Etiqueta: opinión

  • La oposición y sus cosas

    La oposición y sus cosas

    A los prianistas, los medios de comunicación, los comunicadores “independientes”, los sujetos de las redes sociales, los que se dicen apartidistas (obviamente son prianistas o de MC), a los que les pagan o, peor, lo son por convicción propia, la nueva Ley de Telecomunicaciones les cayó como un balde de agua fría. Pero ¿por qué le tienen tanto temor a poner sus comentarios aclarando que son su opinión y que no es una noticia falsa? Si tan convencidos están de lo que dicen, ¿o será que saben que sólo inventan noticias para generar dinero? ¿Será que perderán adeptos y sus redes sociales se empezarán a vaciar? No creo. Hay mucho fanático, mucho clasista disfrazado de humilde, que tiene una fiel convicción en la oposición, aun cuando sea de ultraderecha, como ya lo ha demostrado. Ese odio a los pobres que tienen algunos es digno de un estudio, aun cuando esas personas no son de un nivel socioeconómico que pueda vivir sin trabajar una semana.

    Se molestan tanto porque ahora, para decir “narcogobierno de Morena”, tendrán que probarlo. Y es obvio que hasta la fecha no pueden probarlo. No porque lo digan los gringos es una verdad; si así fuera, ya hubieran ganado su disque guerra contra Irán en las primeras 48 horas, como lo aseguró, presumió y gritó a los cuatro vientos Trump. Y hasta ahora siguen perdiendo (aunque para mucho progringo —incluyendo a varios de la 4T— se enojen y digan lo contrario), o sólo tendrían que aclarar que esa es su opinión y aguantarse la réplica.

    Pero no, a los prianistas y demás fauna no les gusta la réplica cuando ellos la tienen que aguantar, por decirlo así. A ellos sólo les gusta presumir que hay censura —contra ellos, obvio— en esta dictadura, donde han gritado y pregonado dicha censura desde 2018, cuando ganó AMLO. Esta moderna censura/dictadura mexicana es muy especial.

    Tanta es la dictadura que ya a varios de la oposición se les ocurrió copiar las ideas gringas de que las mujeres no puedan votar, de que los pobres no puedan votar, de que sólo una persona de una familia pueda ejercer el voto; obviamente, según ellos, tendría que ser el hombre; de que para votar hay que tomar un curso y, de acuerdo con la calificación obtenida en el curso, podrían o no votar. Lo más preocupante es que esas ideas las han hecho públicas, desde diputados hasta voceras del prianismo, que al mismo tiempo son nada más y nada menos que profesoras de Derecho Constitucional (¿qué les enseñarán a sus alumnos? Qué pérdida de dinero por parte de las familias de estos alumnos).

    Ahora, como ya lo he expresado en textos anteriores, Morena y la 4T tienen que mirar hacia los jóvenes para evitar que la ultraderecha, disfrazada de buenas ideas e ideas tradicionales, gane territorio; empezar a cuestionar el ultrafeminismo característico de este gobierno, que, quieran o no, hace y hará perder adeptos en las futuras elecciones. Por ejemplo, el profesor Jasso, que prefirió quitarse la vida antes que tratar de luchar contra el gobierno, las leyes y la sociedad, porque a una de sus alumnas le pareció buena idea acusarlo. Y como la orden viene de que hay que creer en los dichos de las “buenas mujeres”, las mujeres que nunca mienten ni son problemáticas, dejan a los hombres en indefensión…

    Por cierto, para ser un gobierno dirigido por una ecologista, preocupada por las energías verdes (que contaminan más), su Secretaría del Medio Ambiente no funciona muy bien que digamos, o sólo se hace de la vista gorda, porque hay empresas que siguen queriendo quedarse con zonas protegidas y a dicha Secretaría le preocupa más el “desarrollo social” en esas zonas. No vaya a ser que esa preocupación por el desarrollo social sea sólo por negocio. Ahora, ¿de quién vendrá la orden, de la Secretaría o más arriba?

    El nuevo Poder Judicial empieza a quedar a deber, y mucho… OJO AQUÍ. Y esperemos que Clara Brugada y el Gobierno de la Ciudad de México ya actúen contra la mafia de despojadores de casas que empieza a azotar la ciudad.

    Y a #laperritadetrump no le gustó que ya no podrá esparcir noticias falsas.

    No se les olvide: este texto está plagado de opiniones, cuestionamientos personales, algunos hechos reales y chunga.

    Gracias.

    BLOG: https://chimpando.blogspot.com/

  • Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Zapatos derretidos, ecoansiedad y la trampa de la resiliencia

    Ese sentirse arrastrado hacia el abismo, el agitarse inútilmente.
    La impotencia. […] ¿Qué será de nosotros en un hipotético futuro?
    ¿Qué herencia dejaremos a las generaciones posteriores?»

    Henning Mankell, Arenas movedizas.

    Hace apenas un par de días, mi hija AM, que vive en París desde hace varios años, me mandó unas fotografías que mostraban algo grotesco que, además, desafía cualquier manual de urbanismo civilizado: sus zapatos se derritieron. Resulta que salió de trabajar, caminó unas cuantas cuadras sobre un asfalto que parecía emanación reciente de lava y luego tomó una bicicleta para llegar a su departamento. Después de pedalear un rato, el calor brutal acumulado en el metal hizo que la suela sintética de su calzado se adhiriera de tal forma a los pedales que, al intentar bajar, los zapatos simplemente se deshicieron, convertidos en una masa plástica inservible. La estampa es tan grotesca como sintomática de este verano de 2026, en el que las olas de calor han azotado a Europa con una furia inusitada, cobrando vidas humanas por miles y desatando voraces incendios forestales, históricos, que ya han devorado miles y miles de hectáreas en España y Francia, y obligado a la evacuación de cientos de miles de personas. Ya no hablamos de anomalías estacionales o de una exageración mediática, sino del paisaje cotidiano de un planeta que parece decidido a decirnos, a golpe de termómetro y registros históricos pulverizados, que la breve tregua climática de 10 mil años que permitió las civilizaciones está llegando a su fin…, con nuestra ayuda.

