Categoría: Patricia Gordillo

  • La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    Hay frases que, por más que intenten maquillarlas, terminan exhibiendo una forma de entender el poder, y la panista Natalia Torres soltó una de esas perlas al plantear que para obtener la credencial para votar debería aplicarse un examen.

    O sea en otras palabras, no todos deberíamos decidir el rumbo del país, y bueno, esto no es tan nuevo, durante siglos sirvió para negar derechos a quienes “no estaban preparados”, primero fueron los pobres, luego los indígenas, después las mujeres y, en general, cualquiera que no perteneciera a la élite de turno.

    Curiosa manera de entender la democracia, ahora resulta que el propósito ya no sería convencer al electorado con ideas, con propuestas, sino empezar a seleccionar quién merece ser parte del electorado, háganme el bendito favor.

    No puedo evitar el darle a mi pensar el toque feminista, lo que propone Natalia Torres es una enorme contradicción, una mujer proponiendo filtros para ejercer un derecho que otras mujeres tuvieron que conquistar con décadas de lucha. El voto femenino en México no cayó del cielo ni fue un regalo de los partidos conservadores, esos espacios fueron conquistados gracias a décadas de lucha del movimiento feminista por el sufragio femenino, la igualdad jurídica, las cuotas de género y la paridad, generaciones que enfrentaron burlas, discriminación y exclusión para demostrar algo que hoy parecen olvidar, la ciudadanía no se mide con un examen.

    Lo preocupante no es solamente una declaración desafortunada, lo preocupante es que encaja perfectamente con una corriente política que ha ido ganando espacio en distintas partes del mundo.

    Una ultraderecha que se presenta como defensora de la “libertad”, pero que con demasiada frecuencia termina decidiendo hasta qué libros se pueden leer, recuerdo el caso del panista Carlos Abascal y el famoso libro Aura, una ultraderecha que también imponen qué derechos se reconocen, quién puede amar a quién, qué pueden hacer las mujeres con su vida y, ahora, hasta quién puede votar.

    En México esa narrativa por supuesto encontró eco, cada vez que el voto popular no favorece a ciertos grupos, aparece la misma cantaleta: “la gente votó mal”, “la gente fue manipulada”, “la gente no entiende”, es más fácil concluir que el pueblo está equivocado que aceptar que la ciudadanía simplemente no los respaldó. Porque cuando alguien empieza a decidir quién merece votar, la pregunta inevitable es, ¿quién aplicaría el examen? ¿Quién redactaría las preguntas? ¿Quién decidirá qué respuestas son las correctas? Y, sobre todo, ¿quién vigilaría a los que se creen con autoridad para repartir certificados de ciudadanía?

    (No creo que se lo encomendarían a la UNAM, y bueno, esa es otra historia.)

    No cabe duda que la “derecha” en nuestro país, sino se atora, se enreda. Imagínense, creen que elegir a nuestros gobernantes es un privilegio reservado para unos cuantos.

    Tal vez por eso la propuesta causó tanto ruido, no porque fuera una ocurrencia aislada, de la profesora de teoría constitucional en la UP, sino porque dejó ver, sin demasiados rodeos, una idea que la derecha lleva tiempo pensando en voz baja, si no pueden convencer a la mayoría, quizá la solución sea reducir quiénes forman parte de esa mayoría.

    En todo esto encontramos una ironía difícil de ignorar, mientras millones de mujeres siguen defendiendo derechos que costaron décadas de conquistar, hay quienes, desde la comodidad de un micrófono parecen más preocupadas por levantar nuevas barreras que por derribarlas. La historia recordará que hubo mujeres que abrieron puertas para que otras pudieran entrar y también recordará a quienes, una vez adentro, quisieron volver a cerrarlas.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    Esa es la pregunta que cada vez más personas nos hacemos. ¿Hasta cuándo se seguirá tolerando la política de Estados Unidos que deriva en abusos, arbitrariedades y, en la muerte de migrantes?

    ¿Hasta cuándo las acciones de ICE seguirán acumulando denuncias de abusos, sin que haya investigaciones transparentes y responsabilidades claras?

