La presidenta de México utiliza las memorias de Miguel de la Madrid para recordar que la dignidad nacional no es negociable ante las presiones externas.
La presidenta Claudia Sheinbaum envió hoy un mensaje contundente sobre la soberanía de México. Durante su conferencia matutina, la mandataria recordó que la relación con Estados Unidos requiere un respeto mutuo obligatorio. Para dar fuerza a su postura, Sheinbaum leyó pasajes del libro “Cambio de rumbo”, escrito por el expresidente Miguel de la Madrid.
Sheinbaum utilizó las palabras de De la Madrid para ilustrar una realidad histórica. El texto describe a los negociadores del país vecino como personas duras que buscan imponerse en lugar de dialogar. Según el fragmento citado, la sumisión ante estas actitudes solo provoca una mayor intromisión en los asuntos nacionales.
La mandataria comparó estos testimonios de los años ochenta con la situación actual. Mencionó específicamente la gestión del antiguo embajador John Gavin, conocido por su constante intervención en la política mexicana. De esta forma, la presidenta subrayó que estas tensiones no son un fenómeno nuevo.
Esta referencia histórica surge tras las recientes declaraciones del embajador actual, Ronald Johnson. El diplomático estadounidense afirmó en Sinaloa que la corrupción y la extorsión frenan las inversiones en México. Sheinbaum no dejó pasar estas palabras y defendió la integridad del país.
A pesar de las diferencias, la presidenta aseguró que busca una convivencia sana con el gobierno vecino. No obstante, aclaró que la diplomacia debe basarse en la igualdad. “México debe ser respetado por todo el mundo”, sentenció la mandataria ante los medios de comunicación.
El libro citado ofrece una visión detallada de la presidencia entre 1982 y 1988. Esta obra, publicada por el Fondo de Cultura Económica, analiza los retos que enfrentó México en esa década. Sheinbaum retomó estas reflexiones para inspirar una postura firme y serena frente a los desafíos actuales.
Al final del evento, la jefa del Ejecutivo insistió en que los embajadores deben cumplir su papel con ética. Aunque el camino sea difícil, el gobierno mantendrá su esfuerzo por mejorar la relación bilateral sin ceder la dignidad del pueblo mexicano.
La relación entre Televisa y el Partido Revolucionario Institucional (PRI) ha sido históricamente estrecha.
Y esos vínculos se agudizaron especialmente durante los años de la hegemonía priista.
A cambio de las concesiones y la protección gubernamental, la televisora se alineó incondicionalmente al régimen.
Televisa (y su antecesora, Telesistema Mexicano) se desarrolló con el apoyo del Estado, y sus fundadores, como Emilio Azcárraga Vidaurreta, mantuvieron lazos cercanos con los presidentes en turno.
Pero pongamos ejemplos:
El hijo del expresidente Miguel Alemán Valdés,Miguel Alemán Velasco, tenía cargos que articulaban la complicidad: vicepresidente de noticias de Telesistema Mexicano, responsable de imagen televisiva de la presidencia y un puesto en la secretaría de prensa y propaganda del PRI.
Pero pongamos casos muy concretos e información muy contundente para ilustrar la fusión de élites que pretendía llevar a cabo el PRI con Televisa.
Miguel Alemán Velasco, por órdenes presidenciales, se desempeñó como vicepresidente de Noticias de Telesistema Mexicano. Es decir, tenía el control editorial.
Alemán Velasco también fungía como Secretario de Prensa y Propaganda del PRI, lo cual le daba calidad de operador político partidista, pero también como estratega de Televisa.
Al mismo tiempo, el priista también era responsable de Imagen Televisiva de la Presidencia de la República. ¿O sea? Controlaba el manejo de la narrativa oficial, desde su oficina en Televisa.
Esta triada eliminaba la línea divisoria entre el medio, el partido y el gobierno, asegurando que la única voz dominante fuera la oficialista, un fenómeno que se extendió a lo largo de la hegemonía priista (1929-2000).