    De esta asfixia atmosférica al colapso mental hay solo un paso, el mismo que recorre a diario la creciente ecoansiedad. Como ya apuntaba recientemente al revisar los indicios de malestar emocional que arrojan tanto las mediciones estadísticas nacionales —como la ENBIARE 2025— como el pulso global de la salud mental, el dolor psíquico contemporáneo no surge en el vacío; es el reflejo de un entorno convulso donde, entre guerras y pavores tecnológicos bien fundamentados, la crisis climática ocupa un lugar estelar y terrorífico. Los estudios internacionales más recientes —incluyendo los amplios sondeos publicados en The Lancet Planetary Health y los informes periódicos de la Asociación Psicológica Americana (APA)— confirman con datos duros y escalofriantes lo que ya es una obviedad para quienes tengan oídos para escuchar al prójimo: una abrumadora mayoría de la población mundial, con especial incidencia entre los jóvenes y las nuevas generaciones, experimenta altos niveles de ansiedad, miedo, tristeza y profunda impotencia ante la aceleración del cambio climático.

    Ya no se trata de una preocupación abstracta por los osos polares en placas de hielo lejanas, sino de la certeza cotidiana de que el futuro se achica, de que el soberbio sapiens está devastando los recursos naturales y de que las instituciones globales observan el incendio planetario mientras debaten sobre tecnicismos mercantiles.

    La ecoansiedad no es una neurosis caprichosa ni una debilidad de carácter que se resuelva con aromaterapia, meditación guiada o buenos propósitos de reciclaje doméstico. Es, antes bien, una respuesta perfectamente racional, lúcida y proporcionada ante un mundo profundamente irracional. Cuando los jóvenes ven que sus zapatillas se derriten en pleno centro de París, o que las sequías prolongadas vacían presas y campos de cultivo tanto en México como en el sur de Europa, lo verdaderamente psicótico no sería estar angustiado, sino permanecer plácidamente indiferente ante el panorama. Sin embargo, en lugar de revisar las causas estructurales y políticas de este desastre ecológico, el sistema ha ideado un sofisticado y cínico mecanismo de defensa para seguir operando como si nada ocurriera: la coartada de la resiliencia.

    En los últimos años, el concepto de resiliencia se ha vuelto omnipresente. Ha colonizado los discursos oficiales de los organismos multilaterales, las políticas de gestión urbana, los manuales de autoayuda y las matrices de riesgo institucionales. Se nos convoca permanentemente a ser “ciudades resilientes”, “sociedades resilientes” e “individuos resilientes”, como si la supervivencia civilizatoria dependiera exclusivamente de nuestra capacidad elástica para soportar los golpes sin rechistar.

    Dicho en corto, la dichosa resiliencia, en su acepción más difundida y mercantilizada, constituye una trampa monumental. ¿Por qué? Porque la resiliencia sistémica no cuestiona el modelo económico extractivista y fósil que nos trajo hasta el borde del abismo; únicamente busca hacerlo más tolerable y soportable para el capital.

    La gran trampa consiste en desplazar arteramente la responsabilidad de la catástrofe desde los grandes corporativos petroleros, los gobiernos omisos y los arquitectos del despojo ambiental en el que se soporta el leviatán del consumismo hacia las frágiles espaldas del ciudadano de a pie. Si una tormenta extrema destruye tu casa o una ola de calor asfixia tu ciudad, la culpa nunca es de la especulación inmobiliaria, de la desregulación industrial o de la inacción climática, sino de que tú no separas bien la basura y de tu supuesta falta de resiliencia para adaptarte a las nuevas condiciones. Se nos entrena sistemáticamente para resistir el daño en lugar de impedir que nos dañen. Nos venden la resiliencia como una virtud heroica y moderna, cuando en realidad opera como el anestésico perfecto para que el sistema siga extrayendo, quemando y contaminando sin que nadie se atreva a mover una sola viga del edificio central. Nos quieren flexibles como el caucho para aguantar mejor los latigazos, mientras los dueños del circo siguen cobrando la entrada en primera fila.

    De ahí que la falacia de la resiliencia conduzca, de forma inexorable, a su opuesto más corrosivo: la ansiedad. La resiliencia deporta necesariamente a la ansiedad porque parte de un postulado intrínsecamente derrotista, sombrío y macabro: asume como axioma ineludible que en el futuro nos irá peor que ahora, que el desastre es inevitable y que lo único que podemos hacer es agachar la cabeza y apretar los dientes. Nos prepara para un mañana catastrófico, obligándonos a vivir en un perpetuo estado de culpa difusa y alerta defensiva, midiendo los daños venideros y calculando cuántas suelas de zapatos nos quedan antes de que el asfalto termine por tragarnos por entero. Mientras sigamos celebrando la resiliencia institucional en lugar de exigir justicia climática, redistribución y una transformación radical del modelo, lo único que seguiremos cultivando en los campos de la salud mental será el miedo. Y unos zapatos, claro está, cada vez más difíciles de calzar.

    @gcastroibarra

  • Democratización educativa expréss

    Democratización educativa expréss

    El escándalo en el proceso de admisión 2026 de la UNAM y el examen de ingreso (en línea) a licenciatura —que arrojó resultados inusuales— demuestra la superioridad de la  iniciativa privada, en cuanto a democratización de la educación se refiere, sobre el sistema de educación pública. La decisión del rector Leonardo Lomelí Vanegas y el equipo responsable de adjudicar a la empresa Territorium Life para proporcionar la plataforma y los servicios tecnológicos para aplicar el examen de admisión en línea, incluyendo vigilancia remota, validación de identidad y protección del banco de reactivos, se tradujo en una alza clara y extendida en los cortes, el puntaje del último aspirante que obtuvo lugar en una carrera, en un rango mínimo del 10%. No es poca cosa, pero no es suficiente.

    No basta con reconocer el trabajo de Territorium Life, empresa de tecnología educativa fundada por ex alumnos del Tecnológico de Monterrey y la administración del Rector Lomelí, para mejorar los resultados del examen de admisión.

    No basta con celebrar la formación ético/académica de los estudiantes que no tuvieron tapujos al momento de utilizar herramientas de IA para presentar un mejor examen. No basta con aplaudir la nobleza de quienes ofrecían responder el examen a cambio de una módica retribución. No basta con reconocer a las empresas que compraron el banco de reactivos para vender cursos de preparación para el examen. Urge que vayamos más allá. Urge oficializar la impresión de títulos en Santo Domingo, la posibilidad de que desde un principio alguien pague una cuota extra por acreditar el examen, el otorgamiento de títulos honoris causa por aportación voluntaria.

