Me da risa, pero también me llama profundamente la atención, la manera en que algunos medios manejaron en los últimos días la polémica surgida a partir de una fotografía tomada durante el arranque del proceso electoral rumbo a 2027 en el Instituto Nacional Electoral. En la imagen, captada por el fotoperiodista Miguel Martínez Corona, se observa a Ariadna Montiel, dirigente nacional de Morena, intercambiando mensajes con Manuel Pedrero y enviándole una fotografía de Alejandro “Alito” Moreno junto a un termo con la leyenda “Vota PRI”. Algunos medios interpretaron inmediatamente aquel intercambio como una instrucción para “atacar” al dirigente priista. Lo que sí puede leerse, de acuerdo con las publicaciones que reprodujeron la conversación, es que Montiel señaló que iniciaba el proceso electoral y que Alito ya estaba realizando lo que ella consideraba actos anticipados de campaña; Pedrero respondió: “Woow”, “Lo llevamos” y “Todo el material que vaya saliendo”.
Y de ahí surgió toda una narrativa. Para unos era simplemente información compartida entre una dirigente partidista y un comunicador; para otros, la fotografía demostraba que Morena “daba línea” a periodistas y youtubers. Alejandro Moreno aprovechó la controversia y el asunto terminó convertido en otro episodio de la batalla política y mediática que ya comienza a sentirse alrededor de las elecciones de 2027. El propio origen de la discusión resulta hasta curioso: un termo rojo con la frase “Vota PRI” llevado por Moreno terminó generando acusaciones, respuestas partidistas y una discusión mucho más amplia sobre la relación entre políticos, periodistas y medios digitales.
Pero hubo una reacción que particularmente me llamó la atención y, debo decirlo, hasta me causó gracia. En un espacio periodístico escuché una expresión despectiva hacia Pedrero que, palabras más, palabras menos, preguntaba: “¿Y ese p…jo quién es?”. No voy a atribuir la frase a una persona específica mientras no tenga plenamente identificado el video y su autor, porque una cosa es escribir una columna de opinión y otra muy diferente adjudicarle a alguien palabras que no podemos documentar correctamente.
Pero precisamente de ahí nace el título de esta columna: el youtuber que nadie ve.
Porque resulta curioso pretender presentar como irrelevante a Manuel Pedrero cuando hoy es director de Los Reporteros MX, conductor de Sin Máscaras y ha construido una audiencia digital considerable. Más importante todavía, en marzo de 2026 recibió del Club de Periodistas de México un reconocimiento nacional en la categoría de Periodismo Digital, categoría que se entregó por primera vez. Pedrero tenía apenas 23 años cuando recibió el galardón y públicamente atribuyó buena parte de ese logro a las audiencias que han acompañado tanto a Sin Máscaras como a Los Reporteros MX.
Entonces quizá la pregunta no debería ser “¿quién es ese youtuber?”, sino qué está ocurriendo con el periodismo mexicano para que comunicadores surgidos de YouTube y de las redes sociales puedan construir audiencias que antes estaban prácticamente reservadas para las grandes televisoras, los periódicos y las estaciones de radio.
Ese fenómeno merece analizarse independientemente de nuestras simpatías políticas.
Yo sí tengo una posición respecto a Manuel Pedrero y no pretendo esconderla: reconozco su trabajo y expreso mi apoyo total a nuestro director. Considero que ha construido una audiencia precisamente porque existe un sector importante del público que confía en su manera de comunicar y que encuentra en su trabajo una alternativa a los medios tradicionales. Sus detractores podrán cuestionar su cercanía ideológica con la llamada Cuarta Transformación y, a partir de episodios como el intercambio con Montiel, discutir qué tan independiente consideran su ejercicio periodístico. Esa discusión es legítima. Pero una discusión seria tendría que hacerse con argumentos y evidencia, no simplemente preguntando despectivamente quién es alguien cuya presencia digital es perfectamente verificable.
