Etiqueta: Germán Castro

  • La dejadez y los años

    La dejadez y los años

    Siempre es joven en los viejos la capacidad de aprender bien.
    Esquilo, Agamenón.

    Conforme a los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM), levantada por el INEGI en diciembre de 2024, algunas de las enfermedades más comunes entre la población de 50 años y más son la artritis y los problemas cardiacos, tanto para mujeres como para hombres: de ellas, 13.7% reporta padecer artritis y 6.1% problemas cardiacos; mientras que entre los varones los porcentajes son de 5.3% y 5.8%, respectivamente. Artritis y problemas cardiacos, claro… Digo “algunas de las más comunes” y no las más comunes porque, claro, en primerísimo lugar se encuentran la diabetes y la hipertensión arterial, ambas clasificadas formalmente por la OMS como Enfermedades Crónicas No Transmisibles. He ahí los grandes males de la población entrada en años.

    Los datos que arroja la ENASEM muestran que, en 2024, 41.5% de las personas de 50 años y más tenía diagnóstico de hipertensión: 47.9% correspondió a mujeres y 34.3%, a hombres. Esos datos son fundamentales para entender la carga de morbilidad en nuestro país, y apenas son la punta estadística del iceberg.

    En epidemiología, la diferencia entre quienes saben que tienen una enfermedad y quienes realmente la padecen se conoce como la brecha de diagnóstico o subdiagnóstico. Para estimar qué tan grande es esa población invisible, los especialistas suelen contrastar encuestas de autorreporte, como la ENASEM, con encuestas que incluyen mediciones clínicas y biométricas, como la ENSANUT. Se estima que, en México, aproximadamente 44 de cada 100 adultos que padecen hipertensión lo ignoran. Si aplicamos esta tasa de desconocimiento a la población de 50 años y más, la prevalencia real (quienes lo saben + quienes no) podría escalar fácilmente por encima del 65% en este grupo de edad. O sea: la gran mayoría de la población mayor es hipertensa. Aunque las mujeres reportan un mayor diagnóstico, esto suele deberse a que tienen una mayor frecuencia de contacto con los servicios de salud. En otras palabras, entre los hombres, el subdiagnóstico suele ser mayor debido a una menor cultura de prevención…, lo que mi abuela solía llamar dejadez

    En el caso de la diabetes, la brecha de diagnóstico suele ser un poco menor que en la hipertensión, pero sigue siendo significativa. Los análisis de la ENSANUT sugieren que cerca de 1 de cada 3 personas con diabetes en México no sabe que la tiene. Si la ENASEM 2024 indica que el 25.5% de los mayores de 50 años está diagnosticado, la población total afectada podría rondar el 37% de ese grupo demográfico si sumamos a los no diagnosticados.

    Redondeando, si 65% y 37% de la población de 50 años y más en México tiene hipertensión y diabetes, respectivamente, ¿cómo se muestra esta condición de salud pública respecto a otros países del mundo? ¿Es tan alta la prevalencia de estos padecimientos en otras naciones latinoamericanas? ¿Cómo se presentan las cosas en Estados Unidos y en Europa, por ejemplo, Alemania y en Francia? ¿Qué decir de los dos países más poblados del planeta, India y China?

    Los datos anteriores colocan a México en una posición de excepcionalidad epidemiológica, particularmente en lo que respecta a la diabetes.

    Mientras que la hipertensión parece seguir una tendencia global asociada al envejecimiento biológico, la prevalencia de diabetes en la población mexicana de 50 años y más supera significativamente los promedios de la mayoría de las economías avanzadas y de otros gigantes poblacionales. En el ámbito latinoamericano, México lidera en prevalencia de diabetes. En países con transiciones demográficas similares como Brasil o Argentina, la prevalencia de diabetes en adultos mayores suele rondar el 18% al 22% diagnosticados. Si sumamos el subdiagnóstico, podrían alcanzar un 28-30%, una cifra alta pero aún por debajo del 37% estimado para México. En cuanto a la hipertensión, la región es un poco más homogénea: en casi todo el Cono Sur más del 60% de los mayores de 65 años padece esta condición.

    Desafortunadamente, Estados Unidos es el país que más se acerca al perfil metabólico mexicano, y sospecho que eso se debe a la dieta y a la invasión de ultraprocesados. Del otro lado del Bravo, entre los mayores de 65 años la prevalencia de la diabetes, incluyendo no diagnosticados, es de aproximadamente 33%, mientras que alrededor del 70% de este grupo tiene presión arterial elevada.

    En Europa, el sistema de salud y la dieta marcan una diferencia notable en la diabetes, aunque no tanto en la hipertensión: por ejemplo, la población de 50 años y más diagnosticada con diabetes en Alemania es de 21% y en Francia de aproximadamente el 16.5%, en ambos casos, muy lejos del 37% que se estima para el caso de México.

    Resulta difícil evadir la conclusión: México presenta un fenómeno demográfico de “envejecimiento con enfermedad”. La dejadez de por sí es mala, pero si es colectiva resulta pésima.

  • Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    Envejecemos… y no nos ha caído el veinte

    La semana pasada comentaba que, según los resultados apenas dados a conocer hace unos días de la ENASEM, en México las personas de 50 años y más, digamos, los más experimentados, ya somos un montonal: 1 de cada 4 habitantes del país.

    Lo que ahora vale la pena poner sobre la mesa es que este envejecimiento acelerado no debe quedarse en curiosidad demográfica: el envejecimiento poblacional es, sobre todo, un cambio estructural que está ya redefiniendo nuestra vida cotidiana, la economía, las prioridades del Estado en los próximos años, las urgencias… Porque cuando decimos que México envejece, solemos pensar en pensiones y hospitales. Pero el fenómeno tiene un impacto mucho más amplio —y más incómodo— que eso.

    Primero, el tema de los cuidados. En un país donde históricamente el cuidado ha recaído en las familias —y dentro de ellas, en las mujeres—, el aumento de la población mayor implica una presión creciente sobre redes familiares que ya vienen debilitadas. Familias más pequeñas, menos hijos, mayor dispersión geográfica. Es decir: menos gente para cuidar a más personas durante más tiempo. El desequilibrio que se nos viene encima no es menor. Es, de hecho, uno de los puntos más frágiles de toda la transición demográfica.

