Categoría: Opinión

  • Redes de poder e impunidad: el expediente abierto de Inés Gómez Mont

    Redes de poder e impunidad: el expediente abierto de Inés Gómez Mont

    Al amparo de fortunas desmedidas, contratos opacos y apellidos influyentes, se consolidan estructuras de protección que frenan en seco el brazo de la ley. Pero la impunidad no es un concepto abstracto: pisotea derechos y deja huellas reales. Detrás de cada expediente encarpetado hay mujeres y ciudadanos de a pie que enfrentan la amarga certeza de que exigirme cuentas al poder se convierte en una batalla brutal, asimétrica y desgastante.

    Por Amarande Riojas Orozco
    Jueza de Distrito en Materia Penal

    Un verdadero termómetro del Estado de derecho en México no radica en el papel de la ley, sino en la fuerza con la que esta se aplica. No podemos maquillar la realidad: para el ciudadano de a pie, el sistema de justicia es una maquinaria implacable que desgasta, cobra y castiga; mientras que, para las élites del poder, ese mismo sistema se vuelve dócil, lento y complaciente, disolviendo delitos en tecnicismos e impunidad.

    El caso de Inés Gómez Mont vuelve a exhibir una de las contradicciones más dolorosas de nuestro país: la distancia entre quienes tienen dinero, relaciones y apellidos que abren puertas, y quienes deben enfrentarse prácticamente solos a instituciones que no siempre responden con la oportunidad y firmeza que exige la justicia.

    Durante años, la exconductora de televisión convirtió su riqueza en un espectáculo público: bolsas de marca, joyas, ropa de diseñador, viajes y múltiples propiedades conformaban una exhibición permanente de privilegios. Sin embargo, detrás de esa fachada de ostentación surge una pregunta inevitable: ¿estamos ante una figura pública que construyó su patrimonio con el esfuerzo de su trabajo, o ante una pieza clave dentro de una red de delincuencia de cuello blanco que la instrumentalizó? Hoy, esa interrogante se estrella contra la realidad de los hechos: su nombre está formalmente relacionado con investigaciones federales por presuntos delitos de delincuencia organizada, operaciones con recursos de procedencia ilícita y defraudación fiscal.

    La gravedad de este caso no es menor: la Fiscalía General de la República ha confirmado la vigencia de tres órdenes de aprehensión libradas por jueces federales. No hablamos de simples errores administrativos, sino de cargos muy graves por delincuencia organizada, lavado de dinero y defraudación fiscal. La ruta del dinero revela cómo el erario terminó convertido en el botín de unos cuantos, mientras la gran mayoría de la gente común se esfuerza cada día para salir adelante.

    Lo más indignante y alarmante es de dónde salió ese dinero. Estamos hablando de contratos por más de 2 mil 450 millones de pesos que fueron saqueados y triangulados a través de empresas fantasma directamente desde el sistema penitenciario federal. Pensar que recursos destinados a la seguridad pública, a las cárceles del país y al orden del Estado terminaron convertidos en lujos personales, bolsas de marca y cuentas millonarias es una bofetada a la sociedad. Es la radiografía más cruda de cómo operan las redes de cuello blanco, vaciando el dinero que le pertenece a México para alimentar la avaricia de la impunidad.

    Tras años de evadir a las autoridades, su detención en Florida el pasado 30 de octubre de 2026 no ocurrió por la ejecución directa de las órdenes de aprehensión dictadas en México, sino por una simple infracción migratoria en Estados Unidos. Aunque la Fiscalía General de la República confirmó que la solicitud de detención provisional con fines de extradición se formalizó ante el gobierno estadounidense desde septiembre de 2025, habiendo entregado ya todos los mandamientos judiciales necesarios, el hecho resulta exasperante para la sociedad. La pregunta que hoy se hacen millones de mexicanas y mexicanos es inevitable: ¿cuánto tiempo más debe transcurrir para que una investigación de esta magnitud llegue, por fin, a rendir cuentas ante los tribunales?

    No escribo para anticipar culpabilidades. Desde la trinchera de la judicatura federal, conozco el peso sagrado de la presunción de inocencia, el valor irremplazable de la prueba y la exigencia estricta del debido proceso. Nadie puede ni debe ser condenado por su estilo de vida, sus amistades o su apellido. Pero hay un límite que no podemos cruzar: no confundamos jamás el respeto a los derechos fundamentales de un procesado con la tolerancia institucional ante investigaciones que exigen, con urgencia, resultados tangibles y justicia plena.

    El problema no se agota en el nombre de Inés Gómez Mont. El verdadero desafío de la justicia consiste en rastrear y desmantelar la red completa que hizo posible este entramado de corrupción, caiga quien caiga, siempre que las pruebas así lo acrediten.

    Porque miles de millones de pesos del erario no se esfuman por arte de magia. Si detrás de esta historia hubo contratos simulados, facturas falsas, empresas fantasma creadas para triangular recursos y maniobras financieras para esconder el destino final del dinero, la ley debe alcanzar por igual a quienes autorizaron, facilitaron, cobraron o encubrieron cada firma y cada transferencia.

    Los servidores públicos que firmaron o miraron hacia otro lado, los contratistas que se enriquecieron, los intermediarios que movieron los hilos y cualquiera que haya puesto su estructura al servicio del saqueo, deben responder en lo individual ante los tribunales. En un auténtico Estado de derecho no hay espacio para investigaciones a medias que se frenen ante nombres de peso, ni responsabilidades que se borren mágicamente con las llamadas o influencias correctas.

    Como bien señaló la politóloga Viri Ríos en un análisis reciente para Radio Fórmula junto a Enrique Acevedo, el fondo de este problema va mucho más allá de una sola persona: expone la red oculta que une la facturación falsa, las grandes fortunas, los contratistas consentidos y los intereses políticos. Cuando los recursos públicos se desvían mediante operaciones simuladas, el daño no es solo fiscal; se lastima a todo el país y se debilitan las instituciones que deberían protegernos.

    Cada peso del erario tiene un destino social indiscutible. No es botín de ninguna familia, ni propiedad de un empresario influyente, ni caja chica de ningún funcionario. Es el dinero del esfuerzo diario de las mexicanas y los mexicanos.

