Etiqueta: Política

  • Diputados de CDMX se toman “megapuente”; retomarán sesiones hasta el 18 de marzo

    Diputados de CDMX se toman “megapuente”; retomarán sesiones hasta el 18 de marzo

    La modificación del calendario legislativo permitirá a los diputados capitalinos ausentarse casi cinco días consecutivos, lo que ha generado críticas por priorizar el descanso sobre el trabajo parlamentario.

    Los diputados del Congreso de la Ciudad de México iniciaron un “megapuente” legislativo con motivo de la conmemoración del natalicio de Benito Juárez, luego de que se determinara suspender las sesiones ordinarias hasta el miércoles 18 de marzo. La decisión fue anunciada por la diputada del PAN, Olivia Garza de los Santos, quien encabezó la sesión en ausencia del presidente de la Mesa Directiva, Jesús Sesma.

    La modificación del calendario legislativo permitirá que los legisladores dispongan de casi cinco días consecutivos sin actividad parlamentaria, luego de que se acordara posponer las sesiones de la próxima semana, que normalmente se realizan los martes y jueves, para concentrarlas únicamente el miércoles.

    De acuerdo con el acuerdo aprobado previamente por la Junta de Coordinación Política, el calendario de sesiones fue ajustado en el marco de la planeación del segundo periodo legislativo que iniciará en abril, lo que derivó también en el cambio de la sesión programada para el martes.

    Tras concluir los asuntos del día, la diputada Garza dio por terminada la sesión y citó oficialmente al pleno para reanudar trabajos el miércoles 18 de marzo a las 10 de la mañana, según consta en la versión estenográfica del Congreso capitalino.

    No es la primera vez que esta legislatura enfrenta cuestionamientos por priorizar los recesos legislativos. En febrero pasado, durante el puente por el Día de la Constitución, el Congreso fue criticado porque solo 36 de los 66 diputados acudieron a la sesión de apertura del periodo ordinario, lo mínimo necesario para alcanzar el quorum.

    Aquella sesión, realizada el 1 de febrero, fue breve y permitió a los legisladores continuar con el descanso del fin de semana largo, retomando actividades hasta el 5 de febrero, fecha en que se conmemoró el 109 aniversario de la promulgación de la Constitución mexicana.

  • Verástegui tira la toalla: abandona la política tras fracasar en su intento de crear su propio partido

    Verástegui tira la toalla: abandona la política tras fracasar en su intento de crear su propio partido

    El actor ultraconservador anunció que deja la arena política luego de no lograr candidatura presidencial ni registrar su partido “Viva México”. Ahora dice que dará la “batalla espiritual”… con rosarios y películas.

    Después de varios intentos fallidos por convertirse en figura política, Eduardo Verástegui anunció su retiro de la política mexicana, luego de no conseguir consolidar su proyecto ultraconservador “Viva México” ni registrar un partido propio. El actor, que buscó una candidatura independiente a la Presidencia en 2024 y posteriormente intentó crear una nueva fuerza política en 2025, terminó reconociendo que su aventura terminó en un callejón sin salida.

    A través de un mensaje dirigido a sus simpatizantes, Verástegui admitió que el proyecto político no logró despegar, aunque intentó culpar al sistema electoral. Según su versión, el sistema político mexicano “impide que un outsider avance sin maquinaria partidista, financiamiento y estructura nacional”, argumento que utilizó para justificar su salida de la contienda pública.

    El actor agradeció a los seguidores de su movimiento Viva México, surgido durante la gira de su película Inesperado en 2019, y recordó que posteriormente impulsó campañas como la promoción de la cinta Sound of Freedom y su intento de reunir apoyos para competir como candidato independiente. Sin embargo, tras varios años de promoción política y religiosa, los resultados electorales simplemente nunca llegaron.

    Lejos de reconocer errores estratégicos o la falta de respaldo social, Verástegui aseguró que su decisión responde a un “proceso profundamente desgastante”, por lo que optó por abandonar temporalmente la política. En su mensaje, incluso ofreció una disculpa a sus seguidores por la incertidumbre generada tras el fallido intento de construir un partido político propio.

    Eso sí, el actor no planea desaparecer del todo del escenario público. Ahora afirma que continuará la lucha desde lo que llamó la “batalla cultural y espiritual”, dedicándose a producir cine con valores conservadores. Entre sus próximos proyectos anunció la preproducción de Sound of Freedom 2 y el estreno de Zero A.D. a finales de este año.

