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  • La doctora DD y la Divina Providencia

    La doctora DD y la Divina Providencia

    De niño, como seguramente a la mayoría de ustedes, me divertía mucho jugar a los súper poderes. La parte más entretenida era el preámbulo. Antes de las carreras y los diablazos, la dinámica era más bien verbal: entre la chamaquiza se escogían primero y se discutía después quién se quedaba con qué potestades. La fuerza de Súperman, la capacidad de hacer que los animales le hicieran caso a uno como a Tarzán, volar, el ojo y el brazo biónicos del Hombre Atómico, en fin… Yo casi siempre pedía poder ser invisible. Al paso de los años he ido cambiado de preferencias, y si hoy fuera posible optaría por ser capaz de teletransportarme a voluntad: cerrar los ojos aquí, ahora mismo, en la ahora fría Ciudad de México, y un instante después abrirlos en Tulum, bajo el sol y junto a la playa.

    No dudo que de vez en cuando todos sigamos fantaseando con poder predecir el futuro o poder regresar en el tiempo a enmendar uno que otro entuerto cometido en el pasado… El pensamiento mágico proporciona estabilidad psíquica y sigue siendo un modo de enfrentarse a la realidad entre jóvenes y adultos. Si bien se trata de un tipo de pensamiento primitivo, sigue siendo parte importante de nuestra cosmovisión contemporánea. Por ejemplo, las supersticiones abundan, y no es raro observar a personas responsables y juiciosas portar una pulsera de la buena suerte. El próximo 31 de diciembre un montón de gente se pondrá calzones rojos y no dudo que descubrirse a uno mismo pidiendo la intervención divina para salirse con la suya… 

    Ciertamente, la irracionalidad es tan humana como el pensamiento racional, pero aceptemos la dura realidad: la mayoría de nosotros andamos por la vida sin poderes mágicos: ni usted ni yo podemos levitar ni, desafortunadamente, desaparecer de la realidad concreta a los fulanos y a las fulanas que nos caen mal, tampoco poseemos la capacidad de convertirnos en egregias águilas ni en poderosos lobos…, vamos ni en un astuto cacomixtle. La mayoría no tiene problema en aceptarlo. El problema generalizado está en la intromisión disimulada del pensamiento mágico en las explicaciones racionales de la realidad. Y es peor cuando esto ocurre de manera inconsciente.

    Aquí mismo he hablado ya del pensamiento mágico que, a sus anchas, cunde en los relatos con los que cotidianamente pretendemos comprender lo que sucede (Escasez de corazones humanos): “… vivimos en un mundo en el cual, avalados por el sentido común hegemónico, solemos leer y escuchar disparates disfrazados de juicios razonables; por ejemplo: ‘La Economía requiere que las ventas de automóviles recuperen su crecimiento’.  ¿Se da usted cuenta? El aserto anterior tiene el mismo valor semántico que decir “Huitzilopochtli necesita que sean ofrecidos en sacrificio más corazones humanos”.

    Ayer mismo la doctora Denise Eugenia Dresser Guerra nos regaló una perla de pensamiento mágico con el que, cada día más despistada, la oposición intenta encontrarle la curvatura al círculo. La académica del ITAM tuiteó:

    Ojo. Hoy la ciencia ha encontrado la manera de crear fusión nuclear con láseres, eliminando la necesidad de combustibles fósiles y sin desperdicio radioactivo. La política energética de @lopezobrador_ basada en Pemex/carbón/CFE/Dos Bocas será cada vez más cara y obsoleta.

    Para fundamentar su juicio sumario, la profesora Dresser adjuntó su tweet a un hilo de míster Wendell Pierce, este escrito en inglés. Traduzco:

    RECUERDA ESTE DÍA. AVANCE EN LA FUSIÓN NUCLEAR. Hemos aprovechado el poder para crear fusión nuclear con láseres, eliminando la necesidad de combustibles fósiles y sin residuos radiactivos. Este avance crea energía renovable limpia ilimitada. Elimina la necesidad de aceite.

    Y luego:

    Ahora comienza la batalla. Las compañías petroleras lucharán por mantener sus máquinas de ganancias de mil millones de dólares. Nosotros, como sociedad, tendremos que levantarnos y exigir que aquellos en el gobierno y las empresas cambien fundamentalmente nuestra infraestructura energética 180 grados. El futuro ha llegado. El Laboratorio Nacional Lawrence Livermore ha aprovechado el poder del sol. Este es uno de los mayores descubrimientos científicos de nuestra era. Ojalá los medios le den la atención que se merece.

    Aparentemente se trata de un mensaje bien fundamentado; digo, lo escribió un señor que habla inglés y trae a cuento un Laboratorio Nacional que al parecer no está en Ecatepec ni mucho menos, ¿no? El problema comienza si uno tiene la curiosidad de averiguar quién es el tal Wendell Pierce, porque resulta que el amigo no es un físico, ni cuántico ni nuclear, ni un ingeniero ni siquiera un periodista especializado en asuntos científicos… No, el señor Wendell Pierce un histrión, un actor estadounidense medio famoso por haber interpretado al detective Bunk Moreland en la serie The Wire. Lo más curioso es que ni el señor Pierce ni la doctora Dresser citan otra fuente. Claro, porque si hubieran investigado un poquitito más habrían descubierto que entre el artificio por primera vez logrado que se anuncia y su uso masivo tendrán que pasar décadas.

    Así las cosas, me atreví a contestarle a la docta politóloga lo siguiente:

    “La ciencia” es una abstracción, y usted lo sabe. Su mensaje, doctora, tiene el mismo valor semántico que encomendarse a la Divina Provincia.

    • @gcastroibarra
  • El extraño enemigo

    El extraño enemigo

    Si usted lee “un personaje de la política nacional”, podría pensar en Vicente Fox o en Felipe Calderón, incluso en Lilly Téllez, Kenia López o Alito Moreno… O quizá se acuerde de Patricia Mercado o de Ernesto Ruffo… Dependerá de sus querencias y sus referentes, así que también podrían venirle a la cabeza Pablo Gómez o Ifigenia Martínez o Alejandro Encinas… Claro, no faltarán quienes piensen de inmediato en Andrés Manuel López Obrador. Y si le cambiamos el adjetivo “nacional” por “internacional”, usted podría pensar en el megalómano y mega-anómalo míster Donald Trump o en Luiz Inácio Lula da Silva.