Esto propiciaba que la cobertura informativa tendiera a ser, obscenamente, favorable al PRI y al presidente, minimizando e ignorando las críticas y a la oposición.
De hecho, los noticieros se enfocaban en el culto a la personalidad del presidente en turno, presentando cada acción de la administración como un éxito inobjetable.
En los ochenta, cuando el PRI se tambaleaba entre crisis económicas y una naciente oposición, Televisa se puso la camiseta tricolor. Presidentes como Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría, José López Portillo, Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari fueron moldeados y defendidos por el aparato televisivo.
Los noticieros se transformaron en publirreportajes, los programas de comedia satirizaban a los opositores, y la narrativa oficial del progreso y la mano dura priista se transmitía a millones de hogares a diario. Fue el modelo de “televisión oficialista” perfeccionado.
No por nada, Televisa fue concebida y considerada, por muchas generaciones, como un “aparato ideológico del Estado”. Algunas voces críticas sostenían que la empresa de comunicación había sido un factor clave en la “tiranía invisible” que caracterizó al régimen priista.
El noticiero estelar (conducido por figuras como Jacobo Zabludovsky, Guillermo Ortega, Joaquín López-Dóriga, Carlos Loret de Mola) operaba como una oficina de prensa virtual, recibiendo la línea política directamente desde la Presidencia de la República.
Debido a su papel como principal difusor de información y constructor de imágenes, Televisa fue fundamental para el PRI en la promoción de todos los presidentes que gobernaron durante su hegemonía (1929-2000).
Ahora bien, el caso más citado fue el de Enrique Peña Nieto.
Es más, el regreso del PRI a Los Pinos en 2012 se considera la cumbre de esta alianza en la era moderna.
La imagen de este personaje fue construida y proyectada masivamente a través de Televisa.
La televisora le preparó, a modo, reportajes y entrevistas a modo, y menciones favorables. De hecho, su matrimonio con la actriz de la cadena, Angélica Rivera, tenía el objetivo de apuntalar su carrera.
Con la estrella de telenovelas, Televisa no solo le dio al candidato un rostro de galán, sino también una “primera dama” que el pueblo ya conocía y quería.
Y estas afirmaciones tienen sustento.
Cabe recordar que, en 2012, la publicación de documentos por el diario The Guardian reveló que una unidad secreta de Televisa había realizado videos para desacreditar a rivales del entonces candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y promocionar su imagen, especialmente desde su cargo como gobernador del Estado de México.
Es importante enfatizar que en los años 80 y 90, Televisa concentraba más del 70% de la audiencia televisiva nacional, siendo la principal o única fuente de información para millones de mexicanos, especialmente en zonas rurales o de bajos ingresos.
En México, un país con altos índices de analfabetismo, la televisión se consolidó como el medio de comunicación más potente e influyente, lo cual permitió al PRI y a Televisa moldear a su antojo las percepciones ciudadanas sin que existiera realmente un contrapeso mediático.
Una y otra vez, el periodismo mexicano fue herido de muerte en los estudios de San Ángel y Chapultepec. Y justo esta deleznable complicidad corporativa (que se dedicaba a escribir los guiones y los libretos) fue la que garantizó la dictadura perfecta. Pero hoy, tramposa y convenientemente, quiere olvidarlo Televisa.
A las 7:19 de la mañana del 19 de septiembre de 1985, México se estremeció con una fuerza descomunal. El reloj marcaba apenas el inicio de la jornada laboral cuando un sismo de magnitud 8.1, con epicentro en el Océano Pacífico frente a Lázaro Cárdenas, Michoacán, cimbró la capital y buena parte del país durante dos eternos minutos. Dos minutos bastaron para cambiarlo todo.
El centro de la Ciudad de México quedó reducido a polvo. Hospitales colapsados, edificios de oficinas partidos en dos, viviendas convertidas en montones de concreto. La cifra oficial de defunciones fue de 3 mil 192, pero las voces de las calles hablaban de 10 mil o hasta 20 mil fallecidos, una herida que aún hoy no cicatriza del todo. La Cruz Roja Mexicana reconoció que el número de víctimas superó con creces las cifras oficiales.
