Etiqueta: Germán Castro

  • El cuento de las “narrativas”

    El cuento de las “narrativas”

    La reacción de la reacción ha resultado mucho más patética de lo que nos tenían acostumbrados: lastimosa, miserable y vergonzosa, comenzando por la carta del moreliano Calderón Hinojosa. El veredicto que declaró pentaculpable al súpersecretario de Felipe Calderón noqueó a la oposición en pleno, no solamente a los panistas, igual a sus compinches priístas y demás menudencias partidarias que se mantienen apergolladas al muégano que comanda el señor Gonzalitos, y con ellos, a la lona también, toda su runfla de comentócratas venidos a menos. ¡Santo costalazo! Todavía andan muy atolondrados, más descuadrados que nunca; con todo, tratan de salir de la estupefacción y el atontamiento…

    Dos días después del fallo en Brooklyn, el jueves 23, el director editorial de El Financiero, el señor Enrique Quintana, publicó una columna que evidencia su propósito de embuste desde el título: “AMLO gana la batalla de las narrativas”. Se refiere a la determinación de la culpabilidad de Genaro García Luna, y afirma: “Pocos hechos en los últimos años podrían ser tan productivos para la narrativa que ha construido AMLO”. Por supuesto, se trata de una argucia chafa, porque no, no sólo se está ganando “la batalla de las narrativas”, se está imponiendo la realidad sobre las narrativas que hasta hace poco eran hegemónicas. Sucede que nos están alcanzando los hechos y la verdad sale a flote.

    Hay que tener cuidado. En el centro de la argucia que Quintana y otros voceros del conservadurismo están promoviendo se halla una noción espuria del concepto de narrativa: la idea de que una narrativa no es más que una patraña. No es así: las dichosas narrativas no son sinónimo de mentiras, son otra cosa.

    Como otros opinócratas de la prensa falsaria, el columnista sugiere que el veredicto no fue correcto, es decir, que fue injusto; no lo dice con todas sus letras, no se atreve, pero siembra la duda y deja ver que sólo la gente que no sabe de leyes es la que asume como justa la declaratoria: “Un veredicto condenatorio en Estados Unidos es considerado popularmente como un hecho incuestionable, pese a la debilidad de las pruebas presentadas por los fiscales”. A lo que sí se anima es a lanzar la siguiente añagaza: que Genaro García Luna se haya coludido con el narcotráfico se reduce a una narrativa, o sea, a un cuento, a una mentira.

    La narrativa, efectivamente, es un tipo de discurso que tiene que ver con la ficción, y en español usamos ficticio como sinónimo de mentira. Pero la ficción es otra cosa: la ficción es el producto de uno de los dos tipos de pensamiento que los seres humanos tenemos para entender la realidad: el pensamiento narrativo. Pensadores como Jerome Seymour Bruner (1915-2016) y Paul Ricœur (1913-2005) lo estudiaron a fondo: el modo de pensamiento narrativo es diacrónico, secuencial, orientado a la acción y atento a los detalles específicos de la experiencia. El otro tipo de pensamiento es el paradigmático, el cual es sincrónico, trasciende las experiencias particularidades por medio de la abstracción de categorías, con las cuales sistematiza y busca establecer patrones. El pensamiento narrativo trama historias, organiza los hechos en forma de relatos. Quintana dice que lo que sucedió en Nueva York fortalece la narrativa construida por AMLO, lo cual no es mentira, sino una verdad parcial, muy parcial: la otra parte es que la condena al secretario de Seguridad Pública durante todo el sexenio de Calderón dinamita la narrativa que impulsaron los gobiernos prianistas neoliberales, porque la muestra inverosímil, increíble, sencillamente porque la realidad se impone. Cierto, a esa narrativa perversa se ha enfrentado AMLO, pero no únicamente él, y menos oponiendo a ella un invento, un cuento.

    Moribunda, la narrativa reaccionaria intenta ahora vendernos el viejo timo según el cual la culpa de nuestros males la tenemos todos y todas, mexicanos y mexicanas. Ejecutando la coreografía del nado sincronizado que el conservadurismo ha tratado de montar durante estos días, dice Quintana: “El veredicto del jurado… no es sólo en contra de un exfuncionario…, sino en contra de un país”. ¿Se dan cuenta? Es el mismo cuento según el cual nadie está libre de culpas y nadie puede lanzar la primera piedra, la pamema de que la corrupción es parte intrínseca de nuestra cultura o, peor, de la condición humana. De la Madrid impuso como receta la “renovación moral de la sociedad” porque desde entonces se propagó la consigna artera de que la corrupción somos todos. La cantaleta permeó al punto de que casi nadie dijo nada cuando, apenas en el sexenio anterior, el presidente de la República, exhibido hasta el cansancio, nos acusó a todos de corruptos.

    Que no nos vengan con el cuento de las narrativas y muchos menos con la narrativa de que la sociedad en su conjunto es inmoral. Ni modo, ahora sí es hora de repartir culpas.

  • AMLO y la autoestima nacional

    AMLO y la autoestima nacional

    A Eufrosina

    El conservadurismo en México nunca se ha llevado bien ni con el patriotismo ni con el nacionalismo. Enseguida, argumento.

    Hace 14 años, justo el Día de la Bandera del año 2009, el señor que despachaba como presidente de la República se apersonó en el zócalo de la Ciudad de México para lanzar algunos exhortos. Calderón se dirigió a “nosotros, mexicanas y mexicanas de hoy”, y nos incitó a “hacer frente a los desafíos” que, según él, encaraba la Nación: “la inseguridad y la violencia generada por el crimen”, claro, y la “situación financiera internacional”. Entonces, eso significaba que pedía que la gente apechugara, algo que con frecuencia exigían los neoliberales. Casi al final de su perorata, el prianista soltó: “Hagamos que la Bandera Mexicana ondee siempre gallarda y orgullosa sobre una Patria a la altura de nuestra historia”.

    Quizás aquello era pura retórica, pero igual me asaltó la duda: ¿puede acaso la Patria no estar a la altura de su propia historia? Si la frase estar a la altura de significa algo así como ser consecuente con, ¿es posible que en su actualidad un país no sea consecuente con su devenir a través del tiempo? En términos de lógica formal es imposible que un ente no sea resultado obligado de sus causas y circunstancias. ¿Se desprende pues que un país está siempre, necesariamente, a la altura de su propia historia? Me parece que sí, que no hay vuelta de hoja. Pero un país no es una entidad cualquiera, sino una entidad social que está en todo momento ligada con su identidad. Un país, en tanto comunidad imaginada —echo mano del concepto de Benedict Anderson— problematiza constantemente su conciencia de sí, su aprecio por sí mismo, y ahí las cosas no son tan sencillas. 

