La agrupación golpeadora de la 4T disfrazada de asociación civil “Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI)” fue nuevamente tema porque se exhibió que reciben dinero del gobierno de Estados Unidos para hacer política contra el gobierno federal. Aunque no es nada raro que pase eso, si es importante hablemos un poco al respecto y lo denunciemos.
El señor X y Casar
Claudio X. González es el mayor representante de la oposición de derecha en México, aglutinó en un mismo frente a los partidos decadentes y siempre se ha caracterizado por ser un fiel detractor de gobiernos populares, es decir, es una persona antiderechos.
María Amparo Casar es una mujer que se ha enriquecido fraudulentamente y que su mayor motivación se dio durante la jefatura de gobierno del entonces Distrito Federal de AMLO donde se le negaba una pensión de su ex pareja la cual ya no le debía de corresponder legalmente, incluso se sospechaba hasta de crímenes de ella contra esa persona que lo podrían haber privado de su vida en ese momento. Desde entonces se declaró defensora de la minoría y acérrima enemiga de la transformación.
Ambos perfiles como vemos son unas fichitas del poder conservador, representan fielmente a esa minoría rapaz. Tienen en común liderar y estar detrás de la asociación civil MCCI. Por lo tanto, hay un claro interés del proceder de ese grupo que disfraza su golpeteo.
Intervencionismo gringo
A eso le agregamos que la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) demostró que la embajada de los Estados Unidos otorgó más de 96 millones de pesos a MCCI para que realizarán sus actividades de agosto 2018 hasta la fecha.
Ese financiamiento podríamos pensar es desinteresado, sin embargo, los gobiernos de EUA los han utilizado históricamente para disfrazar su intervencionismo en todos los países del mundo. Ya que esas asociaciones tienen la función de desestabilizar gobiernos populares de izquierda, en muchas ocasiones lo han logrado.
Privilegios y corrupción
MCCI en la práctica solo ha defendido a la corrupción de unos cuantos, sus supuestas investigaciones siempre van dirigidas contra los gobiernos de la 4T y suelen ser infundadas o no concluyentes. Además, su práctica de litigios ha ido orientado a detener las mega obras de gobierno federal, los han ido perdiendo poco a poco.
Su práctica selectiva es muy marcada, jamás hablan de la corrupción de grandes empresarios en nuestro país ni de gobiernos o integrantes de la oposición de derecha en México. Por lo tanto, no tienen credibilidad cuando hablan de que son objetivos e imparciales.
Así que es necesario se denuncie ese intervencionismo gringo en nuestro país a través de estas organizaciones, no queremos que decidan por nosotras y por nosotros, México ha cambiado y la transformación la hacemos las mayorías, que lo escuche bien el gobierno gringo y la minoría del MCCI.
El pasado domingo 18 de agosto, los historiadores Pedro Salmerón Sanginés, Alexandra Rodríguez Medina y Héctor Strobel presentaron en la 35° Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, un libro titulado Resistir es vencer. Historia de la Intervención francesa. 1862-1867, escrito por el doctor Strobel y editado por Grano de Sal.
Con respecto al título, pudo ser tomado de una proclama escrita por Víctor Hugo, autor de Nuestra Señora de París y Los Miserables, quien desde su exilio el Bélgica, expresó su solidaridad con el pueblo mexicano después que el emperador Napoleón III enviara tropas francesas a México para cumplir sus ambiciones imperialistas en el continente americano. Esta dice lo siguiente: “¡Mexicanos! Tenéis la razón y yo estoy con vosotros. Podéis contar con mi apoyo.
Y habéis de saber que no es Francia quien os hace la guerra, es el Imperio. Estoy de veras con vosotros porque todos estamos frente al Imperio; vosotros en México y yo en Europa. Vosotros en la patria y yo en el destierro. Combatid, luchad, sed terribles y si creéis que mi nombre vale para algo, servíos de él. ¡Apuntad a ese hombre en la cabeza y que la bala que lo mate, sea vuestra libertad! ¡Valientes hombres de México! Resistid a la perfidia y a la traición. Y si lo hacéis, venceréis. Pero sabed que vencedores o vencidos, Francia será siempre vuestra hermana, hermana en vuestra gloria como en vuestra desgracia. Yo por mi parte, envió a los vencedores mexicanos, mi fraternidad de ciudadano libre; y si vencidos, mi fraternidad de proscrito”. No obstante, Salmerón sugiere que el título fue tomado de una frase de Juan Negrín, el último presidente de la república española, que argumentó: “Aunque vayamos perdiendo terreno, hombres, ejército, ciudades. Mientras no nos rindamos, con ello venceremos”.
¿Por qué es importante un libro sobre la Segunda Intervención francesa en México? Héctor Manuel Strobel del Moral es doctor en historia por el Colegio de México, investigador posdoctoral del Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM e investigador nacional nivel 1 del Sistema Nacional de Investigadores (SNI). Está especializado en historia militar, social y política de la Reforma liberal y de la intervención francesa en México. En el 2021 se le entregó de forma compartida el premio Gastón García Cantú por “El ejército liberal durante la revolución de Ayutla y la Reforma, 1854-1861”. También es autor de obras como El ejército liberal en la Reforma. Guardia nacional, fuerzas militares y movilización popular, 1854-1861 y El ejército liberal en la Reforma y Xalapa durante la intervención.
