Etiqueta: Germán Castro

  • El perfil demográfico chilango II

    El perfil demográfico chilango II

    Geográficamente, las demarcaciones territoriales centrales de la Ciudad de México (CDMX), de norte a sur, son: Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán. Las demarcaciones orientales, también de la más norteña a la más sureña, son: Gustavo A. Madero, Venustiano Carranza, Iztacalco, Iztapalapa, Tláhuac, Xochimilco y Milpa Alta. Finalmente, las occidentales son: Azcapotzalco, Miguel Hidalgo, Álvaro Obregón, La Magdalena Contreras y Tlalpan. En la parte más céntrica de la ciudad vive poco más de un millón y medio de personas, es decir, apenas el 16% del total de la población chilanga.

    En las demarcaciones territoriales de occidente residen 2.74 millones de habitantes, o sea, tres de cada diez pobladores de la CDMX. En consecuencia, resulta que la mayoría de la gente que habita en el Oriente de la capital del país: casi cinco millones de seres humanos, el 54% del total de la población de la entidad. En las tres demarcaciones territoriales centrales, con una superficie conjunta de 120.3 km2, la población relativa es de 12,478 habitantes por kilómetro cuadrado, una densidad bastante mayor que la que se reporta en las demarcaciones orientales y occidentales de la CDMX: 6,676 y 4,384 habitantes por km2, respectivamente.

    Dicho en corto, la población capitalina se concentra en el norte del territorio de la entidad. Resulta que en las cinco demarcaciones territoriales del sur (Milpa Alta, Tlalpan, Xochimilco, Tláhuac y La Magdalena Contreras) viven poco menos de dos millones de personas, esto es, dos de cada diez habitantes de la CDMX. Quizá alguien suponga que es una proporción más o menos equitativa, considerando que estamos agrupando cinco de las 16 demarcaciones territoriales; sin embargo, entre ellas están las más extensas: en conjunto, estas demarcaciones representan la mitad de la superficie total de la CDMX (50.7%). Así que, en la otra mitad del polígono, la mitad norteña, viven ocho de cada diez habitantes de la capital del país.

    Ahora, si dividimos el polígono de la CDMX, tan parecido él a un corazón humano, en cuadrantes, es decir, marcando una cruz, cuyos ejes vertical y horizontal se crucen en el centro geométrico de la entidad, ¿en qué cuadrante se concentra la mayor parte de la población chilanga? En el cuadrante noreste, drásticamente: basta considerar que en él quedan ubicadas la demarcación territorial más poblada, Iztapalapa con sus casi dos millones de habitantes, y prácticamente todo el territorio de la segunda más poblada, la Gustavo A. Madero, con casi 1.2 millones.

    También a partir de los datos de la Encuesta Intercensal 2025 del INEGI para la Ciudad de México, sabemos que el promedio general en la entidad de ocupantes por vivienda es de 3.0, en tanto que de ocupantes por cuarto al interior de la vivienda es de 0.8. Al analizar estas variables por demarcación territorial y agruparlas según los conjuntos geográficos propuestos, se aprecian contrastes significativos vinculados al perfil socioeconómico y habitacional de la capital. En las demarcaciones centrales (Cuauhtémoc, Benito Juárez y Coyoacán), la presión sobre el espacio habitacional es menor en términos absolutos por hogar —con promedios que oscilan entre los 2.3 ocupantes en Benito Juárez, 2.5 en Cuauhtémoc y 2.9 en Coyoacán—, reflejando también una menor densidad de ocupación por cuarto (desde 0.5 en Benito Juárez hasta 0.7 en Cuauhtémoc y Coyoacán). Por el contrario, en las demarcaciones orientales y occidentales se registran valores ligeramente más elevados y diversos; por ejemplo, hacia el oriente y sur, alcaldías como Milpa Alta alcanzan 3.6 ocupantes por vivienda y 0.9 por cuarto, mientras que en el poniente, Álvaro Obregón registra 3.1 ocupantes y Cuajimalpa o La Magdalena Contreras reportan 3.3 y 3.2 ocupantes por vivienda respectivamente.

    En última instancia, la cancha de voleibol en la que teóricamente nos acomodamos cada uno de las y los chilangos no es homogénea: es una topografía desigual donde la paradoja metropolitana cobra todo su sentido. La CDMX nos aprieta en el centro y en el oriente mientras nos da aire en las faldas del sur, recordándonos que tras cada cifra de densidad hay una manera distinta de vivir, convivir y habitar la capital. Las formas en que nos distribuimos en el territorio y nos apretujamos o desahogamos dentro de las paredes de nuestras casas revelan que la capital no es una realidad espacial homogénea, sino un mosaico vivo de contrastes sociodemográficos que no para de transformarse. De esos contrastes y del rostro cambiante de sus hogares seguiremos dando cuenta.

    @gcastroibarra

  • El perfil demográfico chilango I

    El perfil demográfico chilango I

    La Ciudad de México no para de cambiar. Los resultados recién publicados de la Encuesta Intercensal 2025 (EIC) realizada por el INEGI permiten mesurar el dinamismo demográfico de la capital de nuestro país, el corazón político, económico y cultural de México. Los datos revelan una urbe en plena transición demográfica, marcada por el envejecimiento acelerado, hogares en constante reconfiguración, notables avances educativos y contrastes socioeconómicos entre los habitantes de sus 16 demarcaciones territoriales.

    Vivimos en la CDMX, antes Distrito Federal, 9.2 millones de personas. Hace cien años, en el entonces Distrito Federal vivía un millón de hombres y mujeres. El dato anterior no es un registro censal; hago la estimación (interpolación lineal, 1.05 millones) a partir de los resultados de los Censos de Población de 1921 (906 mil habitantes) y de 1930 (1.2 millones). También podemos estimar que, si en 1921 el país tenía una población total de 14.3 millones de habitantes y en 1930 de 16.5 millones, en 1925 debió de estar habitado por unos 15.3 millones. En 2025, México reportó un monto poblacional de 130,393,389 habitantes, mientras que la CDMX tuvo 9,165,819 habitantes; eso quiere decir que, durante el mismo período de cien años, mientras que la población nacional se multiplicó por 8.5, la de la CDMX lo hizo por 8.73. Quizá la diferencia no parezca importante, pero consideren que, si la población total se hubiera multiplicado tanto como la de la CDMX, en 2025 seríamos 3.4 millones más de habitantes (la población total en 2025 del estado de Guerrero).

