Categoría: Opinión

  • Mundial, medicinas y transparencia

    Mundial, medicinas y transparencia

    Mientras el balón rueda y millones de personas observan a México desde todos los rincones del planeta, el Mundial de Futbol 2026 ha demostrado algo que muchas veces olvidamos en medio de la polarización política: seguimos siendo un gran país.

    La Copa del Mundo, organizada por México, Estados Unidos y Canadá, ha resultado hasta ahora un éxito en términos de asistencia, organización y ambiente. Las tres sedes mexicanas, Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey, han mostrado al mundo la mejor cara de nuestro país: la hospitalidad de la gente, la riqueza cultural, la gastronomía, la alegría y la capacidad de organización que caracteriza a los mexicanos. La FIFA reportó cifras récord de asistencia durante los primeros días del torneo, confirmando el enorme interés que ha despertado esta edición histórica del Mundial.

    La Ciudad de México ha vivido jornadas memorables. El renovado Estadio Azteca, hoy denominado oficialmente Estadio Ciudad de México durante el torneo, volvió a colocarse en el centro de la historia futbolística mundial, mientras Guadalajara y Monterrey han recibido a miles de visitantes nacionales y extranjeros que han podido conocer de primera mano lo que verdaderamente es México y, en muchos aspectos, lo que debería ser todos los días: un país cordial, trabajador y orgulloso de su identidad.

    Por supuesto, no todo ha sido perfecto. Monterrey ha enfrentado algunos desafíos derivados de fenómenos climáticos y problemas de infraestructura que inevitablemente llamaron la atención de los medios. También aparecieron intentos de convertir ciertos episodios en herramientas de confrontación política. Nada nuevo. En México pareciera que cualquier acontecimiento, por positivo que sea, termina convirtiéndose en campo de batalla para quienes viven permanentemente en campaña.

    Sin embargo, algo interesante ocurrió: gran parte de la sociedad decidió concentrarse en disfrutar el evento. El futbol terminó imponiéndose sobre la politiquería. Quizá porque la gente está cansada de que todo se convierta en un debate ideológico. A veces un partido de futbol puede unir más que cien discursos políticos.

    Pero mientras el Mundial avanza y los reflectores internacionales apuntan hacia nuestro país, hay otros temas que siguen exigiendo atención.

    Uno de ellos es el sistema de salud.

    En semanas recientes se han realizado anuncios importantes sobre la consolidación del sistema universal de salud y el fortalecimiento del modelo IMSS-Bienestar. La apuesta gubernamental busca integrar los distintos servicios públicos de salud bajo un mismo esquema de atención para los mexicanos.

    La intención es correcta. Nadie puede estar en contra de que una persona reciba atención médica digna independientemente de su condición económica.

    Sin embargo, cuando uno conversa con ciudadanos de distintas regiones del país, la queja sigue apareciendo una y otra vez: la falta de medicamentos.

    Y aquí es donde surge una pregunta legítima.

    Si desde el más alto nivel del gobierno se ha reconocido el problema y se han puesto en marcha estrategias para resolverlo, incluyendo nuevas rutas de distribución y sistemas de monitoreo de suministro, ¿por qué continúan apareciendo reportes de desabasto?

    Los propios medios han documentado durante los últimos meses casos de pacientes que siguen enfrentando dificultades para obtener ciertos medicamentos, mientras las autoridades sostienen que los niveles de abastecimiento han mejorado significativamente. Incluso funcionarios federales han reconocido que todavía existen faltantes en algunas regiones y centros de salud.

    No se trata de buscar culpables por deporte. Se trata de exigir resultados.

    Porque si existe un área donde los perfiles deben ser seleccionados con absoluta rigurosidad es precisamente la salud pública. Lo mismo aplica para la educación y la seguridad.

    En esos sectores no deberían existir cuotas políticas, compromisos partidistas ni nombramientos por amistad. Quien ocupe una responsabilidad de ese nivel debe tener capacidad probada, experiencia y resultados medibles. Exactamente igual que en una gran empresa donde el desempeño determina la permanencia en el cargo.

    La vida de millones de personas depende de ello.

    Otro tema que ha ocupado titulares recientemente son las acusaciones y señalamientos dirigidos contra diversos actores políticos del país por supuestas investigaciones en el extranjero.

    La experiencia nos ha enseñado que las acusaciones pueden ser ciertas, parcialmente ciertas o completamente falsas. En la era digital la información corre a una velocidad impresionante y muchas veces una acusación se convierte en sentencia pública antes de que exista una sola resolución oficial.

    Por eso considero que cualquier funcionario o exfuncionario señalado debería tener interés en aclarar los hechos mediante mecanismos legales y transparentes. Contratar despachos especializados, solicitar acceso a expedientes, presentar aclaraciones públicas y permitir que las investigaciones sigan su curso. La transparencia no debería ser una carga; debería ser una obligación para quien aspira a gobernar.

    Al final, para la ciudadanía resulta complicado distinguir entre una pera y una manzana cuando diariamente recibe versiones contradictorias de los mismos hechos.

