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  • Resiliencia urbana en la CDMX: resistir no basta

    Resiliencia urbana en la CDMX: resistir no basta

    Introducción

    La Ciudad de México es, sin duda, un territorio de contrastes. Una metrópoli vibrante, creativa y profundamente resiliente, pero también fragmentada, desigual y cada vez más vulnerable ante los efectos del cambio climático, la presión urbana y las crisis sociales. En este escenario, la resiliencia urbana ha emergido como una necesidad urgente, no solo para sobrevivir a los desastres naturales o a las fallas del sistema, sino para imaginar y construir un futuro más justo y sostenible.

    Sin embargo, la pregunta clave sigue siendo: ¿hasta qué punto es realmente resiliente la capital del país? Y más aún: ¿esa resiliencia es equitativa o reproduce las desigualdades que históricamente han marcado su territorio?

    La resiliencia en un contexto de múltiples vulnerabilidades

    Hablar de resiliencia en la Ciudad de México es hablar de una ciudad asentada sobre una zona sísmica, con severos problemas hídricos, hundimientos diferenciales, contaminación ambiental y crecimiento urbano descontrolado. Es también hablar de una ciudad marcada por la desigualdad territorial, donde el acceso a servicios, espacios públicos, movilidad y vivienda de calidad varía drásticamente de una colonia a otra.

    Estas vulnerabilidades no son nuevas, pero se han intensificado con el tiempo y con el modelo de desarrollo que prioriza el beneficio inmobiliario sobre el bienestar colectivo. A pesar de ello, la ciudad ha demostrado una capacidad notable de resistencia y adaptación, particularmente desde la sociedad civil. Las respuestas comunitarias ante los sismos, la pandemia y las crisis de servicios son ejemplos tangibles de una resiliencia construida desde abajo, muchas veces sin apoyo institucional.

    Políticas públicas y avances institucionales

    En los últimos años, la Ciudad de México ha comenzado a integrar el enfoque de resiliencia en sus políticas públicas. Desde la creación de la Secretaría de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil hasta la incorporación a la Red de Ciudades Resilientes impulsada por la Fundación Rockefeller, se han trazado rutas institucionales para enfrentar riesgos y fortalecer la adaptación urbana.

    El Plan de Resiliencia de la CDMX (2016) propuso líneas de acción para enfrentar amenazas sísmicas, crisis de agua, movilidad ineficiente y fragmentación social. También se han implementado estrategias ambientales como los corredores verdes, el fomento a la cosecha de agua de lluvia y la transición hacia energías más limpias.

    No obstante, estos esfuerzos enfrentan importantes limitaciones, especialmente cuando se topan con intereses económicos, con estructuras de gobierno fragmentadas o con la falta de voluntad política para democratizar la planeación urbana.

    Desigualdades territoriales: el gran obstáculo

    Uno de los factores que más debilita la capacidad adaptativa de la CDMX es la desigualdad territorial. Mientras algunas zonas concentran inversión, infraestructura y servicios de alta calidad, otras sobreviven en condiciones precarias, con falta de agua, transporte público deficiente y vivienda insegura.

    Esta fragmentación territorial se traduce en una resiliencia desigual: no todas las personas tienen las mismas posibilidades de enfrentar una crisis, recuperarse de ella o participar en los procesos de reconstrucción. Los impactos del sismo de 2017 lo dejaron claro: los mayores daños y pérdidas humanas se concentraron en zonas populares con construcciones vulnerables y escasa supervisión técnica.

    En este contexto, no se puede hablar de resiliencia sin hablar de justicia espacial. La resiliencia debe dejar de ser entendida como una capacidad técnica o una meta aislada, y ser reconocida como un proceso profundamente político, atravesado por disputas sobre quién tiene derecho a la ciudad y en qué condiciones.

    Sociedad civil y capacidad de transformación

    Pese a los retos estructurales, la sociedad capitalina ha demostrado, una y otra vez, una enorme capacidad para organizarse, resistir y generar soluciones comunitarias. Las redes vecinales, los colectivos ambientales, las iniciativas de agricultura urbana y recuperación del espacio público son expresiones concretas de una resiliencia social que se construye desde el vínculo, la solidaridad y la creatividad cotidiana.

    Estos procesos, sin embargo, requieren ser reconocidos, apoyados y potenciados por las instituciones. No basta con que la gente resista; es necesario que tenga condiciones estructurales para vivir con dignidad y para participar activamente en la toma de decisiones que afectan su entorno.

    Conclusión

    La resiliencia urbana en la Ciudad de México no puede reducirse a protocolos de emergencia o a obras de infraestructura. Requiere repensar el modelo de ciudad, combatir las desigualdades históricas y garantizar una participación real de la ciudadanía en la construcción de soluciones.