    A partir de aquella arenga, en 2009 yo me preguntaba: ¿nuestro país está a la altura de su propia historia? El cuestionamiento se dirigía, por supuesto, al conocimiento y estima que tenía México de sí mismo y por sí mismo. Y dado que México, como ni ningún otro Estado Nación, no se halla personificado en nadie, ni en ningún individuo concreto ni en ninguna institución, ni siquiera en su gobierno, preguntarse si la identidad nacional está a la altura de nuestra historia es preguntarse si la mayoría de los mexicanos y las mexicanas es o no consecuente con nuestro devenir a través del tiempo. Dejando a un lado la cuestión de si realmente existe eso que llamamos historia independientemente de cómo nos la contamos —historiografía—, mi respuesta fue categórica: no, nuestra identidad nacional no estaba a la altura de nuestra historia, es más se encontraba muy achaparrada, terriblemente apocada desde el poder político.

    Durante el neoliberalismo, según el discurso que emanaba desde el poder público y los medios que éste controlaba —casi todos—, la culpa de los males que padecíamos la teníamos nosotros mismos. López Portillo dijo “la solución somos todos”, pero después de la debacle, cuando llegó su sucesor, De la Madrid, se impuso como receta la “renovación moral de la sociedad” porque desde entonces se propagó la consigna de que la corrupción somos todos. La cantaleta permeó al punto de que casi nadie dijo nada cuando, apenas en el sexenio anterior, el presidente Peña nos acusó: la corrupción “está en todos los órdenes de la sociedad y en todos los ámbitos. No hay alguien que pueda atreverse a arrojar la primera piedra, todos están, han sido parte…” Y no sólo se nos calificaba de corruptos, sino además de indolentes: si la pobreza cundía no era por un problema de distribución de la riqueza sino porque la gente no le echa ganas. 

    La identidad nacional tiene que ver con al menos dos conceptos: patriotismo y nacionalismo. Aunque suelen confundirse, no son lo mismo. David Brading (Los orígenes del nacionalismo mexicano, 1988) lo explica claramente: el patriotismo es “el orgullo que uno siente por su pueblo, o de la devoción que a uno le inspira su propio país”, mientras que el nacionalismo es “un tipo específico de teoría política; con frecuencia […] la expresión de una reacción frente a un desafío extranjero… Comúnmente su contenido implica la búsqueda de una autodefinición, una búsqueda […] en el pasado nacional en pos de enseñanzas e inspiración que sean guía para el presente”. El nacionalismo, pues, precisa del patriotismo. La bronca es que, a diferencia del patriotismo que es un sentimiento que prácticamente surge espontáneamente de la cotidianeidad, el nacionalismo, en tanto ideología política que abona en favor de la unidad de un Estado Nación, debe construirse, primero, y luego permear. Y para ello, obvio, se requiere legitimidad.

    A lo largo de la historia patria, al igual que ocurre con dos de las grandes avenidas de la Ciudad de México, Patriotismo y Revolución corren en contrasentido. Mientras que el patriotismo criollo impulsó la Independencia, el nacionalismo mexicano dio fondo ideológico a la Revolución. Hoy, desde el poder político de la 4T, el presidente López Obrador diariamente se ocupa de recordarnos la riqueza, profundidad y fortaleza de las raíces históricas de México. No se trata solamente de un discurso, sino de acciones concretas encaminadas a que estemos a la altura de nuestra historia, reconociéndonos en ella con orgullo. Cuando AMLO repite que el pueblo de México es mucha pieza abona en favor de nuestra autoestima, y cuando insiste en que la riqueza de nuestro país está en los valores de su gente reconfigura y fortalece la identidad nacional. El nuevo humanismo mexicano recupera la viabilidad de nuestra comunidad imaginada, ni más ni menos.

  • Nada como inflar para concentrar

    Nada como inflar para concentrar

    Si alguien pregunta qué es la inflación y usted contesta que es el aumento de precios, usted va a quedar como un pobre lego en Economía. Para salvar la situación, debe usted por lo menos agregar un par de adjetivos: aumento generalizado y e incontrolado. Si además lo cuestionan sobre las causas de la inflación y usted responde que es por culpa de los hambreadores o del gobierno, me temo que podría quedar como un pazguato. En cambio, uno bien puede pasar por enterado si pone cara de extrema gravedad y responde algo muy corto y poco comprometedor; por ejemplo:

    — La inflación es un fenómeno macroeconómico muy complejo, de causalidad multifactorial… 

    “La inflación es un fenómeno que se observa en la economía de un país y está relacionado con el aumento desordenado de los precios de la mayor parte de los bienes y servicios que se comercian en sus mercados, por un periodo de tiempo prolongado”. Es así como define el Banxico a la inflación en su sitio pedagógico Banxico educa. Y abunda: “… existen varias causas que pueden desencadenar este fenómeno…

    Sin embargo, la principal es generada por los excesos de dinero circulando en manos de la población que, al sentirse con más recursos, incrementa sus gastos generando una mayor demanda de bienes y servicios en la economía cuando la capacidad productiva del país no está en posibilidades de cubrirla, provocando escasez y aumentos en los precios”. ¡Ah, qué población más inconsciente, caray! ¡Qué gente, que se siente con más recursos cuanto tiene más dinero!

    El aumento desbocado de precios cunde por buena parte del orbe. Al cierre de 2022, todavía antes de los terremotos, en Turquía rebasaba los 64 puntos porcentuales, y en Chile, antes de los incendios, era de casi 13%, mientras que el promedio para los estados miembros de la OCDE y en los países de Europa era de 9.4 y 9.2%, respectivamente. En México, la inflación cerró el año en 7.8%, su mayor nivel en 22 años.

    Hace unos días, en su más reciente charla para Democracy at Work, Richard Wolff habló de la inflación. En corto, el economista marxista dijo que “la inflación es y debería ser honestamente reconocida como lucha de clases”. Como suele hacerlo, procedió entonces a explicar su dicho de forma muy sencilla.