    Y hablando de transparencia, sería interesante que los ciudadanos pudiéramos conocer con claridad cómo algunos servidores públicos han financiado su presencia en los partidos del Mundial.

    No se trata de cuestionar que alguien disfrute del futbol. Todos tenemos derecho a hacerlo.

    La pregunta es otra: ¿quién pagó?

    Los palcos VIP, las zonas preferentes y algunos paquetes corporativos alcanzan costos que no están al alcance de la mayoría de los mexicanos. Por ello sería una excelente señal de congruencia que quienes hoy aparecen en esos espacios transparentaran el origen de los recursos utilizados para asistir.

    Si el gasto provino de ingresos legítimos y debidamente declarados, no existe problema alguno. Por el contrario, la información fortalecería la confianza ciudadana.

    La transparencia no debería ser una exigencia exclusiva para los adversarios políticos. Debe aplicarse para todos.

    Mientras tanto, el Mundial continúa y México sigue mostrando su mejor rostro al mundo. Ojalá que cuando se apaguen las luces de los estadios, la misma energía que hoy se destina a organizar un evento global se traduzca también en mejores hospitales, mejores escuelas, mayor seguridad y gobiernos cada vez más transparentes.

    Porque los grandes eventos duran unas semanas.

    Pero los grandes países se construyen todos los días.

  • Marchas y el Mundial

    Marchas y el Mundial

    Empezó el Mundial y los maestros cumplieron su palabra de “seguir con sus protestas”, y han hecho un caos en la Ciudad de México, por no hablar de la destrucción que hacen en sus marchas e intentos por llegar al Estadio Azteca; siempre será el Estadio Azteca. Aun cuando el Gobierno Federal esté en pláticas y negociaciones con estos “maestros”.

    Pero ¿qué piden? Pues esto:

    • La abrogación total de la Ley del ISSSTE de 2007.
    • Rechazan el esquema de las AFORE y exigen volver al sistema solidario.
    • Demandan jubilarse por años de servicio (28 para mujeres y 30 para hombres) y no por edad.
    • Cálculo de pensiones basado en el salario mínimo y no en la Unidad de Medida y Actualización (UMA).
    • Exigen un aumento sustancial directo al salario base, argumentando que los incrementos propuestos por el gobierno (como el ajuste cercano al 9-10 %) resultan insuficientes ante la inflación y el costo de vida.
    • Solicitan mejoras urgentes en el servicio médico y de salud pública, además de mayor equipamiento e insumos para las instituciones educativas.
    • Piden la reinstalación de maestros que fueron cesados en años anteriores y la transparencia en los procesos de contratación y promoción sindical.

    Obviamente, algunas de sus peticiones son imposibles de dar sin afectar a la mayoría de los mexicanos, pero cualquier pretexto es bueno para que los dizques maestros protesten cada año y exijan más y más imposibles. Aunque algunas de las peticiones incumplidas alguien, cuando era candidata, prometió cumplirlas; lo que hacen por llegar al poder. Esas costumbres de los priistas que, de un tiempo para acá, es muy usual ver en el accionar en Palacio Nacional, cuya titular también está más preocupada por las encuestas y su aceptación que por gobernar bien.

    No podríamos olvidarnos de Mahahual, que después de explotar en redes, Presidencia tuvo que actuar, sin contar que ya llevaba meses con el problemita…

    Y menos olvidarnos del feminismo selectivo, porque no ha hecho nada para apoyar a las costureras de Naupan, que bordaron los jerseys de Adidas bajo condiciones en las que trabajaron sin seguro y con menos del salario mínimo, y por supuesto en condiciones que se supone que la ley no permite. No creo que ese feminismo selectivo se deba a que uno de los grandes inversores de Adidas sea BlackRock; seguro es coincidencia, ¿no?

    Porque muy soberanista, hasta que toca un tema de BlackRock, como el Mundial, que pareciera que México se hincó ante las peticiones de la FIFA, no por completo, pero ha accedido… Y ni digamos que BlackRock es inversora en la FIFA por medio de filiales…

    Otra coincidencia. Por cierto, ahora que vimos que la policía sí puede detener y contener las marchas, ¿hará lo mismo con las siguientes marchas? Sí, esas marchas que todos sabemos que terminan en destrucción, como por ejemplo la del 8M. ¿O solo fue para quedar bien con la FIFA? Pero así pasa.

    No se les olvide: este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • Dimensionar monstruosidades

    Dimensionar monstruosidades

    Ya he comentado aquí que la comprensión de grandes montos es algo que se nos dificulta a todos los seres humanos. Definitivamente no evolucionamos para ello, sino para manejar cantidades más bien pequeñas y estimaciones aproximadas. La cognición numérica humana parece haberse originado para resolver problemas adaptativos modestos que muy rara vez se acercaban a las centenas: distinguir unidades y formar conjuntos pequeños, estimar cantidades aproximadas, comparar grupos de gente u objetos, evaluar recursos perceptibles, detectar diferencias cuantitativas relevantes para la supervivencia… Sin embargo, la evolución cultural nos ha colocado ahora en situaciones en las cuales cotidianamente la comprensión del entorno implica el entendimiento de cifras descomunales. Por ejemplo, para entender el mundo actual es necesario que nos entre en la cabeza que nuestro planeta está habitado hoy por ocho mil trescientos millones de personas. Otro: cada día se generan cantidades astronómicas de datos, tantos que se habla de terabytes, petabytes, zettabytes, unidades que expresan magnitudes imposibles de experimentar directamente. Y, claro, la realidad macroeconómica sólo puede expresarse en cantidades estratosféricas: los presupuestos gubernamentales, las deudas públicas, las capitalizaciones bursátiles suelen expresarse en miles de millones o billones de dólares.

