Etiqueta: Libertad de Expresión

  • ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL DERECHO A NO SER CONDENADO POR UNA MENTIRA

    ENTRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN Y EL DERECHO A NO SER CONDENADO POR UNA MENTIRA

    Hay algo que estamos normalizando en México y que merece una reflexión seria. Hoy basta una publicación en redes sociales, una fotografía fuera de contexto, un supuesto documento filtrado o una declaración frente a una cámara para que una persona pueda pasar, en cuestión de horas, de ciudadano a culpable ante la opinión pública. Después vienen las aclaraciones, los desmentidos y algunas veces hasta las disculpas, pero casi siempre llegan cuando el daño ya está hecho.

    Vivimos posiblemente uno de los mejores momentos de la historia para ejercer la libertad de expresión. Nunca habíamos tenido tantas herramientas para denunciar, investigar, cuestionar al poder y hacer pública una injusticia. Eso debemos defenderlo y conservarlo. El problema comienza cuando confundimos la libertad de expresión con una supuesta libertad para acusar sin asumir responsabilidad alguna por lo que se dice o publica.

    En días recientes vimos circular información relacionada con una supuesta orden de aprehensión contra el senador Adán Augusto López Hernández. Independientemente del personaje y del partido político al que pertenece, el episodio sirve perfectamente para observar la velocidad con la que funciona actualmente nuestro ecosistema informativo. Una versión aparece en algún sitio, alguien la reproduce, otros medios o cuentas la retoman y después llegan los encabezados, comentarios y publicaciones en redes sociales. En cuestión de horas miles de personas pueden estar discutiendo la culpabilidad de alguien sobre la base de información cuyo origen probablemente ni siquiera conocen.

    Y cuando finalmente aparece una aclaración, difícilmente consigue la misma difusión.

    Aquí existe una diferencia elemental que estamos comenzando a olvidar. Una denuncia no es una sentencia, una investigación tampoco representa una condena y la existencia de una carpeta de investigación no convierte automáticamente a una persona en delincuente. Mucho menos lo hace una publicación en Facebook, X, TikTok o cualquier otra plataforma. Sin embargo, hemos creado una especie de tribunal digital donde muchas veces primero dictamos sentencia y después nos preocupamos por conocer los hechos.

    Sería un error convertir esta discusión en otro enfrentamiento entre Morena, PAN, PRI o cualquier otro partido. Hoy puede tratarse de Adán Augusto López; mañana podría ser un senador de oposición, un gobernador, un empresario, un periodista, un médico, un maestro o cualquier ciudadano. El principio debería ser exactamente el mismo independientemente del nombre, posición económica o afiliación política de la persona involucrada.

    A lo largo de nuestra historia reciente hemos visto acusaciones públicas relacionadas con corrupción, fraude, abuso sexual, violación, narcotráfico, delincuencia organizada, terrorismo, robo y desfalco. Muchas terminaron comprobándose y quienes cometieron esos actos debieron responder ante la justicia. Otras nunca consiguieron acreditarse y algunas terminaron siendo completamente falsas. El problema es que cuando una acusación falsa consigue suficiente difusión, difícilmente la aclaración alcanza posteriormente a todas las personas que conocieron la primera versión.

    Una reputación puede tardar décadas en construirse y solamente unas horas en destruirse. Una acusación falsa puede provocar pérdida de clientes, contratos, empleos, amistades y oportunidades profesionales, además de afectar directamente a una familia. Meses o años después puede demostrarse que aquella información era incorrecta, pero para entonces las consecuencias económicas, personales y psicológicas pueden resultar prácticamente imposibles de revertir. El escándalo suele ocupar la primera plana; la aclaración, cuando existe, rara vez recibe el mismo espacio.

    Precisamente ahí existe una discusión jurídica y social que México debería tomarse mucho más en serio. La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha desarrollado criterios buscando un equilibrio entre dos derechos fundamentales: por un lado la libertad de expresión y, por otro, la protección del honor y la reputación. Ese equilibrio resulta indispensable porque cualquiera de los dos extremos puede ser peligroso.

    La solución definitivamente no puede consistir en que el gobierno determine qué información es verdadera y cuál es falsa. México necesita una prensa libre, incluso incómoda. Necesitamos periodistas investigando presidentes, gobernadores, senadores, alcaldes, empresarios, militares, policías, jueces y partidos políticos. Necesitamos medios capaces de publicar investigaciones aun cuando resulten incómodas para quienes tienen poder, y necesitamos instituciones capaces de proteger a quienes realizan ese trabajo.