    Ocurre que la política es un fenómeno humano poliédrico: tiene muchísimas caras, semblantes buenos, virtuosos, y también fachas horribles, perversas. A la política se dedican Indira Vizcaíno y Ricardo Monreal. Desde determinado punto de vista, la política es la búsqueda del bien común, pero desde su antípoda puede entenderse sencillamente como la lucha por el poder. El puente, me parece, lo trazó bien doña Hannah Arendt: “La política trata del estar juntos y los unos con los otros de los diversos. Los hombres se organizan políticamente… a partir del caos absoluto de las diferencias”.

    Dialéctico también, para el marxismo clásico, la política no es otra cosa que la expresión del motor de la historia, puesto que la “la historia de toda sociedad… es la historia de la lucha de clases” y “toda lucha de clases es una lucha política”. En este orden de ideas, para que haya política —lucha política, si se me permite el pleonasmo—, es necesario el desacuerdo.

    Dicho lo anterior, espero que no caiga en saco roto la siguiente advertencia: es un riesgo real para la Cuarta Transformación el hecho de no tener enemigo alguno en la oposición. Porque hay que decirlo: como están las cosas, el triunfo de la oposición no sólo es moralmente imposible, es imposible a secas. Tienen candidatos para aventar para arriba, y de todos y todas no se hace uno solo. Tanto Enrique de la Madrid Cordero como Claudia Ruiz Massieu Salinas no tienen otros argumentos que una especie de alcurnia aristocrática priísta, un súper poder de juguete.

    Las posibilidades de la señora Lilly Téllez son tan serias como las del stripper neocristero Eduardo Verástegui. ¿Y qué decir de la experiencia de los aspirantes naranjas o de la frescura de los dinos azules y rojos? Aunque parezca increíble, el excandidato panista, hoy fugado, Anaya, sigue apareciendo en sus encuestas… ¿O tiene caso mencionar siquiera a lo que queda del PRD y sus suspirantes, Mancera y Aureoles? En suma: la oposición no es obstáculo para que en 2024 la Cuarta Transformación continúe.

    El lunes en la noche, en la Cámara de Diputados, Leonel Godoy Rangel expresó bien la situación durante su intervención: “En el 2024 les vamos a ganar los nueve estados que van a estar en disputa, y les vamos a ganar la Presidencia de la República, y les vamos a ganar la mayoría calificada del Congreso de la Unión… Tenemos que estar unidos, organizados, porque depende de nosotros y de nadie más ganar la Presidencia de la República en el 2024. No depende de esa oposición que no tiene proyecto”.

    Por eso el juego de la oposición y sus jilgueros es evidente: incentivar la insidia entre los seguidores de Claudia Sheinbaum y Marcelo Ebrad, los dos punteros de Morena. Será necesario tener mucho cuidado, recordar que el asunto no es quién sí o quién no tiene derecho de suceder a Andrés Manuel, ni siquiera quién tiene más derecho de hacerlo. El asunto es quién puede conducir mejor la continuidad de la 4T. De hecho, quien no entienda esto y en cambio crea que el asunto es una cuestión personal no es opción.

    Así que si apoyas a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, pues #EsClaudia. Y si apoyas al secretario de Relaciones Exteriores, pues #EsMarcelo. Y si respaldas al secretario de Gobernación, pues es #EsAdan. Considero que tú y yo y todos quienes respaldamos al obradorismo tenemos derecho a expresarlo. No creo que convenga, eso sí, que el apoyo a quien creas que es la mejor opción deba basarse en atacar a los otros dos. Los adversarios son otros. Porque si #EsClaudia, será necesario que tenga el apoyo de Marcelo y de Adán Augusto; y si #EsMarcelo, será necesario que tenga el apoyo de Claudia y de Adán Augusto, y si #EsAdán, será necesario que tenga el apoyo de Claudia y de Marcelo. Antes que cualquiera de ellos #EsLa4T.

    Retomo lo que dijo el lunes el diputado Gerardo Fernández Noroña en su magnífico discurso también el lunes pasado en la Cámara: “Vamos a llegar unidos al 2024… Los vamos a hacer picadillo en las urnas”. Que tenga boca de profeta.

    El extraño enemigo que hay que derrotar no es la oposición.

    • @gcastroibarra
  • Buena gente

    Buena gente

    Dolor y gozo: dos momentos, dos extremos. El 20 de noviembre de 2014 marché del Ángel de la Independencia al Zócalo de la Ciudad de México. Ofendido, disgustado, triste, me sumé así a la #AccionGlobalporAyotzinapa, un acto de protesta dirigido al componente gubernamental del Estado mexicano, especialmente a quien entonces encabezaba el gobierno de la República, Enrique Peña Nieto.

    Ocho años después, el 27 de noviembre de 2022 asistí a la marcha a la que, realizando el mismo recorrido, convocó el presidente Andrés Manuel López Obrador para celebrar los logros alcanzados durante los cuatro años iniciales en el poder del primer gobierno federal de la Cuarta Transformación. En 2014 caminamos aquellos poco más de cuatro kilómetros en el ocaso, y terminamos de noche en la plaza de la Constitución. Este año caminamos bajo un amable sol invernal, disfrutando de un día despejado.

    En 2014 escribí una crónica en la que denunciaba: “Estuve ahí. Observé directamente lo que pasó. Puedo afirmar que la versión que desde la noche de ese mismo jueves han venido difundiendo la gran mayoría de los medios masivos de comunicación es parcial —no es completa y toma partido— y tergiversa (mal) intencionadamente lo sucedido”. Este año podría decir exactamente lo mismo; únicamente tendría que cambiar una palabra: domingo en vez de jueves.

    — ¿Te diste cuenta? Éramos los mismos, los que siempre salimos a las calles a manifestarnos —me dijo mi amigo Paco Medina un día después de la marcha de este domingo—. Ayer marchamos quienes históricamente lo hemos hecho enojados o tristes; ayer nos tocó hacerlo alegres. Hay un montón de cosas que celebrar.

    Sí, éramos los mismos…, pero éramos más variedad de los mismos y muchos más. El domingo marchamos de nuevo los pacíficos, los solidarios, los conscientes, los que no rompemos ni un vidrio, los más civilizados… En 2014 reportaba: “Más allá de la guerra de cifras —las “estimaciones” van de treinta mil a un millón—, se trató de la manifestación social más nutrida en la que he participado en toda mi vida…” Cierto, y sin ninguna duda la del domingo pasado rebasó con mucho, con muchísimo, aquella experiencia. En 2014 explicaba: “La plaza de la Constitución tiene alrededor de cuarenta mil metros cuadrados, incluyendo las calles que la rodean, de tal suerte que, si calculamos tres personas por metro cuadrado, entonces se requieren 120 mil para colmar el corazón simbólico de México”. Y sí, hace ocho años llenamos el Zócalo.