    Cuando nos enfrentamos a cifras verdaderamente gigantescas, solemos creer que las entendemos sólo porque sabemos nombrarlas o escribirlas. Pero una cosa es conocer el significado aritmético de un número o una unidad de medida y otra muy distinta poder representarlo mentalmente, dimensionarlo…

    Desde hace tiempo sabíamos que el sudafricano Elon Musk era el hombre más acaudalado del mundo. Sigue siéndolo. La nota que llamó la atención global hace unos días es que se convirtió en la primera persona en acumular un billón de dólares. ¿Y cuánto es eso? ¿Qué cantidad expresa el pequeño vocablo “billón”? Billón en español no es lo mismo que “billion” en inglés. La palabra anglosajona “billion” se traduce en español como “millardo”, mientras que la palabra española “billón” equivale a “trillion” en inglés. Así que one billion (en inglés) y un millardo en español significan lo mismo, así como un billón (en español) y one trillion (en inglés) significan lo mismo. Dicho lo anterior, anotemos: la fortuna de Musk llegó a un billón de dólares, de tal suerte que el señor al que le gusta hacer el saludo nazi es un billonario.

                   Ahora, ¿cuánto es un billón? Un billón es cien mil millones de decenas. También equivale a diez mil millones de centenas. Dicho de otro modo: para reunir un billón de dólares harían falta diez mil millones de billetes de cien dólares. Un billón es asimismo mil millones de miles, o, si se prefiere, un millardo de miles. En suma, un billón no es otra cosa que un millón de millones. Ahora, expresado con un guarismo, un billón es un uno seguido por doce ceros. ¿Se entiende?

    En la revista Spektrum der Wissenschaft, Manon Bischoff publicó hace unos días un artículo en el cual propone una manera que me parece eficaz para más o menos dimensionar la cifra (traduzco):

    Para hacerse una idea más clara de números gigantescos, resulta útil convertirlos en unidades de tiempo. Supongamos que un dólar equivale a un segundo. Una suma modesta de 3,600 dólares equivaldría entonces a una hora. Por su parte, un millón de dólares corresponde aproximadamente a 11.5 días. En cambio, mil millones de dólares representan más de 31.5 años. Y un billón de dólares —la riqueza que Elon Musk posee ahora sobre el papel— equivale aproximadamente a 31,709 años. 

    Y luego pregunta, Now, be honest: Did you expect that? Yo no. No, porque 31,709 es otra cifra difícil de concebir. ¿Cuánto tiempo es eso? Tampoco sirve mucho decir que, si un dólar fuera un segundo, la fortuna de Musk abarcaría un lapso que comenzó mucho antes de la invención de la escritura, de las primeras ciudades, de las pirámides egipcias y de prácticamente todo aquello que solemos llamar historia, es decir, de la civilización. Tal vez resulte un poco más ilustrativo decir que esos 31,709 años equivalen aproximadamente a una décima parte de toda la existencia de nuestra especie. O, expresado de otro modo, en ese lapso, en el tiempo que representa la fortuna de Musk, cabría más de seis veces toda la historia registrada de la humanidad.

    He ahí el problema de los grandes números: sabemos operarlos aritméticamente, pero dejamos de comprenderlos intuitivamente. Observa:

    1 millón de segundos → 11.5 días

    1 millardo de segundos → 31.7 años

    1 billón de segundos → 31,709 años

    La progresión muestra que al agregar apenas tres ceros la intuición colapsa. Once días, treinta años, treinta y un mil años. Los números crecen de manera lineal sobre el papel, pero no en tu imaginación. En cierto punto, la mente se pierde. La progresión revela algo contraintuitivo. Bastan seis ceros adicionales para pasar de menos de dos semanas a un período que supera varias veces toda la historia escrita de la humanidad.

    Hay otra manera de aproximarnos a la comprensión de la cifra. Supongamos que la fortuna de Elon Musk, un billón de dólares, se repartiera por igual entre todos los habitantes de la Tierra. Como hoy somos unos 8,300 millones de personas, a cada una le corresponderían alrededor de 120 dólares. Quizá el resultado parece modesto. Pero reflexione en la escala de la que estamos hablando: con la fortuna de una sola persona, alguien que como usted y como yo solamente tiene dos manos y una boca, es para entregarle una suma de dinero que a nadie le caería mal a cada ser humano vivo del planeta: 120 dólares, poco más de dos mil pesitos. Y aunque la cifra suene pequeña frente al billón de dólares, dos mil pesos para cada ser humano vivo en la Tierra son, en el mundo real, unas 14 hamburguesas o 40 kilos de huevo. Piénselo: mientras para Musk 120 dólares es una cifra que ni siquiera figura en su balance diario, para 8,300 millones de personas, entre los que estamos usted y yo y los millones que actualmente se van a dormir con hambre, sería la diferencia entre pasar hambre o cubrir casi la totalidad de su canasta básica durante un mes. Es decir, con los recursos de una sola persona podríamos financiar el derecho básico a la alimentación de la humanidad entera durante un mes. Que en principio esa cantidad nos parezca ‘modesta’ es prueba contundente de que nuestra intuición ha colapsado frente a la monstruosidad de la concentración de la riqueza.