También quienes escribimos o participamos en medios identificados con una visión favorable a la transformación del país debemos aceptar algo elemental: apoyar las acciones de un gobierno que consideramos positivas no significa renunciar a la crítica. Nosotros tratamos de informar al pueblo de México sobre las obras y decisiones que consideramos benéficas para el país, pero eso no significa que debamos guardar silencio cuando alguien se equivoca. Manuel Pedrero también informa y critica a quienes considera que lo merecen. Esa independencia de criterio será todavía más importante conforme avance el proceso electoral.
Porque ahí está, desde mi punto de vista, el verdadero tema de fondo.
México ya entró en la dinámica política rumbo a 2027. Y la batalla no solamente se disputará en las urnas. Se disputará en televisión, periódicos, radio, YouTube, TikTok, Facebook, X y cualquier plataforma capaz de colocar una narrativa frente a millones de mexicanos. Una fotografía, un mensaje de WhatsApp, un video de treinta segundos o una declaración fuera de contexto pueden dominar durante días la conversación pública.
Por eso Morena deberá tener muchísimo cuidado con toda la operación política y electoral que viene. Y la oposición también tendrá que estar sometida exactamente al mismo escrutinio.
Los dinosaurios de la política no desaparecieron; simplemente aprendieron a sobrevivir.
Muchos de quienes durante décadas aprendieron a operar elecciones, construir alianzas, movilizar estructuras y controlar narrativas continúan presentes en la política mexicana. Algunos cambiaron de partido, otros cambiaron de aliados y otros simplemente cambiaron de estrategia. Conforme pasan los años, la oposición que durante décadas tuvo enormes espacios de poder observa un escenario político completamente diferente. Morena controla hoy espacios institucionales que antes pertenecieron al PRI y al PAN, mientras esos partidos buscan reconstruir estructuras, recuperar electores y encontrar una narrativa capaz de competir nuevamente por el poder.
Eso es política. Y precisamente por eso hay que observar a todos.
Cuando desde la oposición se anuncia que habrá una vigilancia especial para impedir un supuesto robo electoral por parte de Morena, esa afirmación debe analizarse con cuidado. Una cosa es vigilar las elecciones, algo absolutamente legítimo y necesario para cualquier fuerza política, y otra anticipar como hecho algo que todavía no ha ocurrido. Si existen irregularidades deberán documentarse, denunciarse ante las autoridades correspondientes y probarse. De la misma manera, Morena tampoco debería utilizar su posición dominante para descalificar automáticamente cualquier señalamiento de la oposición.
Yo tengo mi propia lectura política: creo que veremos una operación muy fuerte de las estructuras opositoras y de sus aliados para recuperar espacios y reconstruir parte del poder perdido durante los últimos años. Pero esa es precisamente mi interpretación y será el desarrollo del proceso electoral el que permita comprobar hasta dónde llega cada estrategia.
Los intereses económicos también forman parte inevitable de esta recomposición. Durante décadas existieron empresarios estrechamente vinculados con determinadas estructuras políticas y hoy el mapa empresarial mexicano es mucho más complejo. Hay empresarios que mantienen posiciones críticas frente al gobierno, otros que colaboran con él y muchos que simplemente toman decisiones de acuerdo con las condiciones económicas de cada momento. Sería demasiado simplista decir que todos están de un lado o del otro. Lo que sí resulta evidente es que la relación entre poder político, poder económico y medios de comunicación continúa siendo uno de los grandes temas de México.
Y mientras todo esto ocurre, otro episodio de estos días retrató perfectamente el nivel de confrontación política que vive nuestro país.
Miguel Ángel Yunes Linares, exgobernador de Veracruz, fue increpado en un aeropuerto por un ciudadano que lo llamó “traidor” y “sinvergüenza”. El video muestra que Yunes, en lugar de continuar caminando, regresó hacia quien lo estaba increpando y respondió directamente: “No traicioné a nadie”. El intercambio subió de tono y terminó con Yunes dejando claro que, si el hombre quería continuar la discusión, podían hacerlo en otro lugar.
Sinceramente, a mí esa reacción me llamó mucho la atención.
Independientemente de las diferencias políticas que cualquiera pueda tener con Miguel Ángel Yunes Linares, regresar y enfrentar verbalmente a quien te está insultando requiere carácter. Don Miguel regresó, dio la cara, respondió que él no había traicionado a nadie y sostuvo su posición frente a quien lo estaba increpando. Cada lector podrá estar de acuerdo o no con él, pero el episodio dice mucho del carácter político que ha construido durante décadas.
