El legislador justificó sus “siestas” por la edad, pero en redes lo exhiben activo en realities y lo acusan de priorizar la farándula sobre su trabajo público.
Sergio Mayer volvió al centro de la polémica tras reconocer que se queda dormido durante sesiones del Congreso, una confesión que rápidamente se viralizó y encendió las redes sociales. Lejos de matizar, el legislador soltó la frase que lo persigue: “Soy adulto mayor y ya me quedo dormido… no me avergüenza”.
El problema no es solo la siesta, sino la contradicción evidente. Mientras en el pleno “descansa”, en programas como La Casa de los Famosos México aparece con energía de sobra. La crítica fue inmediata: ¿cansado para legislar, pero despierto para las cámaras? La respuesta en redes fue brutal.

Usuarios lo señalan por falta de compromiso, por convertir el cargo en trampolín mediático y por descuidar sus funciones públicas. Y no es nuevo: en 2026 solicitó licencia para integrarse a un reality, reavivando el debate sobre figuras del espectáculo que saltan a la política sin soltar el reflector.
Desde el entorno legislativo, incluso ha surgido la llamada “Ley Anti-Mayer”, una propuesta para evitar que diputados pidan licencia con fines de entretenimiento, un traje que parece hecho a su medida. Porque si algo ha dejado claro el diputado es que las cámaras le interesan tanto como —o más que— las curules.
El propio Mayer ha intentado justificar su cansancio por su rutina entre trabajo, ejercicio y televisión. Sin embargo, la percepción pública es otra: cuando se trata de legislar, bosteza; cuando hay rating, revive. Y así, entre cabeceo y polémica, vuelve a colocarse en tendencia.

Deja un comentario