Mientras el gobierno de Salomón Jara Cruz en Oaxaca asegura que atiende problemas, en los hechos hay familias desplazadas, miedo constante y comunidades olvidadas. Un caso de ello es el conflicto en San Juan Mazatlán Mixe, el cual deja ver que el apoyo sólo es para unos cuantos y hay silencio para el resto.
La imagen refleja a pobladores durmiendo afuera del Palacio de Gobierno porque no tienen otra opción. Habitantes de Loma Santa Cruz y Los Valles llegaron hasta la capital para exigir ayuda, luego de meses sin respuestas. Más de 500 personas siguen fuera de sus casas mientras el gobernador Salomón Jara Cruz ha insistido en que todo está bajo control. Pero la realidad es otra.
En lugar de soluciones, lo que existe son solo promesas a medias: se habla de apoyo, pero las brigadas médicas llegan sin medicinas o de forma incompleta. Un grupo armado señalado sigue en la zona y el miedo persiste. Familias huyen o se esconden, mientras el gobierno parece más preocupado por decir que todo está bien en vez de resolver el conflicto de raíz.
El pleito por las tierras entre las comunidades lleva tiempo, pero la violencia escaló sin intervención de las autoridades. A pesar de acuerdos para resolverlo por la vía pacífica, la entrada de armamento ha dejado muertos, fracturando la tranquilidad de las comunidades, por lo que surge preguntar: ¿por qué el gobierno no actúa cuando la gente lo necesita?
Por otro lado, hay comunidades sin clases desde hace años, debido a la falta de luz. No están en guerra, pero viven como si lo estuvieran: nadie llega y nadie resuelve.
Las familias han decidido protestar porque ya no confían en las promesas, advirtiendo que, si no hay respuestas, se integrarán más personas al bloqueo haciendo crecer la protesta. El problema, lejos de resolverse, parece hacerse más grande.
Lo que ocurre en la comunidad Mixe refleja un gobierno que atiende solamente a unos cuantos, a los más allegados o conocidos, dejando en el olvido a los demás. Esto cambia cuando hay comunidades enteras esperando ayuda que nunca llega.
La administración de Jara vive del nepotismo. Las comunidades piden seguridad y poder regresar a casa, pero parece demasiado para un gobierno que mira hacia otro lado para conservar sus beneficios.

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