Esta obra es el resultado de una minuciosa investigación de varios archivos en México, Francia y Estados Unidos, en la que realiza una historia general muy necesaria de la confrontación de dos fuerzas militares desiguales, el ejército mexicano y el ejército francés. Va más allá de estudiar las batallas, a los soldados y el choque de los ejércitos; estudia el género, a la sociedad, la economía y todo lo que tiene que ver con la guerra. De modo que se beneficia la metodología y el enfoque de la nueva historia militar, el enfoque historiográfico que consiste en examinar cualquier conflicto bélico desde una amplia perspectiva.
En particular, Strobel analiza la leva, es decir, el reclutamiento forzoso como una forma violenta de formar a los ejércitos en México. Los militares tomaban mediante la leva a personas en situación vulnerables (indígenas, vagabundos, marginados y personas consideradas “inútiles”) incapaces de hacer presión para liberarse. Los hombres reclutados a la fuerza tanto por los liberales como los conservadores, eran controlados con disciplina severa y crueles mecanismos de dominación para evitar la deserción, como castigos, encierros, amenazas de muerte, ataduras de manos, vigilancia continua o fusilamientos. Considerada como uno de los mayores males estructurales de México, no solamente por arrastrar problemas poscoloniales de clase, de etnia, sino porque las fuerzas armadas formadas por este medio, que debían garantizar la seguridad nacional, acababan integrándose con personas que no deseaban pelear y usaban las armas en contra de la población civil.
La intervención francesa (1862-1867) es uno de los periodos más importantes de la historia de México, no sólo en las conmemoraciones oficiales, los planes educativos y la construcción del nacionalismo mexicano. Sino porque es el primer momento en el que México derrotó a sus enemigos y empieza a destacar como nación independiente en busca de un sólido aparato legal. Resistir es vencer nos ayuda a comprender cómo Juárez entendió la invasión francesa y sobre todo cómo resistió la guerra. Con cuatrocientas treinta y una páginas, es una lectura que se pronuncia en contra de la historia de bronce y apasionante en la que es imposible dejar de leer y lo involucran a uno en el tema. En palabras del Dr. Lorenzo Meyer “resulta de mucha utilidad para meternos de lleno en la muy violenta forja de las primeras etapas de la construcción de un Estado mexicano viable”.
BIBLIOGRAFÍA
Strobel, Héctor, Resistir es vencer. Historia militar de la intervención francesa. 1862-1867, primera edición, México, Grano de Sal-Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, 2024, 413 p.
¿Qué tienen en común los personajes que encabezan esta columna? ¿Sus ideas? Quizá podríamos relacionar a los últimos por sus causas socialistas; sin embargo, el primero de ellos rompe con esta similitud. Mientras que Francisco I. Madero fue un liberal y sus causas no iban más allá de la búsqueda de la democracia para su país, Salvador Allende y el movimiento iniciado por Chávez, ahora encabezado por Nicolás Maduro, tienen como bandera la construcción de un estado socialista.
Lo que realmente tienen en común estos personajes (reduciendo por cuestiones prácticas los movimientos a sus líderes) es que, en su momento, representaron un cambio en los paradigmas y lógicas burocráticas de sus naciones. Mientras Francisco I. Madero inició una revolución que transformó a México y, durante su gobierno, otorgó más libertades al pueblo, Allende llegó al poder por la vía pacífica y comenzó a implementar políticas sociales que ofrecían mayores oportunidades a los chilenos. En el caso más reciente, Chávez —como Allende— llegó al Palacio de Miraflores por la vía electoral y, ya en el poder, comenzó a implementar políticas que beneficiaban a las mayorías, un legado que ha continuado Maduro tras su ascenso al poder.
Como hemos mencionado, los tres movimientos rompieron con el status quo de sus respectivos países y lograron grandes cambios; no obstante, cuando ocurre un giro significativo, aquellos que se beneficiaban del régimen moribundo suelen iniciar una resistencia para preservar sus privilegios (los “conservadores”). Esto también implica que los personajes mencionados no solo comparten la ruptura del orden establecido, sino que, naturalmente, también ostentan en común el haber generado una feroz resistencia conservadora. Sin embargo, esta “resistencia conservadora” no solo está conectada por su naturaleza, sino que, en todos los casos, es impulsada por los mismos actores: el Gran Capital y los Estados Unidos.
Francisco I. Madero derrocó una dictadura que permitía la esclavitud y fomentaba una excesiva desigualdad económica entre los mexicanos. Al hacerlo, se “echó encima” a los grandes hacendados, a los oligarcas de la época y, también, a los Estados Unidos, cuyos intereses en nuestro país se vieron perjudicados tras la caída de la dictadura porfirista. La reacción contra Madero condujo a su fracaso. Pocos años después de iniciado su gobierno, el embajador de los Estados Unidos, Henry Lane Wilson, unió a los distintos grupos conservadores para derrocar al gobierno emanado de la Revolución, con el fin de preservar los intereses de los grandes capitales mexicanos y los intereses de los Estados Unidos en territorio nacional.