    No estamos hablando de cifras estamos hablando de hombres y mujeres que salieron a trabajar, no a declarar una guerra, de seres humanos que durante décadas han contribuido a la economía estadounidense y que merecen no ser perseguidos y asesinados.

    Hay que exigir responsabilidades, utilizar todos los instrumentos diplomáticos y legales disponibles, denunciar las violaciónes a los derechos humanos y dejar claro que la vida de un mexicano no puede tratarse como desechable.

    Ha llegado el momento de que la defensa de nuestros paisanos deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad permanente del Estado mexicano, porque guardar silencio frente a la injusticia nunca ha sido una opción digna.

    Frente a ello, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido la correcta, no guardar silencio, demandar investigaciones cuando un connacional pierde la vida y recordar que la protección de nuestros migrantes no es un favor que se le pide a otro país, sino una obligación irrenunciable de nuestro gobierno.

    A la memoria de nuestros paisanos, mi respeto, a sus familias, mi abrazo, y a México, el compromiso de no guardar silencio hasta que la vida de nuestros migrantes sea respetada y la justicia deje de tener fronteras.

    Les mando un abrazo fraterno

  • Cuando un mundial también se convirtió en un mensaje político para el mundo

    Cuando un mundial también se convirtió en un mensaje político para el mundo

    Durante décadas, la imagen de México en el extranjero estuvo marcada por narrativas de violencia, corrupción e inestabilidad, y prejuicios que opacaron la fortaleza, el talento y la grandeza de nuestro país.

    En este mundial, millones de personas descubrieron otro México, un país que supo ponerse la camiseta, organizar uno de los eventos más grandes y complicados del planeta, recibir con los brazos abiertos a miles de visitantes y presumir con orgullo, nuestra cultura, música, gastronomía, nuestra historia y la calidez de nuestra gente.

    Este evento ha significado un reto enorme por las restricciones migratorias, el endurecimiento de los controles fronterizos y el ambiente político hostil generado por el gobierno de Donald Trump, aún así, México demostró al mundo su capacidad de organización, y su hospitalidad.

    Todo este esfuerzo recayó en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, y la verdad es que todo su equipo ha estado a la altura. La coordinación entre las dependencias federales, el trabajo de su gabinete y el esfuerzo conjunto con los gobiernos locales hicieron que el país estuviera a la altura del desafío.

    También hay que destacar el extraordinario trabajo del Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada, la capital mostró ser una ciudad con una amplia oferta cultural, espacios públicos activos con servicios urbanos, y mucha organización, también quiero hacer un reconocimiento especial para quienes pocas veces aparecen en las fotografías, el personal de limpieza de nuestras ciudades. Con su trabajo diario, muchas veces silencioso y poco reconocido, contribuyeron a que México luciera limpio, ordenado y digno ante millones de visitantes. Ellas y ellos también han sido parte del éxito de este Mundial.

    Millones de personas han seguido el mundial desde todos los continentes y pudieron observar que México es un país capaz de recibir visitantes con infraestructura moderna, seguridad, conectividad, riqueza cultural y una grandiosa hospitalidad que sigue siendo uno de sus mayores distintivos. Las imágenes de estadios llenos, calles convertidas en espacios de celebración, alegría y una afición apasionada, proyectaron una visión muy distinta a la que con frecuencia ocupaban los titulares.

    Esa, quizá, fue la victoria más importante.

    Les mando un abrazo fraterno

  • México y sus contradicciones

    México y sus contradicciones

    Querida Denise Dresser, leí tu columna de opinión titulada, “¡Sonrían, buscadoras!”. Y si, ya conocemos tu postura y francamente, tampoco sorprende el tono de tu opinión, para ti, si algo sale bien, es propaganda, si los mexicanos celebran, están manipulados y si el gobierno organiza un evento exitoso, entonces todo es un montaje para esconder la realidad. El guión es conocido y el desenlace también, para ti México es un país condenado al fracaso y leyéndote, da la impresión de que atribuyes a Claudia Sheinbaum prácticamente todos los males nacionales, como si la historia y las responsabilidades acumuladas de décadas comenzaran y terminaran con ella.

