Rojo de la Vega apuesta por Nueva York antes que por la soberanía nacional

Alessandra Rojo de la Vega recibió a legisladores y congresistas de Nueva York para intercambiar experiencias sobre gobierno. Aunque presentó el encuentro como cooperación internacional, su postura abre un cuestionamiento de fondo: las autoridades mexicanas no deberían saltarse los cauces institucionales ni abrir la puerta a la injerencia extranjera en asuntos que corresponden al país.

Rojo de la Vega presumió el encuentro con legisladores, senadores y congresistas de Nueva York, asegurando que comparten una “visión común” sobre Estado de Derecho, derechos humanos y protección de las mujeres. Sin embargo, la cooperación internacional no puede convertirse en una excusa para colocar intereses o modelos extranjeros por encima de las instituciones mexicanas. México tiene autoridades, leyes y mecanismos propios para discutir y resolver sus problemas.

La alcaldesa parece apostar por vender hacia el extranjero la idea de que las soluciones para México deben venir de fuera, cuando lo que debería fortalecerse es la capacidad institucional y la soberanía nacional. Intercambiar experiencias puede ser válido, pero no cuando se presenta a actores políticos extranjeros como referentes para definir asuntos que corresponden a la ciudadanía y a las autoridades mexicanas.

El problema de fondo es la disposición a normalizar una mayor participación extranjera en asuntos internos. México debe mantener relaciones de cooperación, pero desde la soberanía y el respeto a sus propias autoridades, no desde la subordinación ni la búsqueda de aprobación en el exterior. Celebrar la injerencia como si fuera modernidad institucional es una postura que merece ser cuestionada.

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