    Ahora, en 2022, tiene razón la derecha prianista y sus medios esbirros: no llenamos el Zócalo…, atiborramos el Zócalo y buena parte del primer cuadro de la ciudad. La marcha comenzó a las nueve de la mañana en el Ángel, y para entonces ya estaba llegando un montonal de gente directamente al Zócalo y a distintos puntos a lo largo del recorrido. Alrededor de medio día, los contingentes tenían todo repleto, pletórico de algarabía: Reforma, desde Florencia hasta la glorieta de El Caballito, y desde ahí, a lo largo de toda la avenida Juárez hasta Eje Central Lázaro Cárdenas, enseguida Madero y varias calles paralelas —Tacuba, 5 de Mayo, 16 de septiembre, Carranza…— por las cuales las personas intentaban entrar al Zócalo, lleno desde mucho tiempo atrás. De acuerdo con el gobierno de la CDMX, participamos un millón doscientas mil hombres y mujeres. 

    Hace ocho años contaba que la marcha del 20 de noviembre no había sido una manifestación estudiantil, puesto que había participado una diversidad social enorme. “Claro, los contingentes de la UNAM, el Poli, la UAM y la UACM fueron protagónicos… Pero ahora sí los jóvenes no salieron solos: sindicatos y organizaciones civiles variopintas, parejas, niños, ancianos, oficinistas, empleados y comerciantes que se incorporaban…” Pues la del fin de semana pasado fue tremendamente más diversa: no sólo acudió el fiel contingente de ancianas y ancianos que tradicionalmente ha respaldado a AMLO, también muchísimos adultos, niños y, por fin, jóvenes, sobre todo jóvenes. Por lo demás, nunca había presenciado una muestra tan amplia de la riqueza cultural de nuestro país: la heterogeneidad atronaba: mexicanas y mexicanos procedentes de todos los estados. Estoy completamente seguro de que jamás en la historia nacional la capital de la República Mexicana había recibido a tantos grupos representantes de los pueblos originarios. Estuvieron acá y se pronunciaron políticamente. Hace ocho años, la mayoría éramos clasemedieros. En esta ocasión la pirámide social estuvo bien representada: había de todo, pero sobre todo gente pobre, porque así es México.

    — ¿Ustedes son de aquí? —nos preguntó una septuagenaria, en un alto que hicimos frente a Bellas Artes.

    — Sí, chilangos.

    — Yo vengo de Cancún. Llegué el jueves. Yo me pagué mi boleto de avión y estoy feliz.

    A esa hora, más de la una de la tarde, nosotros ya habíamos encontrado a mi amigo GX. Él también se acarreó solito desde Querétaro, en donde vive desde hace tiempo, rodeado de azules. Increíble: resultó que una amiga de la señora de Cancún había hecho negocios con él hace mucho, en Toluca:

    — Mira, también es chairo —le dijo a otra de sus acompañantes, después de saludarlo—. Ya decía yo desde entonces que era buena gente.

  • Entre marchas, ¡fuetazos!

    Entre marchas, ¡fuetazos!

    El sábado 22 de noviembre de 2022, la noche anterior a la marchita facha marchita del domingo 13, me animé a tuitear un juicio y un presagio: la reacción mexicana ha vuelto a cometer un error garrafal de estrategia: echó toda la carne al asador, y sean los que sean mañana… serán abrumadoramente superados en unos días. Y que conste: para entonces el presidente aún no había convocado a la marcha del 27.

    La marchita rosa del Ángel al monumento a la Revolución del domingo 13 fue, en efecto, la demostración más sobresaliente que la oposición ha logrado concretar en las calles. De eso no hay duda, pero justo ahí se erige su tragedia, la trampa que solitos se tendieron: evidenciaron que su máximo es mínimo. ¿¡Sólo para eso alcanzan juntos el PRI —el triásico, el de Alito y el de lo que queda del peñismo—, el PAN, la pandita que queda del PRD, el calderonismo-zavalismo, Fox, la cuna de logos y las asociaciones civiles que supuestamente comanda el señorito X y los empresarios que dizque todavía liderea De Hoyos, el singular grupo plural de Álvarez Icaza y Germán Martínez, lo que quede del liderazgo histórico de la maestra Gordillo, todas las alcaldías capitalinas de oposición, la capacidad de convocatoria de la prensa y los medios masivos tradicionales, la caterva de cómicos endiablados contra el actual gobierno, la intelectualidad círculorojiza y la academia abajofirmante, la opinocracia nostálgica de chayo y la artisteada caída en la desgracia de haber quedado fuera del presupuesto!?

    Ni llenar la plaza de la República consiguieron… Más allá de los exiguos contingentes, más allá de la cantidad que, como todos sus opinócratas adelantan desde ya, será contundentemente rebasada, hay que echarle un ojo a la calidad: abundan los testimonios que muestran que aquello no fue una manifestación en defensa del INE, mucho menos en defensa de la democracia, sino un acto de repudio de una persona, el presidente de la República, es decir, no fue más que un episodio pejefóbico, pues, en el que el racismo, el clasismo y el aspiracionismo salieron a tomar un rato el sol. Buena parte de los asistentes no tenía la menor idea acerca de qué se propone en la reforma electoral contra la que, según sus organizadores, se estaban manifestando.

    Hoy, un par de días antes del marchononón del domingo 27 suelto otro vaticinio: será jubilosa y formidable, histórica.

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    Más turbada que de costumbre, primero por la euforia bobalicona que se agenció el domingo 13 y luego por el amargo despertar que desde el lunes le propinó la realidad, encuerada, desesperada, sin argumentos e impotente, en su enésimo nado sincronizado, la oposición moralmente derrotada lleva un par de días tratando de establecer en el imaginario nacional una narrativa completamente desquiciada: “Entre más grande sea la marcha del próximo domingo 27 de septiembre, será mayor el fracaso de AMLO”. Ok, entonces, en 2024 la 4T “perderá” arrasando en las urnas.