En medio de la devastación, la ausencia del Estado fue dolorosa. El presidente Miguel de la Madrid tardó tres días en dirigirse a la nación y su primer recorrido por las zonas afectadas ocurrió casi nueve horas después del desastre. La indignación popular marcó una ruptura entre la sociedad y el gobierno. Meses más tarde, durante la inauguración del Mundial de 1986, el mandatario fue recibido con abucheos.
Pero en ese vacío surgió la solidaridad ciudadana. Fueron los vecinos, los estudiantes, los trabajadores, quienes formaron brigadas de rescate improvisadas, quienes se lanzaron con palas y manos desnudas a remover los escombros. Ese espíritu de unidad fue la semilla de algo más grande: México entendió que debía aprender a sobrevivir al poder de la tierra.
De aquella tragedia nació la Protección Civil como eje rector de la prevención y respuesta a emergencias. Dos años después, se publicó el Nuevo Reglamento de Construcción, que endureció las normas para autorizar edificaciones, supervisar materiales y garantizar estructuras resistentes. La práctica de levantar edificios de concreto armado sin supervisión quedó atrás; ahora, torres como la Reforma Latino se erigen con vigas de acero y bloques reforzados.
Los estudios geofísicos también dieron claridad: la Ciudad de México está edificada sobre tres tipos de suelo —lomas rocosas, zonas de transición y antiguos lechos de lago como los de Texcoco, Xochimilco o Tláhuac—, y cada uno responde distinto a un movimiento telúrico. Ese conocimiento, antes ignorado, es hoy un pilar en la planeación urbana.
El recuerdo volvió a estremecer al país el 19 de septiembre de 2017, cuando otro sismo, esta vez de 7.1 grados, golpeó la capital. La diferencia estuvo en que los protocolos de evacuación, los simulacros y las normas de construcción implementadas tras 1985 evitaron una tragedia aún mayor. México había aprendido.
En este proceso también destacan figuras políticas que, desde distintas trincheras, han marcado el rumbo. Andrés Manuel López Obrador, entonces dirigente opositor y más tarde presidente, impulsó la crítica al abandono oficial de 1985 y defendió la organización comunitaria como motor de resiliencia. Ya en el poder, reforzó la visión de que la prevención debía ser parte esencial de la seguridad nacional. Por su parte, la actual Presidenta Claudia Sheinbaum, científica formada en estudios de energía y medio ambiente, ha colocado la gestión de riesgos y la preparación ante desastres como prioridad en la agenda pública, consolidando a la protección civil como política de Estado.
Hoy, a 40 años de aquel amanecer oscuro, el país recuerda a sus muertos, pero también celebra la vida de quienes resistieron y ayudaron. La lección permanece: los sismos no se pueden predecir, pero sí podemos prepararnos, organizarnos y actuar juntos. Porque México, como en 1985, sabe que aunque la tierra tiemble, la solidaridad no se derrumba.
Enrique Octavio de la Madrid Cordero, creador de la infame propuesta “adopta un mexicano”, irónicamente ha acusado en redes sociales que AMLO impondrá al candidato de Morena, dando a entender que en la derecha saben que han perdido el 2024 pero dejando ver también su ignorancia sobre el proceso interno de Morena, en donde será por vez primera que el pueblo elija quien será un candidato o candidata a la presidencia.
“Mexico requiere un gobierno de gente capaz, no de una corcholata impuesta en un proceso ilegal y con el agrado de una sola persona. Los mexicanos merecemos oportunidades de lograr nuestras metas, de vivir en paz y de alcanzar”, se lamentó el hijo de Miguel de la Madrid, presidente priista de México entre 1982 a 1899.
Afortunadamente Luis Ramírez, usuario de la popular red social, le explicó que es el “dedazo”, método predilecto de su partido para imponer candidatos a la sucesión, cuando tuvieron el poder.