    Entrados en gastos

    2026 es un año que debería grabarse con letras doradas en la historia nacional, pasamos de 4 puntajes perfectos en 2025 a 14; y la cantidad de aspirantes con 110 aciertos o más (puntaje de excelencia) se multiplicó 5.6 veces, de 1,455 a 8,162. Un año que nos permita imaginar cosas chingonas, no nos detengamos en nimiedades como una combinación de uso de inteligencia artificial, circulación de los reactivos previo al examen, vigilancia insuficiente (una persona por cada 150 aspirantes) y opacidad institucional. Dejemos de privilegiar a los estudiantes mejor preparados y premiemos el esfuerzo de quienes —libres de escrúpulos— rompen los límites estructurales para acreditar el examen “haiga sido como haiga sido” y democratizar el acceso a la educación pública para limitarlo a quienes tengan más privilegios que otros. Parafraseando a Juan Miguel Zunzunegui, ese gran pensador mexicano del pragmatismo resolutivo, dejemos de castigar el esfuerzo colectivo, la trampa socializada, la venta de respuestas en la plaza pública, empecemos a recompensar la corrupción disfrazada de meritocracia.

    Carlos Bortoni es escritor.
    Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.

  • Entre apodos, rumores y refinerías clandestinas: el México de las acusaciones sin pruebas

    Entre apodos, rumores y refinerías clandestinas: el México de las acusaciones sin pruebas

    Resulta extraña, desafortunada y hasta contraproducente la declaración de Alejandro Moreno Cárdenas, mejor conocido como “Alito”, después de que la Comisión de Quejas y Denuncias del Instituto Nacional Electoral ordenara retirar publicaciones en las que calificaba a Morena como “narcopartido”, “narcogobierno” y “cártel de Morena”.

    La resolución no significa que el INE haya prohibido criticar al partido gobernante ni que haya decretado que Morena está por encima del escrutinio público. Se trató de una medida cautelar relacionada con publicaciones específicas, al considerar que podían contener la imputación de hechos o delitos falsos sin un sustento fáctico suficiente. Alejandro Moreno respondió acusando al organismo electoral de censurar a la oposición.

    Aquí surge una pregunta inevitable: si al PRI tuviéramos que imponerle un apodo a partir de su historia, ¿cuál sería?

    La pregunta no pretende negar que de las filas del Partido Revolucionario Institucional surgieron grandes políticos, intelectuales, servidores públicos, diplomáticos, juristas y personajes que contribuyeron a construir instituciones importantes para México. Muchos de ellos se mantienen hoy alejados de los reflectores y de una dirigencia partidista que parece haber sustituido el debate de altura por el escándalo cotidiano.

    El PRI no gana con esta clase de declaraciones. Por el contrario, pierde seriedad, autoridad moral y capacidad para presentarse como una oposición responsable.

    Acusar no es demostrar

    “Alito” acusa constantemente a funcionarios, políticos, empresarios y adversarios de tener vínculos con el crimen organizado, el narcotráfico o la corrupción. Pero en un Estado de derecho existe una diferencia fundamental entre denunciar hechos sustentados y repetir calificativos diseñados para obtener atención en redes sociales.

    La oposición tiene no solamente el derecho, sino la obligación de investigar, cuestionar y señalar al gobierno. Sin embargo, debe hacerlo mediante documentos, testimonios verificables, auditorías, expedientes y denuncias presentadas ante las autoridades competentes.

    Cuando una acusación se presenta como un hecho consumado sin pruebas suficientes, puede convertirse en una irresponsabilidad política y eventualmente generar reclamaciones por afectaciones al honor, la reputación o el daño moral. Lo mismo puede aplicarse a quienes amplifican tales afirmaciones sin verificar su origen o sin distinguir entre una investigación formal, una sospecha, un testimonio y una simple versión periodística.

    No toda crítica constituye daño moral, por supuesto. La libertad de expresión protege especialmente el debate sobre asuntos de interés público y permite una crítica amplia hacia los personajes políticos. Pero esa protección no debería interpretarse como autorización para presentar rumores como sentencias.

    El periodismo de las “fuentes cercanas”

    Alrededor del llamado huachicol fiscal hemos visto desarrollarse una trama que parece escrita para una película.

    Todos dicen tener fuentes cercanas al presidente de Estados Unidos, Donald Trump; al secretario de Estado; al Departamento de Seguridad Nacional; al FBI; al Departamento de Justicia o a alguna agencia cuya identidad, naturalmente, nunca puede revelarse.

    Algunos comunicadores anuncian detenciones que no ocurren, investigaciones que ninguna autoridad confirma, listas secretas que nunca aparecen y operativos que supuestamente comenzarán “en las próximas horas”. Otros aseguran conocer conversaciones privadas, solicitudes de extradición, cancelaciones de visas y hasta encuentros personales entre figuras políticas.

    Tiran versiones al aire esperando que, entre tantas afirmaciones, alguna se parezca después a un acontecimiento real.

    Eso no es investigación periodística. Es especulación disfrazada de exclusiva.

    Esto no significa que el huachicol fiscal sea una invención. Por el contrario, existen investigaciones judicializadas, detenciones, órdenes de captura, testimonios, aseguramientos y expedientes abiertos. Desde septiembre de 2025 se han hecho públicas distintas investigaciones relacionadas con redes de contrabando de combustibles que habrían utilizado puertos, aduanas, ferrocarriles, buques y empresas transportistas para introducir hidrocarburos declarados falsamente como lubricantes, aditivos u otras sustancias.

    Lo responsable es informar exactamente qué ha confirmado la autoridad, qué aparece en una carpeta de investigación, qué ha dicho un testigo y qué todavía no ha sido probado ante un tribunal.

    Una persona mencionada en una investigación no es automáticamente culpable. Un señalamiento periodístico no equivale a una orden de aprehensión. Una orden de aprehensión tampoco constituye una sentencia.

    México merece periodistas que investiguen al poder, pero también periodistas que respeten los hechos.

    Criticar al gobierno no significa inventar historias

    El gobierno de Claudia Sheinbaum debe ser criticado cuando cometa errores, cuando una política pública no funcione, cuando una investigación no avance o cuando algún servidor público incurra en actos indebidos. Ningún gobierno puede estar exento del escrutinio.

    Pero existe una diferencia entre fiscalizar al gobierno y tratar de apagar cualquier resultado positivo mediante rumores, exageraciones o relatos construidos de antemano.

    Nuestro país enfrenta demasiados problemas reales como para fabricar problemas imaginarios. Los mexicanos necesitan información que les permita evaluar si están mejorando la seguridad, la salud, la educación, los salarios, la vivienda y las oportunidades de desarrollo.

    La prensa no debe convertirse en una oficina de propaganda gubernamental, pero tampoco en una maquinaria de desgaste permanente en la que todo avance se niega y toda versión negativa se publica sin comprobarse.

