Alejandro Moreno sostuvo un encuentro con la embajadora de Israel en México, Einat Kranz Neiger, lo que generó una ola de reacciones negativas en redes sociales por el contexto internacional y el papel del PRI.
El dirigente priista informó que sostuvo una reunión con la diplomática israelí y otros funcionarios, en la que dialogaron sobre cooperación estratégica entre ambas naciones. Incluso destacó que sembraron un olivo y un ahuehuete como símbolo de paz, en un gesto que intentó proyectar cercanía y entendimiento entre ambos países.
Sin embargo, la reunión ocurre en un contexto internacional altamente sensible, donde Israel enfrenta fuertes cuestionamientos globales por sus ataques ocntra Irak y el genocidio en Palestina. Esto provocó que usuarios en redes sociales criticaran duramente a Moreno, señalando que su acercamiento refleja una postura desconectada de la realidad.
Me reuní con la Embajadora de Israel en México, @EinatKranz, y con el Jefe de Misión Adjunto, Nadav Peldman. Conversamos sobre la relevancia de fortalecer la cooperación entre nuestras naciones en asuntos estratégicos.
Este encuentro evidenció una nueva polémica para el líder priista, ya que muchos consideran que este tipo de gestos diplomáticos carecen de sensibilidad política y podrían afectar la imagen internacional de México, además de alimentar el rechazo hacia su liderazgo dentro y fuera del país.
A esto se suma que el tema no es menor en México: previamente, un falso atentado contra la embajadora israelí encendieron tensiones internacionales, aunque fueron desmentidas. La propia representación de Irán calificó dichas acusaciones como un “invento mediático”, mientras que autoridades mexicanas aseguraron no tener registro alguno del supuesto ataque. En este contexto de información contradictoria y alta tensión geopolítica, la reunión de Moreno no solo resulta polémica, sino también cuestionable por su oportunidad y mensaje político.
El dirigente del PRI lanzó insultos y amenazas contra el periodista Manuel Pedrero mientras intentaba defender a la diputada Tania Larios; su reacción provocó burlas en redes por el tono agresivo y descontrolado del líder priista.
El dirigente nacional del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, volvió a protagonizar un momento polémico al arremeter con insultos y amenazas contra el periodista Manuel Pedrero durante una transmisión del canal Atypical TV, donde perdió el control mientras hablaba de un supuesto caso de violencia política contra la diputada priista Tania Larios.
Durante la conversación, Moreno intentó posicionar a Larios como víctima, luego de un debate ocurrido en el espacio de Juan Becerra para Radio Fórmula. Sin embargo, lejos de mantener un tono institucional, el líder priista recurrió a descalificaciones y ataques personales, calificando a Pedrero como “chayotero” y lanzando expresiones ofensivas en plena transmisión.
Incluso, “Alito” Moreno insinuó que el periodista no se atrevería a confrontarlo directamente, afirmando que si lo tuviera enfrente “no diría lo mismo”. Las declaraciones fueron interpretadas por diversos usuarios en redes sociales como una amenaza directa contra el comunicador, lo que desató críticas y burlas hacia el dirigente tricolor.
Lejos de fortalecer su argumento, el episodio terminó evidenciando el estilo confrontativo y explosivo del dirigente del PRI, quien nuevamente se colocó en el centro de la polémica por su manera de responder a cuestionamientos periodísticos. Para muchos internautas, el dirigente prefirió el insulto, una escena que rápidamente se viralizó.
En redes sociales, usuarios ironizaron sobre la reacción del político campechano, recordando los múltiples escándalos que han rodeado su carrera, y cuestionaron que quien encabeza un partido histórico responda con descalificaciones en lugar de argumentos.
Augusto Gómez Villanueva, señalado por un fraude turístico de más de 932 mdp en Nayarit, es el padrino político de la diputada Tania Larios, quien sumó a su equipo de marketing y estrategia digital a Augusto Gómez Ibarra, nieto de su padrino político.