    Segundo, el mercado laboral. México envejece con altos niveles de informalidad. Eso significa que millones de personas están llegando y llegarán a la vejez sin pensión contributiva, dependiendo de transferencias públicas directas —los programas sociales— o del apoyo familiar. Y aquí hay que decirlo sin rodeos: ¿habrá suficiente base contributiva para sostener a esa población en el largo plazo si no cambia la estructura del empleo? Ojo: los cambios que estamos experimentando no se quedan en lo demográfico: el impacto de la Inteligencia Artificial en la configuración del mundo laboral y en general de la economía será en breve seguramente mucho más drástico que el que en su momento ocasionó la Revolución Industrial.

    Tercero, la salud. No se trata únicamente de vivir más años, sino de cómo se viven esos años. Y me refiero a dolencias, a movilidad, a desamparo, a capacidades reducidas… El aumento en enfermedades crónicas —diabetes, hipertensión, padecimientos cardiovasculares— implica una demanda sostenida y creciente sobre un sistema de salud que ya opera con limitaciones. Y a diferencia de otros momentos de la historia, no estamos frente a epidemias que vienen y se van; estamos comenzando a vivir en condiciones que perdurarán durante décadas.

    Y hay un punto más que suele pasarse por alto: el entorno espacial. Las ciudades, tal como están diseñadas hoy, no están pensadas para una población envejecida. Banquetas rotas, transporte público poco accesible, espacios urbanos hostiles para quien tiene movilidad limitada. ¡Faltan un montón de rampas, de pasillos con pasamanos! Envejecer no ocurre en lo abstracto; ocurre en calles concretas, en viviendas específicas, en entornos que pueden facilitar o dificultar la vida diaria. El suelo, el piso, será cada día un riesgo mayor para más mexicanos y mexicanas.

    Todo esto ocurre, además, con una velocidad que nos da poco margen para la complacencia. Y hablo de margen de acción sí gubernamental, institucional, pero también familiar, personal… Ya no estamos en el terreno de las proyecciones lejanas. Está pasando ahora. México se está arrugando ahora.

    Cuando se habla de envejecimiento el error más común es tratarlo como un problema del futuro. No lo es. Es un proceso en curso que ya está reconfigurando al país. Así que conviene aceptar algo: México todavía piensa como un país joven, pero ya no lo es. O dicho con un anacronismo de baby boomer: no nos ha caído el veinte. Debemos dejar de diseñar políticas públicas, ciudades y sistemas laborales bajo esa inercia. Seguimos actuando como si hubiera tiempo. No lo hay. Porque si algo deja claro todo esto es que el envejecimiento no es, en sí mismo, el problema. El problema es llegar tarde a entenderlo. Ya nos llovió. Apenas caen las primeras gotas… y en nada estaremos empapados.

  • Ya nos llovió

    Ya nos llovió

    Más mayores / menos menores

    Según los resultados de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) realizada por el INEGI en diciembre de 2024 y dados a conocer esta semana, en México hay una población de 32 millones de personas de 50 años y más. Tomando como referencia las proyecciones más recientes del Consejo Nacional de Población (CONAPO) y los resultados de la Encuesta Nacional de la Dinámica Demográfica (ENADID) 2023, para finales de 2024, la población total de nuestro país se estima en 132.3 millones de habitantes. De lo anterior se desprende que 1 de cada 4 (24.2%) tenemos una edad de 50 años o más. Somos un montón y cada vez seremos más: el grupo de personas mayores seguirá creciendo a un ritmo acelerado, mientras que los grupos de menores de 15 años continúan su tendencia a la baja: actualmente representan alrededor del 22% de la población total. O sea: ya hay más gente mayor que menores de edad en México. La base de la pirámide poblacional se está encogiendo. Históricamente, México era un país de niños; hoy, el abultamiento de la pirámide se desplaza hacia el centro y la parte superior. México está agotando la ventana de oportunidad donde la mayoría de su población está en edad de trabajar. La razón de dependencia está cambiando: antes la carga económica eran los hijos; ahora, empieza a ser el cuidado y la salud de los adultos mayores.

    Feminización del envejecimiento

    La pirámide poblacional comienza siendo mayoritariamente masculina —en México nacen aproximadamente 104 niños por cada 100 niñas— y sufre una inversión a medida que la población avanza en el ciclo de vida: entre los 20 y los 24 años, hay prácticamente la misma cantidad de varones que de féminas, y a partir de los 25 años las mujeres comienzan a ser mayoría de forma irreversible. La misma ENASEM reporta que, de la población de personas de 50 años y más, 52.8 % correspondió a mujeres y 47.2 %, a hombres. La vejez en México tiene rostro de mujer. Esto implica retos específicos, pues muchas de ellas llegan al medio siglo con trayectorias laborales informales o dedicadas a los cuidados de la familia, lo que impacta su seguridad económica en la etapa final de su vida.

    Al tiempo

    La principal causa de muerte en México es el tiempo. Chequen ustedes si no: la misma ENASEM reporta que para diciembre de 2024, los 32 millones de personas de 50 años y más, se distribuye así: entre los 50 y 59 años se concentró el porcentaje más alto y la proporción se reduce gradualmente conforme aumenta la edad. En absolutos, gente en sus cincuentas debe de haber poco más de 14.2 millones, en sus sesentas unos 9.6 millones, en los setentas alrededor de 5.4 millones, y de 80 años y más ya sólo 2.7 millones. Y, claro, ellas son mucho más longevas que nosotros: en el grupo de 80 años y más por cada 100 hombres suele haber alrededor de 130 a 140 mujeres.

    El contexto

    La proporción de la población de 50 años y más en nuestro país es ya ligeramente mayor que la del promedio mundial (~23%). Sin embargo, en el contexto latinoamericano, México se presenta más envejecido que el promedio regional (~2%). En cambio, la población estadounidense está significativamente más avejentada (~36%) que la nuestra. Claro que la situación en Europa y Japón es mucho más preocupante: por ejemplo, en países como Francia y Alemania la participación relativa supera los 40 puntos porcentuales (~40% y ~46%, respectivamente), mientras que en Japón apenas una de cada dos personas tiene menos de medio siglo de vida.