      La capital del país se mantiene en la segunda posición a nivel nacional por su volumen de habitantes, sólo superada por el Estado de México (17.6 millones). En los casi 1.5 mil kilómetros cuadrados que tiene de superficie territorial la CDMX radica, pues, el 7% de toda la población de México. Lo anterior se traduce en la densidad de población más elevada a nivel nacional: 6,172 habitantes por kilómetro cuadrado. Claro, una población relativa tremendamente muy superior a la nacional, de apenas 66. 6 habitantes por kilómetro cuadrado. Para darnos una idea de la dimensión de esa diferencia, imaginemos que si en todo México se tuviera la misma densidad poblacional con la que vivimos en la CDMX, entonces el país tendría una población total de poco más de 12.1 mil millones de habitantes, es decir, 10.7 mil millones más que los que hoy día habitan India, la nación más poblada del orbe, y de hecho 3.9 mil millones más que la población total del planeta. A nivel entidad federativa, la población relativa más alta, después de la que presenta la CDMX, la registra el Estado de México, con 786 habitantes por kilómetro cuadrado; de nuevo, la diferencia es muy marcada: si en el Edomex, con una superficie de 22.3 mil kilómetros cuadrados, se alcanzara la misma densidad poblacional que la de la CDMX, no tendría poco más de 17.5 millones de habitantes, sino 138 millones de habitantes.

    A nivel municipal, la unidad más poblada de todo México no está en la CDMX, sino en Baja California: se trata de Tijuana, en donde viven 2 millones de personas. En segunda posición aparece una de las 16 demarcaciones territoriales de la capital de la República, Iztapalapa, en donde viven 1.9 millones de seres humanos, dos de cada diez habitantes de la CDMX. Enseguida se ubica la más norteña de las demarcaciones territoriales, la Gustavo A. Madero, con 1.2 millones de habitantes. En el extremo opuesto, la demarcación territorial con menor volumen de población es la sureña Milpa Alta, por cierto, la segunda más extensa, en donde viven sólo 154 mil personas. En Iztapalapa —en donde radican más personas que en Aguascalientes, Baja California Sur, Campeche, Colima, Nayarit, Tlaxcala y Zacatecas—, la densidad de población es de 16,590 habitantes por kilómetro cuadrado, es decir, en promedio, a cada habitante le corresponde una superficie de 60 metros cuadrados. Bueno, pues Iztapalapa no es la demarcación territorial más densamente poblada, sino Iztacalco, con 16,852 habitantes por kilómetro cuadrado —aquí a cada habitante le corresponde en promedio una superficie de 59 metros cuadrados—. En Milpa Alta, el panorama es muy diferente: con la población relativa más baja de la CDMX, 534 habitantes por kilómetro cuadrado, queda mucho panorama rural qué apreciar por allá. Si un día se distribuyera homogéneamente toda su población (154,384 habitantes) en sus 289.1 kilómetros cuadrados, cada habitante ocuparía un cuadrado de 43.3 metros por 43.3 metros; esto es, 1,872.66 metros cuadrados por persona. Mucho espacio. El promedio para la CDMX da cuenta de una realidad totalmente diferente: si un día se distribuyera toda la población chilanga (9,165,819 habitantes) a lo largo y ancho de todo su territorio (1,485.2 kilómetros cuadrados), cada persona ocuparía un cuadrado de 12.7 metros por 12.7 metros; esto es, 162 metros cuadrados para cada una de ellas. Para ponerlo en términos aún más ilustrativos: mientras a un habitante en Milpa Alta le correspondería prácticamente el tamaño de un pequeño terreno campestre o una huerta familiar, al capitalino promedio apenas le tocaría el equivalente exacto a una cancha oficial de voleibol (162 metros cuadrados). Ese es el espacio vital teórico en el que convive el pulso acelerado de nuestra metrópoli.

    @gcastroibarra

  • Alarma: aumenta pobreza en el mundo

    Alarma: aumenta pobreza en el mundo

    La pobreza no es únicamente la ausencia de monedas en el bolsillo o un ingreso mensual por debajo de una línea determinada. Desde hace más de una década y media, la medición de las condiciones de vida ha experimentado una revolución metodológica encaminada a capturar la realidad en todas sus aristas. Esta perspectiva proviene directamente del informe especial Avances y retrocesos, publicado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en colaboración con la Iniciativa sobre Pobreza y Desarrollo Humano de la Universidad de Oxford. Dicho informe presenta los resultados actualizados del Índice de Pobreza Multidimensional (IPM). El reporte analiza las condiciones de vida de 6.3 mil millones de personas distribuidas en 108 países en desarrollo, abarcando así al 78% de la población mundial. El hallazgo central es tan contundente como preocupante: por primera vez desde que comenzó la medición del IPM en 2010, el número total de personas que viven en pobreza multidimensional aguda ha aumentado a nivel global.

    ¿Pobreza multidimensional?

    Para entender el alcance del dato, van unas notas sobre qué mide exactamente el IPM. A diferencia de las mediciones tradicionales centradas sólo en el ingreso monetario, el IPM examina diez indicadores clave distribuidos de manera equitativa en tres grandes dimensiones esenciales de la vida humana:

    1. Salud: Evalúa la nutrición (si algún miembro del hogar padece desnutrición) y la mortalidad infantil (si ha fallecido algún niño en los últimos cinco años).
    2. Educación: considera los años de escolaridad (si ningún integrante de 10 años o más ha completado seis años de estudio) y la asistencia escolar (si hay niños en edad escolar fuera del sistema educativo).
    3. Nivel de vida: examina seis servicios y bienes básicos (cada uno con un valor de 1/18): acceso a combustible limpio para cocinar, saneamiento adecuado, agua potable, electricidad, vivienda con materiales duraderos y bienes básicos (como vehículo, teléfono o refrigerador).

    Hambre, escuela truncada, agua lejana y casa precaria no son males separados. Con esta metodología, se considera que una persona vive en situación de pobreza multidimensional cuando su hogar sufre privaciones combinadas en un tercio o más de estos diez indicadores ponderados. Si la acumulación de carencias alcanza el 50%, la situación se clasifica como pobreza severa.

    1,200 millones en pobreza aguda

    El balance general arroja que casi 1.2 mil millones de personas viven en situación de pobreza multidimensional aguda. Esto representa un incremento de 51.5 millones de personas en comparación con el informe previo. A esta cifra se suman 952 millones de personas adicionales que se encuentran al borde del abismo, en situación de vulnerabilidad alta ante la pobreza.

    Las privaciones que componen este diagnóstico reflejan brechas severas en derechos humanos fundamentales:

    • 737 millones de personas en situación de pobreza habitan en hogares con al menos una persona desnutrida.
    • 583 millones de personas viven en hogares donde nadie ha completado seis años de educación básica.
    • 545 millones de personas carecen de acceso a agua potable a menos de 30 minutos de caminata de sus viviendas.

