Categoría: Patricia Gordillo

  • México y sus contradicciones

    México y sus contradicciones

    Querida Denise Dresser, leí tu columna de opinión titulada, “¡Sonrían, buscadoras!”. Y si, ya conocemos tu postura y francamente, tampoco sorprende el tono de tu opinión, para ti, si algo sale bien, es propaganda, si los mexicanos celebran, están manipulados y si el gobierno organiza un evento exitoso, entonces todo es un montaje para esconder la realidad. El guión es conocido y el desenlace también, para ti México es un país condenado al fracaso y leyéndote, da la impresión de que atribuyes a Claudia Sheinbaum prácticamente todos los males nacionales, como si la historia y las responsabilidades acumuladas de décadas comenzaran y terminaran con ella.

    El dolor de las madres buscadoras merece respeto, empatía y el compromiso absoluto del Estado, ninguna celebración, ningún mundial y ningún triunfo deportivo pueden borrar la tragedia de más de 130 mil personas desaparecidas ni el sufrimiento de sus familias. Las madres buscadoras no son enemigas de México, ni aguafiestas, ni adversarias de nadie, son mujeres que han hecho lo que jamás debieron haber tenido que hacer, salir a buscar donde las instituciones fallaron.

    Pero también es importante recordar que esta herida no nació con Claudia Sheinbaum ni con la Cuarta Transformación. Mucho de lo que hoy viven miles de familias es consecuencia de décadas de corrupción, impunidad y, en demasiados casos, de autoridades coludidas con el crimen organizado durante gobiernos del PRI y del PAN. Fue en esos años cuando las desapariciones se dispararon y cuando surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, obligadas a suplir las ausencias del Estado.

    Por eso, reducir esta tragedia a una sola persona o insinuar que la presidenta se burla de las víctimas, resulta una interpretación más cercana a tu activismo político que al análisis equilibrado. La crítica es legítima, pero también lo es exigir contexto y memoria.

    México es un país de profundas contradicciones, es verdad que puede haber una inauguración mundialista, desfiles y alegría popular, y al mismo tiempo familias viviendo una tragedia insoportable. Ambas realidades coexisten. Celebrar no es traicionar a quienes sufren, y protestar tampoco significa apostar contra México.

    Por eso me parece un error plantear que quien expresa entusiasmo por un evento deportivo es insensible, o que quien levanta una fotografía de un desaparecido busca arruinar la fiesta. Ni una cosa ni la otra. México es suficientemente grande para abrazar la alegría y, al mismo tiempo, mirar de frente sus heridas.

    Tampoco ayuda convertir cada declaración presidencial en una prueba definitiva de autoritarismo, ni utilizar el dolor de las víctimas como munición política. La indignación es legítima, pero la responsabilidad intelectual exige reconocer matices. El sufrimiento de más de 130 mil familias merece algo más que discursos incendiarios.

    Dicho esto, tampoco comparto tu idea de reducir a México a una confrontación entre “el país de la fiesta y el país de las fosas”, porque así como ningún gobernante es dueño de la nación, ninguna columnista es propietaria del dolor de las víctimas.

    Las madres buscadoras merecen ser cobijadas por todos, sin distinción política, merecen verdad, justicia y resultados, no convertirse en trofeos de una batalla ideológica. Merecen un país unido en torno a su causa y no una sociedad atrapada en trincheras partidistas.

    La pregunta que ellas hacen desde hace años sigue siendo la misma y debería estar por encima de cualquier disputa. ¿Dónde están?

    Y esa pregunta exige mucho más que columnas incendiarias, discursos partidistas o narrativas apocalípticas. Exige memoria, responsabilidad y un compromiso nacional que trascienda gobiernos, partidos y diferencias ideológicas.

    Porque México no se honra ocultando sus heridas, pero tampoco negándose el derecho a la esperanza y las madres buscadoras merecen algo mejor que ser ignoradas por unos o utilizadas por otros. Merecen verdad, justicia y el abrazo solidario de toda la nación.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Terrorismo callejero…

    Terrorismo callejero…

    México es una democracia, y en una democracia la protesta social es un derecho, lo que no es un derecho es el chantaje, la destrucción, la amenaza y la toma de rehenes, sí, millones de ciudadanos que nada tienen que ver con los conflictos de un grupo determinado.