    Con todo, la cifra que arroja la ENASEM —32 millones de personas de 50 años y más— es impactante porque, aunque el porcentaje (24.2 %) parece manejable comparado con la situación en otros países, el ritmo de crecimiento de este grupo en México es de los más veloces del mundo. Lo que a Francia le tomó 100 años transformar en su pirámide demográfica, a México le está tomando apenas 30. Como sea, ya nos llovió…

  • God bless the World

    God bless the World

    Como seguramente se han enterado, figuras como Joan Baez, Jane Fonda, Bruce Springsteen y un incansable Robert De Niro alzaron la voz en la reciente manifestación nacional contra Donald Trump. El mensaje de De Niro fue fulminante: “Tenemos que sacarlo, va a arruinar al país”.

    Sin embargo, el problema ya no es solo la devastación interna de Estados Unidos. El actor Sean Penn fue más allá al sugerir que Trump podría intentar destruir el mundo entero bajo una lógica de solipsismo perverso: si él no puede controlar el planeta, nadie podrá, al diablo con el mundo. Y no parece una exageración; Trump ya es el responsable directo del desmantelamiento del llamado “orden internacional”.

    El desmantelamiento del tablero global

    Siguiendo el análisis de la historiadora Heather Cox Richardson, el orden establecido tras la Segunda Guerra Mundial —basado en el libre comercio, alianzas defensivas y el impulso de democracias liberales— ha sido dinamitado. En este segundo mandato, Trump ha sustituido la diplomacia por un caos de aranceles y el abandono de aliados estratégicos.

    • Ruptura de alianzas: Ha retirado el apoyo a Ucrania, presionándola para ceder territorio a Rusia, mientras levanta sanciones a Putin.
    • Aislamiento: Se aleja de Francia e Inglaterra para acercarse a figuras como Orbán y Lukashenko.
    • Ataque unilateral: El pasado 28 de febrero, ordenó un ataque contra Irán sin consultar al Congreso ni a sus aliados, al parecer atendiendo únicamente las presiones de Israel.

    La novedad del día: En un giro típico de su estilo errático, Trump declaró hoy que las tropas estadounidenses “saldrán pronto de Irán”. Tras incendiar la región, cerrar el estrecho de Ormuz y disparar los precios de la energía, ahora pretende retirarse dejando un vacío de poder y un conflicto prolongado que ya ha herido de muerte la estabilidad global. ¿Será? ¿O estará ocultando un inminente ataque por vía terrestre a Irán? A saber…

    King Donald I

    Durante la jornada del “No Kings Day”, Robert De Niro redujo su retórica a lo esencial para denunciar lo que considera una monarquía de facto. En Nueva York, ante miles de manifestantes, sentenció: “Hace 250 años, los estadounidenses decidieron que no querían vivir bajo el mando del Rey Jorge III. Hoy tenemos a un aspirante a monarca que quiere arrebatarnos la democracia: el Rey Donald Primero. Es una amenaza existencial para nuestras libertades y nuestra seguridad; debe ser detenido ahora antes de que siga masacrando inocentes en guerras innecesarias”.

    La devastación en datos: ¿insolvencia funcional?

    La gestión de Trump no es sólo un problema ideológico; es un desastre concreto, mesurable. Los datos muestran una devastación en marcha que afecta directamente el bolsillo de los ciudadanos norteamericanos:

    IndicadorEstado Actual
    Inflación prevista4.2% (debido al encarecimiento de fertilizantes y energía).
    Deuda nacional$39 billones de dólares (Récord histórico).
    Costo de la deudaConsume el 17% del presupuesto federal.
    Gasto militarSupera los $1,000 millones de dólares diarios.

    El cierre del estrecho de Ormuz, provocado por su agresividad militar, ha bloqueado el paso del 20% del petróleo mundial. Mientras tanto, el Tesoro advierte que los fondos de la Seguridad Social están cerca del agotamiento. Trump evita llamar “guerra” a sus operaciones para saltarse al Congreso, actuando sistemáticamente como un autócrata que gobierna por decreto.

    ¿Llegaremos a las urnas?

    Faltan 950 días para las elecciones federales del 7 de noviembre de 2028. Es tiempo más que suficiente para que el Mega-anómalo termine de vaciar el Tesoro y quemar las alianzas restantes. Me parece de una enorme ingenuidad apostar a que, tras este nivel de destrucción, la solución sea simplemente un mensaje pregrabado de De Niro o una marcha con carteles ingeniosos. ¿Quedará algo parecido a una democracia para entonces? ¿Quedará mundo?

    God bless the World.

  • Solos, tristes y enredados

    Solos, tristes y enredados

    Estudios y encuestas robustas y a largo plazo muestran que, desde 2010, la salud mental y el bienestar autorreportado de los adolescentes y jóvenes han empeorado de manera importante en muchos países occidentales. O sea, es una tendencia que se reporta desde antes de la pandemia. “Por ejemplo, entre 2015 y 2018, la satisfacción vital de los jóvenes de 15 años cayó casi universalmente, de acuerdo con datos del Programa para la Evaluación de Estudiantes Internacionales (PISA). De 47 países con datos, 40 mostraron una caída estadísticamente significativa, 6 un resultado no significativo y apenas en uno —Corea del Sur— se dio un aumento significativo. Estas caídas fueron fuertes y universales, tanto para mujeres como para hombres. Además, la misma fuente indica que la soledad escolar entre adolescentes aumentó casi universalmente entre 2012 y 2018 (aumentos en 34 de 35 países). Cada vez más conectados y cada vez más solos.

    En Norteamérica y Europa occidental, los jóvenes declaran sentirse mucho menos felices que hace 15 años, según se lee en el World Happiness Report 2026. Este declive coincide con el fuerte aumento en el uso de redes sociales. Muchos analistas atribuyen esta caída en la felicidad a dicha práctica.

    Algunos estudios revelan que más de 7 horas diarias de uso de redes sociales se correlacionan directamente con menor bienestar, especialmente en el caso de mujeres jóvenes de Europa Occidental y plataformas con feeds algorítmicos o influencers. Fuera del mundo anglosajón, los vínculos son más positivos o neutros. El informe concluye que el uso intensivo contribuye parcialmente al declive en esas regiones.

