Categoría: Patricia Gordillo

  • Hay encuentros que pasan por nuestra vida y otros que despiertan nuestra conciencia

    Hay encuentros que pasan por nuestra vida y otros que despiertan nuestra conciencia

    Asistí al evento Business Book Fair y ahí tuve la oportunidad de conocer a Eufrosina Cruz Mendoza, de escuchar su ponencia “origen no es destino”, pude charlar con ella y que me firmara su libro… “Los sueños de la niña de la montaña”. Su historia y su lucha tocaron algo muy profundo en mí. Tal vez porque soy chiapaneca, y desde muy niña conocí una realidad que, aunque no siempre comprendía entonces, con los años pude dimensionar en toda su crudeza.

    Vi niñas indígenas llegar a las casas para trabajar, niñas que eran prácticamente vendidas o entregadas para realizar labores domésticas, cuidar hijos ajenos y servir a los adultos.

    Quizá por eso, al escuchar a Eufrosina decir que “origen no es destino”, yo no solamente escucho una frase política o social, me lleva a preguntarme, ¿cuántas niñas en México siguen viviendo hoy un destino que nunca eligieron?

    Hablar de los llamados usos y costumbres es entrar en un terreno delicado. México es un país profundamente diverso, nuestros pueblos originarios poseen lenguas, conocimientos, tradiciones y formas de organización que son parte fundamental de nuestra riqueza cultural.

    Respetar esa diversidad es indispensable, pero respetar una cultura jamás debe significar aceptar la violencia contra sus niñas y mujeres.

    Ahí no hay debate posible, porque los derechos de una niña no pueden estar sujetos a negociación.

    El problema no es una cultura, el problema es cualquier estructura que permita que un adulto tenga poder sobre una niña y que la sociedad permanezca callada.

    La historia de Eufrosina Cruz es justamente la historia de una niña que decidió cuestionar esas estructuras. Mujer indígena zapoteca, creció en Oaxaca y desde su niñez se enfrentó a las limitaciones impuestas a las mujeres de su comunidad. Su lucha por los derechos de las mujeres indígenas llegó al ámbito político y legislativo, donde impulsó cambios para fortalecer sus derechos y para dejar claro que los sistemas normativos indígenas deben respetar los derechos humanos.

    “Origen no es destino”, y hoy necesitamos decirlo todavía más fuerte… Ser niña indígena no es destino. Nacer en una comunidad pobre no es destino. Nacer mujer no es destino.

    Haber nacido dentro de una determinada tradición no significa renunciar a tus derechos.


    Una niña tiene derecho a imaginarse y ser lo que quiera, ser, maestra, escritora, científica, ingeniera, artista. presidenta, y madre, si algún día ella lo decide.

    Porque una niña no nació para cumplir el destino que otros escribieron para ella, nació para escribir el suyo.

    Eufrosina, tu historia me recordó que a veces una conferencia no termina cuando termina la ponencia, y esta nota es mi manera de continuar esa conversación que tuvimos.

    Necesitamos escuchar a las mujeres indígenas, escuchar a las niñas, trabajar con las autoridades comunitarias.

    Fortalecer la enseñanza en las escuelas. Seguir creando oportunidades económicas para las familias.

    Y hacer que la justicia llegue hasta los lugares donde durante décadas no llegó. Porque prohibir una práctica en una ley es importante.

    Pero cambiar las condiciones que permiten que esa práctica sobreviva es indispensable.

    Y hay preguntas que me parecen todavía más dolorosas…
    ¿Qué pasa con las niñas que ya vivieron todo esto?
    ¿Quién les devuelve la infancia?
    ¿Quién repara el miedo?
    ¿Quién sana los golpes?
    ¿Quién repara los años de silencio?
    ¿Quién les dice que aquello que les hicieron no fue culpa suya?
    Porque muchas veces hablamos de erradicar una práctica, pero olvidamos a las mujeres que llevan décadas cargando sus consecuencias.

    Porque una niña no debería heredar el destino de su madre simplemente porque su madre tuvo que vivirlo.

    No debería repetir la historia de su abuela. No debería aprender demasiado pronto que su cuerpo, su tiempo y su vida pertenecen a los demás.

    Ninguna niña nace para servir. Ninguna niña nace para ser esposa. Ninguna niña nace para ser mercancía.