    Primero, ¿qué son los precios? “Es lo que tú y yo y la gran mayoría de las personas pagamos a la pequeña minoría que son los empleadores en nuestra sociedad, los que fijan los precios, los que los suben. En tanto que  “los precios son el dinero que nosotros, los empleados, les damos a ellos, los empleadores, los salarios son lo que ellos, los empleadores, nos dan a nosotros como empleados”. Enseguida, se refirió al comportamiento de los precios y los salarios en su país: “los precios suben en Estados Unidos más o menos entre un 7 y un 9% cada año. Los salarios aumentan anualmente la mitad de eso. En otras palabras, le estamos dando a nuestros empleadores mucho más de lo que ellos nos dan a nosotros. Se trata de una transferencia de riqueza de los empleados a los empleadores.”

    Fácil, ¿no? Desde esta perspectiva la inflación es una expresión de la lucha de clases, de la lucha por la distribución del excedente económico entre los capitalistas y los trabajadores. Los primeros buscan maximizar sus ganancias mediante el incremento de los precios de sus productos y servicios. Por su lado, los trabajadores buscan obtener salarios justos y precios más bajos para los bienes y servicios que compran. La tensión entre estos dos intereses opuestos provoca un aumento generalizado de precios, esto es, inflación.

    Según el reporte anual de Oxfam al menos 1.7 mil millones de trabajadores en todo el mundo, 47% del total, percibieron salarios que en 2022 resultaron más bajos que la inflación. El mismo documento —Survival of the Richest. How we must tax the super-rich now to fight inequality— señala: “La explicación tradicional del aumento vertiginoso de la inflación es que ocurre cuando la demanda supera la oferta y hace subir los precios, pero esta lógica explica solo en parte el aumento del costo de la energía y los alimentos.

    La invasión de Ucrania por Rusia, con todas sus consecuencias geopolíticas, provocó una reducción del suministro de gas de Rusia, lo que a su vez contribuyó a un aumento del precio mundial de la energía. En el caso de los alimentos, los precios ya estaban aumentando considerablemente mucho antes de que estallara la guerra, y la interrupción del suministro de cereales de Ucrania no hizo más que exacerbar el problema. Para comprender mejor el aumento de los precios de la energía y los alimentos, debemos mirar más allá de la lógica de la oferta y la demanda. Un creciente cuerpo de evidencia apunta a las ganancias y márgenes corporativos como impulsor de la inflación. Las empresas no sólo están transfiriendo los mayores costos de los insumos a los consumidores, sino que también están capitalizando la crisis, usándola como una cortina de humo para cobrar precios aún más altos. En Estados Unidos, Reino Unido y Australia…, 54%, 59% y 60% de la inflación, respectivamente, ha sido impulsada por mayores ganancias. En España, las ganancias corporativas fueron responsables del 83% de los aumentos de precios durante el primer trimestre de 2022.”

    ¿Qué es la inflación? Un mecanismo eficiente de la hiperconcentración de la riqueza.

  • ¿Sí…, por cuál vota?

    ¿Sí…, por cuál vota?

    Cuando yo era niño la democracia era, más que un ideal, una entelequia. Por ejemplo, tratándose de las elecciones presidenciales, cualquier escuincle medianamente despabilado sabía que El bueno era el beneficiado por el dedazo del presidente saliente. Luego seguía una farsa más o menos ridícula que pasaba sin mayores sobresaltos. El colmo fue el proceso electoral en el cual resultó ganador el licenciado José López Portillo y Pacheco, derrotando contundentemente para ello a nadie, puesto que fue el único candidato oficial que se presentó en la contienda. Como se sabe, las cosas no cambiarían sino hasta 1988.

    Durante aquellos precámbricos ayeres, también era frecuente que si un chamaco preguntaba a su madre, por ejemplo, por qué tenía que irse de vacaciones a casa de unas tías aburridas y feas que vivían en Celaya, la respuesta se limitara a una clásica matona: “Porque lo digo yo, que soy tu madre”. Con argumentos de tal calado podían resolverse quién estudiaba qué o incluso quién se quedaba no a vestir santos sino a cuidar ancianos en casa. Por aquellos años, los ejercicios públicos más democráticos que recuerdo ocurrían en la amplitud modulada:

    — ¿Sí…, por cuál vota? –así era como, según recuerdo, contestaba el locutor de la estación de AM en la que diariamente, a una hora determinada de la tarde, se organizaban varias confrontaciones entre una canción de los Beatles y una de los Creedence Clearwater Revival. Los radioescuchas que querían participar marcaban un teléfono y, si tenían la enorme fortuna de que entrara su llamada, sufragaban al aire: “Orgullosa María, por favor” o “El tonto de la colina del Cuarteto Liverpool”, digamos. Después de que pasaba un par de barras de anuncios y los cortes respectivos del locutor en turno, se cerraba la votación y ponían la rola que había recibido más menciones. Que yo me acuerde, no le decíamos encuestas ni sondeos ni consultas públicas a esos enfrentamientos… Desconozco si sigan pasando por la radio programas como aquellos, pero estoy seguro de que si es así no les resultarán a los jóvenes experiencias tan exóticas como a uno de chavito.

    Se han generalizado tanto los ejercicios para averiguar el parecer de las personas, que pulula cierto enredo. El uso indistinto que mucha gente suele dar a palabras como censo, encuesta, sondeo, consulta… genera confusión. No son lo mismo, tienen distintos propósitos y procesan información de naturaleza diferente. Para poder leer adecuadamente sus resultados y comprender su utilidad es necesario entender sus particularidades.

    Los censos son, junto con las encuestas y los registros administrativos, fuentes de estadística básica. Los tres son herramientas que sirven para conseguir datos acerca de lo que es: información respecto a la realidad. En cambio, los sondeos y algunas encuestas son instrumentos de investigación acerca de la opinión de las personas, es decir, sirven para explorar y recabar datos acerca de lo que se cree o lo que gusta o disgusta. Finalmente, las consultas son ejercicios de democracia participativa organizados para conocer la voluntad de la ciudadanía respecto a temas de trascendencia pública, esto es, se refieren a lo que se quiere, de tal suerte que en estricto sentido lo que recaban son sufragios. 

    Los censos son de carácter universal: persiguen obtener información sobre todo el conjunto; así, los levantamientos de los censos de población y vivienda deben lograr cobertura total: contar a todas y todos los habitantes del país, por caso. De igual forma, los registros administrativos tienen que dar cuenta de todas las unidades a las que en cada caso se atienda; así, por ejemplo, todos los recién nacidos en el territorio nacional deben contar con un acta de nacimiento. Las encuestas no son de carácter universal: captan los datos de una parte del universo, en el mejor de los casos, de una muestra representativa de la totalidad.