    Geografía y demografía de la pobreza

    El informe del PNUD detalla una marcada concentración de la pobreza multidimensional:

    • Distribución regional: África Subsahariana encabeza la cifra absoluta con 616 millones de personas pobres multidimensionales, seguida de Asia Meridional con 393 millones. En Asia Oriental y el Pacífico viven 104 millones; en los Estados Árabes, 51 millones; en América Latina y el Caribe, 33 millones; y en Europa y Asia Central, 1,2 millones.
    • La brecha rural-urbana: La pobreza sigue siendo predominantemente rural. El 83 % de todas las personas en situación de pobreza multidimensional habita en zonas rurales, frente a un 17 % en áreas urbanas.
    • El rostro infantil de la pobreza: La disparidad por edades es uno de los descubrimientos más alarmantes. Más de la mitad de las personas pobres del mundo son menores de 18 años. En términos globales, mientras 1 de cada 7 adultos vive en pobreza multidimensional, la proporción se dispara a 1 de cada 3 niños.

    Causas del retroceso: demografía, conflictos y desaceleración

    ¿Por qué se ha producido este repunte tras más de un decenio de avances continuos? El análisis de la ONU señala una combinación de factores estructurales y de coyuntura:

    1. Impacto demográfico: en varios países (como Angola o Zambia), aunque las proporciones de personas pobres disminuyeron, la alta tasa de crecimiento poblacional superó el ritmo de reducción de la pobreza, incrementando el número total absoluto de personas necesitadas.
    2. Conflictos y crisis alimentarias: guerras como la de Sudán o la inestabilidad en diversas regiones (Europa del este, Medio Oriente) han provocado retrocesos severos y un aumento repentino de la desnutrición.
    3. Inversión de tendencias: en países como Nigeria, los importantes avances logrados durante la década de 2010 se han revertido drásticamente en la década de 2020, acumulando aumentos tanto en la tasa de incidencia como en el número absoluto de afectados.

    ¿Hay esperanza?

    A pesar de este repunte global, los datos de la ONU reafirman que la pobreza no es una fatalidad inevitable y que la meta 1.2 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (reducir la pobreza multidimensional al menos a la mitad para 2030) sigue siendo alcanzable si se actúa con determinación. De los 89 países evaluados con datos históricos comparables, 33 lograron reducir su IPM a la mitad en menos de 15 años. Entre ellos se encuentran seis naciones de África Subsahariana (como Eswatini, que bajó su tasa de pobreza del 38,7 % al 8,0 % en 15 años). Asimismo, casos emblemáticos como el de China (que redujo su IPM a la mitad en sólo cuatro años) y Viet Nam (que lo hizo en siete) demuestran la eficacia de abordar las privaciones de forma integral y no aislada.

    México

    En nuestro país, la pobreza multidimensional aguda ha mostrado una trayectoria de mejora general. Según el IPM global 2026, la incidencia bajó de 6.0% en 2012 a 4.5% en 2024, y el valor del IPM pasó de 0.025 a 0.017. En 2024, unos 5.9 millones de personas vivían en pobreza multidimensional.

    @gcastroibarra

  • Datos para apantallar a su jefe

    Datos para apantallar a su jefe

    Al 15 de octubre de 2025…

    • Población total de los Estados Unidos Mexicanos: 130,393,389 habitantes.
    • Aumento de la población de nuestro país de 2020 a 2025: 4,897,290 habitantes.
    • Entidad federativa con mayor población: Estado de México, con 17,561,797 habitantes (representa el 13.5% de la población nacional).
    • Entidad federativa con menos población: Colima, con 758,987 habitantes (representa el 0.6% de la población nacional).
    • Entidad federativa con mayor superficie territorial: Chihuahua, con 247,412.6 kilómetros cuadrados (12.6% del territorio nacional).
    • Entidad federativa con menor superficie territorial: Ciudad de México, con 1,485.2 kilómetros cuadrados (0.1% del territorio nacional).
    • Única entidad federativa de la República Mexicana en donde no hay más mujeres que hombres: Baja California Sur.
    • Entidad federativa de la República Mexicana con la proporción mayor de mujeres que hombres: Oaxaca.
    • Promedio nacional de ocupantes por vivienda particular: 3.3 personas.
    • Promedio nacional de ocupantes por cuarto: 0.9 personas
    • Entidades federativas con el promedio más alto de ocupantes por cuarto: Chiapas y Guerrero (1.2 personas)
    • Entidad federativa con el mayor promedio de ocupantes por vivienda: Chiapas, con 3.8.
    • Porcentaje de hogares unipersonales en México: 15%
    • Entidad federativa con la población más avejentada: Ciudad de México, en donde la edad mediana es de 37 años.
    • Entidad federativa con la población más joven: Chiapas, en donde la edad mediana es de 26 años.
    • Edad mediana a nivel nacional: la mitad de la población del país tiene 32 años o menos.
    • Entidad federativa con la densidad de población más alta: Ciudad de México, con 6,171.6 habitantes por kilómetro cuadrado.
    • Entidad federativa con la densidad de población más baja: Baja California Sur, con 13.5 habitantes por kilómetro cuadrado.
    • Población que se considera indígena: 24,227,973
    • Población de 3 años y más hablante de alguna lengua indígena: 5.9%
    • Lengua indígena más frecuente a nivel nacional: náhuatl, hablada por el 22% de la población de 3 años y más que habla alguna lengua indígena.
    • Población de 3 años y más que habla náhuatl: 778,898 personas.
    • Población de 3 años y más que habla maya: 1,628,286 personas.
    • Entidad federativa con mayor porcentaje de población que se considera afromexicana, negra o afrodescendiente: Guerrero, con un 7.5%
    • Población nacida en Estados Unidos que radica en nuestro país: 668,658 personas.
    • Población nacida en Cuba que radica en nuestro país: 61,663 personas.
    • Porcentaje de la población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: 5.3%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: Quintana Roo (10.8%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de población de 5 años y más que hace cinco años tenían un lugar de residencia actual: Guanajuato (2.5%)
    • Porcentaje de la población en México con algún problema o condición mental: 1.1% (1,384,197 personas)
    • Población en México con trastornos depresivos: 60,633 personas.
    • Población en México con trastornos de ansiedad: 57,675 personas.
    • Población en México con TDAH: 161,444 personas.
    • Población en México con demencia: 44,386 personas.
    • Entidades federativas con el mayor porcentaje de población con algún problema o condición mental: Aguascalientes y Yucatán (1.5%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de población con algún problema o condición mental: Chiapas (0.6%)
    • Grado promedio de escolaridad de la población de 15 años y más: 10.3 años de estudios (secundaria terminada y un año de educación media superior).
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: 36%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: Ciudad de México (40.2%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más que permanece soltera: Tabasco (33%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más casada: Ciudad de México (26.2%)
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más casada: Zacatecas (39.6%)
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive ya sea casada o en unión libre en México: 50.2%
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive ya sea divorciada o separada en México: 7.8%
    • Porcentaje de la población de 12 años y más que vive en viudez en México: 5.7%
    • Entidad federativa con el mayor porcentaje de la población de 12 años y más casada o en unión libre: Chiapas (54.3%)
    • Entidad federativa con el menor porcentaje de la población de 12 años y más casada o en unión libre: Ciudad de México (43.3%)
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de teléfono fijo: 31.8%
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de teléfono celular: 94.5%
    • Porcentaje de las viviendas en México donde se disponía de conexión a internet: 75.7%

    Fuente: Encuesta Intercensal 2025, INEGI.