    Defender un proyecto de gobierno no debe significar cerrar los ojos ante la corrupción. Criticarlo tampoco debe significar desear que México fracase.

    Las viviendas mexicanas frente al calor extremo

    Existe otro asunto que necesita atención urgente: la forma en que estamos construyendo viviendas en las regiones de altas temperaturas.

    Los periodos de calor son cada vez más prolongados e intensos. Sin embargo, una parte importante de la vivienda nueva continúa edificándose con muros, losas, ventanas y materiales que permiten una enorme transferencia de calor hacia el interior.

    México ya cuenta con disposiciones técnicas. La NOM-020-ENER-2011 tiene como objetivo limitar la ganancia de calor a través de la envolvente de los edificios habitacionales, mientras que la NOM-018-ENER-2011 establece características y métodos de prueba para los aislantes térmicos empleados en edificaciones.

    El problema, por tanto, no consiste solamente en crear nuevas normas. También es necesario revisar su aplicación, actualización, vigilancia y coordinación con los reglamentos estatales y municipales de construcción.

    Se deberían exigir, según la región climática:

    • Valores mínimos de resistencia térmica en muros y techos.
    • Aislamiento continuo en azoteas y fachadas expuestas.
    • Ventanas con propiedades adecuadas para disminuir la ganancia solar.
    • Sombreamiento exterior, aleros y orientación bioclimática.
    • Techos reflectivos o sistemas de cubierta ventilada.
    • Pruebas de hermeticidad y eficiencia antes de entregar las viviendas.
    • Preparación eléctrica y estructural para equipos eficientes y sistemas solares.
    • Certificación del cumplimiento térmico como requisito para obtener la autorización de ocupación.

    Actualmente, demasiadas familias terminan resolviendo con aire acondicionado lo que debió resolverse desde el diseño arquitectónico y el sistema constructivo.

    El resultado es un círculo absurdo: se construye una vivienda barata pero térmicamente deficiente; la familia instala uno o varios equipos de aire acondicionado; aumenta el consumo eléctrico; la red de distribución se satura, y la Comisión Federal de Electricidad debe invertir en transformadores, subestaciones y capacidad adicional.

    No puede afirmarse, sin una comparación homogénea, que una vivienda promedio en México consume más electricidad que una vivienda promedio en Estados Unidos. Los tamaños, climas, tarifas, aparatos y hábitos de consumo son diferentes. Lo que sí puede sostenerse es que una vivienda mal aislada requiere más energía de la necesaria para conservar condiciones aceptables de temperatura.

    La eficiencia energética más económica es la energía que nunca fue necesario consumir.

    Por ello, más que una reforma aislada a la Ley de Obras Públicas, se necesita una revisión integral de las normas de eficiencia energética, los reglamentos de construcción, los programas estatales de desarrollo urbano y los criterios utilizados para autorizar nuevos fraccionamientos.

    ¿Cómo se construye una refinería clandestina sin que nadie la vea?

    El reciente aseguramiento de instalaciones clandestinas para almacenar, mezclar o procesar hidrocarburos abre preguntas mucho más profundas.

    En Reynosa, Tamaulipas, las autoridades federales aseguraron dos instalaciones, entre ellas una refinería y una minirrefinería, junto con aproximadamente 3.7 millones de litros de hidrocarburos, tanques, tractocamiones, motobombas, generadores, tuberías y sistemas de videovigilancia.

    Reportes posteriores señalaron que una de estas instalaciones habría operado durante varios años y contaba con una infraestructura de escala industrial. Hasta el momento de esos reportes no se habían informado detenciones directamente vinculadas con el aseguramiento, y continuaban las investigaciones sobre el origen del crudo, la propiedad de los predios y las redes que abastecían la operación.

    La pregunta es elemental: ¿cómo se construye una instalación de esa magnitud sin que ninguna autoridad municipal, estatal o federal detecte movimientos de tierra, estructuras, tanques, tuberías, transporte pesado, consumo eléctrico, emisiones, residuos y circulación constante de pipas?

    Una operación de refinación o procesamiento de hidrocarburos requiere conocimientos técnicos, controles de temperatura, sistemas de bombeo, almacenamiento, separación, mezclado y manejo de sustancias altamente inflamables. También necesita operadores, mecánicos, soldadores, transportistas, proveedores y compradores.

    No estamos hablando de una toma clandestina escondida entre la maleza. Estamos hablando de infraestructura industrial.

    También debe aclararse qué productos generaban realmente estas instalaciones. Refinar petróleo crudo hasta obtener gasolina, diésel o turbosina que cumplan especificaciones comerciales es un proceso distinto y mucho más complejo que mezclar combustibles, alterar componentes, recuperar hidrocarburos o acondicionar producto robado.

    Por eso es indispensable que las autoridades expliquen:

    • ¿Quién diseñó y construyó las plantas?
    • ¿De dónde salió el equipo?
    • ¿Quién suministró el crudo?
    • ¿A quién se vendía el producto?
    • ¿Contaban con energía eléctrica contratada?
    • ¿Utilizaban pozos o descargas clandestinas?
    • ¿Existieron inspecciones ambientales, municipales o de protección civil?
    • ¿Quiénes eran los propietarios reales de los predios y las empresas relacionadas?
    • ¿Participaron técnicos o antiguos trabajadores de compañías petroleras?
    • ¿Hubo omisiones, corrupción o protección institucional?

    Si una planta operó durante años, no basta con decomisar el combustible y publicar fotografías del operativo. Se debe reconstruir toda la cadena: financiamiento, ingeniería, construcción, abastecimiento, transformación, transporte, facturación, distribución y lavado de ganancias.

    ¿Plan con maña?

    La sofisticación y duración de algunas de estas operaciones permite considerar varias hipótesis, pero no autoriza a presentar ninguna como verdad sin pruebas.

    Pudo existir corrupción de autoridades locales. Pudo haber complicidad dentro de dependencias federales. Pudo tratarse de empresas aparentemente legales que ocultaban actividades ilícitas. También es posible que investigaciones de inteligencia se hayan mantenido abiertas durante meses o años para identificar a toda la red antes de intervenir.

    Lo que todavía no puede afirmarse es que todo haya sido deliberadamente permitido como una trampa política para hacer caer a determinados personajes.

    Esa interpretación un “plan con maña”, preparado desde hace tiempo para que alguien mordiera el anzuelo y el caso estallara en el momento políticamente conveniente— es atractiva como hipótesis narrativa, pero requiere evidencias: documentos, órdenes, comunicaciones, seguimientos financieros o testimonios corroborados.