    Por su parte, las encuestas y sondeos de opinión suelen capar la información de una parte del universo, y pueden o no ser dirigidos a muestras representativas. 

    En las consultas populares no participan todos los habitantes, ni siquiera toda la gente de 18 años y más: participan sólo quienes cuentan con la credencial de elector que acredita que tienen derecho de hacerlo. Conforme a lo que se establece en la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, para que los resultados de una consulta sean vinculantes es necesario que participe por lo menos el 40% de todos los electores (lista nominal).

    Explicado así podrá parecer sencillo ahora distinguir unos de otros, pero en la realidad las fronteras no siempre se pueden marcar fácilmente. Por ejemplo, los cara a cara Beatles versus Creedence que recordaba más arriba, ¿qué eran?

    — ¿Sí…, por cuál vota? ¿Encuesta o consulta?

  • Cifras verídicas/embustes mediáticos

    Cifras verídicas/embustes mediáticos

    Bartolo Jacinto, media cuchara de oficio, gana el mínimo. El año pasado percibía $172.87 pesos diarios, pero a partir del primero de enero de este 2023 su salario se incrementó y ahora recibe $207.44 pesos diarios, casi 35 pesos diarios más. ¿Qué tanto perdería si le descontaran no el 5%, no el 3% sino el 0.5% de sus ingresos diarios? Perdería 1.03 pesos, es decir, un poquito más de un pesito. 

    Eladio, que chambea en un despacho de diseño industrial trazando maquetas, gana más del doble. Él percibe $14,500 pesos mensuales —es decir, un poquito más que el salario promedio que en diciembre de 2022 recibían los casi 22 millones de trabajadores afiliados al IMSS, $14,768—. Si Eladio decidiera ahorrar el 0.5% del dinero que recibe cada mes, ¿qué tan significativo sería su ahorro? Bueno, pongámoslo así: tardaría 200 meses en juntar lo que gana en un mes. 200 meses, esto es, más de 16 años y medio.

    A Graciela, dermatóloga de profesión, le va bien: aunque varían sus ingresos dependiendo de la temporada, el año pasado en promedio ganó $49,800.00 pesos mensuales. Si ella fuera víctima de un fantasma chocarrero que día a día le birlara también el 0.5% de sus emolumentos perdería menos de $124.50 pesos quincenales, mucho menos de lo que gasta en las propinas que le da al señor del estacionamiento.

    Podría continuar, pero lo que quiero mostrar me parece que ya quedó evidenciado: el 0.5% de un monto se vuelve más poquita cosa conforme se incrementa la cantidad afectada, el 100%. Bien, teniendo esto en mente les cuento que ayer jueves 26 de diciembre El Financiero publicó como su nota principal de primera plana: “Tira a economía el sector servicios”.

    Y por su parte, El Economista, que cada día canta peor las rancheras, “Sufrió actividad económica traspiés en noviembre; ven flojo cierre de 2022”. ¡Ay, nanita! ¿Es que otra vez ahí viene el Coco Macroeconómico por nuestros huesos? Bueno, quien se tome la molestia de pasar de los encabezados y dar lectura a la nota sabrá que en ambos casos se refieren al mismo dato: el Indicador de la Actividad Económica (IGAE), calculado por el INEGI, correspondiente a noviembre del año pasado presentó una disminución de… ¡0.5%! Por lo demás, quienes hayan leído la información publicada por el INEGI podrán haberse enterado que no se trata de un resultado malo para todos: resulta que mientras las actividades del sector terciario cayeron en un 0.9%, las actividades secundarias no presentaron cambio alguno y las primarias crecieron 5.3%

    Por supuesto, seguramente un montón de gente se habrá quedado con la falsa idea que este par de medios insisten en sembrar en la opinión pública: que a México le va mal. En esta ocasión no mienten —como sí lo hicieron un día antes publicando que la inflación de la primera quincena del año ha sido la peor desde 2001, es decir, en 21 años, cuando en realidad, tal como les enmendó la plana Gerardo Esquivel “la inflación general de la primera quincena de enero de 2023, si bien fue alta, es inferior a la que se observó en 2002, 2010, 2014, 2021 y, por supuesto, 2017, año del infausto ‘gasolinazo’”—, no publican datos falsos, pero engañan. El arroz podrá traer piedritas, pero no estamos comiendo piedras.

    ¿Y más allá de las complejísimas abstracciones de las cifras macroeconómicas, agregados de agregados de otros agregados y estimaciones, cómo le está yendo a la economía de nuestro país? O mejor, ¿cómo nos está yendo a nosotros, las mexicanas y los mexicanos, en el ámbito económico?

    Ayer mismo, El Economista, también en primera plana pero en letra mucho más chiquita y al margen de la “noticia” del dichoso traspiés, informa: “Crece ahorro de mexicanos por tasas altas. Ahorro a plazo fijo comenzó a crecer desde 2021”. ¿Se dan cuenta? Una buena noticia que pretende desvirtuarse… Porque piénselo: ¿será que la gente está ahorrando nada más por las altas tasas de interés? ¿Y no será también y en principio porque hay dinero para ahorrar? Y no es poca cosa: la misma nota señala: “… la captación a plazo pasó de 4.8 billones de pesos en septiembre de 2021 a 5.5 billones de pesos en noviembre del año pasado”.

    Y ya encarrerados, una más. También en la portada de El Economista podemos ver una nota que, creo, debió ser la principal: “En 2022, ventas de ANTAD crecieron 10.6%” Y ya en interiores: “Las ventas comparables de los afiliados a la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicios y Departamentales registraron un crecimiento nominal de 10.6% durante el 2022, mientras que la inversión ejecutada fue de 1,750 millones de dólares, 2.9% mayor a las proyecciones anunciadas”. ¿Qué tal? El mercado interno que le llaman, fortalecido, y también la inversión. Y todo esto —un 0.5% de declinación en el IGAE en noviembre pasado, un incremento de más de 10% en las ventas en los supermercados en 2022— en medio de un contexto de incertidumbre económica internacional.

    Para mal de la oposición y sus medios, a México le va bien.

  • ¡Es el modelo, estúpidos!

    ¡Es el modelo, estúpidos!