Por Martha Rojas y Carla Wing
La diputada priísta Tania Larios es respaldada por Augusto Gómez Villanueva, un priísta de pura cepa que ha enfrentado diversas acusaciones de corrupción a lo largo de más de cinco décadas de trayectoria.
Tania Larios define a Augusto Gómez como un verdadero ejemplo, “una guía, muestra de integridad, un humano virtuoso, un verdadero revolucionario”, un “amigo y maestro” que en diversas ocasiones le ha mostrado su apoyo de manera franca y bondadosa.
Es el mismo Augusto que en 1974 bajo el Gobierno de Luis Echeverría fue nombrado jefe del Departamento de Asuntos Agrarios y Colonización, para convertirse, un año después, en el flamante secretario de la Reforma Agraria. El mismo Augusto que años después de su nombramiento huiría a Italia como embajador para escapar de las acusaciones que lo implicaban en un fraude millonario a Banobras – con el cual se apropió de buena parte de las playas de Bahía Banderas en Nayarit- y el mismo que hoy en día, a fuerza de palancas y conocidos, mantiene a su nieto Augusto Gómez Ibarra dentro del equipo de comunicación de Tania Larios.
La historia negra de los Gómez Villanueva
El patriarca Augusto Gómez Villanueva inició su carrera política en 1960, pero la bonanza le llegó en el sexenio de Gustavo Díaz Ordaz, donde tuvo un breve paso por la Secretaría de Gobernación para más tarde convertirse en el presidente de la Cámara de Diputados. Fue ahí donde conoció a Luis Echeverría a quien impulsó hasta que este consiguió la presidencia de México.
Años antes, Augusto Villanueva había saltado a los reflectores públicos como uno de los priístas más influyentes del país. No sólo porque guardaba una estrecha relación con los presidentes, sino porque había cosechado un fuerte liderazgo en el sector agrario.
Tras acusar a los estudiantes del 68 de “traidores a la patria” y apoyar públicamente las acciones violentas de represión y desaparición de Días Ordaz, Augusto se hizo con la secretaría general de la Confederación Nacional Campesina, una estructura clave en el partido que se encargaba de movilizar los votos del campesinado
En 1970, con Luis Echeverría, Augusto Villanueva se convirtió en secretario de la Reforma Agraria, pero al mismo tiempo ostentaba el cargo de presidente del Consejo Técnico del Fideicomiso Bahía Banderas.
Este era un órgano de gobierno encargado de administrar y planear el desarrollo urbano de la zona chica de Nayarit. Básicamente se encargaba de distribuir fondos, supervisar y controlar el desarrollo turístico de la zona.
Lo cual no constituiría ningún peligro, salvo que por ese tiempo el flamante Augusto Villanueva, también era accionista de la empresa Nuevo Vallarta, una empresa en la que compartía crédito con Alfredo Ríos Camarena.
Desde 1970, el Estado expropió más de 4 mil 136 hectáreas de los ejidos Jarretaderas, Bucerías Higuera Blanca, Cruz de Huanacaxtle Sayulita, Las Varas, Peñita de Jaltemba y El Capomo con el pretexto de que eran tierras con potencial turístico.
Y esto se hizo una realidad cuando la empresa de Augusto Gómez Villanueva, la “Nuevo Vallarta” comenzó la compra de 70 kilómetros sobre la playa.
Los recursos con los que Augusto compró los terrenos provenían de Banobras y el permiso del Fideicomiso Bahía Banderas, el mismo que él presidía.
“Funcionarios obligaron a Banobras a comprar acciones de la empresa privada Nuevo Vallarta”, reza una denuncia interpuesta por Federico Martínez Menatou.
La compra de aquellos terrenos implicó un conflicto de interés, un fraude con valor de 938 millones de pesos, pues los accionistas de Nuevo Vallarta se habían quedado tanto con los recursos de Banobras como con las tierras y con ganancias de más de 298 millones de pesos.