    Fui víctima de violencia sexual y viví en carne propia el agravio de la violencia institucional y la corrupción. Denuncié a Javier Lozano Ponzanelli y a Gabriel Castañeda Gómez Mont, primo de Inés Gómez Mont. La mención de este lazo familiar no es accesoria ni busca colgarle a la conductora una responsabilidad que no le corresponde; el parentesco no es complicidad. La pertinencia de nombrar este vínculo radica en exhibir cómo el reflector público, los apellidos de peso y las redes de privilegio de esa esfera social terminan blindando a quienes delinquen a su sombra.

    No escribo sobre el tráfico de influencias ni sobre la impunidad como abstracciones teóricas de un manual de derecho. Escribo desde la indignación y el desgaste real de haber enfrentado a un sistema que se dobla ante los apellidos influyentes y tolera fueros de facto. La falta de una respuesta judicial firme no es simple omisión: es una forma de perpetuar la violencia. Como jueza penal federal, Asumo la voz y la investidura que tengo no para callar, sino para denunciar estas redes de protección. La justicia en este país no puede seguir arrodillándose ante el apellido ni el dinero de los agresores.

    Ser jueza penal federal no me ha hecho olvidar lo que se siente estar del otro lado, lo que significa ser víctima. Al contrario, me recuerda todos los días la urgencia de que cualquier persona pueda tocar la puerta de una institución sin tener que preguntarse primero cuánto poder tiene quien le hizo daño, o si el abogado de la contraparte tiene la llamada directa con las autoridades u opera con ellas para obtener un resultado favorable injusto. Esa es la trampa que alimenta y perpetúa la justicia selectiva en México, y es la que debemos romper.

    La violencia no termina con la agresión: se prolonga cuando el peso de la opinión pública, los reflectores y el blindaje mediático de personajes como Inés Gómez Mont terminan inclinando la balanza para encubrir a su entorno. Es indignante comprobar cómo la palabra de una víctima pierde valor cuando choca contra el muro de las relaciones de poder, la complicidad de las autoridades y la protección comprada en los medios de comunicación.

    Por mí, por la esencia misma de mi responsabilidad pública y el mandato de mi investidura, dedicada a alcanzar la verdad y aplicar la ley de forma imparcial, me niego rotundamente a normalizar el silencio. Como jueza y como mujer, me niego a aceptar que el tráfico de influencias que opera en las fiscalías y en las pantallas de televisión determine la suerte de quienes exigimos justicia. Quienes se creen intocables tras la coraza del dinero y la fama deben entender algo muy claro: la justicia no se negocia y la ley termina por alcanzarlos.

    Ninguna persona debe resignarse a la impunidad solo porque su agresor o contraparte presuma dinero, apellidos conocidos o influencias en las cúpulas del poder. El supuesto prestigio del que se vanagloria el entorno de Inés Gómez Mont no es más que una fachada para disfrazar su verdadera naturaleza: una red de cuello blanco que utiliza el privilegio social como escudo para violentar y evadir la justicia. Detrás de sus apellidos no hay mérito alguno; hay corrupción.

    Esta no es una historia aislada, sino el patrón que enfrentan miles de mexicanos al denunciar a los poderes fácticos en México: persecución, procesos interminables y campañas mediáticas para desacreditar su testimonio. Sin embargo, el dinero y las relaciones públicas no borran el delito. Ante la ley, ningún apellido está por encima de la verdad.

    La ley debe ser igual para quien no tiene nada que ofrecer, para quien tiene millones y para quien cree que su apellido lo protege de las consecuencias de sus actos.

    No se trata de criminalizar la riqueza, ni de negar el derecho de cualquier persona a defenderse. Se trata de impedir que el poder económico se convierta en una herramienta para obstaculizar investigaciones, intimidar víctimas o conseguir un trato distinto frente a la justicia.

    El caso de Inés Gómez Mont debe llevarse hasta sus últimas consecuencias jurídicas, sin atajos ni impunidad. Las autoridades tienen la responsabilidad de rastrear los fondos públicos sustraídos, esclarecer el destino de esos recursos y garantizar que todas las personas señaladas comparezcan ante los tribunales conforme a derecho. 

    Dentro de esta trama no puede descartarse que ella misma haya sido utilizada como un instrumento o la fachada de una red más amplia de hombres con poder que se sirvieron de su figura y fama para operar. Por eso, la investigación debe ser exhaustiva, para determinar con precisión las responsabilidades que individualmente le correspondan, pero también para identificar y procesar a todos los demás participes. 

    Esa misma firmeza debe aplicarse a los casos de violencia contra las mujeres, deben haber investigaciones serias y con perspectiva de género, protección efectiva y autoridades independientes que no concedan ningún trato de favor por el dinero, el apellido o las influencias de la persona denunciada.

    Como juzgadora, no puedo prometer resultados ni anticipar sentencias, pero sí puedo defender una convicción que no cambia dentro ni fuera de un tribunal: ninguna persona debe estar por encima de la ley.

    México no necesita más fortunas inexplicables, ni familias convencidas de que un apellido o una red de influencias las coloca por encima de la ley. Necesita instituciones firmes, dispuestas a investigar sin miedo a los poderes fácticos, a juzgar sin ceder a presiones y a proteger a quienes se atreven a romper el silencio.

    Porque detrás de cada expediente hay seres humanos. Detrás de cada peso sustraído al erario hay escuelas sin recursos, hospitales desabastecidos y necesidades sociales que jamás fueron atendidas. Y detrás de cada mujer que alza la voz contra la violencia o la impunidad, hay una historia que exige ser escuchada con dignidad, no sepultada por la complicidad.

  • ¿Arde Europa?

    ¿Arde Europa?

    Algo se está moviendo en Europa, y no es poca cosa. Después de años de políticas neoliberales, gobiernos alejados de la gente, desigualdad, precariedad laboral y una ultraderecha que pretende vender el autoritarismo como solución, los pueblos están volviendo a las calles.

    En estos países las protestas tienen sus propias causas, pero comparten un hartazgo, el costo de la vida, los alquileres imposibles, los salarios que no alcanzan, la precariedad, la defensa de las pensiones y el rechazo a políticas que privilegian a unos cuantos mientras millones sobreviven haciendo malabares, el descontento termina por estallar.

    Y esos recursos que deberían de irse a políticas públicas, al desarrollo y beneficio para los ciudadanos, se están empleando para guerras que ni siquiera son suyas, el dinero de los poderosos sigue financiando y avalando un genocidio, porque no hay democracia, justicia ni humanidad cuando se financia la muerte de un pueblo.

    Y aquí viene algo muy interesante, algo que mueve, saber que la ultraderecha no es invencible. Y América Latina también tiene algo que decir. 

