Netflix anunció la transmisión de la Liga de Naciones y de la Copa Oro en México, lo que confirma la tendencia de privatizar el fútbol profesional por completo, quedando al alcance solo para quien pueda pagar las múltiples suscripciones.
La Copa Oro se transmitía principalmente por televisión abierta con alcance masivo y gratuito para millones de mexicanos, pero a partir de 2027 las finales pasarán en exclusiva a Netflix, una plataforma de pago cuyo plan más económico cuesta 139 pesos mensuales y el premium supera los 369 pesos mexicanos.
El costoso ecosistema de suscripciones ya no basta con una sola plataforma, y Netflix es solo la punta del iceberg. Para seguir el fútbol mexicano y futbol europeo en 2026 los aficionados deben recurrir a un laberinto de suscripciones pagadas:
- HBO Max: desde 149 pesos/mes (plan básico con anuncios) hasta 299 pesos (Platino sin anuncios y 4K).
- Amazon Prime Video: desde 99 pesos/mes (con anuncios) hasta 149 pesos (sin anuncios).
- Fox One: suscripción independiente cuesta 175 al mes para Liga MX, Liga MX Femenil y Concacaf Champions Cup.
- Disney +: desde 149 pesos/mes (con anuncios) hasta 319 pesos (Premium sin anuncios y múltiples dispositivos).
- ViX Premium: 149 pesos/mes (versión de pago sin anuncios y con más partidos exclusivos de Liga MX)
- Sky Sports / Televisión por cable: paquetes de Sky, Izzi u otros operadores que incluyen canales deportivos (Fox Deportes, TUDN, etc.).
Sumando solo los planes más baratos de estas plataformas deportivas, incluyendo un paquete básico de cable, el gasto mensual fácilmente puede superar los 800-1,500 pesos solo para tener acceso completo.
En México, donde el fútbol es identidad cultural, escape social y tradición familiar, esto es excluyente, pues más que suscripciones imita un club privado al que solo entran quienes pueden pagar cada mes.
Ver un partido ya no es solo “prender la tele”, sino tener internet estable, dispositivo compatible y varias suscripciones activas al mismo tiempo, por lo que miles de aficionados de sectores populares, estudiantes, trabajadores informales o familias de escasos recursos quedarán fuera.
Lo que antes era un patrimonio colectivo se ha convertido ahora en un menú de suscripciones. Mientras las empresas y federaciones se reparten miles de millones, los aficionados quedan relegados a la banca o a la piratería.

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