    La argucia no es nueva Lo mismo dijeron el año pasado, cuando, de las 15 gobernaturas en disputa, Morena ganó 11, y el prianismo solamente dos —las otras dos fueron una para Movimiento Ciudadano y otra para el Verde—. ¿Se acuerdan? Ni tamaña contundencia fue suficiente para que el lánguido prianismo aceptara su derrota; no, salieron a tratar de convencerse y convencer que les había ido muy bien… ¡porque no había perdido todo!

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    A alguno de los creadores de frases fachas se le ocurrió la tontería de calificar la megamarcha del próximo domingo 27 como una “marcha de egos”. El propósito es vilipendiar el evento aduciendo que 1) sólo se trata de apapachar el ego del presidente —supuestamente herido por la marchita rosa— y 2) que la gente que apoyamos la 4T saldremos a la calle con el único fin de presumir fuerzas… Pues, vamos a ser un ejército de egos, miles, y bien contentos y contentas. ¿Será una respuesta la megamarcha del 27 a la marchita del 13? En la cabeza de la oposición. ¿En dónde están pues los problemas de egocentrismo?  Significativo: un cuate que usa como avatar una caricatura —¡y para colmo con el rostro cubierto!—, con 17 seguidores en su cuenta de Twitter, se atreve a llamar “andresito” —así, con minúscula— al presidente de la República, al señor electo democráticamente con la mayor cantidad de votos de la historia de este país.

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    Desde que el presidente López Obrador convocó a la marcha del 27, la derecha anda en modo de clarividente: ya saben, ¡y lo divulgan!, que tendrá proporciones colosales. Además, por supuesto, la sufren por adelantado. De rosados pasaron a rozados, y rozados precoces porque todavía no sucede y ya les arde horrores.

    En su afán por restarle legitimidad aún antes de que suceda, denuncian que todo será producto del acarreo y a cargo del erario. Aseguran que el gobierno federal obligará a la gente a participar. No podía ser de otra manera: el león piensa que todos son de su condición. Por mi parte, tanta acusación anticipada me puso a pensar y concluyo que sólo algo me impediría ir a la marcha/desfile/celebración/informe del próximo domingo: que alguien tratara de obligarme a asistir. Así que nos vemos en el Zócalo el próximo domingo, seguro.

  • Encuerados en Reforma

    Encuerados en Reforma

    Debo…, no debemos…: autor, editora y comunidad lectora de esta columna debemos agradecer a cuatro personajes que el texto de hoy pueda y tenga que ser muy breve. Obligan a la contundencia los testimonios de los señores Enrique de la Madrid Cordero, aspirante priísta a la candidatura de su partido a la Presidencia, y Santiago Creel Miranda, aspirante panista al mismo rol, pero de los azules. Las otras dos personas a quienes debemos dar las gracias son periodistas: Juan Becerra Acosta, quien entrevistó durante la marcha del domingo al hijo del expresidente Miguel de la Madrid, y Álvaro Delgado, quien hizo lo propio con el exsecretario de Gobernación de Vicente Fox.

    El riesgo es la democracia

    — ¿Cuál cree que sea el principal riesgo de la reforma que propone el presidente López Obrador en materia electoral? —cuestionó Becerra Acosta a De la Madrid junior, quien de miembro del gabinete de Peña Nieto pasó a pretendiente a gallo del tricolor.

    —  La parte más peligrosa son dos o tres. Una es este tema de desaparecer al INE, crear una nueva institución, el argumento de que la gente va a votar por ellos, la gente hoy en día es el gobierno, entonces quedarse con el árbitro. Lo mismo con el Poder Electoral [sic], lo que quieren es que los jueces los ponga el pueblo, el pueblo hoy en día es el gobierno, quedarse con los jueces.

    Leyó usted bien: al señor Enrique le parece un riesgo que actualmente en México la gente, el pueblo, sea el gobierno. O dicho en otras palabras: al cachorro —es un decir— del priísmo tecnócrata le angustia que hoy en día vivamos en una democracia.

    El robo del milenio

    La siguiente declaración la logró obtener, también el domingo pasado, el periodista Álvaro Delgado, a quien le tocó testimoniar como Santiago Creel se abrazó muy contento con Claudio X. González, para enseguida rubricar el acto con un gritito: “¡Sociedad civil y partidos políticos!”. Después de esto fue que Álvaro pudo entrevistar al actual presidente de la Cámara de Diputados. Advierto que hemos escuchado una cantidad descomunal de tonterías y acusaciones desquiciadas en contra del presidente de la República y su gobierno, pero esta que lanzó el panista al calor del apapacho con su líder merece un sitio especial. Después de avalar la presencia en la marcha de Alito, Roberto Madrazo, la maestra Elba Gordillo y otros de su estirpe —que porque están defendiendo la democracia—, muy seguro de sus palabras Creel denunció: “López Obrador quiere robarse el pueblo, quiere robarse la soberanía”. El político profesional y académico no entró en detalles, por lo que ya no pudimos enterarnos qué querrá hacer Andrés Manuel con 131 millones de personas —quizá llevarnos a su rancho y luego pedir rescate—, pero la imputación estaba hecha.

    En suma, el prianismo —alma de la marchita marchita del domingo— tiene claro que la agónica situación que está viviendo, ellos y toda la reacción, se debe a que, por fin, en este país tenemos un gobierno democrático —el pueblo hoy en día es el gobierno—, para colmo encabezado por un señor que quiere robarse el pueblo.

    Apenas el martes tuve oportunidad de participar en la 4TV dando mi opinión a botepronto sobre la marcha en contra de la reforma electoral. Concluí en los siguientes términos:  la marcha del domingo logró desenmascarar plenamente, sin lugar a dudas, el espíritu racista, clasista y antidemocrática de buena parte de la clase media mexicana aspiracionista. Por eso están tan enojados tantos: eso de que te encueren en Reforma…, pues está feo.

  • Apología del manifestante conservador o Loa al manifestante facho

    Apología del manifestante conservador o Loa al manifestante facho

    Lo más fácil es dejarse llevar por la justa indignación y mandarlos a todas y todos al cuerno… o más lejos, mucho más lejos. No digo que no se tengan bien ganado ese remoto destino. Tan es así, que de alguna manera allá andan ya y desde hace tiempo. Deportarlos a chiflar a Sumatra, en este sentido, es inútil. Enseguida, por sencillez, quizá convenga optar por la burla: mofarse de la oposición es parte de la vida pública cotidiana de este país. Con todo y que material sobra y reírse es muy sano, ya hemos alertado aquí sobre los riesgos dejarse llevar por la chacota. Así que, frente a los hombres y las mujeres que tienen decidido salir a marchar de rosita el próximo día 13, ¿qué postura conviene tomar? Opto yo por un camino casi kierkegaadiano. 

