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  • Inspecciones laborales

    Inspecciones laborales

    Las ofertas laborales para los jóvenes que no han tenido la oportunidad de estudiar son muy bajas. Estudiar, aún sigue siendo para muchos una cuestión de privilegio porque las necesidades básicas en casa no están cubiertas aún. En ocasiones las mujeres llevamos la de perder porque sobre nosotras culturalmente se pone la responsabilidad social de hacernos cargo de las labores del hogar. Este es el caso de una de mis amigas que únicamente pudo concluir el bachillerato porque tenía que hacerse cargo de su papá y sus hermanos.  

    Hace algunos meses mi amiga decidió trabajar por primera vez, un suceso extraordinario, tomando en cuenta que se enfrentó al miedo de postularse. Comenzó a trabajar en una tienda de ropa llamada Vertiche, desde que ingresó, nos comentó ciertas condiciones laborales que me parecieron fuera de norma como largos horarios que superan las ocho horas y el tiempo de comida también se consume dentro de la tienda.  No le dieron una copia de su contrato, así que no me pudo indicar los detalles del mismo, pero eso no es lo peor, el ambiente laboral está lleno de insultos y tratos denigrantes, me parece. 

    La empresa indica que comenzaron sus labores en el año 2000 y que hasta ahora poseen 300 sucursales en todo el país. No sé en cuántas ocurran las historias que he sabido de esta chica que, por ser su primera experiencia, me pregunta constantemente si esas cosas son normales y si hay alguna forma de solicitar la intervención de alguien. Lo primero que supe es que los trabajadores son principalmente jóvenes que se incorporan al campo laboral sin experiencia o personas que no pueden desplazarse muy lejos por tener que cuidar a sus hijos pequeños. Constantemente hay insultos del tipo “si tú no lo haces yo tengo diez allá afuera que van a querer ocupar tu lugar”. 

    Los gerentes o quienes coordinan a los vendedores usan constantemente la información personal de los trabajadores para someter a grandes cantidades de comentarios violentos. Recuerdo uno de los regaños que le hicieron a una de las compañeras de mi amiga, que trabajaba para sostener a su bebé fue: “si hubieras cerrado las piernas no necesitarías el trabajo”. Acoso laboral, violencia de género, no sé si las horas que pasan ahí explique lo grotesco de sus comentarios, pero estar sometido de 10 de la mañana a las nueve de la noche con las horas de comida que son comodines temporales, ya que pueden ser entre las dos y las cuatro de la tarde en el comedor de la empresa, me parecen una especie de tortura emocional. 

    Lo que me llama la atención es que las personas que trabajan ahí no se quejan, también es cierto que no hay un área destinada a revisar ese tipo de circunstancias dentro de la empresa. Cuando esta chica me preguntó qué podía hacer al respecto le recomendé que revisara si podía tener acceso a algún lugar que coordine las tiendas, aunque no sé realmente cómo se procedería ya que no hay ninguna información por ejemplo en su sitio web donde se pueda tener comunicación con la empresa. Le di algunas recomendaciones, sobre todo que metieran una carta para llevarla ante la Secretaría del Trabajo y sería mucho mejor si lo hacen en conjunto. Se pueden realizar ante la PROFEDET https://www.trabajo.cdmx.gob.mx/servicios/servicio/inspecciones-los-centros-de-trabajo

    Hay muchos espacios donde las condiciones laborales no son dignas y los empleadores abusan de las personas que les prestan sus servicios. Recuerdo un restaurante donde sé que las propinas se tienen que dar en efectivo porque son las únicas que cuentan para repartirse entre los meseros. No tenemos que rascar mucho, en 2023 La casa de Toño sonó mucho por los abusos laborales que suelen realizar contra sus meseros https://www.tiktok.com/@prynceprestige/video/7287692468122963206?is_from_webapp=1&sender_device=pc&web_id=7304470241144309254

    Lo que considero que falta a las personas, tanto jóvenes como adultas, es conocer el procedimiento para la revisión constante de los espacios laborales. En realidad, encontré la sección de la PROFEDET por el caso de mi amiga, pero yo no tenía idea dónde podría hacerlo, supuse que la Secretaría del Trabajo puede regular estas situaciones, pero no conocemos cuál es su forma de proceder. Necesitamos hacer más visibles estos recursos a los interesados. Hace tiempo también busqué la vía para denunciar gestiones turbias en escuelas públicas, los papás de los niños no tienen idea de cómo proceder para evitar las solicitudes de cuotas a mitad de año escolar. 

    ¿Cómo podríamos lograr que las distintas secciones de las dependencias gubernamentales estén al alcance de la ciudadanía a lo largo del país? Porque la lógica del centro y la periferia también es un punto que necesitamos considerar. Quienes vivimos en la “Ciudad de” tenemos un poco más de probabilidades de acceso a los recursos, pero depende de qué ciudad. La CDMX es la más privilegiada, pero es necesario acercar todo esto a las periferias. Aún es titánica la tarea del gobierno federal. 

  • Oposición odia a los migrantes

    Oposición odia a los migrantes

    La oposición le apuesta a la confusión, al desastre, al extravío, para echar abajo todo esfuerzo que realice el gobierno mexicano para rescatar en buenas condiciones a los paisanos que regresan a nuestro territorio. A estos personajes no les importa quién salga herido cuando se trata de golpear al gobierno ante la falta de argumentos propios para competir por el poder en igualdad de circunstancias.

    Difunden requisitos erróneos para que los indocumentados mexicanos desistan de utilizar los medios que el gobierno de la 4T ofrece. Ya no se trata de narrar una realidad paralela sino de destruir las alternativas que el gobierno ofrece a los inmigrantes que regresan a México, ahora se trata de hacer les daño para desgastar al gobierno, lo cual debería ser castigado severamente.