    En las universidades norteamericanas, la mayoría de los estudiantes desearía que las redes no existieran, ¡y sin embargo las usan… porque todos lo hacen! Fuera del mundo angloparlante y Europa del oeste, también ocurre lo mismo, aunque dependiendo de la app: en Latinoamérica, las de feeds algorítmicos e influencers impactan negativamente la satisfacción vital, aunque no pasa lo mismo con las aplicaciones de chat. En Medio Oriente y Norte de África, aunque la felicidad no cayó pese al uso intenso de redes sociales, se reporta más depresión y estrés por scroll pasivo, visual y de comparación con influencers. Quienes pasan mucho tiempo en las redes sociales arriesgan su equilibrio emocional. Si bien las redes no explican totalmente el abatimiento anímico que cunde por el continente, sí conforman una parte muy relevante del fenómeno.

    Los países nórdicos siguen lidereando el ranking de felicidad mundial. Finlandia se mantiene imbatible en el primer lugar, seguida por Islandia, Dinamarca y Costa Rica (el mejor puesto histórico de un latinoamericano, en cuarto). Suecia, Noruega, Países Bajos, Israel, Luxemburgo y Suiza cierran el top 10. Claro, Uno de estos diez países seguramente no aparecerá entre los más felices en el próximo reporte, y no me refiero ni al americano ni a los europeos.

    De 2006-2010 a 2023-2025, entre 136 evaluados, casi el doble de países (79) subieron su felicidad respecto a los que bajaron (41). Los mayores avances (+1 punto o más en escala 0-10) están en Europa Central y del Este; las peores caídas (-1 punto o más) en zonas de conflicto. El reporte indica que, en general, la mayoría de los países industriales occidentales están ahora menos felices que hace 15 años. Quince de ellos han tenido bajadas importantes, mientras que solo cuatro han subido de forma significativa.

    Los países industriales occidentales en general están menos felices que antes: 15 bajaron significativamente, solo 4 subieron. Entre menores de 25 años, Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda rankean bajísimo (122-133 de 136). El bienestar juvenil 8cayó en Nueva Zelanda y Europa Occidental, tanto en absoluto como comparado con adultos; en las otras 8 regiones globales (90% de la población), los jóvenes están mejor ahora que hace 15-20 años.

    Las emociones negativas se están volviendo más comunes en todas las regiones del mundo. En Estados Unidos, Canadá, Australia y Nueva Zelanda aumentó significativamente la tristeza en comparación con otras zonas. La preocupación creció más entre los jóvenes en general, mientras que la ira bajó en todas partes, tanto para jóvenes como para mayores.

    El World Happiness Report 2026 señala claramente algo una correlación sencilla: la satisfacción vital es mayor con poco uso de redes sociales y baja cuando se usan mucho, según datos PISA de estudiantes de 15 años en 47 países. Las actividades en internet se dividen en dos: comunicación, noticias, aprendizaje y creación de contenido suben la felicidad; redes sociales, juegos y navegación por diversión la bajan.

    Otra obviedad que la estadística ayuda a respaldar: considerando sus efectos en la felicidad, en internet hay dos bandos claros: actividades que suman puntos: charlar y conectarse con otros, leer noticias útiles, aprender cosas nuevas y crear contenido propio; actividades que restan puntos (y muchos): redes sociales, videojuegos, scrollear por hastío sin rumbo… Simple: crear levanta, perder el tiempo hunde.

    Claro, todas las actividades en internet perjudican la satisfacción si se usan en exceso. De hecho, eso mismo pasa en la vida en línea y en la vida real. Nada nuevo: la idea de que el veneno está en la dosis, o más precisamente de que la dosis hace el veneno, se atribuye a Paracelso, el médico, alquimista y filósofo suizo del siglo XVI (1493-1541), cuyo nombre real era Theophrastus Bombastus von Hohenheim. Su axioma original era algo así como: “Todo es veneno, nada es veneno; sólo la dosis hace que una cosa sea veneno”. Es un principio fundamental de la toxicología moderna… y debería ser parte de nuestras brújulas para navegar el día a día, porque, como bien lo dicta el sentido común, incluso lo bueno en demasía… harta.

  • ¿Irán a ganar?

    ¿Irán a ganar?

    Traición

    La guerra actual en Irán comenzó formalmente en la madrugada del 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron una ofensiva aérea y naval conjunta de gran escala. Los agresores denominaron al ataque la Operación Furia Épica. Fue un ataque a traición porque Irán y Estados Unidos se encontraban en jornadas de negociación en Ginebra: las hostilidades estallaron en un momento de intensa actividad diplomática que sugería una distensión.

    Riqueza quemada

    Las cifras oficiales y las filtraciones del Pentágono revelan que el costo de la guerra para Estados Unidos es estratosférico. Según un informe reciente del Pentágono entregado al Congreso estadounidense:

    • Durante las primeras 48 horas del conflicto, el gasto fue de casi 2,800 millones por jornada debido al lanzamiento masivo de misiles para destruir la infraestructura de defensa iraní.
    • Municiones: sólo en los dos primeros días se consumieron 5,600 millones de dólares en municiones.
    • Gasto diario: se estima en unos 900 millones de dólares al día.
    • Costo de la primera semana: superó los 11,300 millones de dólares sólo en los primeros seis días de conflicto.

    Uno de los puntos más críticos es la ineficiencia económica del gasto bélico por parte de Estados Unidos:

    • Interceptores vs. drones: mientras Irán lanza drones o misiles que cuestan entre 20,000 y 50,000 dólares, EE. UU. utiliza interceptores Patriot o misiles de defensa que cuestan entre 1 y 4 millones de dólares cada uno.
    • Debido al alto “ritmo de quema” (burn rate) de su inventario, el Pentágono ha comenzado a racionar sus armas más sofisticadas, optando por kits de guiado JDAM (munición más económica) para reducir el costo por impacto

    ¿Quién paga los platos rotos?

    • Pérdidas proyectadas: expertos fiscales, como Kent Smetters de la Universidad de Pensilvania, advierten que la economía de Estados Unidos podría acumular pérdidas de hasta 210 mil millones de dólares debido a la interrupción de cadenas de suministro y la inflación.
    • Pérdida de equipo: se estima que el valor del equipo militar perdido o destruido en bases frente al Golfo Pérsico ronda los 2,000 millones de dólares.

    ¿Quiénes ganan entonces?

    Rusia ha sido señalado por la Unión Europea como el único ganador hasta ahora de la ofensiva a traición de Estados Unidos contra Irán, por dos razones:

    • Con el barril de crudo Brent rozando los 120 USD, los ingresos de Rusia se han disparado, permitiéndoles financiar su propia maquinaria de guerra con una facilidad que no tenían a finales de 2025.
    • La distracción en Medio Oriente obliga a Washington y a la UE a desviar recursos, municiones y atención política lejos de Ucrania, lo que otorga a Rusia una ventaja estratégica en Ucrania.