    Brasil, con Lula, demostró que la unidad puede cambiar el rumbo y frenar a la derecha. México lo hizo en 2018 después de décadas de gobiernos neoliberales, millones salimos a las urnas, sacudimos el viejo régimen y abrimos paso a Andrés Manuel López Obrador y a la Cuarta Transformación. Hoy, con Claudia Sheinbaum al frente, ese proyecto continúa, con una mujer presidenta que representa la voluntad de millones de mexicanos de no regresar al pasado.

    No fue magia ni un regalo del poder, fue la voluntad de un pueblo que decidió que las cosas podían ser diferentes y que sigue defendiendo ese camino en las urnas y en la vida pública.

    Y ahora también, increíble, Estados Unidos muestra señales de que la democracia puede recuperar terreno frente al autoritarismo y la polarización de la ultraderecha.

    Por eso, lo que sucede en Europa no debería mirarse como un asunto lejano.

    Que nadie se confunda la democracia no consiste solamente en votar cada cierto tiempo, también consiste en tener derechos, oportunidades, justicia y una vida digna.

    Que lo entiendan bien quienes añoran el viejo régimen, los pueblos no están condenados a obedecer ni a soportar malos gobiernos. 

    ¡Bendita democracia, esa  que sirve para sacar del poder a quienes se creen dueños de los países! ¡Bendita democracia, esa que se defiende en las urnas, en las calles, con organización, conciencia y dignidad. 

    Lo viví en primera fila, Europa me permitió mirar de frente algo que desde lejos quizá no se alcanza a dimensionar, caminar entre las consignas, sentir la tensión en las calles, observar a los jóvenes organizándose, a la policía replegarse, y encontrarte, de pronto, con toques de queda, esto no es una postal turística, es la inconformidad de los pueblos haciéndose presente. Y ahí, entre el ruido, la indignación y las calles tomadas, entendí que algo está cambiando.

    Amsterdam, Bruselas, París, Roma, y España son escenarios de un descontento que no puede reducirse a una simple inconformidad pasajera. 

    Después de vivirlo en estas calles, ver a la gente manifestarse, exigir y levantar la voz es una chispa que enciende conciencias, mueve la historia y para mí es una bocanada de aire fresco, fueron vivencias que me llenaron de fuerza y esperanza.

    Les mando un abrazo fraterno

  • Resurrección del Politécnico

    Resurrección del Politécnico

    Por primera vez en la vida del Instituto Politécnico Nacional, es decir 90 años, estudiantes, docentes y trabajadores participarán en la elección de los aspirantes a la dirección general de dicha institución.

    Anteriormente la decisión era personal del Jefe del Ejecutivo, y la Presidenta Claudia Sheinbaum anunció que se democratizaría dicha elección, a partir de un universo de seis perfiles, tres mujeres y tres hombres, propuesta por la comunidad politécnica y la decisión final permanecerá en manos de ella. El 1 de diciembre, las seis candidaturas con mayor respaldo serán presentadas a la mandataria federal.

    La debacle económica y educativa del Politécnico inició su etapa más grave desde la llegada del PAN al gobierno, con la designación de Yoloxóchitl Bustamante, que no sabía que hacer con la institución que obligó a ese organismo político a nacer como partido.

    El PAN nace tres años después del Politécnico, como reacción conservadora ante el temor de que en el instituto proliferara la educación socialista anunciada por Lázaro Cárdenas al momento de darle vida.

    El politécnico dejó de ser noticia en los medios convencionales, porque éstos prefieren hacerle un hueco informativo a un instituto que al mismo tiempo que tiene raíces populares, se convierte en un reto que puede convertirse en la vanguardia del estudiantado mexicano que es protagonista y conciencia de la vida política del país.

    La indiferencia del panismo en el poder, fue creciendo hasta llegar a lo que es ahora. Hay descuido en la infraestructura, en el sistema educación y la administración se convirtió en un botín de ladrones.

    Ahora no sólo debe revertirse la intención homicida del PAN sino reactivar la educación, y el primer paso fue permitir a la comunidad que elija a las personas que reúnen las cualidades que el instituto exige.

    En realidad, son pocos los que cuentan con un historial limpio en su carrera y reúnen los requisitos que el artículo 13 de la Ley Orgánica establece que los aspirantes a la Dirección General deben ser mexicanos por nacimiento, mayores de 30 años y contar con título profesional de una licenciatura cursada en el propio Instituto, con una antigüedad mínima de cinco años.

    Desde luego que hay muchos acomedidos y hasta el actual director general impulsa personas que le cuiden las espaldas, pero la comunidad conoce a sus compañeros y sobre todo, está consciente el momento por el que atraviesa el país y el planeta, de ahí que su decisión tiene una trascendencia que supera toda ambición o protagonismo.

    Los politécnicos apuestan por la transformación profunda luego de un largo periodo de opacidad, entre las propuestas están varios profesionales que llaman la atención como es el caso de Elizabeth Barba Villafán, con experiencia suficiente para regresarle al Politécnico la gloria que merece y fue la primera en inscribirse en este histórico proceso.

    Barba Villafán se ha desempeñado como servidora pública en los últimos 30 años en labores jurídicas, Administración y Enajenación de Bienes, IMSS, PGR, Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales, entre otras.

    Habrá que pagar la deuda con los politécnicos y convertir el rezago en punta de lanza para que vuelva a ser la caja de resonancia de la conciencia crítica del país capaz de cambiar la historia.

  • La sentencia del agua exige cumplimiento real en Ecatepec

    La sentencia del agua exige cumplimiento real en Ecatepec

    En la Quinta Zona de Ecatepec, una familia puede ganar un amparo y seguir esperando agua. El reto es impedir que la sentencia termine extraviada entre reportes de pipas, obras pendientes y cambios de gobierno. ¿Cómo hacer que su cumplimiento llegue a las colonias y sobreviva al siguiente ayuntamiento?

    La Quinta Zona es un sector de Ecatepec integrado por colonias y unidades habitacionales como Alborada de Aragón, Fuentes de Aragón, Valle de Anáhuac y El Chamizal. El desabasto conecta sus problemas cotidianos.

    El 24 de agosto de 2026, la Suprema Corte resolvió los amparos en revisión 13/2026 y 14/2026, promovidos por habitantes de esa zona del Estado de México. Los juicios comenzaron en 2021 y llevaron a tribunales un problema estructural compartido por distintas colonias. Cientos de personas reclamaban agua suficiente; muchas habían quedado fuera de la protección judicial por no acreditar formalmente su domicilio.