    Como si fuera el inicio de una cruzada religiosa más que política, Verástegui también anunció el arranque de una gira de 32 rosarios por México, comenzando en Guadalajara, uno por cada estado del país. Según el propio actor, la misión será orar por la “restauración de la nación”, cerrando su mensaje con una frase que resume el tono de su despedida política: “El hombre da la batalla, pero solo Dios da la victoria”.

  • De la hegemonía a la agonía: 97 años del PRI, un partido a punto de desaparecer

    De la hegemonía a la agonía: 97 años del PRI, un partido a punto de desaparecer

    El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que recientemente alcanzó los 97 años de existencia, atraviesa el periodo más crítico de su historia.

    Lo que alguna vez fue definido por Mario Vargas Llosa como “la dictadura perfecta” —un sistema de partido casi único que gobernó México por siete décadas ininterrumpidas— se ha transformado en una fuerza política que lucha por su supervivencia, asediada por escándalos de corrupción sistémica y una fuga masiva de cuadros hacia otras fuerzas políticas.

    La represión de 1968 y el “Halconazo”

    El momento de mayor ruptura ética entre el PRI y la sociedad civil ocurrió el 2 de octubre de 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco. Bajo el mandato de Gustavo Díaz Ordaz, el Estado utilizó al ejército y a grupos paramilitares para masacrar a estudiantes que exigían libertades democráticas. Este evento no solo fue un crimen de lesa humanidad, sino que destruyó el mito del “gobierno de la Revolución” que trabajaba para el pueblo. La cifra oficial de muertos nunca fue clara, pero las estimaciones de testigos y organismos internacionales hablan de cientos de víctimas.

    Apenas tres años después, el 10 de junio de 1971, durante el sexenio de Luis Echeverría Álvarez, ocurrió la “Matanza del Jueves de Corpus” o El Halconazo. Un grupo paramilitar entrenado por el Estado, “Los Halcones”, atacó una manifestación estudiantil con armas de fuego y varas de bambú frente a la policía que solo observaba. Estos eventos inauguraron la llamada Guerra Sucia, un periodo donde el PRI utilizó la desaparición forzada, la tortura y la ejecución extrajudicial para aniquilar a cualquier disidencia política de izquierda o movimientos guerrilleros.

    La herencia de estos años es un estigma de autoritarismo que el partido jamás pudo sacudirse del todo. La figura de Luis Echeverría permaneció hasta su muerte como el símbolo de la represión sistémica, siendo el primer expresidente en ser procesado (aunque bajo arresto domiciliario) por genocidio.

    El colapso económico: “La docena trágica” y el error de diciembre

    El siglo XX priista también estuvo marcado por una gestión económica que pasó de la estabilidad del “Milagro Mexicano” al desastre absoluto por decisiones populistas y técnicas deficientes.

    Los gobiernos de Luis Echeverría y José López Portillo (1970-1982) llevaron al país a una inflación descontrolada y un endeudamiento externo masivo. López Portillo es recordado por su frase “defenderé el peso como un perro”, solo para presenciar una devaluación histórica que pulverizó los ahorros de millones de mexicanos mientras él lloraba en su último informe de gobierno.

    Posteriormente, en 1994, el país vivió el famoso “Error de Diciembre” al inicio del sexenio de Ernesto Zedillo, pero gestado en las políticas de Carlos Salinas de Gortari. La falta de reservas internacionales y el manejo político de las variables económicas provocaron una crisis financiera que se extendió por todo el mundo, conocida como el “Efecto Tequila”. Esto derivó en el rescate bancario a través del Fobaproa, una deuda privada que el PRI convirtió en deuda pública y que los mexicanos siguen pagando hasta el día de hoy, afectando el presupuesto nacional por generaciones.

    El fraude del 88 y el magnicidio de 1994

    El sistema político del PRI se basaba en el control absoluto de las elecciones, pero en 1988 ese control fue desafiado por la corriente democrática de Cuauhtémoc Cárdenas. La famosa “caída del sistema”, operada por Manuel Bartlett (entonces Secretario de Gobernación), es el fraude electoral más documentado y cínico de la historia moderna de México. Cuando los resultados preliminares favorecían a la oposición, el sistema de cómputo se detuvo sospechosamente; al “reiniciarse”, Carlos Salinas de Gortari apareció como ganador, una mancha de ilegitimidad que persiguió a su gobierno desde el primer día.