    También debemos reconocer que existe una preocupación legítima por la utilización de procedimientos judiciales para intimidar periodistas. Una legislación mal diseñada podría terminar convirtiéndose en una herramienta perfecta para que alguien con poder económico o político amenace con demandas a cualquiera que pretenda investigarlo. Sería tan grave permitir la mentira deliberada como utilizar la justicia para impedir que alguien descubra una verdad incómoda.

    Por eso existe una distinción fundamental: equivocarse investigando no es lo mismo que mentir deliberadamente.

    Un periodista puede recibir información de una fuente que considera confiable, investigarla, contrastarla y publicar elementos que posteriormente resulten incorrectos. El periodismo no es una ciencia exacta y exigir infalibilidad sería prácticamente exigir silencio. Otra situación completamente distinta sería fabricar documentos, alterar información, inventar deliberadamente una acusación o presentar conscientemente como verdadero algo que se sabe falso con la finalidad de perjudicar a otra persona.

    Y esta responsabilidad no debería limitarse a los periodistas. Los políticos tendrían que someterse exactamente al mismo principio. Durante campañas electorales y enfrentamientos políticos escuchamos con enorme facilidad palabras como delincuente, corrupto, narcotraficante, criminal o ladrón. Algunas acusaciones pueden estar sustentadas y merecen investigarse; otras simplemente forman parte de una estrategia para destruir políticamente al adversario.

    La competencia electoral tampoco debería convertirse en una licencia para destruir reputaciones. Quien tenga conocimiento de un delito debe denunciarlo, quien posea documentos debe presentarlos y quien tenga elementos periodísticos debe investigarlos. Pero todos deberíamos recuperar la diferencia entre señalar una posible irregularidad, investigar los hechos, formular una acusación y declarar culpable a una persona. Son situaciones completamente distintas.

    Las redes sociales complicaron todavía más este fenómeno. Hace veinte años, para conseguir que una acusación alcanzara difusión nacional era necesario tener acceso a una televisora, una estación de radio o un periódico. Hoy cualquier persona con un teléfono puede publicar información que potencialmente alcance a millones de usuarios. Eso democratizó extraordinariamente la comunicación y constituye uno de los grandes avances de nuestra época, pero también democratizó la capacidad de destruir una reputación.

    Un ciudadano puede difundir un rumor desde su casa, un influencer convertirlo en tendencia y una cuenta anónima publicar un supuesto documento que miles de personas terminarán compartiendo sin preguntarse de dónde provino. La responsabilidad, por lo tanto, ya no puede considerarse exclusivamente un problema de los medios tradicionales. Es un asunto que involucra periodistas, políticos, funcionarios, empresarios, creadores de contenido y ciudadanos.

    Quizá por eso deberíamos hablar menos de censura y mucho más de responsabilidad.

    No necesitamos un ministerio de la verdad ni funcionarios revisando encabezados antes de que sean publicados. Mucho menos necesitamos periodistas solicitando permiso al gobierno para investigar. Lo que sí necesitamos es una cultura jurídica, política y periodística en la que la libertad tenga como compañera inseparable a la responsabilidad.

    México podría fortalecer los mecanismos de derecho de réplica y procurar que las aclaraciones tengan una relevancia razonablemente proporcional a la publicación que originó el daño. También resulta necesario que los mecanismos civiles relacionados con el daño moral funcionen correctamente cuando realmente pueda demostrarse una afectación, y que fabricar documentos o pruebas con la intención de incriminar públicamente a alguien tenga consecuencias conforme a derecho. Al mismo tiempo, las protecciones para periodistas deben ser suficientemente fuertes para impedir que políticos, empresarios o funcionarios conviertan una demanda en un instrumento de intimidación.

    Encontrar ese equilibrio no será sencillo, pero resulta indispensable.

    El periodismo no nació para ser cómodo. Un buen periodista debe preguntar, desconfiar, investigar, confrontar versiones y, cuando tenga elementos suficientes, publicar aunque al Presidente, al gobernador, al empresario o al partido político en turno no le guste. Eso forma parte esencial de una democracia.

    Pero investigar no es inventar, cuestionar no significa condenar y libertad de expresión tampoco debería significar inmunidad absoluta frente a una mentira deliberadamente fabricada para destruir a otra persona.