    Cuando una manifestación se transforma en vandalismo, cuando se dañan negocios, monumentos, instalaciones públicas o propiedad privada, deja de ser una expresión legítima de inconformidad para convertirse en una agresión contra la sociedad. Quien rompe, incendia, saquea o amenaza con boicotear eventos internacionales no está luchando por una causa, está haciendo derroche de su ostracismo mental, imponiendo su voluntad mediante la fuerza.

    Resulta inadmisible que algunos grupos como la CNTE crean que pueden paralizar ciudades enteras, afectar el trabajo de miles de familias, ahuyentar inversiones, poner en riesgo la imagen internacional del país y después exigir que se les aplauda por ello. La protesta merece respeto el vandalismo merece consecuencias.

    Amenazar con boicotear eventos de talla mundial, como una Copa del Mundo, no es una muestra de conciencia social, es una demostración de desprecio hacia millones de mexicanos que desean que el país avance, genere empleos, atraiga turismo, el problema es que durante años se ha enviado un mensaje peligroso, destruir sale barato, bloquear, causar daños, secuestrar espacios públicos y afectar a terceros parece no tener consecuencias reales. Y cuando la impunidad se vuelve costumbre, el desorden termina disfrazándose de activismo.

    La autoridad tiene la obligación de escuchar demandas legítimas, pero también tiene la obligación de hacer cumplir la ley. No puede existir diálogo auténtico cuando una de las partes sostiene la conversación con amenazas, no puede existir justicia cuando los caprichos de unos se ejercen aplastando los derechos de todos los mexicanos .
    La CNTE y demás grupos pagados por los PRIANISTAS deberían entender algo, la indignación ciudadana también crece, el hartazgo también se acumula, cuando la sociedad exige orden, legalidad y respeto para los derechos de todos, ningún grupo puede asumir que tendrá un cheque en blanco para actuar impunemente.

    Les mando un abrazo fraterno

  • ¡Respira, Mahahual, respira!

    ¡Respira, Mahahual, respira!

    Hay noticias que se sienten como un respiro. Como cuando por fin alguien le dice “no” al dinero disfrazado de progreso y “sí” a la vida, al mar y a la dignidad de un pueblo.

    La cancelación del proyecto millonario “Perfect Day” de Royal Caribbean en Mahahual no es cualquier cosa, es una victoria enorme para Quintana Roo, para los manglares, para el Caribe mexicano y para todas las personas que durante meses alzaron la voz mientras les decían exagerados, “anti progreso” o enemigos de la inversión.

    Pues resulta que defender la naturaleza no era exageración, era sentido común.

    El proyecto contemplaba una inversión cercana a los 600 millones de dólares y buscaba convertir Mahahual en un gigantesco destino privado para cruceros, con infraestructura masiva, zonas comerciales,  extensas áreas de toboganes, playas artificiales, enormes piscinas, y miles de visitantes. Sus promotores hablaban de turismo y desarrollo, las comunidades y especialistas advertían otra cosa, presión extrema sobre los ecosistemas costeros, afectaciones a los manglares y riesgos para el arrecife mesoamericano, el segundo más grande del planeta.

    Y ahí está el punto clave: no todo lo que deja millones deja bienestar.

    México ya perdió más del 60% de sus manglares en algunas zonas costeras por desarrollos turísticos y urbanos descontrolados. Y perder manglares es terrible, porque estos ecosistemas pueden capturar hasta 4 veces más carbono que muchos bosques, además de funcionar como barreras naturales ante huracanes e inundaciones.

    En un estado como Quintana Roo, donde el turismo representa alrededor del 87% del PIB estatal, seguir apostando por modelos depredadores es literalmente dispararle al futuro. Sin arrecifes sanos, sin playas vivas y sin manglares, no hay Caribe que vender.

    Qué bueno que la SEMARNAT, encabezada por Alicia Bárcena, decidió frenar algo que podía convertirse en otro monumento al ecocidio elegante disfrazado de entretenimiento VIP. Porque durante décadas vimos cómo el “desarrollo” terminaba beneficiando a grandes corporaciones mientras las comunidades locales lidiaban con contaminación, escasez de agua, desplazamiento y deterioro ambiental.