    El año de 1994 representó el punto de quiebre violento dentro de la propia estructura del partido. El asesinato de su candidato presidencial, Luis Donaldo Colosio, en Lomas Taurinas, sacudió los cimientos del país. La teoría del “asesino solitario” nunca convenció a la población, que vio en el magnicidio una purga interna o una respuesta de los sectores más conservadores del PRI (los llamados “dinosaurios”) ante las promesas de reforma del candidato. Meses después, el asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, secretario general del partido, confirmó que el PRI estaba en una guerra intestina sangrienta.

    La quiebra ética: el sexenio de Enrique Peña Nieto

    El regreso del PRI a la presidencia en 2012, tras doce años de gobiernos panistas, fue presentado como el nacimiento de un “Nuevo PRI”. Sin embargo, este periodo se convirtió rápidamente en el catálogo más extenso de corrupción en la historia moderna de México.

    Casos como la Casa Blanca, una lujosa residencia propiedad de la esposa del presidente construida por un contratista favorecido por el gobierno, rompieron la confianza ciudadana de manera irreversible.

    A este escándalo se sumó La Estafa Maestra, un sofisticado mecanismo de desvío de recursos públicos a través de universidades públicas y empresas fantasma que involucró a múltiples dependencias federales. La percepción de impunidad se consolidó con la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en 2014, un evento que no solo exhibió la ineficiencia del Estado, sino también la colusión de autoridades locales priistas con el crimen organizado, marcando el inicio del fin para la legitimidad del sexenio.

    El costo político de estos eventos fue devastador. El partido no solo perdió la presidencia en 2018 con su peor votación histórica, sino que quedó marcado como una marca “tóxica” para el electorado.

    Los “gobernadores de la vergüenza” y el saqueo estatal

    Uno de los puntos más bajos del PRI fue la conducta de su nueva generación de gobernadores, a quienes el propio Peña Nieto llegó a llamar el “rostro de la renovación”. Personajes como Javier Duarte (Veracruz), César Duarte (Chihuahua) y Roberto Borge (Quintana Roo) terminaron en prisión o prófugos tras dejar sus estados en la quiebra financiera y sumidos en crisis de violencia.

    En Veracruz, el caso de Javier Duarte fue emblemático: se le acusó de administrar quimioterapias falsas (agua destilada) a niños con cáncer mientras desviaba miles de millones de pesos. Por su parte, César Duarte fue señalado por crear un banco propio con recursos públicos, y Roberto Borge por el remate ilegal de terrenos del patrimonio estatal a familiares y amigos. Estos nombres se volvieron sinónimos del PRI ante la opinión pública nacional.

    El desmantelamiento territorial: de 32 a 2 gubernaturas

    La pérdida de poder territorial es, quizás, el síntoma más claro de la agonía del PRI. Tras las elecciones de 2024, el partido quedó reducido a su mínima expresión histórica, conservando únicamente las gubernaturas de Coahuila y Durango. Este declive es asombroso si se considera que, hasta antes del año 2000, el PRI gobernaba todas las entidades federativas del país sin excepción.

    La debacle se aceleró con la pérdida del Estado de México en 2023, el bastión más importante, poblado y simbólico del priismo. Perder “la joya de la corona” después de casi un siglo de dominio ininterrumpido del Grupo Atlacomulco fue el golpe de gracia. Esta derrota no solo fue electoral, sino financiera, ya que el partido perdió el acceso a la mayor estructura de recursos y burocracia que le permitía operar a nivel nacional.

    Actualmente, el PRI enfrenta una crisis de relevancia en el Congreso y en los estados. Con una militancia que disminuye año tras año y la pérdida de registros locales en varias entidades, el partido ha pasado de ser el “gran elector” a un actor secundario que debe aliarse con su antiguo rival, el PAN, simplemente para no desaparecer.

    Crisis de dirigencia de “Alito” Moreno

    La figura de Alejandro “Alito” Moreno, actual dirigente nacional, representa para muchos críticos el último clavo en el ataúd del partido. Su gestión ha estado plagada de controversias, incluyendo la filtración de audios donde se le escucha hablar de supuestos pagos ilícitos a periodistas y maniobras financieras dudosas. Bajo su mando, el PRI ha perdido más gubernaturas que en cualquier otra dirigencia en la historia.