    Precisamente esa es la diferencia entre una columna de opinión responsable y las historias que aquí estamos cuestionando.

    Podemos preguntar. Podemos sospechar. Podemos señalar contradicciones. Pero no debemos condenar sin pruebas.

    El país necesita respuestas, no sobrenombres

    México no se va a arreglar llamando “narcopartido” al adversario, ni calificando de traidor a todo crítico, ni inventando fuentes en Washington, ni anunciando detenciones imaginarias.

    Se arreglará con expedientes bien integrados, investigaciones financieras, auditorías aduanales, controles en puertos, vigilancia sobre el transporte de combustibles, normas de construcción modernas, mejores viviendas y autoridades que rindan cuentas.

    Alejandro Moreno tiene derecho a criticar al gobierno y a impugnar la decisión del INE. Morena también debe aceptar el escrutinio y responder con transparencia ante cualquier señalamiento sustentado. Pero ninguno de los dos lados debería sustituir los argumentos por apodos.

    Porque cuando la política se convierte en una guerra de sobrenombres, el debate público se empobrece.

    Y mientras los partidos discuten cómo llamarse unos a otros, quedan sin respuesta las preguntas verdaderamente importantes:

    • ¿Quién protegió el contrabando de combustibles?
    • ¿Cómo operaron instalaciones industriales clandestinas durante años?
    • ¿Dónde están los responsables?
    • ¿Por qué seguimos construyendo viviendas inadecuadas para el clima?
    • ¿Y cuándo recuperará el periodismo el compromiso de informar antes de sentenciar?

    Eso es lo que el pueblo de México merece conocer.

  • Paz, pan y trabajo como causa nacional

    Paz, pan y trabajo como causa nacional

    La experiencia muestra que las grandes transformaciones de la historia suelen resumirse en pocas palabras; por ejemplo, hace más de un siglo durante la Primera Guerra Mundial, existió una consigna capaz de sintetizar el clamor de millones de personas: “Paz, tierra y pan”. Aquella consigna de Lenin se convirtió en bandera política en tanto que de ella se entendía que todo pueblo que aspire a la estabilidad y, después, a la prosperidad, debe mantenerse al margen de la guerra, el hambre y la incertidumbre. Habrá quienes compartan o no aquella ideología y el proyecto político que de ella surgió y que habría de influir en el curso de la política mundial durante buena parte del siglo XX; sin embargo, cabe preguntarse cuántas políticas de pacificación se han cancelado en el mundo tan solo por provenir del signo contrario, como si el origen ideológico de una idea determinara por sí sola su validez.

    Digamos entonces que “Paz, pan y trabajo” no es, para nada, una consigna nueva ni tampoco exigencias nuevas; más bien son aspiraciones permanentes de cualquier sociedad, por más que las haya formulado Lenin en su momento.

    Así que, más allá de las etiquetas o de esa tendencia actual a polarizar la discusión pública, hoy la realidad nacional exige una lectura diferente, dada la preocupante tendencia de la clase política a creer que toda propuesta, para ser válida, debe encuadrarse en una geometría política —izquierda o derecha, conservadores o progresistas— como si reconocer una necesidad humana implicara forzosamente asumir una doctrina. Por cierto, esa lectura distinta exige pasar de la proclama a la acción coordinada.

    La cuestión es muy sencilla: nuestro país enfrenta una crisis de violencia que se fue gestando durante años y que se agudizó con la mal llamada guerra contra el narco de Felipe Calderón; por lo tanto, la solución ante tal gravedad no puede reducirse al uso de la fuerza ni tampoco descansar exclusivamente en la política social, en tanto que los resultados actuales demuestran que la pacificación exige ambas dimensiones, es decir, combatir a quienes generan violencia y, al mismo tiempo, atender las causas que la alimentan.

    En ese contexto cobran especial relevancia las palabras pronunciadas por Hugo Eric Flores en el Consejo General del INE: “México hoy demanda mexicanos sin hambre y mexicanos que no estén derramando sangre; queremos un México con paz, sin hambre y sin sangre.” Palabras que difícilmente podrían resumir mejor el desafío nacional, puesto que nuestro país necesita, más que nunca, construir una consigna propia para la actualidad: paz, pan, trabajo, pero también comunidad. La paz como elemento sagrado para vivir sin miedo; pan y trabajo como condiciones mínimas que hagan de la dignidad una realidad y no una consigna electoral; y comunidad como desafío para reconstruir el tejido social desde la familia, las escuelas, las organizaciones civiles y la participación ciudadana.

    Hoy debemos entender que la pacificación ha dejado de ser obra exclusiva del gobierno y de las fuerzas de seguridad, sin que ello signifique justificar el abandono institucional; pero entender esa condición tampoco implica menospreciar la importancia de los programas sociales, pues estamos frente a una crisis heredada, sí, pero exigente de resultados que sólo pueden alcanzarse si el compromiso se asume por todos: las autoridades, las empresas, las universidades, las acciones colectivas y todo aquel dispuesto a privilegiar el diálogo sobre la confrontación.

    Aterrizar esta corresponsabilidad —este Pacto Social que tanta falta le hace al país— significa, por ejemplo, que los programas sociales federales se articulen aún más con las policías municipales en los territorios de mayor incidencia delictiva, que las universidades midan el impacto real de sus proyectos de vinculación comunitaria y que las empresas destinen parte de su responsabilidad social a la reconstrucción del tejido social en las zonas donde operan, alejándose de la filantropía y acercándose más a la corresponsabilidad pues la paz se construye más con el trabajo compartido donde cada actor rinde cuentas de su parte que con discursos paralelos entre gobierno y sociedad.

    ¿Por qué? Pues, en pocas palabras, porque la paz no pertenece a una ideología ni se sujeta al espectro de la izquierda o la derecha; a como están las cosas, indudablemente se trata de una causa nacional. Por esa razón, la pacificación se ha convertido en la tarea más urgente de nuestra generación: a los responsables de generar la violencia y a quienes lo permitieron habrá que combatirlos, juzgarlos, pero a quienes padecen sus consecuencias, tanto como a quienes anhelan un país mejor, les corresponde reconstruir nuestro país con firmeza para que haya menos hambre, deje de correr la sangre y la paz sea el resultado de la justicia, el trabajo y la corresponsabilidad de todos.

