Mientras crece el rechazo mundial a Gianni Infantino, Mikel Arriola mantiene su respaldo al presidente de la FIFA, desde homenajes hasta apoyo a sus proyectos más polémicos.
Mientras buena parte del fútbol mundial cuestiona las decisiones de Gianni Infantino, el alto comisionado de la Federación Mexicana de Fútbol, Mikel Arriola, ha optado por mantener una postura de respaldo y apertura hacia el dirigente suizo, incluso cuando sus propuestas enfrentan una creciente oposición internacional.
La muestra más simbólica ocurrió en marzo de este año. Durante la reinauguración del Centro de Alto Rendimiento (CAR), Arriola encabezó la develación del “Edificio Gianni Infantino”, nombrando el inmueble principal del complejo en honor al presidente de la FIFA, un reconocimiento poco común para un dirigente extranjero que continúa en funciones. En aquella ceremonia, el propio Arriola destacó que los recursos de la FIFA estaban siendo utilizados “para beneficio de los futbolistas” antes de descubrir la placa con el nombre de Infantino.

Meses después, esa cercanía volvió a quedar en evidencia.
En medio de la polémica por el plan de Infantino para crear FIFA Forward Enterprise, una filial comercial que podría abrir hasta 20% de su capital a inversionistas privados, Arriola evitó sumarse al rechazo expresado por varias confederaciones y aseguró que la Federación Mexicana está “abierta a analizar todo”.
Su declaración contrasta con la postura adoptada por la Concacaf, organismo al que pertenece México, cuyos integrantes expresaron preocupación por la falta de información, los tiempos del proceso y la necesidad misma de recurrir a capital privado después del Mundial más rentable en la historia de la FIFA.

La iniciativa de Infantino enfrenta uno de sus momentos más delicados. El asesor presidencial Carlos Cordeiro presentó su renuncia calificando el proyecto como “un mal negocio para el futbol”, mientras UEFA, Concacaf y la Confederación Asiática han cuestionado el modelo por considerar que compromete el futuro del principal activo de la FIFA.
En ese contexto, la actitud de Arriola resulta llamativa. Primero decidió inmortalizar el nombre de Infantino en el principal edificio del futbol mexicano; ahora evita tomar distancia de la propuesta más polémica del dirigente suizo.
Respaldar a la FIFA es parte de las funciones de cualquier federación afiliada. Sin embargo, rendir homenajes institucionales a un presidente en funciones y mantener una posición de apertura cuando su liderazgo enfrenta críticas inéditas alimenta la percepción de una cercanía política que va más allá de una relación protocolaria.
La discusión ya no es únicamente sobre el futuro comercial del Mundial. También es sobre el papel que jugarán dirigentes nacionales como Mikel Arriola: si actuarán como representantes de los intereses del futbol mexicano o como aliados de uno de los presidentes más controvertidos que ha tenido la FIFA.

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