  • Oprobioso oprobio cabaretero

    Oprobioso oprobio cabaretero

    La poesía es un asunto de espíritus elevados, elegidos y encumbrados, gente de bien, privilegiados entre los privilegiados, no un tema que competa a la torpe sensibilidad de las masas. El pópulo debe admirar a los poetas, no entenderlos. Ni siquiera hace falta que los lean. Lo sucedido con la Casa del Poeta Ramón López Velarde, el que la Secretaría de Cultura de la CDMX haya querido hacer público y cabaretero lo que debe ser solemne y de unos cuantos, no es otra cosa que la desastrosa lógica de quienes creen que pueden tomar la cultura en sus manos.

    El vencimiento del permiso administrativo temporal que tenía la Fundación Casa del Poeta I.A.P., devino en la arbitraria, autoritaria y completamente legal toma de control del inmueble, que forma parte del patrimonio inmobiliario público de la Ciudad de México desde que el gobierno lo comprara en 1989, y la desastrosa iniciativa anti libertaria de arrebatar de las manos de Guillermo Sheridan y su I.A.P. “[…] una apta casita simbólica y casi secreta que nunca había molestado a nadie […]” como él mismo escribió en su columna Minutario en El Universal, y quererla convertir en un cabaret público.

    No hay nada más insultante de las buenas costumbres del bien vivir a costillas del erario, que perder el control de una casita que año con año recibía subsidio del Gobierno de la Ciudad de México, de una casita desde la cual se dictaba, de forma ideologicamente no ideologica y partidariamente no  partidista, el canon de una poesía tan plural que se mantenía abierta a todo aquel que aplaudiera a quienes dictaban el canon.

    Pero si a eso le sumamos que se intentó convertir esa castiza casita secreta en un cabaret, la afrenta deja de ser afrenta y se convierte en atentado ¡¿Qué clase de poesía puede albergar un cabaret?! Alimañas como Tristan Tzara y los dadaístas hicieron del cabaret el epicentro de sus aullidos y manifiestos. La sabandija de Bertol Brecht se apropió del cabaret para politizar el entretenimiento y colocar al espectador en posición crítica ¡Oprobioso orpobio marxista ese de llevar la poesía al populacho y querer politizarlo!

    Entrados en gastos

    El Comité de Defensa de la Casa del Poeta, héroes desideologizados que defienden el ideológico derecho a ser los dueños de la poesía, sostiene que la propuesta de la Secretaría de Cultura de la CDMX de hacer un cabaret en la la Casa del Poeta Ramón Lopez Velarde, implica un conflicto de interés dada la trayectoria cabaretera de Ana Francis Mor, Secretaria de Cultura de la CDMX. Se quedan cortos, el conflicto es mucho mayor, Ana Francis Mor no sólo se ha dedicado al cabaret, lleva años metida en el mundo de la cultura y ahora es secretaría de cultura de la CDMX y, como si eso fuera poco, ¡quiere ejecutar políticas culturales! ¡Oprobioso oprobio transformacional!

    • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.
  • Colectivos ambientales: aliados estratégicos frente a la emergencia climática

    Colectivos ambientales: aliados estratégicos frente a la emergencia climática

    Durante años, los colectivos ambientales han sido vistos por ciertos sectores gubernamentales y, especialmente empresariales como actores incómodos. Sin embargo, al menos para el gobierno, la realidad demuestra lo contrario pues en un contexto de cambio climático acelerado, las organizaciones ciudadanas constituyen uno de los aliados más valiosos para construir respuestas sostenibles y con arraigo territorial.

    El Informe sobre el Riesgo Climático de la Infancia 2026 de UNICEF advierte que prácticamente todos los niños y niñas del planeta están expuestos al menos un riesgo climático, y que alrededor de 1,100 millones enfrentan simultáneamente tres o más amenazas: sequías, inundaciones, calor extremo, tormentas e incendios.

    En ese mismo informe, el organismo subraya que estos fenómenos no solo deterioran el entorno natural, sino que comprometen la salud, la alimentación, el acceso al agua y la educación de las comunidades más vulnerables. En pocas palabras, son las infancias quienes pagan el costo más alto de una crisis que no generaron.

