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  • Albania se rebela contra el resort de los Kushner

    Albania se rebela contra el resort de los Kushner

    Más de 100 mil albaneses llevan 22 días en las calles para frenar un megaproyecto turístico vinculado a Jared Kushner e Ivanka Trump. La “Revolución del flamenco” ya desbordó la capital y llegó a las playas del sur.

    En la playa de Kakome, al sur de Albania, frente al mar Jónico, la indignación tomó forma concreta: decenas de ciudadanos derribaron casetas de vigilancia, muros y alambradas de espino. Esas estructuras las instaló en 2004 un oligarca local para apropiarse de la zona. Los manifestantes avanzaron con banderas albanesas al hombro y gritaban que esas tierras pertenecen a sus familias desde hace generaciones.

    La escena del domingo no fue un hecho aislado. Lo que comenzó como una disputa local contra el vallado de playas en la laguna de Vjosa-Narta —hogar de flamencos y otras aves protegidas— se transformó en una protesta masiva contra el gobierno socialista del primer ministro Edi Rama. Las movilizaciones en Tirana cumplen ya 22 días consecutivos y, según estimaciones de medios albaneses como Balkanweb, Politiko y Syri, al menos 100,000 personas colmaron el centro de la capital el sábado por la noche.

    El origen de todo está en un proyecto de hoteles, villas, apartamentos y una marina que se construiría sobre territorio protegido. El desarrollo tiene dos componentes: uno en la zona costera de la laguna de Narta, que es reserva de vida silvestre, y otro en la isla deshabitada de Sazan, antigua base militar de la era comunista. La inversión en la isla de Sazan se valora en 1,600 millones de dólares, mientras que Rama habló de un proyecto total de 4,000 millones de euros que incluye también la zona de Vlora.

    Detrás del negocio están Jared Kushner e Ivanka Trump, yerno e hija del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Ivanka contó cómo lo descubrieron: “Estábamos en el barco de un amigo y nos detuvimos para nadar. Básicamente, así fue como lo encontramos. Nadamos hasta la isla, subimos hasta la cima descalzos y quedamos completamente cautivados.” Esa anécdota encendió aún más los ánimos. Muchos albaneses se sintieron heridos al escuchar a alguien hablar de su tierra como si la hubiera descubierto por primera vez.

    El proyecto se levantaría sobre uno de los humedales más delicados del Adriático, refugio de focas monje mediterráneas, aves migratorias en peligro y otra fauna protegida. El abogado Dorian Matlija, que representa a varias organizaciones ambientales, argumenta que el terreno está protegido por tratados internacionales, incluida la red ecológica Natura 2000 de la Unión Europea.

    La Fiscalía especial anticorrupción de Albania ordenó además el embargo de bienes por valor de 128.3 millones de euros a la empresa Albanian Land Development LLC, vinculada a contratos de venta de tierras en la zona del proyecto.

    El primer ministro Rama no retrocedió. “No hay ninguna posibilidad de que esta inversión se detenga mientras yo esté aquí”, afirmó. A su juicio, el proyecto llevaría a Albania al mercado turístico de lujo. También acusó a activistas en el extranjero e incluso a Irán de estar detrás de las protestas, aunque Teherán lo negó.

    La ciudadanía no le creyó. “Creo que necesitamos un cambio grande ahora mismo, porque nuestro país no parece protegernos ni servir a su propio pueblo”, dijo Estela Ujka, una de las manifestantes en Tirana. Otro activista lo resumió de forma más directa: “No fue muy agradable escuchar a alguien hablar de nuestra propia tierra como si la hubiera descubierto apenas.”

    El movimiento surgió de forma espontánea y reúne a personas de distintas ideologías. Lo que los une es la sensación de que algo fundamental está mal en su país. La movilización trascendió ya las fronteras bajo el nombre de “Revolución del flamenco”, con albaneses en Grecia y otros países de Europa sumándose a las marchas.

    El antecedente de Serbia pesa. En noviembre pasado, el Parlamento serbio aprobó una ley especial para facilitar un complejo de lujo en Belgrado ligado también a Kushner. Un mes después, el fiscal serbio acusó a cuatro personas, incluido un ministro, de abuso de cargo y falsificación de documentos. Kushner terminó retirándose del proyecto.

  • Megaproyecto de Ivanka Trump y Jared Kushner desata protestas masivas en Albania

    Megaproyecto de Ivanka Trump y Jared Kushner desata protestas masivas en Albania

    Las inversiones por más de 5 mil 400 millones de euros en zonas ecológicas protegidas de Albania enfrentan denuncias ambientales e investigaciones por corrupción.

    La participación de la familia Trump en dos megaproyectos turísticos en Albania ha desatado una creciente crisis política, ambiental y diplomática en ese país balcánico. Las inversiones, vinculadas a Ivanka Trump, hija del presidente estadounidense Donald Trump, y Jared Kushner, esposo de esta, contemplan desarrollos inmobiliarios de lujo valorados en más de 5 mil 400 millones de euros en la isla de Sazan y en la zona protegida de Vjosa-Narta, una de las áreas ecológicas más importantes de la costa adriática.