    En nombre de una lógica que acuerdan previamente, difunden por diferentes medios una versión tergiversada de lo que puede servir de tabla de salvación para muchos latinos y, sobre todo, mexicano en Estados Unidos, pero personajes como Mariana Gómez del Campo, un tal Jesús y Mario DiConstanzo, descalifican una aplicación que da esperanza a los mexicanos que regresen a nuestro país.

    Su método, saturado de mentiras e interpretaciones falsas, consiste en dejar de lado dicho esfuerzo del gobierno y los inmigrantes abandonar a su suerte. La derecha adopta un radicalismo que lacera la libertad de la población y sabotea el desarrollo del gobierno. Ambos motivos son auténticos delitos que deben colocar a esta escoria en la cárcel.

    Son títeres de interese que ellos ni siquiera imaginan, pero dicen tener la razón, aunque sea para destruir que es, de acuerdo a su discurso violento, una costumbre de la derecha.

    Utilizar los medios como sustituto de las urnas, es un trabajo que emprendieron desde 2018, que definitivamente lo les ha funcionado. Al contrario, al mostrar un nado sincronizado que dicen lo mismo en diferentes canales, los agentes de información perversa hacen evidente de donde proviene la línea propagandística que disfrazan de información personajes como Dóriga, Ciro, Alazraki, Pepe Cárdenas, Loret, Brozo, Pascal, entre otros, se desenmascaran ellos mismos; sin embargo, quienes vienen de estados Unidos, a quienes dichos personajes y medios le han servido para conocer las circunstancias del país para conocer lo que sucede en nuestro territorio, desconocen su albor manipuladora aunque la intuyen, pero siguen teniéndolos como ruta de noticias.

    La guerra mediática de la derecha tiene como objetivo un golpe de Estado blando, hace su trabajo para descarrilar la 4T. Nadie puede detenerlo, y si se intenta hacerlo acusarían en foros internacionales desaparición de la libertad de expresión.

    Esos personajes son utilizados a cambio de dinero para servir de carne de cañón que seguirán inventando la realidad de México, ya sea planeado el golpe a corto o mediano plazo. En esa perspectiva, los medios de la derecha surgen como hongos, representan, además de todo, un buen negocio y sin riesgos. Siempre habrá gente con dinero que le apuesta al regreso al pasado.

    Confundir con la información a la población es el primer paso para dominarla y crear un ambiente de incertidumbre, donde cualquier cambio se convierte en una esperanza para los poco informados, desconoce, porque carecen de elementos para saber la realidad del país, que los cambios que provienen de la derecha sólo benefician a sus similares, como sucedió por más de 100 en México.

    El deseo de exterminar a los pobres, que son para la derecha los enemigos de sus intereses se muestra con la tergiversación de los programas que dan la bienvenida a los deportados, los vocingleros del conservadurismo radical los descalifican al 100 por ciento, tratando de que no sean usados y que si los utilizan tengan en cuenta que no son seguros, por lo que la incertidumbre y el miedo seguirá acompañándolos incluso en si propia tierra a causa de la manipulación de uno personajes que han perdido el alma de tanto odio y la vergüenza por la ansiedad de rescatar sus privilegios.

  • El mito del narco por Estados Unidos

    El mito del narco por Estados Unidos

    Entre las tantas cosas que en la ficción resuelven siempre los superhéroes gringos, está todo lo relacionado a la delincuencia organizada, en lo particular al narcotráfico. Así, la hegemonía cultural de Hollywood y otras industrias imponen esa visión del mundo. En la práctica vemos que eso por más que uno le busque no es tan claro, por eso abordamos el presente escrito.

    Narcotráfico, un negocio capitalista

    La venta ilegal de drogas, los secuestros, la trata de personas, la tortura, esclavitud, los cobros de piso, el lavado de dinero y demás temas que engloba el narcotráfico son parte del sistema económico capitalista. Las prácticas económicas no importa si son legales o no, sino que tienen un papel en el sistema económico.

    Así, hay que entender a los carteles de las drogas como lo que son, empresas capitalistas que su objetivo es lograr la mayor cantidad de ganancias, no importa el cómo, sino hacerlo. Por eso serán tan violentas y estando al “margen” de la ley más fácilmente podrán utilizar armas ilegales y legales.

    El país que hipócritamente dice combatir el narcotráfico con la DEA y otras agencias es Estados Unidos de América. Lo curioso es que realmente son los principales promotores del mismo, son quienes crean ese supuesto problema.

    Sí, los gringos son quienes arman a esos carteles (la venta de armas es otro gran negocio capitalista), son quienes permiten que entren a su país las drogas ya que son el principal consumidor y para sorpresa de unos cuantos, son quienes permiten que redes y carteles fantasmas gringos la distribuyan al interior de su país, pues nadie habla de los carteles gringos porque trabajan con el consentimiento gubernamental. 

    Injerencismo gringo

    Y ese cuento gringo del combate al narcotráfico lo utiliza el gobierno estadounidense siempre que quiere intervenir países del mundo que no se pliegan a sus intereses económicos. Así como el cuento del terrorismo, también acusa de narcotraficantes a los líderes y lideresas mundiales antiimperialistas.

    Podemos ver así que Fidel Castro en su momento, Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro, y otros tantos lideres de izquierda son acusados de corrupción y de ser narcotraficantes sin ninguna prueba.

    El caso mexicano es parte de esta oleada de intentonas de desestabilización de gobiernos de izquierda. Así han intentado de las maneras más sucias de manchar a López Obrador como narcotraficante sin ninguna prueba.

    En ese sentido continuaron atacando al gobierno de Claudia Sheinbaum de tener lazos con el narcotráfico sin ninguna evidencia, más que sus narrativas artificiales sin sustento que buscan infructuosamente disputar la opinión pública que sigue estando del lado de la presidenta con el respaldo del pueblo.

    Ahora Trump ya hasta denominó a los carteles del narcotráfico como grupos terroristas para poder intervenir militarmente legal e ilegalmente en nuestro país. A ver si se los permiten pues ya se está legislando para prohibir cosas así desde la constitución mexicana.