    @gcastroibarra

  • Mira, Bartola…

    Mira, Bartola…

    tú no aprecias mis centavos
    y los gastas que da horror

    Chava Flores, La Bartola.

    A lo largo del año pasado, en México, la gente destinó la mayor parte de sus recursos a la adquisición de bienes y servicios para satisfacer necesidades cotidianas: al gasto corriente total correspondió 83% de su gasto total —gasto corriente: gastos que se realizan regularmente en el hogar para la adquisición de su canasta de consumo, además del gasto regular no destinado al consumo—. O sea, en 2025, los hogares mexicanos destinaron 83 centavos de cada peso que gastaron a compras regulares para la canasta básica y otros desembolsos habituales no ligados a consumo inmediato. Así que sólo una fracción menor se destinó a otros tipos de gasto —por ejemplo, ahorro, inversión o compras ocasionales—. Ahora, ¿cómo lo sabemos? Lo sabemos porque, del 25 de diciembre de 2024 al 7 de enero de 2026, el INEGI levantó en 28,668 viviendas particulares de todo el país la Encuesta Nacional de Gasto (ENG 2025).

    Con los resultados que arrojó la ENG, puede estimarse que en 2025 en nuestro país había un total de 38’348,376 hogares. En cada hogar en promedio hay 3.4 integrantes. La ENG permite también estimar que 24% de la población total de México radica en localidades rurales —menores a 2,500 habitantes— y el 76% restante en localidades urbanas: 31.6 millones y 99 millones, respectivamente. Eso quiere decir que si todo México fuera una pequeña isla en la que toda su población viviera distribuida en 50 hogares, entonces en esa isla habría 37 niñas y niños menores de 15 años, 116 personas de entre 15 y 64 años, y 17 adultos mayores de 65 años y más.

    ¿Y cuánto gastamos? Durante 2025, el gasto total promedio trimestral por hogar fue de 89,752 pesos. De ese monto, 74,404 pesos se destinaron a gasto corriente. El gasto corriente mensual promedio por hogar fue entonces de 24,801 pesos, y si consideramos el promedio de integrantes por hogar, resulta que, mensualmente, por persona, a lo largo de 2025 en promedio el gasto corriente ascendió 7,278.69 pesos.

    ¿En qué se nos va la vida —y el ingreso— y esos poco más de siete mil pesos mensuales por cabeza? Naturalmente, el mosaico del gasto revela una jerarquía dictada por la urgencia: la mayor parte de esos recursos se concentra en alimentación, transporte y vivienda, los tres pilares sobre los que gravita la rutina de los hogares mexicanos. Conviene ponerle número al batallar de todos los días: según los datos de la ENG 2025, al examinar el promedio mensual del gasto corriente monetario para todo el año, los hogares destinaron 6,746 pesos a alimentos, bebidas y tabaco; 3,863 pesos a transporte y comunicaciones; 1,634 pesos a educación y esparcimiento; 1,555 pesos a cuidados personales; 1,524 pesos a vivienda y servicios; 1,324 pesos a enseres domésticos, artículos para limpieza y cuidado de la casa; 925 pesos a vestido y calzado; 901 pesos a salud; y 839 pesos a transferencias y otros gastos. Al examinar de cerca esta arquitectura de la subsistencia, la encuesta del INEGI dibuja una parte importante del autorretrato de un país que destina una proporción fundamental de su esfuerzo económico a mantenerse a flote, lo que debería hacernos recordar que en la economía de la gran mayoría de las familias el margen para el asueto o el ahorro robusto sigue siendo un territorio estrecho y cuesta arriba.

    Por supuesto, ese promedio nacional se desdobla en dos realidades geográficas muy distintas al cruzar la frontera entre la ciudad y el campo. En las localidades urbanas, el gasto corriente monetario promedio trimestral por hogar fue de 62,985 pesos, impulsado principalmente por alimentos, bebidas y tabaco (21,382 pesos), transporte y comunicaciones (12,637 pesos), educación y esparcimiento (5,646 pesos), vivienda y servicios (5,291 pesos) y cuidados personales (5,122 pesos). En contraste, los hogares en localidades rurales registraron un promedio trimestral sensiblemente menor, de 40,465 pesos, donde si bien los alimentos (16,288 pesos) y el transporte (7,964 pesos) vuelven a ocupar los dos primeros sitios, los montos generales evidencian la profunda desigualdad estructural y los menores márgenes de maniobra económica que marcan el día a día fuera de los grandes centros urbanos.

    Como era de esperarse, el mapa nacional del gasto revela también una profunda cartografía de contrastes regionales. Frente al promedio nacional de 57,930 pesos trimestrales por hogar, las brechas entre entidades federativas dibujan dos Méxicos asimétricos. En el extremo superior se ubica la Ciudad de México con 84,564 pesos por hogar, seguida de cerca por Querétaro (81,685 pesos), Nuevo León (80,716 pesos) y Baja California Sur (78,826 pesos). En el extremo opuesto, marcando el reverso de la moneda, los hogares de entidades como Veracruz (42,554 pesos), Oaxaca (42,010 pesos), Tabasco (41,181 pesos), Campeche (39,299 pesos) y Chiapas —que registra el nivel más bajo del país con 38,203 pesos trimestrales— evidencian cómo las inercias del desarrollo económico regional condicionan de forma drástica el volumen de recursos con el que las familias encaran la vida cotidiana.

    Los resultados de la ENG 2025 muestran la imagen de un país cuyo esfuerzo económico se concentra, en buena medida, en salir adelante día con día. Mientras la urgencia de lo cotidiano devora la mayor parte del ingreso, la brecha entre lo necesario y lo posible sigue marcando, con números fríos, la distancia entre sobrevivir y vivir.

    @gcastroibarra

  • La mexicana promedio

    La mexicana promedio

    Hace cinco años escribí La mexicana promedio, en dos entregas. Cinco años han transcurrido desde aquel ejercicio censal que nos mostró el rostro de una sociedad confinada y en mutación. La distancia entre el Censo de Población y Vivienda 2020 y los nuevos datos que arroja la Encuesta Intercensal 2025 (ENIC) no es meramente cronológica; es la marca firme de una transición demográfica que avanza sin pausa. Volver al espejo de las cifras es un ejercicio necesario para descifrar qué nos dice el número frío sobre nuestra carne, nuestra historia cotidiana y el porvenir previsible.

    En principio, somos menos de lo que se esperaba. Las proyecciones demográficas (CONAPO, ONU) indicaban que el país tendría en 2025 entre 132 y 133 millones de habitantes. La ENIC indica que a octubre del año pasado habitamos México 130.9 millones de personas. Poco menos de lo esperado, pero un montón de hombres y mujeres. Al cruzar la mirada desde el inicio del siglo XX hasta los datos de la ENIC 2025, el salto demográfico es monumental: pasamos de 13.6 millones de habitantes en 1900 a 130.9 millones hoy. Eso significa que la población de México se ha multiplicado por 9.6; es decir, casi se ha decuplicado en siglo y cuarto.

