Querida Denise Dresser, leí tu columna de opinión titulada, “¡Sonrían, buscadoras!”. Y si, ya conocemos tu postura y francamente, tampoco sorprende el tono de tu opinión, para ti, si algo sale bien, es propaganda, si los mexicanos celebran, están manipulados y si el gobierno organiza un evento exitoso, entonces todo es un montaje para esconder la realidad. El guión es conocido y el desenlace también, para ti México es un país condenado al fracaso y leyéndote, da la impresión de que atribuyes a Claudia Sheinbaum prácticamente todos los males nacionales, como si la historia y las responsabilidades acumuladas de décadas comenzaran y terminaran con ella.
El dolor de las madres buscadoras merece respeto, empatía y el compromiso absoluto del Estado, ninguna celebración, ningún mundial y ningún triunfo deportivo pueden borrar la tragedia de más de 130 mil personas desaparecidas ni el sufrimiento de sus familias. Las madres buscadoras no son enemigas de México, ni aguafiestas, ni adversarias de nadie, son mujeres que han hecho lo que jamás debieron haber tenido que hacer, salir a buscar donde las instituciones fallaron.
Pero también es importante recordar que esta herida no nació con Claudia Sheinbaum ni con la Cuarta Transformación. Mucho de lo que hoy viven miles de familias es consecuencia de décadas de corrupción, impunidad y, en demasiados casos, de autoridades coludidas con el crimen organizado durante gobiernos del PRI y del PAN. Fue en esos años cuando las desapariciones se dispararon y cuando surgieron los primeros colectivos de madres buscadoras, obligadas a suplir las ausencias del Estado.
Por eso, reducir esta tragedia a una sola persona o insinuar que la presidenta se burla de las víctimas, resulta una interpretación más cercana a tu activismo político que al análisis equilibrado. La crítica es legítima, pero también lo es exigir contexto y memoria.
México es un país de profundas contradicciones, es verdad que puede haber una inauguración mundialista, desfiles y alegría popular, y al mismo tiempo familias viviendo una tragedia insoportable. Ambas realidades coexisten. Celebrar no es traicionar a quienes sufren, y protestar tampoco significa apostar contra México.
Por eso me parece un error plantear que quien expresa entusiasmo por un evento deportivo es insensible, o que quien levanta una fotografía de un desaparecido busca arruinar la fiesta. Ni una cosa ni la otra. México es suficientemente grande para abrazar la alegría y, al mismo tiempo, mirar de frente sus heridas.
Tampoco ayuda convertir cada declaración presidencial en una prueba definitiva de autoritarismo, ni utilizar el dolor de las víctimas como munición política. La indignación es legítima, pero la responsabilidad intelectual exige reconocer matices. El sufrimiento de más de 130 mil familias merece algo más que discursos incendiarios.
Dicho esto, tampoco comparto tu idea de reducir a México a una confrontación entre “el país de la fiesta y el país de las fosas”, porque así como ningún gobernante es dueño de la nación, ninguna columnista es propietaria del dolor de las víctimas.
Las madres buscadoras merecen ser cobijadas por todos, sin distinción política, merecen verdad, justicia y resultados, no convertirse en trofeos de una batalla ideológica. Merecen un país unido en torno a su causa y no una sociedad atrapada en trincheras partidistas.
La pregunta que ellas hacen desde hace años sigue siendo la misma y debería estar por encima de cualquier disputa. ¿Dónde están?
Y esa pregunta exige mucho más que columnas incendiarias, discursos partidistas o narrativas apocalípticas. Exige memoria, responsabilidad y un compromiso nacional que trascienda gobiernos, partidos y diferencias ideológicas.
Porque México no se honra ocultando sus heridas, pero tampoco negándose el derecho a la esperanza y las madres buscadoras merecen algo mejor que ser ignoradas por unos o utilizadas por otros. Merecen verdad, justicia y el abrazo solidario de toda la nación.
Les mando un abrazo fraterno.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.



