Mientras tanto, Salvador Allende, al llegar al poder en Chile, buscó implementar profundas reformas sociales y económicas que redistribuyeran la riqueza y redujeran las desigualdades en su país. Con estas medidas, se ganó la enemistad de la élite económica, los grandes empresarios y los terratenientes, quienes vieron amenazados sus intereses. Además, los Estados Unidos, preocupados por la expansión del socialismo en América Latina y por la nacionalización de industrias clave, consideraron a Allende una amenaza directa a sus intereses en la región. Al igual que con Madero, los conservadores aliados con los Estados Unidos lo derrocaron para poner de nuevo un régimen que beneficiara sus intereses.
En la actualidad, Venezuela sigue siendo un régimen incómodo para nuestro vecino del norte y el capital internacional. Hugo Chávez, al asumir la presidencia, emprendió un ambicioso proyecto de transformación social y económica conocido como la “Revolución Bolivariana,” con el objetivo de reducir la pobreza, redistribuir la riqueza y fortalecer el control estatal sobre los recursos naturales del país. Estas políticas, que incluyeron la nacionalización de industrias clave, alienaron a la élite económica venezolana y a los grandes empresarios, que vieron amenazados sus privilegios. Además, las reformas de Chávez generaron una fuerte oposición de los Estados Unidos, que consideraban sus políticas socialistas y su retórica antiimperialista como una amenaza a sus intereses en la región.
Tras la muerte de Chávez, la Revolución Bolivariana sigue amenazando los intereses del capital en la región, manteniendo la soberanía venezolana sobre su territorio y sus recursos (recordemos que Venezuela es el país con las mayores reservas de petróleo en el mundo). Hoy, Venezuela existe porque resiste. ¿Pero quién resiste? Su pueblo. La resistencia en el país sudamericano está sostenida por la mayoría, que continúa dando legitimidad al régimen chavista. Venezuela, su pueblo y su gobierno, luchan para no desaparecer, para que los intereses del gran capital internacional no se apropien de sus recursos.
Los personajes mencionados lucharon por corregir injusticias; sin embargo, los primeros fueron derrocados. Esto debe servirnos de lección para las luchas actuales. No podemos permitir que la historia se repita, ni que los intereses de particulares y de los Estados Unidos vuelvan a imponerse sobre la soberanía de los pueblos. Tal vez el lector se pregunte: ¿Y yo qué puedo hacer para evitar que a los venezolanos del siglo XXI les suceda lo mismo que ya ocurrió en Chile y México el siglo pasado? La respuesta es sencilla: seguir hablando de Venezuela, mantener el tema vigente, y no caer en las versiones que calumnian a la Revolución Bolivariana, que los medios tradicionales continúan difundiendo (ahora más que nunca después de las elecciones).
Recordemos lo que decía Noam Chomsky en su libro Hegemonía o supervivencia: La estrategia imperialista de Estados Unidos: “Quizá sigan existiendo dos superpotencias en el planeta: Estados Unidos y la opinión pública mundial”
Uno de los temas de mayor interés nacional es la reforma del Poder Judicial de la Federación, una demanda que el pueblo de México expresó claramente en las urnas el pasado 2 de junio. Esta discusión ha desembocado en un paro de labores por parte de las y los jueces, quienes, lejos de buscar el beneficio general, parecen querer conservar sus privilegios.
El gobierno de México ha hecho esfuerzos significativos para mediar con las y los jueces, organizando foros abiertos en todo el país. En uno de estos foros, llegué a escuchar que “Un buen juez escucha con atención, analiza con objetividad y decide con justicia”, una frase que debería ser fundamental para quienes imparten justicia. Sin embargo, en lugar de inspirar confianza, los jueces han ampliado el repudio popular con decisiones que parecen más motivadas por intereses personales que por la imparcialidad y la justicia.
En medio de esta discusión, el 5 de agosto, una jueza de Quintana Roo permitió la liberación del ex gobernador de Puebla, Mario Marín, quien había sido detenido por tortura en contra de la periodista Lydia Cacho, que había expuesto una red de corrupción de menores. A pesar de las pruebas y siendo sábado, la jueza Elsa Espíndola Salas le concedió el arresto domiciliario, poniendo en riesgo a las víctimas de dicho personaje.
Este no ha sido el único caso polémico. En febrero de este año, un juez federal también concedió la prisión domiciliaria al ex director de Pemex, Emilio Lozoya, acusado de cohecho para impulsar la aprobación de la reforma energética, que violaba la soberanía nacional. Estos incidentes ilustran una preocupante tendencia: decisiones judiciales que parecen estar más alineadas con los intereses de poderosos individuos y menos con el principio de justicia equitativa.