    Además de Alito, el partido ha sido lastrado por figuras como Carlos Salinas de Gortari, quien sigue siendo el villano favorito de la narrativa política mexicana, y Emilio Lozoya, cuyo proceso judicial por el caso Odebrecht ha mantenido vivos los señalamientos de sobornos para aprobar reformas estructurales. Estas figuras impiden que el PRI pueda presentarse como una opción de “cambio” o “renovación” ante un electorado que los asocia con el pasado más oscuro.

    La reciente reforma a los estatutos para permitir la reelección de la dirigencia actual provocó una fractura interna sin precedentes. Figuras históricas y exdirigentes han abandonado las filas del partido, denunciando un “secuestro” de la institución por parte de una cúpula que prioriza sus intereses personales sobre la viabilidad del proyecto político.

  • Restos de la oposición constituyen “Somos México”, la nueva organización de derecha

    Restos de la oposición constituyen “Somos México”, la nueva organización de derecha

    Por: Frank Alvarado

    “Somos México” realizó su asamblea constitutiva rumbo a su registro ante el INE, eligieron a Guadalupe Acosta Naranjo y Cecilia Soto como dirigentes y sumó a exministros, exfuncionarios y figuras opositoras del viejo régimen.

    La organización política de derecha “Somos México” celebró su asamblea constitutiva con miras a obtener el registro como partido nacional ante el Instituto Nacional Electoral (INE), en un acto donde fueron electos Guadalupe Acosta Naranjo como presidente y Cecilia Soto como secretaria general.

    Durante su toma de protesta, Acosta Naranjo, exintegrante del grupo conocido como Los Chuchos, en el extinto Partido de la Revolución Democrática (PRD), acusó de supuesto “autoritarismo” al actual gobierno y arremetió contra la reforma electoral, a la que calificó de regresiva, pese a que esta apenas se dará a conocer hasta el próximo martes.

    En el acto también se presentaron nuevos integrantes, entre ellos los exministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación: Ana Margarita Ríos Farjat, Javier Laynez Potisek y José Ramón Cossío; siendo que los dos primeros dejaron el cargo en agosto del año pasado al no aceptar participar en la primera elección judicial. Mientras que la secretaria general, Cecilia Soto, después de ser candidata a la presidencia en 1994 por el Partido del Trabajo (PT), últimamente fue diputada federal plurinominal por el PRD de 2015 a 2018.

    Durante el evento también se autorizó el nombramiento del abogado Juan Francisco Torres Landa como presidente de la Comisión Interna de Justicia. Además, se dejaron ver los nombres de personajes de la oposición, tal es el caso de Leonardo Valdés Zurita, último consejero presidente del desaparecido Instituto Federal Electoral (IFE); el panista José Luis Luege Tamargo; el exsenador Emilio Álvarez Icaza; el hijo del expresidente del PRI, Enrique de la Madrid; y el expresidente del INE, Lorenzo Córdova.

    La organización tiene hasta finales de mes para formalizar su solicitud de registro ante el INE, requisito indispensable para participar en elecciones futuras. Mientras tanto, sus dirigentes ya proyectan competir en 2027 y 2030, cuando se trata de una agrupación conformada por figuras de sectores del antiguo régimen judicial y político que perdieron privilegios con la reconfiguración del poder.

  • Green Day inaugura el Super Bowl LX ¿Un evento anti-Trump?

    Green Day inaugura el Super Bowl LX ¿Un evento anti-Trump?

    La banda de punk-rock californiana encabezará la ceremonia de apertura del Super Bowl LX el 8 de febrero, en el marco de los 60 años del evento. Su presencia ha generado debate por la postura crítica que el grupo ha mantenido contra el mandatario estadounidense Donald Trump, lo que ha llevado a interpretar el evento como un acto con carga política. 

    La NFL confirmó que Green Day será la banda principal de la ceremonia de apertura del Super Bowl LX, que se celebrará el 8 de febrero en el Levi’s Stadium de Santa Clara California, como parte de los festejos por las seis décadas de historia del Super Bowl. La participación del grupo, uno de los referentes del punk rock estadounidense, refuerza el carácter simbólico de una edición especial del evento. 

    La agrupación integrada por Billie Joe Amstrong, Mike Dirnt y Tré Cool, con una trayectoria que supera los 35 años y múltiples reconocimientos internacionales, Green Day suma un perfil generacional y contestatario a la celebración deportiva.