    Y sí, qué hermoso cuando gana el pueblo, tras una fuerte oposición social y peticiones ciudadanas como la campaña en Change.org

    Cuando ganan los científicos, los ambientalistas, los pescadores y las comunidades que entendieron que los manglares valen más vivos que convertidos en concreto para turistas que estarán unas horas y se irán.

    Los manglares no son “terrenos vacíos”, son vida, protección y equilibrio.

    Hoy Mahahual nos deja una lección poderosa, que el dinero no siempre tiene la última palabra, a veces la tiene la conciencia colectiva y eso también es desarrollo. 

    Y sí… también me encantan los finales felices. 

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Nuestra soberanía no se toca

    Nuestra soberanía no se toca

    “Terminando la guerra con Irán, seguimos con el continente americano”. Las palabras de Donald Trump encendieron las alarmas por la narrativa cada vez más agresiva hacia América Latina y especialmente hacia México, mientras insiste en catalogar a los cárteles como “organizaciones terroristas”.

    Y aquí es donde resulta indignante ver a sectores del PAN y del PRI prácticamente aplaudiendo y promoviendo una posible intervención estadounidense en nuestro país. ¿En qué cabeza cabe pedir que una potencia extranjera intervenga en México? Eso no es patriotismo ni oposición democrática, es una irresponsabilidad histórica y una falta de respeto absoluta a nuestra soberanía.

    Porque cuando Estados Unidos usa la palabra “terrorismo”, rara vez se queda solo en el discurso. Esa narrativa ha servido para justificar intervenciones, operaciones militares y presión política en distintos países.

    México no puede permitir convertirse en el siguiente escenario geopolítico bajo ningún pretexto.
    Merece reconocimiento la postura firme de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no ha bajado la guardia frente a las presiones externas y ha defendido la soberanía nacional con serenidad, fortaleza y compromiso. Cooperar internacionalmente no significa actuar de rodillas ante nadie.

    Nadie niega el grave problema del crimen organizado, pero combatirlo no puede ser excusa para vulnerar nuestra independencia. Además, resulta hipócrita que Estados Unidos señale únicamente a México cuando el consumo de drogas, el tráfico de armas y gran parte del lavado de dinero se sostienen desde territorio estadounidense.

    Los cárteles no crecieron solos, crecieron alimentados por millones de consumidores estadounidenses.

    Tenemos muy claro que defender la soberanía no significa defender criminales, significa entender que el futuro de México debe decidirse en México, no en Washington.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Una narrativa que confunde

    Una narrativa que confunde

    La imagen es potente y, para muchos de nosotros incómoda, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum sentada con Larry Fink, presidente de BlackRock, el fondo de inversión más grande del mundo y Adebayo Ogunlesi, figura clave en la infraestructura global. No es una reunión menor, tal vez sea un gran mensaje, porque BlackRock no es cualquier empresa, es en muchos sentidos, el símbolo más claro del capitalismo financiero, ese que invierte en todo, energía, tecnología, infraestructura, incluyendo la industria militar y cuya lógica central digamos que no es ideológica, ni humanista.

    Y ahí es donde aparece la tensión, porque un gobierno que se define de izquierda, antineoliberal y humanista, que se siente a dialogar con quienes encarnan exactamente el modelo que históricamente ha sido criticado, por generar desigualdad, explotación, extractivismo, y concentración de poder económico, pues claro que causa ruido.

    Veamos… ¿Es contradictorio? Sí. ¿Es inusual? No, porque todos los gobiernos, incluso los progresistas, terminan negociando con el capital global. Y bueno, la diferencia está en cómo se hace y bajo qué narrativa se sostiene.