    La Corte corrigió esa barrera. Consideró desproporcionado exigir comprobantes de domicilio o contratos de servicio en comunidades con pobreza, rezago y asentamientos irregulares. Reconoció sus declaraciones bajo protesta de decir verdad, acompañadas de indicios y elementos del contexto. La falta de papeles no debía cerrarles también la puerta de la justicia.

    El mandato inmediato es concreto: garantizar a las personas amparadas un mínimo de 100 litros diarios de agua potable para uso personal y doméstico, preferentemente mediante la red. Cuando eso resulte materialmente imposible, podrán utilizarse pipas u otros medios, con registros verificables de entrega y supervisión sanitaria.

    Aquí está la diferencia entre abastecer y aparentar cumplimiento. Reportar recorridos o fotografiar camiones no demuestra cuánta agua llegó a los hogares ni en qué condiciones. Las pipas, por sí solas, no acreditan cumplimiento: las autoridades deben demostrar cantidad y calidad, y los juzgados comprobar que lo ordenado se materialice.

    La respuesta también exige atender el origen del desabasto: diagnosticar la red de la Quinta Zona, reparar fugas, combatir tomas clandestinas y sostener un programa de infraestructura. Aunque los amparos protegen directamente a quienes los obtuvieron, las fallas del sistema atraviesan colonias enteras. Las entregas de emergencia deben acompañarse de obras que permitan depender cada vez menos de ellas.

    Esa tarea rebasa al ayuntamiento. Involucra a SAPASE, el organismo municipal de agua; a la Comisión del Agua del Estado de México, y a Conagua. La coordinación ordenada por la Corte necesita traducirse en proyectos, responsables y compromisos presupuestales identificables. Cada obra requiere saber quién aporta el dinero, quién la ejecuta y cómo se comprobarán sus resultados.

    Las elecciones municipales de 2027 y el cambio de administración a inicios de 2028 vuelven urgente esa coordinación. El tiempo restante debe aprovecharse para avanzar y preparar la continuidad, sin aplazar un abastecimiento que ya es exigible. La transición política debe organizar el cumplimiento, nunca convertirse en motivo para postergarlo.

    El riesgo está en que cambien los equipos, se pierdan diagnósticos o se revisen prioridades mientras las obras quedan suspendidas. Por eso, la entrega de gobierno debería incluir expedientes completos, recursos comprometidos, avances comprobables y pendientes con responsables. La obligación pertenece a las instituciones y continúa aunque cambien quienes las encabezan.

    Para vigilar esa continuidad, las comunidades de la Quinta Zona necesitan conocer qué se ordenó y cómo comprobarlo. Difundir las resoluciones en lenguaje sencillo permite contrastar los informes oficiales con lo que ocurre en cada colonia: cuánto llega, con qué frecuencia y bajo qué controles sanitarios. Esa información debe alimentar la discusión pública y el seguimiento judicial.

    Desde JUSTA impulsamos propuestas todavía en diseño: un Observatorio Ciudadano y un semáforo de cumplimiento. El primero permitiría reunir evidencia territorial sobre suministro, calidad, obras y presupuesto; el segundo facilitaría identificar avances, estancamientos y retrocesos. Su utilidad dependerá de criterios públicos, fuentes comprobables y actualizaciones periódicas. La vigilancia ciudadana necesita el mismo rigor que exige a las autoridades.

    Las personas que obtuvieron el amparo también pueden informar al juzgado sobre deficiencias en el cumplimiento. Los registros vecinales ayudarían a contrastar lo reportado por las autoridades, sin trasladar a las familias la responsabilidad de abastecer ni la función judicial de verificar.

    La Quinta Zona pondrá a prueba cuánto dura una victoria judicial cuando cambia el poder. Sus habitantes ya llevaron la falta de agua a tribunales; hacerlos empezar de nuevo después de cada elección prolongaría la misma injusticia. La sentencia habrá cumplido su propósito cuando abrir la llave deje de depender de quién ocupa la presidencia municipal.

  • La memoria de Carlos Manzo no es propiedad del Movimiento del Sombrero

    La memoria de Carlos Manzo no es propiedad del Movimiento del Sombrero

    A un año del asesinato de mi paisano Carlos Manzo, hay una exigencia que debería estar por encima de cualquier interés político: justicia. Sin embargo, el Movimiento del Sombrero parece cada vez más ocupado en convertir su muerte en una plataforma electoral que en garantizar que se conozca toda la verdad.

    La figura de Manzo se ha convertido en un capital político. Una de sus viudas, Grecia Quiroz, heredó la presidencia municipal de Uruapan y ahora deja abierta la posibilidad de buscar la gubernatura de Michoacán en 2027. Es legítimo que cualquier persona aspire a participar en política, pero resulta cuestionable que una tragedia de semejante magnitud termine siendo el principal trampolín de un proyecto electoral.

    La exigencia de justicia no puede convertirse en un cheque en blanco, ni en una herramienta para golpear adversarios o construir candidaturas. Mucho menos cuando las investigaciones han revelado un panorama bastante más complejo de lo que el discurso político del movimiento ha querido reconocer.

    Las autoridades han señalado al crimen organizado, particularmente al Cártel Jalisco Nueva Generación, como responsable del asesinato. También se han documentado detenciones y posibles filtraciones de información desde el entorno municipal. Incluso el círculo cercano de Manzo ha quedado bajo investigación. Son hechos y líneas que deben esclarecerse hasta sus últimas consecuencias, sin proteger a nadie y sin importar su cercanía política o personal con el exalcalde o con la presidenta actual. 

    Y aquí está una de las mayores contradicciones: quienes hoy se presentan como los principales herederos del legado de Carlos Manzo tendrían que ser los primeros interesados en que se investigue absolutamente todo, incluso aquello que pueda incomodarles.

    La marcha del aniversario de su asesinato también dejó preguntas. Pese a la expectativa de una gran movilización nacional y a la presencia de contingentes de otros municipios y estados, la convocatoria quedó lejos de proyectar esa fuerza multitudinaria que el movimiento presume en sus redes y discursos. La cobertura periodística reportó alrededor de 3 mil asistentes. La diferencia entre el ruido digital y la capacidad real de movilización merece una reflexión.