    Sin embargo, el anuncio ha desatado polémica en distintos sectores del público. Green Day ha sido abiertamente crítico de Donald Trump durante los últimos años, tanto en declaraciones públicas como en presentaciones en vivo, lo que ha llevado a que algunos interpreten su presencia en la inauguración como una señal de rechazo político. En redes sociales, la participación del grupo ha sido interpretada como un gesto simbólico que convierte el arranque del Super Bowl  LX como un evento con tintes anti-Trump.

    Esta perspectiva se ve forzada por el historial de la banda, que ha utilizado su música y plataforma pública para posicionarse frente a temas como el autoritarismo, la desigualdad y la división política en Estados Unidos. En ese sentido, su elección no solo responde a criterios musicales, sino que también habla bajo un contexto social marcado por la confrontación ideológica y la presencia continua de la política en la cultura popular. 

    La apertura se perfila como una mezcla entre música, espectáculo y política, en un contexto donde los grandes eventos deportivos también funcionan como plataformas de expresión cultural. De este modo, la edición número 60 del Super Bowl promete trascender el terreno del deporte para convertirse en un reflejo del momento que vive la sociedad estadounidense.

  • Diez riesgos para 2026: el mapa del poder, la economía y la incertidumbre

    Diez riesgos para 2026: el mapa del poder, la economía y la incertidumbre

    Al comenzar este año, muchas mexicanas y mexicanos sienten que algo cambió, aunque no siempre sea fácil explicarlo. La política ya no se percibe solo en discursos o debates lejanos, sino en decisiones que impactan el trabajo, el ingreso, la seguridad y la tranquilidad diaria. No es un momento de crisis, pero sí uno en el que los márgenes se sienten más estrechos y cada decisión parece pesar un poco más. Entender este contexto importa porque permite leer el momento con claridad, sin miedo ni exageración.

    Uno de los primeros puntos a observar tiene que ver con la forma en que se toman las decisiones. Cuando el poder se concentra, las cosas pueden avanzar más rápido, pero también se corre el riesgo de que las reglas cambien sin suficiente explicación. Esto no significa que todo esté mal, sino que la certeza puede debilitarse si no hay diálogo y claridad. Algo similar ocurre cuando los contrapesos pierden fuerza: corregir errores se vuelve más difícil y los ajustes llegan tarde.

    En la economía, el reto no es un colapso, sino la falta de impulso. Cuando el crecimiento es bajo, cuesta más mejorar ingresos y generar oportunidades. A esto se suma que muchas inversiones prefieren esperar antes de dar el siguiente paso. Esa pausa no se siente en cifras abstractas, sino en empleos que no llegan, proyectos que se posponen y familias que viven con mayor cautela. Aquí el desafío es recuperar confianza para volver a mover la rueda.

    Desde fuera, la relación con Estados Unidos y la revisión del T-MEC mantienen un ambiente de presión constante. No porque el acuerdo esté por romperse, sino porque la negociación permanente genera dudas. El reto está en responder con preparación y cabeza fría, evitando decisiones apresuradas que después cuesten más corregir.

    En las instituciones, otro riesgo aparece cuando las reformas avanzan más rápido que la capacidad para hacerlas realidad. Cambiar leyes es importante, pero hacerlo bien lo es todavía más. Cuando hay confusión, retrasos o reglas poco claras, la gente pierde confianza y todo se vuelve más complicado de lo necesario. Un Estado fuerte no es el que promete más, sino el que cumple mejor.

    En el territorio, la inseguridad y los conflictos sociales siguen afectando la vida diaria. El mayor riesgo no es solo su presencia, sino acostumbrarse a ellos, asumirlos como parte normal del día a día. Cuando eso ocurre, se encarecen los negocios, se fragmentan las comunidades y se debilita la confianza entre personas e instituciones.

    Ahora bien, hablar de estos riesgos no es una invitación al pesimismo. Al contrario. Identificarlos sirve para adelantarse, corregir a tiempo y evitar que se conviertan en problemas mayores. Nombrar los riesgos permite exigir mejores decisiones, reglas más claras y una ejecución más cuidadosa. Es una forma de prevención, no de alarma.

    Todos estos elementos se conectan en algo fundamental: la certidumbre. Cuando hay reglas claras, instituciones que funcionan y decisiones bien explicadas, las personas pueden planear, invertir, trabajar y vivir con mayor tranquilidad. La incertidumbre no desaparece por arte de magia, pero sí puede reducirse cuando hay orden, coherencia y responsabilidad.