    El dolor de las madres buscadoras merece respeto, empatía y el compromiso absoluto del Estado, ninguna celebración, ningún mundial y ningún triunfo deportivo pueden borrar la tragedia de más de 130 mil personas desaparecidas ni el sufrimiento de sus familias. Las madres buscadoras no son enemigas de México, ni aguafiestas, ni adversarias de nadie, son mujeres que han hecho lo que jamás debieron haber tenido que hacer, salir a buscar donde las instituciones fallaron.

    Pero también es importante recordar que esta herida no nació con Claudia Sheinbaum ni con la Cuarta Transformación. Mucho de lo que hoy viven miles de familias es consecuencia de décadas de corrupción, impunidad y, en demasiados casos, de autoridades coludidas con el crimen organizado durante gobiernos del PRI y del PAN. Fue en esos años cuando las desapariciones se dispararon y cuando surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, obligadas a suplir las ausencias del Estado.

    Por eso, reducir esta tragedia a una sola persona o insinuar que la presidenta se burla de las víctimas, resulta una interpretación más cercana a tu activismo político que al análisis equilibrado. La crítica es legítima, pero también lo es exigir contexto y memoria.

    México es un país de profundas contradicciones, es verdad que puede haber una inauguración mundialista, desfiles y alegría popular, y al mismo tiempo familias viviendo una tragedia insoportable. Ambas realidades coexisten. Celebrar no es traicionar a quienes sufren, y protestar tampoco significa apostar contra México.

    Por eso me parece un error plantear que quien expresa entusiasmo por un evento deportivo es insensible, o que quien levanta una fotografía de un desaparecido busca arruinar la fiesta. Ni una cosa ni la otra. México es suficientemente grande para abrazar la alegría y, al mismo tiempo, mirar de frente sus heridas.

    Tampoco ayuda convertir cada declaración presidencial en una prueba definitiva de autoritarismo, ni utilizar el dolor de las víctimas como munición política. La indignación es legítima, pero la responsabilidad intelectual exige reconocer matices. El sufrimiento de más de 130 mil familias merece algo más que discursos incendiarios.

    Dicho esto, tampoco comparto tu idea de reducir a México a una confrontación entre “el país de la fiesta y el país de las fosas”, porque así como ningún gobernante es dueño de la nación, ninguna columnista es propietaria del dolor de las víctimas.

    Las madres buscadoras merecen ser cobijadas por todos, sin distinción política, merecen verdad, justicia y resultados, no convertirse en trofeos de una batalla ideológica. Merecen un país unido en torno a su causa y no una sociedad atrapada en trincheras partidistas.

    La pregunta que ellas hacen desde hace años sigue siendo la misma y debería estar por encima de cualquier disputa. ¿Dónde están?

    Y esa pregunta exige mucho más que columnas incendiarias, discursos partidistas o narrativas apocalípticas. Exige memoria, responsabilidad y un compromiso nacional que trascienda gobiernos, partidos y diferencias ideológicas.

    Porque México no se honra ocultando sus heridas, pero tampoco negándose el derecho a la esperanza y las madres buscadoras merecen algo mejor que ser ignoradas por unos o utilizadas por otros. Merecen verdad, justicia y el abrazo solidario de toda la nación.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Terrorismo callejero…

    Terrorismo callejero…

    México es una democracia, y en una democracia la protesta social es un derecho, lo que no es un derecho es el chantaje, la destrucción, la amenaza y la toma de rehenes, sí, millones de ciudadanos que nada tienen que ver con los conflictos de un grupo determinado.

    Cuando una manifestación se transforma en vandalismo, cuando se dañan negocios, monumentos, instalaciones públicas o propiedad privada, deja de ser una expresión legítima de inconformidad para convertirse en una agresión contra la sociedad. Quien rompe, incendia, saquea o amenaza con boicotear eventos internacionales no está luchando por una causa, está haciendo derroche de su ostracismo mental, imponiendo su voluntad mediante la fuerza.