    Carlos Manzo merece memoria, pero sobre todo merece verdad. No podemos asegurar qué pensaría hoy de quienes conducen su movimiento, pero sí podemos cuestionar que su nombre se utilice para alimentar aspiraciones personales mientras siguen existiendo preguntas fundamentales sobre su asesinato.

    No se trata de defender a ningún partido ni de cerrar investigaciones. Se trata de entender algo elemental: la justicia no es un botín político y el dolor de una familia no puede convertirse en una campaña electoral.

    Que se investigue a todas y todos, que se castigue a los responsables y que se conozca la verdad. Ese sería el mejor homenaje a Carlos Manzo. Lo demás, por más sombreros que se pongan, es política.

    Redes sociales

  • Trump lanza a su títere a Haití

    Trump lanza a su títere a Haití

    Todas las trampas para impedir el triunfo de Luiz Inacio Lula da Silva, fueron tendidas, en ninguna cayó la población despierta de Brasil.

    Se manipularon resultados, sabotearon el transporte público, alteraron algoritmos, toda una serie de agresiones a la democracia y al pueblo brasileño. Finalmente, y a pesar de los sabotajes de la derecha ganó la voluntad popular.

    Los mecanismos legales de Brasil recogieron los pasaportes de Flavio Bolsonaro. Sin las redes sociales y los medios convencionales era un candidato no sólo débil sino prácticamente inexistente. Sin embargo, era la última arma de la derecha brasileña, carente de líderes, de razón de ser, de consignas y política propia, como sucede en México con la derecha. Se quedó fuera de la jugada de la política.

    Inmediatamente, se inició el proceso de legitimidad de Bukele como del próximo líder de Latinoamérica, y Estados Unidos puso a su títere a bailar.

    La estrategia se plantea en dos frentes, al interior de El Salvador, Bukele tendrá que sacar de la cárcel a la mitad de los pandilleros para permear entre la población una propaganda que lo lleve al triunfo electoral el 28 de febrero del próximo año.

    Son más de 50 mil pandilleros adoctrinados en la cárcel para inducir el voto a favor del Eterno Presidente de El Salvador.

    En lo exterior, se orquestó una invasión a Haití, financiada por Estados Unidos, aunque diga Bukele que sólo el 10 por ciento sería su participación, en realidad fue financiada en su totalidad por la Casa Blanca.

    Cuba tendrá que encender sus alertas al tener un ejército enemigo como el de El Salvador a 500 kilómetros. La movilización de las tropas salvadoreñas no tendrá como objetivo final la derrota de las pandillas haitianas.

    Con permiso de las autoridades de Haití, que no las hay en realidad, y la anuencia del vecino de ese país, República Dominicana, Bukele llega con 2 mil soldados a exterminar a las pandillas, integrada por delincuentes sin entrenamiento, con hambre y sueño y armados con los despojos que Estados Unidos les vende.

    Desde ahora la clase media latinoamericana , a la que costó décadas enteras a la derecha para convencerla de que el principal problema de sus países era la inseguridad, apoyan las medidas de Bukele y lo ponen de ejemplo.

    La popularidad de Bukele disminuye rápidamente en El Salvador, de ahí la necesidad de soltar a la mitad de los pandilleros, que tenía en prisión como un trofeo a su vocación para violar los derechos humanos, poque se dedicó a integrar como pandilleros a los disidentes y los metió en una misma celda sin miramientos.

    Las cárceles de El Salvador crearon una sensación en algunos sectores de la región, sobre todos de la derecha, que intentan copiar el diseño; sin embargo, las consecuencias de centrar atención y presupuesto a meter a la cárcel a todos arrojaron problemas en otros rubos que quedaron olvidados como la educación, la vivienda y la salud, motivos por los que Bukele y la derecha tendrá cada día menos votos, pero si el plan de Haití resulta como esperan puede recuperar terreno dentro y fuera de su territorio.

  • De sectas, invasiones y mentiras

    De sectas, invasiones y mentiras

    En el territorio que hoy ocupa la República Mexicana, desde que era tierra de caza, se han padecido invasiones de diversa índole. La mayoría de los Pueblos Originarios padecieron el dominio de imperios que se sucedieron unos a otros, en casi todos los casos eran dominados previa invasión o por la fuerza de las armas y la superioridad numérica y de capacidad de ataque. Así sucedió con las naciones circundantes y tributarias del Imperio Azteca, quienes, por cierto, nunca pudo con los Tarascos.

    Entre los del centro del país, el norte y el sur y sureste, había contactos importantes de intercambio de mercancías y de conocimientos. Xochicalco es una prueba interesante de ello.

    Sin embargo, los Mexicas o Aztecas tenían por costumbre invadir para expandirse, igualito que hicieron el Imperio Otomán, el Imperio Romano y cada imperio del que se tenga memoria en la historia de la humanidad. Los nazis de Hitler y Mussolini también intentaron avanzar así, tal como hizo Francia en África o Portugal en Brasil y la misma España en Nuestra América e Inglaterra en la costa del Atlántico al norte, ya fuera del Golfo de México.

    En nuestros días, el imperio que pretende formarse es el Imperio Sionista, que no es Judío, ni responde al Dios Judío, ni Cristiano, ni Musulmán, que en esencia son el mismo y Su historia se narra de la misma forma en los libros que corresponden a cada una de esas formas en que la fe se manifiesta.

    A Palestina la invadieron los sionistas, que usan las mismas estrategias de los fascistas y pretenden adueñarse de ese territorio asumiéndose como Israel, aquel Pueblo elegido por Dios, como si los hechos históricos que narran los libros del llamado “Pentateuco” en la Biblia Católica, que se cumplieron en la antigüedad nunca hubieran ocurrido. 

    Así y mintiendo a su propia gente y a la de otros países quieren irse adueñando de voluntades ignorantes, de sus territorios y de los recursos naturales que contienen. La mentira y la sumisión son su estrategia fundamental, así vemos a miembros de iglesias pentecostales y evangélicas siguiéndolos ignorando, sin decoro ni vergüenza, las enseñanzas de Jesucristo. Al parecer, dejaron de creer en Él y en su Evangelio, para dar paso a las ideas del Antiguo Testamento que fueron superadas y realizadas todas en Jesucristo.

    Usar la espiritualidad de las personas, es el acto mas vil y condenable del que se puede tener conocimiento. Me parece incluso peor, que los discursos de odio y de supremacía con que convencían a las juventudes Adolfo Hítler y sus secuaces. 