    Nace para descubrir quién es.
    Para jugar.
    Para aprender.
    Para imaginar.
    Para equivocarse.
    Para estudiar.
    Para soñar.

    Y algún día, cuando sea adulta, decidir por sí misma qué quiere hacer con su vida. No podemos mirar hacia otro lado, no podemos decir “así son sus costumbres”.


    Las tradiciones que nos dan identidad debemos preservarlas, pero las prácticas que lastiman, someten y destruyen la vida de una niña deben ser cuestionadas y transformadas.

    Gracias, Eufrosina, por recordármelo, gracias por ponerle palabras a una lucha que muchas mujeres han librado en silencio.

    Y gracias, también, por provocar esta pregunta que hoy quiero dejar sobre la mesa…


    ¿Qué clase de sociedad queremos ser si somos capaces de defender una tradición, pero no somos capaces de defender a una niña?

    Ninguna niña debería necesitar convertirse en heroína para poder ejercer el derecho más elemental de todos, vivir una infancia plena.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    Business Book Fair: ¿y si el conocimiento también fuera una forma de construir al país?

    ¿De qué está hecho el crecimiento de un país? ¿De cifras? ¿De grandes inversiones? ¿De tratados y negociaciones? Sí, pero también de algo mucho más sencillo y poderoso, personas preparadas para imaginar, crear y hacer realidad nuevas posibilidades. Y aquí es donde les quiero hablar de Business Book Fair y que conozcan una historia mexicana.

    En 2025, Benjamin Curley, Valeria Díaz, y Julia Calzada convirtieron una idea en un proyecto que reunió en ciudad de México a cientos de líderes, CEOs, emprendedores y autores.

    ¿El punto de partida? Algo tan sencillo como un libro. ¿El objetivo? Mucho más grande, conectar conocimiento, experiencia y comunidad para convertir las ideas en herramientas que puedan aplicarse en la vida real.

    Porque, seamos honestos, ¿De qué sirve leer un gran libro si aquello que aprendimos nunca se convierte en una decisión? ¿De qué sirve hablar de emprendimiento en nuestro país si los jóvenes no encuentran espacios para relacionarse, aprender y abrirse camino? ¿Y qué pasaría si una persona que apenas comienza puede sentarse frente a alguien que ya recorrió ese camino?
    Ahí aparece el verdadero valor de esta comunidad.

    La segunda edición de Business Book Fair se realizará del 3 al 5 de septiembre de 2026 en El Cantoral, Ciudad de México. No es solamente una feria. Es un punto de encuentro.

    Y quizá eso sea lo que más necesitamos, lugares donde las ideas puedan encontrarse con las personas capaces de convertirlas en realidad.

    México tiene talento. Muchísimo. La cuestión es… ¿Estamos haciendo lo suficiente para que nuestros jóvenes lo sepan? ¿Les estamos diciendo que pueden crear empresas desde México para el mundo? ¿Qué pueden competir, negociar, innovar y liderar? ¿Qué sus sueños empresariales no tienen por qué quedarse en una libreta?

    Porque el desarrollo de un país también se construye así, con una emprendedora que se atreve a crecer, con un estudiante que encuentra una nueva perspectiva, con un empresario que aprende a dirigir mejor, con un joven que descubre que su idea sí puede convertirse en una empresa, y ahí está lo entrañable de esta historia.

    Business book fair no nació en Silicon Valley, ni en Londres, ni en Nueva York. Nació en México. Fue imaginada y construida por tres juventudes mexicanas que decidieron apostar por el conocimiento y por su capacidad para crear. Por eso me atrevo a hacerles extensiva esta invitación…

    Presidenta Claudia Sheinbaum, secretario de Economía Marcelo Ebrard, dense la oportunidad de conocer lo que estos jóvenes están construyendo. Porque entre libros, grandes voces, conversaciones y encuentros aparece una pregunta todavía más importante… ¿Qué México podemos construir si apostamos por el talento, las ideas y la imaginación de nuestros jóvenes?

    Quizá ahí esté una de las respuestas que más necesitamos escuchar, un México que no espera oportunidades, sino que las crea; que no mira al mundo desde la banca, sino que se atreve a competir, innovar y liderar desde aquí. Porque cuando un joven descubre que sí puede, no solo cambia su propia historia. También empieza a cambiar la historia de México.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Cuando a la “oposición” la patria les queda grande y Washington les queda cerca

    Cuando a la “oposición” la patria les queda grande y Washington les queda cerca

    Hay algo que seguramente les quita el sueño a algunos políticos priistas, panistas y demás personajes que han decidido hacer de la política un negocio y esto es su propia conciencia.