A pesar de estos ejemplos, las y los jueces iniciaron un paro de labores para protestar contra la reforma judicial, que busca una mayor independencia del Poder Judicial. Esta reforma pretende que los impartidores de justicia sean evaluados y elegidos por la ciudadanía, en lugar de ser designados por senadores de la república y sus conexiones con el poder político y económico. La resistencia a la reforma no solo subraya la falta de voluntad para adaptarse a nuevas normas de transparencia, sino que también pone en evidencia un sistema que, en muchos aspectos, parece estar más enfocado en proteger a sus propios miembros que en servir al pueblo.
El actual conflicto en torno a la reforma judicial refleja una profunda crisis de confianza en el sistema de justicia. La resistencia de los jueces a una reforma que busca mayor transparencia y rendición de cuentas no solo perpetúa el estatus quo, sino que también alimenta la percepción de que la justicia en México está al servicio de intereses particulares. Es imperativo que se continúe con el proceso de reforma para garantizar un sistema judicial más justo, imparcial y verdaderamente al servicio del pueblo.
La reforma propuesta no es solo una cuestión de cambio estructural, sino de restaurar la fe pública en un sistema que debe ser el pilar de la justicia social y el equilibrio del poder. En este momento, la implementación efectiva de la reforma judicial se presenta como una oportunidad crucial para demostrar que la justicia puede ser, y debe ser, una verdadera herramienta de equidad y transparencia, lejos de los intereses particulares y el clientelismo político. El futuro de la justicia en México depende de la capacidad del sistema para evolucionar y adaptarse a las demandas de una sociedad que exige rendición de cuentas y verdadera imparcialidad.
¿Se debe decir presidenta o presidente? Seguramente, en los recientes días has escuchado, leído o visto a alguien que se vuelve fuego al escuchar la palabra Presidenta (con A) en lugar de “presidente”, ante esto cabe preguntarnos: ¿se trata de un sentimiento que acciona ante un “error gramatical”, como estos mismos argumentan, o se debe a una determinada postura ideológica sobre las mujeres?
Después de 200 años de República, México tendrá al frente de la presidencia a una mujer, Claudia Sheinbaum Pardo; sin embargo, muchos han puesto la discusión en cómo adjetivarla en su cargo público (presidente/presidenta). En este sentido, veamos cuales son los sofismas que se utilizan para argumentar que la palabra presidenta no tiene sustento.
Los de este grupo de detractores, se basan a medias en lo que se conoce como participio activo para justificar intenciones que se podrían calificar como: misóginas y machistas. Vamos por partes, las palabras que forman parte del participio activo terminan en “nte” y provienen de verbos como, por ejemplo: cantar/cantante, estudiar/estudiante entre otros; como habrás observado estas palabras no poseen género. A partir de esto que los de postura conservadora digan que “no se dice presidenta” porque no decimos “cantanta” o “estudianta”, pues “presidente” viene del verbo “presidir”.
Ahora bien, ¿alguna vez has dicho “sirvienta”? Aquí se encuentra la primera contradicción de los <<defensores>> de la gramática y del participio activo, pues el verbo “servir”, igual es una palabra sin género; sin embargo, se ha modificado a una versión femenina. ¿Este “error gramatical” no enfurece a los defensores del habla correcta? ¿O no se hace ruido de esta porque no es una posición de poder en la que se encuentre una mujer? Siguiendo la discusión sobre la palabra “presidenta”, incluso esta ha sido admitida en el diccionario Académico de la Real Academia Española ¡hace más de un siglo!
Entonces, ¿Por qué la necesidad de decir: “la presidente”? Desde luego que, puedes nombrarla como prefieras pues como hemos visto antes, ninguna de las dos formas es incorrecta. No obstante, desde este espacio, digo que es presidenta con A, porque es tiempo de reconocer la reivindicación de las mujeres en los puestos de poder públicos y de trastocar el status quo del poder masculino. Cómo dijo Claudia Sheinbaum “presidenta con A, porque lo que no se nombra no existe”.
En México no se vive la violencia, se padece una información exacerbada sobre la violencia. Esa información infunde miedo por una situación que nadie ve ni toca, se convierte en un dogma de fe como si se tratara de un misterio religioso que sólo debe existir dentro de la religiosidad de los medios convencionales. Si no se cree en los medios convencionales no hay contacto con la divinidad aunque se aleje de la realidad, situación paralela que sostiene a la derecha. Si no hay fe se le condena al ateísmo de la desinformación que, en resumidas cuentas, es el mejor camino para conocer la realidad.
Mucho de lo que se cree que existe solo puede encontrarse en los medios. La realidad que percibe directamente el ciudadano sólo existe en su recuerdo que tiende a transformarse en imaginación ante las apabullantes noticias falsas de la televisión. Bien dicen que el momento es importante cuando se convierte en recuerdo, pero la suma de momentos importantes resulta un sueño vivido, que dejó de pertenecer a la realidad porque ahora sólo son datos lo que en su momento fueron emociones.