    El problema aquí, no es la reunión en sí, nuestro país necesita inversión, negarse al diálogo sería ingenuo, pero lo que resulta cuestionable es el desfase entre el discurso político y las alianzas estratégicas, más aún cuando ese dinero suele estar metido, aunque sea de “rebote”, en cosas bastante polémicas, como en saquear y bombardear países por su petróleo, y en un mundo como el de hoy, con lo que está pasando en Gaza, en Irán, donde cada vez más personas nos preguntamos quién pone el dinero y para qué, estas reuniones no pueden pasar desapercibidas, gobernar es negociar con la realidad, por supuesto pero también es ser congruente, se debe de tener posturas claras, porque si el lenguaje sigue siendo de izquierda, pero las mesas de negociación se llenan de los nombres de siempre, entonces se corre un gran riesgo, y no es solo político, es el mensaje y la postura que da nuestro gobierno.

    Y ese mensaje, sí pesa. Les mando un abrazo fraterno.

  • El mundo arde pero el balón sigue rodando…

    El mundo arde pero el balón sigue rodando…

    Mientras los titulares deportivos se llenan de entusiasmo por el Mundial de 2026, la realidad internacional muestra una escena mucho menos festiva. Resulta imposible no preguntarse si estamos viviendo una época en la que el espectáculo sirve para distraer de tragedias que deberían indignar a la humanidad entera.

    En los últimos años, Estados Unidos e Israel han protagonizado episodios que han sido duramente cuestionados en el escenario internacional, bombardeos devastadores, ataques que han dejado miles de civiles muertos entre ellos niños y niñas, operaciones militares desproporcionadas, bloqueos humanitarios y un uso del poder militar que muchos organismos y analistas han señalado como violaciones graves al derecho internacional.

    Gaza reducida a escombros, poblaciones enteras atrapadas sin agua ni medicinas, ciudades del Medio Oriente convertidas en tableros geopolíticos donde la vida humana parece valer cada vez menos.

    Estados Unidos, por su parte, continúa sosteniendo militar, económica y diplomáticamente una política exterior que ha intervenido durante décadas en países soberanos, desestabilizando regiones enteras mientras habla de democracia. La historia reciente está llena de ejemplos, invasiones, golpes indirectos, sanciones que castigan a pueblos enteros y una maquinaria militar que sigue marcando el ritmo de conflictos globales.

    Ante ese panorama, resulta casi surrealista que la conversación global pretenda girar hacia la fiesta del fútbol. No porque el deporte no sea valioso lo es, sino porque la contradicción moral es demasiado grande, estadios iluminados mientras ciudades enteras viven bajo bombas.

    ¿De verdad el planeta puede celebrar un Mundial organizado, en parte, por la misma potencia que financia guerras y sostiene conflictos que hoy están costando miles de vidas?

    Mientras el balón rueda, las preguntas incómodas desaparecen de la conversación pública?

    Recordemos que el mundial 2026 no es un evento que México haya organizado en este momento, fue asignado desde 2018 a una candidatura conjunta con Estados Unidos y Canadá, es un compromiso internacional ya firmado, con inversiones hechas, contratos en marcha y expectativas económicas enormes, cancelarlo o retirarse no es sencillo ni barato, implicaría sanciones, pérdidas millonarias y un impacto reputacional fuerte.

    Estemos de acuerdo o no, México tiene que dar continuidad al compromiso internacional. Y sí, el balón rodará, pero la conciencia no debería detenerse, porque ningún espectáculo, por grande que sea, debería hacernos olvidar lo que el mundo está viviendo fuera de la cancha.

    Porque mientras algunos contaran goles, otros seguirán contando muertos.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Cuando el PT y el Verde prefirieron el negocio

    Cuando el PT y el Verde prefirieron el negocio

    El PT y el Partido Verde volvieron a hacer lo que mejor saben, salvarse a sí mismos. Cuando se trató de apoyar una reforma electoral para reducir el despilfarro, terminar con privilegios y acercar el poder al ciudadano, decidieron frenar todo. No por el país, no por la democracia, por ellos.

    Porque cuando una reforma amenaza las plurinominales, los negocios políticos y los partidos satélite que viven del presupuesto, entonces aparecen los “principios”… pero curiosamente siempre coinciden con conservar el dinero y las posiciones.

    Millones votamos por cambiar un sistema electoral obscenamente caro, lleno de burocracia dorada y partidos que sobreviven no por votos, sino por acuerdos en lo oscurito, y justo cuando había que demostrar compromiso con esa transformación, el PT y el Verde prefirieron proteger su pequeño feudo. Que no se disfracen de aliados del pueblo. Hoy dejaron claro de qué lado están.