    Tomando como base la población total registrada por la ENIC 2025 —130,911,314 habitantes—, la mitad exacta de esa cifra es de 65,455,657 personas. Según los datos censales históricos, en 1970 éramos 48,225,238 y en 1980, 66,846,833. Haciendo una interpolación lineal entre ambas décadas, la población de México cruzó la marca de los 65.4 millones en los últimos meses de 1978. En otras palabras, en poco más de cuatro décadas y media (de finales de los setenta a 2025), el país duplicó por completo su volumen demográfico, un reflejo condensado de la vertiginosa explosión poblacional del siglo XX.

    Nos mantenemos en la posición 11 entre los países más poblados del mundo, justo por arriba de Japón (122 millones) y atrás de Etiopía (140 millones). La nuestra es la tercera nación con más gente de América, solamente atrás de Estados Unidos y Brasil (349 y 214 millones, respectivamente), y muy distante de la que se halla en cuarto lugar, Colombia (54 millones). Si en India, país más poblado del orbe, viven 18 de cada 100 habitantes del planeta, en México radicamos 1.6 de cada 100 seres humanos.

    Los resultados de la EIC permiten observar un perfil demográfico detallado de México: hoy se confirma que seguimos envejeciendo y concentrándonos en las manchas urbanas.

    Me parece que la revelación más importante que arroja el pulso intercensal de 2025 se encuentra en el calendario vital de la población. Ya no nos cocemos al primer hervor: si nuestra edad mediana —edad que divide a una población en dos grupos numéricamente iguales, es decir, la edad en la cual la mitad de la población tiene una edad menor o igual, y la otra tiene una edad mayor o igual— en 2020 era de 29 años, ahora ya rebasó los treinta. El país ha dejado atrás la juventud que lo caracterizó durante el siglo pasado. Cuando yo nací, a mediados de la década de los sesenta, la edad mediana de la población era de menos de 18 años, es decir, poco más de la mitad de la población en México era menor de edad. Hoy la edad mediana es de 32 años. Con todo, a pesar de este envejecimiento paulatino, nos mantenemos a la par de la media global y distamos aún de las estructuras profundamente envejecidas de otras latitudes: mientras que en China y Estados Unidos la edad mediana ronda los 38 años, en Francia asciende a más de 41 y en Alemania supera con holgura los 45.

    El predominio femenino persiste y se consolida. Las mujeres continúan siendo una mayoría constante en el mosaico demográfico nacional, superando ligeramente el 51% del total de los habitantes. Así que, considerando la distribución por edad y sexo de los habitantes de nuestro país, bien podría afirmarse que el mexicano promedio no es un mexicano sino mexicana, una mujer mayor de edad que este año celebra su 33 aniversario.

    Por supuesto, la mexicana promedio seguramente no existe en la realidad concreta. La mexicana promedio es solamente una abstracción que puede ayudar a entender un poco la complejidad de un colosal conglomerado sociodemográfico, integrado por una riquísima diversidad de gente de carne y hueso. Advertido lo anterior, pongámosle un nombre a la mexicana promedio… Me niego a usar el predecible María Guadalupe que exigen la probabilidad estadística y la idiosincrasia nacional —¿algo más indiscutible ligado a la mexicaneidad, otra abstracción, que la Virgen Morena? —, así que, sin caer en la tentación de las excentricidades, bauticémosla como María Alejandra. Si bien eso no lo reportan los resultados de la EIC, la historia y el sentido común indican que la mexicana promedio es mestiza. Lo que sí nos deja afirmar la información estadística es que María Alejandra no se considera a sí misma ni indígena ni afromexicana negra o afrodescendiente —el 18.6% y apenas el 1.6% de la población se declaró así, respectivamente— y que no habla una lengua indígena —a nivel nacional, apenas el 6% de la población de 3 años y más declaró hablar una—. Sabemos también que sabe leer y escribir —la tasa de alfabetización de nuestro país en personas de 15 años y más es de 96%—, que tiene completada la educación básica y que no sufre ninguna discapacidad, —en el grupo de edad que va de 30 a 59 años únicamente 3.6% de los habitantes del país dijo presentar alguna— ni reporta algún tipo de problema o condición mental —como sí lo declara el 1.1% de la población de nuestro país—. Y, claro, María Alejandra vive en algún municipio mexiquense integrado a la Zona Metropolitana del Valle de México, y seguramente no tiene ni quiere tener hijos.

    @gcastroibarra

  • Sin palabras

    Sin palabras

    ¡qué despiadados son
    en su callar los muertos!
    con razón
    todo mutismo trágico y glacial,
    todo silencio sin apelación
    se llaman: un silencio sepulcral.

    Amado Nervo, ¡Cómo callan los muertos!

    Intercambiamos mensajes con miles, pero cada vez hablamos menos con quienes tenemos enfrente. El silencio se propaga en medio del escándalo. Vivimos instalados en una paradoja comunicacional de proporciones inéditas, y de consecuencias difíciles de prever. Por un lado, estamos cada vez más interconectados, las bocinas zumban perpetuamente, las bandejas de entrada rebosan de mensajes y el tsunami digital atiborra todas las pantallas con un volumen titánico de signos gráficos, fotos, infografías, videos, iconos, memes… Nunca antes habíamos emitido tantos caracteres por segundo. Sin embargo, en el plano de la oralidad viva, de la palabra hablada, de la vibración directa de la voz en el espacio compartido, la marea humana está retrocediendo de manera sigilosa. Nos estamos quedando mudos o, al menos, muy callados.

    Aldo recibe cientos —literalmente, cientos— de mensajes en su celular a lo largo del día. La mayoría son memes, reenvíos, noticias que no le interesan y chistes bobos. No contesta casi nunca. Sin embargo, invariablemente responde los que le envía su jefe, aunque pertenezcan a la misma categoría. Casi siempre se limita a escribir: «Ja, ja, ja…», o envía una carita carcajeándose. Esa mañana se encontró con él en el elevador, en la planta baja. Buenos días. Buenos días. Aldo presionó el botón del PH. Ninguno volvió a decir una palabra hasta que llegaron arriba. Durante el trayecto, ambos permanecieron absortos en sus teléfonos.

    Un reciente estudio publicado en la revista Perspectives on Psychological Science —liderado por los investigadores Valeria Pfeifer, de la Universidad de Misuri-Kansas City, y Matthias Mehl, de la Universidad de Arizona— pone cifras rigurosas a este fenómeno. A partir del análisis de datos de audio ambiental procedentes de 22 estudios recopilados entre 2005 y 2019, con la participación de más de 2,000 participantes en Estados Unidos, México, Australia y Europa, los científicos pudieron evidenciar un descenso constante, medible e implacable en la cantidad de palabras que pronunciamos en nuestra vida cotidiana.