Anteriormente se temía por la violencia, ahora se dice que, en tal región, en dicha zona, en tal colonia, o barrio el promedio de asaltos es de uno cada hora. Un dato duro producto de la imposición de un criterio que empezó como emoción y terminó siendo un número, que imponen como dato duro y real.
Los medios han dejado de informar para ofrecer experiencias, sensaciones, emociones que pueden acercar a sus consumidores o alejarlos de la realidad según su estrategia y ubicación ideológica. El poder de la información, más allá de su aparente acceso a todos y cada uno de los habitantes del mundo crea una monarquía de información. El reino de mostrar lo que cada quien dice que sucede. Pueden desaparecerse cosas, hechos, personas, con el simple hecho de dejar hablar de ellos en los medios.
Si la historia se escribiera recopilando la información de los medios convencionales encontraríamos un país inexistente, inconexo con la población, una realidad no sólo paralela sino distante, cada vez más distante.
El reino de la información crea sus propios lacayos. Dime a quién le crees y te diré cómo piensas. Los habitantes del mundo se envían su ubicación en un segundo, aunque todos vivan en los suburbios del celular y su información. Es decir, son vecinos cercanos, las distancias no importan, sólo la comunicación que empieza aparentando emociones, recuerdos, sueños extraviados y degeneran en datos.
El que posee más datos es el líder, el mejor, el más admirado. El que sorprende con más impactos noticiosos, sea su contenido verdad o mentira. En esta suma de cifras, fechas y nombres radica el conocimiento pero no el pensamiento que ahora se aleja de su práctica cotidiana hasta abandonarlo a su suerte. El reino de la información no requiere de la verdad, sólo la coloca como zanahoria al caballo de los medios para que camine a lo largo y ancho del planeta engañando. Mostrando la realidad a de quienes colocaron la zanahoria al frente del caballo quieren convertir en verdad.
Ya lo dijo Byung-Chul Han, “El orden digital pone fin a la era de la verdad”. Si antes debíamos cuestionar a los medios que todavía no eran desenmascarados, ahora es necesario darse cuenta de la intención de la información, viendo a través de los anteojos de la conciencia, sin ellos nada es cierto, aunque lo demás digan lo contrario.
La revolución de las conciencias no es un eslogan ni una consigna, es la huella que el actual régimen deja en la historia, es más profundo que un proyecto político y más complejo que la trayectoria misma de Morena.
Hace unos días, Claudia Sheinbaum recibió su constancia que la acredita como Presidenta electa de los Estados Unidos Mexicanos, un certificado que la valida como la ganadora de las elecciones del pasado 2 de junio. Con esto se rompe un hito en la gobernanza nacional y, por primera vez en 200 años de historia, nuestro país tendrá una mujer al frente del poder Ejecutivo.
En ese contexto, Sheinbaum ofreció un discurso significativo en el Teatro Metropólitan de la Ciudad de México, donde celebró con la cúpula de Morena y el pueblo en general. Durante su alocución, pronunció una frase que resonó en los oídos de los presentes y provocó una ola de reflexión: “Hago una respetuosa invitación a que nombremos ¡Presidenta! Con ‘a’ porque como nos han enseñado, lo que se nombra existe y lo que no se nombra, no existe”. Esta declaración fue recibida con aplausos, especialmente entre las mujeres, aquellas que han tenido que alzar la voz en silencio y soportar injusticias simplemente por su género.
Pero, ¿cómo es que una frase aparentemente simple, como “lo que no se nombra no existe”, puede tener una carga tan poderosa? Imagina que un día llega una visita a tu casa y te ignora, ni siquiera se toma la molestia de nombrarte. ¿Cómo te sentirías? Eso es exactamente lo que ha sucedido con las mujeres a lo largo de la historia: han sido invisibilizadas, ignoradas y minimizadas.
El hecho de que se haya votado por una mujer no es trivial. Como lo señaló la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, este voto es un reflejo de que México está dejando atrás el velo machista. El apoyo a Claudia Sheinbaum se basó en su capacidad de gobernanza, su habilidad para tomar decisiones y su capacidad para continuar con un movimiento popular, no en su género. Este cambio subraya que la sociedad mexicana está avanzando hacia una mayor equidad y ha dejado atrás la idea de que las mujeres no pueden tomar decisiones importantes únicamente por ser mujeres.
Históricamente, a las mujeres se les ha enseñado desde una edad temprana a asumir roles de madre y cuidadora. Esto se refleja en las profesiones en las que predominan las mujeres, como la enfermería, la enseñanza, la psicología, el secretariado y el trabajo en organizaciones no gubernamentales. Desde pequeñas, las niñas son obsequiadas con bebés de juguete, barbies, trastes y hornitos, reforzando la idea de que su papel es cuidar y asistir. Esta socialización temprana ha limitado el campo de acción profesional de muchas mujeres y ha contribuido a la perpetuación de roles de género tradicionales.