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMA A.C.
  • La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    La mujer que olvidó quien le abrió la puerta…

    Hay frases que, por más que intenten maquillarlas, terminan exhibiendo una forma de entender el poder, y la panista Natalia Torres soltó una de esas perlas al plantear que para obtener la credencial para votar debería aplicarse un examen.

    O sea en otras palabras, no todos deberíamos decidir el rumbo del país, y bueno, esto no es tan nuevo, durante siglos sirvió para negar derechos a quienes “no estaban preparados”, primero fueron los pobres, luego los indígenas, después las mujeres y, en general, cualquiera que no perteneciera a la élite de turno.

    Curiosa manera de entender la democracia, ahora resulta que el propósito ya no sería convencer al electorado con ideas, con propuestas, sino empezar a seleccionar quién merece ser parte del electorado, háganme el bendito favor.

    No puedo evitar el darle a mi pensar el toque feminista, lo que propone Natalia Torres es una enorme contradicción, una mujer proponiendo filtros para ejercer un derecho que otras mujeres tuvieron que conquistar con décadas de lucha. El voto femenino en México no cayó del cielo ni fue un regalo de los partidos conservadores, esos espacios fueron conquistados gracias a décadas de lucha del movimiento feminista por el sufragio femenino, la igualdad jurídica, las cuotas de género y la paridad, generaciones que enfrentaron burlas, discriminación y exclusión para demostrar algo que hoy parecen olvidar, la ciudadanía no se mide con un examen.

    Lo preocupante no es solamente una declaración desafortunada, lo preocupante es que encaja perfectamente con una corriente política que ha ido ganando espacio en distintas partes del mundo.

    Una ultraderecha que se presenta como defensora de la “libertad”, pero que con demasiada frecuencia termina decidiendo hasta qué libros se pueden leer, recuerdo el caso del panista Carlos Abascal y el famoso libro Aura, una ultraderecha que también imponen qué derechos se reconocen, quién puede amar a quién, qué pueden hacer las mujeres con su vida y, ahora, hasta quién puede votar.

    En México esa narrativa por supuesto encontró eco, cada vez que el voto popular no favorece a ciertos grupos, aparece la misma cantaleta: “la gente votó mal”, “la gente fue manipulada”, “la gente no entiende”, es más fácil concluir que el pueblo está equivocado que aceptar que la ciudadanía simplemente no los respaldó. Porque cuando alguien empieza a decidir quién merece votar, la pregunta inevitable es, ¿quién aplicaría el examen? ¿Quién redactaría las preguntas? ¿Quién decidirá qué respuestas son las correctas? Y, sobre todo, ¿quién vigilaría a los que se creen con autoridad para repartir certificados de ciudadanía?

    (No creo que se lo encomendarían a la UNAM, y bueno, esa es otra historia.)

    No cabe duda que la “derecha” en nuestro país, sino se atora, se enreda. Imagínense, creen que elegir a nuestros gobernantes es un privilegio reservado para unos cuantos.

    Tal vez por eso la propuesta causó tanto ruido, no porque fuera una ocurrencia aislada, de la profesora de teoría constitucional en la UP, sino porque dejó ver, sin demasiados rodeos, una idea que la derecha lleva tiempo pensando en voz baja, si no pueden convencer a la mayoría, quizá la solución sea reducir quiénes forman parte de esa mayoría.

    En todo esto encontramos una ironía difícil de ignorar, mientras millones de mujeres siguen defendiendo derechos que costaron décadas de conquistar, hay quienes, desde la comodidad de un micrófono parecen más preocupadas por levantar nuevas barreras que por derribarlas. La historia recordará que hubo mujeres que abrieron puertas para que otras pudieran entrar y también recordará a quienes, una vez adentro, quisieron volver a cerrarlas.

    Les mando un abrazo fraterno.

  • El PRI de rodillas

    El PRI de rodillas

    Los primeros años del PRI fueron antiestadounidenses, incluso llegaron a tocar tangencialmente el progresismo, tanto que la derecha se vio obligada a crear al PAN como dique de contención contra sus disposiciones. A la justicia social le llamó comunismo la Casa Blanca, desde que expropiaron el petróleo. Ahora el PRI está más a la derecha que el PAN de aquellos días.

    Hubo un tiempo en que Estados Unidos daba órdenes en el PRI, llegó a imponer presidentes de la República y los convirtió en empleados de la CIA. Ahora los priistas están de rodillas a sus pies.

    Es decir, los intereses de los priistas empujaron a su partido hacia la derecha y adoptaron la servidumbre a Estados Unidos como proyecto político, hasta que llega la 4T y, por sobrevivencia, crea una alianza con el PAN. Viejos cómplices en fraudes electorales anteriores y socios en negocios sucios como el huachicol, donde ex funcionarios de ambos partidos, de todos los niveles, están implicados.

    Ahora el PRI se fue a la derecha y el PAN a la ultraderecha, por eso no mantienen su alianza clara, se hicieron mucho daño en las elecciones y su fusión arrojaba lo peor de ambos partidos, un ejemplo claro fue su candidata a la Presidencia de la República. Aunque en Nuevo león empiezan a coquetearse para lanza candidato común para la gubernatura.

    La bisagra que puede unificar a la derecha se llama Ricardo Salinas Pliego, quien financió una cena para la American Society of México, y encabezada por Larry Rubin, líder vitalicio de la Cámara de Comercio Americana, con nacionalidad mexicana y estadounidense, lo que le permite cuestionar la política de México y apoyar sin tapujos, la histeria trumpista.

    Ahí estuvieron Jorge Romero y Alito Moreno, cada uno con su séquito de incondicionales, los únicos que cuentan en ambos partidos, porque la militancia que todavía no ha desertado espera que desaparezcan del mando de sus líderes.

    La gran propuesta de la noche consistió en entronizar al crimen organizado, como el gran problema del planeta entendido principalmente como narcotráfico, no el huachicol fiscal, ese, para ellos, es delito menor.

    La educación, salud, empleo, vivienda, pobreza no importan. Así lo hizo Bukele y quiere gobernar El Salvador hasta el último minuto de su vida con la anuencia de Trump, precisamente cuando los salvadoreños ya no lo quieren. En el tiempo que le dejó libre el exterminio de las pandillas, también exterminó a la oposición en nombre de la democracia.

    La inseguridad es el pasaporte para ingresar armados a todos los países del continente. El simple hecho de aceptar que la inseguridad es el principal problema y el crimen organizado una amenaza para la vida de sus habitantes ya es un triunfo de Estados Unidos, sólo falta que se actúe de acuerdo con sus lineamientos y éstos consisten, principalmente en la apertura de las fronteras de allá para acá, de acá para allá seguirán cerradas.

