Un año después del ataque en CCH Sur, los estudiantes aún no se sienten seguros

A doce meses del asesinato de un estudiante en el Colegio de Ciencias y Humanidades Sur de la UNAM, alumnos afirman que las medidas de seguridad prometidas son insuficientes o no se han aplicado 

El 22 de septiembre de 2025, Lex Ashton, de 19 años, ingresó al Colegio de Ciencias y Humanidades Sur con un arma blanca de gran tamaño, sin filtros de seguridad, y asesinó a Jesús Israel, de 16 años, con 17 puñaladas. Un trabajador de mantenimiento resultó herido al intentar detener la agresión.

La madre del agresor llamó al 911 para alertar que su hijo había salido armado y amenazaba con atacar a personas en el plantel, pero la respuesta de las autoridades llegó tarde. El caso ha sido descrito como el primer ataque “incel” en México.

Lex Ashton, ahora con 20 años, permanece en el Reclusorio Preventivo Varonil Oriente. Se le sigue proceso por homicidio calificado en agravio de Jesús Israel, y por tentativa de homicidio contra un trabajador administrativo del plantel.

Fue vinculado a proceso en octubre de 2025; se le impuso prisión preventiva. Un juez de control rechazó trasladarlo a un hospital especializado en salud mental. La defensa ha planteado además que actuó bajo un cuadro de psicosis, lo que buscaría que fuera considerado inimputable.

El caso se encuentra en etapa intermedia, en la que la fiscalía y la defensa debaten las pruebas que podrían llevarse a juicio oral. La audiencia intermedia se reanudará el 30 de septiembre. A un año de los hechos aún no hay fecha para una sentencia.

El hecho provocó paros académicos en varios planteles, la suspensión de clases presenciales y más de 200 amenazas en redes sociales. El rector Leonardo Lomelí se comprometió a reforzar la seguridad física y psicológica del alumnado.

En CCH Sur, los torniquetes con identificador biométrico y los detectores de metal no funcionan de manera efectiva; algunos suenan al azar y la revisión de mochilas es poco rigurosa. Si bien aumentaron las brigadas de vigilancia y se instalaron botones de auxilio e iluminación, estudiantes reportan fallas constantes en estos dispositivos. Aun así, sostienen que entrar al plantel sigue siendo “muy fácil”.

En CCH Naucalpan, alumnos afirmaron que los detectores de metales y torniquetes anunciados tras el homicidio nunca fueron instalados. Según testimonios, solo se pusieron cámaras (varias sin funcionar), algunos botones de seguridad y rondines. Una estudiante dijo que el personal de seguridad consultó a los grupos sobre las medidas, pero nunca se presentó un plan.

El único mecanismo en el que los estudiantes coinciden en que se mantiene es la revisión de credenciales en la entrada, con registro para quienes no la portan.

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