    Visto en perspectiva, no estamos frente a un escenario de crisis, sino de definición. Los riesgos aquí descritos no anuncian un quiebre, sino un sistema que se pone a prueba. El verdadero activo del país no es la prisa ni la confrontación, sino la capacidad de convertir decisiones en reglas claras, presión en instituciones sólidas y tensión en resultados concretos. Si México logra transitar este periodo con claridad, disciplina y sentido común, lo que hoy se analiza como riesgo podrá recordarse como el momento en que supimos anticiparnos y gobernar mejor cuando el entorno dejó de ser cómodo.

  • Del aplauso a la urna: cuando los ídolos del deporte juegan el partido del poder

    Del aplauso a la urna: cuando los ídolos del deporte juegan el partido del poder

    POR: EDUARDO BLANCO

    Ídolos del fútbol, el boxeo y el olimpismo han cambiado los aplausos por votos y la cancha por el servicio público. Desde George Weah a Cuauhtémoc Blanco, este es un repaso por las figuras más mediáticas que dieron el salto del deporte a la política.

    La transición del deporte a la política no es nueva, pero sí cada vez más visible. El carisma forjado en la competencia, la cercanía con la gente y una imagen de disciplina han sido el pasaporte para que varios exatletas encuentren en la política un segundo aire.

    El caso más emblemático a nivel mundial es el de George Weah. Leyenda del fútbol africano, Balón de Oro en 1995 y referente del AC Milan, Weah cambió la élite europea por la arena política de Liberia. Tras años de preparación, llegó a la presidencia en 2018 bajo la bandera del Congress for Democratic Change.

    Su gobierno apostó por la reconciliación nacional y la estabilidad democrática, aunque enfrentó críticas por resultados económicos limitados. Aun así, su historia simboliza el sueño del ídolo convertido en jefe de Estado.

    En México, el ejemplo más mediático es Cuauhtémoc Blanco. Figura irreverente del América y de la Selección Mexicana, transformó su popularidad en votos al convertirse primero en alcalde de Cuernavaca y después en gobernador de Morelos.

    Respaldado por Morena y sus aliados, su gestión ha estado rodeada de polémica, señalamientos y confrontación constante, pero también de un fuerte respaldo popular que confirma el peso de su figura fuera de la cancha.

    Otro histórico del futbol mexicano es Manuel Negrete, autor de uno de los goles más icónicos en los Mundiales. Tras el retiro, encontró en la política local un nuevo terreno de juego. Militó en el PRD y gobernó la alcaldía de Coyoacán, con un perfil más discreto, enfocado en temas comunitarios y culturales, lejos del reflector estridente.

    El deporte olímpico también ha aportado protagonistas. Romel Pacheco, clavadista de larga trayectoria internacional, dio el salto al Congreso como diputado federal por el PAN. Posteriormente asumió la dirección de la CONADE, con la promesa de reconciliar al alto rendimiento con las políticas públicas y devolverle credibilidad a la institución deportiva.

    En la misma línea aparece Ana Gabriela Guevara, ícono del atletismo mexicano. Tras una carrera llena de récords, llegó al Senado y después a la CONADE. Su paso por la administración pública dejó una marca profunda, pues se vio envuelta en diversas polémicas, desde casos de corrupción hasta el hallazgo que reveló su llegada a un cargo público solo con bachillerato inconcluso como ultimo nivel de estudios.

    Brasil ofrece otro caso de alto perfil con Romário, campeón del mundo en 1994. El goleador transformó su fama en una carrera legislativa sólida: diputado, senador y crítico constante de la corrupción en el deporte y la política. Su estilo directo le permitió mantenerse vigente más allá del balón.

    México suma más ejemplos desde el ring. Erik “Terrible” Morales y Jackie Nava llegaron al Congreso como diputados federales, utilizando su prestigio deportivo para impulsar temas de juventud, deporte y bienestar social, con resultados desiguales pero alta exposición mediática.

    Estos casos confirman una realidad: el deporte no solo forma campeones, también produce figuras capaces de influir en la vida pública. Algunos han encontrado en la política un nuevo espacio de servicio; otros, un terreno tan ríspido como un campeonato.

