora está en una cárcel en nuestro vecino del norte. 

    Ahora bien, del otro lado tenemos la estrategia conocida popularmente como “Abrazos, no balazos” de López Obrador. El expresidente morenista dividió su estrategia de seguridad en dos; la que tuvo que implementar al llegar al poder, y la otra que va a dar resultados a largo plazo. 

    En respuesta inmediata, López Obrador optó por extinguir la corrupta Policía Federal y crear la ahora institucional Guardia Nacional. Es importante destacar que, aunque no retiró al ejército de las calles, tampoco hubo órdenes del Ejecutivo federal para llevar a cabo masacres contra la población. Los militares permanecieron en las calles, pero con directrices más humanas bajo el mando civil. Sin embargo, durante su sexenio, sí se cometieron crímenes contra la población, aunque estos fueron responsabilidad de la corrupción propia de nuestras fuerzas armadas y no resultado de una indicación directa del presidente de la República.

    En cuanto a su estrategia a largo plazo, el expresidente se concentró en luchar contra las causas del problema; quiso reparar el tejido social, dar mas oportunidades a los jóvenes de municipios no favorecidos en el pasado, luchó contra la desigualdad y por ende contra la pobreza reinante en este país, dignificó los trabajos regulares mediante la subida del salario mínimo y el control del outsourcing, etc. 

    El expresidente López Obrador rompió con la estrategia de seguridad simplista de los gobiernos anteriores, orientando su política hacia la erradicación de las causas profundas del narcotráfico. Durante su sexenio, se abandonó la lógica del “nosotros contra ellos” para abordar la pacificación de una sociedad sin enemigos externos, como los regímenes del PRI y PAN habían caracterizado a los grupos delincuenciales. En cambio, se buscó entender el problema como una cuestión interna, donde los actores del conflicto eran parte de la misma comunidad que se pretendía proteger y pacificar.

    La icónica frase “abrazos, no balazos”, con la que muchos describieron la estrategia de seguridad de López Obrador, refleja precisamente ese enfoque. Este enunciado simboliza el compromiso de no combatir al pueblo, sino de establecer un gobierno dispuesto a abordar las causas profundas de la crisis de narcotráfico y violencia. Los “abrazos” representan los apoyos y políticas sociales implementadas durante su sexenio, con el propósito de atacar las raíces del problema y construir un entorno de paz a través de oportunidades y justicia social.

    Con el nuevo gobierno, también se reinterpretó esa frase, dándonos con ello un vistazo de cómo será la estrategia de Claudia Sheinbaum en la realidad. Nuestra “nueva” presidenta repite el enunciado, pero le agrega palabras y con ello también lo resignifica.

    “Abrazos no balazos, no es dar abrazos a los delincuentes” – Claudia Sheinbaum

    “Se burlan del presidente, porque dice `abrazos no balazos ´, pues claro que no se trata de dar abrazos a los delincuentes, nadie nunca ha dicho eso”- Claudia Sheinbaum

    Con lo anterior le da un nuevo significado a la frase, ya se está hablando implícitamente de un combate, nuevamente pareciera que se está regresando a un enfoque punitivista. De nuevo existe esta contraposición entre los delincuentes y, del otro lado, el estudiantado, el gobierno, la gente de bien, etc. 

    Y es que esto no solo se queda en el discurso, también hemos visto un cambio en el como se hacen las cosas en materia de seguridad desde el comienzo de este sexenio; sin embargo, aún es muy temprano para hacer un juicio de hechos sobre el actual gobierno.  Por el momento solo queda esperar el seguimiento de una política de pacificación y no de combate. 

  • UN MILLÓN DE VIVIENDAS: LA PROPUESTA DE SHEINBAUM PARA UN MÉXICO MÁS JUSTO

    UN MILLÓN DE VIVIENDAS: LA PROPUESTA DE SHEINBAUM PARA UN MÉXICO MÁS JUSTO

    En México, la lucha por acceder a un hogar digno es una realidad diaria para millones de personas. Los elevados precios de la renta y la compra limitan el acceso a la vivienda, afectando especialmente a familias de bajos ingresos, trabajadores informales y jóvenes que recién inician su vida laboral. Ante esta dura situación, Claudia Sheinbaum ha presentado un ambicioso programa de vivienda que promete construir un millón de hogares. Este plan busca transformar el panorama habitacional del país y se enfoca en la asequibilidad y la accesibilidad. Además de la construcción de viviendas, ofrece condiciones de financiamiento y arrendamiento diseñadas para respaldar a sectores históricamente excluidos de los esquemas tradicionales de vivienda, brindando así una oportunidad real para aquellos que anhelan un lugar al que puedan llamar hogar.

