Por Nathael Pérez
Más de 40 colonias del área metropolitana de Monterrey amanecieron este martes sin servicio de agua potable tras la rotura de una tubería de 48 pulgadas, lo que obligó a Agua y Drenaje de Monterrey a suspender el suministro en varios sectores. Los municipios afectados fueron Monterrey, Guadalupe, Santa Catarina, Apodaca y parte de Escobedo, donde algunos vecinos acumularon hasta cuatro días sin el servicio. Sin embargo, este corte exhibe una problemática más grave de fondo.
La crisis hidrica
Nuevo León lleva años atrapado en una crisis hídrica resultado de décadas de negligencia institucional, crecimiento urbano e industrial sin planificación y una infraestructura que se deteriora más rápido de lo que se repara. El punto de no retorno llegó en 2022, cuando, ya bajo el gobierno de Samuel García, las presas tocaron niveles críticos y comunidades enteras pasaron días —en algunos casos semanas— sin una gota de agua en sus casas. La presa Cerro Prieto, una de las tres que abastecen a la zona metropolitana, llegó a operar a apenas el 12% de su capacidad.
Las causas del problema son múltiples: el uso agrícola representa el 71% del consumo hídrico del estado, mientras que el abasto urbano apenas alcanza el 25%, una distribución que nunca ha sido tomada con seriedad por ningún gobierno. El panorama es tan grave que el director del Instituto para la Protección Ambiental advirtió que, pese a que las presas hoy están relativamente llenas, el agua existente solo alcanzaría para tres años si los patrones de consumo no cambian.
Como si esto no fuera suficiente, la red de distribución pierde una basta cantidad de agua antes de que llegue a los hogares: la llamada “agua no contabilizada”, aquella que se despacha desde las presas pero se pierde en fugas, robos o errores de medición, alcanzó el 55% en 2023. Con esfuerzo, bajó al 45% en 2025. En pocas palabras, casi la mitad del agua que sale de las presas nunca llega a ningún grifo, y cualquier esfuerzo en mejorar las presas o la captación es en vano.
La ineptitud de Samuel
Samuel García llegó al poder en 2021 y se apresuró a presentarse como el gobernador que resolvería de una vez por todas la crisis hídrica de Nuevo León. Su carta de presentación fue la Presa Libertad, una obra monumental que su gobierno vendió como la salvación hídrica del estado. Lo que García omitió con notable conveniencia es que esa presa fue iniciada por su antecesor, “El Bronco”. Pese a ello, no ha dejado de lucirse con ella en cada oportunidad mediática posible.
La Presa Libertad tuvo cuatro fechas de entrega distintas: julio de 2023, agosto de 2023, diciembre de 2024 y, finalmente, marzo de 2025. Año y medio de retrasos en una obra que el propio García calificaba como “urgente e impostergable”, mientras los ciudadanos seguían lidiando con tandeos y escasez, mientras él se preocupaba más por sus videos para Tik Tok y redes sociales.
El resultado de Samuel tras cuatro años de gestión es una crisis hídrica que sigue sin resolverse de fondo, una red de distribución que desperdicia casi la mitad del agua que distribuye, decenas de colonias amanecen sin agua, como ocurrió esta semana, mientras su gran preocupación es pasear en su Tesla, viajar a Asia e ir al gimnasio.


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