En cuanto se destapó el caso, Ríos Camarena fue arrestado por el FBI en Miami, pero Augusto Gómez escapó a Italia con el cargo de embajador. En 1982, regresó a México para inmediatamente ser enviado a Nicaragua. Al final, Augusto se estableció en México, donde ha sido legislador decano.
Pero eso no ha impedido que Villanueva extienda su influencia en el PRI, partido en el que es venerado con idolatría maliciosa. Sobre todo, por Alejandro Moreno, quien le ha otorgado cargos como presidente de la Comisión Nacional de Procesos Internos o de la Comisión Nacional de Fortalecimiento.
En alguna reunión del PRI conoció a la joven Tania, quien desde los 17 años se decía admiradora del PRI y quería ser militante.
Según su propia versión, la diputa se hizo militante con 18 años, le encantaban los debates, los voluntariados en las juventudes del PRI. Y así, con rapidez y sigilo, la joven se convirtió en Secretaría General del PRI y luego en diputada.
Hoy, por segunda ocasión, Tania Larios ejerce como diputada en el Congreso local de CDMX, con un equipo de nueve asesores que le cuestan al erario más de 3 millones de pesos al año y cuyos resultados son mediocres o nulos.
Externamente, Tania cuenta con un equipo de redes sociales y comunicación, entre los que destaca Augusto Gómez Ibarra, encargado de la estrategia digital y de marketing de la diputada.
Augusto, acompaña a Tania a todas sus actividades públicas. Es el encargado de tomarle fotos, hacerle videos y escribir los guiones que la diputada recita. Es en pocas palabras su estratega personal.
Gómez Ibarra, quien en su perfil de LinkedIn se describe como un estudiante de comunicación de la Universidad del Valle, recibió recursos de la Secretaría del Bienestar en 2024 y actualmente forma parte de un equipo de asesores que la diputada costea con no se sabe qué recursos. Pues oficialmente, sólo 9 de sus colaboradores reportan actividades al Congreso.
Entre el padrinazgo y el nepotismo, la relación de Tania con los “Augustos” se extiende en los más oscuros pasillos del PRI.
El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que recientemente alcanzó los 97 años de existencia, atraviesa el periodo más crítico de su historia.
Lo que alguna vez fue definido por Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta” —un sistema de partido casi único que gobernó México por siete décadas ininterrumpidas— se ha transformado en una fuerza política que lucha por su supervivencia, asediada por escándalos de corrupción sistémica y una fuga masiva de cuadros hacia otras fuerzas políticas.
La represión de 1968 y el “Halconazo”
El momento de mayor ruptura ética entre el PRI y la sociedad civil ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. Bajo el mandato de Gustavo Díaz Ordaz, el Estado utilizó al ejército y a grupos paramilitares para masacrar a estudiantes que exigían libertades democráticas. Este evento no solo fue un crimen de lesa humanidad, sino que destruyó el mito del “gobierno de la Revolución” que trabajaba para el pueblo. La cifra oficial de muertos nunca fue clara, pero las estimaciones de testigos y organismos internacionales hablan de cientos de víctimas.
Apenas tres años después, el 10 de junio de 1971, durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, ocurrió la “Matanza del Jueves de Corpus” o El Halconazo. Un grupo paramilitar entrenado por el Estado, “Los Halcones”, atacó una manifestación estudiantil con armas de fuego y varas de bambú frente a la policía que solo observaba. Estos eventos inauguraron la llamada Guerra Sucia, un periodo donde el PRI utilizó la desaparición forzada, la tortura y la ejecución extrajudicial para aniquilar a cualquier disidencia política de izquierda o movimientos guerrilleros.