    Por supuesto que México no es ajeno a esta realidad dado que las sequías prolongadas, la sobreexplotación de acuíferos, los incendios forestales y la pérdida de cobertura vegetal son apenas algunos de los desafíos más urgentes. Ante ellos, la administración de la presidenta Claudia Sheinbaum tiene una oportunidad histórica para consolidar una política ambiental que articule capacidad institucional, rigor científico y participación social efectiva, sobre todo porque la mandataria, conoce bien el tema ambiental desde su experiencia científica como de gobierno.

    Pero lo cierto es que la experiencia de nuestro país, así como la de muchos otros, muestra que varias alertas tempranas sobre daños ambientales no provienen de oficinas gubernamentales, sino de comunidades organizadas, ejidatarios, pueblos originarios y colectivos ciudadanos. En ese sentido, desde la defensa de los humedales de Tláhuac hasta las luchas por el agua en distintas regiones del país, la organización social ha permitido identificar riesgos, documentar afectaciones y exigir soluciones donde las instituciones, especialmente en el periodo neoliberal, han resultado insuficientes. Por esa razón, ignorar esa experiencia acumulada sería un error estratégico.

    En la actualidad, el gobierno federal debe abandonar el espíritu neoliberal que se ha empeñado en tratar a los colectivos ambientales como adversarios o como obstáculos al desarrollo. Hoy resulta indispensable establecer mecanismos permanentes de diálogo, consulta y participación con incidencia real en las dz<ecisiones, especialmente porque la protección de los recursos naturales, la restauración de cuencas y la adaptación climática exigen más que nunca una corresponsabilidad genuina entre Estado y sociedad, una corresponsabilidad donde las organizaciones se conviertan en un puente que permita transitar del conocimiento del territorio y vínculo comunitario a la capacidad de acción concreta.

    La Cuarta Transformación ha colocado la justicia social como eje de gobierno y como se ha dejado en evidencia, no puede haber justicia social sin justicia ambiental, así que el cambio climático no sólo debe ser enfrentado desde los gobiernos ni desde los organismos internacionales sino que se debe erigir como una construcción colectiva. La emergencia ya está aquí y el verdadero reto es si tendremos la voluntad política de construir a tiempo las alianzas que esa acción requiere.

    Luis Tovar
    Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH

  • México y sus contradicciones

    México y sus contradicciones

    Querida Denise Dresser, leí tu columna de opinión titulada, “¡Sonrían, buscadoras!”. Y si, ya conocemos tu postura y francamente, tampoco sorprende el tono de tu opinión, para ti, si algo sale bien, es propaganda, si los mexicanos celebran, están manipulados y si el gobierno organiza un evento exitoso, entonces todo es un montaje para esconder la realidad. El guión es conocido y el desenlace también, para ti México es un país condenado al fracaso y leyéndote, da la impresión de que atribuyes a Claudia Sheinbaum prácticamente todos los males nacionales, como si la historia y las responsabilidades acumuladas de décadas comenzaran y terminaran con ella.

    El dolor de las madres buscadoras merece respeto, empatía y el compromiso absoluto del Estado, ninguna celebración, ningún mundial y ningún triunfo deportivo pueden borrar la tragedia de más de 130 mil personas desaparecidas ni el sufrimiento de sus familias. Las madres buscadoras no son enemigas de México, ni aguafiestas, ni adversarias de nadie, son mujeres que han hecho lo que jamás debieron haber tenido que hacer, salir a buscar donde las instituciones fallaron.

    Pero también es importante recordar que esta herida no nació con Claudia Sheinbaum ni con la Cuarta Transformación. Mucho de lo que hoy viven miles de familias es consecuencia de décadas de corrupción, impunidad y, en demasiados casos, de autoridades coludidas con el crimen organizado durante gobiernos del PRI y del PAN. Fue en esos años cuando las desapariciones se dispararon y cuando surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, obligadas a suplir las ausencias del Estado.

    Por eso, reducir esta tragedia a una sola persona o insinuar que la presidenta se burla de las víctimas, resulta una interpretación más cercana a tu activismo político que al análisis equilibrado. La crítica es legítima, pero también lo es exigir contexto y memoria.

    México es un país de profundas contradicciones, es verdad que puede haber una inauguración mundialista, desfiles y alegría popular, y al mismo tiempo familias viviendo una tragedia insoportable. Ambas realidades coexisten. Celebrar no es traicionar a quienes sufren, y protestar tampoco significa apostar contra México.

    Por eso me parece un error plantear que quien expresa entusiasmo por un evento deportivo es insensible, o que quien levanta una fotografía de un desaparecido busca arruinar la fiesta. Ni una cosa ni la otra. México es suficientemente grande para abrazar la alegría y, al mismo tiempo, mirar de frente sus heridas.

    Tampoco ayuda convertir cada declaración presidencial en una prueba definitiva de autoritarismo, ni utilizar el dolor de las víctimas como munición política. La indignación es legítima, pero la responsabilidad intelectual exige reconocer matices. El sufrimiento de más de 130 mil familias merece algo más que discursos incendiarios.

    Dicho esto, tampoco comparto tu idea de reducir a México a una confrontación entre “el país de la fiesta y el país de las fosas”, porque así como ningún gobernante es dueño de la nación, ninguna columnista es propietaria del dolor de las víctimas.