    La gran novedad del programa de Sheinbaum es que no se enfoca exclusivamente en la propiedad privada, sino que incluye opciones de arrendamiento que facilitan el acceso a la vivienda para aquellos que no cuentan con seguridad social o no tienen acceso a servicios de derechohabiencia. Este planteamiento tiene el potencial de beneficiar a trabajadores informales, como quienes trabajan por su cuenta o en empleos temporales, al igual que a jóvenes profesionales que aún no tienen estabilidad laboral.

    A través de esta iniciativa, Sheinbaum apuesta por un modelo que fomente la inclusión social en un país donde, según datos recientes, más de 34 millones de personas viven en condiciones de hacinamiento o precariedad habitacional. La propuesta va más allá de ofrecer una vivienda: busca proporcionar un hogar asequible y adaptado a las posibilidades económicas de los grupos más vulnerables.

    La inspiración para este programa proviene de modelos internacionales en ciudades como Barcelona y Sao Paulo, donde iniciativas similares han demostrado ser efectivas en reducir las desigualdades habitacionales. Estas ciudades han logrado construir viviendas asequibles y de buena calidad en zonas urbanas bien conectadas, integrando así a sus ciudadanos más vulnerables en la vida de la ciudad.

    Sheinbaum pretende seguir un enfoque similar, creando un esquema en el que las viviendas sean accesibles, no sólo en términos de costo, sino también de ubicación. En lugar de relegar a los sectores de bajos ingresos a zonas alejadas, la idea es que estas viviendas estén en áreas urbanas, cercanas a servicios y con buena conectividad, de modo que los beneficiarios tengan acceso a mejores oportunidades de empleo, educación y transporte. La calidad de vida, entonces, no únicamente se mide en términos de una vivienda segura, sino también en la posibilidad de pertenecer y participar plenamente en la vida de la ciudad.

    Uno de los mayores aciertos del programa es su enfoque en ofrecer arrendamiento con apoyo, una opción que en otros países ha mostrado ser viable y justa. Este tipo de arrendamiento permite que las familias y personas puedan acceder a viviendas con requisitos menos restrictivos que los de una compra de vivienda o los arrendamientos en el mercado tradicional. En este esquema, se facilita el alquiler a precios controlados y, en algunos casos, con apoyo financiero del gobierno, lo que abre la puerta a una vida más estable y digna.

    Uno de los aspectos más innovadores de este programa es la inclusión de opciones de arrendamiento y financiamiento sencillas, pensadas especialmente para los jóvenes. En muchas ciudades, los altos precios y requisitos para la compra de una vivienda han convertido el acceso a una casa en algo inalcanzable para los jóvenes trabajadores. En respuesta, Sheinbaum propone un esquema de arrendamiento con condiciones favorables que permitirá a jóvenes acceder a un hogar digno en zonas urbanas, sin enfrentar las limitaciones de los créditos hipotecarios tradicionales.

    Llevar a cabo este programa nacional sin duda exige una coordinación estrecha entre los gobiernos locales, estatales y federales. Será clave que cada entidad se sume al esfuerzo y que los recursos se distribuyan de manera eficaz para garantizar que las viviendas lleguen a quienes realmente lo necesitan. A la par, la participación del sector privado será fundamental para agilizar la construcción y asegurar que se mantengan los estándares de calidad y accesibilidad establecidos.

    Además, es vital que el programa se mantenga enfocado en sus principios de equidad, para que el beneficio llegue a quienes más lo necesitan. Con una implementación eficaz y una visión clara, esta iniciativa tiene el potencial de mejorar la calidad de vida de miles de mexicanas y mexicanos en todo el país, al tiempo que reduce las desigualdades y fomenta comunidades urbanas más cohesionadas.