    Porque una cosa es ser oposición, criticar al gobierno, cuestionar decisiones, exigir resultados y hasta rasgarse las vestiduras, que para eso hoy por hoy existe la democracia. Pero otra muy distinta es cruzar la frontera de la dignidad nacional y comenzar a pedir, y promover la intervención de Estados Unidos en México.

    Algunos personajes del PRI y del PAN parecen haber olvidado algo elemental, México no es una empresa que se entrega al mejor postor, ni un tablero donde Washington mueve las piezas a conveniencia. México es una nación construida con el trabajo, los sueños y los sacrificios de millones de mexicanas y mexicanos.

    Mi pregunta es inevitable, ¿hasta dónde están dispuestos a llegar para recuperar el poder?

    Porque cuando la ambición política comienza a pesar más que la soberanía, ya no estamos hablando simplemente de oposición, estamos hablando de una profunda crisis de conciencia y de una peligrosa renuncia a la dignidad nacional.

    Y conviene poner las cosas en su lugar, una cosa es la cooperación internacional y otra muy distinta entregar la decisión sobre nuestro destino.

    ¿De verdad alguien cree que Estados Unidos intervendría en México por puro amor a los mexicanos? ¿Qué llegarían con una cobija, una taza de café, y buenas intenciones? Por favor.

    Los mexicanos sabemos que las potencias no cruzan fronteras por filantropía. Detrás de cualquier intervención existen intereses, recursos, territorio, geopolítica y poder. Y aquí es donde la conciencia debería hacer su trabajo.

    Porque un político puede perder una elección, puede perder una candidatura, puede perder una curul, una dirigencia o un cargo público. Pero no debería estar dispuesto a perder la soberanía de nuestra patria para recuperarlos.

    Y si para volver al poder necesitan que otro país venga a resolverles lo que no pudieron resolver en las urnas, quizá el problema no sea México.

    Quizá el problema sea que la patria les quedó grande y Washington les quedó demasiado cerca.

    Y que quede claro, defender la soberanía no significa cerrar los ojos ante los problemas de México, significa entender que los problemas de México los debemos resolver los mexicanos, con instituciones, democracia, diálogo, justicia y participación ciudadana.

    Porque los gobiernos pasan, los partidos cambian, los políticos se van, pero México se queda. Y no piensen que la historia no toma nota, porque los mexicanos podemos olvidar muchas cosas, una promesa de campaña, un discurso, hasta la politiquería barata, lo que difícilmente olvidamos es quién estuvo dispuesto a poner a México en manos de otros por recuperar el poder.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    Hay frases que, por más que intenten maquillarlas, terminan exhibiendo una forma de entender el poder, y la panista Natalia Torres soltó una de esas perlas al plantear que para obtener la credencial para votar debería aplicarse un examen.

    O sea en otras palabras, no todos deberíamos decidir el rumbo del país, y bueno, esto no es tan nuevo, durante siglos sirvió para negar derechos a quienes “no estaban preparados”, primero fueron los pobres, luego los indígenas, después las mujeres y, en general, cualquiera que no perteneciera a la élite de turno.

    Curiosa manera de entender la democracia, ahora resulta que el propósito ya no sería convencer al electorado con ideas, con propuestas, sino empezar a seleccionar quién merece ser parte del electorado, háganme el bendito favor.

    No puedo evitar el darle a mi pensar el toque feminista, lo que propone Natalia Torres es una enorme contradicción, una mujer proponiendo filtros para ejercer un derecho que otras mujeres tuvieron que conquistar con décadas de lucha. El voto femenino en México no cayó del cielo ni fue un regalo de los partidos conservadores, esos espacios fueron conquistados gracias a décadas de lucha del movimiento feminista por el sufragio femenino, la igualdad jurídica, las cuotas de género y la paridad, generaciones que enfrentaron burlas, discriminación y exclusión para demostrar algo que hoy parecen olvidar, la ciudadanía no se mide con un examen.