    Las madres buscadoras merecen ser cobijadas por todos, sin distinción política, merecen verdad, justicia y resultados, no convertirse en trofeos de una batalla ideológica. Merecen un país unido en torno a su causa y no una sociedad atrapada en trincheras partidistas.

    La pregunta que ellas hacen desde hace años sigue siendo la misma y debería estar por encima de cualquier disputa. ¿Dónde están?

    Y esa pregunta exige mucho más que columnas incendiarias, discursos partidistas o narrativas apocalípticas. Exige memoria, responsabilidad y un compromiso nacional que trascienda gobiernos, partidos y diferencias ideológicas.

    Porque México no se honra ocultando sus heridas, pero tampoco negándose el derecho a la esperanza y las madres buscadoras merecen algo mejor que ser ignoradas por unos o utilizadas por otros. Merecen verdad, justicia y el abrazo solidario de toda la nación.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Oposición, intento fallido

    Oposición, intento fallido

    Quienes detentaron el poder en el pasado no se adaptan a ser minoría y siguen intentando engañar a los mexicanos diciendo que son millones. La fuerza de los partidos la otorgan los votos, la solidez de los medios la determina el público y de las asociaciones, el número de miembros.

    El PAN, por ejemplo, que hace todavía algunos meses era la segunda fuerza electoral del país, no rebasa los 20 militantes que dan la cara a los medios a declarar sus críticas contra acciones de gobierno, decisiones nombramientos sin trascendencia, pero aquí lo importante no es lo que digan sino los espacios que ocupan, sobre todo, dentro de los noticieros de los medios tradicionales que tampoco se resignan reconocer que cada día tienen menos público.

    Desde meses atrás, los cuestionamientos de los líderes y personajes del PRIAN y MC se han limitado a criticas sin sentido. Cuestionaron el mundial futbol a cuya inauguración finalmente asistieron; también las obras de cuya comodidad disfrutaron, y en medio de aparentes contradicciones sólo queda el eco de la desinformación en el ambiente político. Surge la duda la causa real por la que asistieron al estadio.

    El caso es emerger del anonimato de una reducida militancia para dar la impresión de que son muchos. Esta vez de la oscuridad del PAN surge la figura de una diputada federal del PAN, de los 72 que son para señalar que Laura Itzel Castillo, carece de experiencia, como titular de la Secretaría de Mujeres. Ningún cargo público ocupado por panistas tuvo un titular con experiencia, y los resultados lo comprueban. La experiencia no sólo son años acumulados en la misma actividad sino conocimiento.

    El PAN ha mostrado que tiene mucha gente que ocupa las plurinominales desde hace muchos años y no por ello conocen el cargo. Uno d }e esos casos es el de la actual presidenta de la mesa Directiva de la Cámara de Diputados, Kenia López Rabadán, cuyos errores, han mostrado innumerables veces.

    Los gobiernos del PAN no están fuera de las críticas, el discurso de su actual y anterior líderes, nacionales, tienen fallas imperdonables, producto de la ignorancia y la falta de ejercicio político, pero ahora salen en defensa de la experiencia previa en cargos.

    Esto por desgracia para México, también afecta a los medios, los cuales, antes de aceptar su poca audiencia, responsabilizan al gobierno de cooptar la libertad de expresión, porque son incapaces de aceptar que su estilo de ofrecer información no solo es viejo sino falso. Atribuyen su falta de credibilidad a una censura inexistente y piden apoyo económico a su público que es cada vez más reducido.

    Hay medios que se autodenominan disidentes, más cercanos a la comedia que a la verdad, cuyos directivos aseguran que el gobierno presionó a los empresarios para no anunciarse con ellos, cuando lo que sucede es que a nadie les conviene comprar espacios en medios que nadie ve.

    Los partidos de oposición sin votos y los medios sin auditorio, tienen la costumbre de anunciar millones de mexicanos como apoyo sin tenerlo, y sobre esa representación inexistente intentan hacer valer sus juicios sobre la realidad del país.

  • Colombia decide su futuro

    Colombia decide su futuro

    La segunda vuelta presidencial de Colombia, que se celebrará el próximo 21 de junio, no solo definirá quién ocupará la Casa de Nariño durante los próximos cuatro años; también marcará el rumbo de uno de los debates políticos más importantes de América Latina: ¿profundizar un proyecto de transformación social o regresar a un modelo de gobierno más conservador?

    Tras una primera vuelta sumamente competida, Iván Cepeda, candidato del Pacto Histórico, enfrentará a Abelardo de la Espriella en una elección que refleja la intensa polarización política que vive el país. Sin embargo, más allá de los porcentajes obtenidos en las urnas, esta contienda enfrenta dos formas distintas de entender el papel del Estado, la economía, la seguridad y la democracia.

    La candidatura de Iván Cepeda representa la continuidad de un proyecto político que apuesta por fortalecer los derechos sociales, reducir las desigualdades históricas y consolidar la paz como un elemento indispensable para el desarrollo nacional. En un país donde el conflicto armado dejó profundas heridas durante décadas, hablar de reconciliación no es un simple discurso de campaña, sino una necesidad para construir un futuro más justo e incluyente.