    En la ciudad más alta de los Alpes, Davos, Suiza, se volvieron a reunir los dueños, testaferros, agentes, fautores, portavoces y empleados encumbrados —privados y gubernamentales— de la oligarquía capitalista ecuménica. Propietarios, managers, políticos y jilguerillos, la crema de los señorones —muy pocas damas— que jalan a su antojo los hilos del Antropoceno, los atizadores del modelo económico que está devastando a tambor batiente la Tierra. La élite de las élites, los archiacaudalados entre los billonarios, los caciques del planeta Tierra. Puntuales y petulantes, llegaron muy orondos a bordo de sus aviones privados —Greenpeace estima que los angelitos generaron el CO2 equivalente al que habrían emitido 350 mil coches en una semana— a decirse muy preocupados, entre otros muchos problemones, por el cambio climático. By the way, el mismo día, la revista Nature publicó un estudio que da a conocer que la actividad humana está provocando un sobrecalentamiento de Groenlandia mucho más pronto y acelerado del que se proyectaba. Hoy, en buena parte de la isla se alcanza una temperatura mayor en 1.5 grados Celsius respecto a los niveles preindustriales. El reporte señala que, de seguir así, a finales de este siglo el derretimiento de la capa de hielo groenlandesa causará un aumento de 20 pulgadas en el nivel del mar, lo cual resultará catastrófico para un montón de localidades y ciudades costeras en todo el orbe.

    Según ellos muy consternados, los machucones del Foro Económico Mundial —WEF, por sus siglas en inglés— dieron a conocer hace unos días el documento The Global Risks Report 2023 18th Edition. Traduzco y resumo:

    Los primeros años de esta década anuncian un período particularmente disruptivo en la historia de la humanidad. El regreso a una “nueva normalidad” después de la pandemia de COVID-19 se vio interrumpido por la guerra en Ucrania, lo que dio paso a una nueva serie de crisis de alimentos y energía, que han desencadenado problemas que décadas de progreso habían tratado de resolver. El mundo enfrenta una serie de riesgos que se perciben como nuevos, pero al mismo tiempo familiares. Vemos el retorno de riesgos ‘viejos’ (inflación, crisis del costo de vida, guerras comerciales, salidas de capital de los mercados emergentes, malestar social generalizado, confrontación geopolítica y el espectro de la guerra nuclear) que pocos de los líderes empresariales y hacedores de políticas públicas de esta generación habían experimentado. Son riesgos amplificados por fenómenos relativamente nuevos…: niveles insostenibles de deuda, una nueva era de bajo crecimiento, baja inversión global y desglobalización, disminución de los recursos humanos…

    Los foristas aceptan que “después de décadas de progreso, desarrollo rápido y sin restricciones tecnológicas”, estamos entrando a una década “única, incierta y turbulenta”. Enseguida, enlistan lo que consideran los riesgos globales, según su gravedad —a corto (2 años) y largo plazo (10 años)—, clasificados en cinco bolsas —económicos, ambientales, geopolíticos, sociales y tecnológicos—: crisis del costo de la vida, desastres naturales y eventos climáticos, confrontaciones geopolíticas, fracaso en la mitigación del cambio climático, erosión de la cohesión social y polarización, daños ambientales a gran escala, desadaptación ante el cambio climático, ciberdelincuencia, escasez de recursos naturales, migración involuntaria a gran escala. Evidentemente la manera de enunciar la situación planetaria y los riesgos que enfrentamos no es más que una expresión ideológica del neoliberalismo que se resiste a aceptar su responsabilidad en el desastre y que pretende seguir manteniendo sin cambios sustanciales el modelo económico. Prueba de ello es que entre las alarmas que encienden no consideran la desigualdad, a pesar del informe que Oxfam acababa de divulgar… Peor, la palabra pobreza no aparece…, y debería. En este sentido, Oxfam es contundente: 

    Estamos viviendo un momento sin precedentes de múltiples crisis. Decenas de millones de personas más se enfrentan al hambre. Cientos de millones más enfrentan aumentos en los precios que les impiden enfrentar el costo de los bienes básicos o la calefacción de sus hogares. La pobreza ha aumentado por primera vez en 25 años.

    De ese tamaño es la crisis que estamos enfrentando: la pobreza mundial ha aumentado por primera vez en el último cuarto de centuria. Y el origen de esta catástrofe humana no es la carencia de riqueza, sino su distribución.

    • Desde 2020, el 1% más rico se ha quedado con casi dos terceras partes de toda la nueva riqueza, es decir, casi el doble de dinero que el 99% inferior de la población mundial.
    • Las fortunas de los multimillonarios están aumentando en $2,700 millones por día, cuando la inflación rebasa los salarios de al menos 1,700 millones de trabajadores.
    • En 2022, las empresas de alimentos y energía más que duplicaron sus ganancias, y pagaron $257 mil millones de dólares a accionistas adinerados, mientras que más de 800 millones de personas se fueron a la cama con hambre.

    El slogan del WEF de este año es “Cooperación en un mundo fragmentado”. No, el mundo no está fragmentado, está integrado por un modelo económico injusto. La polarización, en efecto, es un problema, pero no la polarización social, ni siquiera la polarización política, sino la polarización económica. El origen de la crisis global es el modelo económico.

  • Terrorismo estéril

    Terrorismo estéril

    Como ya he externado en esta misma columna, sé bien que es muy delicado hablar de terrorismo: usar el vocablo es lidiar con una sabandija ponzoñosa y traicionera. Pero también he argumentado que en algunos casos no es prudente alejarse de la palabra y no mentarla, porque proceder así sería dar por perdida una batalla, una batalla semántica relevante. En ciertos casos hay que tomar el toro por los cuernos.

    La situación es paradójica: denunciar acciones comunicacionales con propósitos terroristas implica darles resonancia e impulsar su propósito, causar terror, pero, al mismo tiempo, no hacerlo, guardar silencio, es aceptar tácitamente que dichos mensajes son válidos —el que calla otorga—. Escapar de esta paradoja no es fácil, pero es decisivo intentarlo.

    La reacción y sus esbirros mediáticos llevan ya varios meses tratando de establecer en el imaginario nacional una narrativa en torno al metro de la Ciudad de México que provoque terror. Desde el colapso en el tramo elevado de la línea 12 ocurrido en mayo de 2021, el conservadurismo no ha dejado de atizar el tema. Y, claro, después del choque de dos trenes en la línea 3 sucedido el sábado pasado la andanada comunicacional se ha intensificado. Dado que es una estrategia propagandística cuyo objetivo es causar terror, sostengo que es una campaña terrorista. Si está montada o no en accidentes —hechos no premeditados— o en actos de sabotaje es otro asunto.