    Dignidad

    Con mucha valentía y de manera seria se aborda desde el gobierno mexicano el tema del narcotráfico buscando atacar las causas que lo genera en nuestro territorio que tiene que ver con las desigualdades sociales que influyen y motivan a que personas ingresen a esas empresas, así como el ataque frontal para desmantelarlo.

    Por otro lado, se busca que las empresas armamentísticas ya no vendan sus armas a los carteles y que el consumo en los Estados Unidos frene mediante políticas públicas precisas, aunque todavía falta que se ataque a los carteles gringos que defiende Trump y los oculta.

    Redes sociales

  • ENTENDER LAS FORTALEZAS DE UNA NACIÓN

    ENTENDER LAS FORTALEZAS DE UNA NACIÓN

    Al mismo tiempo que escribí la semana pasada sobre el reto geopolítico del gobierno de la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo que implicaba el regreso de Donald J. Trump a la presidencia estadounidense, Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, informó a la cadena televisiva CNN, sobre el envío de miles de soldados estadounidenses en servicio activo adicionales recibieron órdenes ejecutivas de ir a la frontera sur de los Estados Unidos con México. Más de 2,200 fuerzas en servicio activo en la frontera formaron parte de la Fuerza de Tarea Conjunta Norte, una operación militar del Departamento de Defensa para operaciones antidrogas y antiterroristas, que respaldaran a Aduanas y Protección fronteriza de E.U, realizando principalmente tareas logísticas y burocráticas como: ingreso de datos, detección, monitoreo y mantenimiento de vehículos. 

    A raíz de estos acontecimientos, la comentocracia le “exigió” a la presidenta Sheinbaum anular la elección al Poder Judicial de la Federación para que Estados Unidos mantenga el acuerdo comercial T-MEC. A lo que la presidenta respondió a esta insignificante reclamación con ironía, “Yo no veo que esté mala la relación, para que se mejore la relación, que se suspenda la elección al Poder Judicial. ¿Y qué tiene que ver las peras con las manzanas? Va haber elección, porque está en la Constitución, porque así lo decidió el pueblo de México, y porque va muy bien, el Comité del Poder Ejecutivo…”

    En relación con las intimidaciones de Washington, el economista estadounidense Paul Krugman, ganador del Premio Nobel en 2008 por sus contribuciones a la nueva teoría del comercio y la nueva geografía económica, dio una entrevista para Bloomberg en el que minimizó las afirmaciones del presidente republicano sobre imponer aranceles del 25% a los productos canadienses y mexicanos, asegurando que sería como “arrojar arena a los engranajes del comercio y la fabricación internacionales”. “Son una jugada de ajedrez cuatridimensional para extraer nuevas concesiones de los dos mayores socios comerciales de Estados Unidos” enfatizando la falta de sentido de estas corrosivas políticas comerciales basadas en fobias. A pesar de reconocer las legítimas excepciones en el nombre de la seguridad nacional, Krugman insistió que estas políticas deben aplicarse de manera estratégica y no de forma indiscriminada.

    La economía no se entiende sino es a escala mundial. La economía manufacturera de Estados Unidos está profundamente vinculada a Canadá y México. Los aranceles que se buscan imponer, interrumpen las relaciones comerciales construidas durante más de 30 años. Dichas relaciones comerciales son fundamentales para la competitividad de la manufactura estadounidense frente a Japón o Europa. Y destruirlas, no sólo perjudicaría a Canadá o México, sino que dañaría gravemente a los Estados Unidos. Así por ejemplo, México exporta el 70% de su petróleo para aceites y gas para vehículos automotores. 

    También hay que destacar la importancia de los mexicanos establecidos en E.U. que generan 3.6 billones de dólares en la economía estadounidense, a través de las remesas como un mecanismo fundamental de apoyo y seguro para muchas familias y comunidades en su lugar de origen. El 2023 es a la fecha con los niveles más altos de remesas registradas en México, llegando a 63,313 millones de dólares (USD), según datos del Banco de México (BANXICO).

    Se debe mantener la calma y tener la cabeza fría para entender las fortalezas que el país tiene. El Estado mexicano cuenta con suficientes recursos políticos y diplomáticos para el fortalecimiento de instituciones que respondan adecuadamente a la nueva dinámica que tendrá con el gobierno estadounidense tras el nombramiento de Ronald Johnson, ex boina verde con experiencia en inteligencia militar, como embajador de E.U. en México.

    Aunque México tiene las manos atadas por el T-MEC para establecer acuerdos comerciales con China, que le permitiría contrarrestar la dependencia con los estadounidenses, el país tiene el potencial para aprovechar las oportunidades que le permitan fortalecer su mercado interno y su capacidad de obtener, gestionar y planificar recursos económicos. Óscar Rojas, profesor de Economía Política por la UNAM destacó que la presentación del Plan México representa una oportunidad para que el país transite del modelo maquilador, a ser un país manufacturero, es decir, que se lleve a cabo una reindustrialización para la apertura de sectores productivos completos que atiendan la demanda de mercado interno y consecuentemente pueda competir con el exterior con tecnología propia.

  • La paradoja de la migración y Donald Trump

    La paradoja de la migración y Donald Trump

    Es imposible entender el ascenso de Estados Unidos como potencia mundial sin reconocer el papel central de los inmigrantes en su desarrollo. Desde sus inicios, la construcción de su sociedad y economía ha sido impulsada por olas migratorias que trajeron consigo fuerza de trabajo, innovación y diversidad cultural.

    El arribo masivo de irlandeses e italianos, entre otros grupos, en las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX, es un ejemplo clave. Estos inmigrantes llenaron los espacios de una economía en expansión, trabajando en fábricas, minas, ferrocarriles y otras industrias que eran la base del desarrollo industrial estadounidense. Su aportación no solo fue laboral: trajeron tradiciones culturales y políticas que influyeron en la formación de comunidades y, eventualmente, en su política nacional.