    Søren Kierkegaard escribió un libro (Works of love, 1847) en el que sostiene que el amor no tiene nada que ver ni con el amor romántico ni con el amor erótico (elskov), esto es, una pasión positiva dirigida a alguien especial, único. Por el contrario, el filósofo sostenía que el amor (kaerlighed), para ser verdadero, debe ser dirigido hacia todos…, bueno, hacia todos y todas y todes y todus y todis. No se refería a que uno tenga que andar de pizpireto, de ojoalegre o de chupamirto de flor en flor, no. Aseguraba que en asuntos de amor se tiene que agarrar parejo.

    Es más, pensaba que en principio el amor tiene que dirigirse hacia aquellos que no lo merecen: la gente fea, insoportable, irritante, equivocada, venal, desatinada, malintencionada, perversa o ridícula. Defendía la idea de que aprender a amar a la gente despreciable es lo más alto a lo que puede aspirar un humano. El verdadero humanismo, pensaba Kierkegaard, consiste en extender la compasión más allá de los límites de la atracción física, la simpatía, el acuerdo, y superar la repugnancia que imponen la arrogancia, la deshonestidad, el egoísmo, la envidia, la codicia, la crueldad, la furia, el odio, la violencia… Por supuesto, usted me dirá que esto es injusto. Lo es. De hecho, el existencialista danés lo acepta y argumenta que un mundo totalmente justo, en el que todos y cada uno recibiera exactamente lo que merece, sería un infierno. Por eso, en lugar del ideal de justicia, Kierkegaard propone el de la benevolencia: no demos a cada persona lo que merece, sino lo que necesita: bondad. Amar a quienes nos aman es fácil; amar a quienes no nos aman ya no lo es tanto, pero amar a quienes nos detestan es la prueba de fuego. Según él, pues, habría que amar sin discriminación: ambiciosos, pancistas —ojo, escribí pancistas, eh, no panistas—, derechosos, clasistas, racistas, fachos incluidos.

    Lamentablemente yo no puedo llegar a tanto, soy un ser demasiado imperfecto para aspirar al amor kierkegaadiano. En eso de amar a quienes nos caen mal, con los fachos nacionales no paso de que me caen muy mal. Eso sí, puedo intentar una apología, así que escribo esta oda al manifestante reaccionario, en la que ensalzo los arrestos que se necesitan para salir a marchar el día 13. Porque no cualquiera, eh.

    Para salir a marchar el próximo domingo es necesario haber pasado por un arduo proceso mental, al final del cual la realidad concreta te tenga sin el menor cuidado, de tal suerte que puedas moverte a tus anchas en un mundo alterno, una especie de Matrix, en donde tengas la certeza de que los consejeros electorales no son gente de carne y hueso sino el inmaculado INE, y de que el INE es la democracia. En ese universo paralelo no vas a marchar en contra de la reforma electoral que el presidente de la República —un señor electo electo democráticamente y con el respaldo actual de siete de cada diez ciudadanos— presentó al Poder Legislativo —integrado también democráticamente— para que la debata y en su caso promulgue, sino que vas a salir a la calle a defender al INE —es decir, en tu cabeza, a la democracia— del autoritarismo de López. En suma, quienes salgan a manifestarse el domingo lo harán seguros de que están defendiendo la democracia atacando a la democracia.

    Ayer Reporte Indigo presentó en su portada un resumen harto ilustrativo de cómo es que tienes que entender las cosas para poder superar todo sentido del ridículo y salir muy ufano y de rosita el domingo: “Mientras el gobierno federal aumenta el presupuesto para la entrega de apoyos sociales, por el otro lado aplica recortes a los recursos e impulsa reformas que buscan transformar la esencia de los órganos autónomos como el Instituto Nacional Electoral, aumentando la tensión política rumbo a los comicios tanto de 2023 como de 2024”.

    La claridad respecto a lo que vendrá en el futuro es indiscutible, claro: primero el 2023 y luego el 2024. Eso sí, vaya usted a saber qué diablos es eso de la esencia de los órganos autónomos y cómo es que eso se trastoca vía presupuestal… No importa, lo que importa es la conclusión que se presenta en mayúsculas, primero, en rosa y más chiquitas, “ELECCIONES AUSTERAS”, y en el siguiente renglón, con letrotas blancas: “Y POLITIZADAS”. ¡Horror! ¡Así no AMLO! ¡Cómo se atreve a querer instaurar en el país elecciones politizadas! 

    ¿Vieron? No cualquiera…

  • Datos matones

    Datos matones

    Ya en las postrimerías de la tarde, terminando una de esas dilatadas comidas familiares de domingo, ahora tan frecuentes porque el bicho lo permite, hace poco me ocurrió algo que seguramente ha sufrido más de uno… o una, pues. La plática de sobremesa ya había rebasado los linderos de lo ameno para volverse francamente desquiciante, luego de que el típico primo con ínfulas de fifí había pasado de las indirectas traperas a las muy directas… 

    — Y es que por culpa de López estamos peor que nunca —fue la aseveración que me colmó el plato.

    En casos así, me dirán, la prudencia dicta que lo mejor es decir buenas tardes, repartir besos y apapachos, reclamar el itacate de ocasión y salir de ahí cuanto antes; o tal vez intentar un olímpico giro temático, estratagema siempre fácil de ejecutar cuando uno conoce las profundidades del alma de su gente, y sabe de qué pies cojean y cuáles son los asuntos que realmente pueden prendarlos: 

    — ¿Y qué Pachuca por Toluca, Jaimito? –pude haber soltado, y sin duda alguna hubiera permitido que buena parte de los comensales tuviera ahora sí algo qué aportar a la tertulia y muchos chascarrillos que reciclar. Previsiblemente, después de los sarcásticos lamentos por la suerte del Club Toluca, la charla se habría encaminado a las burlas contra los americanistas ahí presentes, luego a los amores y odios que Memo Ochoa sigue despertando entre la afición y de ahí a Qatar… Risas, santa paz, y cómo no tía, le acepto otra cervecita…

    Pero no, ese día no atendí a Dear Produnce: — ¿Estamos? ¿Quiénes, Odilón? ¿En qué estamos peor que nunca?

    Los minutos siguientes los ocupa una escena que todos conocemos: enmarcada en un silencio sepulcral a cargo de los prudentes y de los y las que de política y de religión mejor no hablan, la respuesta consabida: — Sí, estamos, todos, ¡peor en todo!