    Los ataques de Donald J. Trump al Papa León XIV y a la Iglesia Católica dentro de los Estados Unidos, no son sino signo claro de su filiación sionista y fascista; ha perdido toda la vergüenza y dignidad que se esperaría de un Jefe de Estado tan poderoso como él. Hace sin rubor, igual que sus cómplices criminales, afirmaciones falsas y llenas de mentiras y de posturas contrarias a cualquier principio democrático.

    En México, el Estado en su conjunto, sigue sin reaccionar ante las “invasiones” aparentemente pacíficas de sionistas en Chiapas, Yucatán, Jalisco, Campeche y Quintana Roo. Siendo estos, sin contar a Tabasco, los estados con la mayor reserva de agua dulce, uranio y otros minerales, que son el verdadero objetivo del imperio sionista en formación. 

    El Estado Mexicano tiene la obligación de proteger su soberanía, desde evitar que Texas se adueñe de las islas del Río Bravo, hasta detener, a como de lugar, la invasión sionista por el sur. Aparentemente ni siquiera lo ha advertido, o…. ¿Será que está de acuerdo? Si así fuera, el Pueblo será capaz de responder.

    La Presidenta de México, tiene tantos frentes que atender, que parecería que vive una guerra de desgaste por todo lados: los medios tradicionales, los pleitos en su partido, los ataques trumpistas, las amenazas texanas, las traiciones de gobernadores de Chihuahua, Jalisco y Nuevo León, la presión constante para que no se apoye a Cuba, los constantes rumores y mentiras que vierte la oposición y más. Todos ellos basados en el consejo del nefasto Alazraqui; miente, miente, miente, como estrategia política. 

    Si Sheinbaum acude al Pueblo para enfrentar a cada uno de estos frentes, obtendrá resultados positivos, pero tendrá que comprometerse más con las causas populares y de los trabajadores. Así se aparece el panorama.

  • Cuauhtémoc Cárdenas: cuando las convicciones inspiran generaciones

    Cuauhtémoc Cárdenas: cuando las convicciones inspiran generaciones

    Hay personas cuya influencia en otros no termina con su vida. Permanece en quienes las escucharon, en las decisiones que ayudaron a despertar y en las generaciones que encontraron en su ejemplo una razón para participar. Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano es una de ellas. Su trayectoria forma parte de la historia democrática de México, pero también de muchas historias personales. La mía comenzó con los relatos que escuchaba en casa desde niña.

    Mi abuela, María Ena Medina Castro de Orozco, comenzó su participación política junto al ingeniero Cárdenas. En 1985 fue postulada por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) como candidata propietaria a diputada federal por el Distrito XVIII del Distrito Federal. A través de ella, mi padre tuvo la oportunidad de conocerlo. Aquellos encuentros despertaron en él el interés por la política y la transformación democrática del país. Años después, presidió el Partido de la Sociedad Nacionalista y fue diputado federal durante la LVIII Legislatura, de 2000 a 2003. Su partido formó parte de la coalición Alianza por México, que postuló nuevamente al ingeniero Cárdenas a la Presidencia de la República.

    Así, una historia que comenzó con mi abuela continuó con mi padre y llegó hasta mí a través de sus recuerdos. Crecí escuchándolos hablar del ingeniero Lázaro Cárdenas, del trabajo que realizaron y de lo que significó para ellos participar en aquella etapa de la vida nacional. Por eso menciono sus trayectorias: porque forman parte de la historia familiar en la que crecí y me permiten explicar de dónde vienen algunos de mis propios referentes. En casa, el nombre de Cárdenas evocaba una época de organización, esperanza y compromiso con México. Mucho antes de comprender su dimensión política, aprendí, a través de sus experiencias, que el servicio público podía ser una manera de contribuir al país y mejorar la vida de su gente. Con los años, entendí que aquellas historias también habían dejado una huella en mi manera de concebir la responsabilidad y vocación de servir.

    Para entender por qué Cuauhtémoc Cárdenas despertó una movilización que marcó la historia de México, hay que regresar a 1986. Junto con Ifigenia Martínez y Porfirio Muñoz Ledo, encabezó la Corriente Democrática dentro del PRI. Cuestionaban un sistema en el que las decisiones se concentraban en la dirigencia, sin escuchar a la militancia, ni a la ciudadanía. Exigían que la elección de quienes aspiraban a gobernar el país no dependiera de la voluntad de unos pocos que buscaban conservar sus privilegios. El enojo y la inconformidad llegó al punto de quiebre en 1987, cuando la dirigencia priista respaldó a Carlos Salinas de Gortari como candidato presidencial. Cárdenas y quienes compartían aquella postura abandonaron el partido. Romper con el PRI significaba desafiar a una estructura que durante décadas había concentrado el poder y se resistía a abrir espacios para otras voces.

    El 14 de octubre de 1987, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM) postuló a Cárdenas como candidato a la Presidencia. Aquella candidatura pronto rebasó las fronteras de un partido. El 12 de enero de 1988 se constituyó el Frente Democrático Nacional, una alianza que reunió a organizaciones, fuerzas políticas y ciudadanos de distintas regiones y convicciones. Lo que estaba ocurriendo iba mucho más allá de una contienda electoral. La inconformidad dejó de expresarse únicamente en los espacios políticos y llegó a las calles, las plazas y las comunidades de todo el país. Miles de mexicanos comenzaron a exigir algo fundamental: que el pueblo pudiera decidir su propio destino. Ya no querían limitarse a observar cómo unos cuantos privilegiados decidían por ellos; querían que su voto se respetara, que su voz tuviera consecuencias y que las decisiones del país también pasaran por sus manos. Para aquellos que se sumaron al movimiento, sabían que no se trataba solamente de apoyar a un candidato, sino de reclamar algo que nunca debió negárseles: el derecho de ser protagonistas de la historia de su propio país. Así fue como el 6 de julio de 1988, millones de mexicanos acudieron a las urnas. La elección quedó marcada por la interrupción del cómputo de los votos, en un episodio que pasó a la historia como la “caída del sistema”. A ello se sumaron las denuncias de fraude, las irregularidades y las acusaciones de presiones durante el proceso electoral. Finalmente, Carlos Salinas de Gortari fue declarado ganador, pero para millones de mexicanos aquel resultado dejó una pregunta que sigue pesando en nuestra historia: ¿se había respetado realmente la voluntad del pueblo expresada en las urnas?