    El trabajo de los inmigrantes europeos fue fundamental para construir el poderío estadounidense que conocemos hoy. Estos grupos trajeron consigo mano de obra, habilidades y una determinación forjada en condiciones adversas, lo que resultó crucial para el desarrollo industrial, económico y social de la nación.

    El famoso lema “tierra de la libertad” contrastaba con el viejo mundo al ofrecer una promesa de oportunidades para quienes llegaban a suelo estadounidense. En Europa, muchos enfrentaban persecución, pobreza y la rigidez de jerarquías sociales que limitaban su movilidad. En cambio, Estados Unidos proyectaba la imagen de un lugar donde era posible empezar de nuevo, ascender socialmente y garantizar un futuro mejor para las siguientes generaciones. Y, esa es la base tangible de lo que significan (de una forma romantizada) los Estados Unidos.

    En una etapa más contemporánea, la fuerza laboral inmigrante en Estados Unidos ha cambiado: los europeos de antaño han sido reemplazados en gran medida por inmigrantes latinoamericanos, principalmente mexicanos. Así como en su momento los irlandeses, italianos y otros europeos construyeron la base industrial del país, hoy son los trabajadores latinoamericanos quienes sostienen sectores fundamentales de la economía estadounidense.

    La agricultura, la construcción, el servicio doméstico, la manufactura y la industria de alimentos dependen en gran medida del esfuerzo de estos migrantes. Son ellos quienes cultivan y cosechan los alimentos que abastecen a la nación, quienes levantan los edificios de las grandes ciudades y quienes realizan los trabajos esenciales que muchos ciudadanos estadounidenses no están dispuestos a desempeñar. Sin su presencia, la economía estadounidense colapsaría en diversas áreas.

    Donald Trump, descendiente de inmigrantes europeos, representa la paradoja de una nación que se construyó gracias al trabajo de los migrantes, pero que ahora los criminaliza. Su discurso y políticas antiinmigrantes ignoran el papel fundamental que los trabajadores latinoamericanos desempeñan en la economía de Estados Unidos, repitiendo la misma retórica de exclusión que en su momento enfrentaron los europeos que hoy son considerados “americanos de bien”.

    La familia de Trump proviene de Alemania, y su abuelo, Friedrich Trump, llegó a Estados Unidos en busca de oportunidades, al igual que los millones de inmigrantes mexicanos y latinoamericanos que hoy sostienen sectores esenciales de la economía. Sin embargo, mientras los europeos fueron eventualmente integrados en el tejido social estadounidense, los latinos enfrentan una barrera de discriminación, persecución y discursos de odio promovidos por figuras como Trump.

    Es profundamente paradójico. Donald Trump, cuyo linaje está vinculado a la migración europea que ayudó a forjar el Estados Unidos industrial y globalmente hegemónico, ha sido uno de los mayores críticos de los inmigrantes contemporáneos, especialmente de los latinoamericanos. Este contraste evidencia una doble moral histórica: mientras los inmigrantes europeos del pasado fueron gradualmente aceptados e incluso celebrados, los migrantes actuales enfrentan criminalización y rechazo, a pesar de desempeñar un papel igualmente vital en la economía y la sociedad.

    La paradoja radica en cómo Trump, como descendiente directo de una familia inmigrante, ha adoptado políticas y discursos que niegan a otros el mismo sueño de oportunidades que permitió a sus ancestros prosperar. Su narrativa antiinmigrante no solo ignora la historia de su propio linaje, sino que también niega la realidad de que el sistema económico estadounidense depende, en gran medida, del trabajo de aquellos a quienes demoniza.

  • Entre tradición y transformación, la marca de los primeros 100 días de Clara Brugada

    Entre tradición y transformación, la marca de los primeros 100 días de Clara Brugada

    Se cumplen cien días de la administración de Clara Brugada en la Ciudad de México y poco a poco la capital del país comienza a tomar la forma de su pensamiento e ideología.

    Clara, a lo largo de su carrera política, ha demostrado ser una mujer preocupada por las necesidades de las personas. Tal vez mucho tiene que ver su historia. Brugada proviene de una de las colonias más marginadas de Iztapalapa, una de las alcaldías históricamente más desfavorecidas e inseguras de la Ciudad de México.

    A pesar de haber nacido en Benito Juárez, como ella misma lo cuenta, decidió mudarse a Iztapalapa y ahí cursó su carrera de Economía en la Universidad Autónoma Metropolitana, una de las casas de estudio con mayor tradición marxista en México.

    Desde el inicio de su carrera en el servicio público, ha ocupado posiciones clave que privilegian a quienes más lo necesitan. Como diputada federal, fue presidenta de la Comisión de Desarrollo Social y presentó la primera iniciativa de la Ley General de Desarrollo Social. También fue diputada local y hasta constituyente de la Ciudad de México, donde se creó la primera Constitución capitalina, que resguarda el Sistema Público de Cuidados, el cual hoy se refleja en las Utopías que impulsó en Iztapalapa.

    En sus primeros cien días de gobierno, su sello más distintivo ha sido la cercanía con las y los ciudadanos. Si bien su gabinete está conformado por especialistas en cada área, Brugada mantiene contacto directo con la población mediante los programas Zócalo Ciudadano y Casa por Casa. A través de estos mecanismos, ha recorrido las colonias más conflictivas para conocer sus necesidades y diseñar soluciones efectivas.

    Pero su visión de ciudad va más allá de la asistencia social o el desarrollo urbano. Brugada entiende que la Ciudad de México es un ente vivo, con historia, cultura y una identidad que se rehúsa a ser devorada por la modernidad sin rostro. Por ello, ha puesto en marcha el programa Yólotl Anáhuac, una iniciativa de rehabilitación y conservación de pueblos originarios, con el fin de preservar la esencia de la capital y devolverle su conexión con sus raíces indígenas.