    Ayer jueves en Twitter la estrategia terrorista se descaró cuando el conservadurismo lanzó el HT #MetroDeLaMuerte. Cuentas manejadas por personas de carne y hueso, muchos reputados pejefóbicos y famosos odiadores de la 4T, las y los opinócratas que llevan años endiablados y tecleando tonterías desde la rabia, politicastros del prianismo, pero también granjas de bots, la reacción se dio vuelo esparciendo memes, videos reciclados, caricaturas, rumores, mentiras, denuestos, groserías… La intención del HT #MetroDeLaMuerte no es sólo propagar el mensaje de que viajar en metro es muy peligroso, letal.

    Además, es obvio un propósito aparejado: arremeter en contra de la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, específicamente damnificar su posible y muy probable candidatura a la Presidencia de la República por parte de Morena. Los HT #ClaudiaRenuncia, #EsClaudiaLaResponsable y #EsClaudiaCorrupta así lo muestran. Incluso hay quienes se animaron a ser más descarados: #ClaudiaEsUnPeligroParaMexico. Quizá sea notorio, pero vale la pena subrayarlo: en este nado sincronizado —#MetroDeLaMuerte— el propósito aparejado —pegarle a Claudia— es el verdadero objetivo. La seguridad de la gente que viajamos en metro les tiene, como siempre, sin ningún cuidado.

    Por lo demás, decir que viajar en metro es extremadamente peligroso, mortal, es una tontería tan grande que únicamente puede resultar verosímil para quienes no viajen en metro o sufran de un grado de desinformación casi doloroso o experimenten por antipatía una ofuscación generalizada. Hace unos días, Statistics feed tuiteó: Cows kill more people every year than sharks. Es decir, que resulta mucho más probable que una vaca mate a alguien a que lo haga un tiburón. No indicaron la fuente en la cual basan su afirmación, pero no es necesario, el puro sentido común permite concluir que es así, no sólo porque hay una inmensidad de reses y muy pocos tiburones, sino porque es incomparable la cantidad de seres humanos que conviven cotidianamente con vacas y toros respecto a los que nadan entre peces carnívoros.

    Sin conocer las estadísticas correspondientes, también el sentido común permite que cualquier gente medianamente al tanto del mundo en el que vive pueda darse cuenta del tamaño de la estupidez que es llamar “de la muerte” al sistema de transporte colectivo de trenes de la CDMX. Ahora que conociendo algunos números la tarugada puede dimensionarse mejor… A causa del colapso del tramo elevado del metro acaecido en 2021 lamentablemente fallecieron 26 personas, y el saldo letal del accidente del sábado fue de una joven.

    Según las estadísticas de accidentes de tránsito terrestre (INEGI), en 2021 en las calles de la Ciudad de México 17 hombres y mujeres murieron por “colisión con objeto fijo”, y 128 personas sufrieron una “colisión con ciclista”, de la cuales 4 fallecieron. De las 858 que tuvieron la mala fortuna de sufrir el mismo percance, pero no con una bicicleta sino con una motocicleta, 28 perdieron la vida. En efecto, las motos son más peligrosas que el metro. Claro, los automóviles son el verdadero peligro: 32 personas fallecieron en choques, y de las 445 personas que fueron atropelladas por un coche, 69 murieron.

    El metro sigue siendo el medio de transporte más seguro de la CDMX. La gente lo sabe porque lo vive. Con todo, no deben seguir sucediendo eventos que pongan en riesgo a ningún pasajero. ¿Accidentes, sabotaje? A pregunta directa en la mañanera del jueves 11, la jefa de gobierno contestó: “No quisiera yo ponerle nombre, pero sí son acciones, momentos, hechos atípicos que están ocurriendo en el metro”. Como suele serlo, también el presidente fue muy cauto: “lo que queremos es que no haya sicosis, que encima de todos los problemas cotidianos… tengan la preocupación de algún accidente en el metro y que pueda ser provocado. Vamos a tener vigilancia y si a eso le llaman militarización, o como le llamen, asumimos la responsabilidad, porque vale más prevenir que lamentar. Entonces, vamos a cuidar al pueblo en el metro”. Bien: que no haya sicosis, no hay que hacerle el caldo gordo a la campaña de miedo. El terrorismo facho seguirá siendo estéril.

  • Irredimibles

    Irredimibles

    ¿De plano son insalvables? ¿Debemos aceptar de una vez por todas que no tiene caso tratar de hacerlos entrar en razón? ¿Hay que reconocer sin ambages que toda esa gente permanecerá en los marasmos de la estupidez humana, en la negación sistemática de la realidad como último baluarte de su conservadurismo exasperado y ramplón?

    A diferencia de lo que sostiene el presidente López Obrador, yo pensaba que no, que aún valía la pena intentar despabilarlos, tratar de aguzarles el entendimiento a punta de argumentos… Es más, llegué a creer que era una especie de deber democrático esforzarse por ayudar a quitarles de encima el costal de prejuicios y juicios desatinados que les aplasta la mollera y los mantiene tan endiablados, tan dispuestos a seguir creyéndoles a quienes por tantísimos años les han tomado el pelo… Bueno, pues lamento informar a ustedes que el 2023 vino a traerme el chasco que asestó el puntillazo letal en lo poco que quedaba de mis ganas de andar redimiendo reaccionarios…

    Todo ocurrió en territorio WhatsApp, más precisamente en un grupo en el que convivimos cinco cincuentones, quienes, desde la remota prepa, hemos conseguido mantener nuestra amistad. Compartimos origen social y geográfico —¡salimos del mismo código postal!—, un montón de historias, gustos —el tocho, el basquet, el cine, la música…—, sentimientos… En materia política no hay consenso: de los cinco, dos enjuician negativamente al primer gobierno federal de la 4T —votaron en contra de AMLO y se han mantenido como críticos al presidente, a quien cada día detestan más— y tres tenemos una postura favorable. Los dos primeros son francamente pejefóbicos, en tanto que en los tres restantes hay cierta diferencia: uno apoya y valora de manera positiva a la actual administración, sin intervenir jamás en una discusión, en tanto que los otros dos somos felices chairos. 