Sin embargo, la elección de Sheinbaum marca un cambio en la narrativa. Representa una oportunidad para cuestionar y desafiar estos estereotipos arraigados. Al elevar a una mujer a la máxima posición del poder Ejecutivo, se abre un espacio para la reflexión y el cuestionamiento de las normas establecidas. Es un momento para replantear el papel de las mujeres en la sociedad y reconocer que sus capacidades y contribuciones trascienden los límites impuestos por la tradición.
El camino hacia la igualdad de género es largo y lleno de desafíos, pero la presencia de Sheinbaum en la presidencia es un símbolo de progreso. Nos recuerda que la inclusión y el reconocimiento de la diversidad son fundamentales para el desarrollo de una sociedad más justa y equitativa. Al nombrar a Sheinbaum como Presidenta, estamos no solo celebrando un logro individual, sino también abriendo la puerta a un futuro en el que el género no sea una barrera para la capacidad de liderazgo y toma de decisiones. Como la primera Presidenta de México lo menciono, no es un triunfo personal y con ella llegan todas.
La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos fue modificada en 200 y después en 20 para acomodarla a los intereses que privaban entonces entre los partidos políticos que ejercían una hegemonía insana y de alta toxicidad contra el país en su conjunto, porque la corrupción que propiciaron hacía desconfiar hasta al más voraz de los empresarios y la inversión crecía muy lentamente, lo que propiciaba retrasos terribles en el crecimiento y desarrollo de la República.
En aquellas reformas, se modificó el texto constitucional para que quedara solamente el término partidos y no coaliciones, de modo que así el PRI, el PAN y sus ad lateres fueran los beneficiarios de esta reforma. Su cálculo era que siempre tendrían mayoría calificada a través de esa fórmula. Bueno, así realizaron las terribles reformas estructurales que tanto dañaron al país y a las mayorías. Las más terribles se refieren a la privatización de los bienes de la nación y las pensiones de los trabajadores. Entonces nadie habló de su sobrerrepresentación o algo similar.
Actualmente el texto constitucional ya no les favorece, de ahí que todo se les vaya en protestas ridículas, voces inútiles, opiniones sin bases y argumentos falaces que no serán escuchados, pues el texto constitucional no cambió sus palabras, ni su esencia; los plurinominales se asignan por PARTIDO, no por COALICIÓN. Ríos de tinta han corrido explicando el asunto, pero es así de simple.
Todo este berrinche infantil de la derecha fascistoide mexicana, serán solo voces de tontos en desesperación que no tendrán eco en los oídos de quienes están obligados a actuar conforme al texto constitucional y no a las pataletas inmaduras que espetan los vasallos del tal X, quienes, por cierto, ya ni caso le hacen a la Sra. Gálvez.
La subsistencia del Poder Judicial está garantizada en la Reforma Constitucional propuesta por la Presidencia de la República, pero la conformación de ese Poder de la Unión, tendrá que ser establecida de conformidad con la voluntad mayoritaria manifestada en las urnas el pasado 2 de junio. Nada puede detener ese proceso y será un paso fundamental para que México sea un país más justo, seguro y pacífico. Mucha de la impunidad que hemos sufrido se debe e la pésima actuación de muchos juzgadores y a su terrible lentitud para resolver los asuntos que se les presentan. Es una reforma indispensable; creo que llega un poco tarde, pero más vale tarde que nunca.
Repetidores
Recuerdo que en la primaria y en la secundaria los repetidores eran señalados por no haber sido capaces de aprobar en la primera oportunidad de cursar un grado, en la actualidad, hay repetidores en el gabinete, algunos propician alegría en los seguidores de la Cuarta Transformación, pero otros repiten habiendo reprobado todos sus exámenes. Hay que voltear a ver al IMSS, donde siguen faltando medicamentos; médicos y médicas; laboratorios, laboratoristas y equipos; personal médico en imagenología y, de nuevo, equipos. Los salarios en el IMSS ya no son fortaleza de sus trabajadoras y trabajadores, su sindicato es opresor y profundamente corrupto pues obliga a sus trabajadores a actos que pueden ser calificados como de sabotaje para la buena operación del Instituto y su director, conociéndolos, no hace nada al respecto. A menos de seis meses de remodeladas algunas clínicas, ya hay muchas cosas en las instalaciones que no funcionan, desde chapas de puertas, baños, equipos de aire acondicionado, computadoras y un largo etcétera, lo que va en detrimento del servicio. Los directivos solo quieren obligar al proveedor a “hacer efectiva la garantía”. En tanto el servicio sigue mal.
La cantidad de consultorios en los HGZ y en las UMF ya son insuficientes y fusionarlo al IMSS-Bienestar, solo hará más difícil que los derechohabientes de paga y el resto del Pueblo obtengamos servicios de calidad y con calidez, además de suficiente y capaz. La estrategia debe cambiar, por ello es muy importante que Zoe Robledo sea sustituido, porque ha reprobado.