    Lo preocupante no es solamente una declaración desafortunada, lo preocupante es que encaja perfectamente con una corriente política que ha ido ganando espacio en distintas partes del mundo.

    Una ultraderecha que se presenta como defensora de la “libertad”, pero que con demasiada frecuencia termina decidiendo hasta qué libros se pueden leer, recuerdo el caso del panista Carlos Abascal y el famoso libro Aura, una ultraderecha que también imponen qué derechos se reconocen, quién puede amar a quién, qué pueden hacer las mujeres con su vida y, ahora, hasta quién puede votar.

    En México esa narrativa por supuesto encontró eco, cada vez que el voto popular no favorece a ciertos grupos, aparece la misma cantaleta: “la gente votó mal”, “la gente fue manipulada”, “la gente no entiende”, es más fácil concluir que el pueblo está equivocado que aceptar que la ciudadanía simplemente no los respaldó. Porque cuando alguien empieza a decidir quién merece votar, la pregunta inevitable es, ¿quién aplicaría el examen? ¿Quién redactaría las preguntas? ¿Quién decidirá qué respuestas son las correctas? Y, sobre todo, ¿quién vigilaría a los que se creen con autoridad para repartir certificados de ciudadanía?

    (No creo que se lo encomendarían a la UNAM, y bueno, esa es otra historia.)

    No cabe duda que la “derecha” en nuestro país, sino se atora, se enreda. Imagínense, creen que elegir a nuestros gobernantes es un privilegio reservado para unos cuantos.

    Tal vez por eso la propuesta causó tanto ruido, no porque fuera una ocurrencia aislada, de la profesora de teoría constitucional en la UP, sino porque dejó ver, sin demasiados rodeos, una idea que la derecha lleva tiempo pensando en voz baja, si no pueden convencer a la mayoría, quizá la solución sea reducir quiénes forman parte de esa mayoría.

    En todo esto encontramos una ironía difícil de ignorar, mientras millones de mujeres siguen defendiendo derechos que costaron décadas de conquistar, hay quienes, desde la comodidad de un micrófono parecen más preocupadas por levantar nuevas barreras que por derribarlas. La historia recordará que hubo mujeres que abrieron puertas para que otras pudieran entrar y también recordará a quienes, una vez adentro, quisieron volver a cerrarlas.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    ¿Quién le pone un alto a Estados Unidos?

    Esa es la pregunta que cada vez más personas nos hacemos. ¿Hasta cuándo se seguirá tolerando la política de Estados Unidos que deriva en abusos, arbitrariedades y, en la muerte de migrantes?

    ¿Hasta cuándo las acciones de ICE seguirán acumulando denuncias de abusos, sin que haya investigaciones transparentes y responsabilidades claras?

    No estamos hablando de cifras estamos hablando de hombres y mujeres que salieron a trabajar, no a declarar una guerra, de seres humanos que durante décadas han contribuido a la economía estadounidense y que merecen no ser perseguidos y asesinados.

    Hay que exigir responsabilidades, utilizar todos los instrumentos diplomáticos y legales disponibles, denunciar las violaciónes a los derechos humanos y dejar claro que la vida de un mexicano no puede tratarse como desechable.

    Ha llegado el momento de que la defensa de nuestros paisanos deje de ser un discurso y se convierta en una prioridad permanente del Estado mexicano, porque guardar silencio frente a la injusticia nunca ha sido una opción digna.

    Frente a ello, la postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ha sido la correcta, no guardar silencio, demandar investigaciones cuando un connacional pierde la vida y recordar que la protección de nuestros migrantes no es un favor que se le pide a otro país, sino una obligación irrenunciable de nuestro gobierno.

    A la memoria de nuestros paisanos, mi respeto, a sus familias, mi abrazo, y a México, el compromiso de no guardar silencio hasta que la vida de nuestros migrantes sea respetada y la justicia deje de tener fronteras.

    Les mando un abrazo fraterno

  • Cuando un mundial también se convirtió en un mensaje político para el mundo

    Cuando un mundial también se convirtió en un mensaje político para el mundo

    Durante décadas, la imagen de México en el extranjero estuvo marcada por narrativas de violencia, corrupción e inestabilidad, y prejuicios que opacaron la fortaleza, el talento y la grandeza de nuestro país.