    El episodio comenzó la mañana del 31 de diciembre pasado. El kickoff me correspondió a mí. Desde hacía algunos días, mi participación en el grupo se había limitado a “leer” los mensajes de los demás. Entrecomillo leer porque en nuestra pequeña comunidad, como en el mundo entero, la iconografía se ha impuesto sobre el texto: fotos, memes, emojis, stickers… Antes de que comenzaran los intercambios de buenos deseos por el inminente inicio de año, y considerando que mis cuatro amigos son buenas personas y a todos los estimo, que todos vivimos en México y que por ende el bien común también les atañe, escribí: “Pa’ cerrar el 2022 contentos y esperanzados…” Y enseguida, una tras otra, les fui enviando…:

    • Una gráfica de barras en la que se muestran los aumentos que ha tenido el salario mínimo de diciembre de 2018 al inicio de 2023: de $88.36 pesos diarios al inicio del sexenio a $207.44 pesos diarios —un incremento mensual de $1,052 pesos—.
    • Una pantallazo de una nota de primera plana en La Jornada: “El desempleo, en su menor nivel desde 2005: INEGI”.
    • Una gráfica que muestra el comportamiento de los puestos de trabajo registrados en el IMSS, desde el último mes del sexenio de Peña a diciembre de 2022. La mejora es evidente. Se destacan tres momentos: en noviembre de 2018, había 20.4 millones de trabajadores registrados al IMSS; en febrero de 2020, previo a la caída de causada por la pandemia, 20.6 millones… Vendría la debacle, con el peor momento entre junio y julio del 2020, y enseguida el despegue, para cerrar el 2022 con casi 22 millones.
    • Una foto de pantalla de la primera plana de El Economista: “Peso, la moneda que más se revaluó frente al dólar durante este año.
    • Otra gráfica: “Salario promedio. Remuneración mensual promedio de los trabajadores asegurados” [al IMSS]. Se muestra el comportamiento ascendente que ha tenido el indicador desde 2001, y cómo se ha acelerado desde que comenzó el gobierno de AMLO, para ubicarse en diciembre de 2022 en $14,768 pesos mensuales.
    • Otra gráfica de barras: “Variación del tipo de cambio respecto al dólar en los 49 meses de gobierno”. Se muestran los datos para las administraciones de Miguel de la Madrid a la actual. En todas, devaluación —las peores, con De la Madrid y Zedillo, 1,626.2% y 185.6%, respectivamente—, menos en la del licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública Andrés Manuel López Obrador; hasta aquel día, se reportaba una apreciación de nuestra moneda de 4.6%
    • Una gráfica sobre el comportamiento de los delitos del fuero federal, que entre diciembre de 2018 y noviembre de 2022 han presentado una baja de 30%
    • “Inversión extranjera directa al tercer trimestre”, una gráfica que muestra que el 2022 cerró con cifra récord: más de 32.1 mil millones de dólares. 
    • Una encuesta de El Financiero: “Califican el 2022 de bueno; 83% piensa que ’23 también lo será”.

    Y hasta ahí. ¿Cuál fue la respuesta? Nadie dijo nada. Nadie comentó nada. Nadie contradijo nada. En el Whats atronaba la estridulación de los grillitos imaginarios. El silencio perduró horas. Ya en la noche, el intercambio tradicional de buenos deseos de año nuevo. Y de nuevo el silencio: la política, la cosa pública dejó de ser tema…, hasta el 4 de enero, cuando los dos antiamlo del grupo comenzaron a mandar memes celebrando como una enorme victoria de la oposición algo que, hasta entonces, no se había confirmado: que el avión que traerá a Biden no vaya a aterrizar en el AIFA. Esa fue la gota que derramó el vaso. Suspiré y apagué el celular:

    — Andrés Manuel tiene razón. Que les vaya bien. No tiene caso.

    • @gcastroibarra
  • Si politiza, humaniza y hace bien

    Si politiza, humaniza y hace bien

    En la mañanera del miércoles volvió a repetir que se repite:

    — Por eso yo parezco disco rayado, repito y repito y repito. Porque hay quienes se creen las mentiras y es momento que digo: les están mintiendo, les están jugando el dedo en la boca, es lamentable que no estén informados, que les manipulen… 

    Lo hace con frecuencia: el presidente López Obrador suele repetir que se repite, que tiene que ser reiterativo. También es usual que explique a qué se debe que lo haga y en quiénes está pensando al hacerlo:

    — Y sobre todo hay que pensar en los jóvenes. La labor de un dirigente es concientizar, es como la de un predicador cívico, democrático, esa es la labor de un dirigente. Un escritor, un intelectual, no se debe repetir o no debe usar caminos trillados o lugares comunes, pero un dirigente sí, hay que estar constantemente hablando.

    Consecuente, AMLO insiste sistemáticamente, repite y repite, machaca, y sin embargo, al mismo tiempo, abona nuevos temas y sigue marcando la agenda nacional. Resulta evidente para tiros y troyanos que él es quien se encarga de surtir la mayor parte del combustible que mantiene viva en México la discusión en torno a la cosa pública. ¿Discusión? Eso digo, discusión, a sabiendas de que la palabra suele entenderse mal, como sinónimo de pleito.

    Discusión, de acuerdo con el diccionario de la RAE, tiene dos significados: primero, “análisis o comparación de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o posibles”, y segundo, “acción y efecto de discutir”. Ahora bien, discutir, en principio no quiere decir pelear, reñir, sino “examinar atenta y particularmente una materia”. En segunda acepción, discutir significa “contender y alegar razones contra el parecer de alguien”.

    Pero ¡ojo!, efectivamente discutir es sinónimo de contender, es decir, de disputar, de altercar, pero no picándose los ojos, gritoneando consignas y escupiendo mentiras, sino invocando razones, esto es, argumentos, demostraciones. A diferencia de lo que pueda creer un montón de gente que hoy en México se asume como oposición, uno no debe discutir para salirse con la suya a toda costa y como sea, sino trayendo a cuento razones. Si, como se supone, todo asunto enmarcado en el ámbito de la res pública debería ser atendido por todos y todas teniendo en mente como fin último el beneficio público, su discusión es por antonomasia positiva, benéfica. Nos conviene hablar de nuestros problemas comunes. La afirmación anterior, claro, no es más que una verdad de Perogrullo, una perogrullada que años y años de partidocracia, oligarquía y agandalle salvaje han hecho que olvidemos. 

    Recuérdalo: hasta hace poco tiempo México era un país en donde se solía tomar como sabio y prudente al sujeto que opinaba que lo más civilizado era no discutir ni de política ni de religión, incluso no faltaba quien agregara que ambos asuntos eran más bien cuestiones “muy personales”. Hago a un lado a la religión —y eso, nomás para no caer en digresiones—, y digo que no, que es justo al contrario: no hay nada más social y civilizado que discutir la cosa pública. 