    El PRI y el PAN se sentaron en mesas diferentes pero aplaudieron al mismo anfitrión y gozan del dinero del mismo Mecenas.

  • Miedo a la máquina, admiración a la pirata

    Miedo a la máquina, admiración a la pirata

    Toda época ha tenido una forma de controlar el conocimiento. Durante siglos fueron las bibliotecas, las universidades y las editoriales científicas las que decidían qué investigar, qué publicar y quién podía acceder a esa información. La tecnología acompañaba ese orden. Hoy, esa arquitectura comienza a cambiar frente a nuestros ojos. Un agente de inteligencia artificial que escapó de un entorno de pruebas, un modelo capaz de razonar más de lo que muestra y una programadora que recurrió a la inteligencia artificial para conversar con el mayor repositorio científico abierto del mundo revelan una transformación mucho más profunda que cualquier innovación tecnológica: la disputa por decidir cómo circulará el conocimiento durante las próximas décadas.

    La primera historia ocurrió en un laboratorio de OpenAI. Durante una evaluación de seguridad, un agente autónomo fue colocado dentro de un sandbox, un entorno digital completamente aislado diseñado para probar sus capacidades sin poner en riesgo otros sistemas.

    Lo inesperado fue que el agente no se limitó a resolver la prueba. Encontró una vulnerabilidad, escapó del entorno controlado e intentó obtener las respuestas del examen utilizando recursos que no estaban previstos por sus desarrolladores. Simplemente llevó el objetivo que recibió hasta sus últimas consecuencias. Hasta hace poco, una historia así habría pertenecido a la ciencia ficción. Hoy forma parte de las pruebas con las que las principales empresas intentan comprender los límites reales de la inteligencia artificial.

    Si el caso de OpenAI hizo pensar que las máquinas podrían actuar fuera del guion, Anthropic encontró algo todavía más sorprendente. Sus investigadores identificaron dentro de Claude un pequeño espacio interno denominado J-Space, una especie de mesa de trabajo silenciosa donde el modelo mantiene conceptos activos, detecta errores, identifica posibles engaños y desarrolla parte de su razonamiento antes de responder. No significa que la inteligencia artificial sea consciente ni que piense como una persona. Significa algo distinto: que una parte de su proceso ocurre fuera de lo que alcanzamos a observar. Por primera vez, el debate dejó de centrarse únicamente en las respuestas de una máquina para preguntarse qué sucede antes de que esas respuestas existan.

    La tercera historia tiene un rostro humano. Alexandra Elbakyan, creadora de Sci-Hub, volvió a desafiar el sistema con Sci-Bot. A diferencia de asistentes como ChatGPT o Claude, esta inteligencia artificial fue diseñada para dialogar directamente con el enorme repositorio científico construido por Sci-Hub durante más de una década. Ya no se trata únicamente de descargar artículos académicos. Sci-Bot permite formular preguntas, identificar investigaciones relacionadas y obtener respuestas sustentadas en literatura científica que normalmente permanece detrás de costosas suscripciones. Para algunos representa una violación a la propiedad intelectual; para otros, un intento por democratizar el acceso al conocimiento en un mundo donde buena parte de la investigación se financia con recursos públicos, pero termina siendo accesible solo para quienes pueden pagarla.

    Las tres historias parecen distintas, aunque hablan del mismo fenómeno. OpenAI muestra una inteligencia artificial que rebasa un límite técnico. Anthropic descubre capacidades que hasta hace poco permanecían ocultas incluso para sus propios desarrolladores. Elbakyan desafía deliberadamente un límite jurídico para ampliar el acceso al conocimiento. Cambian los escenarios, pero la pregunta permanece: ¿por qué unas rupturas nos producen miedo, otras fascinación y otras admiración?

    La respuesta probablemente no esté en las máquinas. Está en nosotros. No juzgamos una ruptura únicamente porque alguien desafíe una regla; la juzgamos según quién la protagoniza, a quién beneficia y quién pierde poder como consecuencia. Tememos que una inteligencia artificial escape porque sentimos que podríamos perder el control. Nos asombra descubrir que un modelo razona más de lo que muestra porque intuimos nuevas posibilidades científicas. Y muchas personas simpatizan con Alexandra Elbakyan porque identifican una desigualdad que durante años pareció normal: el conocimiento más valioso del mundo no siempre está disponible para quien más lo necesita.

    Quizá dentro de algunos años no recordemos este momento porque una máquina escapó de un laboratorio, porque otra comenzó a pensar en silencio o porque una programadora desafió a las grandes editoriales científicas. Lo recordaremos porque entendimos que el conocimiento dejó de ser únicamente información para convertirse en el principal espacio de disputa por el poder. Y cuando eso ocurre, la pregunta deja de ser quién se atreve a salirse del guion. La verdadera responsabilidad recae en quienes escriben ese guion y, sobre todo, en la sociedad que decide si seguirá protegiendo privilegios o comenzará a abrir oportunidades para que el conocimiento beneficie a todas y todos.

  • Exámenes de admisión, inteligencia artificial, trampas, neoliberalismo y más

    Exámenes de admisión, inteligencia artificial, trampas, neoliberalismo y más

    Hoy el debate gira en torno al examen de admisión de la UNAM. Videos, denuncias y testimonios sobre el uso de inteligencia artificial para responder preguntas, dudas sobre la seguridad del sistema y críticas a la empresa contratada para diseñar y aplicar la evaluación han ocupado las redes sociales durante días. La universidad ya anunció investigaciones y revisiones del proceso.

    Pero quizá estamos haciendo la pregunta equivocada. Porque el verdadero problema no es que la inteligencia artificial haya encontrado la manera de vulnerar un examen.

    El verdadero problema es que seguimos creyendo que un examen de unas cuantas horas puede decidir el futuro académico de cientos de miles de jóvenes. La IA no inventó la crisis, la hizo evidente.

    Durante décadas se nos ha vendido la idea de que los exámenes de admisión son instrumentos objetivos, neutrales y meritocráticos. No lo son.

    Un examen estandarizado mide la capacidad para responder un cuestionario bajo determinadas condiciones. No mide creatividad. No mide pensamiento crítico. No mide vocación. No mide disciplina. No mide liderazgo. No mide compromiso social. Mucho menos determina quién será un mejor médico, ingeniera, abogada, historiador o científico.

    Lo que sí hace es clasificar, ordenar, excluir. Esa ha sido siempre su función.

