Durante los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto el precio de la gasolina en México se convirtió en un mecanismo de presión constante sobre la ciudadanía. Aumentos constantes amenazaban el bienestar social.
Actualmente, el encarecimiento del combustible en Estados Unidos, derivado por las tensiones como la guerra con Irán y riesgos en el Estrecho de Ormuz, han exhibido un panorama internacional desfavorable, sin embargo se ha logrado mantener cierta estabilidad bajo la administración de Claudia Sheinbaum.
El sexenio de Felipe Calderón implementó los llamados “gasolinazos”, con aumentos mensuales que, aunque graduales, terminaron por acumular un incremento notable. El precio de la gasolina pasó de $6.74 por litro en 2006 a $10.81 en 2012, representando un incremento de 22.9% en términos reales, justificándose con que eran ajustes necesarios. Pero la realidad fue un golpe hacia el ingreso de las familias, sin que existiera un plan claro para evitar ese daño a la economía.
Con Enrique Peña Nieto el golpe fue más duro. El alza de precios derivada de la reforma energética detonó el aumento histórico de 2017. El costo de la gasolina pasó de $10.92 en 2012 a poco más de $19, incrementado así un 40%. El incremento no sólo elevó la inflación, sino que provocó protestas y la desconfianza total de la población.
De esta manera, México terminó con precios de gasolina superiores a los de Estados Unidos. Ciudadanos en la frontera norte cruzaban al otro lado para cargar combustible, haciendo notable el peso del nuevo costo sobre el consumidor, repitiendo el patrón del sexenio anterior pero a un nivel más elevado.
Actualmente, el panorama internacional presenta un reto distinto pero igualmente complejo. A nivel global el precio de la gasolina ha incrementado debido a la inestabilidad en Medio Oriente, donde los conflictos y amenazas sobre rutas estratégicas presionan el mercado global.
A diferencia del pasado, en México el incremento responde a factores externos, pero evidencia la fragilidad de un sistema que depende casi por completo de dinámicas internacionales.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum ha optado por una ruta distinta: contener los precios para así evitar incrementos drásticos. Lo cierto es que la estabilidad actual contrasta con los hechos de aumentos desmedidos del pasado.
Mientras los gobiernos de Calderón y Peña Nieto convirtieron la gasolina en un mecanismo de castigo hacia la ciudadanía, incrementando los costos y sus privilegios e intentado privatizarlo, fue en realidad una falta de interés hacia la protección del pueblo. No fue sólo una política económica fallida, sino más bien un abuso del sistema que dejó ver y exhibir a gobiernos incapaces de contener el impacto social de sus propias decisiones.

Deja un comentario