    “La razón por la cual el hombre es un ser social, más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario, es evidente: … el hombre es el único animal que tiene palabra” —zóon lógon échon—, sostiene Aristóteles en su Política, un libro que tiene más de dos mil trescientos años. Las bestias también pueden expresar placer y dolor, concede el filósofo, “pero la palabra es para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es lo propio del hombre frente a los demás animales: poseer, el solo, el sentido del bien y del mal, y de lo justo y lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad”.

    Y únicamente tomando en cuenta esto es que puede entenderse a qué se refería exactamente el filósofo cuando definió al ser humano como un politikón zôion, expresión griega que suele traducirse como “animal social”. El sapiens es un ser vivo — zôion— que califica con el adjetivo politikón, es decir, perteneciente a la polis, a la ciudad, y la ciudad no es sólo un sitio geográfico, un conglomerado de edificaciones y habitantes, sino un conjunto social, una comunidad política: una comunidad de hombres y mujeres que se ponen de acuerdo para que les vaya bien. “La comunidad perfecta es la ciudad… que subsiste para el vivir bien”.

    Aristóteles sostuvo que sin polis no hay propiamente sociedad humana. Pensaba que antes de la polis la humanidad no había alcanzado la plenitud de su propia esencia, que es la vida civilizada. Así que hablar de política civiliza, humaniza. Quien se esfuerza por politizar a la ciudadanía no polariza, al contrario: humaniza. Y sí, bien vale la pena repetirlo como disco rayado: la cosa pública no es un asunto personal, es un asunto público, de civilidad, y si alguien politiza, humaniza y hace bien.

    • @gcastroibarra
  • Basura

    Basura

    Ours is a culture and a time immensely rich
    in trash as it is in treasures.

    Ray Bradbury, Zen in the Art of Writing.

    Lo que llanamente conocemos como basura, en las estadísticas ambientales suele denominarse residuos sólidos urbanos. Aquí en México, el INEGI enuncia el concepto en los siguientes términos:

    Residuos generados en las casas habitación que resultan de la eliminación de los materiales que utilizan en sus actividades domésticas, de los productos que consumen y de sus envases, embalajes o empaques; los residuos que provienen de cualquier otra actividad dentro de establecimientos o en la vía pública que genere residuos con características domiciliarias, los resultantes de la limpieza de las vías y lugares públicos, siempre que no sean considerados por la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos.

    Atendiendo tal definición, conforme a los resultados disponibles más recientes —Censo Nacional de Gobiernos Municipales y Demarcaciones Territoriales de la Ciudad de México 2021, actualizados a julio de 2022—, sólo en el 6% de los municipios de nuestro país sus habitantes no cuentan con servicio de recolección de basura. En los casi 160 municipios en donde no hay recolección, por lo general (83% de los casos) la gente quema su basura, aunque además es muy común que también la depositen en un tiradero a cielo abierto y depositen los residuos orgánicos en tierras de cultivo. Conviene recordar que la enorme mayoría de estos municipios son rurales (85% se encuentran en el estado de Oaxaca), así que la quema es una práctica que más bien deberíamos entender como reutilización. En el campo, buena parte de lo que en la ciudad es basura se convierte en composta y combustible.

    En el 94% de los municipios del país —contando las 16 demarcaciones territoriales de la CDMX— que sí cuentan con servicio de recolección, en 2020, en promedio se recogieron poco más de 106.5 millones de kilogramos de residuos sólidos urbanos al día. El tipo de servicio más frecuente, en casi siete de cada diez municipios (67%), es el de recolecta casa por casa, mientras que en el resto la gente acude a tirar su basura a puntos de recolección establecidos o cuenta con contenedores urbanos.

    La desigualdad en México se expresa también en la basura: casi la mitad de todos los residuos urbanos que se recolectan en todo el país (47%) se generan en apenas seis entidades federativas: Guanajuato (4.28%), Nuevo León (4.84%), Veracruz (5.5%), Jalisco (7.21%), Estado de México (11.22%) y la CDMX. El caso de la capital de la República es muy significativo: aquí en la CDMX, en donde residimos el 7% de la población total del país, producimos el 14% de los residuos sólidos urbanos que se recolectan en todo México.

    El miércoles de esta semana le entregué su aguinaldo al amigo que pasa a recoger la basura en el edificio en donde vivo. JJ es un tipazo, una persona que suele andar alegre haciendo su chamba. Me contó que él y sus compañeros iban a trabajar toda esta semana, porque el 24 cae en sábado…

    — Pero mejor, eh… 

    — ¿Por…?

    — El día 12 que cayó en lunes y descansamos, ¡no sabe! Se nos juntó un montonal de trabajo –por supuesto, no hay que ser muy perspicaz para saber que cuando JJ dice que se le juntó un montonal de trabajo quiere decir que tuvo que lidiar con montañas de residuos sólidos urbanos–. ¡Imagínese el 24, con la cena, los regalos…!

    — ¿Mucha basura, JJ? ¿Más que otros años?

    — ¡No sabe, jefe, ahora sí la gente anda comprando como loca! Dicen que no hay dinero… ¡Sí cómo no!

    JJ me contó que desde noviembre es notorio el aumento en las compras: cajas, bolsas, embalajes, empaques, botellas, envases, cosas que evidentemente están siendo sustituidas por otras…

    — Pues nomás vea cómo pasan y pasan las camionetas de “¡Se compra colchones, tambores, refrigeradores…!” No paran, van y vienen.

    — Sí, todo mundo se queja de que los súpers y los centros comerciales están hasta el tope.

    — Y además ahora compran chorronales de cosas por Amazon y Mercado Libre y negocios de esos… Diario andan las camionetas repartidoras. Hay lana, yo se lo puedo asegurar por el demonial de cajas que sale todos los días.

    Claro, cultura de consumo: cornucopia de basura.

    En 2016 fui a Cuba. De hecho, la noche en que murió Fidel yo estaba en la isla. Nunca había estado allá antes. Recuerdo que algo de lo que más me impresionó fue la limpieza de las calles. Nada de basura. En Cuba las bolsas de plástico no son desechables, ni siquiera puede decirse que se reciclen puesto que no llegan a los contenedores de basura. La gente va a las tiendas con su bolsa y las vuelve a utilizar una y otra vez hasta que dan de sí. En parte, eso explica que no haya basura en las calles: no están plagados de bolsas de plástico y además en el mercado local prácticamente no se venden productos en empaques y envases comerciales, sino a granel. Por lo demás, todo se usa.

    Si alguien duda de la fortaleza del mercado interno, que salga a echarle un ojo al camión de la basura.

    • @gcastroibarra