    Su compromiso con la tradición no es solo un discurso político. Es una convicción que se refleja hasta en los detalles más personales, como el nombre de sus animales de compañía: Izkra, Iztli, Itandehui, Teotongo, Maguey y Milpa. Para ella, la reivindicación de los pueblos originarios no es una bandera coyuntural, sino una lucha permanente por darle voz y dignidad a quienes han sido históricamente relegados.

    Sin embargo, gobernar la capital del país no es tarea fácil. Enfrenta desafíos monumentales: desde la movilidad hasta la seguridad, pasando por la crisis hídrica y la especulación inmobiliaria. Sus primeros cien días han demostrado que tiene claridad de rumbo, pero el verdadero reto será consolidar su visión en un contexto político y social que no siempre favorece a quienes buscan transformar de raíz.

    No obstante, Brugada también ha atendido esos temas desde el primer momento de la administración, el gabinete de metropolitano de agua, el C5 del Agua, la línea H2O y el programa de Agua Bienestar “Atlitic”, son sus estrategias para acabar con el problema hídrico de la ciudad. En movilidad, ha propuesto la creación de 5 líneas de Cablebus, entregó unidades nuevas de Tren Ligero, así como de Metrobus, además de que prometió terminar con la rehabilitación de la línea 1 en el primer semestre de 2025.

    En seguridad, Brugada impulsó la renovación de cámaras de videovigilancia, la recuperación de los módulos de seguridad abandonados en el gobierno de Mancera, la creación de más sectores policiales para tener un control mejor del territorio y su estrategia integral contra el robo de vehículos y autopartes, con reformas incluso constitucionales.

    Y como la cereza del pastel, para terminar con el Cartel Inmobiliario, la mandataria impulsó una ventanilla única digital, para facilitar los permisos e impedir el soborno de inversionistas, dicha ventanilla digital está a cargo de Alejandro Encinas.

    El tiempo dirá si Clara Brugada logra imprimirle a la Ciudad de México el mismo espíritu que marcó su paso por Iztapalapa. Lo cierto es que, hasta ahora, ha dejado claro que no es una política convencional, sino una mujer con una misión. Y en una ciudad acostumbrada a que el poder se ejerza desde las alturas, ella ha optado por caminar con la gente, escucharla y construir. Ese, quizás, sea su mayor acierto.

  • Retórica para idiotas

    Retórica para idiotas

    La retórica es el arte de usar las palabras para persuadir, conmover o deleitar a un público. Según Platón, es un elemento parecido a la “cosmética” que está pensado para complacer a las audiencias ignorantes, fundada más en lo verosímil que en lo verdadero, vinculada a la demagogia. Algunos elementos que influyen para dar más fortaleza al discurso pueden ser: belleza, prestigio, dinero. Dentro del mismo, existe la falacia, que quiere decir: mentir al utilizar un argumento que parece válido pero que, en el mejor de los casos, resulta ilusorio.

    El expositor dice lo que la gente quiere escuchar, de la manera en que lo entiendan mejor, utilizando palabras o frases que adulen a su receptor para hacerle creer que sus intenciones coinciden con las de ellos. Es así como Donald Trump llegaba a sus mítines, con la mirada fija y apuntando con el dedo índice hacia alguien en la audiencia, su primer contacto, para hacerles creer que los tiene en cuenta. Siempre para “hacer creer”.

    Cargado del aura de celebridad que se construyó con años de participar en la farándula de su país, la más frívola de todo el planeta; supo aprovechar sus virtudes como showman y las direccionó hacia su campaña para la presidencia de los Estados Unidos, en lo que fue su primer período al frente del país del norte.

    Y tal como hizo en aquella ocasión, lo hace ahora. Trump emplea el odio, el miedo, la indignación, entre otros elementos, para arraigar en sus seguidores, la idea de qué Estados Unidos tiene que ser salvado, recuperado de invasores y en el proceso definió a los migrantes como criminales y utilizó el rencor hacia la gente distinta a ellos y de manera velada, la superioridad basada en la raza y el color de piel, tal cual se hacía en Alemania hace 85 años.

    Pero la diferencia es que nos encontramos en un momento distinto de la historia. Lo que llevamos de este siglo XXI, ha sido definido por las innovaciones tecnológicas que permiten al hombre, entre otras cosas, mantenerse comunicado e informado de lo que ocurre en todo el mundo, con apenas unos movimientos de los dedos de las manos y un dispositivo con acceso a Internet. ¿Cómo es posible entonces que una gran parte de la población del país más rico y poderoso del mundo, donde esa tecnología, sinónimo del orgullo yanki, con acceso a infinitas fuentes de información y con recursos económicos muy superiores, en comparación con diversas poblaciones de otros países, sea tan crédula? No se trata de carencia de presupuesto o de acceso a las fuentes de la información sino, por el contrario, pareciera ser producto de la volubilidad e indiferencia ante la realidad que les rodea.

    De manera básica, mucha gente se conformó con la comodidad de vivir en el primer mundo, se tragó la diatriba de sus políticos de su poderío y de qué los demás países les envidiaban sus por avances y economía, por su liderazgo y hasta por sus modelos y estrellas de cine y por eso debían protegerse. Esta gente nada hizo para descubrir si la faramalla que montaban era real o no y se volvió recelosa, obstinada, y en algunos casos y con la complicidad de medios y redes sociales, generaron odio hacia el extranjero con apariencia distinta a ellos. Al rechazar el adquirir información de lo que ocurre dentro y fuera de sus fronteras, al negarse a investigar y evaluar a sus propios políticos, y al no entender quienes controlan los hilos de su propia sociedad, propiciaron su aislamiento. Se hicieron cortos de entendimiento.

    Luego, su convicción es hacer lo que esté a su alcance para prolongar su desconocimiento de todo, perpetuando su obnubilación, porque cree imposible que sus políticos mientan ¿y cómo iba a ser?, si ellos siempre hablan de valores y después enaltecen su país y su condición de poder, pero miran con malos ojos a todo el que no abuse de las sesiones de bronceado para disimular la piel pálida.