    Segunda llamada de doña Prudencia: Ok, no capitules, pero mejor záfate del embrollo: — Uy, qué triste que todo esté peor, que todos estemos mal, ¡y yo sin darme cuenta, hombre! Bueno, tiíta Gertrudis, comimos como reyes, exquisito y abundante, y la compañía fue una delicia. Muchas gracias, nosotros nos vamos, eh… 

    Por supuesto, de nuevo, no atendí a la cordura… 

    — A ver, por favor danos un ejemplo. 

    Como era de esperarse, el pobre Odilón no pudo pasar de proferir imprecisas generalidades —“Nadie se siente seguro en este país”—, lugares comunes vacuos —“El señor ataca desde su púlpito mañanero a sus críticos”—, prejuicios —“¡Qué puede saber López de macroeconomía si ni habla inglés!”— y sobre todo, un batido de falsedades. Aquí debo acotar que creo firmemente que en la mayoría de los casos mi pariente no mintió, quiero decir, espetó afirmaciones que no son ciertas, sí, pero las soltó sin saberlo, al contrario, como muchos pejefóbicos y criticones por puro aspiracionismo —si estoy en contra del Peje me veo más fifí—, nada más repitió embustes que la mediósfera tradicional le ha metido en la cabeza, absolutamente convencido de que así son las cosas —aquí no tiene caso ejemplificar; ustedes saben a cuáles me refiero—.

    Lo que siguió entonces fue una andanada a cuenta y cargo de un servidor, un aluvioncito de datos matones. Ya saben:

    • No sólo no se ha devaluado nuestra moneda a treinta pesos por dólar, como amenazaba la derecha, sino que se mantiene fuerte, nada más y nada menos que como la tercera divisa más apreciada del mundo frente al dólar.
    • El peso mexicano se aprecia en el año 20% frente al won surcoreano, 25% frente al yen y 21% frente a la libra.
    • La percepción de la inseguridad pública es actualmente la más baja desde que se mide ese indicador.
    • Pese a la crisis económica internacional, la amenaza de recesión en Estados Unidos, la incertidumbre por la guerra en Ucrania y los exabruptos balísticos de Corea del Norte, la inversión extranjera directa y la confianza empresarial en México se mantienen.
    • Se anticipa un crecimiento de 7.5% en la producción de manufacturas.
    • En el segundo trimestre del 2022 el PIB turístico se expandió 19.3% frente al mismo periodo del 2021.
    • En el último trimestre, la economía creció 4.7% en su comparación anual, y el crecimiento para 2022 va a ser mucho más alto de lo que preveían todos los organismos internacionales.
    • La inflación en México es más baja que en Europa.
    • La pensión a los adultos mayores aumentará en 2023 en 25%
    • El homicidio doloso en la CDMX ha bajado 60%
    • En septiembre, estuvieron ocupadas 2.4 millones de personas más que en el mismo mes de 2021, y la tasa de desocupación sigue a la baja.
    • Nuestras exportaciones a Estados Unidos alcanzaron cifra récord en septiembre.

    En fin, jalé el gatillo y así lo mantuve un rato hasta que, seguramente por conmiseración, intercedió una prima… 

    — ¿Nadie quiere otro flancito? 

    Odilón ya no quiso… 

  • La chacota o el imperio de los resentidos

    La chacota o el imperio de los resentidos

    No se hagan, acéptenlo: la pretendida y patentemente fallida oposición entretiene. A la pobre derecha nomás nada le sale bien, pero, eso sí, ameniza, aporta todos los días material abundante y variadito para el solaz y la chacota. Sus políticos —es un decir— y jilguerillos mediáticos no se cansan de hacernos reír. Así que no hay que escatimarles el mérito. No pasa un día sin que la reacción de este país nos regale por lo menos alguna que otra sonrisita. Las carcajadas francas no faltan a lo largo de la semana. Sus desatinos, mentiras, yerros, prejuicios, olvidos y estruendosas insensateces provocan jolgorio y esparcimiento entre el respetable.

    El bloque conservador mexicano muestra en este punto una incuestionable semejanza con el megalómano y mega-anómalo Donald Trump: son una mina inagotable de sentido del humor involuntario. Incluso para quienes prefieren, en lugar de reírse de ellos, dejarse llevar por la indignación y el enojo, diariamente ofrecen motivos. La diversión por lo pronto está asegurada. La oposición divierte.

    No faltará quien sostenga que nada tiene de malo aprovechar ahora que tanto esparcimiento producen todavía. Por supuesto, nada es para siempre; de hecho, el vacío ideológico del prianismo y sus satélites naranja y amarillo está llegando cada vez más frecuentemente a un nivel de patetismo melodramático que comienza ya a provocar pena ajena. ¿Entonces? ¿A seguir mientras se pueda en la juerga y el sano cachondeo a costa de los conservas? No soy nadie para recomendar seriedad, pero ¡aguas!, hay un riesgo y no es menor.

    Diversión es también el nombre de una acción militar, la maniobra destinada a dirigir la atención del enemigo hacia un punto de menor importancia, para debilitarlo en la acción principal. Ni en mi más loco alucine pensaría que su humorismo involuntario es estrategia voluntaria, no, pero el efecto es el mismo. Tampoco hay que olvidar que un sinónimo de divertirse es distraerse, y distraer significa, además de entretener, “apartar la atención de alguien del objeto a que la aplicaba o a que debía aplicarla”. Divertir → distraer → despistar → descuidar… Andar distraído es andar en Babia.

    Ejemplos sobran. Uno: ¿cuál de estas dos informaciones tiene más potencial para la distracción? 

    a) El señor De la Madrid junior, quien aún no ha amarrado siquiera en el PRI la candidatura a la Presidencia, ya anda ofreciendo secretarías de Estado, entre otras, la de Gobernación a la desgobernada Lilly Téllez, del PAN. 

    b) La secretaria de Bienestar del gobierno federal, Ariadna Montiel Reyes, durante su comparecencia en el Senado de la República informó que durante el gobierno de AMLO en 1,627 municipios —esto es, dos tercios del total— se redujo la pobreza, y de ellos, 1,425 —57% del total—salieron de la pobreza extrema.

    No me van a negar que la primera información da pie a un montón de chanzas y ofrece una veta de enormes potencialidades para la burla, mientras que la segunda no sólo no tiene ni pizca de graciosa, sino que además exige determinados conocimientos y cierta reflexión para comprenderla. Luego, no se necesita ser un genio para saber qué nota será más comentada y tendrá más eco en el ágora. Chacota mata análisis.