    Para quienes habían participado en el movimiento, no se trataba solamente de perder una elección: estaba en juego el respeto a la voluntad expresada en las urnas. La indignación no terminó con el resultado. Tampoco desapareció la organización que había nacido en las calles y comunidades del país. Quienes habían comenzado a participar no estaban dispuestos a regresar al silencio. El movimiento continuó hasta que, el 5 de mayo de 1989, se fundó el Partido de la Revolución Democrática (PRD), del que Cárdenas fue fundador y primer presidente nacional. Porque una vez que el pueblo descubre que puede organizarse y exigir que su voz sea tomada en cuenta, es difícil convencerlo de que vuelva a permanecer al margen.

    Cárdenas volvió a contender por la Presidencia en 1994 y, en 1997, fue elegido por voto popular como el primer jefe de Gobierno del entonces Distrito Federal. En el año 2000 participó nuevamente en la contienda presidencial. Pero su historia no se explica solamente por las veces que buscó gobernar el país, ni por los cargos que llegó a ocupar. Su trascendencia también está en haber contribuido a romper la resignación de una sociedad a la que durante décadas se le había hecho creer que las decisiones del poder no estaban en sus manos. Su participación en la defensa de la soberanía, los recursos nacionales y la justicia social estuvo acompañada de una movilización que llevó a miles de personas a organizarse, cuestionar el poder y exigir que su voluntad fuera respetada. Porque un país no cambia únicamente cuando alguien llega al gobierno; también cambia cuando su gente pierde el miedo a levantar la voz, deja de aceptar que otros decidan por ella y descubre que tiene derecho a escribir su propia historia.

    Tras conocerse su fallecimiento, llegaron mensajes de condolencia y reconocimiento de representantes de distintas fuerzas políticas, incluidos antiguos adversarios. Ese hecho también merece una reflexión: reconocer la relevancia de una trayectoria no significa compartir todas las decisiones de quien la protagonizó. La democracia necesita diferencias, pero también respeto y capacidad para reconocer las aportaciones de quienes han seguido otros caminos.

    Este 31 de octubre se cumplirán dos años de la muerte de mi padre. Al mirar sus fotografías junto al ingeniero Cárdenas y recordar las historias que me contaba, pienso en la manera en que una persona puede influir en otras vidas sin llegar a conocer el alcance de su ejemplo. Cárdenas inspiró a mi padre; mi padre me transmitió esa inquietud por participar y servir. Hoy, como jueza federal electa en materia penal, entiendo que esa herencia no consiste en repetir el camino de quienes nos precedieron, sino en asumir nuestras propias responsabilidades con honestidad.

    Desde la judicatura, esa vocación tiene una expresión concreta: impartir justicia sin privilegios ni influencias, con independencia e imparcialidad. El servicio público pierde su sentido cuando se utiliza para beneficio propio o para colocarse por encima de los demás. Su razón de ser es responder a la sociedad y proteger los derechos de las personas.

    La historia de Cuauhtémoc Cárdenas no se limita a sus candidaturas, los partidos que encabezó o los cargos que ocupó. También está en quienes, a partir de su ejemplo, decidieron participar en la vida pública, organizarse y trabajar por un país distinto. Esa influencia no se mide únicamente en resultados electorales; también se encuentra en las vocaciones que despertó y en las personas que acercó a la tarea de construir democracia.

    Al recordar al ingeniero Cárdenas, inevitablemente vuelvo a mi abuela y a mi padre. Pienso en aquella niña que creció escuchando sus historias, sin imaginar que algún día tendría la oportunidad y la responsabilidad de servir a México desde una función pública. Entonces no alcanzaba a comprender la dimensión de aquellos relatos; hoy entiendo que, sin proponérselo, me estaban transmitiendo una forma de amar al país y de asumir un compromiso con su gente.

    Mi abuela encontró en Cárdenas un ejemplo que la llevó a participar; mi padre hizo suyo ese compromiso y yo tuve la fortuna de crecer escuchando sus experiencias. No pretendo comparar mi camino con el de ellos ni con el de quienes protagonizaron aquella etapa de nuestra historia. Me basta reconocer que recibí de ambos una enseñanza que sigue dando sentido a mi vida: servir a México exige convicción, honestidad y disposición para trabajar por los demás. Quizá esa sea una de las mayores enseñanzas del ingeniero Cárdenas: que el ejemplo de una persona puede trascender su tiempo, llegar a hogares que nunca conocerá y despertar en otras generaciones el deseo de contribuir. Porque los ideales no pertenecen a quien los pronuncia, sino a quienes los convierten en acciones. Y mientras haya mexicanos dispuestos a trabajar por un país más justo, la esperanza que inspiró aquella generación seguirá encontrando quién la mantenga viva.

  • La religión y la ultraderecha: instrumento de dominación

    La religión y la ultraderecha: instrumento de dominación

    En los últimos años hemos visto a figuras de la ultraderecha, tanto en México como en otras partes del mundo, apropiarse del lenguaje bíblico, invocar “mandatos divinos” y presentarse como defensores de la fe frente a supuestas amenazas seculares. Este fenómeno no debe leerse como un simple renacer espiritual ni como la expresión sincera de convicciones personales de líderes conservadores. Se trata, más bien, de una operación política de largo aliento cuyo objetivo es reforzar el orden social existente y blindar los intereses de las clases dominantes bajo un manto de legitimidad trascendente.

    El poder de las elites económicas nunca ha dependido exclusivamente de la fuerza bruta o del control policial. Como explicaron hace décadas distintos teóricos de la ideología, la dominación de clase se sostiene, sobre todo, mediante la producción y reproducción de un sentido común compartido: un conjunto de creencias, valores y símbolos que hacen aparecer como natural, inevitable o incluso deseable un orden que en realidad beneficia a unos pocos.

    La familia, la escuela, los medios de comunicación y, de manera muy destacada, las instituciones religiosas, cumplen esta función. Cuando la ultraderecha recurre a la Biblia no está simplemente buscando votos entre creyentes; está activando una de las maquinarias más eficaces jamás construidas para moldear la conciencia popular.

    El mecanismo es sutil pero poderoso. Al apelar a un “mandato sagrado” o a una supuesta guerra cultural en defensa de “los valores cristianos”, el discurso ultraderechista deja de hablarle al trabajador como trabajador —es decir, como alguien con intereses materiales concretos, con un salario que no alcanza, con una jornada que se extiende, con derechos laborales erosionados— y comienza a hablarle como “fiel”, como “hijo de Dios”, como parte de un “pueblo creyente” indiferenciado. Esta sustitución de identidades no es inocente: borra, de un plumazo, la línea que separa al empresario del obrero, al terrateniente del campesino, al dueño del capital de quien vende su fuerza de trabajo. Todos quedan unidos, en el discurso, bajo una comunidad abstracta de fe que oculta las contradicciones económicas reales que los enfrentan.