    Así se crea la falsa idea de vivir amenazado porque se es demasiado bueno, demasiado blanco y exitoso y no por ser el bully y acosador del mundo, el que invade países y mata con guerras, el que finge complots en su contra y arma campañas de publicidad, para justificar ataques a los países que llama “amigos”, el que hace hasta lo imposible para adueñarse de los recursos ajenos y el que criminaliza al migrante pero que tiene sentado en el escritorio de la oficina oval a un transgresor de la ley.

    Así se persuade al poco inteligente.

  • El Dolor Cotidiano

    El Dolor Cotidiano

    Así transcurre el día, ese que comienza un lunes a las seis de la mañana y dura al menos sesenta horas, con otras sesenta de descanso entre comidas, aseo y otras necesidades básicas.

    Los rostros de la gente que aborda el transporte público son atravesados por grietas a los lados de la boca, grietas que brotan de las aletas de la nariz y terminan a la altura de la barbilla, grietas que al contrario de debilitarlos, parecen un indicativo de resistencia, como si sólo fueran superficiales y escondieran un núcleo recio y casi indestructible.

    Pero no sólo deambulamos agrietados, también surcan nuestros rostros carreteras y callejones que llevan a muchos lados, si los sigues, igual al torbellino de pasión que terminó en lágrimas, que a los pequeños callejones de felicidad que se formaron al lado de tus ojos, cuando miraste la luz tan directamente que se te quedó grabada no sólo en los ojos, sino también en la piel.

    Mapas sin acotaciones, con divisiones políticas que el tiempo se ha encargado de señalar, llenos de territorios democráticos, algunos autoritarios y otros sin ley, anárquicos irremediables, eso somos.
    Gente de sonrisas culpables, como avergonzadas por su condición, por subir, por bajar, por pedir permiso y por existir.

    Gente dispuesta a darlo todo en la mañana, que vuelve derrotada por la noche, desilusionada una vez más, resignada al tiempo y su insuficiencia, sedienta de esos recursos abundantes en poder de quien se empeña en convencernos de su escasez y trata de explicarnos por qué sólo alcanzan para que le sobren.

    Gente que entierra sus sueños mientras encuentra la manera de comprárselos al mercado, que los resguarda mientras sujeta con una mano un reloj de arena y con la otra un historial crediticio, que significó tantos bienes inmediatos, necesarios o indispensables, y que sin embargo no alcanzaremos a pagar en los años de los que disponemos, pues más temprano que tarde, y más rápido de lo que tardamos en pagarlos se romperán, descompondrán o simplemente dejarán de ser modernos y satisfactorios.

    Somos gente que ve pasar los días contagiando a los jóvenes y niños de esa misma derrota irremediable, de la batalla perdida que de todos modos da todas las mañanas, con todo el valor y la ferocidad de quien sabe que la única opción siempre será elegir entre la vida o la muerte, aunque no queramos, aunque no hayamos previsto que todo se trataría de ello.

    DA CAPO

    El tiempo le juega en contra al pobre, que tiene que ver transcurrir la vida mientras espera el autobús, que es manejado por un traidor de clase que cree que puede arriesgar la vida de todos, después de usar el privilegio del volante para arriesgar la propia, igual que todos los traidores que usan esa misma frustración para enfilar baterías no hacia arriba, donde se encuentran esos que sonríen dentro de sus autos lujosos, los cuales ni siquiera se toman la molestia de conducir, sino hacia quienes sólo buscamos esperanza cada que nuestro día de sesenta horas se reanuda, después de ese pequeño receso que usamos a regañadientes para vivir.

  • Líderes de opinión o voceros

    Líderes de opinión o voceros

    Lo líderes de opinión obedecía a un orden y a una orden. La opinión pública es el antecedente de la marea rosa, se expresaba de acuerdo a los intereses de una oligarquía en el poder.

    Los medios cuando gozaban de credibilidad repitieron tantas veces sobre la opinión pública y los líderes de opinión que los mexicanos terminaron por creer que existía.

    Los líderes de opinión se vistieron de valores sumamente artificiales, crearon una ideología de la clase media que aún ahora la padecemos en algunos segmentos de la sociedad mexicana. Esos valores eran necesarios para que cada noche fueran invitados a los hogares mexicanos, hogares no casas, lo cual nos remite a esa misma forma de pensar convencional simplista, rutinaria y previsible que perdura a pesar del tiempo. Sin esos valores abstractos, volátiles, no hubieran podido influir en la sociedad.

    Los mensajes de los medios, en lugar de dirigirse al pueblo, palabra proscrita por esa misma oligarquía o a los mexicanos, en momentos de entreguismo y sumisión a los Estados unidos se destinaba a “La Opinión Pública”.

    La opinión pública, fue un intento por uniformar criterios y disciplinar posturas políticas alrededor del partido en el poder, que por lo regular fue el PRI, el cual también defendía, desde el poder, los intereses de los panistas y los grupos fácticos desde el clero que trató de combatirse en la guerra de Reforma hasta los extranjeros que se intentó expulsar desde la guerra de Independencia.

    La opinión pública representaba a los manipulados y los líderes a los manipuladores, que ahora tienen su referente en lo que se llama influencers, siempre con un nombre más allá de la realidad que engrandece una actividad cotidiana muy donde la influencia en la sociedad es cada vez menor.

    Eran el medio a través del cual gobernantes engañaban al pueblo, es decir a los gobernados. Los gobernantes no representaban al pueblo, lo utilizaban, fusionaban su individualidad y su conciencia en un mote que designa un ente amorfo llamado opinión pública, mientras los líderes de opinión eran los títeres de los funcionarios públicos desde el Presidente hasta el jefe de departamento. Los primeros daban línea, los otros filtraban información a los medios por dinero, venganza, intereses o placer.