La herencia de estos años es un estigma de autoritarismo que el partido jamás pudo sacudirse del todo. La figura de Luis Echeverría permaneció hasta su muerte como el símbolo de la represión sistémica, siendo el primer expresidente en ser procesado (aunque bajo arresto domiciliario) por genocidio.
El colapso económico: “La docena trágica” y el error de diciembre
El siglo XX priista también estuvo marcado por una gestión económica que pasó de la estabilidad del “Milagro Mexicano” al desastre absoluto por decisiones populistas y técnicas deficientes.
Los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo (1970-1982) llevaron al país a una inflación descontrolada y un endeudamiento externo masivo. López Portillo es recordado por su frase “defenderé el peso como un perro”, solo para presenciar una devaluación histórica que pulverizó los ahorros de millones de mexicanos mientras él lloraba en su último informe de gobierno.
Posteriormente, en 1994, el país vivió el famoso “Error de Diciembre” al inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, pero gestado en las políticas de Carlos Salinas de Gortari. La falta de reservas internacionales y el manejo político de las variables económicas provocaron una crisis financiera que se extendió por todo el mundo, conocida como el “Efecto Tequila”. Esto derivó en el rescate bancario a través del Fobaproa, una deuda privada que el PRI convirtió en deuda pública y que los mexicanos siguen pagando hasta el día de hoy, afectando el presupuesto nacional por generaciones.
El fraude del 88 y el magnicidio de 1994
El sistema político del PRI se basaba en el control absoluto de las elecciones, pero en 1988 ese control fue desafiado por la corriente democrática de Cuauhtémoc Cárdenas. La famosa “caída del sistema”, operada por Manuel Bartlett (entonces Secretario de Gobernación), es el fraude electoral más documentado y cínico de la historia moderna de México. Cuando los resultados preliminares favorecían a la oposición, el sistema de cómputo se detuvo sospechosamente; al “reiniciarse”, Carlos Salinas de Gortari apareció como ganador, una mancha de ilegitimidad que persiguió a su gobierno desde el primer día.
El año de 1994 representó el punto de quiebre violento dentro de la propia estructura del partido. El asesinato de su candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio, en Lomas Taurinas, sacudió los cimientos del país. La teoría del “asesino solitario” nunca convenció a la población, que vio en el magnicidio una purga interna o una respuesta de los sectores más conservadores del PRI (los llamados “dinosaurios”) ante las promesas de reforma del candidato. Meses después, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del partido, confirmó que el PRI estaba en una guerra intestina sangrienta.
La quiebra ética: el sexenio de Enrique Peña Nieto
El regreso del PRI a la presidencia en 2012, tras doce años de gobiernos panistas, fue presentado como el nacimiento de un “Nuevo PRI”. Sin embargo, este periodo se convirtió rápidamente en el catálogo más extenso de corrupción en la historia moderna de México.
Casos como la Casa Blanca, una lujosa residencia propiedad de la esposa del presidente construida por un contratista favorecido por el gobierno, rompieron la confianza ciudadana de manera irreversible.
A este escándalo se sumó La Estafa Maestra, un sofisticado mecanismo de desvío de recursos públicos a través de universidades públicas y empresas fantasma que involucró a múltiples dependencias federales. La percepción de impunidad se consolidó con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014, un evento que no solo exhibió la ineficiencia del Estado, sino también la colusión de autoridades locales priistas con el crimen organizado, marcando el inicio del fin para la legitimidad del sexenio.
El costo político de estos eventos fue devastador. El partido no solo perdió la presidencia en 2018 con su peor votación histórica, sino que quedó marcado como una marca “tóxica” para el electorado.
Los “gobernadores de la vergüenza” y el saqueo estatal
Uno de los puntos más bajos del PRI fue la conducta de su nueva generación de gobernadores, a quienes el propio Peña Nieto llegó a llamar el “rostro de la renovación”. Personajes como Javier Duarte (Veracruz), César Duarte (Chihuahua) y Roberto Borge (Quintana Roo) terminaron en prisión o prófugos tras dejar sus estados en la quiebra financiera y sumidos en crisis de violencia.