    Resulta inadmisible que algunos grupos como la CNTE crean que pueden paralizar ciudades enteras, afectar el trabajo de miles de familias, ahuyentar inversiones, poner en riesgo la imagen internacional del país y después exigir que se les aplauda por ello. La protesta merece respeto el vandalismo merece consecuencias.

    Amenazar con boicotear eventos de talla mundial, como una Copa del Mundo, no es una muestra de conciencia social, es una demostración de desprecio hacia millones de mexicanos que desean que el país avance, genere empleos, atraiga turismo, el problema es que durante años se ha enviado un mensaje peligroso, destruir sale barato, bloquear, causar daños, secuestrar espacios públicos y afectar a terceros parece no tener consecuencias reales. Y cuando la impunidad se vuelve costumbre, el desorden termina disfrazándose de activismo.

    La autoridad tiene la obligación de escuchar demandas legítimas, pero también tiene la obligación de hacer cumplir la ley. No puede existir diálogo auténtico cuando una de las partes sostiene la conversación con amenazas, no puede existir justicia cuando los caprichos de unos se ejercen aplastando los derechos de todos los mexicanos .
    La CNTE y demás grupos pagados por los PRIANISTAS deberían entender algo, la indignación ciudadana también crece, el hartazgo también se acumula, cuando la sociedad exige orden, legalidad y respeto para los derechos de todos, ningún grupo puede asumir que tendrá un cheque en blanco para actuar impunemente.

    Les mando un abrazo fraterno

  • ¡Respira, Mahahual, respira!

    ¡Respira, Mahahual, respira!

    Hay noticias que se sienten como un respiro. Como cuando por fin alguien le dice “no” al dinero disfrazado de progreso y “sí” a la vida, al mar y a la dignidad de un pueblo.

    La cancelación del proyecto millonario “Perfect Day” de Royal Caribbean en Mahahual no es cualquier cosa, es una victoria enorme para Quintana Roo, para los manglares, para el Caribe mexicano y para todas las personas que durante meses alzaron la voz mientras les decían exagerados, “anti progreso” o enemigos de la inversión.

    Pues resulta que defender la naturaleza no era exageración, era sentido común.

    El proyecto contemplaba una inversión cercana a los 600 millones de dólares y buscaba convertir Mahahual en un gigantesco destino privado para cruceros, con infraestructura masiva, zonas comerciales,  extensas áreas de toboganes, playas artificiales, enormes piscinas, y miles de visitantes. Sus promotores hablaban de turismo y desarrollo, las comunidades y especialistas advertían otra cosa, presión extrema sobre los ecosistemas costeros, afectaciones a los manglares y riesgos para el arrecife mesoamericano, el segundo más grande del planeta.

    Y ahí está el punto clave: no todo lo que deja millones deja bienestar.

    México ya perdió más del 60% de sus manglares en algunas zonas costeras por desarrollos turísticos y urbanos descontrolados. Y perder manglares es terrible, porque estos ecosistemas pueden capturar hasta 4 veces más carbono que muchos bosques, además de funcionar como barreras naturales ante huracanes e inundaciones.

    En un estado como Quintana Roo, donde el turismo representa alrededor del 87% del PIB estatal, seguir apostando por modelos depredadores es literalmente dispararle al futuro. Sin arrecifes sanos, sin playas vivas y sin manglares, no hay Caribe que vender.

    Qué bueno que la SEMARNAT, encabezada por Alicia Bárcena, decidió frenar algo que podía convertirse en otro monumento al ecocidio elegante disfrazado de entretenimiento VIP. Porque durante décadas vimos cómo el “desarrollo” terminaba beneficiando a grandes corporaciones mientras las comunidades locales lidiaban con contaminación, escasez de agua, desplazamiento y deterioro ambiental.

    Y sí, qué hermoso cuando gana el pueblo, tras una fuerte oposición social y peticiones ciudadanas como la campaña en Change.org

    Cuando ganan los científicos, los ambientalistas, los pescadores y las comunidades que entendieron que los manglares valen más vivos que convertidos en concreto para turistas que estarán unas horas y se irán.

    Los manglares no son “terrenos vacíos”, son vida, protección y equilibrio.