Hagamos que el junior tenga algo de memoria histórica: El "dedazo" priista era un proceso en el cual el presidente en funciones tenía una gran influencia en la selección del candidato presidencial del PRI, aunque “oficialmente” era el resultado de un consenso entre las diversas…
“Hagamos que el junior tenga algo de memoria histórica: El “dedazo” priista era un proceso en el cual el presidente en funciones tenía una gran influencia en la selección del candidato presidencial del PRI, aunque “oficialmente” era el resultado de un consenso entre las diversas facciones del partido, en la práctica el presidente tenía un papel preponderante en la designación”.
Aclaró
Rámirez, también tuvo la paciencia para explicarle a de la Madrid que Morena tiene una amplia ventaja según diversos estudios, y no importa si López Hernández, Sheinbaum Pardo o Ebrard Casaubón, ganan la candidatura, vencerán sin problemas a quien elija el magnate Claudio X. González Guajardo.
En tono menos dialogado pero no menos contundente, Gustavo Rocha le recordó a Enrique de la Madrid que su padre fue elegido candidato por dedazo de José López Portillo.
Aaajajajajajajajajajaj este Jr. P3ND3JO y bueno para nada es la cúspide del cinismo, wey, eres el hijo de un HIJO DE PVTA que fue elegido por dedazo del que estaba antes que él
— Gustavo Rocha Regio. (@GustavoRocMtz) June 13, 2023
Claro Carlet aseguró que no debe haber ningún otro de la Madrid en la presidencia, rememorando que Miguel comenzó con el neoliberalismo en México, variante del capitalismo que solo trajo desigualdad y pobreza, sumado a otros escándalos, como cuando rechazó ayuda internacional tras el devastador terremoto del 19 de septiembre de 1985.
Al entonces presidente Ernesto Zedillo no le tembló la mano para cerrar el 1 de enero de 1995 y durante un mes la Suprema Corte de Justicia de la Nación y, mediante la figura de jubilación inmediata, separar de su cargo a sus 26 ministros.
Este evento sucedió en 26 días: el primer día el mandatario firmó la iniciativa y promulgó las reformas a 20 artículos constitucionales aprobadas por senadores, diputados y la mayoría de los congresos locales, cuya génesis tomó 52 días (del 5 de diciembre de 1994 al 26 de enero de 1995).
En ese entonces no se escucharon las expresiones corrupción, tráfico de influencias, compadrazgos, plagio de tesis, liberación judicial de cuentas bloqueadas a narcotraficantes y sus cómplices, o algo por el estilo. El argumento formal fue: es una respuesta a la exigencia ciudadana de una mejor impartición de justicia. La interpretación generalizada fue: Zedillo no quiere una Corte integrada por ministros nombrados por los expresidentes Miguel de la Madrid y Carlos Salinas de Gortari.
Los medios de comunicación ni siquiera se interesaron en la tremenda situación. Había otros temas que convulsionaban al país: la economía colapsaba por el llamado “error de diciembre” que ocasionó devaluaciones y fuga de capitales, atribuidas a que el fugaz secretario de Hacienda, Jaime Serra Puche, compartió información estratégica. También, a la vigencia del EZLN y la cercana revelación de la identidad del subcomandante Marcos.
Zedillo había sido electo presidente el 21 de agosto, postulado por el PRI después del asesinato del candidato Luis Donaldo Colosio, en marzo de ese año. Ese partido tenía la mayoría en la Cámara de Diputados y en el Senado. La oposición de izquierda representada por el PRD y el PT era poco determinante; en las votaciones sobre la reforma al Poder Judicial, el PAN fue de la mano con el PRI.
El periodista Froylán López Narváez acuñó entonces el vocablo PRIAN.La reforma al Poder Judicial incluyó la reducción de 26 a 11 el número de ministros integrantes de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, incluyendo su presidente. Creación del Consejo de la Judicatura, incorporación de nuevos recursos como la controversia constitucional y acciones de inconstitucionalidad, jubilación inmediata de los 26 ministros y, establece un límite de 15 años para ocupar el cargo que antes era vitalicio.