    Enfrentar el cambio climático, los desastres naturales y las crisis sociales exige más que aguante: exige transformación. Porque resistir es vital, pero transformar es esencial.

  • Agosto llegó… y el país no se detiene

    Agosto llegó… y el país no se detiene

    Y sigue la burra al trigo.

    En diversos medios de comunicación continúa la polémica del candente verano: los viajes de nuestros representantes populares al extranjero, la carta de Andrés Manuel López Beltrán, las declaraciones del presidente de la Mesa Directiva, el diputado Gerardo Fernández Noroña, y una serie de dimes y diretes que mantienen entretenida y a veces confundida a la opinión pública.

    Sin embargo, la realidad es otra: ya estamos en agosto y el año avanza sin tregua. Los verdaderos retos de México no están en las declaraciones, sino en la acción. La agenda nacional debe avanzar porque, como se dice en el mundo del espectáculo, el show debe continuar.

    Mientras algunos siguen en la grilla, los ciudadanos esperamos resultados. Es momento de planear más, de proyectar con visión y, sobre todo, de ejecutar con firmeza.

    Muy pronto, nuestra presidenta Claudia Sheinbaum dará los banderazos de arranque para importantes obras de rehabilitación carretera, un paso crucial para el desarrollo regional y la conectividad del país. También urge seguir invirtiendo en hospitales, garantizar abasto de medicamentos y revisar que nuestras escuelas estén en condiciones dignas y humanas para recibir a millones de estudiantes en el próximo ciclo escolar.

    La esperanza está en que los legisladores y funcionarios que viajaron al extranjero durante el receso parlamentario hayan traído consigo ideas frescas, nuevas formas de gobernanza y modelos exitosos para adaptar a nuestra realidad. Y que quienes optaron por viajar dentro del país hayan visto de cerca las carencias, la grandeza y el enorme potencial de México.

    Porque este país no se detiene. Ni por cartas, ni por controversias, ni por declaraciones altisonantes. México sigue, y el verdadero compromiso con la patria está en resolver lo urgente sin olvidar lo importante.

  • Una elección para aprender, no para renunciar: claves objetivas del proceso judicial 2025

    Una elección para aprender, no para renunciar: claves objetivas del proceso judicial 2025

    En un país donde la crítica suele imponerse al análisis sereno, la elección judicial de 2025 corre el riesgo de ser recordada más por sus polémicas que por su valor institucional. El informe “Elección Judicial 2025”, elaborado por José Ramón Cossío Díaz —ministro en retiro de la Suprema Corte e integrante de El Colegio Nacional— y Jorge Alberto Medellín Pino, maestro en Ciencia Política y Derecho Constitucional, ha planteado un juicio categórico: que existió un fraude electoral estructural sustentado en patrones homogéneos de votación. Su impacto mediático ha sido notable. Pero al revisar a fondo sus premisas técnicas y sus inferencias metodológicas, se evidencia que el documento, aunque legítimo en intención, adolece de reduccionismos analíticos, juicios anticipados y un uso cuestionable de herramientas estadísticas.

    No es menor que el centro del argumento repose en una gráfica. Una imagen donde los nueve candidatos ganadores a la Suprema Corte de Justicia de la Nación muestran un patrón casi idéntico de votos en múltiples distritos. Para muchas personas, esa coincidencia visual implica de inmediato una imposición. Pero quienes hemos trabajado con datos sabemos que los gráficos no son juicios: son herramientas. Y fuera del laboratorio, el comportamiento electoral está cruzado por fenómenos sociales que la estadística por sí sola no puede explicar. La homogeneidad no es necesariamente manipulación; puede ser también efecto de afinidades comunitarias, influencia de líderes sociales, voto espejo entre regiones vecinas o tradiciones políticas arraigadas. El fraude no se presume: se prueba. Y la prueba debe ser más que una línea recta.

    Tampoco puede juzgarse este proceso sin entender su novedad. Por primera vez en la historia del país, mexicanas y mexicanos elegimos directamente a juezas, jueces, magistradas y ministros. Un salto institucional que rompió con siglos de designaciones cerradas. Pero todo modelo nuevo implica incertidumbre. La participación fue baja —13.02 % en la elección a la Corte— pero más alta que en ejercicios como la Consulta Popular de 2021. No fue una fiesta ciudadana, pero tampoco un simulacro. Fue una elección con reglas restrictivas, sin propaganda, sin partidos, sin debates, sin candidatos en espectaculares. Exigirle la emoción de una contienda presidencial habría sido una trampa analítica.