    El programa de Sheinbaum representa un cambio de perspectiva en la política de vivienda en México. Al enfocarse en la accesibilidad para trabajadores informales, jóvenes y familias sin derechohabiencia, busca dar un paso firme hacia una sociedad más justa e inclusiva, donde el derecho a una vivienda digna no sea un lujo, sino una realidad.

    Este programa es una oportunidad para que México implemente un modelo de vivienda que priorice el bienestar y la inclusión, y si se lleva a cabo con el compromiso y la coordinación necesarios, podría cambiar la vida de miles de personas. Al final, el acceso a una vivienda digna no sólo beneficia a quien la habita, sino que fortalece el tejido social, promueve la integración urbana y crea las bases para un país más equitativo y unido.

    • La columnista, Mariuma Munira Vadillo Bravo, es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales, Subdirectora Ejecutiva en la Unidad de Desarrollo Regional y Bienestar Social del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec, ex Secretaria de la Mujer Oaxaqueña. Puedes contactarla en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira.
  • La dictadura de los jueces

    La dictadura de los jueces

    Juezas y jueces siguen haciendo de las suyas pataleando a más no poder, consumando su verdadero berrinche y rompiendo todas las reglas posibles. Lo único que importa son ellas y ellos mismos y sus intereses mezquinos. Son verdaderas dictadoras y dictadores, se hace lo que ellas y ellos digan. Esa actitud sumamente antidemocrática nos obliga a escribir las siguientes líneas.

    Justicia de mercado

    La justicia en el capitalismo -como era de esperarse- es para quien pueda pagarla. Así lo dictan todos los procedimientos burocráticos super caros del entramado de justicia, también lo confirman las cargadas que existen en los juzgados para favorecer a los dueños del dinero.

    Así tenemos cárceles llenas de personas pobres con casos irregulares donde hablamos de verdaderas injusticias, mientras que los delincuentes de cuello blanco siguen impunes como si nada pasara.

    Con la llegada de la 4t se vino a modificar esa impunidad, pero juezas y jueces han amparado a estos dueños del dinero para mantenerlos a salvo. Si no me creen, pregunten a Salinas Pliego y su gran deuda de impuestos en México y en Estados Unidos.

    Esta justicia corrompida además se hace valer de una supuesta independencia para hacer sus atropellos e invalidar toda iniciativa que venga a mejorar la vida de millones de personas en el pasado y en el actual sexenio. Prefieren defender a empresas extranjeras que al pueblo de México.

    La reforma

    El poder judicial corrupto y lleno de nepotismo no se quiso reformar por sí solo cuando se le propuso a comienzos de la 4t. Ahora que se realiza una verdadera reforma democratizadora de este poder legitimada por 36 millones de personas que votaron por este proyecto salen a llorar y patalear que no.

    Y pues ya saben, no faltan los comentadores de derecha con sus argumentos risibles de “si se necesita una reforma pero pues no ésta” o “MORENA quiere someter al poder judicial al ejecutivo y quitarle su independencia” neta, no sé en qué pinche país han vivido estas personas, si el poder judicial antes siempre dependía del ejecutivo en la práctica y del poder económico como lo sigue haciendo ahora.

    La reforma constitucional que hace que juezas y jueces sean votados por el pueblo de México provocó sus rabietas increíbles. Primero con una huelga patronal suigéneris con todo pagado, después con muchas mentiras en medios de comunicación y termina con la aceptación de muchos amparos para detener esta reforma.

    No importa que legalmente juezas y jueces no pueden amparar contra una reforma constitucional (lo dice la misma ley de amparo), ellas y ellos dicen que si se puede porque pues así lo quieren hacer y son todopoderosos. 

    Con todo y que eso implica un conflicto de interés marcado, no les importa y así sale la misma jueza Nancy Juárez protestando ferozmente en las calles y tres doritos después sale emitiendo un chafa recurso legal contra la misma presidenta amenazando con cárcel para Claudia de no cumplirla. Con todo respeto, pero ¿quiénes se creen?

    Lo que sigue

    Es muy probable que la Suprema Corte de Justicia de la Nación quiera parar ilegalmente la reforma constitucional (así pinta la cosa) lo cual continuaría demostrando que son un chiste y que su idealización de su poder independiente y su carrera judicial no sirven para nada.