En Veracruz, el caso de Javier Duarte fue emblemático: se le acusó de administrar quimioterapias falsas (agua destilada) a niños con cáncer mientras desviaba miles de millones de pesos. Por su parte, César Duarte fue señalado por crear un banco propio con recursos públicos, y Roberto Borge por el remate ilegal de terrenos del patrimonio estatal a familiares y amigos. Estos nombres se volvieron sinónimos del PRI ante la opinión pública nacional.
El desmantelamiento territorial: de 32 a 2 gubernaturas
La pérdida de poder territorial es, quizás, el síntoma más claro de la agonía del PRI. Tras las elecciones de 2024, el partido quedó reducido a su mínima expresión histórica, conservando únicamente las gubernaturas de Coahuila y Durango. Este declive es asombroso si se considera que, hasta antes del año 2000, el PRI gobernaba todas las entidades federativas del país sin excepción.
La debacle se aceleró con la pérdida del Estado de México en 2023, el bastión más importante, poblado y simbólico del priismo. Perder “la joya de la corona” después de casi un siglo de dominio ininterrumpido del Grupo Atlacomulco fue el golpe de gracia. Esta derrota no solo fue electoral, sino financiera, ya que el partido perdió el acceso a la mayor estructura de recursos y burocracia que le permitía operar a nivel nacional.
Actualmente, el PRI enfrenta una crisis de relevancia en el Congreso y en los estados. Con una militancia que disminuye año tras año y la pérdida de registros locales en varias entidades, el partido ha pasado de ser el “gran elector” a un actor secundario que debe aliarse con su antiguo rival, el PAN, simplemente para no desaparecer.
Crisis de dirigencia de “Alito” Moreno
La figura de Alejandro “Alito” Moreno, actual dirigente nacional, representa para muchos críticos el último clavo en el ataúd del partido. Su gestión ha estado plagada de controversias, incluyendo la filtración de audios donde se le escucha hablar de supuestos pagos ilícitos a periodistas y maniobras financieras dudosas. Bajo su mando, el PRI ha perdido más gubernaturas que en cualquier otra dirigencia en la historia.
Además de Alito, el partido ha sido lastrado por figuras como Carlos Salinas de Gortari, quien sigue siendo el villano favorito de la narrativa política mexicana, y Emilio Lozoya, cuyo proceso judicial por el caso Odebrecht ha mantenido vivos los señalamientos de sobornos para aprobar reformas estructurales. Estas figuras impiden que el PRI pueda presentarse como una opción de “cambio” o “renovación” ante un electorado que los asocia con el pasado más oscuro.
La reciente reforma a los estatutos para permitir la reelección de la dirigencia actual provocó una fractura interna sin precedentes. Figuras históricas y exdirigentes han abandonado las filas del partido, denunciando un “secuestro” de la institución por parte de una cúpula que prioriza sus intereses personales sobre la viabilidad del proyecto político.
El dirigente priista Alejandro Moreno pidió mantener una coalición opositora rumbo a 2027, mientras el partido celebra su aniversario con un auditorio a medio llenar y viejos cuadros del priismo.
En medio de un ambiente marcado por nostalgia política y llamados desesperados a la unidad opositora, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) celebró su 97 aniversario en su sede nacional, donde su dirigente, Alejandro Moreno Cárdenas, pidió al Partido Acción Nacional (PAN) y a Movimiento Ciudadano (MC) mantener una alianza para enfrentar a Morena en las elecciones de 2027.
Durante el acto, conocido por muchos como otro capítulo del PRI intentando recordar sus años de gloria, “Alito” Moreno lanzó un exhorto para que la oposición se mantenga unida. Incluso incluyó a MC —partido al que ha criticado repetidamente— dentro de la posible coalición, aunque dejó entrever que probablemente no aceptarán acompañar al tricolor.