    Uno de los elementos más polémicos del informe es la denuncia del uso masivo de “acordeones”: listas impresas con los números de las candidaturas ganadoras, presuntamente repartidas en miles de casillas. Es legítimo preguntar si esas listas vulneraron la libertad del voto. Pero también es importante señalar que su sola existencia no constituye un delito. El Tribunal Electoral ha determinado que recomendar el voto no equivale a coaccionarlo, a menos que haya presión, pago o amenaza. Además, el propio informe reconoce que no se cuenta con pruebas directas —videos, testimonios acreditados, procedimientos sancionadores— que permitan acreditar una operación sistemática. El dato existe. La interpretación es discutible.

    En ese contexto normativo restrictivo, donde se prohibieron actos de campaña tradicionales, las redes informales —familias extendidas, comunidades jurídicas, estructuras gremiales o referentes institucionales— adquirieron una relevancia determinante. Muchas de las personas electas no ganaron por ser populares en redes sociales, sino por el prestigio acumulado en sus trayectorias y el reconocimiento en entornos profesionales específicos. En una elección donde la visibilidad estaba limitada por diseño, la legitimidad no siempre se mide en seguidores, sino en vínculos sociales sólidos que operan fuera del radar mediático.

    Un argumento insistente del informe es que el costo por voto fue sospechosamente bajo. Se estima que algunos perfiles obtuvieron más de 600 mil votos con apenas 1.4 millones de pesos autorizados. Pero esta comparación, tomada frente al gasto en elecciones partidistas tradicionales, ignora las condiciones regulatorias que definieron esta elección: sin propaganda masiva, sin estructuras partidistas, sin acceso a medios. Es natural que el costo por voto sea más bajo. Y asumir que “barato” es sinónimo de “fraude” revela más una sospecha ideológica que un análisis financiero riguroso. La austeridad, en democracia, no debe ser penalizada.

    Lo que el proceso sí dejó claro es que el modelo requiere ajustes. No puede repetirse una elección donde más del 60 % de la ciudadanía no pudo identificar a una sola candidatura. Es urgente rediseñar los canales de comunicación electoral para permitir, sin romper la imparcialidad judicial, un mínimo de información útil: perfiles públicos obligatorios, boletas más comprensibles, guías pedagógicas, debates moderados. Además, debe fortalecerse la fiscalización ciudadana sin criminalizar a quien participa desde lo comunitario. La vigilancia cívica debe construirse con evidencia, no con prejuicio.

    Otra reforma indispensable es la educación judicial de la ciudadanía. No podemos pedir que la gente valore su voto si no entiende el rol de un juez o una jueza. Incluir contenidos sobre el Poder Judicial en los libros de texto, desarrollar campañas de cultura jurídica y establecer plataformas permanentes de información ciudadana ayudaría a que, en futuras elecciones, la participación no sea un acto mecánico, sino una decisión consciente.

    A quienes hoy exigen la anulación del proceso, sería pertinente recordarles que la democracia no es un estado ideal, sino una construcción en marcha. Las elecciones judiciales de 2025 no fueron perfectas. Pero tampoco fueron una catástrofe. Fueron un primer intento por democratizar el Poder Judicial. Y eso, en un país con larga historia de puertas cerradas, no puede desestimarse a la ligera. Cancelar este modelo sería condenar al sistema a su vieja opacidad.

    El futuro del modelo judicial-electoral no está en manos del escándalo, sino del compromiso. México no necesita renunciar a este ejercicio, sino convertirlo en una tradición cada vez más robusta, más plural y más comprensible para su gente. Y ese camino —como toda democracia que madura— se construye con crítica informada, con reformas audaces y con confianza en que un error no invalida un principio. La elección judicial de 2025 no debe anularse: debe entenderse, corregirse y trascenderse.

  • Israel Vallarta y la justicia

    Israel Vallarta y la justicia

    La justicia en el capitalismo no solo es para quién pueda pagarla, sino que también es una especie de ficción que es muy difícil de alcanzar y que llega a ser utilizada para reprimir y cometer verdaderos crímenes de Estado. El caso de Israel Vallarta es un buen ejemplo para mencionarlo aquí.

    Justicia de montaje

    Israel Vallarta y Florence Cassez fueron privados de su libertad y usados en un montaje televisivo para vanagloriar al gobierno panista federal y su estrategia de seguridad contra el secuestro.

    Después fueron encarcelados sin pruebas, eso sí, con harta tortura y violando todos los procedimientos legales. Les dejaron encerrados y los culparon de un crimen que no cometieron, hasta se metió México en una crisis diplomática con Francia.

    Y lo más curioso es que jamás dictaron sentencia, los mantuvieron detenidos sin poder culparlos y darles una condena. Es como si te detienen por robar un chicle, jamás pueden comprobar que lo robaste, pero no importa, mientras te mantienen en prisión sin importar nada.