    Hoy Mahahual nos deja una lección poderosa, que el dinero no siempre tiene la última palabra, a veces la tiene la conciencia colectiva y eso también es desarrollo. 

    Y sí… también me encantan los finales felices. 

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Nuestra soberanía no se toca

    Nuestra soberanía no se toca

    “Terminando la guerra con Irán, seguimos con el continente americano”. Las palabras de Donald Trump encendieron las alarmas por la narrativa cada vez más agresiva hacia América Latina y especialmente hacia México, mientras insiste en catalogar a los cárteles como “organizaciones terroristas”.

    Y aquí es donde resulta indignante ver a sectores del PAN y del PRI prácticamente aplaudiendo y promoviendo una posible intervención estadounidense en nuestro país. ¿En qué cabeza cabe pedir que una potencia extranjera intervenga en México? Eso no es patriotismo ni oposición democrática, es una irresponsabilidad histórica y una falta de respeto absoluta a nuestra soberanía.

    Porque cuando Estados Unidos usa la palabra “terrorismo”, rara vez se queda solo en el discurso. Esa narrativa ha servido para justificar intervenciones, operaciones militares y presión política en distintos países.

    México no puede permitir convertirse en el siguiente escenario geopolítico bajo ningún pretexto.
    Merece reconocimiento la postura firme de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no ha bajado la guardia frente a las presiones externas y ha defendido la soberanía nacional con serenidad, fortaleza y compromiso. Cooperar internacionalmente no significa actuar de rodillas ante nadie.

    Nadie niega el grave problema del crimen organizado, pero combatirlo no puede ser excusa para vulnerar nuestra independencia. Además, resulta hipócrita que Estados Unidos señale únicamente a México cuando el consumo de drogas, el tráfico de armas y gran parte del lavado de dinero se sostienen desde territorio estadounidense.

    Los cárteles no crecieron solos, crecieron alimentados por millones de consumidores estadounidenses.

    Tenemos muy claro que defender la soberanía no significa defender criminales, significa entender que el futuro de México debe decidirse en México, no en Washington.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Una narrativa que confunde

    Una narrativa que confunde

    La imagen es potente y, para muchos de nosotros incómoda, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum sentada con Larry Fink, presidente de BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo y Adebayo Ogunlesi, figura clave en la infraestructura global. No es una reunión menor, tal vez sea un gran mensaje, porque BlackRock no es cualquier empresa, es en muchos sentidos, el símbolo más claro del capitalismo financiero, ese que invierte en todo, energía, tecnología, infraestructura, incluyendo la industria militar y cuya lógica central digamos que no es ideológica, ni humanista.

    Y ahí es donde aparece la tensión, porque un gobierno que se define de izquierda, antineoliberal y humanista, que se siente a dialogar con quienes encarnan exactamente el modelo que históricamente ha sido criticado, por generar desigualdad, explotación, extractivismo, y concentración de poder económico, pues claro que causa ruido.

    Veamos… ¿Es contradictorio? Sí. ¿Es inusual? No, porque todos los gobiernos, incluso los progresistas, terminan negociando con el capital global. Y bueno, la diferencia está en cómo se hace y bajo qué narrativa se sostiene.

    El problema aquí, no es la reunión en sí, nuestro país necesita inversión, negarse al diálogo sería ingenuo, pero lo que resulta cuestionable es el desfase entre el discurso político y las alianzas estratégicas, más aún cuando ese dinero suele estar metido, aunque sea de “rebote”, en cosas bastante polémicas, como en saquear y bombardear países por su petróleo, y en un mundo como el de hoy, con lo que está pasando en Gaza, en Irán, donde cada vez más personas nos preguntamos quién pone el dinero y para qué, estas reuniones no pueden pasar desapercibidas, gobernar es negociar con la realidad, por supuesto pero también es ser congruente, se debe de tener posturas claras, porque si el lenguaje sigue siendo de izquierda, pero las mesas de negociación se llenan de los nombres de siempre, entonces se corre un gran riesgo, y no es solo político, es el mensaje y la postura que da nuestro gobierno.

    Y ese mensaje, sí pesa. Les mando un abrazo fraterno.