    En este mundial, millones de personas descubrieron otro México, un país que supo ponerse la camiseta, organizar uno de los eventos más grandes y complicados del planeta, recibir con los brazos abiertos a miles de visitantes y presumir con orgullo, nuestra cultura, música, gastronomía, nuestra historia y la calidez de nuestra gente.

    Este evento ha significado un reto enorme por las restricciones migratorias, el endurecimiento de los controles fronterizos y el ambiente político hostil generado por el gobierno de Donald Trump, aún así, México demostró al mundo su capacidad de organización, y su hospitalidad.

    Todo este esfuerzo recayó en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, y la verdad es que todo su equipo ha estado a la altura. La coordinación entre las dependencias federales, el trabajo de su gabinete y el esfuerzo conjunto con los gobiernos locales hicieron que el país estuviera a la altura del desafío.

    También hay que destacar el extraordinario trabajo del Gobierno de la Ciudad de México, encabezado por Clara Brugada, la capital mostró ser una ciudad con una amplia oferta cultural, espacios públicos activos con servicios urbanos, y mucha organización, también quiero hacer un reconocimiento especial para quienes pocas veces aparecen en las fotografías, el personal de limpieza de nuestras ciudades. Con su trabajo diario, muchas veces silencioso y poco reconocido, contribuyeron a que México luciera limpio, ordenado y digno ante millones de visitantes. Ellas y ellos también han sido parte del éxito de este Mundial.

    Millones de personas han seguido el mundial desde todos los continentes y pudieron observar que México es un país capaz de recibir visitantes con infraestructura moderna, seguridad, conectividad, riqueza cultural y una grandiosa hospitalidad que sigue siendo uno de sus mayores distintivos. Las imágenes de estadios llenos, calles convertidas en espacios de celebración, alegría y una afición apasionada, proyectaron una visión muy distinta a la que con frecuencia ocupaban los titulares.

    Esa, quizá, fue la victoria más importante.

    Les mando un abrazo fraterno

  • México y sus contradicciones

    México y sus contradicciones

    Querida Denise Dresser, leí tu columna de opinión titulada, “¡Sonrían, buscadoras!”. Y si, ya conocemos tu postura y francamente, tampoco sorprende el tono de tu opinión, para ti, si algo sale bien, es propaganda, si los mexicanos celebran, están manipulados y si el gobierno organiza un evento exitoso, entonces todo es un montaje para esconder la realidad. El guión es conocido y el desenlace también, para ti México es un país condenado al fracaso y leyéndote, da la impresión de que atribuyes a Claudia Sheinbaum prácticamente todos los males nacionales, como si la historia y las responsabilidades acumuladas de décadas comenzaran y terminaran con ella.

    El dolor de las madres buscadoras merece respeto, empatía y el compromiso absoluto del Estado, ninguna celebración, ningún mundial y ningún triunfo deportivo pueden borrar la tragedia de más de 130 mil personas desaparecidas ni el sufrimiento de sus familias. Las madres buscadoras no son enemigas de México, ni aguafiestas, ni adversarias de nadie, son mujeres que han hecho lo que jamás debieron haber tenido que hacer, salir a buscar donde las instituciones fallaron.

    Pero también es importante recordar que esta herida no nació con Claudia Sheinbaum ni con la Cuarta Transformación. Mucho de lo que hoy viven miles de familias es consecuencia de décadas de corrupción, impunidad y, en demasiados casos, de autoridades coludidas con el crimen organizado durante gobiernos del PRI y del PAN. Fue en esos años cuando las desapariciones se dispararon y cuando surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, obligadas a suplir las ausencias del Estado.

    Por eso, reducir esta tragedia a una sola persona o insinuar que la presidenta se burla de las víctimas, resulta una interpretación más cercana a tu activismo político que al análisis equilibrado. La crítica es legítima, pero también lo es exigir contexto y memoria.

    México es un país de profundas contradicciones, es verdad que puede haber una inauguración mundialista, desfiles y alegría popular, y al mismo tiempo familias viviendo una tragedia insoportable. Ambas realidades coexisten. Celebrar no es traicionar a quienes sufren, y protestar tampoco significa apostar contra México.

    Por eso me parece un error plantear que quien expresa entusiasmo por un evento deportivo es insensible, o que quien levanta una fotografía de un desaparecido busca arruinar la fiesta. Ni una cosa ni la otra. México es suficientemente grande para abrazar la alegría y, al mismo tiempo, mirar de frente sus heridas.