    Quién les regresa la vida perdida a estas personas, Florence pudo salir después, pero Vallarta si se llevó casi 20 años hasta poder salir ahora absuelto de los cargos imputados que jamás pudieron comprobar.

    Los rabiosos defensores

    Entre quienes planearon y perpetraron ese crimen se encuentra Genaro García Luna y Carlos Loret de Mola. Ahorita, está la derecha que escupe espuma defendiendo nuevamente a sus paladines sin reconocer esta atrocidad.

    Así sale el payasito de Ciro Gómez Leyva mandando abrazos de solidaridad a Loret e invitando a figuras del movimiento social cercanas al calderonato como Morera a hablar del tema y defendiendo también a su Wallace, otra criminal.

    Y así viene el nado sincronizado de la derecha diciendo que es culpable Vallarta que cómo lo dejan libre, es más hasta criticaron a la jueza que emitió el fallo porque fue la que dictó sentencia a la hermana de la botarga Xóchitl Gálvez por secuestradora (ésta si con pruebas).

    Pero ninguna palabra a los casi 20 años sin sentencia que tuvo Vallarta, ninguna crítica al montaje televisivo de esos años. Defienden la burla que nos hicieron, la burla que hicieron a la justicia mexicana.

    La justicia que merecemos

    La justicia de la derecha es una justicia de montaje. Hacer como que si somos justos, pero no serlo en realidad. Si pudieron crear un producto para televisión violando todos los debidos procesos y con personas inocentes de por medio, qué más no hicieron que no nos dimos cuenta.

    Afortunadamente, esos momentos son parte del pasado pero que debemos de recordar siempre para no repetirlos. Esperamos que con el nuevo poder judicial elegido por el pueblo puedan cambiar estas situaciones y de no ser así, también lo vamos a denunciar.

    Redes sociales

  • Woke: Alessandra Rojo de la Vega

    Woke: Alessandra Rojo de la Vega

    La llegada de Alessandra Rojo de la Vega a la alcaldía Cuauhtémoc no implica un quiebre con las viejas prácticas, sino una especie de reinvención en la forma de verlas. Su éxito en las urnas no es precisamente una victoria del feminismo que nace del pueblo ni de las batallas sociales más esenciales. Más bien, simboliza el triunfo de un progresismo que no se preocupa por las diferencias de clase, uno que simplifica los problemas sociales a meras charlas motivacionales, campañas llamativas y acciones que procuran no incomodar las causas profundas de la inequidad.

    Rojo de la Vega se muestra como una luchadora, una protectora de los derechos femeninos, una madre fuerte y una ciudadana audaz. Sin embargo, su camino recorrido evidencia que su activismo ha servido más para destacar su propia figura que para impulsar un cambio real. En vez de fortalecer la unión para pelear por los derechos, ha fortalecido su propia imagen. Y en vez de cuestionar los intereses económicos o las bases del poder, los maneja con soltura

    Su gestión comenzó con un acto cargado de símbolos: el retiro de las estatuas de Fidel Castro y el Che Guevara. Lo vendió como una victoria “vecinal”, pero no fue más que una operación mediática para deslegitimar cualquier rastro de memoria revolucionaria en el espacio público. “Llévenselas de decoración a sus casas”, dijo, como si la historia pudiera subastarse, como si la política fuera solo una escenografía. Así funciona el woke: se apropia de las formas del disenso, pero elimina su contenido transformador.

    Esta lógica no es nueva, pero sí peligrosa. Bajo la bandera de lo woke, los proyectos neoliberales se pintan de morado, se disfrazan de derechos humanos, se suben al tren del empoderamiento… mientras privatizan servicios, criminalizan la protesta y entregan el espacio urbano al capital inmobiliario. Rojo de la Vega no es una excepción, es un ejemplo paradigmático.

    Su coalición con los partidos de derecha (PAN, PRI y PRD) deja claro que actúa como un engranaje más en el sistema para frenar cualquier transformación real. Lo que realmente propone no es una sociedad más justa, sino un modelo neoliberal maquillado para que parezca menos duro. En sus palabras hay espacio para las mujeres, pero se olvidan de las que trabajan. Habla de derechos, pero no de los que defienden los sindicatos. Se acuerda de las víctimas, pero ignora a los grupos que se organizan desde la gente. Todo tiene cabida, eso sí, siempre que no se ponga en duda cómo está repartido el poder, la riqueza y las clases sociales.

    Porque eso es el woke: un simulacro de progresismo que exalta la diversidad mientras niega la desigualdad; que abraza las causas más mediáticas pero desprecia las más profundas; que se maquilla de justicia, pero actúa con la lógica del mercado.