    La tarea es la movilización del pueblo de México y una respuesta firme del poder constituyente del congreso popular y de la presidenta. Estamos hablando de que esta batalla es contra un intento ya más serio de lawfare y de demostrar que la gran mayoría del país pesa mucho más que unos cuantos ministros y ministras, jueces y juezas que son los verdaderos dictadores al querer imponer su poder a como dé lugar. 

    Redes sociales

  • PELOTERO A LA BOLA

    PELOTERO A LA BOLA

    Para Fernando Valenzuela. 
    El mejor pitcher de México en la historia del béisbol de Ligas Mayores

    El pasado 22 de octubre, Fernando “El Toro” Valenzuela falleció a los 63 años de edad a tan solo tres días de iniciar la Serie Mundial entre los Dodgers de los Ángeles y los Yankees de Nueva York. “Bueno, es el beisbolista más importante en la historia de nuestro país, Fernando Valenzuela. Hay otros, Beto Ávila y otros muy buenos, pero Fernando es excepcional; es lo mejor, es el mejor pícher en toda la historia del país. Y nos dio mucho gusto el que se haya retirado su número 34”. Es un homenaje a una gran figura. Creo que debería estar en el Salón de la Fama, nada más que ahí sus cosas, pero se lo merece, hay juegos de Fernando que todavía se siguen recordando. Un gran beisbolista” fueron las declaraciones del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador en su conferencia matutina del 17 de agosto del 2023 después que los Dodgers retiraran oficialmente el número 34, desde ese entonces ese número cuelga en lo alto de Dodger Stadium.  

    En esta ocasión, me pareció oportuno escribir una columna sobre el béisbol, no solo para rendir tributo al jugador oriundo de Etchohuaquila, Sonora. Porque me parece oportuno dejar constancia escrita de lo que el llamado Rey de los Deportes puede ofrecer a todos, sin distinción de nacionalidad, religión o posición social. 

    En los albores del siglo XX, la práctica de este deporte fue tan popular entre ricos y pobres de Motul, Yucatán, que la población aprendió a pichear, atrapar y fildear con entusiasmo. Felipe Carrillo Puerto no sólo aprendió a jugarlo, sino que formó en 1904 el Club Motul. Al ser gobernador, fue fomentándolo oficialmente entre la población, las comunidades mayas y haciendas, hasta arraigarlo en el gusto y vida cotidiana de los pueblos. Además, Carrillo Puerto convirtió el juego de pelota en su principal componente estratégico del Partido Socialista del Sureste (PSS) en su campaña de movilización de las bases rurales del régimen revolucionario, como decía “Enseña a combinar la responsabilidad individual con el trabajo en equipo”. 

    Nuestro país ha sido prodigio en victorias dentro del diamante internacional. Beto Ávila, nacido en Veracruz, obtuvo una trayectoria de 11 años en las Ligas Mayores, repartiendo su talento de 1952 a 1955 con los Bravos, Orioles, Medias Rojas de Boston y los entonces Indios de Cleveland. De manera que ganó tres invitaciones al Juego de Estrellas y fue campeón de bateo de la Liga Americana en 1954 con promedio de .341. Por supuesto, no nos podemos olvidar a Fernando Valenzuela, quien se convirtió en el único lanzador en la historia de MLB en ganar el Premio Cy Young y el Premio Novato del Año en una misma temporada (1981), siendo convocado al Juego de Estrellas en seis ocasiones, además de encabezar la Liga Nacional en juegos completos tres veces (1981, 1986 y 1987). El “Toro” ganó dos Series Mundiales con los Dodgers en 1981 y 1988, aunque en esta última no vio acción en la postemporada por una lesión.

    Además de ser un deporte, es también historia, estadística y un arte elocuente que inspira a poetas, periodistas, fotógrafos, locutores y artistas entre otros. Tanto Carrillo Puerto como Valenzuela nos enseñaron a amar este deporte con entusiasmo en un mundo en el que el neoliberalismo promovió la desconfianza en los representantes públicos y el desinterés en la esfera pública. Por lo que es necesario seguir impulsando a aquellas nuevas generaciones que deseen contribuir a la historia del béisbol en México.