    Tenemos que proteger incluso las expresiones que nos incomodan y permitir que el periodismo llegue hasta donde tenga que llegar. El poder público debe permanecer permanentemente bajo escrutinio y ninguna legislación debería convertirse en un escudo para evitarlo. Pero una democracia tampoco debería aceptar que una mentira deliberada tenga licencia para destruir una reputación, un patrimonio, una familia o una vida.

    Ni censura ni persecución a periodistas, pero tampoco impunidad para quien deliberadamente fabrica una mentira y provoca con ella un daño.

    La libertad de expresión es demasiado importante para limitarla, pero también demasiado importante para utilizarla irresponsablemente.

    Tal vez por ahí deberíamos comenzar.

  • Alito Moreno cambia de discurso sobre la prensa

    Alito Moreno cambia de discurso sobre la prensa

    El senador plurinominal por el PRI publica un comunicado de apoyo a periodistas críticos. Su historial incluye una frase que propuso matarlos económicamente en lugar de usar violencia física.

    Alejandro “Alito” Moreno sacó este viernes un mensaje de solidaridad. Habla de libertad de expresión y ataca al gobierno de Claudia Sheinbaum. Dice que defiende a Carlos Loret de Mola, Ciro Gómez Leyva y otros comunicadores. Afirma que México vive un momento oscuro para el periodismo.

    Pero su propio pasado cuenta otra historia. En 2022 circuló un audio atribuido a él. Ahí se le escucha decir “a los periodistas no hay que matarlos a balazos, hay que matarlos de hambre”. Resulta mejor dejarlos sin sustento económico hasta que se rindan. La frase reveló una visión fría y calculada sobre quienes informan.

    Hoy presenta al gobierno de Morena como el único que intimida a la prensa. Olvida que él mismo generó rechazo por esa idea de matar de hambre a los reporteros. Organizaciones de periodistas y comunicadores lo criticaron con dureza en aquel momento. Él negó los audios y habló de montajes.

    Ahora firma un texto que pide respeto absoluto a la crítica. Habla de periodistas amenazados y asesinados. Señala que el poder actual destruye el país paso a paso. Sin embargo, muchos lectores recuerdan su antigua postura. Esa memoria debilita su mensaje actual.

    La contradicción resulta clara. Un político que alguna vez consideró asfixiar a la prensa ahora se erige como su protector. La gente que cubre noticias enfrenta riesgos reales cada día. Merecen coherencia de quienes ocupan cargos públicos.

    Faltan meses para la elección de 2027. Los electores observan estas posturas. La defensa de la libertad de expresión pierde fuerza cuando proviene de alguien con ese historial. Alito intenta limpiar su imagen, pero las palabras del pasado siguen presentes.

  • Los privilegios que se disfrazan de libertad de expresión

    Los privilegios que se disfrazan de libertad de expresión

    Hay un sector en México que solo cree en la libertad cuando le conviene. Es el de los grandes consorcios mediáticos que, durante décadas, confundieron un privilegio empresarial con un derecho humano.

    Bastó que se publicaran los nuevos lineamientos para proteger los derechos de las audiencias para que comenzara el espectáculo. Las mismas voces de siempre anunciaron la llegada de la dictadura. Hablaron de censura, de mordazas, de persecución y del supuesto fin de la libertad de expresión. Parecía que el Estado había prohibido el periodismo crítico, cuando en realidad se estaba hablando de algo mucho más sencillo: reconocer que quienes consumen radio y televisión también tienen derechos.

    La reacción fue tan exagerada como reveladora. Porque cuando alguien afirma que proteger a las audiencias equivale a censurar a los medios, en realidad está diciendo que cualquier límite a su poder le resulta intolerable.

    Durante años nos quisieron vender una idea bastante peculiar del derecho de las audiencias: “si no te gusta, cambia de canal”. Una respuesta tan cómoda como absurda.

    Siguiendo esa lógica, si una empresa vende alimentos contaminados bastaría con recomendar a la gente que compre en otro lado. Si un banco engaña a sus clientes, el problema sería de quienes firmaron el contrato. Si una farmacéutica miente sobre un medicamento, la solución sería dejar de comprarlo.

    No funciona así. Los derechos existen precisamente para equilibrar relaciones de poder.