  • Morena lidera en popularidad rumbo a 2027, pero trabaja en definir con claridad su identidad política

    Morena lidera en popularidad rumbo a 2027, pero trabaja en definir con claridad su identidad política

    Morena se consolida como el partido con mayor respaldo ciudadano en el país, con 64% de opinión favorable, según una encuesta nacional de El Financiero. Muy por encima de sus aliados PT (47%) y PVEM (40%), y con amplia ventaja frente a la oposición, donde Movimiento Ciudadano alcanza 30%, mientras PAN y PRI se quedan con 12% y 11%, respectivamente.

    Este nivel de respaldo se mantiene a casi siete años de haber llegado al gobierno federal, y en un contexto en el que Morena ya trabaja en el fortalecimiento de su identidad política rumbo a los comicios de 2027. El objetivo es consolidar su perfil ideológico y avanzar en la agenda que ha impulsado desde la Cuarta Transformación.

    Según la encuesta, 45% de la ciudadanía identifica a Morena como un partido de izquierda, mientras que el resto lo ubica en otras posiciones del espectro político. También hay diversidad de opiniones sobre si es un partido autoritario o democrático, progresista o conservador, lo cual refleja la amplitud de posturas dentro de su base social.

    En cuanto a sus prioridades como fuerza gobernante, las personas señalaron el desarrollo económico (27%), la seguridad (24%) y la igualdad (23%) como los ejes principales, mientras que, en términos de percepción, el reto principal se ubica en la necesidad de fortalecer el combate a la corrupción, mencionada por 44% de los encuestados.

    Con estos resultados, Morena inicia una etapa de revisión interna para reforzar su identidad, mantener el respaldo ciudadano y responder a los desafíos actuales, reafirmando su papel como la fuerza política más influyente del país.

  • Prensa sentimental

    Prensa sentimental

    La prensa convencional siempre partirá de noticias que van de lo particular a lo general y muchas veces, la mayoría, se quedan en el intento de hacerlas generales, cuando se trata sólo de casos individuales y a veces aislados.

    Así, la situación de una persona en problemas que para ellos es noticia, cuando las lluvias inundan su casa, o se cae un árbol en el carro de alguien que creen que es digno de entrevistarse, o colocan en primera plana la vida de un famoso o un deportista, cortan el vínculo entre lo social y lo individual que debe ser un complemento de la otra, a partir de un hecho trascendente.

    Su manera de decidir lo trascendente tiene profundas raíces políticas y muy malas intenciones.

    El periodismo es una labor social, al sacar de ese contexto la información tienden los puentes hacia el sentimentalismo más ramplón, también hacia la extorsión, el chantaje y la presión hacia el gobierno.

    Es decir, el sentimentalismo es un arma de los medios contra el gobierno, utilizado como escenario de lo malo e ineficiente que resulta la administración pública.

    Al enfocar un drama particular a través de los medios, se crean vínculos con la ficción. Asociaciones que remiten a telenovelas, películas, series. Es decir, el drama se vuelve espectáculo, distanciándose de la intención de informar para convertirse en diversión o en algo que no puede solucionarse porque su final está escrito en un guion inalterable.

    Hacer énfasis en lo individual, la obsesiva costumbre de decir que la víctima tenía hijos, y si son menores de edad, es todavía mayor el morbo que se difunde para caer en la tragedia individual de un guion que sólo busca manipular lo social.

    Al darle realce a las características personales se diluye el contexto, la causa y el efecto que deben servir para conocer la realidad, es decir el contexto social desaparece para dejar la nota en un problema aislado entre buenos y malos, que es la base de toda manipulación.

    En esos casos la televisión entrevista no sólo a familiares cercanos sino hasta los padrinos y vecinos para darle un sesgo de tragedia griega, de víctimas del mal gobierno, donde los delincuentes son menos responsables que la administración pública. Los asesinos no son tan malos como los gobernantes en turno, que permiten que haya delitos. En lugar de informar realizan una obra de teatro donde la imaginación de los autores prevalece sobre la realidad.

    La función del periodismo no es conmover sino informar para que el público, al que no respetan, decida si participa en los conflictos de la sociedad, pero al profundizar en el caso, con información que a nadie interesa, como mostrar los juguetes que dejó en su cuna la niña muerta, o las fiestas a las que asistía la adolescente, o el título de la universidad del joven estudiante, o el banderín del equipo de futbol que apoyaba la víctima, colgado en la pared, que son factores que nada dicen a nadie pero todavía hay un grupo de medios que utiliza el sentimentalismo en lugar de tomar su responsabilidad en busca de la manipulación y el rating.