  • Abusivos acusan excesos de poder

    Abusivos acusan excesos de poder

    La mayoría de los mexicanos aprueba las acciones de los morenistas en el Poder Ejecutivo y Legislativo, incluso podríamos decir, los excesos en caso de haberlos, los cuales son denunciados por la oposición todos los días. Pero no es lo mismo estar al margen porque los votantes los marginaron de las decisiones que tener voz y voto, los cuales o supieron y, sobre todo no quisieron conservar.

    Suena arbitrario aparentemente el hecho de que pueda afirmarse que los mexicanos podrían apoyar, incluso, los excesos de sus diputados, senadores, incluso de la propia Presidenta, en caso de haberlos. Los explica y los justifica incluso con gusto. La verdad es que hay en la mayoría de la sociedad mexicana mucho rencor contra los conservadores, quienes tuvieron al pueblo subyugado y también contra los medios que mantuvieron a la población encargada. Quieren justicia los mexicanos, no venganza, pero ni una ni otra existe.

    Los conservadores están amparados tramposamente en los usos y costumbres políticas que ellos mismos hicieron ley, así escudados en derechos hicieron de sus excesos algo normal y ahora que no tienen el poder, para ellos todo es un exceso. Lo cierto es que en la raíz de todo acto de justicia está la venganza, las leyes se conformaron para disminuir la venganza para darle un espacio a la razón; sin embargo, al decir que cuando se delinque se agrede a la sociedad, la sentencia es también un acto de venganza, que es un sentimiento demasiado humano. Esto lo explica con gran lucidez Michel Foucault en su libro “Vigilar y castigar”.

    Podría pensarse que la venganza fue considerada un pecado y casi un delito por el poder, previendo que después de su caída podrían cortarles la cabeza.

    Actualmente no hay ex presidente preso, ni comunicador tras las rejas por mentir, ni juez detenido por dar un fallo injusto e ilegal. Las coartadas de éstos son tantas y al mismo tiempo tan débiles, que para fortalecerlas deben acudir a foros en el extranjero y darles solidez. Los ex presidentes están en el extranjero, los periodistas acuden a instancias internacionales para que sus mentiras entren, con calzador, dentro de la libertad de expresión, y los ministros evitan la evolución de su propia especie, quejándose en Harvard por la reforma constitucional, que a pesar de ser ley quieren ampararse, precisamente para mantener privilegios, pero también para evitar la cárcel.

    Los excesos que con conocimiento de la población o no pudieran cometer los legisladores de Morena, no sólo parecen tener el aval de la población, sino que ésta exige mayores acciones. Más de uno quiere ver a un ex presidente, por lo menos a un periodista y a un juez tras las rejas por sus excesos.

    Para un pueblo lastimado por regímenes autoritarios su reivindicación legal y penal siempre será tibia. Los grandes cambios se dieron a partir de los excesos. La Revolución Francesa no hubiera tenido el arrastre social si no le hubiera cortado al cabeza a María Antonieta y a Luis XVI. Hay excesos en la historia que se convirtieron en anécdotas y pasarían por actos justos desde la perspectiva del tiempo.

    Desde entonces el destierro, el exilio y el autoexilio sustituyen la decapitación por guillotina. La radicalización de la derecha en México, no tendría el menor sonrojo de ejecutar personas, con o sin juicio, si se concretara el golpe de Estado que vienen fraguando y que se diluye pero no muere, se detecta pero no se erradica.

    Cuando los conservadores tuvieron el poder se ensañaron contra una parte específica de la población: los pobres. Ahora, que consideran que obligar a pagar impuestos a los empresarios es un exceso claman justicia y lloran por la nostalgia de los jueces perdidos en la batalla contra la corrupción, su corrupción.

    Masacres desde Díaz Ordaz hasta Peña Nieto, se sucedieron una tras otra contra pobres, Tlatelolco, Jueves de Corpus, Río de los Remedios, Aguas Blancas, Acteal, Atenco, Guardería ABC, Tlatlaya, Nochistlán, etc. Pero señalan que obligar a los grandes empresarios a pagar impuestos es un exceso.

    La memoria fortalece la historia, y ésta la hacen los pueblos, aunque haya una parte de la sociedad que quiera estancarla por su nostalgia por el pasado.