    El proyecto incluye la construcción de hoteles, villas, apartamentos exclusivos y una marina turística en regiones consideradas estratégicas por su biodiversidad. Organizaciones ambientalistas denuncian que las obras amenazan ecosistemas sensibles y hábitats de especies protegidas, entre ellas los flamencos rosados que habitan la laguna de Vjosa-Narta. Las protestas se han multiplicado en Tirana y otras ciudades bajo el lema “Albania no está en venta”, convirtiendo al flamenco en símbolo de la resistencia contra el desarrollo inmobiliario.

    La controversia ha trascendido el ámbito ambiental y llegó hasta Bruselas. La Unión Europea advirtió que Albania debe cumplir estrictamente con las normas comunitarias de protección ambiental si pretende avanzar en su proceso de adhesión al bloque. La Comisión Europea expresó preocupación por posibles irregularidades en las evaluaciones de impacto ambiental y recordó que el cumplimiento de los estándares ecológicos es un requisito clave dentro de las negociaciones de ingreso.

    El primer ministro albanés, Edi Rama, ha defendido públicamente las inversiones al considerar que representan una oportunidad para impulsar el turismo de lujo y atraer capital extranjero. Sin embargo, sectores de oposición y organizaciones civiles cuestionan la transparencia del proceso y denuncian que amplias zonas costeras podrían quedar en manos de grandes inversionistas internacionales con escasos beneficios para las comunidades locales.

    La presión también aumentó por la apertura de investigaciones de la Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania sobre cambios legales y transferencias de propiedad relacionadas con los terrenos donde se desarrollarán los proyectos. Además, persisten disputas judiciales sobre la titularidad de algunas parcelas involucradas, lo que ha incrementado el escrutinio sobre las operaciones impulsadas por Affinity Partners, la firma de inversión fundada por Kushner.

    Mientras continúan las movilizaciones y la vigilancia de las autoridades europeas. Lo que comenzó como una apuesta turística impulsada por el entorno empresarial de la familia Trump ahora enfrenta cuestionamientos por posibles afectaciones ambientales, conflictos de interés y presuntas irregularidades en el manejo del territorio.

  • Albania le quema las manos a Kushner e Ivanka

    Albania le quema las manos a Kushner e Ivanka

    Miles de albaneses protestan contra un megaproyecto turístico de Jared Kushner en zonas costeras protegidas; fiscales anticorrupción ya investigan los cambios legales que lo hicieron posible

    Cada noche, miles de albaneses se plantan frente a la oficina del primer ministro Edi Rama en Tirana. Llevan fotos de Jared Kushner y de su esposa Ivanka Trump. El motivo es concreto: rechazan dos megaproyectos turísticos que Kushner planea construir en zonas costeras protegidas del Mediterráneo, y acusan al gobierno socialista de haberlos facilitado con cambios a la ley.

    Los números son enormes. Affinity Partners, el fondo de inversión de Kushner, tiene un acuerdo de mil 400 millones de dólares para desarrollar la isla deshabitada de Sazan. Otro contrato, por cuatro mil 700 millones, le abre el camino a los paisajes protegidos de Zvërnec. Kushner describió el proyecto al diario The Guardian como “un producto de lujo de muy alta gama” y el lugar ideal para estar con familia y amigos. Ivanka, por su parte, lo promovió en un podcast como “la culminación de toda mi experiencia en el sector inmobiliario”.

    El gobierno albanés aprobó el plan de Sazan en diciembre de 2024, días después de la reelección de Donald Trump, y le otorgó a Kushner el estatus de “inversor estratégico”. Eso le permite saltarse trámites y obtener aprobaciones más rápido. Los fiscales anticorrupción del país ya investigan los cambios legales de 2024 que facilitaron la construcción en terrenos ambientalmente protegidos.

    En Washington, la situación no es menos incómoda. La ley obliga a Kushner, quien sigue ostentando el título de enviado especial de paz en Oriente Medio, a presentar una declaración financiera. No lo ha hecho. No ha reportado ninguna de esas inversiones. El representante demócrata Jamie Raskin fue directo: “Kushner está literalmente en la nómina del gobierno saudí e intenta quedarse con aún más dinero mientras manipula la política exterior estadounidense”.

    La revista Mother Jones detalla esta semana que la presentación con la que Affinity buscó captar inversiones en 2021 era de apenas 20 diapositivas en blanco y negro. Personas que la vieron la describieron como algo que “nunca habían visto tan ridículo”. Aun así, el fondo logró atraer capital. El argumento central no era el talento de Kushner, sino su cercanía al poder.

    Arabia Saudí terminó siendo el principal respaldo financiero. Un informe de diligencia debida encargado por el reino concluyó que las operaciones de Affinity eran “insatisfactorias en todos los aspectos”. Aun así, el dinero llegó. Lo que convenció a los saudíes ocupaba las dos últimas diapositivas: una biografía de mil 200 palabras del propio Kushner.

    El primer ministro Rama no da marcha atrás. “No hay absolutamente ninguna posibilidad de que la inversión se detenga mientras yo esté aquí”, declaró. Los albaneses, mientras tanto, siguen en las calles. Eligieron al flamenco rosa como símbolo de su resistencia, un ave que habita las costas que el proyecto amenaza.