    Los medios se dedicaron a infundir el miedo en la sociedad de manera cotidiana, constantes y hasta estratégicamente, de tal manera que lejos de convocar a la población a la participación social, vecinal, política simplemente quiere mantenerlos al margen y en casa, que es donde se desarrollan los hechos de sangre comúnmente, pero esta contradicción nadie la toma en cuenta, la casa como refugio y no como parte de la identidad o plataforma de la vida social activa, es lo que muestran los chantajistas de la información como único universo seguro.

    Es tiempo de juzgar a los periodistas que hicieron y hacen mal su trabajo en el pasado, no son pocos y todos los conocen, la mayoría con la intención de manipular y con un protagonismo que los convirtió, en su momento, en estrellas.

    Cuando el informador es noticia la información verdadera pasa a segundo término y en México, los hombres y mujeres del micrófono y la pluma, luchan denodadamente por su protagonismo sin vocación ni saber lo que en realidad es su trabajo. Los periodistas dejaron de ser un medio para convertirse en un fin en si mismos.

    Nadie mejor que la sociedad para que el periodismo retome el camino y responda al tiempo que se vive. Hay que aprender del pasado sin olvidar el futuro estará lleno de noticias que deberán ser transformadoras, pero primero debe desaparecer ese periodismo que se basó en el sentimentalismo, el chayote, la mentira, la tradición al país.

    Informarse debe dejar de ser parte del descanso, en el espacio de la diversión, en el corazón de la relajación diaria, sino un compromiso que implica dejar atrás la pasividad.

  • ¿Agenda diplomática… o salvavidas político?

    ¿Agenda diplomática… o salvavidas político?

    Resulta curioso y a la vez preocupante ver cómo, de la noche a la mañana, varios dirigentes de partidos políticos mexicanos aparecen muy activos en sus redes sociales, anunciando con orgullo sus viajes a Washington, dizque para “fortalecer las relaciones bilaterales”. ¿De verdad estamos ante una agenda diplomática seria o simplemente estamos viendo una nueva modalidad de escapismo político?

    Mientras en México se lanzan acusaciones de traición a la patria, se filtra información delicada y se dan golpes bajos entre facciones, del otro lado del río Bravo las cosas funcionan diferente. Allá no basta con el escándalo mediático o la guerra de declaraciones: en Estados Unidos, cuando se investiga, se hace con pruebas. Y cuando se actúa, se hace sin avisar.

    Recordemos aquellos años en que exgobernadores mexicanos eran denunciados en cortes estadounidenses por lavado de dinero, corrupción o vínculos con el crimen organizado. Se hicieron hasta videos-denuncia que se viralizaron… y al final, nada. Ni un solo juicio, ni un solo castigo. ¿Por qué? Porque muchas veces las “pruebas” no eran más que basura mediática: documentos falsificados, montajes, o simples fuegos artificiales para golpear al enemigo político en turno.

    Hoy vemos a un líder nacional de partido detallando su agenda en Washington como si se tratara de una gira de Estado. Pero el trasfondo podría ser otro: ¿están algunos políticos buscando limpiar su nombre antes de que sea demasiado tarde? ¿O quizá están midiendo qué tanto riesgo corren si mañana una agencia federal decide abrirles una investigación?

    Lo que sí sabemos es que en Estados Unidos no se permiten juegos con su sistema judicial. Y si bien pueden guardar silencio por años, cuando deciden actuar, lo hacen con precisión quirúrgica. No sería raro que en un futuro cercano veamos cómo se les niega el ingreso a ciertos políticos mexicanos no por rumores, sino por investigaciones serias, silenciosas… y muy bien documentadas.

    Que no nos vendan diplomacia cuando lo que buscan es blindaje. Que no nos hablen de agendas binacionales cuando lo que hay es miedo. Porque la justicia americana no necesita aplausos ni reflectores. Solo espera su momento.

  • LA PALABRA GENOCIDIO

    LA PALABRA GENOCIDIO

    Miras esa fotografía en el sitio web de La Jornada. Es de la agencia de noticias AP y fue tomada el 23 de julio pasado. En la imagen aparece de perfil, casi de espaldas, un niño de dos años. Yazan Abu Ful lo único que ha visto en su vida, tan breve como un grano de arroz, es la asquerosa e instantánea luz de la guerra; lo único que ha escuchado ha sido el estruendo de las bombas, el ruido de los aviones, y no ha sentido más que el miedo y el dolor del hambre. Sin embargo, paradójicamente, ha tenido la suerte de vivir ahora en un campo de refugiados de Shati, en la ciudad de Gaza; bueno, si los heraldos negros de Netanyahu no disponen otra cosa.