    El argumento oficial sostiene que las universidades públicas no tienen suficientes lugares para atender toda la demanda y, por tanto, deben seleccionar.

    Ese problema es real. Pero convertir una limitación presupuestal en una supuesta prueba de mérito es una decisión política.

    Cuando miles de jóvenes quedan fuera cada año, el mensaje implícito no es únicamente que “no alcanzaron el puntaje”. También se normaliza la idea de que la educación superior es un privilegio escaso y no un derecho que el Estado debe garantizar progresivamente.

    Ahí aparece la lógica neoliberal. No porque exista un examen en sí mismo, sino porque la escasez termina administrándose mediante mecanismos de competencia individual en lugar de resolverse con una expansión suficiente de la educación pública.

    El resultado es conocido. Quien puede pagar cursos especializados, simuladores, asesorías privadas o plataformas digitales llega con ventaja. Quien estudió en escuelas con mayores recursos también parte desde una posición distinta.

    Y quien no aprueba suele escuchar que “no se esforzó lo suficiente”, como si todas las personas hubieran competido desde el mismo punto de partida.

    La meritocracia suele olvidar las desigualdades. Por eso tampoco sorprende que alrededor de estos exámenes haya florecido toda una industria: Cursos, guías, plataformas, aplicaciones, escuelas privadas que prometen “asegurar el ingreso” y un largo etc.

    La educación pública termina alimentando un mercado privado construido alrededor de la exclusión. Paradójicamente, cuanto más difícil es entrar a una universidad pública, más rentable se vuelve preparar a quienes intentan hacerlo.

    La inteligencia artificial solo agregó un nuevo ingrediente a esa ecuación. Si una herramienta tecnológica es capaz de responder un examen diseñado para medir conocimientos, quizá también está revelando que ese instrumento evalúa habilidades que hoy pueden automatizarse con relativa facilidad.

    Las universidades tienen el enorme desafío de repensar sus mecanismos de ingreso en un mundo donde la inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana.

    Eso implica fortalecer la integridad académica, revisar los procesos tecnológicos y garantizar que cualquier empresa contratada para desarrollar estas plataformas cumpla con los más altos estándares de seguridad y transparencia.

    Pero también implica algo mucho más profundo. Preguntarnos si el examen estandarizado sigue siendo el mejor camino para decidir quién merece estudiar. Porque el conocimiento ya no consiste únicamente en memorizar información.

    Hoy importa comprender, argumentar, crear, investigar, resolver problemas y trabajar de manera colaborativa. Nada de eso cabe completamente en una hoja de respuestas.

    La discusión no debería agotarse en descubrir quién hizo trampa. Debería llevarnos a cuestionar un modelo de selección que desde hace décadas deja fuera a cientos de miles de jóvenes, no necesariamente porque carezcan de talento, sino porque el sistema educativo no ha crecido al ritmo de las necesidades del país.

    Lo verdaderamente importante será decidir si queremos seguir defendiendo un mecanismo de exclusión diseñado para administrar la escasez o construir un sistema universitario capaz de garantizar que el derecho a la educación no dependa de un examen de unas cuantas horas.

    Porque cuando el principal filtro para acceder a un derecho es sobrevivir a una prueba estandarizada, quizá el problema nunca fue la inteligencia artificial. Quizá el problema siempre fue el examen.

    Redes sociales

  • Somos huachicoleros MX

    Somos huachicoleros MX

    Si la primera declaración pública ante el árbitro electoral fue la de pedir auditorías a todos los partidos para salvar su historial delictivo, ya podemos imaginar cuál sería su primera disposición de gobierno de Somos México: sacar de la cárcel a los miembros del crimen organizado.

    Antes que consolidar su calidad de partido político el representante de Somos MX, pugnó por fortalecer la intención de inocencia de Ernesto Ruffo. De nada le sirvió su experiencia en el IFE, ni su vieja militancia priista a Marco Antonio Baños, ex consejero, se mostró como un simple porro.

    Con un poco de dedicación a la lectura, actividad que nunca han practicado ninguno de los miembros de ese partido, pueden darse cuenta de que las investigaciones sólidas tienen en curso más de un año y las declaraciones recientes del PAN y de Somos MX, dan lugar a nuevas vertientes de exploración. La simple conformación de un frente común de ex gobernadores panistas en favor de la inocencia de Ruffo, abre nuevos caminos a la indagación.

    La red de complicidad tiene tanto alcance que cualquiera de ellos, o algunos, seguramente tiene que ver con ese delito. Cuatro mil millones de pesos, hasta el día de hoy, como desfalco al fisco, es una cantidad que debió tener cómplices de alto nivel en otros estados.

    La reacción visceral y agresiva de Somos MX, acusa complicidad en la conformación de su proyecto político y seguramente hay indicios de contaminación entre unos y otros. La presencia de Ruffo en Somos MX, se ve incorporada con calzador, por los antecedentes panistas y la aparente pasividad del ex gobernador de Baja California en los últimos años.

    No se trata de un perseguido político, como quieren hacerlo aparecer la dupla de la derecha conformada por el PAN y Somos, una investigación profunda de más de un año, echa abajo cualquier intento de aproximarlo a dicha categoría.

    La acusación está sólidamente cimentada lo que hace falta conocer es la declaración de Ruffo en la cárcel, su negociación para reducir sentencia que puede incluir a algunos de los que ahora se desgarran las vestiduras argumentando su inocencia, cuando en realidad pugnan por su propia impunidad.

    La conformación de ex consejeros electorales y ex ministros de la suprema Corte anunciaba la tendencia hacia la judicialización de las elecciones, su partido, la política y la democracia, y no tardaron en mostrar esta trinchera en tribunales. Saben que por voto mayoritario no ganarán anda, pero conocen muy bien las lagunas legales que todavía en las leyes electorales que la propia oposición ha impedido erradicar, y en ellas hacen su bastión legaloide.

    El estado de las investigaciones está más avanzado de lo que se anuncia públicamente, incluso podría pensarse que se les otorgó el registro condicionado, a sabiendas de que su financiamiento no era legal, y después probar que se fortaleció con dinero ilícito y retirar su registro. Por eso tan airadas reacciones dentro y fuera de Somos MX, pero sobre todo del PAN, donde podría haber cómplices de Ruffo.

    Elegir como carta de presentación ante la autoridad electoral y la opinión pública la defensa de un delincuente y calificarlo preso político, desenmascara los objetivos de un partido que ahora muestra que es de derecha y que no es muy derecho.