    Para China, esta guerra es una oportunidad para consolidar su influencia sin disparar un tiro.

    • Mientras Estados Unidos agota sus inventarios de misiles de alta tecnología, China conserva los suyos; se debilita la capacidad de respuesta estadounidense en el Indo-Pacífico (Taiwán).
    • Al quedar Irán aislado de Occidente y bajo ataque, China queda como su único socio comercial y tecnológico, intercambiando inversiones en infraestructura por petróleo barato y control estratégico.

    La economía de Estados Unidos sufre por la inflación, mientras la industria militar ha visto sus acciones subir entre un 4% y 7% desde el 28 de febrero:

    • Compañías como Northrop Grumman, Leonardo DRS y Palantir están recibiendo contratos masivos para reponer el arsenal que el Pentágono está quemando a un ritmo récord en territorio iraní.
    • Empresas vinculadas a la protección de infraestructuras críticas también han visto un repunte ante el temor de represalias asimétricas iraníes.

    Ahora, desde una perspectiva puramente de seguridad, ¿puede considerarse que Israel está ganando? Me parece que ni siquiera quienes crean que Irán es realmente una “amenaza existencial” para el estado israelí podría defender esto.

    ¿Y Trump cómo queda?

    Trump gana poderío potencial porque da cada vez más miedo, pero pierde en consenso. En suma, se hace más y más un oligarca al servicio de una camarilla de plutócratas. Con la guerra contra Irán, Estados Unidos pierde, Trump y sus cuates o jefes ganan.

    La racionalidad oculta

    Hay analistas que dicen que la guerra contra Irán en realidad es un movimiento contra China, que lo que se pretende es cortarle el suministro de petróleo iraní, como hicieron con Venezuela, para que tengan que negociar con Estados Unidos… Creo que esa explicación es buscarle la racional oculta a una decisión impulsiva e irracional tomada por una punta de psicópatas voraces… Quizá nos da menos miedo pensar que hay un plan racional subyacente que aceptar que el mundo está en manos de una panda de psicópatas.

  • Hasta aquí llegamos

    Hasta aquí llegamos

    La semana pasada echamos una mirada a la erosión del matrimonio. Observemos ahora el otro costado del fenómeno: ¿qué está pasando con los matrimonios que sí se celebran? ¿Cuántos terminan disolviéndose y en qué condiciones?

    De acuerdo con los datos disponibles del INEGI más recientes, en 2024 se registraron 161,932 divorcios en el país. La cifra cobra sentido puesta en perspectiva. La tasa de divorcios por cada mil personas de 18 años y más pasó de 1.52 en 2015 a 1.79 en 2024. No es un salto explosivo, pero muestra una tendencia sostenida. Después de la caída atípica de 2020 —por la pandemia— ocurrió una recuperación que confirma que la tendencia no es coyuntural: en México, la gente se divorcia más que antes.

    En 2024 se celebraron 486,645 matrimonios y ocurrieron 161,932 divorcios. Traducido: por cada 100 matrimonios, hubo 33.3 divorcios. En 2015 la relación era 22.2. De nuevo: de 22.2 a 33.3. No hablamos de un apocalipsis conyugal, pero sí de una transformación clara en la estabilidad legal de la pareja.

    Ahora, ¿por qué se divorcian las parejas en México? Dato clave: 2 de cada 3 (67.2 %) de los divorcios fueron incausados y 1 por mutuo consentimiento. Las causas tradicionales —adulterio, violencia, abandono— hoy son estadísticamente marginales. El divorcio incausado, es decir, que no requiere probar una falta específica, es el más frecuente en 24 entidades del país. La ley ha internalizado un cambio cultural: ya no hace falta justificar la ruptura; basta la voluntad, basta ya no querer seguir juntos. El matrimonio se sostiene mientras ambas partes quieran sostenerlo. Cuando esa voluntad se extingue, el vínculo puede disolverse sin jaloneos jurídicos.

    Desde una perspectiva sociológica, esto es coherente con lo observado con los matrimonios: la vida íntima se está desinstitucionalizando. La pareja ya no es una estructura rígida garantizada por presión social o religiosa, sino un acuerdo revocable.

    Esta metamorfosis no pasa sólo en suelo mexicano. Estados Unidos sigue siendo el referente, aunque con un matiz curioso: mientras su tasa de divorcios se mantiene muy alta (cerca del 45% de los primeros matrimonios), la cifra se ha estabilizado porque, simplemente, la gente se casa menos y más tarde.

    En América Latina, el panorama es vibrante y dispar: Argentina y Brasil lideran la región en la agilización de trámites. En Brasil, tras la implementación del “divorcio directo”, las cifras han alcanzado picos históricos, superando los 2.5 divorcios por cada mil habitantes en años recientes. Chile es el caso más dramático de aceleración. Fue el último país de Occidente en legalizar el divorcio (2004) y, tras un inicio tímido, hoy muestra una tendencia al alza que ya compite con los promedios regionales.

    Si cruzamos el Atlántico, el escenario europeo nos muestra hacia dónde podría dirigirse la curva. En la Unión Europea, la relación entre nupcialidad y ruptura es casi de vértigo. Países como España y Portugal presentan tasas de disolución que a menudo superan el 70 % o incluso el 80 % en relación con los matrimonios celebrados cada año. En el Viejo Continente, el matrimonio ha dejado de ser el anclaje de la familia para convertirse, en muchos casos, en un contrato de duración definida por la satisfacción emocional mutua. Lo que en México hoy vemos como un salto de once puntos en una década, en Europa es ya un paisaje consolidado: el fin de la era de la indisolubilidad.

    Otro ángulo importante es el de la prole. En los divorcios judiciales de 2024, 55% de los matrimonios disueltos no tenía menores de edad al momento de la separación. Es decir, más de la mitad de los divorcios no involucran custodia infantil. Entre quienes sí tenían hijos, lo más común fue tener uno (22%) o dos (16%). O sea que, en muchos casos, la ruptura ocurre cuando la etapa de crianza intensa ya pasó o nunca existió.