    Las audiencias no son simples consumidores cautivos. Son personas con derecho a distinguir información de opinión, a saber cuándo un contenido es publicidad, a exigir mecanismos para presentar inconformidades y a esperar estándares mínimos de responsabilidad en los contenidos que reciben.

    Eso no elimina la libertad de expresión. La fortalece.

    Porque una democracia necesita medios críticos, sí, pero también necesita ciudadanos protegidos frente a prácticas engañosas.

    Resulta curioso que quienes hoy levantan la bandera de la libertad guardaran un silencio casi absoluto cuando durante décadas unos cuantos grupos empresariales concentraban buena parte de la radio y la televisión nacionales. Aquella concentración nunca les pareció un problema para el pluralismo. Tampoco parecían demasiado preocupados cuando los intereses comerciales definían qué temas merecían cobertura y cuáles desaparecían del debate público.

    No deja de sorprender que algunos editorialistas describan cualquier regulación como una agresión a la democracia, mientras en otros ámbitos defienden sin reparo la regulación de mercados, empresas o plataformas digitales. Parece que las reglas solo son aceptables cuando se aplican a otros.

    El fondo del debate nunca fue la libertad de expresión. Es el poder.

    Porque los derechos de las audiencias significan que los medios dejan de ser la única parte con voz. Significan reconocer que la ciudadanía no está obligada a aceptar pasivamente información confusa, publicidad disfrazada de noticia o contenidos que incumplen las obligaciones previstas en la ley.

    Y eso incomoda. No porque impida hacer periodismo. Sino porque reduce la idea, instalada durante años, de que un concesionario puede actuar sin responder ante nadie más que sus anunciantes.

    La libertad de expresión merece ser defendida siempre, especialmente frente al poder político. Pero precisamente por su importancia no debería utilizarse como escudo para rechazar cualquier discusión sobre responsabilidad, transparencia o derechos de las audiencias.

    Quizá esa sea la mayor ironía de toda esta polémica. Quienes hoy aseguran defender la libertad de expresión parecen mucho más preocupados por conservar sus viejos privilegios que por reconocer los derechos de quienes los escuchan, los ven y, al final del día, hacen posible su existencia: las audiencias.

    Redes sociales

  • FGE Veracruz señala al alcalde emecista Raúl González por homicidio de periodista Roxana Guzmán

    FGE Veracruz señala al alcalde emecista Raúl González por homicidio de periodista Roxana Guzmán

    El congreso estatal abrió el camino para revisar el desafuero del edil de Ixhuatlán del Sureste tras los señalamientos de la autoridad ministerial.

    La Fiscalía General del Estado de Veracruz señaló al alcalde de Ixhuatlán del Sureste, Raúl González Martínez, como presunto autor intelectual del secuestro y homicidio de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, por lo que solicitó iniciar un proceso de desafuero en su contra.

    El edil, quien llegó al cargo bajo las siglas de Movimiento Ciudadano, enfrenta ahora un procedimiento en el Congreso de Veracruz, luego de que los legisladores declararan procedente analizar la solicitud presentada por la Fiscalía. El expediente será revisado por comisiones antes de ser llevado al pleno.

    De acuerdo con la investigación ministerial, González Martínez habría ordenado la privación ilegal de la libertad y posterior asesinato de la comunicadora. La Fiscalía sostiene que el posible móvil estaría relacionado con una fotografía que la periodista presuntamente tenía en su poder, en la que aparecería el funcionario con un arma de fuego de alto poder.

    La autoridad estatal indicó que existen elementos para vincular al presidente municipal con los hechos, aunque hasta el momento no se han revelado públicamente todos los detalles de la carpeta de investigación ni las pruebas que sustentan el señalamiento.

    El caso generó impacto en Veracruz debido a la gravedad de las acusaciones contra un servidor público en funciones y por tratarse del homicidio de una periodista. Con el avance del proceso legislativo, el Congreso deberá determinar si retira la protección constitucional al alcalde para que pueda enfrentar las investigaciones correspondientes.

    Mientras tanto, Raúl González Martínez mantiene su calidad de servidor público, y será el Poder Legislativo estatal el encargado de definir los siguientes pasos dentro del procedimiento de desafuero.

  • Asesinan al periodista Francisco Leyva en Oaxaca; suman seis comunicadores asesinados en 2026

    Asesinan al periodista Francisco Leyva en Oaxaca; suman seis comunicadores asesinados en 2026

    La Fiscalía de Oaxaca informó que ya cuenta con evidencia videográfica para identificar a los responsables del homicidio ocurrido en San Pablo Etla.