En el mismo caso está el Secretario de Trabajo y Previsión Social, bajo cuyo cargo no funcionan bien las Juntas de Conciliación y Arbitraje, que todavía tienen casos individuales que resolver y no tienen suficiente personal, en tanto que los Tribunales de la materia, tampoco cumplen con la ley y si retrasan la solución de muchos casos. Tampoco se ha visto la acción de la STPyS en Inspecciones del Trabajo que consigan obligar a los patrones a respetar la ley, aunque ésta a veces parece estar dictada por la patronal a pesar de las reformas recientes. También podría haber ayudado en la aprobación de la jornada de 40 horas y no lo hace. Así las cosas y son deudas gigantes de la $T.
A propósito de la presentación del libro “Feminismo silencioso” de la Dra. Beatriz Gutiérrez Muller y del discurso de investidura de la presidenta electa, Dra. Claudia Sheinbaum, donde habla de “tiempos de mujeres”, vale la pena analizar dos temas que han estado en la palestra pública, pero que, increíblemente, el máximo líder de la izquierda latinoamericana, Andrés Manuel López Obrador, no ha abanderado: el feminismo y la comunidad LGBTIQ+. No se ha pronunciado en favor de estos coletivos (sí a favor de las mujeres y de los derechos de las minorías), pero nunca se ha dicho feminista y jamás ha izado la bandera multicolor de la comunidad LGBTIQ+.
Hablamos de alguien que tiene una aceptación del 80% en la última parte del sexenio y que entiende, como nadie, el pensamiento de la mayoría de mexicanos.
Son temas controversiales porque están en la frontera de la moral, y son difíciles de abordar porque tienen que analizarse desde muchas ópticas y aristas. El papel de la mujer es fundamental en cualquier sociedad y estrato económico, sin duda. En el caso de México, la madre es lo más sagrado que existe y se le venera, y nadie podría negar que durante las últimas décadas ha habido una reivindicación necesaria a nivel de derechos para la mujer, un marco jurídico que incluso podría decirse de vanguardia en el mundo.
Respecto a la comunidad LGBTIQ+, han ganado reconocimiento, aceptación y derechos en una sociedad que se considera, quizás, conservadora a partir de su catolicismo originario. A diferencia de países donde ser homosexual está prohibido o se castiga con penas como la muerte, en México se profesa libertad para expresar ideas y creencias. Gente que antes tenía concepciones erróneas al respecto de esta comunidad, ha ido entendiendo que el que otros tengan derechos y libertades, no implica que ellos o sus familias deban practicarlas.
El conservadurismo, con argumentos más teológicos que científicos, ha tratado de impedir que ambos colectivos, mujeres y LGBTIQ+, tengan más derechos, lo cual es un error porque va en contra del espíritu democrático de la Constitución, pero ha sido inteligente en algo: aducir que la izquierda solo representa estas batallas y al populismo (soluciones fáciles a problemas complejos).
Afortunadamente en México no ha permeado este pensamiento como lo ha hecho en otros lugares como España, Argentina y otros países que hablan del progresismo en forma despectiva, y que están viviendo consecuencias electorales nefastas por ello. ¿Qué pasó en esos lugares? Pues que le dieron prioridad solamente a las batallas e ideas de estos dos colectivos, olvidando que el mantra sagrado de la izquierda en el sistema capitalista es la lucha por la igualdad de oportunidades, la correcta distribución del ingreso y la intervención del Estado en sectores estratégicos para garantizar acceso a derechos básicos.
Entonces, ¿cuál es el lugar del feminismo y la comunidad LGBTIQ+? Una pregunta concreta amerita una respuesta concreta: en la retaguardia del movimiento de transformación. A la vanguardia siempre tienen que ir las causas principales, las injusticias dadas por el capitalismo anglosajón que vivimos, la lucha de los pobres y débiles, la lucha para evitar la corrupción, para que haya un Estado fuerte que garantice derechos. La izquierda nunca debe olvidar que sus luchas principales son contra los oligarcas evasores de impuestos, contra el injerencismo intervencionista, contra el racismo y el clasismo, contra las privatizaciones de sectores estratégicos, contra las causas humanas y justas.
Ciudadana Claudia Sheinbaum Pardo, Presidenta Electa y a partir del próximo 1 de octubre del 2024, Presidenta Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Recibió su constancia y para no dejar que entre la duda por ningún resquicio, van unos datos: transcurrieron 73 días para que llegara este momento dentro del proceso electoral que empezó aquel 7 de septiembre del 2023.
Llegaron muchos observadores a nivel internacional lo cual quiere decir que fueron unas elecciones totalmente cuidadas, observadas, vigiladas, primero por cada representante de cada uno de los partidos que se hicieron presentes en las más de 170 mil casillas a lo largo y ancho de nuestro país, y segundo, por organismos internacionales que se acreditaron para estar observando el proceso desde el momento en que se instalaron las casillas y de ahí hasta terminar la jornada de ese histórico 2 de junio.
Entre quienes acreditaron su presencia para vigilar este ejercicio democrático, brindando un acompañamiento internacional por parte de las misiones estuvieron: La Asociación de Magistradas Electorales de las Américas, La Conferencia Permanente de Partidos Políticos de América Latina y El Caribe, Expertas Internacionales con Perspectiva de Género de la Red Mundial de Justicia Electoral, Expertos de la Unión Europea de Idea Internacional, la Organización de Estados Americanos (OEA), Transparencia Electoral y la Unión Interamericana de Organismos Electorales, UNIORE. Aparte llegaron 25,126 observadores y finalmente 1,309 personas visitantes extranjeras.