    Los líderes de opinión no sólo tergiversaban la realidad sino que inventaban una paralela. El 3 de octubre de 1968, incluso, quienes vivieron la matanza de Tlatelolco dudaban de que hubiera sucedido ante el silencio de los medios y la conversión del corrupto Jacobo Zabludovsky en encargado del clima de la Ciudad de México, al decir que había sido un día soleado cuando en realidad estaba manchado de sangre.

    Los líderes de opinión no inducían a la reflexión sobre la realidad sino en inducción del voto. No mostraban opciones políticas o partidistas porque en realidad, no existían, imponían a consolidaban una vertiente con variables donde ninguno de los miembros de la oligarquía salía perdiendo.

    La desinformación tenía, en la opinión pública y en los líderes de opinión, los límites de la participación política de la sociedad. Las restricciones eran fijadas desde los medios a través de sus líderes, en momentos en los que la opinión pública obedecía, era moldeable, a pesar de la irracionalidad de los contenidos.

    Se crearon mitos para apuntalar un régimen que nació vulnerable, porque se reinventó para que todo siguiera igual a pesar de la revolución, donde murieron un millón de mexicanos para nada; sin embargo, con ingredientes como la opinión pública, los líderes de opinión, los intelectuales orgánicos, la cultura de la zanahoria delante del pueblo para que avanzara pero sin alcanzarla, se fortaleció. Es decir, el gobierno en México tuvo apoyo social a base de las mentiras que los medios difundían todos los días, por eso obtenían un subsidio permanentemente, al igual que el campo, la educación o la salud.

    El poder de la política tomó la forma de noticia. Pocos lo advirtieron hasta que sus propios excesos descubrieron la verdadera cara de los medios convencionales y de los farsantes líderes de opinión, que no eran más que escribanos asueldo que preservaban el orden establecido.

    El poder de los líderes de oposición radicaba en su íntima relación con los funcionarios públicos, con los que desayunaban, comían, cenaban y hasta vacacionaban juntos para que tuvieran bien aprendido el guion que debían difundir.

    Las herramientas cambiaron pero las intenciones por sostener el poder desde los medios actuales, se mantiene, de tal manera que las opciones de información se abrieron y, al mismo tiempo, marcan una gran diferencia con el pasado: ya no engañan a nadie.

    Quien quiere consumir mentiras es libre de hacerlo y lo hace, pero con conocimiento de causa; quienes quieren cercarse a la verdad, escogen sus medios y sus personajes para iniciar el largo camino hacia la realidad. Un sendero que los medios convencionales trataron de esconder por muchos años.

    No hubo quien se salvara de ser engañado, Reconstruir la realidad de un país, el pasado individual y social, es una responsabilidad democrática en México.

  • Derecha y cultura pop | El cerebro del gringófilo promedio

    Derecha y cultura pop | El cerebro del gringófilo promedio

    Una parte importante del discurso obradorista que permeó en amplios sectores para propiciar el despertar de la sociedad mexicana fue la cuestión de las televisoras, pero sobre todo de Televisa, como puede constatarse en la obra de Jenaro Villamil y Fabrizio Mejía, quienes se dieron a la tarea de documentar de manera pormenorizada hasta qué grado había estado involucrada la televisora de los Azcárraga en afianzar la hegemonía de la peor versión del PRI, ocultando y manipulando información de interés nacional, “informando” con una línea editorial dictada dese Los Pinos, pero, sobre todo, suministrando un mensaje disuasorio y despolitizante por medio de programas basura y explotación de un falso nacionalismo a través de la religión y el fútbol.

    Así pues, mientras que las televisoras perdían fuerza, credibilidad y autoridad moral, al tiempo que muchas de sus figuras del entretenimiento o de la información (que para el caso venían siendo lo mismo) se fueron diluyendo y muchos de ellos no encontraron cabida más que en esfuerzos propios a través de las redes sociales. Tal vez por ello, y por la franca decadencia en la que todo ese aparato mediático se encuentra, en su momento no reparamos en otra cuestión que ahora viene a cuento en tiempos de libertarios, apartidistas, analistas críticos, y demás denominaciones que se utilizan en ciertos medios reaccionarios que aducen mayor “mundo”, genialidad y sofisticación que el resto de analistas que comparten su ideario.

    Y ya que teníamos al mayor enemigo mediático en casa, muy poco volteamos a ver los mensajes producidos por la industria cultural estadounidense, cuyos contenidos también eran suministrados en menor medida por las televisoras nacionales, pero que fueron siendo cada vez más accesibles al grueso de la población a través de los medios digitales. El grueso de los contenidos de la industria cultural en general, sobre todo del sector de mayor difusión, llamado mainstream, pudieron preservarse gracias a las redes sociales. Esto propició que se generaran comunidades alrededor de ellos, nuevos nichos de consumo, material audiovisual de análisis e incluso eventos presenciales como convenciones, foros y conciertos.

    Para las generaciones anteriores a los nacidos en los años 80, aparte de las pocas opciones de entretenimiento audiovisual infantil y juvenil que había hasta el momento, el propio mercado imponía un ritmo de maduración a conveniencia. Al terminar la adolescencia se acababan los juguetes, las historietas y las caricaturas. Los cánones de la publicidad dictaban que había que vestir con ropa juvenil de cierta marca, conseguir un trabajo, y en algunos años adoptar los hábitos de leer el periódico, ver noticiarios, partidos de fútbol o telenovelas, así como las películas mexicanas de los domingos. Muchos jóvenes eran cada vez más seducidos por el rock pese a los estigmas con que cargaba, aunque Televisa y sus radiodifusoras hicieron sucumbir a muchos ante la música comercial y anodina que siempre ofrecían.

    En tiempos recientes, y ante el auge de las nuevas comunidades formadas en torno a los productos de la cultura pop de cine, televisión música y cómics de la última parte del siglo XX, el mercado modificó sus cánones y ya no impone el ritmo de maduración con base en los mismos estereotipos. En tiempos actuales, un adulto perfectamente puede escuchar cualquier género de música, consumir caricaturas, ciencia ficción en cine, series y cómics, o incluso hasta disfrazarse de uno de sus personajes favoritos. Todo esto sin el estigma vergonzante de la infantilidad, puesto que el discurso del imperio se modificó en aras de seguir creando productos de consumo recuperando material de origen generado en épocas pasadas.