    En su novela Antes de que hiele, Henning Mankell dice: “Vivimos bajo un diluvio de desinformación, de rumores y de muy pocas noticias decisivas”. Cierto, y en la primera información del ejemplo que acabo de plantear resulta evidente que el escritor sueco tiene razón. La ocurrencia del suspirante tricolor abre ricas posibilidades para la distracción:

    — Ahora que Claudia Ruiz Massieu le ofrezca a Enriquito la cancillería.

    • No, mejor Turismo, pa que repita.
    • ¡Y el Banco de México a su tío! ¡Ja, ja, ja!

    Pero más allá del cotorreo, ¿qué trascendencia tendrá el episodio?

    Como bien advierte Byung-Chul Han en su ensayo No-Cosas, “nos acostumbramos a percibir la realidad como una fuente de estímulos, de sorpresas…”, así que si la realidad no me aporta eso, fuegos artificiales y alboroto, no la atiendo, ¡qué aburrido! Desde luego, esta situación no es nueva. Recuerdo que hará unos treinta años un alumno de cierta universidad autónoma, muy decente él, pidió la palabra para pedirme:

    — Sería bueno que nos pusieras unas dinámicas para que la clase fuera más divertida.

    Con la paciencia que me caracteriza le respondí que yo acudía a esas aulas en calidad de docente, no de payaso, que lo que estaba tratando de armar era una cátedra no un circo, y que si él quería podía irse a su casa, prender la tele y divertirse de lo lindo. Eso sí, recuerdo que mi respuesta divirtió a muchos.

    Hoy día es incuestionable que los conservadores han apostado por el pastelazo y el vodevil para llamar la atención: ríanse de mí, ódienme, pero no me olviden, ténganme presente. Y lo han conseguido. Quizá en sí mismo no sea negativo para el bien público que uno se siga burlando de tanta estulticia…, siempre y cuando, claro, guardemos cabeza para atender lo importante, y lo importante es que este país está cambiando radicalmente. Ok, qué risa que los conservas estén ya repartiendo secretarías…, pero atendamos y difundamos informaciones decisivas. Por ejemplo, además de que la X. Galvéz va a meter ooooootra demanda, ¿sabías que de los 623 municipios indígenas que hay en México, casi siete de cada diez redujeron su situación de pobreza? Es sólo un ejemplo.

  • Derecha y bailada, ¡oh, posición!

    Derecha y bailada, ¡oh, posición!

    Durante estos últimos días ha resultado imposible abstraerse de los desfiguros que se han suscitado en el marco de lo que podríamos llamar —de nuevo, perdón, Gabo— “La increíble y triste historia de la cándida oposición y su factótum desalmado”. La cándida oposición no es otra que el muégano prianista con sus chipotitos perredista y emecista, o como los suele frasear AMLO: “el bloque conservador” —un bloque que quedó evidenciado de manera descarada el 17 de abril pasado, cuando así, en bloque, votaron muy ufanos en contra de la Reforma Eléctrica y luego, pendencieros, lo celebraron—. Y en cuanto al factótum, obvio, me refiero al propio Andrés Manuel, quien para la susodicha cándida oposición es la persona que desempeña todos los menesteres, quien se encarga de todo y quien se halla necesariamente en la explicación de fondo de cualquier cosa —sobre todo mala— que ocurra o no ocurra en este país.

    Que el presidente López Obrador haya presentado en la mañanera una lista en la que incluyó a los 42 posibles candidatos y candidatas de la cándida oposición a la Presidencia de la República surtió efecto: los puso a bailar al compás de ese son y los obligó a encuerarse.

    A la voz de ¡el que no se autodestape no sale en la foto!, el prianismo no ha escatimado esfuerzos para que un atajo de sus engallados polluelos saltará a la palestra a piar sus ganas y sueños guajiros. Así que, además de restarle atención y presión a la disputa por la candidatura al interior de Morena, la jugada del presidente sirvió para que la oposición saliera feliz a encuerar sus miserias. Ipso facto, las corcholatitas brincaron como él quiso, incluso, entre los primeros, quien dijo que a él no lo destapaban se confirmó enseguida destapado: “A mí ese destapador no me hace corcholata”, declaró según él muy ocurrente quien fue secretario de Economía de Peña, Ildefonso Guajardo, y a renglón seguido reconoció abiertamente que buscará ser el candidato del PRI a la presidencia de la República. ¡Plop! Y así como el regiomontano —un señor que jamás en su vida ha gobernado a nadie—, varios y varias se levantaron a bailar para confirmar sus aspiraciones —una formulita totalmente adecuada porque justo eso son, sus aspiraciones, y de ahí no pasan—.

    Por ejemplo, confirmó también la número tres de la lista, la socióloga Beatriz Paredes, priísta histórica —debutó como diputada hace la bagatela de 47 años—, quien por cierto forma parte del grupo de militantes, junto con Miguel Ángel Osorio Chong —otro suspirante considerado en la lista—, que no ha podido correr al que hasta el día de hoy tiene secuestrada la dirigencia del tricolor, el dos en la enumeración, el tal señor Alito. No sólo los tricolores reaccionaron: el exgober michoacano Silvano Aureoles, quien aparece con el número 41, aunque se dijo “de izquierda” y no conservador, no se conformó con corroborar su deseo de ser candidato —no dijo qué partido o partidos de izquierda abanderará—, sino que anda muy seguro afirmando en donde puede que ya es un hecho que en 2024 será presidente de México, sencillamente porque ya se vio como tal. En la misma línea de pensamiento mágico vuelto ideario político, desde ayer observo circular en redes una foto del señor De la Madrid Cordero con la leyenda “Siiii merezco” [sic, así, con muchas íes sin acento] “un presidente preparado”.

    Claro, no dicen preparado en qué. Vale recordar que el vástago del expresidente colimense no cuenta con experiencia alguna como gobernante, y como tecnócrata sus credenciales no son muy lucidas que digamos, porque a pesar de sus ojitos azules y del abolengo neoliberal que porta no puede presumir un solo PH degree. En cambio, el naranja Samuel García, otro más de los cándidos precandidatos, con todo y su atrabancada mocedad —nació en 1987, doce años después de que la señora Paredes se estrenara como legisladora en 1975, cuando el panista Diego Fernández, también uno de los 42 enlistados, tenía 46 años de edad— tiene tres doctorados. Apenas el martes otra aristócrata priísta, la peñista Claudia Ruiz Massieu, se declaró lista para contender por la candidatura de una pretendida coalición opositora. Si ella fuera su candidata, sería la primera vez que pelearía por un cargo de elección popular —ha sido senadora y diputada por la vía plurinominal—, al igual que Enrique de la Madrid, quien jamás ha ganado una elección.