  • Evasión fiscal y devoción religiosa: la contradicción moral de Salinas Pliego

    Evasión fiscal y devoción religiosa: la contradicción moral de Salinas Pliego

    El magnate mexicano que, al no pagar sus impuestos, le ha robado a las arcas públicas unacifra similar al costo del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, ahora hace otra aparición en redes sociales, esta vez, aprovechando la sensibilidad de muchos hacia la virgen de Guadalupe, para elevar una sínica plegaria.

    Ricardo Salinas Pliego fue criticado duramente por su falsa moral, después de hacer una controversial plegaria este 12 de diciembre en el día de la Guadalupana.

    La plegaria del dueño de TV Azteca, no fue más que una queja en relación al país, un mensaje religioso con todo el tinte político que nunca aparta de sus intereses.

    “Virgencita, cubre con tu manto a México. Protege a las familias que viven con miedo de salir a la calle, a los niños que merecen crecer en paz, a lss madres que llora a sus hijos desaparecidos y a todos los mexicanos que cada día salimos a trabajar con la esperanza de regresar con bien a casa”, publicó en X el dueño de Grupo Salinas.

    En redes sociales, dada la publicación de Sainas Pliego, le acusan de tener doble moral: “Y de paso, Virgencita”, has que los evasores fiscales paguen por fin sus deudas al fisco…”, comentó un usuario de la red.

  • Generación Z: entre el escepticismo informativo y el activismo digital

    Generación Z: entre el escepticismo informativo y el activismo digital

    Por Neri Torres, Eduardo Blanco, Nathael Pérez y Oscar Martínez

    La Generación Z mexicana está redefiniendo su relación con la política y los medios. Críticos del periodismo tradicional y al mismo tiempo escépticos de las redes sociales, estos jóvenes exigen transparencia, honestidad intelectual y acción real.

    Para la Generación Z mexicana —es decir, aquellos nacidos entre mediados de los noventa y comienzos de la década de 2010— la política ya no es una ceremonia solemne ni los medios un altar neutral. Crecemos en un paisaje digital, saturado de información, donde los grandes discursos tradicionales conviven con TikToks virales, bots y discursos partidistas camuflados entre memes. 

    Lo que para otras generaciones fue entender “quién manda”, para nosotros es preguntarnos “¿desde dónde hablan?” Y al hacerlo, descubrimos que la objetividad informativa es casi una fantasía: los medios, como otros campos sociales, están atravesados por intereses, ideologías y lógicas de poder.

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    El periodismo no es ajeno al juego político

    Neri Torres, comunicólogo y periodista, señala que la idea de un periodismo objetivo parece cada vez más lejana. Según él, el ecosistema informativo —influido por ideologías políticas, por algoritmos que premian lo conflictivo y por intereses empresariales— moldea lo que consideramos “verdad”. En ese sentido, no basta con decir que se busca el equilibrio: muchas decisiones editoriales son profundamente políticas. Para Neri, lo valioso no es fingir una independencia total, sino transparentar desde dónde se habla.

    Este diagnóstico no es infundado. En México, el acoso judicial hacia periodistas se ha vuelto una forma persistente de presión. Por ejemplo, la organización Artículo 19 reportó múltiples casos en 2025 donde se usan demandas para desgastar medios y voces críticas. Este tipo de hostigamiento contribuye a un clima en que “hablar con franqueza” deja de ser solo una ética profesional y se convierte en riesgo real.

    Desilusión política y exigencia de coherencia

    Eduardo Blanco, también comunicólogo, se describe como parte de una generación que ha sido testigo de crisis políticas, discursos de “guerra”, promesas rotas e inestabilidad económica. Blanco apunta que no hay una fe ciega en partidos ni en ideologías tradicionales —“no creo en derecha o izquierda”, dice— porque la realidad de muchos jóvenes mostrada desde fuera es profundamente simplificada y polarizada.

    Esta desilusión va más allá de la apatía: es hartazgo. La generación Z exige resultados tangibles, no solo discursos épicos. Quiere instituciones que funcionen, oportunidades reales y un México donde tener trabajo, vivienda o salud no dependa del color del voto o del apellido. No se conforma con la polarización, quiere soluciones concretas para la desigualdad. Y si el Estado no da esos resultados, entonces la responsabilidad de cambio recae en nosotros, en la acción organizada, informada y consciente.

    Un mundo líquido en constante transformación

    Nathael, filósofo y lector, utiliza la idea de “mundo líquido” de Zygmunt Bauman para describir la sensación de vivir en una realidad inestable: creímos en una promesa de progreso (“estudiar te salvara”) que poco a poco se desvaneció. Para él, el internet no es solo una herramienta, sino parte de nosotros: marca cómo aprendemos, nos relacionamos y cómo formamos opinio­nes políticas.