    Tampoco ayuda convertir cada declaración presidencial en una prueba definitiva de autoritarismo, ni utilizar el dolor de las víctimas como munición política. La indignación es legítima, pero la responsabilidad intelectual exige reconocer matices. El sufrimiento de más de 130 mil familias merece algo más que discursos incendiarios.

    Dicho esto, tampoco comparto tu idea de reducir a México a una confrontación entre “el país de la fiesta y el país de las fosas”, porque así como ningún gobernante es dueño de la nación, ninguna columnista es propietaria del dolor de las víctimas.

    Las madres buscadoras merecen ser cobijadas por todos, sin distinción política, merecen verdad, justicia y resultados, no convertirse en trofeos de una batalla ideológica. Merecen un país unido en torno a su causa y no una sociedad atrapada en trincheras partidistas.

    La pregunta que ellas hacen desde hace años sigue siendo la misma y debería estar por encima de cualquier disputa. ¿Dónde están?

    Y esa pregunta exige mucho más que columnas incendiarias, discursos partidistas o narrativas apocalípticas. Exige memoria, responsabilidad y un compromiso nacional que trascienda gobiernos, partidos y diferencias ideológicas.

    Porque México no se honra ocultando sus heridas, pero tampoco negándose el derecho a la esperanza y las madres buscadoras merecen algo mejor que ser ignoradas por unos o utilizadas por otros. Merecen verdad, justicia y el abrazo solidario de toda la nación.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Terrorismo callejero…

    Terrorismo callejero…

    México es una democracia, y en una democracia la protesta social es un derecho, lo que no es un derecho es el chantaje, la destrucción, la amenaza y la toma de rehenes, sí, millones de ciudadanos que nada tienen que ver con los conflictos de un grupo determinado.

    Cuando una manifestación se transforma en vandalismo, cuando se dañan negocios, monumentos, instalaciones públicas o propiedad privada, deja de ser una expresión legítima de inconformidad para convertirse en una agresión contra la sociedad. Quien rompe, incendia, saquea o amenaza con boicotear eventos internacionales no está luchando por una causa, está haciendo derroche de su ostracismo mental, imponiendo su voluntad mediante la fuerza.

    Resulta inadmisible que algunos grupos como la CNTE crean que pueden paralizar ciudades enteras, afectar el trabajo de miles de familias, ahuyentar inversiones, poner en riesgo la imagen internacional del país y después exigir que se les aplauda por ello. La protesta merece respeto el vandalismo merece consecuencias.

    Amenazar con boicotear eventos de talla mundial, como una Copa del Mundo, no es una muestra de conciencia social, es una demostración de desprecio hacia millones de mexicanos que desean que el país avance, genere empleos, atraiga turismo, el problema es que durante años se ha enviado un mensaje peligroso, destruir sale barato, bloquear, causar daños, secuestrar espacios públicos y afectar a terceros parece no tener consecuencias reales. Y cuando la impunidad se vuelve costumbre, el desorden termina disfrazándose de activismo.

    La autoridad tiene la obligación de escuchar demandas legítimas, pero también tiene la obligación de hacer cumplir la ley. No puede existir diálogo auténtico cuando una de las partes sostiene la conversación con amenazas, no puede existir justicia cuando los caprichos de unos se ejercen aplastando los derechos de todos los mexicanos .
    La CNTE y demás grupos pagados por los PRIANISTAS deberían entender algo, la indignación ciudadana también crece, el hartazgo también se acumula, cuando la sociedad exige orden, legalidad y respeto para los derechos de todos, ningún grupo puede asumir que tendrá un cheque en blanco para actuar impunemente.

    Les mando un abrazo fraterno

  • ¡Respira, Mahahual, respira!

    ¡Respira, Mahahual, respira!

    Hay noticias que se sienten como un respiro. Como cuando por fin alguien le dice “no” al dinero disfrazado de progreso y “sí” a la vida, al mar y a la dignidad de un pueblo.

    La cancelación del proyecto millonario “Perfect Day” de Royal Caribbean en Mahahual no es cualquier cosa, es una victoria enorme para Quintana Roo, para los manglares, para el Caribe mexicano y para todas las personas que durante meses alzaron la voz mientras les decían exagerados, “anti progreso” o enemigos de la inversión.