    ¿Qué hay de la duración de los matrimonios que se disuelven? 34% de los matrimonios que terminaron en 2024 tenían 21 años o más de duración legal, es decir, eran uniones largas. En el otro extremo, 19% duraron entre uno y cinco años. El divorcio no es monopolio ni de las parejas “recién casadas” ni de las “que ya lo intentaron todo”; atraviesa todo el ciclo vital.

    Si juntamos las dos caras de la moneda —menos matrimonios y más divorcios— el resultado es claro: en México cada vez hay menos matrimonios y es más probable que acaben en divorcio. Con todo, conviene no caer en simplificaciones. Que haya más divorcios no implica necesariamente más fracaso; quizá pueda implicar más libertad para salir de relaciones insatisfactorias o dañinas. 

    La pregunta incómoda es otra: ¿estamos mejor preparados para construir relaciones duraderas en un contexto que valora la flexibilidad por encima de la permanencia? Porque una cosa es que el marco legal facilite la salida, y otra muy distinta que nosotros sepamos gestionar el conflicto, la rutina, las expectativas irreales y las presiones económicas que tensionan cualquier proyecto de vida compartida.

    La pareja contemporánea es más flexible, sí, pero también más contingente. Es lógico que la incertidumbre se perciba por todos lados.

    Hasta aquí llegamos…

    • @gcastroibarra

  • ¿Hasta que la muerte nos separe?

    ¿Hasta que la muerte nos separe?

    Y tú, qué onda, ¿vives solo/sola o emparejado/emparejada? ¿Qué tal evalúas las ventajas y desventajas de los pactos monogámicos con miras a durar toda la vida? Si aún estás soltero/soltera, ¿con qué tantas ganas te imaginas casado/casada? Hay información estadística que permite colegir las respuestas que a estas preguntas está dando cada vez más gente en nuestro país, y las tendencias no permiten apreciar con optimismo el futuro del matrimonio.

    En México, en el periodo 2005-2025, es decir, a lo largo de apenas 20 años, de entre las personas de 15 años y más, las que estaban casadas disminuyeron de 48 a 36%, esto es, más de diez puntos porcentuales. Por su parte, la proporción de la gente que vivía en unión libre aumentó de 11 a 18%. 

    La tendencia observada en México en las últimas dos décadas —un descenso de los matrimonios y un aumento de la unión libre, ambos significativos— sugiere una profunda transformación en las estructuras familiares y en el significado social de la pareja. Desde una perspectiva sociológica, este cambio puede interpretarse como un indicador del avance de la individualización y la secularización en las sociedades contemporáneas, en las que las normas tradicionales (religiosas, jurídicas y comunitarias) pierden peso frente a la autonomía personal y la búsqueda de relaciones más flexibles. La flexibilidad se ha consolidado como pretensión en todo: el trabajo, la dieta, las relaciones humanas. La unión libre, al no requerir un rito de paso formal ni estar sujeta a las mismas obligaciones legales y simbólicas que el matrimonio, se adapta mejor a un contexto de inestabilidad laboral, movilidad geográfica y transformación de los roles de género. Pero, ojo, el hecho de que el incremento de las uniones libres no compense numéricamente la caída del matrimonio (la suma de ambas categorías también se reduce) apunta a un fenómeno complementario: el aumento de personas que permanecen solteras o que transitan por formas de convivencia más efímeras y no captadas por las estadísticas tradicionales. En conjunto, estos datos reflejan un proceso de desinstitucionalización de la vida íntima, donde la pareja ya no es tanto un pilar social establecido de por vida, sino una experiencia afectiva que se construye y disuelve con mayor flexibilidad, aunque también con mayor incertidumbre.

    El mismo panorama puede apreciarse en América Latina: menos casamientos, más parejas viviendo en unión libre, una tendencia, claro, que se observa con matices particulares en cada país. En Brasil, los datos del Censo de 2022 marcan un hito: por primera vez, la proporción de personas en unión consensual (38.9%) superó a la de aquellas casadas por el registro civil y la iglesia (37.9%), fenómeno especialmente pronunciado entre los jóvenes y las personas de menores ingresos . En Argentina, si bien no se dispone de una cifra nacional consolidada, el estudio del Centro de Investigaciones Sociales sobre la ciudad de Buenos Aires revela una dinámica similar: en 2024, las uniones civiles aumentaron (1130) mientras los matrimonios disminuyeron (2711), reduciéndose estos últimos en un 50% desde 1980, lo que evidencia una elección creciente por la convivencia sin casarse. 

    En Estados Unidos la transformación es más acentuada. Según datos del Censo de 2025, los hogares conformados por parejas casadas han caído al 47% del total, lo que contrasta con el 78% que representaban en 1950 y confirma que ya no son la mayoría de los hogares. Paralelamente, la cohabitación se ha normalizado como una etapa vital predominante: el 59% de los adultos de 18 a 44 años ha vivido en unión libre en algún momento, una proporción que supera al 50% que alguna vez ha estado casado. Esta tendencia se ve reforzada por factores económicos, ya que un estudio de 2025 reveló que 1 de cada 4 estadounidenses acelera la cohabitación para ahorrar en renta, especialmente entre la generación Z, donde la proporción asciende al 38%. Además, la edad mediana para contraer primer matrimonio sigue aumentando: los hombres se casan por primera vez a los 30.8 años y las mujeres a los 28.4, según el censo de 2025, lo que implica que una proporción creciente de adultos pospone o incluso descarta el matrimonio. En Canadá, los estudios disponibles apuntan a una diversificación significativa de los modelos de pareja. Una investigación publicada en 2025 sobre hogares canadienses subraya que las diferencias en las formas de unión (matrimonio versus cohabitación) están fuertemente moduladas por el contexto institucional y las protecciones legales. 

    En Europa, se reporta igual un cambio radical, con un declive generalizado del matrimonio y una consolidación de la cohabitación como forma de convivencia predominante. Los datos de Eurostat para 2023 muestran que la tasa bruta de nupcialidad en la Unión Europea se ha reducido a 3.7 matrimonios por cada mil habitantes, mientras que la edad media para contraer primer matrimonio se ha elevado drásticamente: las mujeres españolas, por ejemplo, se casan por primera vez a los 36.9 años y los hombres suecos a los 37, liderando el retraso en el continente.