    En cuanto a los panistas que se enumeran, no tiene mucho caso mencionarlos porque todos ellos difícilmente podrían destaparse dado que desde hace meses andan encuerados. Conviene sólo decir que ahora las y los azules de alcurnia tienen el lío de alcanzar en la carrera a la anomalía deslenguada que han permitido crecer desde el Senado, la señora Téllez. El mismo inconveniente que, ni modo, van a representar para los políticos de cepa del bloque conservador competir con figurones de la política nacional como Gustavo de Hoyos, Carlos Loret, Gilberto Lozano y Chumel Torres.

    Más que nominar a un posible candidato ganador, los partidos conservadores deberían preocuparse por encontrar a alguien que pueda aspirar con cierta lógica a alcanzar los sufragios necesarios para, al menos, no perder el registro.

  • El ardor en los tiempos de la cólera

    El ardor en los tiempos de la cólera

    Hace ya cuarenta años, más precisamente el jueves 21 de octubre en punto de la una de la tarde, en Estocolmo, Pierre Schori, por entonces viceministro de relaciones exteriores de Suecia, tomó el teléfono y marcó un número que comenzaba con la clave internacional 52. Casi a diez mil kilómetros al oeste, y 2,212 metros más arriba, un aparato repiqueteó del otro lado del Atlántico. Eran las seis de la mañana en el Distrito Federal, capital de la República Mexicana. Quien terminó por tomar la llamada estaba aún dormido, pero valió la pena despertarse: no recibió malas noticias. Unas horas más tarde, Abraham Zabludovsky entrevistaba al ganador del Premio Nobel de Literatura:

    — ¿Qué sintió en ese momento?

    — Todavía no he tenido tiempo de sentir nada —respondió Gabriel García Márquez—. Después vinieron tantas llamadas telefónicas que no he tenido tiempo de reflexionar muy bien. Necesito dos o tres minutos para reflexionar qué es lo que debo sentir.

    Me vino esto a la cabeza porque, en el transcurso de la mañanera del martes pasado, el presidente recordó a García Márquez: 

    — Todo el mundo habla de Cien años de soledad. Pero una vez le dije al Gabo… Estábamos platicando. Le digo, ¿quieres que te diga cuál es el libro que más me ha gustado que has escrito? Dice, yo te contesto: El amor en los tiempos del cólera. Sí, ese…

    Al día siguiente, viernes 22 de octubre de 1982, todos los diarios celebraban que el colombiano avecindado en nuestro país había sido galardonado con el Nobel y muchos daban cuenta de que se presentaría en la ceremonia de entrega vestido de guayabera, cosa que efectivamente cumpliría. La buena nueva destacaba en un mar de malas noticias. Por ejemplo, se informaba que al Jesús Silva Herzog y Carlos Tello, titulares de la secretaría de Hacienda y del Banco de México, respectivamente, estaban por volar a Washington para renegociar con el Fondo Monetario Internacional y los representantes de la banca internacional la reestructuración de la deuda externa de México.

    Un eufemismo: todo mundo entendía que regresarían con medidas de austeridad y tortura económica. La prensa también informaba que, a causa de la sequía y la proliferación de plagas, las pérdidas totales en el ciclo agrícola a nivel nacional iban a ser superiores al 26%. El peso se había devaluado de 22 a 70 pesos por dólar. La palabra omnipresente era crisis. Con todo, en los últimos estertores de su sexenio, López Portillo —un mes antes, durante su sexto informe, acababa de anunciar la expropiación de todos los bancos privados y el control completo de cambios—, todavía trataba de marear al país y salir bien librado del juicio de la historia: “Aturdidos por la crisis, por sus ruidos, por sus temores, hasta por sus histerias, debemos reflexionar tomando conciencia que la crisis no es saldo, sino realidad circunstancial”. Saldo o realidad, el ánimo estaba por los suelos. La tesitura anímica nacional abarcaba un limitado espectro que iba de un melodramatismo almibarado y ñoño a un dramatismo francamente truculento y, peor, sobradamente justificado.

    Actualmente el estado de ánimo que descuella en México es el de una especie de irritabilidad voluntaria: cunde una propensión a irritarse, y cunde porque mucha gente quiere sentir ira o al menos parecer que anda muy endiablada. Esto es particularmente evidente en una porción importante de la clase media. El mismo martes pasado, también durante la sesión de preguntas y respuestas de la mañanera, el presidente López Obrador explicó: “Hay muchos que ni siquiera son fifí, pero se sienten superiores, ¡y se enojan! No, tú eres aspiracionista…, ¿no? Estás en la lista, pero todavía no te toca… ¿Por qué tanto coraje? ¿De dónde viene ese odio, si no se les perjudica en nada? El racismo. Porque imagínense una formación racista, clasista, de repente cuestionada… ¡Cómo los nacos van a estar en el poder, los chintos! ¿Cómo el pueblo, la chusma…? Y es mucha molestia…”

    Ciertamente, estamos en tiempos de cólera. No de la enfermedad epidémica a la que se refiere la novela del Gabo —la cual, por cierto, no sería publicada sino hasta tres años después de que recibió el Nobel—, sino de cólera en tanto ira, enojo, enfado… Y está también, claro, el ardor —encendimiento, enardecimiento de los afectos y pasiones—.

    Lo malo es que ni juntos, ardor y cólera, por muy ingentes que sean, por muy feo que los sientan, alcanzan para conformar una postura política, una ideología, mucho menos un ideario. El mismo día que Andrés Manuel recordó El amor en los tiempos del cólera se presentó una nueva versión del mismo muégano de ardor y cólera que el señor Claudio X. ha tratado de conformar desde hace tiempo; ahora se llama Unidos, y al día siguiente, el nuevo agenciado, el senador Emilio Álvarez Icaza, en entrevista con Juan Becerra Acosta, descaró, seguramente sin darse cuenta, la absoluta vacuidad de su agrupación: “Sí, es una propuesta de oposición… No tenemos ahorita ni candidato ni propuesta específica…” Tal cual, de su ardor y cólera sólo obtienen un monosílabo: no. A eso se reducen.