  • El mundo arde pero el balón sigue rodando…

    El mundo arde pero el balón sigue rodando…

    Mientras los titulares deportivos se llenan de entusiasmo por el Mundial de 2026, la realidad internacional muestra una escena mucho menos festiva. Resulta imposible no preguntarse si estamos viviendo una época en la que el espectáculo sirve para distraer de tragedias que deberían indignar a la humanidad entera.

    En los últimos años, Estados Unidos e Israel han protagonizado episodios que han sido duramente cuestionados en el escenario internacional, bombardeos devastadores, ataques que han dejado miles de civiles muertos entre ellos niños y niñas, operaciones militares desproporcionadas, bloqueos humanitarios y un uso del poder militar que muchos organismos y analistas han señalado como violaciones graves al derecho internacional.

    Gaza reducida a escombros, poblaciones enteras atrapadas sin agua ni medicinas, ciudades del Medio Oriente convertidas en tableros geopolíticos donde la vida humana parece valer cada vez menos.

    Estados Unidos, por su parte, continúa sosteniendo militar, económica y diplomáticamente una política exterior que ha intervenido durante décadas en países soberanos, desestabilizando regiones enteras mientras habla de democracia. La historia reciente está llena de ejemplos, invasiones, golpes indirectos, sanciones que castigan a pueblos enteros y una maquinaria militar que sigue marcando el ritmo de conflictos globales.

    Ante ese panorama, resulta casi surrealista que la conversación global pretenda girar hacia la fiesta del fútbol. No porque el deporte no sea valioso lo es, sino porque la contradicción moral es demasiado grande, estadios iluminados mientras ciudades enteras viven bajo bombas.

    ¿De verdad el planeta puede celebrar un Mundial organizado, en parte, por la misma potencia que financia guerras y sostiene conflictos que hoy están costando miles de vidas?

    Mientras el balón rueda, las preguntas incómodas desaparecen de la conversación pública?

    Recordemos que el mundial 2026 no es un evento que México haya organizado en este momento, fue asignado desde 2018 a una candidatura conjunta con Estados Unidos y Canadá, es un compromiso internacional ya firmado, con inversiones hechas, contratos en marcha y expectativas económicas enormes, cancelarlo o retirarse no es sencillo ni barato, implicaría sanciones, pérdidas millonarias y un impacto reputacional fuerte.

    Estemos de acuerdo o no, México tiene que dar continuidad al compromiso internacional. Y sí, el balón rodará, pero la conciencia no debería detenerse, porque ningún espectáculo, por grande que sea, debería hacernos olvidar lo que el mundo está viviendo fuera de la cancha.

    Porque mientras algunos contaran goles, otros seguirán contando muertos.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Cuando el PT y el Verde prefirieron el negocio

    Cuando el PT y el Verde prefirieron el negocio

    El PT y el Partido Verde volvieron a hacer lo que mejor saben, salvarse a sí mismos. Cuando se trató de apoyar una reforma electoral para reducir el despilfarro, terminar con privilegios y acercar el poder al ciudadano, decidieron frenar todo. No por el país, no por la democracia, por ellos.

    Porque cuando una reforma amenaza las plurinominales, los negocios políticos y los partidos satélite que viven del presupuesto, entonces aparecen los “principios”… pero curiosamente siempre coinciden con conservar el dinero y las posiciones.

    Millones votamos por cambiar un sistema electoral obscenamente caro, lleno de burocracia dorada y partidos que sobreviven no por votos, sino por acuerdos en lo oscurito, y justo cuando había que demostrar compromiso con esa transformación, el PT y el Verde prefirieron proteger su pequeño feudo. Que no se disfracen de aliados del pueblo. Hoy dejaron claro de qué lado están.

    Cuando se trata de cambiar el sistema, se dicen progresistas. Pero cuando el cambio toca sus privilegios, se vuelven los mejores guardianes del viejo régimen. Traición política, simple y llana.

    Se dicen aliados del proyecto, pero cuando llega la hora de limpiar la casa… prefieren apagar la luz.

    Les mando un abrazo fraterno.