Quitopía convierte una vieja estación de trolebús abandonada en un centro comunitario, igual que la capital mexicana hizo con baldíos, edificios viejos y deportivos.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, aseguró que las Utopías ya reciben reconocimiento en el mundo. El ejemplo más reciente está en Ecuador. Quitopía, la primera Utopía fuera de México, abre sus puertas en Quito.
El proyecto ocupa la antigua estación del trolebús La Y, al norte de la capital ecuatoriana. La estación funcionó de 1995 a 2018 y después pasó ocho años sin uso. Ahí quedaron vehículos y motos casi convertidos en chatarra. Hoy el lugar suma 6 mil 800 metros cuadrados de construcción, con espacios para cuidados, cultura, deporte e innovación. El Municipio espera atender a unas 36 mil personas al mes. Paulina Recalde, secretaria de Coordinación Territorial, explicó que la meta fue devolver a la comunidad un predio abandonado. El nombre une las palabras Quito y Utopía.
Esta historia se parece a lo que la Ciudad de México ya hizo en sus propias zonas recuperadas. Cuatro casos lo muestran.
En Miguel Hidalgo, la Utopía México-Tenochtitlan no ocupó un terreno vacío, sino un edificio. Allí estuvo el Instituto de la Juventud, sobre la estación Colegio Militar del Metro. Tras ocho meses de obra y 52 millones de pesos, el inmueble de siete niveles y casi 4 mil metros cuadrados abrió sus puertas. Brugada lo dedicó a las juventudes. Además, recordó que cerca de esa calzada ocurrió la represión del 10 de junio de 1971.
En Coyoacán, la Utopía Elena Poniatowska Amor recuperó casi 20 mil metros cuadrados en el barrio de San Lucas. El gobierno invirtió más de 242 millones de pesos. La escritora acudió a la inauguración, el 9 de agosto. Brugada dijo que quiere que ahí nazcan “las Elenas Poniatowskas del futuro”. El espacio también incluye el primer centro comunitario público y gratuito de la capital para personas con Parkinson.
Más al oriente, en Iztapalapa, la Utopía Libertad cambió la cara de una zona junto al Reclusorio Oriente. Antes era área de contención del penal, y los vecinos la recuerdan como un baldío que servía de basurero. Desde 2023, sus 60 mil metros cuadrados ofrecen planetario, alberca semiolímpica y temazcales. Las obras usaron materiales sustentables, como bambú, adobe y bloques de PET.
Al sur, en el pueblo originario de San Miguel Topilejo, la Utopía del Maíz, llamada Centli, ocupa el antiguo Deportivo Topilejo. La Asamblea Comunal donó casi 50 mil metros cuadrados del predio. El gobierno invirtió 253 millones de pesos. Brugada explicó el nombre con una frase corta: “sin maíz no hay país”. El lugar cuenta con una Casa de las Semillas, un banco de germoplasma y un laboratorio para cuidar el maíz nativo.
Los cinco proyectos comparten una idea: devolver al barrio un lugar que otros dieron por perdido. Cambian la escala y el entorno. México-Tenochtitlan aprovecha un edificio de cuatro niveles de historia urbana, mientras Libertad y Centli llenan grandes terrenos. Quitopía queda en un punto medio, con una estación que volvió a latir.
El reconocimiento internacional tampoco es nuevo. ONU-Hábitat presenta las Utopías como un modelo que ganó el Shanghai Award por reducir desigualdades y fortalecer la vida comunitaria. Ahora ese modelo cruza la frontera y llega a Quito.


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