    Pues resulta que defender la naturaleza no era exageración, era sentido común.

    El proyecto contemplaba una inversión cercana a los 600 millones de dólares y buscaba convertir Mahahual en un gigantesco destino privado para cruceros, con infraestructura masiva, zonas comerciales,  extensas áreas de toboganes, playas artificiales, enormes piscinas, y miles de visitantes. Sus promotores hablaban de turismo y desarrollo, las comunidades y especialistas advertían otra cosa, presión extrema sobre los ecosistemas costeros, afectaciones a los manglares y riesgos para el arrecife mesoamericano, el segundo más grande del planeta.

    Y ahí está el punto clave: no todo lo que deja millones deja bienestar.

    México ya perdió más del 60% de sus manglares en algunas zonas costeras por desarrollos turísticos y urbanos descontrolados. Y perder manglares es terrible, porque estos ecosistemas pueden capturar hasta 4 veces más carbono que muchos bosques, además de funcionar como barreras naturales ante huracanes e inundaciones.

    En un estado como Quintana Roo, donde el turismo representa alrededor del 87% del PIB estatal, seguir apostando por modelos depredadores es literalmente dispararle al futuro. Sin arrecifes sanos, sin playas vivas y sin manglares, no hay Caribe que vender.

    Qué bueno que la SEMARNAT, encabezada por Alicia Bárcena, decidió frenar algo que podía convertirse en otro monumento al ecocidio elegante disfrazado de entretenimiento VIP. Porque durante décadas vimos cómo el “desarrollo” terminaba beneficiando a grandes corporaciones mientras las comunidades locales lidiaban con contaminación, escasez de agua, desplazamiento y deterioro ambiental.

    Y sí, qué hermoso cuando gana el pueblo, tras una fuerte oposición social y peticiones ciudadanas como la campaña en Change.org

    Cuando ganan los científicos, los ambientalistas, los pescadores y las comunidades que entendieron que los manglares valen más vivos que convertidos en concreto para turistas que estarán unas horas y se irán.

    Los manglares no son “terrenos vacíos”, son vida, protección y equilibrio.

    Hoy Mahahual nos deja una lección poderosa, que el dinero no siempre tiene la última palabra, a veces la tiene la conciencia colectiva y eso también es desarrollo. 

    Y sí… también me encantan los finales felices. 

    Les mando un abrazo fraterno.

  • Nuestra soberanía no se toca

    Nuestra soberanía no se toca

    “Terminando la guerra con Irán, seguimos con el continente americano”. Las palabras de Donald Trump encendieron las alarmas por la narrativa cada vez más agresiva hacia América Latina y especialmente hacia México, mientras insiste en catalogar a los cárteles como “organizaciones terroristas”.

    Y aquí es donde resulta indignante ver a sectores del PAN y del PRI prácticamente aplaudiendo y promoviendo una posible intervención estadounidense en nuestro país. ¿En qué cabeza cabe pedir que una potencia extranjera intervenga en México? Eso no es patriotismo ni oposición democrática, es una irresponsabilidad histórica y una falta de respeto absoluta a nuestra soberanía.

    Porque cuando Estados Unidos usa la palabra “terrorismo”, rara vez se queda solo en el discurso. Esa narrativa ha servido para justificar intervenciones, operaciones militares y presión política en distintos países.

    México no puede permitir convertirse en el siguiente escenario geopolítico bajo ningún pretexto.
    Merece reconocimiento la postura firme de la presidenta Claudia Sheinbaum, quien no ha bajado la guardia frente a las presiones externas y ha defendido la soberanía nacional con serenidad, fortaleza y compromiso. Cooperar internacionalmente no significa actuar de rodillas ante nadie.

    Nadie niega el grave problema del crimen organizado, pero combatirlo no puede ser excusa para vulnerar nuestra independencia. Además, resulta hipócrita que Estados Unidos señale únicamente a México cuando el consumo de drogas, el tráfico de armas y gran parte del lavado de dinero se sostienen desde territorio estadounidense.

    Los cárteles no crecieron solos, crecieron alimentados por millones de consumidores estadounidenses.

    Tenemos muy claro que defender la soberanía no significa defender criminales, significa entender que el futuro de México debe decidirse en México, no en Washington.

    Les mando un abrazo fraterno.