“Si no hay coalición será porque el PAN y MC no quisieron”, afirmó el dirigente priista, intentando deslindar al PRI de un posible fracaso opositor y advirtiendo que quien no se sume estaría “al servicio de Morena”.
El evento también sirvió para anunciar que los legisladores priistas votarán en contra de la reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, iniciativa que busca reducir costos del sistema electoral y modificar la representación política.
La ceremonia evidenció los tiempos difíciles que atraviesa el viejo partido del régimen. A diferencia de otros aniversarios donde el auditorio Plutarco Elías Calles lucía repleto de gobernadores, secretarios y figuras del poder, esta vez gran parte de los asistentes llegaron en camiones desde municipios cercanos del Estado de México, mientras varias butacas permanecían vacías.
De hecho, solo uno de los dos gobernadores priistas asistió al evento: Esteban Villegas Villarreal, mandatario de Durango. El gobernador de Coahuila, Manolo Jiménez Salinas, se ausentó argumentando una gira de trabajo.
En el acto también se otorgaron reconocimientos a perfiles históricos del partido, entre ellos a José Ángel Gurría, ex secretario general de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).
Alejandro “Alito”Moreno dirigente del PRI publicó en X un mensaje para adjudicarse el Tren Interurbano México-Toluca como un logro de su partido y del sexenio de Enrique Peña Nieto, aunque su publicación omite los retrasos, el desorden y los costos elevados que dejó su partido en el proyecto.
Alejandro “Alito” Moreno afirmó vía red social X que el Tren Interurbano es ejemplo de infraestructura pensada para servir a la gente y trascender gobiernos, pero su declaración choca con la realidad de una obra que durante años estuvo detenida y rodeada de problemas bajo administraciones priistas.
Alito habló de movilidad y oportunidades, diciendo que la obra genera integración, cercanìa y mayor acceso para millones de personas, reduciendo tiempos de traslados, aunque evitó mencionar que miles de ciudadanos padecieron retrasos prolongados por una construcción mal organizada y promesas que no se cumplieron en los tiempos anunciados por su propio partido.
Asimismo, habló sobre los retos sociales que enfrentó el proyecto por su tamaño y complejidad y que actualmente es una realidad que beneficia a la población, como si se tratara de obstáculos inevitables, cuando muchos de ellos fueron consecuencia de decisiones deficientes, contratos cuestionados y falta de planeación que marcaron el sello del PRI en este proyecto.
Al atribuir al tren a la “visión” del expresidente Peña Nieto, Moreno intentó convertir una obra inconclusa por años de una historia de éxito político, sin asumir los errores que dejaron al país con infraestructura a medias y recursos comprometidos.
La publicación de Moreno expuso la costumbre del PRI de apropiarse obras públicas sin rendir cuentas, usando el discurso de progreso para ocultar un pasado de corrupción y mala administración
Alito Moreno habló de beneficios sociales, mientras su partido dejó el proyecto envuelto en retrasos, contratos cuestionados y gastos excesivos. Finalmente al hablar de visión y responsabilidad, mencionando que la infraestructura trascendió sexenios, repitió el discurso de un partido que convirtió la infraestructura pública en negocio político.
Lejos de informar, su mensaje funcionó como propaganda para encubrir un historial de malos manejos que la ciudadanía aún reciente.
La salida de Adán Augusto López de la coordinación de Morena fue usada por Alejandro “Alito” Moreno para reiterar acusaciones de presuntos vínculos con el crimen organizado, en medio de divisiones internas del oficialismo y señalamientos sobre el oportunismo político del dirigente priista.
La salida de Adán Augusto López de la coordinación del grupo parlamentario de Morena y de la Junta de Coordinación Política (Jucopo) en el Senado abrió una nueva confrontación política, luego de que el presidente nacional de PRI, Alejandro “Alito” Moreno, retomara señalamientos sobre presuntos vínculos del ex secretario de Gobernación con el crimen organizado.
