China y FIFA: La guerra por los derechos del Mundial

La FIFA enfrenta problemas con China para vender los derechos de transmisión del Mundial 2026. Pekín considera que el precio propuesto es demasiado elevado y, por primera vez, la FIFA no puede imponer sus condiciones.

La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) se encuentra en medio de una difícil negociación con China por los derechos de transmisión del Mundial 2026. Desde Pekín, las autoridades han rechazado la oferta de la FIFA de entre 250 y 300 millones de dólares, un monto que se eleva casi el doble de lo pagado por Qatar 2022.

Los canales chinos, como CCTV y China Media Group, no se dejaron impresionar y han cuestionado el valor del torneo para el mercado chino. Aunque la FIFA ha bajado sus expectativas a unos 150 millones, el interés en el evento ha disminuido considerablemente.

Una de las principales razones de esta postura es la falta de clasificación de China para el Mundial. Sin un equipo nacional en la competencia, el interés entre los aficionados ha decaído. Además, el torneo se llevará a cabo en EUA, México y Canadá, lo que provoca horarios inconvenientes para los televidentes en Asia. Para Pekín, el costo no justifica el retorno de inversión.

En este contexto, China también es consciente de su influencia en el mercado global. Durante el Mundial de 2022, el público chino generó una gran parte de las visualizaciones digitales. La FIFA necesita ese público, aunque no lo reconozca.

Esta situación refleja un choque de enfoques. Por un lado, la FIFA está acostumbrada a fijar precios elevados por sus derechos de transmisión. Por el otro, las autoridades chinas ya no están dispuestas a aceptar tarifas “premium”.

Además, la FIFA ha enfrentado críticas por su cercanía a intereses políticos y corporativos. Recientemente, Gianni Infantino fue criticado por su conducta durante eventos relacionados con el Mundial de Clubes. Esto ha afectado aún más su imagen ante los organismos internacionales y el público.

En resumen, la posición de China se encuentra clara: si el valor del producto ha disminuido, no pagarán precios altos por él. Este es un momento histórico en el que la FIFA no puede imponer su voluntad con facilidad, y esta realidad podría marcar un cambio en el futuro de las negociaciones por los derechos de transmisión.

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