El alcalde panista confunde una alcaldía con la política exterior del país y convierte la diplomacia en espectáculo para redes sociales.
El alcalde de Miguel Hidalgo, Mauricio Tabe, decidió dar el salto de jefe delegacional a canciller improvisado, al exigir que las embajadas de Venezuela, Cuba y Nicaragua sean retiradas de su demarcación.
En una grabación difundida en X, el edil calificó a esos gobiernos como “dictaduras criminales” y aseguró que no hablaba como político, sino como “ciudadano preocupado por la libertad”. Sin embargo, el mensaje —amplificado por influencers de derecha— fue leído por amplios sectores como un acto de oportunismo político, carente de fundamento jurídico y ajeno a las facultades de una alcaldía.
“Miguel Hidalgo no abraza criminales”, proclamó Tabe, olvidando que las embajadas no dependen de alcaldes, sino del Estado mexicano a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores. Aun así, anunció que enviará una solicitud formal a la SRE, en lo que muchos usuarios calificaron como un gesto simbólico, inútil y pensado para el aplauso digital.

Mientras en la demarcación persisten problemas de seguridad, servicios urbanos y movilidad, el alcalde prefirió jugar al defensor global de los derechos humanos, declarando a Miguel Hidalgo como “bastión de la libertad”, ahora con vocación de microrepública diplomática.
La salida de Tabe ocurre en un contexto internacional tenso tras la intervención militar de Estados Unidos en Venezuela, rechazada por la presidenta Claudia Sheinbaum, quien reiteró la histórica postura de México de no intervención y respeto a la soberanía.
Incluso dentro del propio PAN, la postura fue celebrada como un golpe mediático, mientras críticos señalaron que el edil usa la alcaldía como trampolín ideológico, confundiendo gobernar con opinar y administrar con pontificar. Al final, Tabe no movió embajadas, pero sí logró lo que buscaba: likes, polémica y reflectores, aunque fuera a costa del ridículo institucional.

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