Tras el inicio del segundo periodo ordinario de sesiones en San Lázaro, el senador priista mantuvo que el movimiento interno confirma una división dentro de Morena, así como una falta de coordinación en el gobierno federal.
Moreno insistió en que los cambios en la bancada refuerzan lo que, según él, se ha advertido en distintos espacios nacionales e internacionales. Sin embargo, sus declaraciones se mantienen en el terreno del discurso político, sin presentar elementos verificables que respalden sus acusaciones.
Esta postura contrasta con los cuestionamientos que él mismo ha enfrentado por evitar investigaciones de fondo sobre su gestión y por el desgaste institucional del partido que encabeza.
Mientras Morena enfrenta tensiones internas reales tras la salida de Augusto López, la oposición encabezada por Alito Moreno apuesta nuevamente por una narrativa confrontativa, en la que las acusaciones se utilizan como herramienta política, aun cuando la credibilidad continúa siendo un factor en disputa.
Alito Moreno, Ricardo Anaya, Cuauhtémoc Blanco y Margarita Zavala mostraron una alarmante falta de compromiso durante 2025, con constantes ausencias y mínima o nula actividad legislativa. Calculamos cuánto le costó cada uno al pueblo de México por no cumplir con su deber.
Durante todo 2025, estos cuatro parásitos percibieron su sueldo más dieta mensual, aunque su labor estuvo más marcada por faltas y una nula propuesta de iniciativas.
Alito Moreno: Su salario mensual fue de 131 mil 874.01 pesos y su dieta de 131 mil 700 pesos, sumando 263 mil 574.01 pesos al mes. En 12 meses, esto representa 3 millones 162 mil 888.12 pesos pagados por un año sin presentar iniciativas y con 21 faltas.
Ricardo Anaya: Con el mismo salario y dieta que Moreno (263,574.01 pesos/mes), en 12 meses percibió 3 millones 162 mil 888.12 pesos, habiendo presentado solo 1 iniciativa y faltado 10 veces.
Cuauhtémoc Blanco: Su sueldo mensual fue de 75 mil pesos y su dieta de 79 mil pesos, sumando 154 mil pesos al mes. En 12 meses, esto equivale a 1 millón 848 mil pesos, sin presentar ninguna iniciativa y con 14 faltas.
Margarita Zavala: Igual que Blanco, recibía 154 mil pesos al mes, lo que da 1 millón 848 mil pesos en el año, con solo 2 iniciativas presentadas y 8 faltas.
Costo total de estos cuatro buenos para nada en 2025:9 millones 021 mil 776.24 pesos.
Estos números reflejan un preocupante desapego a la ética y a la responsabilidad pública, evidenciando que la población pagó millones de pesos por un trabajo prácticamente inexistente.
El dirigente priista apuesta por “perfiles experimentados”, mientras el partido intenta sobrevivir tras derrotas consecutivas.
Alejandro Moreno Cárdenas, dirigente nacional del PRI, confirmó que su partido no apoyará candidaturas ciudadanas en las elecciones presidenciales de 2030. Según Moreno, la estrategia de postular “experimentos” externos fracasó en 2018 y 2024, cuando el PRI sufrió derrotas contundentes pese a contar con votantes fieles.
En el lanzamiento del nuevo Consejo Político Nacional, Moreno insistió en que el tricolor debe centrarse en perfiles con trayectoria política, capacidad de operación electoral y experiencia en el gobierno, en lugar de “ocurrencias” o figuras mediáticas que prometen ganar por imagen personal. Y sí, como era de esperarse, Alito se destapó como candidato, dejando en el aire la gran pregunta: para 2030, ¿aún existirá el PRI o será solo un recuerdo de sus años dorados?