    Miras el video que por WhatsApp te envía tu amiga Tania. “Tú no eres chillón, pero, por cualquier cosa, prepárate para llorar”, me escribe. “No me conoces. Lloro hasta con las películas de perritos”. “Este video me partió”, me dice. En él, una niña palestina pide la llave de su casa que ha sido destruida por soldados israelíes. “Urid almiftah”, dice. “¿Para qué quieres la llave?”. “Quiero guardarla como recuerdo de mi casa”. La hermosa pequeña llora mientras entre las ruinas dos hombres jóvenes cargan una losa. Luego mira al horizonte como si tratara de encontrar allá a lo lejos un mundo mejor, con casa, en paz. La cámara, la niña palestina, la rabia de mi colega y la mía esperan que todo esto termine.

    Más de 60 mil seres humanos han sido asesinados en Palestina, casi 150 mil personas han sido heridas, más de 70 mil se han quedado sin vivienda y cerca de dos millones de personas están siendo desplazadas. “Gaza se muere de hambre: Llamados de auxilio en medio del bloqueo”. Así titula en su nota principal el boletín Mirada global. Historias humanas de la Organización de las Naciones Unidas. “Un florero”, decía de la ONU Andrés Manuel López Obrador: “Lo único que hace es tomar partido y enviar armamento en las guerras. Si todo ese dinero que utilizan para armamentos, que solo beneficia a la industria bélica y que causa muerte y destrucción, se utilizara para el desarrollo de los pueblos, para garantizar oportunidades de trabajo, de estudio, estaríamos viviendo en un mundo más fraterno, más justo, más humano”.

    Te detienes en otro video que en redes ha circulado por todas partes. En él un grupo de mujeres y hombres adolescentes rechazan unirse al ejército israelí para hacer el servicio militar a pesar de que tendrán que ir a la cárcel. Se trata de objetores de conciencia que públicamente queman sus papeles de reclutamiento. “Me negué porque no voy a ser parte de un genocidio en Gaza, no se puede permanecer en silencio. Nunca más”, dice un joven. 

    Lees en la prensa: Alex de Waal dice que la hambruna no es solo “la experiencia individual del cuerpo consumiéndose”, sino también una “experiencia colectiva de deshumanización”. De hecho, el académico asegura que la hambruna en Gaza es totalmente provocada.

    Para el escritor israelí David Grossman, la palabra “genocidio” ya no puede evitarse. El gobierno israelí está perpetrando un crimen contra la humanidad. El escritor vivo más valorado en su país se hace la misma pregunta que muchos de nosotros: “¿Cómo hemos llegado hasta aquí? El solo hecho de pronunciar la palabra ‘genocidio’ con referencia a Israel, al pueblo judío, el simple hecho de que se pueda hacer esta asociación, debería bastar para darnos cuenta de que algo muy malo nos está sucediendo. […] La ocupación nos ha corrompido. La maldición de Israel comenzó en 1967. Hemos sucumbido a la tentación de nuestro poder absoluto”.

    Observas con detenimiento una entrevista en el canal de YouTube de Los Periodistas. Ari Volovich, escritor y periodista nacido en Jerusalén, le comenta a Álvaro Delgado y a Alejandro Páez Varela que en Israel los palestinos no eran vistos como personas. Eran siluetas o gentes en segundo plano, pues había una negación en torno a su existencia. 

    “Me acuerdo de una anécdota: estaba en un asado en casa de mi tía en Ashdod, la ciudad donde yo crecí, que está muy cerca de Gaza, y estaban bombardeando por enésima vez a la población gazatí. Nosotros sentíamos las olas expansivas de los bombardeos y yo le preguntaba a mi tía: ‘Oye, ¿no estás escuchando esto?’. ‘¿De qué me hablas? Es el viento’. (…) No existe Gaza. (…) No se dibuja al palestino como una persona”.

    Ari Volovich habla del asesinato de Isaac Rabin y la consecuente fuga de las mentes cuando la disidencia intelectual de Israel se fue para todos lados diciendo que “esto ya no tiene solución”, y advierte que ahora “demográficamente, los religiosos y ultrarreligiosos están al siete por dos en relación a los laicos. ¿Por qué no hay una disidencia grande? Tiene que ver con la fuga de las mentes de los años noventa”. El periodista, escritor y cronista termina diciendo con todas sus letras la palabra para muchos negada: “Esperemos de verdad que este genocidio termine pronto, por favor”.