    Los datos son contundentes. En 2005, el promedio diario de palabras pronunciadas en persona, cara a cara, oscilaba entre las 16,000 y 17,500 vocablos; hacia 2019, esa cifra se derrumbó hasta situarse entre 12,000 y 12,700. Dicho en términos dinámicos: cada año transcurrido durante ese periodo significó un promedio de 338 palabras por persona menos al día. Si acumulamos la disminución, esto representa una caída global del 28% en nuestro intercambio verbal cotidiano, lo cual equivale a pronunciar más de 120,000 palabras menos cada año en comparación con el precedente. ¡120,000 palabras menos cada año!

    ¿Qué ha ocurrido para que nuestra voz pierda tanta presencia? Los autores del estudio advierten que esta merma no responde a un acontecimiento dramático o a una gran ruptura comunicativa, sino a la suma microscópica de pequeños momentos cotidianos que hemos ido desterrando de nuestras rutinas.

    En primer lugar, tenemos que referirnos, claro, a la mutación tecnológica. El desplazamiento de la llamada telefónica o la charla cara a cara hacia la mensajería instantánea y las redes sociales ha transformado el vínculo. Hoy los oficinistas se mandan mensajes estando a unos metros de distancia entre sí. Aunque el texto escrito es ágil, los especialistas recuerdan que carece de la riqueza prosódica, de los matices emocionales y de la lectura gestual inmediata que sólo la oralidad humana es capaz de sostener. El pulso del afecto se empobrece cuando se reduce a una burbuja digital. Lo peor, quizá, sea que esa pobreza comunicativa pasa desapercibida para los comunicantes y suponen que un “OK” significa siempre exactamente lo mismo, aunque es frecuente escuchar: “¡Sólo me contestó ‘OK’!”, como queja, como prueba indiscutible de falta de interés o como reporte tranquilo y confiado del fin de una “conversación”.

    En segundo lugar, la obsesión contemporánea por la eficiencia productiva ha rediseñado el entorno urbano. Las cajas de autoservicio en los supermercados, los menús digitales accesibles mediante códigos QR y las plataformas de pago sin contacto han eliminado casi por completo la necesidad de interactuar con cajeros, meseros o personal de mostrador. Imaginen ustedes cuántas conversaciones casuales han sido borradas del mapa cotidiano por las compras solitarias en línea. Cada plataforma automatizada es una aduana que nos exime de saludar, preguntar o negociar la breve fricción de la alteridad.

    A ello se suman los nuevos hábitos laborales y sociales, marcados por el teletrabajo y la reclusión doméstica, el intercambio de información vía correos electrónicos o chats corporativos. ¿Se han dado cuenta? Los teléfonos cada día repican menos en las oficinas. Todo eso reconfigura las dinámicas de convivencia presencial. Por supuesto, el impacto generacional de esta tendencia no es homogéneo. Si bien el declive afecta a todos los grupos etarios —lo que muestra que estamos ante una transformación social estructural—, la caída es significativamente más pronunciada entre los menores de 25 años. Este sector, plenamente habituado a los códigos de la digitalización nativa, registró una pérdida anual de 451 palabras, un 44% superior a la observada en los participantes de 25 años o más.

    Los crujidos en la vida diaria que provoca esta sequía verbal se escuchan más allá de la estadística. Esta pérdida constante se asemeja a la erosión geológica provocada por el agua: gota a gota, el silencio va minando los cimientos de nuestra sociabilidad. Menos palabras habladas equivalen, de forma directa, a una menor conexión humana, alimentando los vapores de esa epidemia de soledad que las autoridades de salud pública llevan años señalando como un problema prioritario. El aislamiento no sólo lacera el bienestar subjetivo, sino que tiene derivaciones somáticas y psicológicas científicamente comprobadas. Más allá de las graves consecuencias sociopolíticas que indiscutiblemente tiene el fenómeno, no hablar entre nosotros deteriora la salud mental.

    Frente a esta inercia colectiva hacia el mutismo digital, la solución no demanda reformas faraónicas ni batallas tecnológicas imposibles. La salida se halla en el rescate de lo micro. Recuperar siquiera 300 palabras adicionales al día —un intercambio amable con el vecino en el pasillo, un comentario con un colega, una respuesta menos esquemática a la pregunta elemental sobre cómo transcurrió nuestra jornada— constituye un acto de micropolítica afectiva. Volver a hablar, en definitiva, para recordarnos que existimos en la voz del otro.

    @gcastroibarra

  • Mega y diversa / La nueva ZMVM II

    Mega y diversa / La nueva ZMVM II

    Escribo este análisis con mi amigo Pedro Rivera Cabrera,
    geógrafo (UNAM) y geomata especialista en MDM (INEGI).

    Conforme a su nueva delimitación, la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM), con sus 84 municipios y demarcaciones territoriales, alcanza una superficie de 9.2 mil kilómetros cuadrados.

    La nueva ZMVM tiene una superficie total de 9,188 kilómetros cuadrados —uso la sumatoria de los polígonos correspondientes, según el Marco Geoestadístico 2020, INEGI—. De este territorio, 6,295 km² corresponden al Estado de México, que concentra 69% de la superficie metropolitana; Hidalgo aporta 1,210 km² (13%); la Ciudad de México, casi 1,500 km² (16%); y Morelos, 189 km² (2%). Así, aunque la CDMX constituye el núcleo histórico y urbano de la metrópoli, más de dos terceras partes de la superficie de la ZMVM se encuentran en territorio mexiquense, mientras que Hidalgo y Morelos incorporan conjuntamente poco más de 15% del espacio metropolitano.

    Así que la enorme ZMVM no sólo contiene por completo a toda una entidad federativa, la Ciudad de México, también es más extensa que cuatro estados de la República: Tlaxcala, Morelos, Aguascalientes y Colima. La ZMVM mide más de seis veces la superficie de la CDMX, y es casi dos veces el territorio de Morelos y más del doble del de Tlaxcala.

    La nueva Zona Metropolitana del Valle de México tiene prácticamente la misma superficie que todo un país europeo: Chipre… Y Chipre está habitado por menos de 1.5 millones de personas. ¿Y la ZMVM?

    Usando los datos que arrojó el Censo de Población de 2020 —pronto estarán disponibles los resultados de la Encuesta Intercensal 2025—, resulta que en la ZMVM vivimos 22.2 millones de personas. Eso quiere decir que, con datos a 2020, casi uno de cada seis habitantes de México vive dentro de la ZMVM.

    En la ZMVM vive más gente que en cualquiera de las 32 entidades federativas del país.

    • Supera con casi 5.2 millones de habitantes al Estado de México, la entidad más poblada de nuestro país.
    • La ZMVM tiene 13 millones más de habitantes que toda la Ciudad de México.
    • En la ZMVM hay 30 veces la población que tiene el estado menos poblado del país, Colima.