    La violencia contra la prensa en México cobró una nueva víctima. Francisco Alejandro Leyva Aguilar, periodista oaxaqueño, fue asesinado este miércoles en el Fraccionamiento La Esmeralda, ubicado en el municipio de San Pablo Etla, Oaxaca. Con este crimen, ya suman seis periodistas asesinados en el país durante 2026, un hecho que vuelve a encender las alertas sobre la seguridad del gremio.

    La Fiscalía General del Estado de Oaxaca (FGEO) confirmó el homicidio mediante un comunicado en el que condenó los hechos y expresó su solidaridad con la familia del comunicador, así como con la comunidad periodística. La institución informó que desde el primer momento se desplegó un operativo de investigación para esclarecer el crimen y dar con los responsables.

    Como parte de las diligencias, personal especializado realizó el procesamiento de la escena del crimen, donde se recabaron indicios físicos y balísticos que serán incorporados a la carpeta de investigación. Además, la Fiscalía reveló que cuenta con evidencia videográfica considerada clave, la cual permitirá fortalecer las líneas de investigación y acelerar la identificación de los presuntos responsables del ataque.

    El asesinato de Francisco Alejandro Leyva Aguilar se suma a la lista de agresiones contra periodistas registradas en México durante este año. Organizaciones nacionales e internacionales han advertido en diversas ocasiones que la violencia contra comunicadores representa uno de los principales desafíos para la libertad de expresión y el ejercicio del periodismo en el país.

    Hasta el momento, las autoridades no han informado sobre personas detenidas ni han dado a conocer el posible móvil del crimen. La FGEO aseguró que continuará con las investigaciones hasta lograr el esclarecimiento de los hechos y llevar ante la justicia a quienes resulten responsables del asesinato del periodista oaxaqueño.

  • Manifestantes toman el Congreso de SLP y frenan sesión por la “Ley Serrano”

    Manifestantes toman el Congreso de SLP y frenan sesión por la “Ley Serrano”

    Más de un centenar de ciudadanos irrumpieron este martes en el Congreso de San Luis Potosí para exigir la derogación de una ley que, denuncian, se usa para encarcelar periodistas. Los diputados sesionaban a puerta cerrada cuando los manifestantes lograron entrar al recinto.

    Cerca de las 10:40 de la mañana de este martes, periodistas, taxistas, activistas y madres buscadoras forzaron su entrada al Congreso del Estado de San Luis Potosí. La sesión, programada desde las 10:00 horas para discutir la Reforma Electoral, quedó suspendida de inmediato.

    La movilización llegó con un reclamo concreto: la derogación de la llamada “Ley Serrano”. La reforma al Código Penal potosino fue impulsada por el diputado Héctor Serrano Cortés y penaliza el uso no autorizado de inteligencia artificial y la manipulación digital. Para quienes protestaron este martes, ese objetivo legal es una pantalla. En la práctica, acusan, la ley sirve para silenciar a quienes critican al gobierno del estado.

    La abogada Natalia Castillo encabezó la marcha. Ciudadanos y representantes de varios sectores dieron portazo en la sede legislativa, mientras los diputados se encontraban atrincherados en el salón del Pleno.

    El origen de esta disputa se remonta a octubre de 2025. En esa fecha comenzaron a circular videos en redes sociales donde presuntos integrantes de grupos criminales señalaban al gobernador Ricardo Gallardo Cardona de supuestos vínculos con el crimen organizado. El mandatario rechazó las acusaciones y aseguró que los materiales habían sido creados mediante inteligencia artificial.

    Semanas después, el 14 de noviembre, el Congreso de San Luis Potosí aprobó la reforma con 18 votos a favor de legisladores de Morena, PVEM, Nueva Alianza y el Partido del Trabajo; otros cuatro se abstuvieron y cinco votaron en contra.

    La ley entró en vigor y con ella llegaron las detenciones. Tres ciudadanos vinculados a portales periodísticos fueron detenidos bajo esta reforma, lo que despertó la alarma en el gremio periodístico. Dos de ellos, las reporteras Eréndira Reyes y Alejandra Hermosillo, quedaron en libertad condicionada en junio. El tercero, Cristian Herrera, permaneció detenido al cierre de las ediciones recientes.