    Paralelamente, la cohabitación se ha normalizado como alternativa al matrimonio: en 2023, el 41.1% de los nacimientos en la UE ocurrieron fuera del matrimonio. Este fenómeno responde tanto a factores culturales como a determinantes económicos estructurales: el 26% de los jóvenes europeos acelera la cohabitación como respuesta práctica a la crisis de vivienda, pues los precios inmobiliarios han aumentado 5.4% en 2025, y el 37% de quienes viven solos cree que nunca podrá comprar una casa. Estudios recientes en 33 países revelan una brecha generacional significativa: los jóvenes de 18 a 34 años consideran ideal casarse y tener hijos durante sus veinte, pero en la práctica postergan estos eventos más allá de su cronograma deseado.

    Los indicadores globales disponibles apuntan a una tendencia consistente con lo observado en Occidente. La tasa bruta de nupcialidad mundial ha mostrado un descenso generalizado en las últimas décadas, situándose en 2022 en torno a valores que, en la mayoría de los países, oscilan entre 2 y 6 matrimonios por cada mil personas, aunque con enormes variaciones regionales. La edad media para contraer primer matrimonio no ha dejado de aumentar a nivel global: para los hombres se acerca a los 30 años y para las mujeres ronda los 28, según los últimos datos consolidados de la ONU. Este retraso en el matrimonio suele ir acompañado de un aumento de la cohabitación como etapa previa o alternativa, aunque este fenómeno está mucho más documentado y extendido en países de ingresos altos. Obvio: la fotografía global es engañosamente homogénea: mientras en regiones como Europa y América se consolida la desinstitucionalización de la pareja, en amplias zonas de África y Asia meridional el matrimonio sigue siendo universal y temprano, y el matrimonio infantil afecta a una de cada cinco niñas a nivel mundial.

    Y tú, ¿con qué tantas ganas imaginas casarte si aún estás soltero? Al menos en nuestro país las tendencias sugieren que cada vez más personas responden: “prefiero la unión libre” o, simplemente, “prefiero vivir solo”.

  • Tercia para seguir arruinándoles su Apocalipsis

    Tercia para seguir arruinándoles su Apocalipsis

    Lo sentimos, estimados derechosos vendepatrias mexicanos, pero el efecto aranceles trumpianos no fue el esperado (por ustedes). México se ha convertido por primera vez en el cliente número uno de Estados Unidos, quitándole el puesto a Canadá. Desde que se firmó el TLCAN allá por 1994, Canadá siempre había sido el destino favorito de las ventas estadounidenses. Pero en 2025, la historia cambió: México compró 337,960 millones de dólares (un crecimiento del 1.2%), mientras que Canadá compró 336,518 millones de dólares (una caída del 3.8%). Ahora, ¿qué le estamos comprando tanto a los estadounidenses? El motor de este cambio son productos clave que usamos todos los días o que necesitamos para nuestras industrias: energía y agropecuarios (gas, aceites de petróleo y maíz), tecnología y transporte (autopartes, coches terminados y baterías).

    Lo más interesante es que nos hemos consolidado como socios inseparables: el 40% de lo que México exporta de vuelta a EE. UU. está hecho con componentes estadounidenses. Básicamente, les compramos piezas, las armamos aquí y se las vendemos de nuevo.

    Un dato clave: mientras otros países sufrieron “castigos” comerciales o represalias bajo la administración de Trump, México logró mantenerse prácticamente a salvo, lo que facilitó que este intercambio de mercancías siguiera fluyendo sin frenos.

    Así que, al cierre de 2025, México consolidó su posición histórica como el socio comercial más importante de Estados Unidos, no sólo como el principal destino de sus exportaciones, sino también como su proveedor líder. ¡México arrasó de nuevo! En 2025, se mantuvo como el principal exportador a Estados Unidos por tercer año consecutivo, con ventas récord de 534,874 millones de dólares, un salto del 5.8% respecto a 2024.

    A pesar de los aranceles impuestos por la administración Trump –el “año del arancel”–, México superó a Canadá (que cayó 7%) y aplastó a China (baja del 29.7%). ¿Qué vendemos más? Principalmente autos, camiones, autopartes, computadoras, cables y aparatos médicos: ¡lo que hace girar la maquinaria estadounidense! Somos los ganones del comercio bilateral, con 15.6% del total de flujos entre ambos países.

    Otro trompo para que se echen a la uña. La economía global cerró el 2025 con paso lento e inseguro, con México destacando entre los países que lograron mantener el crecimiento frente a una desaceleración generalizada. La economía de los países más desarrollados (los 38 que integran la OCDE) creció un 0.3% en el último trimestre de 2025. Aunque suena a un número positivo, en realidad es la expansión más baja que han tenido desde mediados de 2024. Digamos que el motor económico mundial avanza, pero lentamente. No a todos les fue igual en la feria. El reporte muestra un panorama con contrastes: México (+0.8%), España y Portugal fueron de los países que más crecieron en este periodo, junto con Lituania, Polonia e Israel. México logró acelerar su dinamismo mientras otros se estancaban. En el otro extremo, Irlanda, Corea del Sur, Noruega y Canadá registraron números negativos (contracciones), lo que significa que su economía empequeñeció en esos meses.

    En fin, sigan esperando sentados ese colapso que tanto les urge, señoras y señoras conservas, porque al parecer el Apocalipsis sigue desactivado. Mientras algunos se desgarran las vestiduras jurando que nos íbamos al despeñadero, la realidad les acaba de recetar una dosis industrial de desencanto: somos el socio indispensable del Tío Sam y uno de las pocas economías de la OCDE que no está en números rojos. 

    En fin, que sigan esperando sentados el colapso que tanto ansían atrás de sus micrófonos en los medios de siempre y tejiendo sus hilos de pánico en redes; el Apocalipsis nomás no empieza. Mientras los expertos y agoreros del desastre se desgarran las vestiduras jurando que nos íbamos al despeñadero, la realidad les receta una dosis de datos: México no sólo está toreando con éxito las ocurrencias impulsivas de Trump, sino que, mientras otros se empequeñecen, aquí estamos facturando fuera y fortaleciendo el mercado interno. Menos lamentos de set de televisión y más realidad, que los pronósticos de catástrofe volvieron a fallar. ¡Tengan para que se entretengan: la tercia que no vieron venir!:

    • Cliente #1: por primera vez en la historia, México es el principal destino de las exportaciones de EE. UU., superando a Canadá.
    • Proveedor líder: somos el país que más le vende al gigante del norte, aplastando la competencia de China y Canadá con cifras récord.
    • Crecimiento resiliente: mientras las potencias de la OCDE se frenan, México crece al doble del promedio global, fortaleciendo su mercado interno y toreando aranceles.