Otros datos que podemos visualizar para tener más clara la diferencia que hubo entre una candidata y otra para obtener el triunfo son: el padrón electoral consta de más de 98 millones de ciudadanos inscritos (para ser exactos 98’468,694), de los cuales votó el 61% lo cual equivale a 60 millones 115 mil 184 ciudadanos que ejercieron ese derecho libre y constitucional.
La coalición del partido oficialista obtuvo 35’924,519 votos, equivalente al 59.76% de total, por su parte, la candidata de la oposición más cercana obtuvo 16’502,697 votos que equivalen al 27.45%, con una diferencia del 32.31% que trasladados a votos son: 19 millones, 421 mil 822 votos menos. Las actas computadas fueron, como lo dijimos con anterioridad 170,766; votos provenientes del extranjero, o sea, de nuestros hermanos compatriotas que votaron desde los países donde residen: 184,326, además de 266,667 votos de ciudadanos que están en prisión preventiva.
Toda esta información fue dada a conocer en su momento tanto por el Instituto Nacional Electoral (INE) como por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE) ayer mismo que se realizó la ceremonia solemne de entrega de la constancia.
Como podemos ver, llegó el momento de desmembrar cada uno de los datos que permitieron que se llegara a este hecho histórico donde cada ciudadano expresó su voluntad y le refrendó, primero, al presidente López Obrador la continuidad de su proyecto, y segundo, la confianza para poner en manos de una mujer los destinos de la nación.
Es un momento histórico que América del Norte tendrá. Los Estados Unidos Mexicanos (nombre constitucional de México) recibirán a la primera mujer como mandataria de los destinos de la nación. No hay mucho que agregar, ya todo está dicho, solo un comentario; todo eso que se logró claro que tiene que ver mucho con el trabajo que se realizó en una ciudad como lo es la ciudad de México, un monstruo gigante, no por su extensión sino por lo que significa para el país, se sometió a un proceso interno donde estuvo al tú por tú con compañeros del movimiento y salió ganadora, bien librada con todas las de la ley. También cuenta el trabajo realizado durante la larga e intensa campaña, contó mucho que se expusieron los objetivos y las propuestas de la candidata oficial, el pueblo siempre conoció de primera mano su proyecto de nación que expuso en cada rincón al que fue a visitar. Siempre habló de frente y sin virajes, habló con verdad, con honestidad y con claridad.
Y frente a todo esto, y hay que decirlo con todas sus letras, siempre estuvo también el trabajo que se realizó a lo largo de este sexenio desde la presidencia de la república. El Presidente López Obrador expuso con total transparencia el manejo de los recursos, rindió cuentas de lo generado en todos los rubros, de las inversiones que se podían realizar con los ingresos que llegaban y las realizó, las ayudas a todos aquellos que estaban en el rubro de pobreza extrema, sacó a 5 millones de compatriotas de la pobreza extrema a la que fueron arrojados, el manejo de nuestra moneda para no sufrir, como cada sexenio, de una devaluación, se mantuvo una estabilidad del peso frente al dólar, hubo un trabajo constante, arduo e intenso durante estos seis años con obras monumentales que nunca se detuvieron, aún con una atroz pandemia y este sexenio, como nunca, tuvo una oposición tenaz, obtusa, necia (ahí está la moratoria legislativa) y aliada de todos los poderes fácticos como el Poder Judicial que, por todo lo demostrado, pareciera que están contra su país, contra el progreso de México, contra el avance de la nación, con seguir manteniendo al país en la mediocridad; pero el presidente avanzó y avanzó sin dudar.
Desnudó la política de la rapiña que tuvo al país en un lugar mediocre, sin lograr salir del atolladero (como siempre se escuchaba) y siempre preguntándonos ¿Por qué México no avanzaba en el concierto de las naciones? Siempre ocupaba un lugar mediocre, pero llegó López Obrador y les abrió los ojos hasta a sus adversarios, para bien o para mal… pero de ellos porque hasta ellos ganaron en este sexenio.
Los desnudó en sus miserias, en sus rapiñas y en su insaciable apetito de poder y de dinero, en la enormidad del saqueo al que sometieron a la nación, mostrándonos todo lo que se podía hacer en un país tan resquebrajado por políticas públicas que lastimaron a millones y millones, y siempre beneficiaron a unos cuántos y ahí estuvo su error, porque esos cuantos siguieron ofendiendo al presidente y al pueblo y nunca vieron lo que se gestaba en los ciudadanos, la politización que se sembraba en la nación y en eso llegaron a ese 2 de junio donde el pueblo mandató y mandató como nunca se había visto… con contundencia y por eso, ahí están los números, fríos, crueles (para unos) y exactos y por lo mismo, Habemus Presidenta y Habemus Plan C.