    Organismos nacionales e internacionales reaccionaron con dureza. El Comité para la Protección de Periodistas, Reporteros Sin Fronteras, Fundar, Propuesta Cívica y la Red Nacional de Periodistas firmaron un pronunciamiento conjunto donde calificaron las detenciones como “una grave señal de deterioro democrático”.

    Artículo 19 advirtió que la “Ley Serrano” abría la puerta a la criminalización de actividades cotidianas en una sociedad digital, como la edición de contenidos, la crítica política y el uso de herramientas de inteligencia artificial para distintos fines.

    Desde el Mecanismo Federal de Protección a Periodistas, la consejera Verónica Espinosa Villegas fue más directa. Describió la reforma como “evidentemente dirigida a censurar e intimidar” y a generar “acoso ministerial y judicial” contra periodistas, activistas y organizaciones civiles que ejercen una postura crítica frente al gobierno.

    El diputado Serrano Cortés defiende su iniciativa. Asegura que el objetivo es tipificar la difusión de información falsa que genere crisis en la sociedad, y pone como ejemplo el video alterado que se hizo viral con acusaciones que, dice, eran irreales. Agrega que la libertad de expresión le parece “una de las libertades más sublimes que pueden existir”.

    El debate, que hoy detuvo físicamente al Poder Legislativo potosino, no tiene fecha de resolución. Los manifestantes exigen que los diputados tomen postura. Los legisladores, por su parte, quedaron encerrados en el salón del Pleno mientras afuera resonaba la exigencia de una prensa libre.

  • Reconoce Toluca a periodistas por décadas de servicio informativo

    Reconoce Toluca a periodistas por décadas de servicio informativo

    El alcalde de Toluca, Ricardo Moreno, entregó reconocimientos a 24 comunicadores con más de dos décadas de experiencia y destaca el papel d e una prensa libre, crítica y profesional en la vida democrática. 

    En el marco del Día de la Libertad de Expresión, el presidente municipal de Toluca, Ricardo Moreno, reconoció a 24 periodistas con más de 20 años de trayectoria profesional, destacando su contribución para mantener informada a la ciudadanía y fortalecer la vida democrática de la capital mexiquense. 

    Durante la conferencia La Toluqueña, el alcalde señaló que el periodismo implica compromiso, disciplina y responsabilidad con la verdad. Asimismo, reiteró que su administración mantendrá una relación institucional basada en la transparencia, el diálogo, la escucha y la rendición de cuentas.

    El edil subrayó la importancia de una prensa libre, crítica y profesional, al señalar que las y los comunicadores homenajeados han documentado momentos clave en la historia reciente de Toluca. Además, precisó que el reconocimiento se otorgó por su constancia y compromiso con el derecho ciudadano a la información, sin distinción de simpatías o coincidencias. 

  • “Ley Mordaza” de Ricardo Gallardo desata persecución contra periodistas en San Luis Potosí

    “Ley Mordaza” de Ricardo Gallardo desata persecución contra periodistas en San Luis Potosí

    Dos comunicadoras ya fueron encarceladas y al menos nueve periodistas, activistas y críticos del gobierno potosino aparecen en carpetas de investigación tras reformas impulsadas por el gobierno de Ricardo Gallardo.

    En San Luis Potosí, criticar al gobernador Ricardo Gallardo ya parece delito. Lo que comenzó con un video difundido en redes sociales —en el que supuestos integrantes del crimen organizado acusaban al mandatario del PVEM de tener vínculos con el CJNG— terminó convirtiéndose en una auténtica cacería contra periodistas, activistas y voces incómodas para el gobierno estatal.

    Luego de que Gallardo negara las acusaciones y asegurara que el video había sido creado con inteligencia artificial, el Congreso local, dominado por aliados del Partido Verde, aprobó en 2025 una polémica reforma al Código Penal conocida ya como la “Ley Serrano”. Bajo el argumento de combatir contenidos falsos generados con IA, la norma abrió la puerta para perseguir penalmente a comunicadores y críticos del gobierno. Y no tardaron en usarla.

    La semana pasada fueron detenidas Eréndira Reyes, administradora de la página San Wicho Times, y su hija Alejandra Hermosillo. Ambas permanecen en prisión preventiva acusadas de “uso indebido de inteligencia artificial”. Mientras tanto, otras nueve personas —entre periodistas, activistas y defensores de derechos humanos— aparecen señaladas en documentos filtrados de la Fiscalía estatal. Curiosamente, todos tienen algo en común: han cuestionado públicamente a Ricardo Gallardo y a su administración.