    Lo anteriormente expuesto suscitaría un extenso debate sobre si se ha infantilizado a la sociedad, o bien, si se ha vencido a esa forma de pensar de muchos integrantes de las generaciones anteriores, donde ver caricaturas en vez de leer novelas policiacas a los 40 años resultaría algo inconfesable y motivo de escarnio social. Yo mismo he padecido un poco ese choque generacional, pues aunque pueda leer a Kundera, Borges, Rulfo, Soriano y demás autores que he reseñado en el canal, llegué a ser vituperado dentro de mi propia familia por ser aficionado a los libros de Harry Potter. Sin embargo, ciertamente hay muchos integrantes de mi generación y algunas posteriores que directamente obvian los contenidos considerados más maduros y transitan toda su vida consumiendo, compartiendo y discutiendo contenido de DC, Marvel, Los Simpson, Volver al futuro, Gremlins, Goonies, Terminator, Alien, Dragon Ball, series en general y cuanto producto de alcance masivo se les ponga enfrente. Y no soy para nada ajeno a estos productos, si he de expresar un mea culpa, que tampoco creo que haga falta, helo aquí, porque también, aunque con reservas, consumo cultura pop. Sin embargo, observo una marcada relación entre muchos de los opinadores de derecha y el apego a todos estos contenidos.

    Y tampoco nos debe extrañar. Muchos de los productos audiovisuales de los años 80 que ahora son objeto de culto, tenían insertos marcados mensajes imperialistas influidos por la guerra fría. Los EEUU eran los buenos que combatían a los soviéticos malvados o al arquetipo del “dictador latinoamericano” que muchos superhéroes de Marvel y DC llegaron a derrotar en nombre de la libertad. O qué tal el enaltecimiento de los valores estadounidenses en producciones como Top Gun o Forrest Gump. Tampoco debemos olvidar la normalización de los parámetros de izquierda y derecha que se retrataban en las primeras temporadas de Los Simpson.

    Muchos odiadores del movimiento de la 4T, que muy seguido evidencian racismo, clasismo, malinchismo y un aire innecesario de supuesta sofisticación, se declaran asiduos consumidores de cultura pop. Álex Baqueiro, Franco Escamilla, Chumel Torres (y su staff de secundarios), El Tío Rober, Vampipe, Sofía Niño de Rivera, y muchísimos personajes que nacieron en redes sociales, a la hora de verter opiniones políticas, son auténticos trolls, algunos de ellos, los más dedicados a la comedia, despolitizados, y muchos otros, francamente cargados de ideas de derecha. La mayoría de ellos, al menos dos veces, ha publicado su participación en espacios donde se discuten productos de la cultura pop, tema en el que evidencian estar mucho más informados que en cuanto a política.

    Para el caso de Álex Baqueiro, Gloria Lara y Chumel Torres, quienes se abocan concretamente al supuesto análisis político en tono de un humor muy lacerante y que rara vez mancilla a los personajes de derecha, sus referentes, fuentes y símiles, son enteramente productos de la cultura pop. Esto cala bastante en su público, que está integrado por esa franja de jóvenes y ‘chavorrucos’ gringófilos cuyos parámetros para entender la realidad nacional están basados en exactamente lo mismo. Se consideran informados y sofisticados, y no pocas veces lo tratan de evidenciar, tanto con groserías, para que se note que son francos y abiertos, como con anglicismos para que se note que tienen mundo. Sin embargo, son capaces de creerse y reproducir bulos como “los ninis del bienestar”, “Morena narcopartido”, “todos los políticos son iguales”, “quienes votan por Morena son ignorantes e incivilizados”, y demás tropos que gente con menores ínfulas cree a pies juntillas.

    Si bien, como ya se dijo, la campaña anti Televisa fue parte integral del discurso emancipador, muchos de estos personajes directamente pasaron de aquella cultura de masas, puesto que tuvieron acceso a televisión por cable y por lo tanto a contenidos más exclusivos, cuyo consumo afianzó esa particular cosmogonía que por momentos raya en el malinchismo, de manera que, dentro de la ola desatada en redes contra la influencia de Televisa, ellos mismos generaban tráfico al respecto, pues su colonización no venía de la industria cultural nacional, sino de la extranjera. Ese es uno de los grandes triunfos del aleccionamiento imperialista: producir individuos alienados que, pese a ello, se consideran más libres y por encima del resto de la población.

    Gran parte de los trolls y odiadores que actualmente se manifiestan cínicamente a favor de lo que sea que a Donald Trump se le ocurra hacer en contra de la soberanía mexicana, puesto que su sentimiento aspiracional siempre los ha hecho sentirse por encima de sus connacionales, no solo en lo intelectual, sino también en lo económico. Por ello saben que las deportaciones masivas o las poco probables incursiones militares en territorio mexicano (que les hacen mucha ilusión en el fondo por haber crecido con G.I. Joe) impactarían primero en las capas más bajas de la sociedad. 

    Pero aunque estos personajes antes descritos tengan gran alcance, no sirven para más que analizarlos como muestra representativa de un sector realmente minoritario de la población mexicana, cuya mayoría se encuentra en un proceso que va justamente a la inversa: tomando conciencia sobre el sentido de pertenencia, la soberanía, el capital cultural de México y lo necesario que es para seguir afianzando una identidad a prueba de nuevos intentos de colonización. Este ejercicio igualmente permite exhibirlos en su miseria humana, inmadurez y hasta ingenuidad. Corren muy buenos tiempos para afianzarnos como una nación soberana y muy malos para que ellos vean sus fantasías gringófilas cumplidas, que solo serían posibles en la ficción. Que sigan consumiendo entretenimiento barato mientras nosotros nos cultivamos e informamos.