    @gcastroibarra

  • Datos duros matan amarillismo: turismo y seguridad

    Datos duros matan amarillismo: turismo y seguridad

    Cada vez veo más forasteros en la Ciudad de México. No sólo güeros y afroamericanos angloparlantes —seguramente estadounidenses y canadienses—, sino también montones de europeos, caribeños y gente de América Latina. Hoy mismo, 12 de febrero de 2026, me tocó esperar el cambio de semáforo junto a una chava que también venía en bicicleta. Me dio los buenos días y por su apariencia y pronunciación de nuestro idioma supongo que nació al norte del río Bravo. A saber… El mismo día el INEGI publicó los resultados más recientes de sus estadísticas sobre visitantes internacionales —Encuestas de Viajeros Internacionales, de Turismo de Internación y de Viajeros Fronterizos—, correspondientes a diciembre de 2025. Con esta publicación, pues, se tiene la panorámica completa de cómo le fue a México en materia turística el año pasado. 

    En corto: en 2025 México consolidó una tendencia expansiva del turismo internacional: llegaron más visitantes, se captaron más divisas y aumentó la salida de residentes mexicanos al extranjero. 

    Más visitantes del exterior y récord anual

    Durante 2025 ingresaron casi cien millones de personas a México. ¡Más gente que la población total de países como Irán, Turquía, Alemania, Reino Unido, Francia…! 98.2 millones de visitantes internacionales, 13.6% más que en 2024. De ellos, prácticamente la mitad fueron turistas internacionales que pernoctaron en México (47.8 millones; aumento anual de 6.1%) y el resto fueron excursionistas que no pernoctaron (50.4 millones; crecimiento de 21.9%). Esta combinación muestra un turismo receptivo robusto. 

    En el conjunto de los turistas internacionales, el turismo de internación —quienes se adentran más allá de la franja fronteriza y pasan al menos una noche en algún destino del país— sumó 27.4 millones de personas, 1.2% más que en 2024. Los turistas fronterizos —quienes se quedan dentro de las franjas fronterizas— alcanzaron 20.4 millones, un incremento de 13.6%. Esto confirma el peso estratégico de la frontera, en particular la norte, como puerta de entrada masiva al país.

    Gasto de los visitantes 

    Mayor dinamismo, más divisas: en 2025 el gasto total de los visitantes internacionales ascendió a 34,992 millones de dólares, 6.2% más que un año atrás. Los turistas internacionales concentraron la mayor parte de este monto, con 31,715 millones de dólares, equivalentes al 90.6% del total. De ellos, el turismo de internación aportó 84.0% del total: quienes viajan más allá de la franja fronteriza y pernoctan en el país siguen siendo la fuente principal de divisas turísticas. 

    El grueso del gasto de internación correspondió a los visitantes que llegaron en avión: 27,929 millones de dólares, 3.3% más que en 2024 y casi cuatro quintas partes del total de divisas turísticas. El turismo de internación por vía terrestre generó 1,479 millones de dólares, un aumento notable de 14.1%, una expansión significativa del flujo carretero y de cruces fronterizos con pernocta. Por su parte, el conjunto de excursionistas internacionales aportó 3,276 millones de dólares, un crecimiento de 20.9%. 

    Cada visitante internacional desembolsó en promedio 356.32 dólares, cifra 6.6% menor a la de 2024. Esta reducción se explica en buena medida porque crecieron con más fuerza los segmentos de bajo gasto por persona, excursionistas y viajeros fronterizos, mientras que los turistas de internación aumentaron en número y elevaron su gasto medio anual. El turismo de mayor valor económico mantuvo e incluso mejoró su aporte, mientras que el volumen se amplió con segmentos de estancias más cortas.

    Evolución hacia finales de año

    Los datos de diciembre de 2025 sintetizan estas tendencias. Ese mes ingresaron a México 10.1 millones de visitantes internacionales, 12.3% más que en diciembre de 2024. La mitad de ellos (5.2 millones) fueron turistas internacionales, con un aumento de 9.0%, y la otra mitad excursionistas, con un crecimiento aún mayor, de 16.1%. En ese mismo mes, el gasto total de los visitantes fue de 3,772 millones de dólares, 1.9% por encima de diciembre de 2024. 

    Salidas de residentes en México

    El buen desempeño no se limita al turismo receptivo: también creció con fuerza el turismo emisor. En 2025 salieron de México 78.4 millones de visitantes internacionales residentes en el país, 13.8% más que en 2024. Cada vez más mexicanos y mexicanas tienen dinero para hacer turismo fuera del país. De ellos, 20.1 millones fueron turistas internacionales, un incremento de 6.7%. El gasto total de los residentes en México que viajaron al extranjero ascendió a 13,6545 millones de dólares en 2025, 20.6% más que en 2024. Los turistas internacionales concentraron 9,677.4 millones de dólares, con un alza de 19.7%. 

    Seguridad percibida y atractivo del país

    Las cifras de 2025 muestran a México como un país que no sólo recuperó el turismo internacional después de la crisis pandémica, sino que lo expandió significativamente, tanto en cantidad de visitantes como en divisas generadas. Resulta imposible conciliar este comportamiento con la narrativa de un país supuestamente inseguro: si ese fuera el caso, sería muy poco plausible observar aumentos de 13.6% en la llegada total de visitantes y de 6.2% en el ingreso de divisas turísticas en un solo año, además de un crecimiento sostenido del turismo de internación, que implica estancias más largas y decisiones de viaje más meditadas. 

    Los millones de personas que eligieron viajar a México en 2025, buena parte en repetidas ocasiones y con estancias que se prolongaron varios días, constituyen de facto un voto de confianza en la capacidad del país para ofrecer experiencias atractivas en materia cultural, de playas, de negocios y de fronteras activas, en condiciones de seguridad que consideran palmariamente aceptables. Los datos duros muestran que, a escala agregada, la percepción y la experiencia de quienes visitan México desde el extranjero son suficientemente favorables como para seguir ampliando la afluencia y el gasto, algo que sería impensable si el país fuera un destino inhóspito o inseguro. ¿O será que todos los turistas que vienen son masoquistas o suicidas o apasionados de las emociones fuertes?  

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