    Uno de los principales atributos de Cepeda ha sido su trayectoria como defensor de los derechos humanos y de las víctimas de la violencia política. Esa experiencia ha convertido a su candidatura en un símbolo para quienes consideran que Colombia necesita fortalecer sus instituciones democráticas desde una perspectiva de justicia social y respeto a la dignidad humana.

    Su propuesta de gobierno busca impulsar una economía que combine crecimiento con redistribución de la riqueza, mediante una mayor inversión en educación, salud, infraestructura y protección social. La idea central consiste en que el desarrollo económico solo puede ser sostenible cuando sus beneficios alcanzan a la mayoría de la población y no permanecen concentrados en unos cuantos sectores.

    Al mismo tiempo, la campaña ha procurado ampliar sus alianzas políticas hacia sectores moderados e independientes, entendiendo que gobernar un país tan diverso como Colombia exige construir acuerdos amplios y fortalecer el diálogo democrático.

    Del otro lado, la candidatura de Abelardo de la Espriella plantea un modelo con mayor énfasis en el libre mercado, la reducción del tamaño del Estado y una estrategia de seguridad más estricta.

    Desde una mirada progresista, la candidatura de Iván Cepeda representa la posibilidad de consolidar un Estado más cercano a las necesidades de la población, donde la lucha contra la desigualdad, la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de los derechos sociales ocupen un lugar central en la agenda pública.

    La elección del próximo domingo no solo decidirá quién gobernará Colombia; también enviará un mensaje sobre el tipo de sociedad que sus ciudadanos desean construir en los próximos años. Sea cual sea el resultado, la segunda vuelta presidencial confirma que Colombia vive uno de los momentos más decisivos de su historia reciente.

  • El impuesto que terminó protegiendo a México

    El impuesto que terminó protegiendo a México

    Donald Trump asegura que la guerra está cerca de terminar. Irán responde que todavía no. Israel mantiene la presión militar. Los mercados reaccionan antes que los diplomáticos y el precio internacional del petróleo comienza a descender. Mientras Washington, Teherán y Tel Aviv negocian el futuro del Estrecho de Ormuz, en México podría estar concluyendo una prueba silenciosa: la demostración de que un impuesto ampliamente cuestionado terminó convirtiéndose en uno de los principales mecanismos de protección económica del Estado.

    La expectativa de un acuerdo entre Estados Unidos e Irán concentra la atención mundial porque el Estrecho de Ormuz no es un punto cualquiera del mapa. Por esa franja marítima circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se comercializa en el planeta. Cualquier amenaza de cierre altera los mercados, presiona la inflación y modifica el costo de los combustibles en cuestión de horas. Bastó la posibilidad de una reapertura para que el West Texas Intermediate descendiera hasta 84.88 dólares por barril, incluso antes de un acuerdo definitivo. Los diplomáticos seguían negociando; los mercados ya comenzaban a ponerle precio a la paz.

    La historia, sin embargo, dista mucho de estar resuelta. Trump sostiene que el entendimiento está prácticamente concluido. Irán responde con cautela y evita fijar una fecha para la firma. Israel mantiene operaciones militares en Líbano y las diferencias con Washington han quedado expuestas. Pakistán y otros actores regionales intentan mantener abiertas las negociaciones mientras cada declaración modifica las expectativas de los mercados internacionales.

    Ese es el punto donde comienza la historia que realmente nos involucra. Mientras la atención mundial permanecía sobre bombardeos, misiles y negociaciones, la Secretaría de Hacienda ajustó semanalmente los estímulos al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios. Para la semana del 13 al 19 de junio el apoyo quedó establecido en 1.02 pesos por litro para la gasolina Magna, cero para la Premium y 2.88 pesos para el diésel. Detrás de esas cifras existe una decisión de política pública cuya relevancia apenas comienza a dimensionarse.

    Durante décadas discutimos el IEPS casi exclusivamente como un impuesto que incrementaba el precio de las gasolinas. Esta crisis obligó a formular una pregunta distinta: ¿para qué puede servir realmente un impuesto? En los momentos de mayor presión internacional, el Gobierno decidió renunciar temporalmente a una parte de esa recaudación para evitar que una guerra ocurrida a miles de kilómetros terminara pagándose en el tanque de gasolina, en el transporte, en los alimentos y, finalmente, en el bolsillo de millones de mexicanas y mexicanos. El IEPS dejó de ser únicamente una fuente de ingresos públicos. Demostró que también puede funcionar como un instrumento de estabilización económica.

    Esa es la verdadera enseñanza de esta coyuntura. La mayor lección quizá no sea militar ni diplomática. Podría ser fiscal. Descubrimos que un instrumento diseñado para recaudar también puede utilizarse para absorber parte del impacto económico de una crisis internacional. Diversos análisis estimaron que, de prolongarse el conflicto durante todo el año, la menor recaudación por estímulos al IEPS podría superar los 220 mil millones de pesos. No fue una pérdida provocada por ineficiencia; fue una decisión deliberada para proteger la estabilidad económica del país.