    Diversas organizaciones nacionales e internacionales ya encendieron las alarmas. El Comité para la Protección de los Periodistas calificó el caso como uno de los precedentes más peligrosos contra la libertad de expresión en México. Artículo 19 también denunció el uso del sistema penal como mecanismo de intimidación. Y es que mientras el gobernador insiste en victimizarse, en San Luis Potosí crece el miedo entre reporteros que ahora deben pensar dos veces antes de publicar información incómoda para el poder estatal.

    La polémica llega además en medio de las tensiones rumbo a las elecciones de 2027. Ricardo Gallardo enfrenta fuertes críticas por impulsar políticamente a su esposa, la senadora Ruth González Silva, como posible sucesora en el gobierno estatal, algo que contradice incluso el discurso nacional contra el nepotismo promovido por la presidenta Claudia Sheinbaum. Para muchos periodistas locales, el endurecimiento contra medios críticos forma parte de una estrategia para blindar políticamente al grupo que controla el estado.

    Mientras el gobierno potosino asegura que “no hay persecución”, las detenciones, las carpetas de investigación y las amenazas judiciales cuentan otra historia. En un país donde ejercer el periodismo ya implica riesgos por la violencia criminal, ahora también hay gobiernos locales que parecen decididos a utilizar las leyes como herramienta para silenciar críticas. Y en San Luis Potosí, Ricardo Gallardo está demostrando que la piel delgada puede convertirse rápidamente en política de Estado.

    Con información de Beatriz Guillén y Ernesto Núñez para El País.

  • Congelan bienes de Diario El Faro tras denunciar presuntos tratos de Bukele con pandilleros

    Congelan bienes de Diario El Faro tras denunciar presuntos tratos de Bukele con pandilleros

    El medio salvadoreño acusó al gobierno de Nayib Bukele de congelar bienes y cuentas bancarias de sus socios después de difundir un documental sobre supuestos acuerdos con grupos criminales.

    El reconocido diario digital El Faro denunció que el gobierno del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ordenó el congelamiento de bienes y cuentas vinculadas a socios del medio de comunicación, en lo que calificó como una represalia directa por sus investigaciones sobre presuntos acuerdos entre el mandatario y pandillas salvadoreñas.

    De acuerdo con el periódico, las medidas afectan una cuenta bancaria y un inmueble relacionados con accionistas de la empresa periodística. Aunque las autoridades argumentan una supuesta deuda fiscal, El Faro sostiene que la decisión ocurre poco después del estreno de un documental que profundiza en las denuncias sobre presuntos pactos entre el gobierno de Bukele y estructuras criminales para facilitar su llegada al poder en 2019.

    En un comunicado difundido por el medio, los periodistas señalaron que “la dictadura ha empezado a proceder contra los accionistas del medio”, acusando además al gobierno salvadoreño de utilizar instituciones del Estado para presionar y silenciar a voces críticas. Actualmente, parte del equipo editorial de El Faro trabaja desde el exilio tras denunciar hostigamiento y persecución política en El Salvador.

    El documental publicado recientemente por el medio retoma investigaciones sobre supuestos acuerdos entre funcionarios y pandillas, los cuales —según la publicación— habrían colapsado en 2022, dando paso a la llamada “guerra contra las pandillas” impulsada por Bukele bajo un régimen de excepción que continúa vigente. El presidente salvadoreño ha negado reiteradamente cualquier vínculo con grupos criminales y ha defendido su estrategia de seguridad como una de las más exitosas de América Latina.

    La ofensiva contra las pandillas ha derivado en la captura de más de 92 mil personas sin orden judicial, según cifras oficiales. Sin embargo, organizaciones internacionales y juristas han advertido sobre posibles violaciones a derechos humanos, detenciones arbitrarias y posibles crímenes de lesa humanidad en el marco del estado de excepción implementado por el gobierno salvadoreño.

    El Faro aseguró que el congelamiento de activos busca asfixiar financieramente al medio y limitar su trabajo periodístico. “El objetivo final es silenciarnos”, afirmó la redacción, que considera estas acciones como parte de una estrategia de concentración de poder y debilitamiento de la prensa independiente en El Salvador.