    Cuando se trata de cambiar el sistema, se dicen progresistas. Pero cuando el cambio toca sus privilegios, se vuelven los mejores guardianes del viejo régimen. Traición política, simple y llana.

    Se dicen aliados del proyecto, pero cuando llega la hora de limpiar la casa… prefieren apagar la luz.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • La humanidad en pausa…

    La humanidad en pausa…

    ¿Se han dado cuenta? Algo grave nos pasó como sociedad, dejamos de sorprendernos, ya no reaccionamos, sólo consumimos tragedias, las platicamos un rato, nos dosifican los hechos para que los olvidemos pronto.

    Un día es Epstein y las redes de abuso protegidas por dinero y poder, otro día son niños palestinos víctimas de un genocidio muriendo bajo bombas, hambre, mientras el mundo discute tecnicismos, otro día más, Venezuela, bombardeado, saqueado, con su presidente secuestrado y encarcelado, y el mundo callado, haciendo memes, y bueno, otro día silencioso, más cómodo para todos, pues si, Cuba, un pueblo entero sobreviviendo durante décadas bajo un bloqueo que asfixia su economía, su salud, su futuro.

    Cuba, un castigo prolongado que no lo pagan los gobiernos, lo paga la gente, la escasez no la sienten los discursos, la sienten las familias, y sin embargo, el mundo lo discute como si fuera estrategia no sufrimiento humano, he llegado a escuchar, bravooo que los cubanos disfruten lo votado, se lo merecen son “comunistas”.

    Por eso el punto de quiebre no llegará desde los gobiernos, los gobiernos rara vez dicen “ya basta” y sobre todo si el sistema les beneficia.

    El quiebre sólo puede venir de las sociedades cuando deciden que la normalización del horror también las vuelve cómplices, y el mensaje que recibe el mundo es brutalmente claro,
    la dignidad humana importa, la vida importa pero no siempre, depende del pasaporte, del color de la piel, del poder, del petróleo, del aliado, del voto.

    Y si, el verdadero problema no es que exista la injusticia, el problema es que el orden político global ha aprendido a administrarla.

    Al parecer nos dijeron, nos vendieron la idea que el problema era la violencia, pero no, el problema es que aprendimos a convivir con ella porque a todo le buscamos una justificación.
    Hoy la política no frena el horror, lo administra, decide qué muertos cuentan, qué abusos se investigan, qué guerras se condenan y qué pueblos pueden ser presionados sin que nadie se incomode demasiado.

    Nos acostumbraron a opinar, no a actuar, a debatir bandos, no a defender personas e ideales, a convertir el sufrimiento en tema que se platica en un cafecito, pero el verdadero quiebre no llega cuando existe la injusticia, sino cuando la gente deja de rebelarse contra ella.

    El día que empezamos a decir “así es el mundo”, “no se puede hacer nada”, “siempre ha sido igual”, “se lo merecen”, ese día empezamos a rendir la conciencia, y una sociedad que se acostumbra al dolor ajeno no necesita censura ni dictaduras, se apaga sola, la deshumanización no empieza con bombas ni abusos, empieza cuando la conciencia se rinde.
    Y la pregunta ya no es cuándo diremos “ya basta”.

    La pregunta es si todavía somos capaces de sentir lo suficiente como para decirlo en serio.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Cuba, su infancia y la postura de México: una línea ética

    Cuba, su infancia y la postura de México: una línea ética

    Desde hace más de seis décadas, los niños cubanos han crecido bajo las consecuencias de un bloqueo económico impuesto por Estados Unidos que no distingue entre gobiernos e infancias, aunque no lo firmaron ni lo provocaron, ellos han sido y siguen siendo de los más afectados.

    Cuando se habla de Cuba, a menudo se olvida lo esencial, hay niños creciendo bajo un bloqueo que no eligieron, pagando con hambre, apagones y escasez una disputa geopolítica que no les pertenece. Ningún discurso sobre democracia puede justificarse cuando el precio lo pagan los más pequeños.

