El Mundial ya no es para todos: futbol da espalda al pueblo

El entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, recordó con nostalgia cómo era el Mundial hace años: “Antes el Mundial era como una celebración de la alegría del fútbol para las naciones que iban allí. Todos viajaban desde todos los continentes para ver a su país jugar. Y era accesible.” 

Antes de un partido de la FA Cup, el entrenador español fue contundente al señalar la dirección que está tomado el deporte: “Tenemos que pensar en esto. El fútbol es para los aficionados. Este negocio no funciona sin ellos.”

El boleto más caro para la final cuesta casi 11 mil dólares, pero eso es apenas el precio oficial. En el mercado de reventa habilitado por la propia FIFA, la situación es aún más escandalosa, hasta cuatro boletos de Categoría 1 para la final en el MetLife Stadium han sido listados en casi 2.3 millones de dólares cada uno en el sitio oficial de reventa de FIFA.

Para los partidos de fase de grupos, los precios tampoco son accesibles para el aficionado promedio. Un boleto de “categoría frontal” para el partido entre Estados Unidos y Paraguay fue puesto a la venta en hasta 4 mil 105 dólares.

La FIFA defiende sus precios apelando a su naturaleza de organización sin fines de lucro. El presidente Gianni Infantino argumentó que el Mundial es la única fuente de ingresos de FIFA cada cuatro años, y que ese dinero se reinvierte en el desarrollo del fútbol en 211 países.

Sin embargo, críticos señalan una contradicción ya que la FIFA cobra un 30% de cada transacción en el mercado de reventa (15% al vendedor y 15% al comprador). Esto significa que si alguien comprara el boleto de 2.3 millones de dólares, la FIFA recibiría casi 690 mil dólares de una sola transacción.

La organización Football Supporters Europe lo resumió con ironía: “El hecho de que la reventa sea legal no significa que la FIFA deba convertirse en el revendedor.”

Un grupo de legisladores estadounidenses exigió formalmente a la FIFA reducir los precios, señalando que el uso de precios dinámicos ha convertido al Mundial en una empresa que excluye a los verdaderos aficionados con los altos precios de los boletos para el Mundial 2026.

La venta de boletos registra rezagos notables. Para el partido entre Estados Unidos y Paraguay, apenas 40 mil 934 boletos habían sido comprados en un estadio con capacidad para alrededor de 69 mil 650 personas. No es que no haya aficionados que quieran ir. Es que no pueden pagar esos precios.

Hubo una época en que el Mundial era sinónimo de una fiesta popular. Ese espíritu está siendo sistemáticamente reemplazado por una lógica de mercado que prioriza la maximización de ingresos sobre el acceso universal.

Pep Guardiola, uno de los técnicos mejor pagados del mundo, eligió hablar por quienes no tienen esa posibilidad, y su mensaje es claro: “el futbol no puede seguir siendo un deporte popular si sus eventos más importantes son exclusivos para quienes pueden pagar miles de dólares por un asiento”.

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