    Esta amalgama cumple una función doblemente útil para quienes están en la cúspide de la pirámide social. Por un lado, desvía la atención de las demandas materiales —salarios dignos, vivienda, salud, educación pública— hacia disputas simbólicas sobre moral sexual, género o “los valores tradicionales”. Por otro, convierte cualquier crítica al orden económico en una amenaza no solo política sino espiritual, en un ataque contra Dios mismo, lo cual dificulta enormemente la construcción de alianzas de clase entre personas creyentes y proyectos de transformación social. El resultado es una ciudadanía que vota y se moviliza no en función de sus intereses materiales inmediatos, sino en defensa de una identidad religiosa que, paradójicamente, termina protegiendo los intereses de quienes menos la necesitan.

    En países como México, donde la religiosidad popular tiene raíces profundas y un arraigo cultural que trasciende clases sociales, esta estrategia resulta particularmente eficaz. No hace falta que la ultraderecha invente una nueva ideología desde cero: le basta con recodificar símbolos, relatos y figuras religiosas ya existentes y ponerlos al servicio de una agenda que, en el fondo, favorece al capital transnacional y a las oligarquías locales. La imagen de Cristo, la retórica de la persecución religiosa, el lenguaje del sacrificio y la salvación, se resignifican para presentar a los propios privilegiados como víctimas de un supuesto “avance secularista” o de gobiernos que buscan redistribuir la riqueza.

    Reconocer cómo se instrumentaliza la religión políticamente no implica negar la fe de millones de personas, sino exigir que el debate público distinga entre la espiritualidad genuina y su uso como herramienta de legitimación del statu quo económico.

  • El perfil demográfico chilango II

    El perfil demográfico chilango II

    Geográficamente, las demarcaciones territoriales centrales de la Ciudad de México (CDMX), de norte a sur, son: Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán. Las demarcaciones orientales, también de la más norteña a la más sureña, son: Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta. Finalmente, las occidentales son: Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, La Magdalena Contreras y Tlalpan. En la parte más céntrica de la ciudad vive poco más de un millón y medio de personas, es decir, apenas el 16% del total de la población chilanga.

    En las demarcaciones territoriales de occidente residen 2.74 millones de habitantes, o sea, tres de cada diez pobladores de la CDMX. En consecuencia, resulta que la mayoría de la gente que habita en el Oriente de la capital del país: casi cinco millones de seres humanos, el 54% del total de la población de la entidad. En las tres demarcaciones territoriales centrales, con una superficie conjunta de 120.3 km2, la población relativa es de 12,478 habitantes por kilómetro cuadrado, una densidad bastante mayor que la que se reporta en las demarcaciones orientales y occidentales de la CDMX: 6,676 y 4,384 habitantes por km2, respectivamente.

    Dicho en corto, la población capitalina se concentra en el norte del territorio de la entidad. Resulta que en las cinco demarcaciones territoriales del sur (Milpa Alta, Tlalpan, Xochimilco, Tláhuac y La Magdalena Contreras) viven poco menos de dos millones de personas, esto es, dos de cada diez habitantes de la CDMX. Quizá alguien suponga que es una proporción más o menos equitativa, considerando que estamos agrupando cinco de las 16 demarcaciones territoriales; sin embargo, entre ellas están las más extensas: en conjunto, estas demarcaciones representan la mitad de la superficie total de la CDMX (50.7%). Así que, en la otra mitad del polígono, la mitad norteña, viven ocho de cada diez habitantes de la capital del país.

    Ahora, si dividimos el polígono de la CDMX, tan parecido él a un corazón humano, en cuadrantes, es decir, marcando una cruz, cuyos ejes vertical y horizontal se crucen en el centro geométrico de la entidad, ¿en qué cuadrante se concentra la mayor parte de la población chilanga? En el cuadrante noreste, drásticamente: basta considerar que en él quedan ubicadas la demarcación territorial más poblada, Iztapalapa con sus casi dos millones de habitantes, y prácticamente todo el territorio de la segunda más poblada, la Gustavo A. Madero, con casi 1.2 millones.

    También a partir de los datos de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI para la Ciudad de México, sabemos que el promedio general en la entidad de ocupantes por vivienda es de 3.0, en tanto que de ocupantes por cuarto al interior de la vivienda es de 0.8. Al analizar estas variables por demarcación territorial y agruparlas según los conjuntos geográficos propuestos, se aprecian contrastes significativos vinculados al perfil socioeconómico y habitacional de la capital. En las demarcaciones centrales (Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán), la presión sobre el espacio habitacional es menor en términos absolutos por hogar —con promedios que oscilan entre los 2.3 ocupantes en Benito Juárez, 2.5 en Cuauhtémoc y 2.9 en Coyoacán—, reflejando también una menor densidad de ocupación por cuarto (desde 0.5 en Benito Juárez hasta 0.7 en Cuauhtémoc y Coyoacán). Por el contrario, en las demarcaciones orientales y occidentales se registran valores ligeramente más elevados y diversos; por ejemplo, hacia el oriente y sur, alcaldías como Milpa Alta alcanzan 3.6 ocupantes por vivienda y 0.9 por cuarto, mientras que en el poniente, Álvaro Obregón registra 3.1 ocupantes y Cuajimalpa o La Magdalena Contreras reportan 3.3 y 3.2 ocupantes por vivienda respectivamente.

    En última instancia, la cancha de voleibol en la que teóricamente nos acomodamos cada uno de las y los chilangos no es homogénea: es una topografía desigual donde la paradoja metropolitana cobra todo su sentido. La CDMX nos aprieta en el centro y en el oriente mientras nos da aire en las faldas del sur, recordándonos que tras cada cifra de densidad hay una manera distinta de vivir, convivir y habitar la capital. Las formas en que nos distribuimos en el territorio y nos apretujamos o desahogamos dentro de las paredes de nuestras casas revelan que la capital no es una realidad espacial homogénea, sino un mosaico vivo de contrastes sociodemográficos que no para de transformarse. De esos contrastes y del rostro cambiante de sus hogares seguiremos dando cuenta.

    @gcastroibarra