Por supuesto, el reclamo que recibió tampoco apareció de la nada. Tiene un antecedente político muy concreto. En septiembre de 2024, Miguel Ángel Yunes Márquez, hijo del exgobernador y entonces senador electo por el PAN, votó a favor de la reforma constitucional al Poder Judicial impulsada por Morena y sus aliados. Aquel voto adquirió enorme relevancia dentro de la aritmética legislativa necesaria para alcanzar la mayoría calificada en el Senado. Miguel Ángel Yunes Linares, como suplente, incluso ocupó temporalmente el escaño durante aquella jornada. Desde entonces, sectores de la oposición han calificado aquella decisión como una traición; los Yunes han rechazado esa interpretación y han defendido públicamente su actuación.
Y precisamente ahí encuentro el hilo que conecta ambos acontecimientos.
Estamos entrando en una etapa en la que todos van a ser observados: dirigentes, candidatos, periodistas, youtubers, empresarios, exgobernadores y operadores políticos.
Ya prácticamente no existen los espacios públicos sin cámaras.
Una cámara puede descubrir el mensaje que aparece en el teléfono de una dirigente partidista durante un evento político y otra puede registrar, días después, la discusión de un exgobernador con un ciudadano dentro de un aeropuerto. En cuestión de minutos las imágenes pueden recorrer todo México y cada grupo político intentará utilizarlas para fortalecer su propia narrativa.
La política mexicana cambió.
Pero también cambió el periodismo.
Antes, para tener influencia nacional prácticamente había que tener detrás una televisora, una cadena de radio o un gran periódico. Hoy un joven con una cámara, un micrófono y una conexión a internet puede construir una audiencia gigantesca. Y eso está sacudiendo a una industria que durante décadas decidió quién tenía voz y quién no.
Eso tampoco convierte automáticamente a ningún youtuber en buen periodista, del mismo modo que trabajar para una gran televisora tampoco garantiza independencia, objetividad o rigor. La audiencia tendrá que juzgar a cada comunicador por la calidad de la información que presenta, por la evidencia con la que sostiene sus afirmaciones, por su transparencia y, sobre todo, por su capacidad de mantener credibilidad con el paso del tiempo.
Por eso me resulta tan divertida aquella pregunta:
“¿Y ese p…jo quién es?”
Pues ese es Manuel Pedrero.
El joven periodista que recibió en 2026 un reconocimiento nacional en Periodismo Digital. El director de Los Reporteros MX. El conductor de Sin Máscaras. Un comunicador que despierta respaldo entre unos y críticas muy fuertes entre otros, pero que evidentemente ya forma parte de la conversación política nacional.
El supuesto “youtuber que nadie ve”.
Quizá algunos todavía no entienden el tamaño del cambio que ocurrió frente a sus ojos. Mientras una parte del viejo ecosistema mediático continúa midiendo la importancia de un periodista por el nombre de la televisora, el periódico o la estación de radio que aparece detrás de él, millones de mexicanos ya consumen información de otra manera.
Hoy la credencial para entrar a la conversación pública ya no la entrega solamente una televisora.
La entrega también la audiencia.
Y esto apenas comienza.
Se acerca una operación política y electoral intensa. Habrá acusaciones, filtraciones, videos, fotografías, encuestas, campañas digitales y seguramente intentos de manipulación de la conversación desde distintos frentes. Morena tendrá que cuidar sus formas y demostrar con hechos aquello que afirma defender; la oposición tendrá que sustentar sus denuncias con evidencia; las autoridades electorales tendrán que hacer valer las reglas; y nosotros, desde los medios, tendremos una responsabilidad todavía mayor: informar, documentar, investigar y también criticar cuando corresponda.
Porque ningún partido debería recibir un cheque en blanco de los periodistas.
Y ningún periodista debería necesitar el permiso de los viejos medios para existir.
Así que, como dice aquella canción, ahora sí:
Cuidado. Mucho cuidado.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.