    Los medios tradicionales, para esta generación, ya no tienen el peso que tenían para generaciones anteriores. En cambio, lo que ocurre en redes sociales —en Instagram, TikTok, X— influye más profundamente en cómo vemos la política. Los actores políticos lo saben: intentan camuflar sus discursos para que se sientan hechos “a la medida”, personalizados para nosotros. Pero esa estrategia genera rechazo. Ver a figuras políticas apropiarse de nuestras series favoritas o de la estética que nos define solo evidencia lo poco que entienden lo que en realidad nos importa.

    La desconfianza en medios y el valor de la búsqueda

    Oscar, comunicólogo, recuerda haber crecido con la televisión como ventana al mundo; sus padres veían noticieros con reportes dramáticos sobre violencia, desapariciones o crisis. Pero con los años, él aprendió que informarse no debería ser solo consumir lo que “la televisión te da”: es necesario construir un criterio abierto, contrastar fuentes, debatir.

    Para él, el reto actual no es eliminar sesgos: es aprender a vivir con ellos, a reconocerlos y a investigar más allá. La información, dice Oscar, no debe ser una mercancía, sino una herramienta para generar conocimiento y debate. Así como los medios necesitan autonomía, nosotros necesitamos un consumo activo: no ganar la batalla informativa, sino ganar en profundidad y pluralidad.

    ¿Qué significa todo esto para el futuro político de México?

    Primero, que esta generación no solo se informa: también exige. No basta con viralizar consignas; quiere compromisos reales, transparencia ideológica y participación genuina. La Z mexicana no quiere ser usada como masa de maniobra; quiere ser entendida, escuchada y tomada en cuenta.

    Segundo, el escepticismo no es pasividad: es una forma madura de cuestionar el poder, de renegociar el contrato social entre ciudadanos, medios y Estado. Al desconfiar, reclamamos responsabilidad de los periodistas, de los partidos, de los creadores de contenido. Pedimos que no solo nos hablen, sino que nos expliquen desde dónde hablan.

    Como grupo demográfico significativo, tenemos un papel clave: podemos ser puente entre la tecnología y la política, entre la crítica y la acción. No basta con protestar; podemos proponer nuevas formas de participación digital, mecanismos de rendición de cuentas más acordes con nuestra realidad y un modelo comunicativo que no esconda sus intenciones

  • Partidos efímeros le cuestan mil 200 mdp al INE en 25 años

    Partidos efímeros le cuestan mil 200 mdp al INE en 25 años

    Nueve fuerzas políticas que sólo duraron un año en el mercado electoral se llevaron recursos públicos equivalentes a 4 mil viviendas o 2 millones de estudios médicos.

    En el último cuarto de siglo, el Instituto Nacional Electoral (INE) destinó más de mil 193 millones de pesos a partidos que desaparecieron tras un año de existencia. Entre ellos destacan México Posible, Partido Humanista, Fuerza por México, Redes Sociales Progresistas y Partido Encuentro Solidario (PES), de acuerdo con una investigación de Rivelino Rueda para Milenio. 

    Desde 1999, los partidos efímeros han recibido millones de pesos en prerrogativas, incluso sin superar el umbral mínimo de votos requerido para mantenerse. Entre 185 y 199 millones fueron entregados a cada nuevo partido en 2021, pese a que no alcanzaron el 3% de sufragios.

    El caso más emblemático es el de Hugo Eric Flores Cervantes, quien fundó el PES y luego el Partido Encuentro Solidario, acumulando más de mil millones de pesos antes de perder ambos registros. Hoy busca crear una nueva fuerza política llamada Construyendo Solidaridad y Paz.

    Especialistas advierten que la reforma electoral de 1996 abrió el camino a “partidos unipersonales” sostenidos por alianzas con partidos grandes, aprovechando un sistema de financiamiento que premia la vida corta pero lucrativa.

    El costo social de estos partidos efímeros es evidente: los recursos podrían haberse destinado a vivienda para damnificados o programas de salud, pero terminaron en manos de líderes que convirtieron la política en un negocio temporal. En 2026, el INE anunciará qué nuevos “chiquillos” competirán en los comicios de 2027.

    Con información de Rivelino Rueda para Milenio