    La ZMVM, con 22.2 millones de habitantes, tiene más población que países enteros como Chile, Rumania, Países Bajos, Guatemala y otro montón.

    Ahora, según estimaciones de la SEDATU, para 2025 la ZMVM tiene una población total de 23.1 millones de habitantes. Considerando esta cifra, la ZMVM reporta una población relativa 2,513 hab/km². Nueva York muestra una densidad cercana, de alrededor de 2,950 hab/km², pero hay otras realidades urbanas mucho más densificadas: El Cairo, Egipto, registra una densidad demográfica de más de 15,500 hab/km², y Mumbai, India, supera los 27,000 hab/km², posicionándose como uno de los entornos urbanos más verticalizados y compactos del mundo.

    En realidad, la incorporación de 84 municipios diluye la densidad media global de la ZMVM, al integrar más territorio mixto. A pesar del promedio general de 2,513 hab/km², el núcleo central metropolitano conserva zonas con concentraciones demográficas mucho más elevadas. Por ejemplo, si la CDMX tiene una población relativa de poco más de 6,160 hab/km², a nivel municipal/demarcación territorial, las unidades más densificadas de todo nuestro país se localizan, claro, en la ZMVM:

    • Iztacalco, CDMX: 17,520 hab/km²
    • Nezahualcóyotl, Estado de México: 17,026 hab/km²
    • Cuauhtémoc, CDMX: 16,786 hab/km²
    • Benito Juárez, CDMX : 16,260 hab/km²
    • Iztapalapa, CDMX: 16,220 hab/km²

    En el extremo opuesto, los cinco municipios de la ZMVM con menor densidad de población son:

    • Isidro Fabela, Estado de México: 15 hab/km²
    • Villa de Tezontepec, Hidalgo: 144 hab/km²
    • Huitzilac, Morelos: 130 hab/km²
    • Nopaltepec, Estado de México: 125 hab/km²
    • Axapusco, Estado de México: 102 hab/km²

    Es decir, incluso al interior de la ZMVM la heterogeneidad territorial/demográfica es enorme: mientras que en Iztacalco más de 17,500 personas tienen que pernoctar en promedio en un km2, en Axapusco 102 personas disponen del mismo espacio. Esa brecha de más de 170 veces entre la densidad de Iztacalco y la de Axapusco ilustra con total claridad el enorme desafío de planeación y gobernanza que implica la nueva ZMVM de 84 municipios.

    @gcastroibarra

  • Hígado / La nueva ZMVM I

    Hígado / La nueva ZMVM I

    Escribo este análisis con mi amigo Pedro Rivera Cabreara,
    geógrafo (UNAM) y geomata especialista en MDM (INEGI).

    La Declaratoria de Modificación de la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM) se publicó en el Diario Oficial de la Federación hace apenas unos días, el 25 de agosto de 2026. El documento formaliza la nueva delimitación de la ZMVM, que ahora integra oficialmente a 84 municipios y demarcaciones territoriales: las 16 demarcaciones de la Ciudad de México, 59 municipios del Estado de México, ocho de Hidalgo y uno más de Morelos. Así que ahora la zona metropolitana mexicana más extensa ocupa una superficie de 9.2 mil kilómetros cuadrados.

    Hígado

    El polígono de la nueva ZMVM presenta una configuración irregular, compleja y de dilatada extensión territorial. Su morfología es predominantemente alargada en el sentido norte-sur, con expansiones lobuladas muy marcadas hacia el poniente que integran el sistema de valles occidentales, adoptando una silueta asimétrica y ramificada. Visto como una unidad morfológica (Gestalt), el polígono de la nueva ZMVM guarda una curiosa correspondencia visual con un hígado humano (visto desde su cara diafragmática). Podríamos describir las analogías entre la morfología metropolitana y la topografía hepática de la siguiente manera:

    • El lóbulo derecho. El cuerpo central y oriental —que comprende el vaso histórico del Valle de México, las demarcaciones centrales de la CDMX y los municipios mexiquenses de Ecatepec, Nezahualcóyotl y Texcoco— constituye el volumen macizo, denso y predominante del territorio, equivalente al voluminoso lóbulo derecho del hígado.
    • El lóbulo izquierdo. La extensión poniente, una marcada protuberancia hacia el oeste, hacia el Valle de Toluca, Lerma, Zinacantepec y Otzolotepec, se proyecta lateralmente con una forma alargada y aplanada, análoga al lóbulo izquierdo hepático.
    • El proceso caudado o la vena cava. La prolongación angosta y vertical hacia el vértice norte (en dirección a Jilotepec y Soyaniquilpan) actúa visualmente como el segmento superior o la zona de los grandes vasos que emergen del órgano.
    • El borde inferior y la fosa cística. Los contornos lobulados e irregulares del sur (la zona de los volcanes y los límites con Morelos) replican las escotaduras y muescas del borde inferior del hígado, donde la silueta se repliega orgánicamente.

    La ZMVM no es un simple rectángulo ni una mancha amorfa; la expansión territorial ha dibujado sobre el mapa una víscera metropolitana: un sistema circulatorio y metabólico complejo, con lóbulos muy definidos que ahora metabolizan una escala regional masiva.

    Ejes

    El extremo más septentrional de la ZMVM, al noroeste del polígono, se encuentra a las faldas del Cerro del Capulín, en su ladera este, en el extremo norte del municipio de Tula de Allende, Hidalgo, a unos 19 kilómetros en línea recta de la Zona Arqueológica de Tula.

    En la antípoda, el extremo meridional de la ZMVM se halla frente a Puebla…, no frente al estado de Puebla, claro, sino frente a la calle de Puebla, localizada ya en el municipio de Yecapixtla, Morelos. El vértice sur del polígono es un punto trino, ubicado a unos metros del IMSS Bienestar de San Juan Tlacotompa; ahí se topan los municipios morelenses de Ocuituco y Yecapixtla con el municipio mexiquense de Ecatzingo.

    Ahora, resulta que el punto más oriental de la ZMVM corresponde con el punto más oriental de todo el Estado de México. Se ubica en el municipio de Axapusco, haciendo frontera con los municipios hidalguenses de Tepeapulco y Tlanalapa.

    Finalmente, el punto extremo poniente de la ZMVM está a unos metros de una pequeña abarrotería, Loma Alta, localizada en el municipio de Villa del Carbón, Estado de México. El punto cae en una parcela, muy cerca de la colonia Emiliano Zapata, ubicada ya fuera del polígono, en el municipio también mexiquense de Jiquipilco.

    Centroide en el Cerro Gordo

    Si uniésemos los puntos más extremos Este-Oeste y Norte-Sur de la ZMVM por dos líneas diagonales imaginarias, la primera tendría una distancia de 110.85 kilómetros, mientras que la segunda sería la más grande: casi 155 kilómetros. Al generar el centro geométrico del polígono que delimita la ZMVM, el cruce de ambas líneas, este se ubica al suroeste del municipio de Tepotzotlán, Estado de México.