Alito Moreno se destapa como candidato presidencial del PRI para el 2030. Lo gracioso es que cree que el PRI existirá para 2030. pic.twitter.com/OWCK31gdVL
El dirigente priista recordó que el partido ya apostó por candidatos externos en dos ocasiones, primero con José Antonio Meade en 2018 y luego en 2024, pero los resultados fueron adversos y dejaron al PRI debilitado frente a Morena, que hoy domina el escenario político nacional. Moreno defendió la experiencia de su partido, pero la crítica es clara: mientras el PRI insiste en “reciclar” líderes, la relevancia del partido se diluye con cada elección.
En cuanto a la estrategia electoral, Moreno dijo que evaluarán el contexto político y social antes de definir su candidato, y no descartó alianzas con otros partidos para formar un frente opositor. Sin embargo, la verdadera pregunta que genera es si la visión de Alito y el PRI tiene algún sentido cuando Morena sigue consolidando su poder y el PRI parece más enfocado en sobrevivir que en competir.
Durante la toma de protesta del Consejo Político Nacional, el mensaje interno fue claro: cerrar filas, recuperar militantes y demostrar fuerza en elecciones locales, mientras Moreno intenta marcar un rumbo para 2030. Pero entre anuncios y declaraciones, lo que destaca es que Alito Moreno se lanza a la presidencia, aunque el PRI corre el riesgo de no llegar con él.
Desde marchas cuestionadas y viajes a Washington hasta agresiones en el Senado y rifas de iPhone: la oposición protagonizó los episodios más controvertidos del año, profundizando su crisis interna.
El 2025 quedará marcado como un año de alta tensión política, donde la oposición mexicana acumuló episodios polémicos que evidenciaron desorden interno, estrategias mediáticas fallidas y una creciente desconexión con la ciudadanía, en contraste con un gobierno que apostó por la estabilidad y el control institucional.
Uno de los primeros focos de conflicto fue la marcha del 15N, promovida como una movilización juvenil, pero que rápidamente mostró la presencia de los mismos actores opositores de siempre.
Las advertencias previas del dirigente panista Jorge Romero Herrera, quien afirmó que a la oposición “solo le faltaba recurrir a la violencia para volver al poder”, cobraron fuerza tras los intentos de confrontación y desestabilización en la Ciudad de México. Las y los usuarios en redes sociales señalaron una estrategia artificial para generar ruido político y desacreditar al gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum.
En paralelo, el PAN intensificó su activismo digital, aunque no sin polémica.
El partido gastó millones de pesos en campañas en redes sociales, incluyendo 30 mil pesos en Facebook para promover un viaje a Washington donde denunció una supuesta “represión”.
El episodio evidenció una prioridad en la propaganda más que en la agenda social, mientras su dirigente destinaba recursos públicos a posicionar su imagen rumbo a 2027, profundizando las críticas por el uso del erario.
La crisis opositora alcanzó un punto inédito en agosto, cuando el líder del PRI, Alejandro “Alito” Moreno, agredió físicamente al senador Gerardo Fernández Noroña en plena Comisión Permanente.
El hecho provocó una fractura aún mayor en la oposición, pues PAN y MC evitaron respaldarlo. La presidenta Sheinbaum calificó el acto como una muestra del autoritarismo del viejo régimen, mientras el oficialismo cerró filas.
Meses antes, Alito ya había generado controversia al viajar a Washington tras anunciarse el inicio de su proceso de desafuero por presunto enriquecimiento ilícito. Aunque lo presentó como una agenda internacional, el viaje fue visto como un intento de evadir responsabilidades y victimizarse con el discurso de “persecución política”.
Finalmente, el PAN volvió a ser blanco de burlas al anunciar que rifaría iPhone 17 Pro para atraer jóvenes militantes, una medida interpretada como desesperación política y falta de propuestas reales.
La estrategia cerró un año donde la oposición pareció más enfocada en el espectáculo que en construir una alternativa sólida.