    Mientras se le bloquea, Cuba ha apoyado al mundo en algunos de sus momentos más oscuros, recordemos que Cuba combatió el apartheid en África cuando muchos callaban, acogió a miles de niños víctimas de Chernóbil cuando Europa no sabía qué hacer con ellos, enfrentó el ébola, la malaria y el cólera en África y América Latina, durante la pandemia de COVID-19, envió brigadas médicas incluso a países ricos que han guardado silencio frente al bloqueo.
    Solidaridad sin aduanas, humanidad sin cálculo.

    Pero la historia no termina ahí, en un ejercicio que raya en el cinismo, Estados Unidos no solo mantiene el bloqueo, sino que presiona a otros países como México para que no envíen petróleo a Cuba, es decir, no basta con cerrar el grifo, también hay que vigilar que nadie acerque un vaso de agua. Todo, por supuesto, en nombre de la “defensa de los derechos humanos”.

    México, por su parte, ha sostenido una postura que incomoda al vecino, no al bloqueo, sí a la vida, ha defendido la soberanía, ha rechazado el castigo colectivo y ha entendido que presionar para cortar petróleo, medicinas o alimentos no es política exterior, es violación a los derechos humanos. Apoyar a Cuba no es defender un régimen, es negarse a que la infancia sea usada como rehén.

    La pregunta final es sencilla… ¿Quién viola más los derechos humanos, el país que, aun asfixiado, envía médicos y apoyo o el que bloquea, sanciona y vigila que nadie ayude?

    México ha elegido una línea ética. Cuba ha pagado un precio injusto, y los niños, como siempre, siguen esperando que el mundo esté a la altura de su propia retórica.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Trump y el espejo del mundo… ¿crisis de poder o despertar de conciencias?

    Trump y el espejo del mundo… ¿crisis de poder o despertar de conciencias?

    La figura de Donald Trump, su postura, su lenguaje y su forma de ejercer el poder han tenido efectos profundos en la sociedad mundial, no solo en gobiernos, sino en la vida cotidiana de millones de personas.

    Trump dijo en voz alta lo que antes se maquillaba, racismo, misoginia, desprecio al migrante, burla al débil y mostró con un cinismo enorme su deseo de saquear los recursos naturales de otros países.

    Con Trump el autoritarismo dejó de presentarse como excepción y empezó a verse como una opción legítima, el resultado ha sido sociedades fracturadas, familias divididas, injusticias, mucho dolor y diálogos imposibles.

    Más allá de titulares, el efecto se siente en el tejido social, hay mucho enojo y frustración.

    Pero como no todo es malo, también hay un lado bueno en todas las historias, Trump también ha provocado una reacción opuesta, provocó el despertar de las conciencias, más personas se informan, se organizan, defienden derechos, cuestionan el abuso de poder, ha obligado a muchos a tomar postura ética y a entender que la democracia no se hereda, se cuida, se protege.

    En gran parte de la sociedad mexicana, Trump despertó una conciencia más clara sobre la dignidad del migrante, la fragilidad de los derechos humanos, la importancia de no normalizar el autoritarismo, la urgencia de una ciudadanía crítica y activa. Muchas personas comenzaron a informarse más, a cuestionar discursos simplistas y a comprender que la democracia no se defiende sola.

    Y bueno, mientras el mundo atraviesa una crisis que está obligando a revisar conciencias, privilegios y formas de ejercer el poder, la derecha mexicana parece haberse quedado fuera de ese proceso, lejos de cuestionarse, persiste en la misma postura de siempre, clasista, racista, profundamente desconectada de la realidad social del país, no hay autocrítica ni evolución, solo nostalgia por un orden desigual que ya no tiene cabida.

    Les pregunto… ¿Qué tipo de sociedad queremos ser cuando la frustración, el miedo, la rabia y la injusticia tocan nuestra puerta?

    La respuesta no vendrá de Washington, vendrá de nuestra capacidad como sociedad de elegir conciencia sobre reacción, dignidad sobre desprecio y humanidad sobre poder, porque al final, el verdadero impacto de Trump no se mide en muros, en aranceles, en abusos, en saqueos, en apoyo a genocidios, sino en lo que cada sociedad decide hacer con el reflejo que le fue puesto enfrente.

    Les mando un abrazo fraterno.