    Ahora, el centro de masa del polígono (donde se puede considerar concentrada toda la masa del objeto para efectos de análisis físico, mecánico o dinámico) se ubica en la ladera noroeste del Cerro Gordo, en el municipio mexiquense de Ecatepec de Morelos.

    @gcastroibarra

  • Bienestar, dignidad y neurociencia

    Bienestar, dignidad y neurociencia

    La pobreza no sólo reduce el ingreso: también afecta la salud mental y acelera el envejecimiento del cerebro. Por eso, la Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores puede analizarse no únicamente como una política social, fiscal o electoral, sino como una intervención de salud pública con posibles efectos neuroprotectores.

    Un estudio del University College London, dirigido por Jacques Wels y publicado en Innovation in Aging, siguió durante décadas a miles de personas. Sus resultados indican que quienes enfrentaron dificultades financieras persistentes o bajos ingresos durante la adultez temprana y media mostraban peor rendimiento cognitivo a los 53 años, un declive más acelerado entre los 53 y los 69, y una salud cerebral más deteriorada hacia los 70. Estas asociaciones se mantuvieron incluso después de considerar la educación, la cognición infantil y las desventajas socioeconómicas sufridas durante la infancia.

    El hallazgo es importante: muestra que las condiciones materiales de la adultez también dejan huella. La trayectoria cognitiva no queda completamente determinada en los primeros años de vida: la inseguridad económica acumulada puede modificarla.

    El costo mental de la escasez

    Los investigadores señalaron dos mecanismos principales. El primero es el estrés crónico. La incertidumbre financiera mantiene activado el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal y eleva la producción de cortisol. Cuando esta exposición se prolonga, puede afectar el hipocampo —una estructura fundamental para la memoria— y aumentar la vulnerabilidad al deterioro cognitivo.

    El segundo mecanismo es la carga cognitiva. Quien vive al día debe dedicar buena parte de su atención a resolver problemas inmediatos: pagar la renta, comprar alimentos, decidir qué cuenta va a posponer o cómo conseguir el dinero para una medicina. Esa preocupación constante reduce el espacio mental para planear, aprender, socializar, hacer ejercicio o participar en actividades recreativas.

    La pobreza, en este sentido, no sólo priva de bienes: también captura la atención. La revisión de Ridley y sus colaboradores, publicada en Science, reunió evidencia de que las carencias económicas deterioran la salud mental y cognitiva, en parte porque reducen el llamado “ancho de banda mental”. La escasez obliga a concentrarse en el presente y dificulta pensar con perspectiva.

    Otros estudios han encontrado que la percepción de inseguridad financiera puede ser más importante que el ingreso absoluto para predecir el deterioro cognitivo. Las investigaciones de neuroimagen, por su parte, han relacionado los bajos ingresos con un adelgazamiento más marcado de regiones frontales y temporales, vinculadas con la memoria y las funciones ejecutivas.

    La Lancet Commission on Dementia Prevention ha identificado la pobreza y la baja escolaridad como “causas de causas”: condiciones que dificultan el acceso a una alimentación adecuada, al control de la hipertensión y la diabetes, a la actividad física, a los servicios médicos y a las redes sociales. Así, la desventaja económica puede convertirse en un estresor que acelera el envejecimiento cerebral por varias vías simultáneas.

    Las pensiones del bienestar

    La experiencia internacional ofrece razones para pensar que las transferencias monetarias pueden contrarrestar parte de ese proceso. En Sudáfrica, la pensión social no contributiva contribuyó a reducir la pobreza extrema y se asoció con mejoras en la salud mental, especialmente entre mujeres mayores. En Brasil, las pensiones rurales y el Benefício de Prestação Continuada han mejorado la seguridad alimentaria, la continuidad de los tratamientos y algunos indicadores de depresión.

    México cuenta también con antecedentes. Las evaluaciones del programa 70 y Más, precursor de la pensión actual, encontraron en zonas rurales menos síntomas depresivos y mayor independencia funcional entre los beneficiarios. Las mediciones cognitivas fueron limitadas, por lo que no permiten afirmar un efecto directo sobre el cerebro; sin embargo, sí muestran que un ingreso básico puede aliviar el malestar emocional y ampliar la autonomía cotidiana.

    Política y dignidad

    La Pensión para el Bienestar de las Personas Adultas Mayores posee cuatro características decisivas: es universal, no contributiva, de monto fijo y reconocida como un derecho constitucional. Al no exigir una comprobación de pobreza, reduce el estigma asociado a la asistencia. Al estar respaldada jurídicamente, también puede disminuir la incertidumbre sobre el futuro. El ingreso bimestral permite comprar medicamentos, completar la despensa, pagar el transporte, contribuir al gasto familiar o acudir a una consulta. No elimina la precariedad, pero abre un margen de decisión. Y recuperar cierto control sobre la propia vida tiene consecuencias psicológicas: puede reducir la ansiedad, la sensación de indefensión y la depresión.

    La autonomía económica modifica además las relaciones familiares. Una persona mayor que cuenta con un ingreso propio puede dejar de ser percibida exclusivamente como una carga y recupera cierta autoridad en el hogar. Ese cambio de posición no es meramente simbólico: la autoestima, la interacción social y la percepción de control forman parte de las condiciones que favorecen un envejecimiento saludable.

    Desde la perspectiva de la carga cognitiva, la pensión libera una parte del ancho de banda mental ocupado por la supervivencia. Quien ya no debe elegir entre comprar alimentos o pagar un medicamento puede dedicar más atención a conversar, caminar, leer, cuidar a un nieto o participar en actividades comunitarias. La socialización y la estimulación intelectual protegen frente al declive; la soledad y el aislamiento, en cambio, se asocian con un mayor riesgo de deterioro cognitivo y demencia.

    No es una panacea, pero…

    El deterioro cognitivo y la demencia imponen una carga considerable a las familias y a los sistemas de salud. Si las condiciones socioeconómicas adversas contribuyen a esos procesos, reducir la pobreza en la vejez puede entenderse como una forma de prevención primaria.

    La evidencia disponible aún no permite afirmar que las pensiones del Bienestar retrasen por sí solas la demencia o produzcan cambios directos en la estructura cerebral. Las evaluaciones de largo plazo serán indispensables. Lo que sí puede sostenerse es que la seguridad económica reduce algunos factores relacionados con el deterioro: el estrés, la depresión, la mala alimentación, la interrupción de tratamientos y el aislamiento social.

    Evaluar la Pensión para el Bienestar únicamente por su costo presupuestal empobrece la discusión, algo que le encanta hacer a la derecha. Proteger la dignidad económica de las personas mayores es un imperativo moral, pero también puede entenderse como una estrategia eficaz de salud pública.

    @gcastroibarra