    Piensas en el genocidio, en la desaparición (mal llamada ocupación) del Estado palestino por la fuerza de Israel y sus aliados…, pero ahora solo intentas dormir.

    https://www.jornada.com.mx/noticia/2025/08/01/mundo/la-palabra-genocidio-ya-no-puede-evitarse-dice-el-escritor-israeli-david-grossman

    https://www.facebook.com/share/v/1LZa66UKYg

  • El agua que sostiene la ciudad

    El agua que sostiene la ciudad

    Una mirada urgente a la crisis hídrica y al bosque que nos da de beber

    En la Ciudad de México, abrir la llave y que salga agua se ha vuelto casi un privilegio. Para muchas personas, ese gesto cotidiano está lejos de ser garantizado: hay quienes reciben el suministro solo un par de horas al día, otros esperan la pipa como si fuera un salvavidas. Vivir con sed en una ciudad moderna suena a contradicción, pero es una realidad para millones de habitantes.

    Esta no es una historia nueva. La capital se construyó sobre un lago, pero lo fuimos secando, encementando y olvidando. Hoy, esa decisión histórica nos pone frente a una paradoja: tenemos lluvias torrenciales, pero carecemos de agua en casa; contamos con presas, pozos y tuberías, pero el sistema pierde casi la mitad del recurso por fugas, corrupción o mal manejo. El agua está, pero no llega. ¿Cómo rompemos ese ciclo?

    Frente a este escenario, las soluciones aisladas ya no bastan. Necesitamos una mirada integral, que entienda al agua no solo como un recurso técnico, sino como un derecho humano, un bien común y un tejido que conecta territorio, naturaleza y comunidad.

    Desde el gobierno capitalino se han impulsado algunas respuestas en esa dirección: se creó la Secretaría de Gestión Integral del Agua (SEGIAGUA), se promueven tecnologías como captadores de lluvia, se están automatizando redes y se han hecho esfuerzos por atender fugas más rápido. Además, se trabaja en un plan de largo plazo que plantea cómo cuidar el agua pensando en los próximos 20 años, no solo en el siguiente temporal.

    Pero para que estas acciones tengan sentido, necesitamos hablar de un protagonista que pocos conocen y que, sin embargo, es esencial para que tengamos agua: el Bosque de Agua.

    Imagínate un gran pulmón verde que respira por nosotros. Así es el Bosque de Agua: una región que abarca partes de la Ciudad de México, el Estado de México y Morelos, con árboles, manantiales y suelos que funcionan como una esponja natural. Cada vez que llueve, este bosque capta el agua, la filtra y la envía al subsuelo. Gracias a eso, los acuíferos que abastecen a millones de personas pueden recargarse.

    Este bosque nos da alrededor del 70 % del agua que llega a la capital y otras zonas del centro del país. Y sin embargo, lo estamos perdiendo. En solo tres décadas, entre el 30 y el 40 % de su superficie ha desaparecido, devorada por la tala ilegal, los incendios, la urbanización desmedida o el cambio de uso de suelo.

    Mientras las autoridades debaten leyes, en el bosque hay comunidades que resisten, personas que cuidan los árboles, que limpian los manantiales, que siembran futuro. Son defensoras del agua y merecen ser escuchadas, respetadas y apoyadas.

    La crisis del agua no afecta a todas las personas por igual. Hay zonas donde el líquido llega diariamente, mientras otras deben almacenarlo en tambos o comprarlo a sobreprecio. Eso también es una forma de desigualdad. Y si no protegemos los ecosistemas como el Bosque de Agua, esa desigualdad crecerá.

    Por eso, se vuelve urgente proteger legalmente el bosque, reconocerlo como área natural protegida, reforzar su vigilancia y, sobre todo, incluir a las comunidades que lo habitan en la toma de decisiones. La política pública no puede hacerse desde el escritorio: necesita los pies en el territorio y los oídos abiertos a quienes lo viven.

    También necesitamos cambiar la forma en que nos relacionamos con el agua. No es un recurso infinito. No es solo un servicio. Es vida. Y cuidarla es un acto colectivo, no individual.

    La crisis del agua en la Ciudad de México es, también, una oportunidad. Una oportunidad para imaginar una ciudad diferente, más justa, más verde, más consciente. Donde el agua no sea un privilegio, sino un derecho. Donde los bosques no sean leña ni suelo para construir, sino fuentes de vida. Donde cada persona entienda que abrir la llave no es un acto aislado, sino el resultado de una cadena natural y social que empieza en la lluvia y termina en el vaso que bebemos.

    Cuidar el Bosque de Agua, mejorar nuestras redes, cambiar nuestros hábitos y apostar por políticas más humanas no son soluciones mágicas, pero sí son caminos posibles. Y esos caminos empiezan por reconocer algo simple pero poderoso: el agua que llega a nuestra casa viene del corazón del bosque. Y ese corazón late cada vez más débil. Nos toca cuidarlo. Por nosotros. Por los que vienen.