    Si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán finalmente se consolidara, México no recibiría recursos extraordinarios. Lo que ocurriría sería algo distinto: el Estado dejaría de renunciar gradualmente a una parte de la recaudación utilizada para amortiguar la crisis. Ese espacio fiscal recuperado abriría una discusión mucho más importante que el simple restablecimiento del impuesto. La experiencia podría aprovecharse para fortalecer fondos de estabilización, perfeccionar coberturas financieras, consolidar una planeación energética más estratégica y establecer reglas claras para utilizar el IEPS como un instrumento anticíclico cuando el entorno internacional vuelva a poner a prueba la economía nacional.

    Si el acuerdo entre Estados Unidos e Irán logra consolidarse, el mundo hablará de paz, de petróleo y de geopolítica. México también debería hablar de las lecciones que una crisis internacional deja para el diseño de sus instituciones. Durante estos meses, el IEPS demostró que puede ser mucho más que un impuesto: puede convertirse en un mecanismo de estabilización económica cuando las tensiones globales amenazan el bienestar de las familias. La mayor aportación de esta experiencia no será haber contenido una coyuntura, sino haber demostrado que la política fiscal también puede ser una herramienta de resiliencia.

  • Las perritas de Trump

    Las perritas de Trump

    Antes de que alguien se ofenda por el título, aclaremos algo. Cuando hablamos de las “perritas” o los “cachorros de Trump” no nos referimos a una condición personal, sino a una conducta política: la de aquellos personajes que repiten obedientemente los discursos, intereses y obsesiones de Donald Trump y de la ultraderecha estadounidense, incluso cuando éstos chocan frontalmente con los intereses de México. Son quienes ladran las mismas consignas sobre migración, programas sociales, soberanía energética o seguridad; quienes justifican presiones extranjeras contra su propio país y quienes parecen más preocupados por agradar a Washington que por defender la dignidad nacional. No es una cuestión de simpatías personales, sino de subordinación política. Y en México, por desgracia, cada vez abundan más los aspirantes a cachorro del trumpismo.

    No es un fenómeno nuevo. Ha existido desde el siglo XIX, cuando sectores conservadores apoyaron intervenciones extranjeras contra su propio país. Lo vimos durante las invasiones, durante el porfiriato dependiente del capital extranjero y durante buena parte del periodo neoliberal, cuando la soberanía nacional parecía un concepto incómodo para las élites económicas.

    Hoy esa tradición tiene nuevos rostros. Uno de los más visibles es Ricardo Salinas Pliego (a quien le gritaron perrita de Trump jaja), empresario que se ha convertido en una de las voces más estridentes de la derecha mexicana. Su discurso suele coincidir con los argumentos de la ultraderecha internacional: ataques permanentes a los programas sociales, desprecio por el papel del Estado, defensa irrestricta de las élites económicas y una narrativa donde cualquier política redistributiva es presentada como una amenaza.

    Pero lo más llamativo no es su posición ideológica. Lo verdaderamente revelador es la facilidad con la que reproduce discursos importados directamente de Estados Unidos.

    Cuando sectores vinculados al trumpismo atacan a México, cuestionan su soberanía o promueven visiones intervencionistas, rara vez encuentran resistencia en estos grupos. Por el contrario, muchas veces encuentran eco.

    Es la paradoja de una oposición que se envuelve en la bandera cuando habla de política interna, pero guarda silencio cuando desde el extranjero se cuestiona la capacidad de México para decidir su propio destino.

    La misma lógica puede observarse en otros personajes de la oposición. Algunos exfuncionarios, exdirigentes partidistas y comentaristas mediáticos han convertido la política nacional en una especie de sucursal de las guerras culturales estadounidenses. Hablan más de los debates del trumpismo que de los problemas reales de las comunidades mexicanas.

    Repiten consignas contra el “socialismo”, aunque ni siquiera puedan definirlo.

    Denuncian supuestas dictaduras mientras participan libremente en medios, redes y espacios públicos.

    Defienden la libertad de mercado, pero pocas veces hablan de la libertad de millones de mexicanos para vivir sin pobreza.

    Y cuando Washington presiona, amenaza o intenta influir en decisiones internas de México, suelen encontrar argumentos para justificarlo.

    Ahí aparece la verdadera diferencia política. Desde una visión soberanista, la relación con Estados Unidos debe construirse desde el respeto mutuo entre naciones. Cooperación, sí. Subordinación, no.

    Porque México puede tener diferencias internas profundas y legítimas. Puede haber debates intensos sobre economía, seguridad o democracia. Lo que no debería existir es una disposición permanente a colocar intereses extranjeros por encima de los nacionales.

    La historia mexicana está llena de personajes que entendieron esa diferencia. Desde Benito Juárez hasta Lázaro Cárdenas del Río, la defensa de la soberanía fue un principio fundamental de la vida pública.

    La pregunta de fondo es sencilla: cuando los intereses de México y los intereses de Washington entren en tensión, ¿de qué lado se colocará cada actor político?

    Algunos ya dieron su respuesta hace tiempo. Y no precisamente del lado de México.

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